Novena · 9 días

Novena a Santa Rita de Casia

Nueve días con santa Rita, abogada de causas difíciles

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

La llamada de Dios

9 minutos

Día primero de la Novena a Santa Rita de Casia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres la Bondad infinita, y por eso te quiero, Señor, por encima de todo y más que a mí mismo.

Me duele en el alma haberte ofendido; y por amor a Ti, y porque Tú así lo quieres y lo mandas, perdono de corazón a cuantos me han hecho mal, para que también Tú, Señor, tengas conmigo perdón y misericordia y te olvides de mis ofensas pasadas.

Para reparar todos mis pecados, pongo en Tus manos mi vida, lo que hago y lo que sufro. Dame la gracia de seguir en Tu amor y en Tu servicio hasta la muerte.
Amén.

— Oración inicial —
Señor y Dios nuestro, que con admirable providencia lo dispones todo, y pusiste en Tu Iglesia a los santos como modelos de toda virtud, y al llamarlos a Tu lado los hiciste protectores y abogados nuestros:

oye con bondad las súplicas de Tu sierva Santa Rita, a quien diste al mundo como ejemplo en los distintos estados de la vida, y concédenos que, por su poderosa intercesión, obtengamos todo lo que nuestra debilidad no alcanza por sí sola.
Amén.

— Consideración del día —
(1 Samuel 3, 10)
«Samuel contestó: “Habla, que tu siervo escucha”».

Rita nació hacia 1381 en Roccaporena, un pueblo de montaña cerca de Casia. Sus padres la recibieron ya mayores, como un regalo de Dios, y la educaron en la fe.

La oración de hoy recuerda el prodigio que, como cuenta la tradición, rodeó su infancia: unas abejas que se posaban en su boca sin hacerle daño. La gente lo tuvo por señal de que Dios la había elegido.

Lo que la hizo santa fue su manera de responder a Dios en cada etapa de su vida. Escuchó, y obedeció.

También tú recibiste una llamada en el bautismo, y Dios te sigue hablando: en su Palabra, en tus deberes, en las personas que pone a tu lado. Cada día puedes decirle lo que Elí enseñó a Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo escucha».

Señor, por intercesión de Santa Rita, dame un corazón atento a Tu voz y dispuesto a responder.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Primer día —
Gloriosa Santa Rita, estrella luminosa de la Iglesia y perla preciosa de la familia de San Agustín: ya tu nacimiento anunció la santidad que vendría. Los ángeles lo celebraron cuando dieron a tus padres cristianos la buena noticia de que ibas a nacer, y los hombres lo admiraron, asombrados, cuando las abejas labraron en tu boca un panal de miel, al abrirse tus labios en la primera sonrisa de tu inocencia:

ten compasión de los que te honramos y, a cambio del amor sincero que te tenemos, alcánzanos la gracia de responder con fidelidad a las llamadas de Dios, para llegar a la gloria eterna. Amén.

— Oración final —
Dulcísimo Jesús, lleno de dolores: para que mis culpas hirieran y atormentaran todo Tu cuerpo santísimo, quisiste que coronaran de espinas Tu sagrada cabeza; y quisiste también regalar una de esas espinas a Santa Rita, Tu elegida, marcando su frente con esa señal y escogiéndola así por esposa Tuya:

que ella interceda por mí, Señor; y por la sangre que, abierta por las espinas, brotó de Tu cabeza delicadísima y corrió por Tu hermoso rostro, haz que mi alma, regada con ella, quede limpia y libre de las espinas de tantos pecados graves que la han herido; que, así purificada, dé frutos abundantes de buenas obras y los corone con la perseverancia final, a la que prometiste la vida eterna; y que allí te goce y te alabe con Tu esposa coronada de espinas, que me protege y aboga por mí, y con todos los coros de los santos y los ángeles que en la gloria te bendicen y te alaban para siempre.
Amén.

— Antífona —
Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

Señalaste, Señor, a Tu sierva Rita.
Con el sello de Tu caridad y Pasión.

Señor Dios, que a la bienaventurada Rita te dignaste dar tanta gracia que te imitase en el amor a los enemigos, para que en el corazón y frente llevase las señales de Tu caridad y Pasión: te rogamos nos concedas, por su intercesión y méritos, amar a nuestros enemigos, y con la espina de la compunción y dolor contemplar perpetuamente los dolores de Tu Pasión. Que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Día 2
Día 2

Paciencia en el matrimonio

9 minutos

Día segundo de la Novena a Santa Rita de Casia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres la Bondad infinita, y por eso te quiero, Señor, por encima de todo y más que a mí mismo.

Me duele en el alma haberte ofendido; y por amor a Ti, y porque Tú así lo quieres y lo mandas, perdono de corazón a cuantos me han hecho mal, para que también Tú, Señor, tengas conmigo perdón y misericordia y te olvides de mis ofensas pasadas.

