Novena · 9 días

Novena a Santa Rosa de Lima

Nueve días con Santa Rosa hacia su fiesta

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

Confianza en la providencia del Padre

9 minutos

Día primero de la Novena a Santa Rosa de Lima.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración preparatoria —
Gloriosa Santa Rosa de Lima, que supiste amar a Jesús con un corazón tan delicado y generoso; que desde niña despreciaste lo vano del mundo para abrazar su cruz; que te entregaste con gran ternura a los más pobres y desamparados, sirviéndoles como al mismo Jesús; y que amaste a la Virgen María con amor de hija.

Enséñanos a vivir tus grandes virtudes, para que, imitándote, gocemos de tu protección en la tierra y de tu compañía en el cielo. Acepta también esta novena que te ofrecemos y alcánzanos del Señor lo que por tu intercesión le pedimos, si es para su mayor gloria y para el bien de nuestras almas. Así sea.

(Pide las gracias que deseas.)

— Día primero —
Amantísimo Señor Dios, Trino y Uno, que como en la antigua ley, te complacías en que te llamasen Dios de aquellos grandes Santos Patriarcas, hoy no menos te agradas, en que te llamemos, Dios de la Rosa de Santa María:

nos alegramos y gozamos con el mismo gozo, con que ella se complacía en Tus divinas perfecciones, en especial, de que seas un Ser tan infinitamente perfecto, que de nadie depende, y todo depende de Tu Ser, y te pedimos por Tu soberana independencia, y por el asimiento, que tuvo siempre a Ti Tu finísima Santa Rosa, nos concedas un apartamiento total de cuanto es contra Tu voluntad, a que vivamos y muramos asidos a Ti; y lo que en esta novena te pedimos a mayor honra y gloria Tuya.

— Padre nuestro, que estás en el cielo —
(Mateo 6, 32-33)
«El Padre de ustedes, el del cielo, ya sabe que tienen necesidad de todo ello. Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todo eso se les dará por añadidura».

Rosa nació en Lima en 1586, y la bautizaron con el nombre de Isabel. La llamaron Rosa porque su rostro parecía una rosa, y con ese nombre la conoce la Iglesia.

Su familia pasó estrecheces, y ella trabajaba con sus manos para ayudar en casa. En medio de las necesidades, confiaba en que el Padre del cielo cuidaría de ellos.

Cuenta la tradición que un día el Señor le pidió que hiciera una guirnalda con unas rosas, tomó una y le dijo que aquella rosa era ella, y que él mismo se ocuparía de cuidarla.

También tú puedes rezar el Padre nuestro con esa confianza. Dios sabe lo que te preocupa antes de que se lo digas, y quiere que se lo pidas como un hijo.

Padre del cielo, por intercesión de Santa Rosa, aumenta mi confianza en Tu providencia.

(Quedémonos un momento en silencio.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para cada día —
Gracias, Señor, por la ayuda especial que me has dado en esta novena. No dejes nunca de mostrarme Tu misericordia, para reparar mis pecados, para alivio de las almas del purgatorio y para que se conviertan los pecadores. Perdona todas mis faltas.

Uno el poco bien que he hecho a los méritos sin medida de Jesucristo, y por él te pido todas las gracias que necesito para mi salvación eterna, y en especial el perdón completo de la pena que merecen mis culpas, que hoy vuelvo a llorar y a detestar, con el firme propósito de llevar en adelante una vida del todo conforme a Tus santos mandamientos. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 2
Día 2

El celo por la casa de Dios

8 minutos

Día segundo de la Novena a Santa Rosa de Lima.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración preparatoria —
Gloriosa Santa Rosa de Lima, que supiste amar a Jesús con un corazón tan delicado y generoso; que desde niña despreciaste lo vano del mundo para abrazar su cruz; que te entregaste con gran ternura a los más pobres y desamparados, sirviéndoles como al mismo Jesús; y que amaste a la Virgen María con amor de hija.

