Novena · 9 días

Novena a Nuestra Señora de Lourdes

Nueve días con la Virgen de Lourdes

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

Dios escoge a los pequeños

11 minutos

Día primero de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres mi fe, mi esperanza y el amor que pongo sobre todo. Con humildad me pongo delante de Tu divina majestad y te suplico que me perdones cuantas ofensas e ingratitudes he cometido contra Ti.

Sé, Señor, que no merezco presentarme ante Ti; por eso me acerco a Ti de la mano de Tu Madre amantísima, y le ruego que interceda por mí y me alcance el perdón de mis pecados, que detesto de corazón y que, con Tu gracia, propongo no volver a cometer. Amén.

— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh María Inmaculada, Virgen Santísima de Lourdes! Quiero hacer esta novena con toda la devoción de mi alma y acudir a la llamada que, por medio de la humilde Bernardita, hiciste a todos tus hijos. Por eso me pongo a tus pies, para oír con atención tu voz, contarte mis necesidades y pedir tus cuidados de Madre.

No me rechaces, Madre mía, aunque no lo merezco; mira solo el arrepentimiento que siento por haber afligido tu corazón maternal y renovado la pasión de tu Hijo amantísimo. Ayúdame en esta santa novena, en la que quiero purificar mi alma, alcanzar por tu intercesión la gracia especial que pido a la Divina Majestad y darle gracias por todos los beneficios recibidos (y sobre todo por aquel que motiva esta novena). Amén.

— Meditación —
(1 Corintios 1, 27)
«Lo que en el mundo es débil, eso escogió Dios para dejar en vergüenza a lo fuerte».

Para hablar al mundo desde Lourdes, Dios escogió a una muchacha pobre y de salud frágil. Bernardita tenía catorce años, no sabía leer ni escribir y le costaba aprender el catecismo.

Su familia vivía en la miseria, en un cuarto que había sido calabozo. Pero Bernardita rezaba el rosario, y con esa oración sencilla en las manos vio a la Virgen en la gruta.

Así obra Dios muchas veces. Elige a los pequeños para que se vea con claridad que la obra es suya, y para que nadie se gloríe de sí mismo delante de él.

También tú puedes sentirte poca cosa para las cosas de Dios. Él te mira con el mismo amor con que miró a Bernardita, y te pide una fe sencilla que se fíe de él.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen de Lourdes: Señor, dame la fe de los sencillos, y guárdala en mí toda la vida.

(Medítese sobre lo dicho y pida cada uno la gracia que desea alcanzar por medio de esta novena.)

— Parte histórica —
El jueves 11 de febrero de 1858, Bernardita fue con su hermana y una amiga a recoger leña seca junto al río Gave, cerca de la gruta de Massabielle. Al descalzarse para cruzar un arroyo, oyó un ruido como de viento y levantó la vista hacia la gruta.

Allí vio a una señora vestida de blanco, con un velo blanco, un cinturón azul y una rosa amarilla sobre cada pie. Bernardita hizo la señal de la cruz y rezó el rosario con la Señora. Al terminar la oración, la Señora desapareció.

— Primer día —
¡Oh Inmaculada María! Te pido con humildad que nuestra fe crezca cada día más, y que alcances un rayo de la luz de Dios para los que viven en la oscuridad del pecado.

Alcánzanos que el reino de Dios se extienda y que se aparte de nosotros todo error, y que nuestra nación, y sobre todo esta ciudad, pongan siempre su mayor honra en creer en tu Santísimo Hijo y vivir según su fe, y que quienes la habitan permanezcan unidos a la santa Iglesia hasta su último aliento. Por esta intención te rezamos las Avemarías y las invocaciones que siguen.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

— Oración de San Bernardo —
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, de que jamás, en ningún tiempo, se ha oído decir que alguien que corriera a tu amparo, implorara tu auxilio y pidiera tu intercesión haya quedado abandonado.

Animado con esta confianza, a ti corro, oh Virgen de las vírgenes, oh Madre; a ti vengo, y ante ti me presento, pecador, entre gemidos. No desprecies mis palabras, oh Madre del Verbo; antes bien, escúchalas con bondad y atiéndelas. Amén.

— Oración final —
Inmaculada Señora y Madre mía: por el gran amor que mostraste a los hombres al dignarte aparecer en una gruta humilde y enseñar a la joven y dichosa Bernardita, alegra mi corazón, te lo ruego, con tu protección de Madre.

Y así como en la gruta de Lourdes hiciste nacer aquel manantial abundante de aguas claras y saludables para remedio del cuerpo, alcánzame que Dios derrame sobre mi pobre alma las aguas dulces y fecundas de la gracia, que calmen mi sed de lo terreno y dejen limpio mi espíritu, para que pueda gozar un día de las alegrías purísimas del cielo.

Amén.

Día 2
Día 2

La oración

11 minutos

Día segundo de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres mi fe, mi esperanza y el amor que pongo sobre todo. Con humildad me pongo delante de Tu divina majestad y te suplico que me perdones cuantas ofensas e ingratitudes he cometido contra Ti.

Sé, Señor, que no merezco presentarme ante Ti; por eso me acerco a Ti de la mano de Tu Madre amantísima, y le ruego que interceda por mí y me alcance el perdón de mis pecados, que detesto de corazón y que, con Tu gracia, propongo no volver a cometer. Amén.

— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh María Inmaculada, Virgen Santísima de Lourdes! Quiero hacer esta novena con toda la devoción de mi alma y acudir a la llamada que, por medio de la humilde Bernardita, hiciste a todos tus hijos. Por eso me pongo a tus pies, para oír con atención tu voz, contarte mis necesidades y pedir tus cuidados de Madre.

No me rechaces, Madre mía, aunque no lo merezco; mira solo el arrepentimiento que siento por haber afligido tu corazón maternal y renovado la pasión de tu Hijo amantísimo. Ayúdame en esta santa novena, en la que quiero purificar mi alma, alcanzar por tu intercesión la gracia especial que pido a la Divina Majestad y darle gracias por todos los beneficios recibidos (y sobre todo por aquel que motiva esta novena). Amén.

— Meditación —
(Lucas 11, 9)
«Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; toquen, y se les abrirá».

En la gruta, Bernardita no hacía otra cosa que rezar. Desde el primer día, ella y la Señora rezaron juntas el rosario, la oración que la niña se sabía de memoria.

Jesús enseñó a sus discípulos a pedir con insistencia y a confiar en el Padre, que da cosas buenas a sus hijos. La oración nos pone cada día delante de él, y en ella recibimos la luz y la fuerza para vivir como hijos suyos.

La Virgen vino a Lourdes a una niña que rezaba, y enseñó a todos el valor de esa oración humilde y constante.

También tú puedes dar a la oración un lugar fijo en tu día. Un rato con el Señor, o unas cuentas del rosario rezadas con calma, afianzan la fe.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen de Lourdes: Señor, enséñame a orar, y que cada día busque un rato para hablar Contigo.

(Medítese sobre lo dicho y pida cada uno la gracia que desea alcanzar por medio de esta novena.)

— Parte histórica —
El domingo 14 de febrero, Bernardita sintió que algo la empujaba a volver a la gruta. Sus padres no querían, pero ante su insistencia su madre le dio permiso.

Después de la primera decena del rosario, vio aparecer a la misma Señora y le echó agua bendita. La Señora sonrió e inclinó la cabeza. Cuando terminó el rosario, desapareció.

— Segundo día —
¡Oh Virgen Inmaculada, Madre mía santísima! En la gruta de Lourdes descubro ya las lecciones de vida eterna que me enseñas.

Me enseñas a orar, como tanto lo pidió tu Santísimo Hijo; y al ver con qué gusto pasas las cuentas del rosario que cuelga de tus manos, mientras Bernardita reza con devoción el suyo, entiendo cuánto amas esta hermosa devoción y cuánto te alegra que tus hijos te honren y te invoquen con ella.

Así lo haré, Señora: desde hoy me propongo no dejar pasar un solo día sin rezar al menos una parte del santo rosario. Ayúdame a ser constante en este propósito y a rezarlo siempre con fervor y devoción; y ahora te saludo con las Avemarías y las invocaciones que siguen.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

— Oración de San Bernardo —
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, de que jamás, en ningún tiempo, se ha oído decir que alguien que corriera a tu amparo, implorara tu auxilio y pidiera tu intercesión haya quedado abandonado.

Animado con esta confianza, a ti corro, oh Virgen de las vírgenes, oh Madre; a ti vengo, y ante ti me presento, pecador, entre gemidos. No desprecies mis palabras, oh Madre del Verbo; antes bien, escúchalas con bondad y atiéndelas. Amén.

— Oración final —
Inmaculada Señora y Madre mía: por el gran amor que mostraste a los hombres al dignarte aparecer en una gruta humilde y enseñar a la joven y dichosa Bernardita, alegra mi corazón, te lo ruego, con tu protección de Madre.

Y así como en la gruta de Lourdes hiciste nacer aquel manantial abundante de aguas claras y saludables para remedio del cuerpo, alcánzame que Dios derrame sobre mi pobre alma las aguas dulces y fecundas de la gracia, que calmen mi sed de lo terreno y dejen limpio mi espíritu, para que pueda gozar un día de las alegrías purísimas del cielo.

Amén.

Día 3
Día 3

La Señora invita a venir

10 minutos

Día tercero de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres mi fe, mi esperanza y el amor que pongo sobre todo. Con humildad me pongo delante de Tu divina majestad y te suplico que me perdones cuantas ofensas e ingratitudes he cometido contra Ti.

Sé, Señor, que no merezco presentarme ante Ti; por eso me acerco a Ti de la mano de Tu Madre amantísima, y le ruego que interceda por mí y me alcance el perdón de mis pecados, que detesto de corazón y que, con Tu gracia, propongo no volver a cometer. Amén.

— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh María Inmaculada, Virgen Santísima de Lourdes! Quiero hacer esta novena con toda la devoción de mi alma y acudir a la llamada que, por medio de la humilde Bernardita, hiciste a todos tus hijos. Por eso me pongo a tus pies, para oír con atención tu voz, contarte mis necesidades y pedir tus cuidados de Madre.

No me rechaces, Madre mía, aunque no lo merezco; mira solo el arrepentimiento que siento por haber afligido tu corazón maternal y renovado la pasión de tu Hijo amantísimo. Ayúdame en esta santa novena, en la que quiero purificar mi alma, alcanzar por tu intercesión la gracia especial que pido a la Divina Majestad y darle gracias por todos los beneficios recibidos (y sobre todo por aquel que motiva esta novena). Amén.