Para reparar todos mis pecados, pongo en Tus manos mi vida, lo que hago y lo que sufro. Dame la gracia de seguir en Tu amor y en Tu servicio hasta la muerte.
Amén.

— Oración inicial —
Señor y Dios nuestro, que con admirable providencia lo dispones todo, y pusiste en Tu Iglesia a los santos como modelos de toda virtud, y al llamarlos a Tu lado los hiciste protectores y abogados nuestros:

oye con bondad las súplicas de Tu sierva Santa Rita, a quien diste al mundo como ejemplo en los distintos estados de la vida, y concédenos que, por su poderosa intercesión, obtengamos todo lo que nuestra debilidad no alcanza por sí sola.
Amén.

— Consideración del día —
(Romanos 12, 21)
«Que el mal no te venza: vence al mal con el bien».

Rita deseaba consagrarse a Dios, pero obedeció a sus padres y se casó muy joven con Paolo Mancini, un hombre de carácter duro y violento.

Tuvieron dos hijos, y ella los educó en la fe. La tradición cuenta que durante años respondió a la dureza de su marido con oración, paciencia y bondad, y que al final él cambió de vida.

Esta historia hay que leerla bien. La paciencia cristiana no significa aceptar el maltrato: nadie tiene que soportar la violencia, y pedir ayuda también es obra de Dios.

También tú puedes vencer el mal con el bien en lo de cada día: no devolver la ofensa, rezar por quien te ha herido, buscar la paz con humildad.

Señor, por intercesión de Santa Rita, dame paciencia y fortaleza, y enséñame a vencer el mal con el bien.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Segundo día —
Te saludo, modelo de obediencia perfecta, ejemplo de entrega y de sufrimiento; te saludo, espejo de las jóvenes puras, de las esposas que sufren y de las madres que saben amar a sus hijos; te saludo, mujer fuerte, que, sabiendo que vale más obedecer que ofrecer sacrificios, renunciaste a consagrar tu virginidad a Dios, que tanto deseabas, para cargar con la pesada cruz de un matrimonio difícil, junto a un esposo violento, colérico y esclavo de sus vicios, a quien, como otra Mónica, supiste calmar y convertir con la fuerza de tus lágrimas y de tu silencio.

Ten piedad, Santa Rita incomparable, de nuestra juventud, tan expuesta y tan descuidada; aligera la carga de tantas penas, de tanta amargura y de tanto dolor como pesa sobre el corazón de las esposas inocentes que, como tú, no tienen más consuelo que su llanto y su silencio; y alcánzanos a todos paciencia en las pruebas y fortaleza en la adversidad, y que luchemos con valor hasta llegar a la bienaventuranza eterna. Amén.

— Oración final —
Dulcísimo Jesús, lleno de dolores: para que mis culpas hirieran y atormentaran todo Tu cuerpo santísimo, quisiste que coronaran de espinas Tu sagrada cabeza; y quisiste también regalar una de esas espinas a Santa Rita, Tu elegida, marcando su frente con esa señal y escogiéndola así por esposa Tuya:

que ella interceda por mí, Señor; y por la sangre que, abierta por las espinas, brotó de Tu cabeza delicadísima y corrió por Tu hermoso rostro, haz que mi alma, regada con ella, quede limpia y libre de las espinas de tantos pecados graves que la han herido; que, así purificada, dé frutos abundantes de buenas obras y los corone con la perseverancia final, a la que prometiste la vida eterna; y que allí te goce y te alabe con Tu esposa coronada de espinas, que me protege y aboga por mí, y con todos los coros de los santos y los ángeles que en la gloria te bendicen y te alaban para siempre.
Amén.

— Antífona —
Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

Señalaste, Señor, a Tu sierva Rita.
Con el sello de Tu caridad y Pasión.

Señor Dios, que a la bienaventurada Rita te dignaste dar tanta gracia que te imitase en el amor a los enemigos, para que en el corazón y frente llevase las señales de Tu caridad y Pasión: te rogamos nos concedas, por su intercesión y méritos, amar a nuestros enemigos, y con la espina de la compunción y dolor contemplar perpetuamente los dolores de Tu Pasión. Que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Día 3
Día 3

El perdón

9 minutos

Día tercero de la Novena a Santa Rita de Casia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres la Bondad infinita, y por eso te quiero, Señor, por encima de todo y más que a mí mismo.

Me duele en el alma haberte ofendido; y por amor a Ti, y porque Tú así lo quieres y lo mandas, perdono de corazón a cuantos me han hecho mal, para que también Tú, Señor, tengas conmigo perdón y misericordia y te olvides de mis ofensas pasadas.

Para reparar todos mis pecados, pongo en Tus manos mi vida, lo que hago y lo que sufro. Dame la gracia de seguir en Tu amor y en Tu servicio hasta la muerte.
Amén.