Enséñanos a vivir tus grandes virtudes, para que, imitándote, gocemos de tu protección en la tierra y de tu compañía en el cielo. Acepta también esta novena que te ofrecemos y alcánzanos del Señor lo que por tu intercesión le pedimos, si es para su mayor gloria y para el bien de nuestras almas. Así sea.

(Pide las gracias que deseas.)

— Día segundo —
¡Oh incomprensible Sabiduría! ¡Oh Dios Trino y Uno! tan infinitamente sabio, que te comprendes a Ti, y con inefable claridad todo lo creado lo sabes, y lo sobrecomprendes:

alegrámonos, y gozámonos con el mismo gozo, con que la ilustradísima Rosa de Santa María, se gozaba de Tu Sabiduría, y por ella, y por lo que supo de Ti nuestra Santa, te pedimos nos comuniques la ciencia de los Santos, Tu Divina Luz, y lo que en esta novena te suplicamos, si es para honra y gloria Tuya.

— Santificado sea tu Nombre —
(Juan 2, 17)
«Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: El celo por tu casa me va a consumir».

En 1615, unos barcos corsarios se acercaron a Lima, y en la ciudad se temió que asaltaran las iglesias y profanaran el Santísimo Sacramento.

Rosa fue a la iglesia de Santo Domingo y se puso ante el altar, dispuesta a defender con su vida a Jesús en la Eucaristía. Tenía entonces veintinueve años. Los barcos se alejaron sin atacar la ciudad.

Para Rosa, el nombre de Dios y su presencia en el Sacramento merecían todo su amor y todo su respeto. Pasaba largos ratos en oración ante el Sagrario.

También tú santificas el nombre de Dios cuando lo pronuncias con respeto, cuando cuidas su casa y cuando tu vida habla bien de él.

Señor, por intercesión de Santa Rosa, que Tu nombre sea santificado en mis palabras y en mis obras.

(Quedémonos un momento en silencio.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para cada día —
Gracias, Señor, por la ayuda especial que me has dado en esta novena. No dejes nunca de mostrarme Tu misericordia, para reparar mis pecados, para alivio de las almas del purgatorio y para que se conviertan los pecadores. Perdona todas mis faltas.

Uno el poco bien que he hecho a los méritos sin medida de Jesucristo, y por él te pido todas las gracias que necesito para mi salvación eterna, y en especial el perdón completo de la pena que merecen mis culpas, que hoy vuelvo a llorar y a detestar, con el firme propósito de llevar en adelante una vida del todo conforme a Tus santos mandamientos. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 3
Día 3

El deseo de que el Evangelio llegue a todos

8 minutos

Día tercero de la Novena a Santa Rosa de Lima.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración preparatoria —
Gloriosa Santa Rosa de Lima, que supiste amar a Jesús con un corazón tan delicado y generoso; que desde niña despreciaste lo vano del mundo para abrazar su cruz; que te entregaste con gran ternura a los más pobres y desamparados, sirviéndoles como al mismo Jesús; y que amaste a la Virgen María con amor de hija.

Enséñanos a vivir tus grandes virtudes, para que, imitándote, gocemos de tu protección en la tierra y de tu compañía en el cielo. Acepta también esta novena que te ofrecemos y alcánzanos del Señor lo que por tu intercesión le pedimos, si es para su mayor gloria y para el bien de nuestras almas. Así sea.

(Pide las gracias que deseas.)

— Día tercero —
¡Oh bondad inefable! ¡Oh hermosura indecible! ¡Oh Dios Trino y Uno, que eres el centro de toda belleza y perfección!

Alegrámonos y gozámonos en Ti con aquel mismo afecto con que la amorosísima Rosa de Santa María, en Ti únicamente descansaba su corazón, como en su centro, y te pedimos por Tu infinita bondad, y por lo que te comunicaste a la hermosísima Santa Rosa, que toda nuestra voluntad nos la robe perfección tan divina, y lo que te suplicamos en esta novena, si es honra y gloria Tuya.

