Novena · 9 días
Novena a Santa Mónica
Nueve días con santa Mónica, por los hijos
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
Modestia
Día primero de la Novena a Santa Mónica.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, divino Redentor, que salvas las almas: movido por las lágrimas piadosas de Tu sierva Mónica, quisiste volver del todo hacia Ti a Agustín, su hijo, y desde que se convirtió, plena y felizmente, le inspiraste vivir siempre dando frutos de penitencia sincera.
Por el llanto bendito de aquella madre y la conversión tan sincera de aquel hijo santo, concede, en Tu misericordia, a nuestras almas un dolor verdadero de los pecados, que nos obtenga el perdón de toda culpa; un llanto de arrepentimiento sincero, que lave toda mancha y quite toda inquietud; y la gracia de dar tales frutos de penitencia que devuelvan la justicia y la paz a nuestro espíritu, arrepentido y humilde, que de veras vuelve a Ti y desea verte para siempre reconciliado con él. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh gloriosa Santa Mónica, ejemplo de esposas, modelo de madres, consuelo de las viudas, mujer admirable! Dios puso en ti el espíritu de oración y te dio el don de las lágrimas, con el que supiste mover el corazón del Dios de las misericordias, para que tuviera compasión de tus gemidos, oyera tus súplicas y cumpliera por fin todos tus deseos.
Hoy venimos a tus pies las que sufrimos y lloramos en los caminos tristes de la vida, para pedirte que nos alcances tu mismo espíritu de oración y el dolor que piden nuestras culpas. Así, abriendo humildemente el corazón ante el Dios de toda bondad y misericordia, alcanzaremos la gracia de vivir en la tierra la vida santa que tú viviste, y de llegar un día a la gloria que ya gozas en el cielo, junto con nuestros padres, esposos e hijos, y con todos los que nos pertenecen por la sangre y el cariño y que, en Jesucristo, nuestro Señor, son amados y queridos de nuestro corazón. Amén.
— Consideración del día —
(Proverbios 31, 30)
«El encanto engaña, y la belleza se desvanece como un soplo; la mujer que teme al Señor, esa es la que merece alabanza».
Mónica nació hacia el año 331 en Tagaste, en una familia cristiana. San Agustín, su hijo, cuenta en las Confesiones que la educó una criada anciana de la casa, firme y prudente.
Cuenta también que, siendo joven, se acostumbró a beber a escondidas pequeños sorbos de vino. Una criada se lo echó en cara, y ella se corrigió enseguida. Desde entonces vivió con sobriedad y con pudor.
Dice su hijo que su manera de vivir la hacía hermosa y digna de respeto a los ojos de su marido.
También tú puedes cuidar lo que Dios mira: la sencillez en el hablar y en el vestir, la verdad en el trato, el respeto a ti mismo y a los demás.
Señor, por intercesión de Santa Mónica, dame un corazón sencillo y limpio, que busque agradarte a Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Primer día: Modestia —
Señor, Dios todopoderoso, que quisiste adornar desde niña a Tu sierva elegida, Santa Mónica, con los dones tan amables de la modestia, la castidad y el pudor: por lo mucho que te agradó con estas virtudes preciosas, concédeme la gracia de amarlas y vivirlas como ella, para servirte y agradarte como ella, Dios y Señor mío, en medio de la vanidad y la corrupción de este mundo, y alcanzar así el premio que guardas a Tus elegidos en la bienaventuranza eterna. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración final para todos los días —
(Pide la gracia que deseas conseguir en esta novena por intercesión de Santa Mónica.)
¡Oh bienaventurada y gloriosísima Santa Mónica, grande en la paciencia, generosa en la esperanza y feliz en la victoria! Mujer sabia y prudente, supiste construir tu hogar, y en él brillaste como el sol cuando sale en lo alto del cielo, y fuiste en todo un ejemplo luminoso de mujer cristiana.