— Oración inicial —
Señor y Dios nuestro, que con admirable providencia lo dispones todo, y pusiste en Tu Iglesia a los santos como modelos de toda virtud, y al llamarlos a Tu lado los hiciste protectores y abogados nuestros:

oye con bondad las súplicas de Tu sierva Santa Rita, a quien diste al mundo como ejemplo en los distintos estados de la vida, y concédenos que, por su poderosa intercesión, obtengamos todo lo que nuestra debilidad no alcanza por sí sola.
Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 23, 34)
«Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”».

En aquel tiempo, Casia y los pueblos vecinos vivían divididos por enemistades entre familias, y las venganzas pasaban de padres a hijos. El marido de Rita murió asesinado en una de esas luchas.

Rita perdonó a los que lo mataron. La tradición cuenta que tuvo miedo de que sus dos hijos quisieran vengarlo, y que rezó para que no se mancharan con esa sangre. Poco después, los dos murieron de enfermedad.

Perdonar pide renunciar a la venganza y dejar la justicia en manos de Dios, aunque la herida siga doliendo.

También tú puedes tener una herida que cuesta perdonar. Preséntasela al Señor, que en la cruz rezó por los que lo crucificaban, y pídele la gracia del perdón. Si hoy no puedes más, pídele al menos el deseo de perdonar.

Señor, por intercesión de Santa Rita, dame un corazón capaz de perdonar como Tú perdonas.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Tercer día —
¡Oh gran Santa Rita, ejemplo cumplido de virtudes cristianas! Cuando empezabas a ver los frutos de la conversión de tu esposo, ganada con dieciocho años de sufrimientos sin medida, te lo quitaron con violencia; y tú no solo aceptaste una pérdida tan terrible, sino que intercediste por los que lo mataron, y aún más: pediste al cielo que se llevara a tus hijos antes que verlos vengar la muerte de su padre.

Alcánzanos esa misma generosidad para perdonar a nuestros enemigos, y que así el Señor nos perdone nuestras culpas. Amén.

— Oración final —
Dulcísimo Jesús, lleno de dolores: para que mis culpas hirieran y atormentaran todo Tu cuerpo santísimo, quisiste que coronaran de espinas Tu sagrada cabeza; y quisiste también regalar una de esas espinas a Santa Rita, Tu elegida, marcando su frente con esa señal y escogiéndola así por esposa Tuya:

que ella interceda por mí, Señor; y por la sangre que, abierta por las espinas, brotó de Tu cabeza delicadísima y corrió por Tu hermoso rostro, haz que mi alma, regada con ella, quede limpia y libre de las espinas de tantos pecados graves que la han herido; que, así purificada, dé frutos abundantes de buenas obras y los corone con la perseverancia final, a la que prometiste la vida eterna; y que allí te goce y te alabe con Tu esposa coronada de espinas, que me protege y aboga por mí, y con todos los coros de los santos y los ángeles que en la gloria te bendicen y te alaban para siempre.
Amén.

— Antífona —
Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

Señalaste, Señor, a Tu sierva Rita.
Con el sello de Tu caridad y Pasión.

Señor Dios, que a la bienaventurada Rita te dignaste dar tanta gracia que te imitase en el amor a los enemigos, para que en el corazón y frente llevase las señales de Tu caridad y Pasión: te rogamos nos concedas, por su intercesión y méritos, amar a nuestros enemigos, y con la espina de la compunción y dolor contemplar perpetuamente los dolores de Tu Pasión. Que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Día 4
Día 4

Perseverar en el bien

9 minutos

Día cuarto de la Novena a Santa Rita de Casia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres la Bondad infinita, y por eso te quiero, Señor, por encima de todo y más que a mí mismo.

Me duele en el alma haberte ofendido; y por amor a Ti, y porque Tú así lo quieres y lo mandas, perdono de corazón a cuantos me han hecho mal, para que también Tú, Señor, tengas conmigo perdón y misericordia y te olvides de mis ofensas pasadas.

Para reparar todos mis pecados, pongo en Tus manos mi vida, lo que hago y lo que sufro. Dame la gracia de seguir en Tu amor y en Tu servicio hasta la muerte.
Amén.

— Oración inicial —
Señor y Dios nuestro, que con admirable providencia lo dispones todo, y pusiste en Tu Iglesia a los santos como modelos de toda virtud, y al llamarlos a Tu lado los hiciste protectores y abogados nuestros:

oye con bondad las súplicas de Tu sierva Santa Rita, a quien diste al mundo como ejemplo en los distintos estados de la vida, y concédenos que, por su poderosa intercesión, obtengamos todo lo que nuestra debilidad no alcanza por sí sola.
Amén.

— Consideración del día —
(Filipenses 4, 13)
«Para todo tengo fuerzas, en aquel que me hace fuerte».

Viuda y sin hijos, Rita pidió entrar en el monasterio de las agustinas de Casia. La rechazaron varias veces.

