Novena · 9 días
Novena al Señor de los Milagros
Nueve días ante el Cristo Moreno hacia su fiesta
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
El Cristo de la pared de adobe
Día primero de la Novena al Señor de los Milagros.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
Jesús crucificado, digno de toda adoración, Hijo de Dios vivo, que bajaste del cielo a la tierra y te entregaste por nosotros hasta morir en una cruz para salvarnos: yo te confieso como mi Dios verdadero, mi Padre, mi Salvador y mi Redentor; en Ti está toda mi esperanza, para la vida y para la muerte, y solo en Ti mi salvación, ahora y por toda la eternidad.
Señor y Dios mío, por mi gran miseria y por tantas culpas no merezco presentarme ante Tu majestad; pero me arrepiento de ellas y, confiando en Tu gran misericordia, vengo a Ti, verdadero Señor de los Milagros, Dios todopoderoso, para pedirte humildemente que uses Tu poder infinito y obres milagros de misericordia en favor mío y de todos nosotros.
Señor misericordiosísimo, calma Tu justo enojo por nuestros pecados; aquieta la tierra, el mar y los elementos, para que no suframos terremotos, tempestades, epidemias, guerras ni las demás calamidades que siempre nos amenazan. Salvador nuestro amorosísimo, líbranos de todo mal y de todo peligro, en vida y en muerte, y haz en nosotros el mayor de Tus milagros: que de tal modo te amemos y te sirvamos en este mundo, que lleguemos a verte y a gozar de Ti en el cielo, donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas, en gloria infinita, por los siglos de los siglos. Amén.
— Primer día —
(Juan 3, 14-15)
«Del mismo modo que Moisés alzó la serpiente en el desierto, así tiene que ser alzado el Hijo del hombre, para que tenga vida eterna todo el que cree en él».
Considera, alma mía, cómo nació esta devoción. Hacia 1651 un hombre sencillo pintó a Cristo crucificado en una pared de adobe, en Pachacamilla, un barrio humilde de Lima.
En 1655 un terremoto derribó casas y templos, y aquella pared quedó en pie. Los vecinos empezaron a reunirse ante la imagen para rezar; en 1671 se mandó borrarla, pero la orden no llegó a cumplirse y se permitió su culto.
Desde entonces, generación tras generación, los fieles acuden al Señor de los Milagros. Como los israelitas miraban la serpiente alzada y quedaban sanos, ellos miran al Crucificado y reciben su misericordia.
La imagen no obra por sí misma: el que concede las gracias es Cristo, que dio la vida en la cruz. Por eso la devoción verdadera lleva a amarlo y a cambiar de vida.
También tú puedes mirarlo hoy con la fe de tantos que te precedieron, y ponerle delante lo que te pesa.
Señor de los Milagros, que al mirarte crea en Tu amor y te pida con confianza lo que necesito.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración a la Santísima Virgen María —
¡Oh Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra! Por esa bondad tan grande de tu corazón de madre, escucha con cariño las súplicas de todos los que acudimos a ti; no nos dejes solos, dulcísima Virgen María, ni permitas que nos perdamos.
Vuelve tus ojos llenos de compasión hacia nuestra ciudad de Lima y hacia todos los que en ella viven. ¿Qué sería de nosotros sin tu intercesión, y de qué servirían nuestros ruegos ante el Señor, al que tanto hemos ofendido? Ten compasión, Madre misericordiosísima, de estos pobres pecadores que, aunque tan ingratos, somos hijos tuyos.
Alcánzanos una vez más gracia y misericordia ante el Señor: obtennos lo que te pedimos en esta novena y todo lo que sabes que nos hace falta: sobre todo, que nuestros pecados sean perdonados, nuestras necesidades remediadas, que perseveremos en el bien, tengamos una santa muerte y lleguemos a la gloria del cielo. Amén.
(Medita y pide lo que deseas obtener del Señor por medio de esta novena.)