— Meditación —
(Mateo 11, 28)
«Vengan a mí todos los que andan fatigados y cargados, y yo les daré descanso».

La Señora le pidió a Bernardita que volviera a la gruta durante quince días, y se lo pidió como quien pide un favor, tratándola de usted. Pronto empezaron a acudir con ella muchas otras personas.

Desde entonces llega gente a Lourdes de todas partes, con sus penas y sus preguntas. La Madre de Dios los recibe y los lleva a su Hijo, que llama a los cansados para darles descanso.

María nos invita a acudir a ella con confianza, como hijos, para contarle lo que nos pesa y dejarnos llevar hacia Jesús.

También tú estás invitado. Lo que te preocupa y lo que te cansa puedes ponerlo hoy en manos de la Virgen, y pedirle que te acerque a su Hijo.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen de Lourdes: Señor, dame un corazón confiado que acuda a Ti en cada necesidad.

(Medítese sobre lo dicho y pida cada uno la gracia que desea alcanzar por medio de esta novena.)

— Parte histórica —
El jueves 18 de febrero, la Señora habló por primera vez. Bernardita le ofreció papel y pluma, y le pidió que escribiera su nombre. Ella respondió: «No es necesario».

Y añadió: «No le prometo hacerla feliz en este mundo, sino en el otro. ¿Quiere hacerme el favor de venir aquí durante quince días?».

— Tercer día —
¡Virgen Santísima de Lourdes! agradecido a los innumerables beneficios que por tu mediación he recibido, y especialmente al de haber descendido del cielo a la tierra para llamarme, me ofrezco de nuevo a tu servicio, y te consagro mis potencias y sentidos, prefiriendo mil veces morir antes que ofender a tu divino Hijo, mi Redentor y todo mi bien.

Confirma, Señora, este mi buen deseo, y haz que sea fiel devoto tuyo en la tierra, para reinar eternamente contigo en el cielo. Y a fin de alcanzar este favor, te saludo con las siguientes Avemarías y deprecaciones.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

— Oración de San Bernardo —
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, de que jamás, en ningún tiempo, se ha oído decir que alguien que corriera a tu amparo, implorara tu auxilio y pidiera tu intercesión haya quedado abandonado.

Animado con esta confianza, a ti corro, oh Virgen de las vírgenes, oh Madre; a ti vengo, y ante ti me presento, pecador, entre gemidos. No desprecies mis palabras, oh Madre del Verbo; antes bien, escúchalas con bondad y atiéndelas. Amén.

— Oración final —
Inmaculada Señora y Madre mía: por el gran amor que mostraste a los hombres al dignarte aparecer en una gruta humilde y enseñar a la joven y dichosa Bernardita, alegra mi corazón, te lo ruego, con tu protección de Madre.

Y así como en la gruta de Lourdes hiciste nacer aquel manantial abundante de aguas claras y saludables para remedio del cuerpo, alcánzame que Dios derrame sobre mi pobre alma las aguas dulces y fecundas de la gracia, que calmen mi sed de lo terreno y dejen limpio mi espíritu, para que pueda gozar un día de las alegrías purísimas del cielo.

Amén.

Día 4
Día 4

Rezar por los pecadores

11 minutos

Día cuarto de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres mi fe, mi esperanza y el amor que pongo sobre todo. Con humildad me pongo delante de Tu divina majestad y te suplico que me perdones cuantas ofensas e ingratitudes he cometido contra Ti.

Sé, Señor, que no merezco presentarme ante Ti; por eso me acerco a Ti de la mano de Tu Madre amantísima, y le ruego que interceda por mí y me alcance el perdón de mis pecados, que detesto de corazón y que, con Tu gracia, propongo no volver a cometer. Amén.

— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh María Inmaculada, Virgen Santísima de Lourdes! Quiero hacer esta novena con toda la devoción de mi alma y acudir a la llamada que, por medio de la humilde Bernardita, hiciste a todos tus hijos. Por eso me pongo a tus pies, para oír con atención tu voz, contarte mis necesidades y pedir tus cuidados de Madre.

No me rechaces, Madre mía, aunque no lo merezco; mira solo el arrepentimiento que siento por haber afligido tu corazón maternal y renovado la pasión de tu Hijo amantísimo. Ayúdame en esta santa novena, en la que quiero purificar mi alma, alcanzar por tu intercesión la gracia especial que pido a la Divina Majestad y darle gracias por todos los beneficios recibidos (y sobre todo por aquel que motiva esta novena). Amén.

— Meditación —
(Lucas 15, 7)
«Habrá en el cielo más alegría por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de arrepentirse».

Uno de aquellos días, al terminar la aparición, Bernardita quedó invadida por una gran tristeza. Poco después la Señora pediría: «Rueguen a Dios por los pecadores».

La Virgen sabe lo que el pecado hace en el corazón del hombre: lo aleja de Dios y le quita la paz. Por eso pide oración. Desea lo mismo que su Hijo, que salió a buscar la oveja perdida hasta encontrarla.

Rezar por los demás es una forma de amor al alcance de todos, y Dios conoce a cada uno de aquellos por quienes pedimos.