— Venga a nosotros tu reino —
(Lucas 10, 2)
«La cosecha es abundante y los trabajadores, pocos; rueguen, pues, al dueño de la cosecha que mande trabajadores a su cosecha».

Rosa deseaba que todos conocieran a Cristo, y admiraba a los frailes que partían a anunciarlo a pueblos lejanos. Decía que, si hubiera podido, habría ido a anunciar el Evangelio a las tierras más lejanas.

Como no podía salir, rezaba y ofrecía sus sacrificios por los que predicaban el Evangelio y por los que aún no lo habían recibido.

En su casa atendía a enfermos y necesitados, y así hacía presente el reino de Dios entre los pobres de su ciudad.

También tú puedes pedir cada día que venga el reino de Dios, rezar por los misioneros y hablar de Cristo, sin miedo, a los que tienes cerca.

Señor, por intercesión de Santa Rosa, que venga Tu reino y que yo lo anuncie con mi vida.

(Quedémonos un momento en silencio.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para cada día —
Gracias, Señor, por la ayuda especial que me has dado en esta novena. No dejes nunca de mostrarme Tu misericordia, para reparar mis pecados, para alivio de las almas del purgatorio y para que se conviertan los pecadores. Perdona todas mis faltas.

Uno el poco bien que he hecho a los méritos sin medida de Jesucristo, y por él te pido todas las gracias que necesito para mi salvación eterna, y en especial el perdón completo de la pena que merecen mis culpas, que hoy vuelvo a llorar y a detestar, con el firme propósito de llevar en adelante una vida del todo conforme a Tus santos mandamientos. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 4
Día 4

La voluntad de Dios

9 minutos

Día cuarto de la Novena a Santa Rosa de Lima.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración preparatoria —
Gloriosa Santa Rosa de Lima, que supiste amar a Jesús con un corazón tan delicado y generoso; que desde niña despreciaste lo vano del mundo para abrazar su cruz; que te entregaste con gran ternura a los más pobres y desamparados, sirviéndoles como al mismo Jesús; y que amaste a la Virgen María con amor de hija.

Enséñanos a vivir tus grandes virtudes, para que, imitándote, gocemos de tu protección en la tierra y de tu compañía en el cielo. Acepta también esta novena que te ofrecemos y alcánzanos del Señor lo que por tu intercesión le pedimos, si es para su mayor gloria y para el bien de nuestras almas. Así sea.

(Pide las gracias que deseas.)

— Día cuarto —
¡Oh Santidad Purísima! ¡Oh fuente de toda Santidad! ¡Oh Dios Trino y Uno, que por esencia tienes el oponerte a la culpa!

Alegrámonos y gozámonos con el mismo gozo que la perfectísima Rosa, de Tu infinita perfección, y te pedimos por tan inmensa Santidad, y por las que le comunicaste a esta purísima Santa, nos concedas que te sirvamos de suerte que consigamos la perfección que ella deseaba y pedía para sus prójimos; y lo que en esta novena te suplicamos, si ha de ser para honra y gloria Tuya.

— Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo —
(Lucas 1, 38)
«María dijo: “Aquí está la esclava del Señor. Que me suceda según tu palabra”».

Rosa sintió desde niña que Dios la llamaba a entregarse del todo a él. Su familia, en cambio, quería casarla.

Eso le trajo incomprensiones en su casa y fuera de ella. Buscó con paciencia lo que Dios quería, con la ayuda de sus confesores y con mucha oración, y a los veinte años recibió el hábito de terciaria dominica.

Siguió viviendo en casa de sus padres y ayudándolos con su trabajo: cosía y cultivaba flores para ayudar a la familia. Rezaba en una pequeña ermita que levantó en el huerto.

También tú rezas «hágase tu voluntad». A veces cuesta descubrirla, y otras cuesta aceptarla: pídele a Dios luz y un corazón dispuesto, como el de María, que se fió de Dios sin saberlo todo.

Señor, por intercesión de Santa Rosa, dame luz para conocer Tu voluntad y generosidad para cumplirla.