Ahora que ya estás en la tierra de los vivos, donde ya no hay llanto, ni lamento, ni dolor, acuérdate de nosotras, que todavía lloramos y sufrimos en este valle donde tú lloraste y sufriste. Intercede ante el Señor para que se compadezca de tantas madres y esposas en sus penas y trabajos, acoja nuestros lamentos, oiga nuestras súplicas y, como a ti, nos conceda ver cumplidos nuestros deseos; y para que un día merezcamos reinar y descansar contigo en la gloria, rodeadas de todos los que amamos, y alabar junto a ti para siempre las misericordias eternas del Señor. Amén.
Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Mónica.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
— Oración —
¡Oh Dios, consolador de los afligidos y salud de los que en Ti esperan, que aceptaste misericordiosamente las piadosas lágrimas de la bienaventurada madre Mónica por la conversión de su hijo Agustín! Concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y encontremos la indulgencia de Tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Devoción
Día segundo de la Novena a Santa Mónica.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, divino Redentor, que salvas las almas: movido por las lágrimas piadosas de Tu sierva Mónica, quisiste volver del todo hacia Ti a Agustín, su hijo, y desde que se convirtió, plena y felizmente, le inspiraste vivir siempre dando frutos de penitencia sincera.
Por el llanto bendito de aquella madre y la conversión tan sincera de aquel hijo santo, concede, en Tu misericordia, a nuestras almas un dolor verdadero de los pecados, que nos obtenga el perdón de toda culpa; un llanto de arrepentimiento sincero, que lave toda mancha y quite toda inquietud; y la gracia de dar tales frutos de penitencia que devuelvan la justicia y la paz a nuestro espíritu, arrepentido y humilde, que de veras vuelve a Ti y desea verte para siempre reconciliado con él. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh gloriosa Santa Mónica, ejemplo de esposas, modelo de madres, consuelo de las viudas, mujer admirable! Dios puso en ti el espíritu de oración y te dio el don de las lágrimas, con el que supiste mover el corazón del Dios de las misericordias, para que tuviera compasión de tus gemidos, oyera tus súplicas y cumpliera por fin todos tus deseos.
Hoy venimos a tus pies las que sufrimos y lloramos en los caminos tristes de la vida, para pedirte que nos alcances tu mismo espíritu de oración y el dolor que piden nuestras culpas. Así, abriendo humildemente el corazón ante el Dios de toda bondad y misericordia, alcanzaremos la gracia de vivir en la tierra la vida santa que tú viviste, y de llegar un día a la gloria que ya gozas en el cielo, junto con nuestros padres, esposos e hijos, y con todos los que nos pertenecen por la sangre y el cariño y que, en Jesucristo, nuestro Señor, son amados y queridos de nuestro corazón. Amén.
— Consideración del día —
(Lucas 2, 37)
«Ana no se apartaba del templo, y servía a Dios de noche y de día con ayunos y súplicas».
San Agustín cuenta que su madre iba a la iglesia dos veces al día, por la mañana y por la tarde, sin faltar nunca. Iba a escuchar a Dios en su palabra y a que Dios la escuchara en sus oraciones.
Daba limosna y servía a los pobres, y no dejaba pasar un día sin llevar su ofrenda al altar.
Su piedad se sostenía en costumbres sencillas y fieles, que mantuvo en los años buenos y en los difíciles. Así fue creciendo en ella el amor a Dios.
También tú puedes dar a Dios un tiempo fijo cada día, aunque sea breve, y buscarlo en la Misa con el corazón despierto. Él recibe con agrado esa fidelidad humilde.
Señor, por intercesión de Santa Mónica, que te busque cada día y encuentre alegría en Tu casa.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Segundo día: Devoción —
¡Oh Dios de gloria y majestad sin fin, que te complacías de un modo inefable en el amor y la devoción de Santa Mónica, Tu sierva tan fiel, que con tanto gusto ponía las dulzuras escondidas de la oración y el recogimiento por delante de las caricias de los suyos y a todos los atractivos engañosos del mundo y de la carne!
Por la intercesión de aquella sierva Tuya tan devota, concédeme la gracia de amarte y servirte sin pecado hasta la muerte, y de preferir siempre la alegría de agradarte a todas las vanidades y placeres de la tierra, para gozar un día de las delicias puras y eternas de la gloria. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración final para todos los días —
(Pide la gracia que deseas conseguir en esta novena por intercesión de Santa Mónica.)