— Por las cinco llagas del Señor —
(En memoria de las cinco llagas del Señor se rezan cinco Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, y después, tres veces, la súplica que sigue.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
En Ti está el perdón
Día segundo de la Novena al Señor de los Milagros.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
Jesús crucificado, digno de toda adoración, Hijo de Dios vivo, que bajaste del cielo a la tierra y te entregaste por nosotros hasta morir en una cruz para salvarnos: yo te confieso como mi Dios verdadero, mi Padre, mi Salvador y mi Redentor; en Ti está toda mi esperanza, para la vida y para la muerte, y solo en Ti mi salvación, ahora y por toda la eternidad.
Señor y Dios mío, por mi gran miseria y por tantas culpas no merezco presentarme ante Tu majestad; pero me arrepiento de ellas y, confiando en Tu gran misericordia, vengo a Ti, verdadero Señor de los Milagros, Dios todopoderoso, para pedirte humildemente que uses Tu poder infinito y obres milagros de misericordia en favor mío y de todos nosotros.
Señor misericordiosísimo, calma Tu justo enojo por nuestros pecados; aquieta la tierra, el mar y los elementos, para que no suframos terremotos, tempestades, epidemias, guerras ni las demás calamidades que siempre nos amenazan. Salvador nuestro amorosísimo, líbranos de todo mal y de todo peligro, en vida y en muerte, y haz en nosotros el mayor de Tus milagros: que de tal modo te amemos y te sirvamos en este mundo, que lleguemos a verte y a gozar de Ti en el cielo, donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas, en gloria infinita, por los siglos de los siglos. Amén.
— Segundo día —
(Salmo 130 (129), 3-4a)
«Si te pones a examinar nuestras faltas, Señor, ¿quién podrá sostenerse ante ti? Pero en ti está el perdón».
Considera, alma mía, cuánto necesitamos acudir a Dios con fe y pedirle perdón. Nadie puede presentarse ante él con las manos limpias, y él no rechaza al que vuelve.
Cuando Abraham rogó por Sodoma, Dios le prometió perdonar a la ciudad entera si hallaba en ella diez justos. La oración de unos pocos puede alcanzar misericordia para muchos.
Así lo han entendido los devotos del Señor de los Milagros. En sus procesiones de octubre piden perdón por sus pecados y ruegan por su ciudad.
También tú puedes acercarte hoy al Señor con tus culpas, sin miedo. Y puedes rezar por los que quieres, por los que te han ofendido y por los que viven lejos de Dios.
Señor, ten misericordia de mí, pecador, y de todos aquellos por los que hoy te ruego.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración a la Santísima Virgen María —
¡Oh Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra! Por esa bondad tan grande de tu corazón de madre, escucha con cariño las súplicas de todos los que acudimos a ti; no nos dejes solos, dulcísima Virgen María, ni permitas que nos perdamos.
Vuelve tus ojos llenos de compasión hacia nuestra ciudad de Lima y hacia todos los que en ella viven. ¿Qué sería de nosotros sin tu intercesión, y de qué servirían nuestros ruegos ante el Señor, al que tanto hemos ofendido? Ten compasión, Madre misericordiosísima, de estos pobres pecadores que, aunque tan ingratos, somos hijos tuyos.
Alcánzanos una vez más gracia y misericordia ante el Señor: obtennos lo que te pedimos en esta novena y todo lo que sabes que nos hace falta: sobre todo, que nuestros pecados sean perdonados, nuestras necesidades remediadas, que perseveremos en el bien, tengamos una santa muerte y lleguemos a la gloria del cielo. Amén.
(Medita y pide lo que deseas obtener del Señor por medio de esta novena.)
— Por las cinco llagas del Señor —
(En memoria de las cinco llagas del Señor se rezan cinco Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, y después, tres veces, la súplica que sigue.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Mi Dios y mi todo
Día tercero de la Novena al Señor de los Milagros.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
Jesús crucificado, digno de toda adoración, Hijo de Dios vivo, que bajaste del cielo a la tierra y te entregaste por nosotros hasta morir en una cruz para salvarnos: yo te confieso como mi Dios verdadero, mi Padre, mi Salvador y mi Redentor; en Ti está toda mi esperanza, para la vida y para la muerte, y solo en Ti mi salvación, ahora y por toda la eternidad.