También tú puedes ofrecer cada día una oración por los que están lejos de Dios, empezando por los que tienes cerca. Y puedes pedir para ti la gracia de volver a él cada vez que te alejes.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen de Lourdes: Señor, ten misericordia de los pecadores, y de mí el primero.

(Medítese sobre lo dicho y pida cada uno la gracia que desea alcanzar por medio de esta novena.)

— Parte histórica —
El viernes 19 de febrero, Bernardita llegó a la gruta con un cirio bendito encendido; de ese gesto nació la costumbre de llevar velas a la gruta. Al día siguiente, cuando terminó la aparición, la invadió una gran tristeza.

El domingo 21 la acompañaron unas cien personas. Después, el comisario de policía la interrogó para que dijera lo que había visto. Ella solo hablaba de «Aquero», «aquello», en su lengua.

— Cuarto día —
¡Oh Madre del amor hermoso, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza! Vengo a tus pies con lágrimas, con vergüenza y confusión. Yo soy quien, con sus pecados, causó amargura a tu corazón y tristeza a tu rostro.

Pero no quiero perder la esperanza, porque sé que eres toda bondad y que acoges con misericordia de madre a todo el que vuelve a ti arrepentido. A ti vengo, Señora, con el corazón roto por el dolor de mis culpas y decidido a morir mil veces antes de volver a ellas.

Vuelve hacia mí tus ojos misericordiosos y ayúdame a salvarme. Mira también con compasión a todos los pecadores y llévalos a la gracia de tu Hijo santísimo. Por su conversión y su salvación te rezo las Avemarías y las invocaciones que siguen.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

— Oración de San Bernardo —
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, de que jamás, en ningún tiempo, se ha oído decir que alguien que corriera a tu amparo, implorara tu auxilio y pidiera tu intercesión haya quedado abandonado.

Animado con esta confianza, a ti corro, oh Virgen de las vírgenes, oh Madre; a ti vengo, y ante ti me presento, pecador, entre gemidos. No desprecies mis palabras, oh Madre del Verbo; antes bien, escúchalas con bondad y atiéndelas. Amén.

— Oración final —
Inmaculada Señora y Madre mía: por el gran amor que mostraste a los hombres al dignarte aparecer en una gruta humilde y enseñar a la joven y dichosa Bernardita, alegra mi corazón, te lo ruego, con tu protección de Madre.

Y así como en la gruta de Lourdes hiciste nacer aquel manantial abundante de aguas claras y saludables para remedio del cuerpo, alcánzame que Dios derrame sobre mi pobre alma las aguas dulces y fecundas de la gracia, que calmen mi sed de lo terreno y dejen limpio mi espíritu, para que pueda gozar un día de las alegrías purísimas del cielo.

Amén.

Día 5
Día 5

Fieles en la prueba

11 minutos

Día quinto de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres mi fe, mi esperanza y el amor que pongo sobre todo. Con humildad me pongo delante de Tu divina majestad y te suplico que me perdones cuantas ofensas e ingratitudes he cometido contra Ti.

Sé, Señor, que no merezco presentarme ante Ti; por eso me acerco a Ti de la mano de Tu Madre amantísima, y le ruego que interceda por mí y me alcance el perdón de mis pecados, que detesto de corazón y que, con Tu gracia, propongo no volver a cometer. Amén.

— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh María Inmaculada, Virgen Santísima de Lourdes! Quiero hacer esta novena con toda la devoción de mi alma y acudir a la llamada que, por medio de la humilde Bernardita, hiciste a todos tus hijos. Por eso me pongo a tus pies, para oír con atención tu voz, contarte mis necesidades y pedir tus cuidados de Madre.

No me rechaces, Madre mía, aunque no lo merezco; mira solo el arrepentimiento que siento por haber afligido tu corazón maternal y renovado la pasión de tu Hijo amantísimo. Ayúdame en esta santa novena, en la que quiero purificar mi alma, alcanzar por tu intercesión la gracia especial que pido a la Divina Majestad y darle gracias por todos los beneficios recibidos (y sobre todo por aquel que motiva esta novena). Amén.

— Meditación —
(2 Corintios 12, 9)
«Te basta mi gracia, porque el poder llega a su plenitud en la debilidad».

Bernardita solo quería contar lo que había visto. Cuando empezaron a hablar de ella, llegaron también las sospechas: la interrogaron el comisario de policía y el juez, se burlaron de ella y la amenazaron con la cárcel.

Ella respondía con sencillez, sin añadir ni quitar nada, y seguía yendo a la gruta. Su fuerza le venía de Dios.

Jesús avisó a los suyos de que el mundo los trataría como a él. Quien quiere vivir según el Evangelio encuentra a veces incomprensión o burla, y en esas horas la gracia de Dios sostiene al que confía.

También tú puedes encontrar dificultades por ser fiel a tu fe. Pide la gracia de decir la verdad con humildad, sin dureza, y de seguir adelante confiando en el Señor.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen de Lourdes: Señor, en las pruebas, que Tu gracia sea mi fuerza.

(Medítese sobre lo dicho y pida cada uno la gracia que desea alcanzar por medio de esta novena.)

— Parte histórica —
El martes 23 de febrero, unas ciento cincuenta personas acompañaron a Bernardita a la gruta. Ese día la Señora le confió un secreto solo para ella.