La tradición cuenta que antes logró la paz entre su familia y la de los asesinos de su marido, y que una noche, con la ayuda de San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino, se encontró dentro del monasterio. Las religiosas la recibieron.

Rita no se desanimó ante las puertas cerradas. Siguió pidiendo con humildad lo que creía que Dios quería de ella, y esperó el tiempo de Dios.

También tú tienes buenos propósitos que tropiezan con dificultades. Pon tu confianza en Dios, que da la constancia a quien se la pide, y sé fiel en lo pequeño, día tras día.

Señor, por intercesión de Santa Rita, dame constancia en el bien, por difíciles que sean las pruebas.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Cuarto día —
¡Oh Santa Rita, prodigio de santidad: doncella pura, esposa sin igual, madre ejemplar y viuda sin tacha! Para honrar y santificar con tu ejemplo cada estado de vida, te faltaba cumplir el gran sueño de tu niñez: tomar el hábito religioso. ¿Qué podían los obstáculos y las dificultades?

Tus ruegos y tus lágrimas vencieron todo; y cuando no bastaron, Dios, que te cuidaba como a una hija predilecta, te envió desde el cielo a tus tres santos protectores, San Agustín, San Juan Bautista y San Nicolás de Tolentino, que como tres ángeles te llevaron de la mano a la casa del Señor que tanto anhelabas, donde las hijas fieles del gran Agustín te recibieron con los brazos abiertos, dando gracias al Altísimo.

Alcánzanos el don de ser constantes en lo bueno que nos proponemos, por fuertes que sean las tentaciones y las dificultades, hasta que lleguemos por fin a ver a Dios en la gloria. Amén.

— Oración final —
Dulcísimo Jesús, lleno de dolores: para que mis culpas hirieran y atormentaran todo Tu cuerpo santísimo, quisiste que coronaran de espinas Tu sagrada cabeza; y quisiste también regalar una de esas espinas a Santa Rita, Tu elegida, marcando su frente con esa señal y escogiéndola así por esposa Tuya:

que ella interceda por mí, Señor; y por la sangre que, abierta por las espinas, brotó de Tu cabeza delicadísima y corrió por Tu hermoso rostro, haz que mi alma, regada con ella, quede limpia y libre de las espinas de tantos pecados graves que la han herido; que, así purificada, dé frutos abundantes de buenas obras y los corone con la perseverancia final, a la que prometiste la vida eterna; y que allí te goce y te alabe con Tu esposa coronada de espinas, que me protege y aboga por mí, y con todos los coros de los santos y los ángeles que en la gloria te bendicen y te alaban para siempre.
Amén.

— Antífona —
Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

Señalaste, Señor, a Tu sierva Rita.
Con el sello de Tu caridad y Pasión.

Señor Dios, que a la bienaventurada Rita te dignaste dar tanta gracia que te imitase en el amor a los enemigos, para que en el corazón y frente llevase las señales de Tu caridad y Pasión: te rogamos nos concedas, por su intercesión y méritos, amar a nuestros enemigos, y con la espina de la compunción y dolor contemplar perpetuamente los dolores de Tu Pasión. Que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Día 5
Día 5

La espina de la corona

9 minutos

Día quinto de la Novena a Santa Rita de Casia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres la Bondad infinita, y por eso te quiero, Señor, por encima de todo y más que a mí mismo.

Me duele en el alma haberte ofendido; y por amor a Ti, y porque Tú así lo quieres y lo mandas, perdono de corazón a cuantos me han hecho mal, para que también Tú, Señor, tengas conmigo perdón y misericordia y te olvides de mis ofensas pasadas.

Para reparar todos mis pecados, pongo en Tus manos mi vida, lo que hago y lo que sufro. Dame la gracia de seguir en Tu amor y en Tu servicio hasta la muerte.
Amén.

— Oración inicial —
Señor y Dios nuestro, que con admirable providencia lo dispones todo, y pusiste en Tu Iglesia a los santos como modelos de toda virtud, y al llamarlos a Tu lado los hiciste protectores y abogados nuestros:

oye con bondad las súplicas de Tu sierva Santa Rita, a quien diste al mundo como ejemplo en los distintos estados de la vida, y concédenos que, por su poderosa intercesión, obtengamos todo lo que nuestra debilidad no alcanza por sí sola.
Amén.

— Consideración del día —
(Gálatas 6, 14)
«En cuanto a mí, no quiera Dios que me gloríe más que en la cruz de nuestro Señor Jesucristo».

Rita vivió unos cuarenta años en el monasterio, en oración, obediencia y penitencia. Cuenta la tradición que la superiora le mandó regar cada día un sarmiento seco, y ella obedeció con sencillez.

Meditaba con frecuencia la pasión del Señor, y le pedía compartir algo de sus dolores. La tradición cuenta que, después de escuchar un sermón sobre la corona de espinas, recibió en la frente una herida como de espina, que llevó hasta su muerte.