¡Oh bienaventurada y gloriosísima Santa Mónica, grande en la paciencia, generosa en la esperanza y feliz en la victoria! Mujer sabia y prudente, supiste construir tu hogar, y en él brillaste como el sol cuando sale en lo alto del cielo, y fuiste en todo un ejemplo luminoso de mujer cristiana.
Ahora que ya estás en la tierra de los vivos, donde ya no hay llanto, ni lamento, ni dolor, acuérdate de nosotras, que todavía lloramos y sufrimos en este valle donde tú lloraste y sufriste. Intercede ante el Señor para que se compadezca de tantas madres y esposas en sus penas y trabajos, acoja nuestros lamentos, oiga nuestras súplicas y, como a ti, nos conceda ver cumplidos nuestros deseos; y para que un día merezcamos reinar y descansar contigo en la gloria, rodeadas de todos los que amamos, y alabar junto a ti para siempre las misericordias eternas del Señor. Amén.
Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Mónica.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
— Oración —
¡Oh Dios, consolador de los afligidos y salud de los que en Ti esperan, que aceptaste misericordiosamente las piadosas lágrimas de la bienaventurada madre Mónica por la conversión de su hijo Agustín! Concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y encontremos la indulgencia de Tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Celo
Día tercero de la Novena a Santa Mónica.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, divino Redentor, que salvas las almas: movido por las lágrimas piadosas de Tu sierva Mónica, quisiste volver del todo hacia Ti a Agustín, su hijo, y desde que se convirtió, plena y felizmente, le inspiraste vivir siempre dando frutos de penitencia sincera.
Por el llanto bendito de aquella madre y la conversión tan sincera de aquel hijo santo, concede, en Tu misericordia, a nuestras almas un dolor verdadero de los pecados, que nos obtenga el perdón de toda culpa; un llanto de arrepentimiento sincero, que lave toda mancha y quite toda inquietud; y la gracia de dar tales frutos de penitencia que devuelvan la justicia y la paz a nuestro espíritu, arrepentido y humilde, que de veras vuelve a Ti y desea verte para siempre reconciliado con él. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh gloriosa Santa Mónica, ejemplo de esposas, modelo de madres, consuelo de las viudas, mujer admirable! Dios puso en ti el espíritu de oración y te dio el don de las lágrimas, con el que supiste mover el corazón del Dios de las misericordias, para que tuviera compasión de tus gemidos, oyera tus súplicas y cumpliera por fin todos tus deseos.
Hoy venimos a tus pies las que sufrimos y lloramos en los caminos tristes de la vida, para pedirte que nos alcances tu mismo espíritu de oración y el dolor que piden nuestras culpas. Así, abriendo humildemente el corazón ante el Dios de toda bondad y misericordia, alcanzaremos la gracia de vivir en la tierra la vida santa que tú viviste, y de llegar un día a la gloria que ya gozas en el cielo, junto con nuestros padres, esposos e hijos, y con todos los que nos pertenecen por la sangre y el cariño y que, en Jesucristo, nuestro Señor, son amados y queridos de nuestro corazón. Amén.
— Consideración del día —
(Colosenses 3, 12-13)
«Revístanse de un corazón compasivo, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sopórtense unos a otros».
La oración de hoy recuerda el celo de Mónica por la gloria de Dios y por el bien de las almas. Ese celo se vio, sobre todo, en su casa.
Su marido, Patricio, era pagano, bondadoso pero de genio muy vivo. San Agustín cuenta que ella no le respondía mientras estaba enojado; esperaba a que se calmara, y entonces le explicaba con serenidad lo que había pasado. Así, dice, le hablaba de Dios con su manera de vivir.
Otras mujeres le preguntaban cómo conseguía vivir en paz en su casa, y ella les daba consejo. Su suegra, que al principio la miraba con recelo, acabó queriéndola. Al final de su vida, Patricio se hizo cristiano.
También tú puedes desear que los tuyos conozcan a Dios. Ese deseo empieza casi siempre por la paciencia y la bondad de cada día, y por rezar por ellos.