(Quedémonos un momento en silencio.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para cada día —
Gracias, Señor, por la ayuda especial que me has dado en esta novena. No dejes nunca de mostrarme Tu misericordia, para reparar mis pecados, para alivio de las almas del purgatorio y para que se conviertan los pecadores. Perdona todas mis faltas.

Uno el poco bien que he hecho a los méritos sin medida de Jesucristo, y por él te pido todas las gracias que necesito para mi salvación eterna, y en especial el perdón completo de la pena que merecen mis culpas, que hoy vuelvo a llorar y a detestar, con el firme propósito de llevar en adelante una vida del todo conforme a Tus santos mandamientos. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 5
Día 5

El pan de cada día

8 minutos

Día quinto de la Novena a Santa Rosa de Lima.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración preparatoria —
Gloriosa Santa Rosa de Lima, que supiste amar a Jesús con un corazón tan delicado y generoso; que desde niña despreciaste lo vano del mundo para abrazar su cruz; que te entregaste con gran ternura a los más pobres y desamparados, sirviéndoles como al mismo Jesús; y que amaste a la Virgen María con amor de hija.

Enséñanos a vivir tus grandes virtudes, para que, imitándote, gocemos de tu protección en la tierra y de tu compañía en el cielo. Acepta también esta novena que te ofrecemos y alcánzanos del Señor lo que por tu intercesión le pedimos, si es para su mayor gloria y para el bien de nuestras almas. Así sea.

(Pide las gracias que deseas.)

— Día quinto —
¡Oh caridad incomprensible! ¡Oh Dios Trino y Uno, todo amor, que con infinita propensión te inclinas a favorecer a Tus criaturas y hacerlas bien!

Deseamos alegrarnos y gozarnos con aquel mismo gozo e incendio de amor, con que Tu muy amada Rosa de Santa María se complacía en Tu inefable caridad; y te pedimos por esta divina perfección, y por el agradecimiento y amor con que maravillosamente te correspondió esta amorosísima Santa, nos comuniques los efectos de Tu especial asistencia y caridad; y lo que en esta novena te suplicamos, si fuere para mayor honra y gloria Tuya.

— Danos hoy nuestro pan de cada día —
(Juan 6, 51)
«Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo. Quien coma de este pan vivirá para siempre».

Rosa amaba la Eucaristía. En un tiempo en que no era costumbre, le permitieron comulgar con frecuencia, y la Comunión era su fuerza.

Cuenta la tradición que un día en que estaba muy débil, su madre quiso prepararle algo de comer. Rosa le dijo que Dios ya se ocuparía, y poco después unos amigos de la familia llamaron a la puerta con lo que necesitaban.

Ella pedía con sencillez el pan de cada día, y recibía de Dios, sobre todo, el pan de la Eucaristía.

También tú puedes pedir a Dios lo que necesitas para vivir, y buscar en la Misa el pan que alimenta el alma. Si hace tiempo que no comulgas, la confesión te abre de nuevo ese camino.

Señor, por intercesión de Santa Rosa, danos hoy el pan de cada día y el pan de Tu Eucaristía.

(Quedémonos un momento en silencio.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para cada día —
Gracias, Señor, por la ayuda especial que me has dado en esta novena. No dejes nunca de mostrarme Tu misericordia, para reparar mis pecados, para alivio de las almas del purgatorio y para que se conviertan los pecadores. Perdona todas mis faltas.

Uno el poco bien que he hecho a los méritos sin medida de Jesucristo, y por él te pido todas las gracias que necesito para mi salvación eterna, y en especial el perdón completo de la pena que merecen mis culpas, que hoy vuelvo a llorar y a detestar, con el firme propósito de llevar en adelante una vida del todo conforme a Tus santos mandamientos. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 6
Día 6

El perdón

8 minutos

Día sexto de la Novena a Santa Rosa de Lima.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración preparatoria —
Gloriosa Santa Rosa de Lima, que supiste amar a Jesús con un corazón tan delicado y generoso; que desde niña despreciaste lo vano del mundo para abrazar su cruz; que te entregaste con gran ternura a los más pobres y desamparados, sirviéndoles como al mismo Jesús; y que amaste a la Virgen María con amor de hija.