Rita unió sus sufrimientos a los de Cristo, y en la cruz encontró la fuente de su fortaleza.

También tú puedes mirar al Crucificado cuando cumples lo que te toca cada día, aunque cueste. Él da sentido a la obediencia y a la oración.

Señor Jesús, por intercesión de Santa Rita, enséñame a guardar Tus mandamientos y a rezar mirando Tu cruz.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Quinto día —
Santa Rita, hija ilustre de San Agustín: cumplido tu deseo de tomar su santo hábito y ceñir su correa, te entregaste del todo a Dios por los votos religiosos y te dedicaste a purificar tus virtudes en la nueva vida. Por tu obediencia sin reservas, tus grandes penitencias y tu contemplación constante de los dolores y humillaciones del Redentor, recibiste dones admirables: hacer brotar y florecer, en lo más duro del invierno, rosas perfumadas y frutos sabrosos; y, sobre todo, sentir clavada en tu frente una espina de la corona del Salvador:

alcánzanos obedecer en todo los mandamientos de Dios, y la gracia de saber orar y de tener siempre presentes la cruz y la pasión de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración final —
Dulcísimo Jesús, lleno de dolores: para que mis culpas hirieran y atormentaran todo Tu cuerpo santísimo, quisiste que coronaran de espinas Tu sagrada cabeza; y quisiste también regalar una de esas espinas a Santa Rita, Tu elegida, marcando su frente con esa señal y escogiéndola así por esposa Tuya:

que ella interceda por mí, Señor; y por la sangre que, abierta por las espinas, brotó de Tu cabeza delicadísima y corrió por Tu hermoso rostro, haz que mi alma, regada con ella, quede limpia y libre de las espinas de tantos pecados graves que la han herido; que, así purificada, dé frutos abundantes de buenas obras y los corone con la perseverancia final, a la que prometiste la vida eterna; y que allí te goce y te alabe con Tu esposa coronada de espinas, que me protege y aboga por mí, y con todos los coros de los santos y los ángeles que en la gloria te bendicen y te alaban para siempre.
Amén.

— Antífona —
Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

Señalaste, Señor, a Tu sierva Rita.
Con el sello de Tu caridad y Pasión.

Señor Dios, que a la bienaventurada Rita te dignaste dar tanta gracia que te imitase en el amor a los enemigos, para que en el corazón y frente llevase las señales de Tu caridad y Pasión: te rogamos nos concedas, por su intercesión y méritos, amar a nuestros enemigos, y con la espina de la compunción y dolor contemplar perpetuamente los dolores de Tu Pasión. Que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Día 6
Día 6

La cruz de cada día

8 minutos

Día sexto de la Novena a Santa Rita de Casia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres la Bondad infinita, y por eso te quiero, Señor, por encima de todo y más que a mí mismo.

Me duele en el alma haberte ofendido; y por amor a Ti, y porque Tú así lo quieres y lo mandas, perdono de corazón a cuantos me han hecho mal, para que también Tú, Señor, tengas conmigo perdón y misericordia y te olvides de mis ofensas pasadas.

Para reparar todos mis pecados, pongo en Tus manos mi vida, lo que hago y lo que sufro. Dame la gracia de seguir en Tu amor y en Tu servicio hasta la muerte.
Amén.

— Oración inicial —
Señor y Dios nuestro, que con admirable providencia lo dispones todo, y pusiste en Tu Iglesia a los santos como modelos de toda virtud, y al llamarlos a Tu lado los hiciste protectores y abogados nuestros:

oye con bondad las súplicas de Tu sierva Santa Rita, a quien diste al mundo como ejemplo en los distintos estados de la vida, y concédenos que, por su poderosa intercesión, obtengamos todo lo que nuestra debilidad no alcanza por sí sola.
Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 9, 23)
«Si alguien quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y que me siga».

La herida de la frente de Rita no se curaba, y por eso vivió muchos años apartada de sus hermanas, en su celda.

Aceptó ese aislamiento sin quejarse y lo ofreció a Dios, unida a Cristo en su pasión. La tradición cuenta que solo se le cerró durante su peregrinación a Roma, en el año santo de 1450, y que se abrió de nuevo a su regreso.

Cada vida tiene sus cruces: la enfermedad, la soledad, el trabajo duro, las preocupaciones por la familia. Rita enseña a llevarlas con paciencia, junto a Cristo.

También tú cargas con algo que no elegiste. Jesús te invita a seguirle con la cruz de cada día, y camina a tu lado.

Señor, por intercesión de Santa Rita, dame fuerza para llevar mi cruz de cada día y seguirte con paciencia.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Sexto día —
Santa Rita, por los dolores tan agudos y la soledad tan dura que te trajo la herida que nunca se cerró, abierta en tu frente por la señal gloriosa de la Cruz, alcánzanos, serafín de Casia, llevar con paciencia cristiana el peso de las cruces de nuestra propia vida, y que, como tú, encontremos alegría en morir a nosotros mismos por el sufrimiento, crucificados con Cristo Jesús. Amén.