Señor, por intercesión de Santa Mónica, dame paciencia y bondad, y haz que mi vida hable de Ti a los que amo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Tercer día: Celo —
¡Oh Dios infinitamente amable y adorable, que de tal modo infundiste en el corazón de Tu amantísima sierva Santa Mónica el celo de Tu gloria y de la salud de las almas, que, siendo esposa atribulada y afligida, supo beber en silencio el cáliz de sus tribulaciones, y con sus santísimos ejemplos y prudentísimos consejos supo edificar y consolar a muchas madres y esposas!
Por lo que te agradó con su heroica paciencia, concédeme que sepa yo igualmente sufrir en silencio mis trabajos y edificar con mis palabras y ejemplos a mis prójimos, a fin de que en todo de corazón te sirva, y de todas las cosas que me aproveche para mi santificación, y gloria Tuya, conforme a los designios de Tu adorable voluntad. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración final para todos los días —
(Pide la gracia que deseas conseguir en esta novena por intercesión de Santa Mónica.)
¡Oh bienaventurada y gloriosísima Santa Mónica, grande en la paciencia, generosa en la esperanza y feliz en la victoria! Mujer sabia y prudente, supiste construir tu hogar, y en él brillaste como el sol cuando sale en lo alto del cielo, y fuiste en todo un ejemplo luminoso de mujer cristiana.
Ahora que ya estás en la tierra de los vivos, donde ya no hay llanto, ni lamento, ni dolor, acuérdate de nosotras, que todavía lloramos y sufrimos en este valle donde tú lloraste y sufriste. Intercede ante el Señor para que se compadezca de tantas madres y esposas en sus penas y trabajos, acoja nuestros lamentos, oiga nuestras súplicas y, como a ti, nos conceda ver cumplidos nuestros deseos; y para que un día merezcamos reinar y descansar contigo en la gloria, rodeadas de todos los que amamos, y alabar junto a ti para siempre las misericordias eternas del Señor. Amén.
Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Mónica.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
— Oración —
¡Oh Dios, consolador de los afligidos y salud de los que en Ti esperan, que aceptaste misericordiosamente las piadosas lágrimas de la bienaventurada madre Mónica por la conversión de su hijo Agustín! Concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y encontremos la indulgencia de Tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Oración
Día cuarto de la Novena a Santa Mónica.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, divino Redentor, que salvas las almas: movido por las lágrimas piadosas de Tu sierva Mónica, quisiste volver del todo hacia Ti a Agustín, su hijo, y desde que se convirtió, plena y felizmente, le inspiraste vivir siempre dando frutos de penitencia sincera.
Por el llanto bendito de aquella madre y la conversión tan sincera de aquel hijo santo, concede, en Tu misericordia, a nuestras almas un dolor verdadero de los pecados, que nos obtenga el perdón de toda culpa; un llanto de arrepentimiento sincero, que lave toda mancha y quite toda inquietud; y la gracia de dar tales frutos de penitencia que devuelvan la justicia y la paz a nuestro espíritu, arrepentido y humilde, que de veras vuelve a Ti y desea verte para siempre reconciliado con él. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh gloriosa Santa Mónica, ejemplo de esposas, modelo de madres, consuelo de las viudas, mujer admirable! Dios puso en ti el espíritu de oración y te dio el don de las lágrimas, con el que supiste mover el corazón del Dios de las misericordias, para que tuviera compasión de tus gemidos, oyera tus súplicas y cumpliera por fin todos tus deseos.
Hoy venimos a tus pies las que sufrimos y lloramos en los caminos tristes de la vida, para pedirte que nos alcances tu mismo espíritu de oración y el dolor que piden nuestras culpas. Así, abriendo humildemente el corazón ante el Dios de toda bondad y misericordia, alcanzaremos la gracia de vivir en la tierra la vida santa que tú viviste, y de llegar un día a la gloria que ya gozas en el cielo, junto con nuestros padres, esposos e hijos, y con todos los que nos pertenecen por la sangre y el cariño y que, en Jesucristo, nuestro Señor, son amados y queridos de nuestro corazón. Amén.