En esas semanas, las autoridades trataron de acabar con todo aquello. Ella siguió contando lo mismo, con sencillez.

— Quinto día —
¡Virgen Santísima, Madre mía! Llego a ti sin fuerzas, después de tanto luchar con las dificultades de la vida.

Mi corazón es como una barca frágil que los vientos de las tribulaciones arrastran sobre las olas revueltas de este mundo, y a cada instante corre el peligro de chocar contra las rocas del pecado o de hundirse sin esperanza.

A ti levanto los ojos, Estrella del mar: enséñame el rumbo seguro y guía tú misma mi barca, para que no naufrague en el mar agitado de las tentaciones y los trabajos, y llegue al puerto feliz de la salvación eterna. Para alcanzar esta gracia te saludo con las Avemarías y las invocaciones que siguen.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

— Oración de San Bernardo —
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, de que jamás, en ningún tiempo, se ha oído decir que alguien que corriera a tu amparo, implorara tu auxilio y pidiera tu intercesión haya quedado abandonado.

Animado con esta confianza, a ti corro, oh Virgen de las vírgenes, oh Madre; a ti vengo, y ante ti me presento, pecador, entre gemidos. No desprecies mis palabras, oh Madre del Verbo; antes bien, escúchalas con bondad y atiéndelas. Amén.

— Oración final —
Inmaculada Señora y Madre mía: por el gran amor que mostraste a los hombres al dignarte aparecer en una gruta humilde y enseñar a la joven y dichosa Bernardita, alegra mi corazón, te lo ruego, con tu protección de Madre.

Y así como en la gruta de Lourdes hiciste nacer aquel manantial abundante de aguas claras y saludables para remedio del cuerpo, alcánzame que Dios derrame sobre mi pobre alma las aguas dulces y fecundas de la gracia, que calmen mi sed de lo terreno y dejen limpio mi espíritu, para que pueda gozar un día de las alegrías purísimas del cielo.

Amén.

Día 6
Día 6

¡Penitencia!

11 minutos

Día sexto de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres mi fe, mi esperanza y el amor que pongo sobre todo. Con humildad me pongo delante de Tu divina majestad y te suplico que me perdones cuantas ofensas e ingratitudes he cometido contra Ti.

Sé, Señor, que no merezco presentarme ante Ti; por eso me acerco a Ti de la mano de Tu Madre amantísima, y le ruego que interceda por mí y me alcance el perdón de mis pecados, que detesto de corazón y que, con Tu gracia, propongo no volver a cometer. Amén.

— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh María Inmaculada, Virgen Santísima de Lourdes! Quiero hacer esta novena con toda la devoción de mi alma y acudir a la llamada que, por medio de la humilde Bernardita, hiciste a todos tus hijos. Por eso me pongo a tus pies, para oír con atención tu voz, contarte mis necesidades y pedir tus cuidados de Madre.

No me rechaces, Madre mía, aunque no lo merezco; mira solo el arrepentimiento que siento por haber afligido tu corazón maternal y renovado la pasión de tu Hijo amantísimo. Ayúdame en esta santa novena, en la que quiero purificar mi alma, alcanzar por tu intercesión la gracia especial que pido a la Divina Majestad y darle gracias por todos los beneficios recibidos (y sobre todo por aquel que motiva esta novena). Amén.

— Meditación —
(Imitación de Cristo 1, 21)
«Date a la compunción del corazón, y te hallarás devoto».

Jesús empezó su predicación llamando a la conversión, y la Virgen repitió en Lourdes esa misma llamada. «Penitencia» quiere decir volver a Dios: reconocer el propio pecado, dolerse de él y cambiar de vida.

La Iglesia acompaña ese camino, sobre todo, con el sacramento de la reconciliación. Dios lo usa para sanar el corazón y devolverle la alegría de ser hijo suyo.

Bernardita hizo lo que la Señora le pedía sin entenderlo todo: besaba la tierra y se acercaba de rodillas a la gruta. Aceptó parecer ridícula a los ojos de muchos, y lo ofreció por los pecadores.

También tú puedes hacer penitencia en lo pequeño: aceptar con paciencia una molestia, renunciar a algo que te gusta, pedir perdón a quien has ofendido.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen de Lourdes: Señor, dame un corazón arrepentido, que vuelva a Ti cada día.

(Medítese sobre lo dicho y pida cada uno la gracia que desea alcanzar por medio de esta novena.)

— Parte histórica —
El miércoles 24 de febrero, la Señora dio a Bernardita este mensaje: «¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia! Rueguen a Dios por los pecadores. Vayan a besar la tierra en penitencia por los pecadores».

Desde entonces, en la gruta, Bernardita besaba la tierra y se acercaba de rodillas, como la Señora le había pedido.

— Sexto día —
Dios mío, me pongo de rodillas ante el trono de Tu majestad e imploro Tu piedad y Tu misericordia. Como el hijo pródigo, vuelvo a Ti arrepentido, porque el pecado me alejó de Ti; y quisiera lavar con mi llanto, y aun con mi propia sangre, todo lo que te he ofendido.

¡Señor, perdóname! Sé que no lo merezco, porque tantas veces he despreciado Tu gracia y he vuelto a caer en mis culpas; pero hoy siento mi corazón movido a un arrepentimiento especial de mis pecados, y deseo no volver a cometerlos nunca.