Señor y Dios mío, por mi gran miseria y por tantas culpas no merezco presentarme ante Tu majestad; pero me arrepiento de ellas y, confiando en Tu gran misericordia, vengo a Ti, verdadero Señor de los Milagros, Dios todopoderoso, para pedirte humildemente que uses Tu poder infinito y obres milagros de misericordia en favor mío y de todos nosotros.
Señor misericordiosísimo, calma Tu justo enojo por nuestros pecados; aquieta la tierra, el mar y los elementos, para que no suframos terremotos, tempestades, epidemias, guerras ni las demás calamidades que siempre nos amenazan. Salvador nuestro amorosísimo, líbranos de todo mal y de todo peligro, en vida y en muerte, y haz en nosotros el mayor de Tus milagros: que de tal modo te amemos y te sirvamos en este mundo, que lleguemos a verte y a gozar de Ti en el cielo, donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas, en gloria infinita, por los siglos de los siglos. Amén.
— Tercer día —
(Imitación de Cristo 3, 34)
«¡Oh mi Dios y mi todo! ¿Qué más quiero yo y qué mayor dicha puedo apetecer?».
Considera, alma mía, que en Cristo crucificado lo tenemos todo. El Padre nos lo dio, y él se nos dio entero: al nacer en Belén, en la Eucaristía y en la cruz.
San Pablo lo enseña en su carta a los Romanos: si Dios no se guardó a su propio Hijo, no nos negará nada bueno. Siglos antes de que se escribiera la Imitación, como cuenta la tradición, San Francisco de Asís pasó una noche entera repitiendo una oración parecida.
Lo que pedimos en esta novena cabe dentro de ese bien mayor. Quien tiene a Cristo no es pobre, aunque le falten muchas cosas.
También tú puedes presentar al Señor tus necesidades con confianza. Y sobre todo puedes pedirle a él mismo, que es el mayor de sus dones.
Señor de los Milagros, sé Tú mi mayor bien, y que todo lo demás lo reciba de Tus manos.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración a la Santísima Virgen María —
¡Oh Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra! Por esa bondad tan grande de tu corazón de madre, escucha con cariño las súplicas de todos los que acudimos a ti; no nos dejes solos, dulcísima Virgen María, ni permitas que nos perdamos.
Vuelve tus ojos llenos de compasión hacia nuestra ciudad de Lima y hacia todos los que en ella viven. ¿Qué sería de nosotros sin tu intercesión, y de qué servirían nuestros ruegos ante el Señor, al que tanto hemos ofendido? Ten compasión, Madre misericordiosísima, de estos pobres pecadores que, aunque tan ingratos, somos hijos tuyos.
Alcánzanos una vez más gracia y misericordia ante el Señor: obtennos lo que te pedimos en esta novena y todo lo que sabes que nos hace falta: sobre todo, que nuestros pecados sean perdonados, nuestras necesidades remediadas, que perseveremos en el bien, tengamos una santa muerte y lleguemos a la gloria del cielo. Amén.
(Medita y pide lo que deseas obtener del Señor por medio de esta novena.)
— Por las cinco llagas del Señor —
(En memoria de las cinco llagas del Señor se rezan cinco Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, y después, tres veces, la súplica que sigue.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Descanso para los cansados
Día cuarto de la Novena al Señor de los Milagros.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
Jesús crucificado, digno de toda adoración, Hijo de Dios vivo, que bajaste del cielo a la tierra y te entregaste por nosotros hasta morir en una cruz para salvarnos: yo te confieso como mi Dios verdadero, mi Padre, mi Salvador y mi Redentor; en Ti está toda mi esperanza, para la vida y para la muerte, y solo en Ti mi salvación, ahora y por toda la eternidad.
Señor y Dios mío, por mi gran miseria y por tantas culpas no merezco presentarme ante Tu majestad; pero me arrepiento de ellas y, confiando en Tu gran misericordia, vengo a Ti, verdadero Señor de los Milagros, Dios todopoderoso, para pedirte humildemente que uses Tu poder infinito y obres milagros de misericordia en favor mío y de todos nosotros.
