Oración del día
Oración del día - Miércoles 8 de abril
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Señor resucitado,
¡estás vivo! La piedra no pudo contenerte ni la muerte tuvo la última palabra. Todo lo que el mundo creyó terminado, tú lo has vuelto a empezar, y mi corazón todavía no termina de asimilar lo que eso significa.
Confieso que a veces vivo como si la tumba siguiera cerrada. Cargo miedos que ya deberían haber muerto contigo en la cruz. Arrastro culpas que tu resurrección ya declaró perdonadas. Señor, abre mis ojos como abriste los de tus discípulos cuando te apareciste en medio de ellos y les mostraste tus manos y tus pies.
Tú eres real. No eres un fantasma ni una idea bonita. Comiste con los tuyos para que no quedara duda. Tocaste sus miedos con dedos de carne y hueso, y el espanto se convirtió en alegría. Haz lo mismo conmigo, Padre. Toca lo que me aterra y conviértelo en testimonio.
Pedro, que semanas antes te había negado, ahora predica tu nombre sin vergüenza en el pórtico del templo. Si tú pudiste transformar su cobardía en valentía, entonces no hay caso perdido. Ni el mío.
Dame la audacia de los que han visto al Resucitado. No la audacia ruidosa del que quiere impresionar, sino la firme seguridad del que sabe en quién ha creído. Que cuando me pregunten por qué tengo esperanza en medio de un mundo roto, yo pueda responder con claridad y con humildad: porque Cristo vive.
En esta semana de Pascua, quiero dejar que el gozo penetre hasta los huesos. No un gozo superficial que ignora el dolor, sino el gozo profundo de saber que el sufrimiento no es el final. Que después del viernes siempre viene el domingo. Que la muerte ya fue vencida aunque siga merodeando.
Acuérdate de los que todavía no han oído esta noticia. De los que viven sin esperanza porque nadie les ha dicho que la tumba está vacía. Hazme mensajero, Señor, aunque sea torpe con las palabras. Lo que no sepa decir, que lo diga mi vida.
Bendito seas, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Dios de los vivos y no de los muertos. La victoria es tuya, y en ella descanso con gratitud.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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