Enséñanos a vivir tus grandes virtudes, para que, imitándote, gocemos de tu protección en la tierra y de tu compañía en el cielo. Acepta también esta novena que te ofrecemos y alcánzanos del Señor lo que por tu intercesión le pedimos, si es para su mayor gloria y para el bien de nuestras almas. Así sea.

(Pide las gracias que deseas.)

— Día sexto —
¡Oh Omnipotente Majestad! ¡Oh Dios Trino y Uno, que cuanto quieras puedes, y es infinito Tu poder!

Deseamos alegrarnos y gozarnos en tan soberana omnipotencia, con aquel mismo gozo con que se complacía la Santa Rosa de Santa María y te pedimos por esta perfección y por el poder que concediste a esta fortísima doncella, eleves y confortes nuestra grandísima flaqueza y debilidad, para que podamos corresponder a lo que Tu omnipotencia obra en nuestras almas; y lo que te suplicamos en esta novena, si fuere para honra y gloria Tuya.

— Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden —
(Mateo 18, 22)
«Jesús le respondió a Pedro: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”».

Rosa sufrió incomprensiones de parte de su familia y de gente que no entendía su manera de vivir. Algunos se burlaban de ella, y otros dudaban de su sinceridad. No guardó rencor a nadie.

Antes de morir pidió humildemente perdón a los de su casa y a cuantos la rodeaban. Se confesaba con frecuencia, y en ese sacramento, donde recibía el perdón de Dios, encontraba la paz.

Quien se sabe perdonado por Dios aprende a perdonar a los demás.

También tú rezas «perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos». Acércate a la confesión, y da el primer paso hacia quien te ha ofendido o hacia quien tú has ofendido. El perdón que recibes y el que das van juntos.

Señor, por intercesión de Santa Rosa, perdona mis pecados y dame un corazón que perdone.

(Quedémonos un momento en silencio.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para cada día —
Gracias, Señor, por la ayuda especial que me has dado en esta novena. No dejes nunca de mostrarme Tu misericordia, para reparar mis pecados, para alivio de las almas del purgatorio y para que se conviertan los pecadores. Perdona todas mis faltas.

Uno el poco bien que he hecho a los méritos sin medida de Jesucristo, y por él te pido todas las gracias que necesito para mi salvación eterna, y en especial el perdón completo de la pena que merecen mis culpas, que hoy vuelvo a llorar y a detestar, con el firme propósito de llevar en adelante una vida del todo conforme a Tus santos mandamientos. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 7
Día 7

Firmes en la prueba

8 minutos

Día séptimo de la Novena a Santa Rosa de Lima.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración preparatoria —
Gloriosa Santa Rosa de Lima, que supiste amar a Jesús con un corazón tan delicado y generoso; que desde niña despreciaste lo vano del mundo para abrazar su cruz; que te entregaste con gran ternura a los más pobres y desamparados, sirviéndoles como al mismo Jesús; y que amaste a la Virgen María con amor de hija.

Enséñanos a vivir tus grandes virtudes, para que, imitándote, gocemos de tu protección en la tierra y de tu compañía en el cielo. Acepta también esta novena que te ofrecemos y alcánzanos del Señor lo que por tu intercesión le pedimos, si es para su mayor gloria y para el bien de nuestras almas. Así sea.

(Pide las gracias que deseas.)

— Día séptimo —
¡Oh Liberalidad Divina! ¡Oh inclinación indecible a dar y favorecer! ¡Oh Dios Trino y Uno, que dando infinito más que lo deseas dar!

Deseamos alegrarnos y gozarnos en tan divina franqueza con aquel mismo gozo con que te complacía Tu reconocidísima Santa Rosa, y te pedimos por esta infinita perfección, y por lo mucho que diste a esta dichosísima santa, nos libres del vicio de la ingratitud, y nos concedas que no cesemos de darte gracias por los infinitos beneficios de Tu liberalidad, y lo que te suplicamos en esta novena, si es para honra y gloria Tuya.