Señor misericordiosísimo, calma Tu justo enojo por nuestros pecados; aquieta la tierra, el mar y los elementos, para que no suframos terremotos, tempestades, epidemias, guerras ni las demás calamidades que siempre nos amenazan. Salvador nuestro amorosísimo, líbranos de todo mal y de todo peligro, en vida y en muerte, y haz en nosotros el mayor de Tus milagros: que de tal modo te amemos y te sirvamos en este mundo, que lleguemos a verte y a gozar de Ti en el cielo, donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas, en gloria infinita, por los siglos de los siglos. Amén.
— Cuarto día —
(Mateo 11, 28)
«Vengan a mí todos los que andan fatigados y cargados, y yo les daré descanso».
Considera, alma mía, cuánto consuelo se halla junto a Cristo crucificado. María Magdalena, a quien el Señor había librado de siete demonios, estuvo junto a la cruz y no se apartó de él.
El ladrón arrepentido, que no tenía nada que ofrecer, le pidió que se acordara de él cuando llegara a su reino. Jesús le prometió que ese mismo día estaría con él en el paraíso.
Desde 1688, la procesión del Señor de los Milagros visita un hospital de la ciudad, y los enfermos la esperan cada año. Allí se hace visible lo que Jesús ofrece: descanso para los cansados y consuelo para los que sufren.
También tú puedes llevarle lo que te cansa y lo que te duele. Él recibe siempre a los que llegan agobiados, y junto a su cruz hay sitio para tus lágrimas.
Señor crucificado, consuela a los que sufren y dame descanso en Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración a la Santísima Virgen María —
¡Oh Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra! Por esa bondad tan grande de tu corazón de madre, escucha con cariño las súplicas de todos los que acudimos a ti; no nos dejes solos, dulcísima Virgen María, ni permitas que nos perdamos.
Vuelve tus ojos llenos de compasión hacia nuestra ciudad de Lima y hacia todos los que en ella viven. ¿Qué sería de nosotros sin tu intercesión, y de qué servirían nuestros ruegos ante el Señor, al que tanto hemos ofendido? Ten compasión, Madre misericordiosísima, de estos pobres pecadores que, aunque tan ingratos, somos hijos tuyos.
Alcánzanos una vez más gracia y misericordia ante el Señor: obtennos lo que te pedimos en esta novena y todo lo que sabes que nos hace falta: sobre todo, que nuestros pecados sean perdonados, nuestras necesidades remediadas, que perseveremos en el bien, tengamos una santa muerte y lleguemos a la gloria del cielo. Amén.
(Medita y pide lo que deseas obtener del Señor por medio de esta novena.)
— Por las cinco llagas del Señor —
(En memoria de las cinco llagas del Señor se rezan cinco Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, y después, tres veces, la súplica que sigue.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
El costado abierto
Día quinto de la Novena al Señor de los Milagros.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
Jesús crucificado, digno de toda adoración, Hijo de Dios vivo, que bajaste del cielo a la tierra y te entregaste por nosotros hasta morir en una cruz para salvarnos: yo te confieso como mi Dios verdadero, mi Padre, mi Salvador y mi Redentor; en Ti está toda mi esperanza, para la vida y para la muerte, y solo en Ti mi salvación, ahora y por toda la eternidad.
Señor y Dios mío, por mi gran miseria y por tantas culpas no merezco presentarme ante Tu majestad; pero me arrepiento de ellas y, confiando en Tu gran misericordia, vengo a Ti, verdadero Señor de los Milagros, Dios todopoderoso, para pedirte humildemente que uses Tu poder infinito y obres milagros de misericordia en favor mío y de todos nosotros.
Señor misericordiosísimo, calma Tu justo enojo por nuestros pecados; aquieta la tierra, el mar y los elementos, para que no suframos terremotos, tempestades, epidemias, guerras ni las demás calamidades que siempre nos amenazan. Salvador nuestro amorosísimo, líbranos de todo mal y de todo peligro, en vida y en muerte, y haz en nosotros el mayor de Tus milagros: que de tal modo te amemos y te sirvamos en este mundo, que lleguemos a verte y a gozar de Ti en el cielo, donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas, en gloria infinita, por los siglos de los siglos. Amén.
— Quinto día —
(Juan 19, 34)
«Uno de los soldados le clavó la lanza en el costado, y enseguida brotó sangre y agua».