— Oración final —
Dulcísimo Jesús, lleno de dolores: para que mis culpas hirieran y atormentaran todo Tu cuerpo santísimo, quisiste que coronaran de espinas Tu sagrada cabeza; y quisiste también regalar una de esas espinas a Santa Rita, Tu elegida, marcando su frente con esa señal y escogiéndola así por esposa Tuya:

que ella interceda por mí, Señor; y por la sangre que, abierta por las espinas, brotó de Tu cabeza delicadísima y corrió por Tu hermoso rostro, haz que mi alma, regada con ella, quede limpia y libre de las espinas de tantos pecados graves que la han herido; que, así purificada, dé frutos abundantes de buenas obras y los corone con la perseverancia final, a la que prometiste la vida eterna; y que allí te goce y te alabe con Tu esposa coronada de espinas, que me protege y aboga por mí, y con todos los coros de los santos y los ángeles que en la gloria te bendicen y te alaban para siempre.
Amén.

— Antífona —
Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

Señalaste, Señor, a Tu sierva Rita.
Con el sello de Tu caridad y Pasión.

Señor Dios, que a la bienaventurada Rita te dignaste dar tanta gracia que te imitase en el amor a los enemigos, para que en el corazón y frente llevase las señales de Tu caridad y Pasión: te rogamos nos concedas, por su intercesión y méritos, amar a nuestros enemigos, y con la espina de la compunción y dolor contemplar perpetuamente los dolores de Tu Pasión. Que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Día 7
Día 7

El consuelo de Dios

9 minutos

Día séptimo de la Novena a Santa Rita de Casia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres la Bondad infinita, y por eso te quiero, Señor, por encima de todo y más que a mí mismo.

Me duele en el alma haberte ofendido; y por amor a Ti, y porque Tú así lo quieres y lo mandas, perdono de corazón a cuantos me han hecho mal, para que también Tú, Señor, tengas conmigo perdón y misericordia y te olvides de mis ofensas pasadas.

Para reparar todos mis pecados, pongo en Tus manos mi vida, lo que hago y lo que sufro. Dame la gracia de seguir en Tu amor y en Tu servicio hasta la muerte.
Amén.

— Oración inicial —
Señor y Dios nuestro, que con admirable providencia lo dispones todo, y pusiste en Tu Iglesia a los santos como modelos de toda virtud, y al llamarlos a Tu lado los hiciste protectores y abogados nuestros:

oye con bondad las súplicas de Tu sierva Santa Rita, a quien diste al mundo como ejemplo en los distintos estados de la vida, y concédenos que, por su poderosa intercesión, obtengamos todo lo que nuestra debilidad no alcanza por sí sola.
Amén.

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 2, 9)
«Cuando te fuere quitada la consolación, no desesperes luego; mas espera con humildad y paciencia la visitación celestial».

La vida de Rita estuvo llena de pruebas: perdió a su marido y a sus hijos, y pasó años enferma. Dios la consoló muchas veces en la oración.

Hubo también días en que rezar le costaba y parecía que Dios callaba. Rita siguió rezando en esos días, fiel a sus horas de oración, confiada en que el Señor volvería a visitarla.

Cuando faltan los consuelos, la fidelidad humilde también es oración, aunque no se vean sus frutos, y Dios la recibe.

También tú puedes pasar por días secos. Dios está cerca también cuando no lo sientes. Sigue rezando, aunque sea poco, y espera con paciencia, como dice la Imitación, la visita de Dios.

Señor, por intercesión de Santa Rita, sostén mi oración en los días secos y consuélame con Tu presencia.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Séptimo día —
¡Oh admirable Santa Rita, que en el largo martirio de tu vida recibiste, junto con la amargura de tantas penas y dolores, el alivio de aquellos consuelos de Dios que llenan y elevan el alma y la encienden en deseos aún mayores de sufrir por Cristo, para reinar luego con él en la alegría!

Alcánzanos que, en nuestras horas de desolación y de sequedad, baje sobre nuestras almas el rocío de los consuelos de Dios, y que perseveremos sin desfallecer en la oración, para no aflojar nunca en nuestras prácticas de piedad ni en el santo servicio de Dios. Amén.

— Oración final —
Dulcísimo Jesús, lleno de dolores: para que mis culpas hirieran y atormentaran todo Tu cuerpo santísimo, quisiste que coronaran de espinas Tu sagrada cabeza; y quisiste también regalar una de esas espinas a Santa Rita, Tu elegida, marcando su frente con esa señal y escogiéndola así por esposa Tuya:

que ella interceda por mí, Señor; y por la sangre que, abierta por las espinas, brotó de Tu cabeza delicadísima y corrió por Tu hermoso rostro, haz que mi alma, regada con ella, quede limpia y libre de las espinas de tantos pecados graves que la han herido; que, así purificada, dé frutos abundantes de buenas obras y los corone con la perseverancia final, a la que prometiste la vida eterna; y que allí te goce y te alabe con Tu esposa coronada de espinas, que me protege y aboga por mí, y con todos los coros de los santos y los ángeles que en la gloria te bendicen y te alaban para siempre.
Amén.

