Por los difuntos
Por un ser querido que partió
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
¡Dios mío!
Tú me has quitado a la persona que más amaba en este mundo; me has privado de ella para siempre.
Dígnate Tú mismo, Señor, serlo todo para mí, y reemplazarla en mi corazón;
yo le había consagrado mis afectos, y estaba persuadido de que los merecía;
esperaba gozar más largo tiempo de su presencia y de su socorro;
pero puesto que Tú lo has dispuesto de otra suerte, cúmplase en todo Tu santa voluntad, así sobre ella como sobre mí;
el gran consuelo que me queda es la esperanza de que Tú la habrás recibido en el seno de Tu misericordia, y que te dignarás algún día unirme con ella.
Si la falta de una entera satisfacción de sus pecados la detiene aún en las penas, sin que haya ido todavía a reunirse Contigo, yo te ofrezco por ella todas mis oraciones y buenas obras, y principalmente mi resignación en el dolor de su pérdida: haz, Señor, que esta resignación sea entera y digna de Ti.
¡Árbitro supremo de nuestra suerte! Dueño absoluto de nuestro destino, dispón soberanamente de nosotros y de nuestros días;
no somos de nosotros mismos, sino de Ti solo;
no has hecho más que tomar lo que te pertenecía y me habías prestado por algún tiempo.
Bendito y adorado seas en todas las disposiciones de Tu providencia.
Esta muerte que me hace derramar tantas lágrimas debe producir en mí un efecto más sólido y saludable:
ella misma me advierte que llegará mi hora, que debo prepararme sin dilación, y aun estar dispuesto en todos los instantes:
haz, ¡oh Dios de bondad!, que cuando llegue mi último momento, me encuentre en estado de poder presentarme delante de Ti, y de reunirme con la persona que he perdido, para bendecirte y alabarte eternamente con ella.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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