Considera, alma mía, las manos y los pies del Señor atravesados por los clavos, y su costado abierto por la lanza. Esas heridas dicen, sin palabras, cuánto nos ama.
Los Padres de la Iglesia vieron en la sangre y el agua los sacramentos que nacen de la cruz: el bautismo y la Eucaristía. Del corazón abierto de Cristo nace la Iglesia.
Después de resucitar, Jesús mostró sus llagas a los discípulos, y Tomás, al verlas, lo confesó como su Señor y su Dios. Las conserva en su cuerpo glorioso, como señal de un amor que no se retira.
San Juan escribe en su carta que, si alguno peca, tenemos ante el Padre un abogado: Jesucristo, el Justo. Sus llagas hablan por nosotros.
También tú puedes acudir a ese corazón abierto cuando te sientas lejos o solo. Nadie queda fuera de él.
Señor, por Tus santas llagas, guárdame siempre cerca de Tu corazón.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración a la Santísima Virgen María —
¡Oh Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra! Por esa bondad tan grande de tu corazón de madre, escucha con cariño las súplicas de todos los que acudimos a ti; no nos dejes solos, dulcísima Virgen María, ni permitas que nos perdamos.
Vuelve tus ojos llenos de compasión hacia nuestra ciudad de Lima y hacia todos los que en ella viven. ¿Qué sería de nosotros sin tu intercesión, y de qué servirían nuestros ruegos ante el Señor, al que tanto hemos ofendido? Ten compasión, Madre misericordiosísima, de estos pobres pecadores que, aunque tan ingratos, somos hijos tuyos.
Alcánzanos una vez más gracia y misericordia ante el Señor: obtennos lo que te pedimos en esta novena y todo lo que sabes que nos hace falta: sobre todo, que nuestros pecados sean perdonados, nuestras necesidades remediadas, que perseveremos en el bien, tengamos una santa muerte y lleguemos a la gloria del cielo. Amén.
(Medita y pide lo que deseas obtener del Señor por medio de esta novena.)
— Por las cinco llagas del Señor —
(En memoria de las cinco llagas del Señor se rezan cinco Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, y después, tres veces, la súplica que sigue.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Quien lo sigue no anda en tinieblas
Día sexto de la Novena al Señor de los Milagros.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
Jesús crucificado, digno de toda adoración, Hijo de Dios vivo, que bajaste del cielo a la tierra y te entregaste por nosotros hasta morir en una cruz para salvarnos: yo te confieso como mi Dios verdadero, mi Padre, mi Salvador y mi Redentor; en Ti está toda mi esperanza, para la vida y para la muerte, y solo en Ti mi salvación, ahora y por toda la eternidad.
Señor y Dios mío, por mi gran miseria y por tantas culpas no merezco presentarme ante Tu majestad; pero me arrepiento de ellas y, confiando en Tu gran misericordia, vengo a Ti, verdadero Señor de los Milagros, Dios todopoderoso, para pedirte humildemente que uses Tu poder infinito y obres milagros de misericordia en favor mío y de todos nosotros.
Señor misericordiosísimo, calma Tu justo enojo por nuestros pecados; aquieta la tierra, el mar y los elementos, para que no suframos terremotos, tempestades, epidemias, guerras ni las demás calamidades que siempre nos amenazan. Salvador nuestro amorosísimo, líbranos de todo mal y de todo peligro, en vida y en muerte, y haz en nosotros el mayor de Tus milagros: que de tal modo te amemos y te sirvamos en este mundo, que lleguemos a verte y a gozar de Ti en el cielo, donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas, en gloria infinita, por los siglos de los siglos. Amén.
— Sexto día —
(Imitación de Cristo 1, 1)
«Quien me sigue no anda en tinieblas, dice el Señor».
Considera, alma mía, cómo Jesús nos enseñó con su vida antes que con sus palabras. Siendo Dios, nació pobre, y en Nazaret vivió muchos años obediente a María y a José, trabajando con sus manos.
Trató con ternura a los niños, tuvo paciencia con sus discípulos y perdonó a los que lo crucificaban. San Pablo resume su humildad en pocas palabras: «se rebajó a sí mismo, obedeciendo hasta morir, y morir en una cruz».