Y tú, Madre de misericordia, que deseas que el pecador no muera, sino que cambie de vida y viva; tú, que por medio de Bernardita me pides hacer penitencia por mis pecados, ayúdame a hacerla bien y por cada uno de ellos. Y para que me consigas la gracia de no caer más, te rezo las Avemarías y las invocaciones que siguen.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

— Oración de San Bernardo —
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, de que jamás, en ningún tiempo, se ha oído decir que alguien que corriera a tu amparo, implorara tu auxilio y pidiera tu intercesión haya quedado abandonado.

Animado con esta confianza, a ti corro, oh Virgen de las vírgenes, oh Madre; a ti vengo, y ante ti me presento, pecador, entre gemidos. No desprecies mis palabras, oh Madre del Verbo; antes bien, escúchalas con bondad y atiéndelas. Amén.

— Oración final —
Inmaculada Señora y Madre mía: por el gran amor que mostraste a los hombres al dignarte aparecer en una gruta humilde y enseñar a la joven y dichosa Bernardita, alegra mi corazón, te lo ruego, con tu protección de Madre.

Y así como en la gruta de Lourdes hiciste nacer aquel manantial abundante de aguas claras y saludables para remedio del cuerpo, alcánzame que Dios derrame sobre mi pobre alma las aguas dulces y fecundas de la gracia, que calmen mi sed de lo terreno y dejen limpio mi espíritu, para que pueda gozar un día de las alegrías purísimas del cielo.

Amén.

Día 7
Día 7

La fuente y la obediencia

11 minutos

Día séptimo de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres mi fe, mi esperanza y el amor que pongo sobre todo. Con humildad me pongo delante de Tu divina majestad y te suplico que me perdones cuantas ofensas e ingratitudes he cometido contra Ti.

Sé, Señor, que no merezco presentarme ante Ti; por eso me acerco a Ti de la mano de Tu Madre amantísima, y le ruego que interceda por mí y me alcance el perdón de mis pecados, que detesto de corazón y que, con Tu gracia, propongo no volver a cometer. Amén.

— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh María Inmaculada, Virgen Santísima de Lourdes! Quiero hacer esta novena con toda la devoción de mi alma y acudir a la llamada que, por medio de la humilde Bernardita, hiciste a todos tus hijos. Por eso me pongo a tus pies, para oír con atención tu voz, contarte mis necesidades y pedir tus cuidados de Madre.

No me rechaces, Madre mía, aunque no lo merezco; mira solo el arrepentimiento que siento por haber afligido tu corazón maternal y renovado la pasión de tu Hijo amantísimo. Ayúdame en esta santa novena, en la que quiero purificar mi alma, alcanzar por tu intercesión la gracia especial que pido a la Divina Majestad y darle gracias por todos los beneficios recibidos (y sobre todo por aquel que motiva esta novena). Amén.

— Meditación —
(Juan 7, 37)
«Quien tenga sed, que venga a mí y que beba».

Para que brotara la fuente de Lourdes, Dios quiso contar con la obediencia de una niña. Bernardita hizo lo que se le pedía, aunque le costaba y la hacía quedar mal delante de todos.

El agua de aquel manantial es un signo. Jesús se presenta como la fuente que calma la sed del corazón, y promete su Espíritu a los que creen en él.

Él nos da esa agua en los sacramentos, y de un modo especial en la confesión, donde lava nuestros pecados y nos devuelve la paz. Acercarse a ella pide humildad, como la de Bernardita junto a la fuente.

También tú puedes preparar en estos días una buena confesión, y acudir a ella con confianza antes de que termine la novena.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen de Lourdes: Señor, tengo sed de Ti; lava mi corazón y dame Tu paz.

(Medítese sobre lo dicho y pida cada uno la gracia que desea alcanzar por medio de esta novena.)

— Parte histórica —
El jueves 25 de febrero había unas trescientas personas en la gruta. La Señora le dijo a Bernardita que fuera a beber a la fuente. Ella solo encontró un poco de agua fangosa: tres veces la tiró, y a la cuarta pudo beber. Después comió unas hierbas que crecían allí.

Cuando le preguntaron si sabía que la tomaban por loca, respondió: «Es por los pecadores». De aquel hueco en la tierra brotó el manantial que sigue corriendo hoy.

— Séptimo día —
¡Virgen Santísima, Madre mía! Ya cerca del final de esta novena, que celebro en tu honor, no quiero resistirme más a la voz interior que me invita a terminarla confesando bien todas mis culpas. Sí, quiero hacer una buena confesión, para que el último día de la novena reciba con un alma digna a tu Hijo santísimo.

Tú, Señora, que pones en mí este deseo, alcánzame la gracia de cumplirlo, para que mi confesión agrade a los ojos de Dios, mi alma quede del todo limpia y viva desde ahora una vida plenamente cristiana, fiel a los mandamientos de la ley de Dios. Por esta intención te rezo las Avemarías y las invocaciones que siguen.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

— Oración de San Bernardo —
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, de que jamás, en ningún tiempo, se ha oído decir que alguien que corriera a tu amparo, implorara tu auxilio y pidiera tu intercesión haya quedado abandonado.

Animado con esta confianza, a ti corro, oh Virgen de las vírgenes, oh Madre; a ti vengo, y ante ti me presento, pecador, entre gemidos. No desprecies mis palabras, oh Madre del Verbo; antes bien, escúchalas con bondad y atiéndelas. Amén.