— No nos dejes caer en la tentación —
(Imitación de Cristo 1, 13)
«El fuego prueba el hierro, y la tentación, al hombre justo».

Rosa también pasó por tentaciones y por largas temporadas de sequedad en la oración, a veces durante años, en las que parecía que Dios se escondía.

Cuenta la tradición que después de una de esas pruebas le preguntó al Señor dónde había estado, y oyó que había estado con ella, y que sin él no habría vencido. Aprendió así que la victoria era de Dios.

Sentir la tentación no es pecado, y puede ser ocasión de acudir a Dios y de crecer en humildad y en confianza.

También tú pides cada día que Dios no te deje caer. Pídeselo con confianza en los momentos de prueba, y apártate de lo que sabes que te aleja de él. Si caes, levántate y vuelve a empezar con su gracia.

Señor, por intercesión de Santa Rosa, sé mi fuerza en la tentación y guárdame en Tu gracia.

(Quedémonos un momento en silencio.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para cada día —
Gracias, Señor, por la ayuda especial que me has dado en esta novena. No dejes nunca de mostrarme Tu misericordia, para reparar mis pecados, para alivio de las almas del purgatorio y para que se conviertan los pecadores. Perdona todas mis faltas.

Uno el poco bien que he hecho a los méritos sin medida de Jesucristo, y por él te pido todas las gracias que necesito para mi salvación eterna, y en especial el perdón completo de la pena que merecen mis culpas, que hoy vuelvo a llorar y a detestar, con el firme propósito de llevar en adelante una vida del todo conforme a Tus santos mandamientos. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 8
Día 8

La lucha contra el mal

8 minutos

Día octavo de la Novena a Santa Rosa de Lima.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración preparatoria —
Gloriosa Santa Rosa de Lima, que supiste amar a Jesús con un corazón tan delicado y generoso; que desde niña despreciaste lo vano del mundo para abrazar su cruz; que te entregaste con gran ternura a los más pobres y desamparados, sirviéndoles como al mismo Jesús; y que amaste a la Virgen María con amor de hija.

Enséñanos a vivir tus grandes virtudes, para que, imitándote, gocemos de tu protección en la tierra y de tu compañía en el cielo. Acepta también esta novena que te ofrecemos y alcánzanos del Señor lo que por tu intercesión le pedimos, si es para su mayor gloria y para el bien de nuestras almas. Así sea.

(Pide las gracias que deseas.)

— Día octavo —
¡Oh Divina Inmensidad! ¡Oh Dios Trino y Uno, que por Tu ser estás en todo, sin necesidad de lugar porque estás en Ti, que eres sobre todo lugar!

Deseamos alegrarnos y gozarnos en tan incomprensible inmensidad, con aquel mismo gozo con que la humildísima Santa Rosa se complacía; y te pedimos por esta inmensa perfección, y por la presencia Tuya, que en todas las criaturas concediste a tan íntima Esposa Tuya, nos concedas tenernos siempre presentes y vivir dentro de Ti, y lo que en esta novena te suplicamos, si fuere para mayor honra y gloria Tuya.

— Y líbranos del mal —
(Efesios 6, 10-11)
«Busquen su fuerza en el Señor y en el vigor de su poder. Revístanse de la armadura completa de Dios, para que puedan hacer frente a las trampas del diablo».

Rosa luchó toda su vida contra el mal, empezando por el de su propio corazón. Sus armas fueron la oración, los sacramentos y el amor a los demás.

Según sus biógrafos, recibía en su casa a enfermos pobres y a personas que nadie atendía, y los cuidaba como si cuidara a Cristo. Muchos de ellos no tenían a nadie más.

Hacía el bien cada día, y con él resistía al mal.

También tú puedes pedir a Dios que te libre del mal y te dé fuerzas para hacer el bien. Pídele también que te haga capaz de aliviar el dolor de los que sufren cerca de ti. Él es más fuerte que cualquier mal que temas.