La cruz es la escuela de sus virtudes. Quien la mira con calma aprende la mansedumbre y el perdón, que no se aprenden en los libros.
También tú puedes imitarlo en lo pequeño: dejar a otro el primer lugar, perdonar pronto, servir sin esperar que te lo agradezcan. Quien lo sigue así camina en la luz.
Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración a la Santísima Virgen María —
¡Oh Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra! Por esa bondad tan grande de tu corazón de madre, escucha con cariño las súplicas de todos los que acudimos a ti; no nos dejes solos, dulcísima Virgen María, ni permitas que nos perdamos.
Vuelve tus ojos llenos de compasión hacia nuestra ciudad de Lima y hacia todos los que en ella viven. ¿Qué sería de nosotros sin tu intercesión, y de qué servirían nuestros ruegos ante el Señor, al que tanto hemos ofendido? Ten compasión, Madre misericordiosísima, de estos pobres pecadores que, aunque tan ingratos, somos hijos tuyos.
Alcánzanos una vez más gracia y misericordia ante el Señor: obtennos lo que te pedimos en esta novena y todo lo que sabes que nos hace falta: sobre todo, que nuestros pecados sean perdonados, nuestras necesidades remediadas, que perseveremos en el bien, tengamos una santa muerte y lleguemos a la gloria del cielo. Amén.
(Medita y pide lo que deseas obtener del Señor por medio de esta novena.)
— Por las cinco llagas del Señor —
(En memoria de las cinco llagas del Señor se rezan cinco Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, y después, tres veces, la súplica que sigue.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Lo mucho que padeció
Día séptimo de la Novena al Señor de los Milagros.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
Jesús crucificado, digno de toda adoración, Hijo de Dios vivo, que bajaste del cielo a la tierra y te entregaste por nosotros hasta morir en una cruz para salvarnos: yo te confieso como mi Dios verdadero, mi Padre, mi Salvador y mi Redentor; en Ti está toda mi esperanza, para la vida y para la muerte, y solo en Ti mi salvación, ahora y por toda la eternidad.
Señor y Dios mío, por mi gran miseria y por tantas culpas no merezco presentarme ante Tu majestad; pero me arrepiento de ellas y, confiando en Tu gran misericordia, vengo a Ti, verdadero Señor de los Milagros, Dios todopoderoso, para pedirte humildemente que uses Tu poder infinito y obres milagros de misericordia en favor mío y de todos nosotros.
Señor misericordiosísimo, calma Tu justo enojo por nuestros pecados; aquieta la tierra, el mar y los elementos, para que no suframos terremotos, tempestades, epidemias, guerras ni las demás calamidades que siempre nos amenazan. Salvador nuestro amorosísimo, líbranos de todo mal y de todo peligro, en vida y en muerte, y haz en nosotros el mayor de Tus milagros: que de tal modo te amemos y te sirvamos en este mundo, que lleguemos a verte y a gozar de Ti en el cielo, donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas, en gloria infinita, por los siglos de los siglos. Amén.
— Séptimo día —
(Imitación de Cristo 2, 12)
«Toda la vida de Cristo fue cruz y martirio».
Considera, alma mía, cuánto sufrió Jesús por nosotros en su Pasión. En el huerto de Getsemaní sintió una tristeza de muerte, y su sudor caía hasta el suelo como gotas de sangre.
Fue entregado con un beso, azotado y coronado de espinas, y los soldados se burlaron de él. Cargó con la cruz hasta el Calvario, y allí lo clavaron en ella.
Todo lo sufrió por nosotros, y en medio del dolor rezó por los que lo herían. Por el camino lo seguían unas mujeres que lloraban por él, y se detuvo a hablarles.
También tú puedes acompañarlo en su Pasión. No hace falta entenderlo todo: basta quedarse un rato con él, rezar despacio el vía crucis o mirar un crucifijo en silencio, y ofrecerle tus propias cruces.
Señor Jesús, que Tu Pasión dé fruto en mí y me enseñe a llevar mi cruz Contigo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración a la Santísima Virgen María —
¡Oh Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra! Por esa bondad tan grande de tu corazón de madre, escucha con cariño las súplicas de todos los que acudimos a ti; no nos dejes solos, dulcísima Virgen María, ni permitas que nos perdamos.