— Antífona —
Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

Señalaste, Señor, a Tu sierva Rita.
Con el sello de Tu caridad y Pasión.

Señor Dios, que a la bienaventurada Rita te dignaste dar tanta gracia que te imitase en el amor a los enemigos, para que en el corazón y frente llevase las señales de Tu caridad y Pasión: te rogamos nos concedas, por su intercesión y méritos, amar a nuestros enemigos, y con la espina de la compunción y dolor contemplar perpetuamente los dolores de Tu Pasión. Que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Día 8
Día 8

Una muerte santa

9 minutos

Día octavo de la Novena a Santa Rita de Casia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres la Bondad infinita, y por eso te quiero, Señor, por encima de todo y más que a mí mismo.

Me duele en el alma haberte ofendido; y por amor a Ti, y porque Tú así lo quieres y lo mandas, perdono de corazón a cuantos me han hecho mal, para que también Tú, Señor, tengas conmigo perdón y misericordia y te olvides de mis ofensas pasadas.

Para reparar todos mis pecados, pongo en Tus manos mi vida, lo que hago y lo que sufro. Dame la gracia de seguir en Tu amor y en Tu servicio hasta la muerte.
Amén.

— Oración inicial —
Señor y Dios nuestro, que con admirable providencia lo dispones todo, y pusiste en Tu Iglesia a los santos como modelos de toda virtud, y al llamarlos a Tu lado los hiciste protectores y abogados nuestros:

oye con bondad las súplicas de Tu sierva Santa Rita, a quien diste al mundo como ejemplo en los distintos estados de la vida, y concédenos que, por su poderosa intercesión, obtengamos todo lo que nuestra debilidad no alcanza por sí sola.
Amén.

— Consideración del día —
(Juan 11, 25)
«Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá».

Rita murió en Casia el 22 de mayo de 1457, después de una larga enfermedad.

Cuenta la tradición que poco antes pidió a una prima que le trajera una rosa del huerto de su casa. Era invierno, y la prima encontró una rosa abierta. Por eso muchos devotos bendicen rosas en su fiesta.

Sus hermanas la acompañaron hasta el final. Muy pronto, la gente de Casia empezó a acudir a su sepulcro para pedir su intercesión, y su cuerpo se venera hoy allí.

También tú puedes pedir la gracia de una buena muerte, preparada con una vida fiel y con los sacramentos. Para quien cree en Cristo, la muerte es el paso a la vida. Pide también por los que hoy están cerca de la muerte.

Señor, por intercesión de Santa Rita, concédeme perseverar en Tu gracia hasta el final y morir en Tu paz.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Octavo día —
¡Oh gloriosísima Santa Rita! Tu muerte, tan parecida a tu vida, fue lo más tierno y conmovedor que pudo verse en un convento. ¡Qué consejos y qué despedida dejaste a tus queridas hermanas, que lloraban sin consuelo, aunque envidiaban tu muerte y se alegraban de tu paso glorioso al cielo!

¡Qué perfume empezó a salir de la herida de tu frente! ¡Qué dulzura en tu mirada! ¡Qué tiernos suspiros y qué abrazo celestial pusieron fin a tu vida santa!

Por todas estas maravillas, te pedimos que nos alcances la gracia de perseverar hasta el final y una muerte santa, preciosa a los ojos del Señor. Amén.

— Oración final —
Dulcísimo Jesús, lleno de dolores: para que mis culpas hirieran y atormentaran todo Tu cuerpo santísimo, quisiste que coronaran de espinas Tu sagrada cabeza; y quisiste también regalar una de esas espinas a Santa Rita, Tu elegida, marcando su frente con esa señal y escogiéndola así por esposa Tuya:

que ella interceda por mí, Señor; y por la sangre que, abierta por las espinas, brotó de Tu cabeza delicadísima y corrió por Tu hermoso rostro, haz que mi alma, regada con ella, quede limpia y libre de las espinas de tantos pecados graves que la han herido; que, así purificada, dé frutos abundantes de buenas obras y los corone con la perseverancia final, a la que prometiste la vida eterna; y que allí te goce y te alabe con Tu esposa coronada de espinas, que me protege y aboga por mí, y con todos los coros de los santos y los ángeles que en la gloria te bendicen y te alaban para siempre.
Amén.

— Antífona —
Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

Señalaste, Señor, a Tu sierva Rita.
Con el sello de Tu caridad y Pasión.