Señor, por intercesión de Santa Rosa, líbranos del mal y guárdanos en Tu paz.

(Quedémonos un momento en silencio.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para cada día —
Gracias, Señor, por la ayuda especial que me has dado en esta novena. No dejes nunca de mostrarme Tu misericordia, para reparar mis pecados, para alivio de las almas del purgatorio y para que se conviertan los pecadores. Perdona todas mis faltas.

Uno el poco bien que he hecho a los méritos sin medida de Jesucristo, y por él te pido todas las gracias que necesito para mi salvación eterna, y en especial el perdón completo de la pena que merecen mis culpas, que hoy vuelvo a llorar y a detestar, con el firme propósito de llevar en adelante una vida del todo conforme a Tus santos mandamientos. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 9
Día 9

El «sí» a Dios

9 minutos

Día noveno de la Novena a Santa Rosa de Lima.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración preparatoria —
Gloriosa Santa Rosa de Lima, que supiste amar a Jesús con un corazón tan delicado y generoso; que desde niña despreciaste lo vano del mundo para abrazar su cruz; que te entregaste con gran ternura a los más pobres y desamparados, sirviéndoles como al mismo Jesús; y que amaste a la Virgen María con amor de hija.

Enséñanos a vivir tus grandes virtudes, para que, imitándote, gocemos de tu protección en la tierra y de tu compañía en el cielo. Acepta también esta novena que te ofrecemos y alcánzanos del Señor lo que por tu intercesión le pedimos, si es para su mayor gloria y para el bien de nuestras almas. Así sea.

(Pide las gracias que deseas.)

— Día noveno —
¡Oh y quién podrá, gran Dios y Señor, Trino y Uno, hacerse capaz de Tu bienaventuranza y gloria, de la que tienes en Ti por esencia, gozándote y amándote, y de la gloria accidental que te dan todas Tus criaturas!

Deseamos alegrarnos y gozarnos en Tu grande gloria, con el mismo gozo con que se complacía la felicísima Santa Rosa, y te pedimos por esta su perfección y por la gloria a que la elevaste, y la que recibes de tan amada criatura Tuya, nos concedas, que confesando y conociendo Tu gloria infinita, no caigamos en la eterna pena, sino que seamos bienaventurados y participemos de la infinita bienaventuranza Tuya; y lo que te suplicamos en esta Novena a mayor honra y gloria Tuya.

— Amén —
(Juan 19, 30)
«Cuando Jesús recibió el vinagre, dijo: “Todo se ha cumplido”. Y, reclinando la cabeza, entregó el espíritu».

Rosa murió en Lima el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años. Sus últimas palabras fueron: «Jesús, Jesús sea conmigo».

Toda su vida fue un «sí» a Dios, también en el dolor. Fue canonizada en 1671, y la Iglesia la celebra el 23 de agosto; en muchos lugares, el 30.

El «amén» con que termina el Padre nuestro quiere decir «así sea». Es la palabra de quien confía en Dios y se pone en sus manos, pase lo que pase.

También tú puedes decir amén a lo que Dios quiere para ti, en lo alegre y en lo difícil, con la confianza de un hijo. Es la palabra con que termina toda oración.

Señor, por intercesión de Santa Rosa, que mi vida entera sea un amén a Tu voluntad.

(Quedémonos un momento en silencio.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para cada día —
Gracias, Señor, por la ayuda especial que me has dado en esta novena. No dejes nunca de mostrarme Tu misericordia, para reparar mis pecados, para alivio de las almas del purgatorio y para que se conviertan los pecadores. Perdona todas mis faltas.

Uno el poco bien que he hecho a los méritos sin medida de Jesucristo, y por él te pido todas las gracias que necesito para mi salvación eterna, y en especial el perdón completo de la pena que merecen mis culpas, que hoy vuelvo a llorar y a detestar, con el firme propósito de llevar en adelante una vida del todo conforme a Tus santos mandamientos. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

También hoy