Vuelve tus ojos llenos de compasión hacia nuestra ciudad de Lima y hacia todos los que en ella viven. ¿Qué sería de nosotros sin tu intercesión, y de qué servirían nuestros ruegos ante el Señor, al que tanto hemos ofendido? Ten compasión, Madre misericordiosísima, de estos pobres pecadores que, aunque tan ingratos, somos hijos tuyos.
Alcánzanos una vez más gracia y misericordia ante el Señor: obtennos lo que te pedimos en esta novena y todo lo que sabes que nos hace falta: sobre todo, que nuestros pecados sean perdonados, nuestras necesidades remediadas, que perseveremos en el bien, tengamos una santa muerte y lleguemos a la gloria del cielo. Amén.
(Medita y pide lo que deseas obtener del Señor por medio de esta novena.)
— Por las cinco llagas del Señor —
(En memoria de las cinco llagas del Señor se rezan cinco Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, y después, tres veces, la súplica que sigue.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
La mayor obra de su amor
Día octavo de la Novena al Señor de los Milagros.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
Jesús crucificado, digno de toda adoración, Hijo de Dios vivo, que bajaste del cielo a la tierra y te entregaste por nosotros hasta morir en una cruz para salvarnos: yo te confieso como mi Dios verdadero, mi Padre, mi Salvador y mi Redentor; en Ti está toda mi esperanza, para la vida y para la muerte, y solo en Ti mi salvación, ahora y por toda la eternidad.
Señor y Dios mío, por mi gran miseria y por tantas culpas no merezco presentarme ante Tu majestad; pero me arrepiento de ellas y, confiando en Tu gran misericordia, vengo a Ti, verdadero Señor de los Milagros, Dios todopoderoso, para pedirte humildemente que uses Tu poder infinito y obres milagros de misericordia en favor mío y de todos nosotros.
Señor misericordiosísimo, calma Tu justo enojo por nuestros pecados; aquieta la tierra, el mar y los elementos, para que no suframos terremotos, tempestades, epidemias, guerras ni las demás calamidades que siempre nos amenazan. Salvador nuestro amorosísimo, líbranos de todo mal y de todo peligro, en vida y en muerte, y haz en nosotros el mayor de Tus milagros: que de tal modo te amemos y te sirvamos en este mundo, que lleguemos a verte y a gozar de Ti en el cielo, donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas, en gloria infinita, por los siglos de los siglos. Amén.
— Octavo día —
(Juan 15, 13)
«Nadie tiene amor más grande que este: que uno entregue su vida por sus amigos».
Considera, alma mía, que la muerte de Jesús es la mayor obra de su amor. Nadie le quitó la vida: él la entregó libremente, como había dicho a sus discípulos.
Desde el mediodía la tierra quedó a oscuras, el velo del santuario se rasgó, y Jesús entregó su espíritu en manos del Padre. El centurión que estaba frente a la cruz, al ver cómo había muerto, reconoció que era el Hijo de Dios.
En esa muerte quedaron vencidos el pecado y la muerte, y se nos abrió el cielo. Lo que parecía el final se convirtió en la puerta de la vida. Cada gracia que el Señor concede brota de su cruz.
También tú puedes responder a ese amor con tu vida. Ofrécele hoy lo que eres y lo que haces, y deja que su amor cambie tu manera de amar.
Señor de los Milagros, que moriste por mí, haz que viva para Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración a la Santísima Virgen María —
¡Oh Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra! Por esa bondad tan grande de tu corazón de madre, escucha con cariño las súplicas de todos los que acudimos a ti; no nos dejes solos, dulcísima Virgen María, ni permitas que nos perdamos.
Vuelve tus ojos llenos de compasión hacia nuestra ciudad de Lima y hacia todos los que en ella viven. ¿Qué sería de nosotros sin tu intercesión, y de qué servirían nuestros ruegos ante el Señor, al que tanto hemos ofendido? Ten compasión, Madre misericordiosísima, de estos pobres pecadores que, aunque tan ingratos, somos hijos tuyos.