Señor Dios, que a la bienaventurada Rita te dignaste dar tanta gracia que te imitase en el amor a los enemigos, para que en el corazón y frente llevase las señales de Tu caridad y Pasión: te rogamos nos concedas, por su intercesión y méritos, amar a nuestros enemigos, y con la espina de la compunción y dolor contemplar perpetuamente los dolores de Tu Pasión. Que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Día 9
Día 9

Abogada de los imposibles

9 minutos

Día noveno de la Novena a Santa Rita de Casia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: Tú eres la Bondad infinita, y por eso te quiero, Señor, por encima de todo y más que a mí mismo.

Me duele en el alma haberte ofendido; y por amor a Ti, y porque Tú así lo quieres y lo mandas, perdono de corazón a cuantos me han hecho mal, para que también Tú, Señor, tengas conmigo perdón y misericordia y te olvides de mis ofensas pasadas.

Para reparar todos mis pecados, pongo en Tus manos mi vida, lo que hago y lo que sufro. Dame la gracia de seguir en Tu amor y en Tu servicio hasta la muerte.
Amén.

— Oración inicial —
Señor y Dios nuestro, que con admirable providencia lo dispones todo, y pusiste en Tu Iglesia a los santos como modelos de toda virtud, y al llamarlos a Tu lado los hiciste protectores y abogados nuestros:

oye con bondad las súplicas de Tu sierva Santa Rita, a quien diste al mundo como ejemplo en los distintos estados de la vida, y concédenos que, por su poderosa intercesión, obtengamos todo lo que nuestra debilidad no alcanza por sí sola.
Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 1, 37)
«No hay palabra que Dios no pueda cumplir».

Rita fue beatificada en 1627 y canonizada en 1900, y la Iglesia la celebra el 22 de mayo. Muchos fieles la invocan como abogada de los imposibles.

Muchos le confían situaciones que parecen no tener salida. Ese título expresa la confianza en que para Dios nada es imposible: Rita intercede, y es Dios quien concede, según su sabiduría y su amor.

Fue santa en cada etapa de su vida: de hija, de esposa, de madre, de viuda y de religiosa. En todas cumplió su deber con fidelidad y con amor.

También tú puedes santificarte donde estás, en tus deberes de cada día. Pide lo que necesitas con confianza, y deja en manos de Dios la respuesta: él sabe lo que te conviene.

Señor, por intercesión de Santa Rita, concédeme lo que te pido en esta novena, si es para mi bien, y ayúdame a cumplir Tu voluntad.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Noveno día —
¡Oh incomparable Santa Rita! Con tus virtudes heroicas honraste y santificaste todos los estados de vida que una mujer puede abrazar en este mundo, doncella, esposa y madre, viuda y religiosa, y en todos dejaste un ejemplo admirable. Con tu santa muerte comenzó el tiempo de tus grandes milagros, por los que te llaman Abogada de los imposibles: tantos acuden a ti en los asuntos, los conflictos y las situaciones más difíciles y desesperadas, porque lo que pides lo pides a Aquel para quien nada es imposible.

Santa bendita, por el amor que te tenemos, por el cariño que sentimos por ti y por la fe y el fervor con que te ofrecemos esta pobre novena, alcánzanos la gracia de cumplir con honradez y nobleza los deberes de nuestro estado, para santificarnos y salvarnos en él, por los méritos de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración final —
Dulcísimo Jesús, lleno de dolores: para que mis culpas hirieran y atormentaran todo Tu cuerpo santísimo, quisiste que coronaran de espinas Tu sagrada cabeza; y quisiste también regalar una de esas espinas a Santa Rita, Tu elegida, marcando su frente con esa señal y escogiéndola así por esposa Tuya:

que ella interceda por mí, Señor; y por la sangre que, abierta por las espinas, brotó de Tu cabeza delicadísima y corrió por Tu hermoso rostro, haz que mi alma, regada con ella, quede limpia y libre de las espinas de tantos pecados graves que la han herido; que, así purificada, dé frutos abundantes de buenas obras y los corone con la perseverancia final, a la que prometiste la vida eterna; y que allí te goce y te alabe con Tu esposa coronada de espinas, que me protege y aboga por mí, y con todos los coros de los santos y los ángeles que en la gloria te bendicen y te alaban para siempre.
Amén.

— Antífona —
Te saludo, Rita, Esposa que entre espinas de dolor naciste, vaso y aun Rosa de Cristo, divino amor.

Señalaste, Señor, a Tu sierva Rita.
Con el sello de Tu caridad y Pasión.

Señor Dios, que a la bienaventurada Rita te dignaste dar tanta gracia que te imitase en el amor a los enemigos, para que en el corazón y frente llevase las señales de Tu caridad y Pasión: te rogamos nos concedas, por su intercesión y méritos, amar a nuestros enemigos, y con la espina de la compunción y dolor contemplar perpetuamente los dolores de Tu Pasión. Que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.

Amén.

También hoy