Oración del día

Oración del día - Miércoles 25 de febrero

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Padre santo,

crea en mí un corazón nuevo. El que tengo está gastado por la costumbre, endurecido por tantas veces que escuché tu voz y seguí caminando como si nada. Tú enviaste a tu profeta a una ciudad entera que no te conocía, y aquella gente creyó. Se arrodilló. Cambió de rumbo. Y yo, que conozco tu nombre desde niño, ¿cuántas veces he cerrado los oídos a tu llamado?

Señor, no quiero que esta Cuaresma pase sobre mí sin dejar marca. Que no sea un tiempo más que se cumple en el calendario mientras mi alma sigue igual, distraída, adormecida, aferrada a lo que no me da vida. Sacúdeme si es necesario. Despiértame con la fuerza de tu Espíritu, porque por mi cuenta no tengo la voluntad que hace falta para volver a ti de verdad.

Reconozco mi fragilidad. Sé que mis promesas duran poco y que mi arrepentimiento a veces es más miedo que amor. Pero tú no desprecias el corazón quebrantado. Tú ves la grieta y por ahí derramas tu gracia. No me pides perfección, me pides verdad. Aquí estoy con lo poco que tengo: un deseo sincero de cambiar, aunque me tiemblen las piernas en el camino.

El mundo también necesita conversión, y yo soy parte de ese mundo. La violencia, la mentira, la indiferencia ante el que sufre, todo eso no solo está afuera, también habita en mí de formas que a veces prefiero no ver. Alumbra lo que está oculto. No para condenarme, sino para sanarme.

Confío en que tu misericordia es más grande que mi pecado, más persistente que mi terquedad. Tú eres el Dios que no se cansa de esperar, el que sale al encuentro antes de que yo termine de dar el primer paso. Tu paciencia me asombra y me avergüenza al mismo tiempo.

Ayúdame a vivir estos días de penitencia no con pesadez, sino con la esperanza firme de quien sabe que al final del desierto hay resurrección. Que el ayuno de mi carne se convierta en alimento para mi espíritu. Y que al terminar este día, algo en mí sea distinto, aunque sea pequeño, aunque nadie lo note más que tú.

A ti sea la gloria, Dios de mi salvación, hoy y todos los días.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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