Alcánzanos una vez más gracia y misericordia ante el Señor: obtennos lo que te pedimos en esta novena y todo lo que sabes que nos hace falta: sobre todo, que nuestros pecados sean perdonados, nuestras necesidades remediadas, que perseveremos en el bien, tengamos una santa muerte y lleguemos a la gloria del cielo. Amén.
(Medita y pide lo que deseas obtener del Señor por medio de esta novena.)
— Por las cinco llagas del Señor —
(En memoria de las cinco llagas del Señor se rezan cinco Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, y después, tres veces, la súplica que sigue.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Volverá con gloria
Día noveno de la Novena al Señor de los Milagros.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
Jesús crucificado, digno de toda adoración, Hijo de Dios vivo, que bajaste del cielo a la tierra y te entregaste por nosotros hasta morir en una cruz para salvarnos: yo te confieso como mi Dios verdadero, mi Padre, mi Salvador y mi Redentor; en Ti está toda mi esperanza, para la vida y para la muerte, y solo en Ti mi salvación, ahora y por toda la eternidad.
Señor y Dios mío, por mi gran miseria y por tantas culpas no merezco presentarme ante Tu majestad; pero me arrepiento de ellas y, confiando en Tu gran misericordia, vengo a Ti, verdadero Señor de los Milagros, Dios todopoderoso, para pedirte humildemente que uses Tu poder infinito y obres milagros de misericordia en favor mío y de todos nosotros.
Señor misericordiosísimo, calma Tu justo enojo por nuestros pecados; aquieta la tierra, el mar y los elementos, para que no suframos terremotos, tempestades, epidemias, guerras ni las demás calamidades que siempre nos amenazan. Salvador nuestro amorosísimo, líbranos de todo mal y de todo peligro, en vida y en muerte, y haz en nosotros el mayor de Tus milagros: que de tal modo te amemos y te sirvamos en este mundo, que lleguemos a verte y a gozar de Ti en el cielo, donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas, en gloria infinita, por los siglos de los siglos. Amén.
— Noveno día —
(Mateo 25, 34)
«Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo».
Considera, alma mía, que el Crucificado no se quedó en el sepulcro. Resucitó al tercer día, se apareció a sus discípulos durante cuarenta días y subió al cielo ante sus ojos.
De allí ha de volver con gloria para juzgar a vivos y muertos, como confesamos en el Credo. Ese día nos preguntará por el amor: si le dimos de comer, si lo visitamos enfermo, si lo recibimos cuando era forastero.
Quien espera su venida no vive con miedo. El juez será el mismo que dio la vida por nosotros, y sus llagas son nuestra esperanza.
También tú puedes prepararte cada día para ese encuentro, amando a Cristo en los demás. Así, cuando llegue, reconocerás en él a un amigo.
Señor de los Milagros, que te ame y te sirva en esta vida, para gozar de Ti en el cielo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración a la Santísima Virgen María —
¡Oh Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra! Por esa bondad tan grande de tu corazón de madre, escucha con cariño las súplicas de todos los que acudimos a ti; no nos dejes solos, dulcísima Virgen María, ni permitas que nos perdamos.
Vuelve tus ojos llenos de compasión hacia nuestra ciudad de Lima y hacia todos los que en ella viven. ¿Qué sería de nosotros sin tu intercesión, y de qué servirían nuestros ruegos ante el Señor, al que tanto hemos ofendido? Ten compasión, Madre misericordiosísima, de estos pobres pecadores que, aunque tan ingratos, somos hijos tuyos.
Alcánzanos una vez más gracia y misericordia ante el Señor: obtennos lo que te pedimos en esta novena y todo lo que sabes que nos hace falta: sobre todo, que nuestros pecados sean perdonados, nuestras necesidades remediadas, que perseveremos en el bien, tengamos una santa muerte y lleguemos a la gloria del cielo. Amén.
(Medita y pide lo que deseas obtener del Señor por medio de esta novena.)
— Por las cinco llagas del Señor —
(En memoria de las cinco llagas del Señor se rezan cinco Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, y después, tres veces, la súplica que sigue.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
¡Aplaca, Señor, Tu ira, Tu justicia y Tu rigor! Por Tu Santísima Madre, ¡misericordia, Señor!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.

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