— Oración final —
Inmaculada Señora y Madre mía: por el gran amor que mostraste a los hombres al dignarte aparecer en una gruta humilde y enseñar a la joven y dichosa Bernardita, alegra mi corazón, te lo ruego, con tu protección de Madre.

Y así como en la gruta de Lourdes hiciste nacer aquel manantial abundante de aguas claras y saludables para remedio del cuerpo, alcánzame que Dios derrame sobre mi pobre alma las aguas dulces y fecundas de la gracia, que calmen mi sed de lo terreno y dejen limpio mi espíritu, para que pueda gozar un día de las alegrías purísimas del cielo.

Amén.

Día 8
Día 8

Perseverar en la oración

11 minutos

Día octavo de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres mi fe, mi esperanza y el amor que pongo sobre todo. Con humildad me pongo delante de Tu divina majestad y te suplico que me perdones cuantas ofensas e ingratitudes he cometido contra Ti.

Sé, Señor, que no merezco presentarme ante Ti; por eso me acerco a Ti de la mano de Tu Madre amantísima, y le ruego que interceda por mí y me alcance el perdón de mis pecados, que detesto de corazón y que, con Tu gracia, propongo no volver a cometer. Amén.

— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh María Inmaculada, Virgen Santísima de Lourdes! Quiero hacer esta novena con toda la devoción de mi alma y acudir a la llamada que, por medio de la humilde Bernardita, hiciste a todos tus hijos. Por eso me pongo a tus pies, para oír con atención tu voz, contarte mis necesidades y pedir tus cuidados de Madre.

No me rechaces, Madre mía, aunque no lo merezco; mira solo el arrepentimiento que siento por haber afligido tu corazón maternal y renovado la pasión de tu Hijo amantísimo. Ayúdame en esta santa novena, en la que quiero purificar mi alma, alcanzar por tu intercesión la gracia especial que pido a la Divina Majestad y darle gracias por todos los beneficios recibidos (y sobre todo por aquel que motiva esta novena). Amén.

— Meditación —
(Imitación de Cristo 3, 30)
«¿Dónde está tu fe? Ten firmeza y perseverancia».

La fuente de Lourdes empezó con un poco de agua turbia, y se convirtió en un manantial abundante. Así suele obrar la gracia en nosotros: poco a poco, mientras perseveramos en la oración y en el bien.

Bernardita preguntó varias veces a la Señora cómo se llamaba, y durante semanas no obtuvo respuesta; una de esas veces, solo una sonrisa. Siguió preguntando con paciencia, y la respuesta llegó el 25 de marzo.

A veces Dios tarda en responder y deja que pidamos con insistencia. En esa espera crece la fe, y aprendemos a desear lo que él quiere darnos.

También tú puedes perseverar en tu oración de cada día, aunque todavía no veas su fruto. La fuente más abundante de la gracia es la Eucaristía: acércate a ella con fe.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen de Lourdes: Señor, dame perseverancia en la oración y confianza en Tu tiempo.

(Medítese sobre lo dicho y pida cada uno la gracia que desea alcanzar por medio de esta novena.)

— Parte histórica —
El 1 de marzo, Catalina Latapie metió en el agua de la fuente su brazo dislocado, y el brazo y la mano recobraron el movimiento: fue la primera curación. Al día siguiente, la Señora le pidió que dijera a los sacerdotes que fueran allí en procesión y que se construyera una capilla. El párroco quiso saber antes su nombre.

El jueves 25 de marzo, Bernardita se lo preguntó cuatro veces. La Señora juntó las manos, levantó los ojos al cielo y le dijo en su lengua: «Yo soy la Inmaculada Concepción». Cuatro años antes, en 1854, el papa Pío IX había definido ese dogma.

— Octavo día —
¡Oh Inmaculada María, toda hermosa y limpia de toda mancha desde el primer instante de tu ser! Alcánzame pureza de alma y de cuerpo, y que no quede en mí culpa alguna, para que pueda recibir como se debe el Santísimo Sacramento del altar.

Como el ciervo sediento corre a las aguas claras para calmar su sed, así tiene sed mi alma de llegar a ese Sacramento, todo bondad y todo amor.

Alcánzame, Virgen santa, que cuando mañana reciba en la comunión a tu Hijo santísimo, sea tal la gracia que nunca lo aparte de mí por el pecado; sin Jesús, que es mi vida, mi alegría y mi consuelo entero, ni puedo vivir ni tengo paz en el corazón. Para conseguirlo te saludo con las Avemarías y las invocaciones que siguen.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

— Oración de San Bernardo —
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, de que jamás, en ningún tiempo, se ha oído decir que alguien que corriera a tu amparo, implorara tu auxilio y pidiera tu intercesión haya quedado abandonado.

Animado con esta confianza, a ti corro, oh Virgen de las vírgenes, oh Madre; a ti vengo, y ante ti me presento, pecador, entre gemidos. No desprecies mis palabras, oh Madre del Verbo; antes bien, escúchalas con bondad y atiéndelas. Amén.

— Oración final —
Inmaculada Señora y Madre mía: por el gran amor que mostraste a los hombres al dignarte aparecer en una gruta humilde y enseñar a la joven y dichosa Bernardita, alegra mi corazón, te lo ruego, con tu protección de Madre.