— Consideración del día —
(Lucas 18, 1)
«Para enseñar a sus discípulos que tenían que rezar siempre y no cansarse, Jesús les contó esta parábola».
La parábola es la de la viuda que volvía una y otra vez ante el juez hasta que le hizo justicia. Mónica rezó así durante muchos años.
San Agustín escribe que su madre lloraba por él más de lo que lloran las madres la muerte de un hijo. Pedía a Dios su conversión en la iglesia y en casa, con lágrimas.
Cuando él se fue a Roma por mar, a escondidas de ella, Mónica pasó aquella noche rezando en una capilla cerca del puerto. San Agustín escribe después que Dios no le concedió entonces lo que pedía, que él no se fuera, para darle lo que pedía siempre: su conversión.
También tú tienes personas por las que rezas desde hace tiempo. Sigue presentándolas a Dios, sin cansarte y confiando en él.
Señor, por intercesión de Santa Mónica, dame el espíritu de oración y la constancia para pedir sin desanimarme.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Cuarto día: Oración —
¡Oh Dios clementísimo y lleno de misericordia, que pusiste en el corazón de madre de Santa Mónica el espíritu de humildad y de oración, para que te suplicara sin descanso que salvaras a su esposo y convirtieras a Agustín, su hijo querido!
Por cuanto te agradaron su oración y sus lágrimas, concédeme el mismo espíritu de humildad y de oración que ella tuvo, para que sepa pedirte, en Tu divina presencia, por lo mucho que necesita mi alma y por todos los que Tú me has confiado, y merezca alcanzar de Ti, para ellos y para mí, Tu gracia en esta vida y después la gloria. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración final para todos los días —
(Pide la gracia que deseas conseguir en esta novena por intercesión de Santa Mónica.)
¡Oh bienaventurada y gloriosísima Santa Mónica, grande en la paciencia, generosa en la esperanza y feliz en la victoria! Mujer sabia y prudente, supiste construir tu hogar, y en él brillaste como el sol cuando sale en lo alto del cielo, y fuiste en todo un ejemplo luminoso de mujer cristiana.
Ahora que ya estás en la tierra de los vivos, donde ya no hay llanto, ni lamento, ni dolor, acuérdate de nosotras, que todavía lloramos y sufrimos en este valle donde tú lloraste y sufriste. Intercede ante el Señor para que se compadezca de tantas madres y esposas en sus penas y trabajos, acoja nuestros lamentos, oiga nuestras súplicas y, como a ti, nos conceda ver cumplidos nuestros deseos; y para que un día merezcamos reinar y descansar contigo en la gloria, rodeadas de todos los que amamos, y alabar junto a ti para siempre las misericordias eternas del Señor. Amén.
Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Mónica.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
— Oración —
¡Oh Dios, consolador de los afligidos y salud de los que en Ti esperan, que aceptaste misericordiosamente las piadosas lágrimas de la bienaventurada madre Mónica por la conversión de su hijo Agustín! Concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y encontremos la indulgencia de Tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Fe
Día quinto de la Novena a Santa Mónica.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, divino Redentor, que salvas las almas: movido por las lágrimas piadosas de Tu sierva Mónica, quisiste volver del todo hacia Ti a Agustín, su hijo, y desde que se convirtió, plena y felizmente, le inspiraste vivir siempre dando frutos de penitencia sincera.
Por el llanto bendito de aquella madre y la conversión tan sincera de aquel hijo santo, concede, en Tu misericordia, a nuestras almas un dolor verdadero de los pecados, que nos obtenga el perdón de toda culpa; un llanto de arrepentimiento sincero, que lave toda mancha y quite toda inquietud; y la gracia de dar tales frutos de penitencia que devuelvan la justicia y la paz a nuestro espíritu, arrepentido y humilde, que de veras vuelve a Ti y desea verte para siempre reconciliado con él. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh gloriosa Santa Mónica, ejemplo de esposas, modelo de madres, consuelo de las viudas, mujer admirable! Dios puso en ti el espíritu de oración y te dio el don de las lágrimas, con el que supiste mover el corazón del Dios de las misericordias, para que tuviera compasión de tus gemidos, oyera tus súplicas y cumpliera por fin todos tus deseos.