Y así como en la gruta de Lourdes hiciste nacer aquel manantial abundante de aguas claras y saludables para remedio del cuerpo, alcánzame que Dios derrame sobre mi pobre alma las aguas dulces y fecundas de la gracia, que calmen mi sed de lo terreno y dejen limpio mi espíritu, para que pueda gozar un día de las alegrías purísimas del cielo.

Amén.

Día 9
Día 9

Una madre para todos

11 minutos

Día noveno de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres mi fe, mi esperanza y el amor que pongo sobre todo. Con humildad me pongo delante de Tu divina majestad y te suplico que me perdones cuantas ofensas e ingratitudes he cometido contra Ti.

Sé, Señor, que no merezco presentarme ante Ti; por eso me acerco a Ti de la mano de Tu Madre amantísima, y le ruego que interceda por mí y me alcance el perdón de mis pecados, que detesto de corazón y que, con Tu gracia, propongo no volver a cometer. Amén.

— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh María Inmaculada, Virgen Santísima de Lourdes! Quiero hacer esta novena con toda la devoción de mi alma y acudir a la llamada que, por medio de la humilde Bernardita, hiciste a todos tus hijos. Por eso me pongo a tus pies, para oír con atención tu voz, contarte mis necesidades y pedir tus cuidados de Madre.

No me rechaces, Madre mía, aunque no lo merezco; mira solo el arrepentimiento que siento por haber afligido tu corazón maternal y renovado la pasión de tu Hijo amantísimo. Ayúdame en esta santa novena, en la que quiero purificar mi alma, alcanzar por tu intercesión la gracia especial que pido a la Divina Majestad y darle gracias por todos los beneficios recibidos (y sobre todo por aquel que motiva esta novena). Amén.

— Meditación —
(Juan 19, 27)
«Mira: esa es tu madre».

Desde la cruz, Jesús confió su madre al discípulo amado, y en él nos la dio a todos. Desde entonces María cuida de los discípulos de su Hijo como una madre cuida de sus hijos.

En Lourdes lo mostró con gestos sencillos: la sonrisa, la paciencia con una niña pobre, la fuente para los enfermos, la invitación a rezar y a convertirse. Todo llevaba a Dios.

A ese amor se responde viviendo como hijos de Dios, fieles a lo que prometimos en el bautismo. Así lo vivió Bernardita: se hizo religiosa en Nevers, y allí llevó con paciencia una larga enfermedad hasta su muerte, en 1879.

También tú eres hijo de María. Puedes acudir a ella en cualquier necesidad y pedirle que te ayude a vivir de modo que Dios sea glorificado en ti.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen de Lourdes: Señor, que viva como hijo Tuyo, bajo el cuidado de María.

(Medítese sobre lo dicho y pida cada uno la gracia que desea alcanzar por medio de esta novena.)

— Parte histórica —
La última aparición fue el 16 de julio de 1858, fiesta de la Virgen del Carmen. La gruta estaba cerrada con una empalizada, y Bernardita la vio desde la otra orilla del río. Contó después que nunca la había visto tan hermosa.

El 18 de enero de 1862, el obispo de Tarbes, después de una larga investigación, reconoció las apariciones. Desde entonces, millones de peregrinos, muchos de ellos enfermos, han ido a Lourdes a rezar.

— Noveno día —
¡Inmaculada y Santísima Madre de Dios! En esta novena me has dado altísimas lecciones y he recibido llamadas llenas de amor y de salud; no quiero responder con ingratitud ni con dureza. Me propongo con firmeza ser fiel a Dios en su servicio, amarle con todas las fuerzas de mi alma y honrarte como a mi Madre queridísima.

Graba estos propósitos en mi corazón para que nunca los olvide; alcánzame la gracia de perseverar siempre en estos santos pensamientos hasta el último aliento de mi vida, y de contar, ahora y siempre, con tu protección, hasta que pueda alegrarme para siempre en el cielo con las delicias sin fin que Dios ha preparado para los que le aman.

Y para que estos propósitos te sean más agradables, te saludo con las Avemarías y las invocaciones que siguen.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

— Oración de San Bernardo —
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, de que jamás, en ningún tiempo, se ha oído decir que alguien que corriera a tu amparo, implorara tu auxilio y pidiera tu intercesión haya quedado abandonado.

Animado con esta confianza, a ti corro, oh Virgen de las vírgenes, oh Madre; a ti vengo, y ante ti me presento, pecador, entre gemidos. No desprecies mis palabras, oh Madre del Verbo; antes bien, escúchalas con bondad y atiéndelas. Amén.

— Oración final —
Inmaculada Señora y Madre mía: por el gran amor que mostraste a los hombres al dignarte aparecer en una gruta humilde y enseñar a la joven y dichosa Bernardita, alegra mi corazón, te lo ruego, con tu protección de Madre.

Y así como en la gruta de Lourdes hiciste nacer aquel manantial abundante de aguas claras y saludables para remedio del cuerpo, alcánzame que Dios derrame sobre mi pobre alma las aguas dulces y fecundas de la gracia, que calmen mi sed de lo terreno y dejen limpio mi espíritu, para que pueda gozar un día de las alegrías purísimas del cielo.

Amén.

También hoy