Hoy venimos a tus pies las que sufrimos y lloramos en los caminos tristes de la vida, para pedirte que nos alcances tu mismo espíritu de oración y el dolor que piden nuestras culpas. Así, abriendo humildemente el corazón ante el Dios de toda bondad y misericordia, alcanzaremos la gracia de vivir en la tierra la vida santa que tú viviste, y de llegar un día a la gloria que ya gozas en el cielo, junto con nuestros padres, esposos e hijos, y con todos los que nos pertenecen por la sangre y el cariño y que, en Jesucristo, nuestro Señor, son amados y queridos de nuestro corazón. Amén.
— Consideración del día —
(Mateo 15, 28)
«Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se haga como tú quieres».
La mujer cananea pidió por su hija con una fe que no se rindió ante el silencio de Jesús. Mónica pidió así por su hijo.
Cuenta San Agustín que ella soñó que un joven le decía que no llorara, porque donde estaba ella, allí estaría también su hijo. Cuando se lo contó, él quiso entenderlo al revés, y ella le respondió: «No se me dijo: “Donde está él, allí estarás tú”, sino: “Donde estás tú, allí estará él”».
Un obispo al que rogaba que hablara con Agustín la despidió con las palabras que recuerda la oración de hoy: no es posible que se pierda el hijo de tantas lágrimas. Ella las recibió como si se las hubiera dicho el cielo.
También tú puedes pedir con fe por los que amas, aunque la respuesta tarde. La fe confía en Dios antes de ver el fruto.
Señor, por intercesión de Santa Mónica, aumenta mi fe y enséñame a esperar Tu hora.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Quinto día: Fe —
¡Oh Dios todopoderoso, siempre fiel a Tus promesas, que diste a Santa Mónica, Tu sierva, tanta fe en que su hijo Agustín se convertiría, que en medio de su dolor le aseguraba a él mismo que un día vendría a estar donde ella estaba; y que cumpliste lo que anunció un santo obispo cuando, viendo cómo creía y lloraba Mónica, le dijo: «¡No es posible que se pierda el hijo de tantas lágrimas!»!
Por cuanto te agradó la fe de esa madre santa, dame una fe tan grande en Tu poder y en Tu misericordia que obtenga lo que en esta novena te pido, y que por ello mi alma te dé gloria por los siglos de los siglos. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración final para todos los días —
(Pide la gracia que deseas conseguir en esta novena por intercesión de Santa Mónica.)
¡Oh bienaventurada y gloriosísima Santa Mónica, grande en la paciencia, generosa en la esperanza y feliz en la victoria! Mujer sabia y prudente, supiste construir tu hogar, y en él brillaste como el sol cuando sale en lo alto del cielo, y fuiste en todo un ejemplo luminoso de mujer cristiana.
Ahora que ya estás en la tierra de los vivos, donde ya no hay llanto, ni lamento, ni dolor, acuérdate de nosotras, que todavía lloramos y sufrimos en este valle donde tú lloraste y sufriste. Intercede ante el Señor para que se compadezca de tantas madres y esposas en sus penas y trabajos, acoja nuestros lamentos, oiga nuestras súplicas y, como a ti, nos conceda ver cumplidos nuestros deseos; y para que un día merezcamos reinar y descansar contigo en la gloria, rodeadas de todos los que amamos, y alabar junto a ti para siempre las misericordias eternas del Señor. Amén.
Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Mónica.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
— Oración —
¡Oh Dios, consolador de los afligidos y salud de los que en Ti esperan, que aceptaste misericordiosamente las piadosas lágrimas de la bienaventurada madre Mónica por la conversión de su hijo Agustín! Concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y encontremos la indulgencia de Tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Esperanza
Día sexto de la Novena a Santa Mónica.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, divino Redentor, que salvas las almas: movido por las lágrimas piadosas de Tu sierva Mónica, quisiste volver del todo hacia Ti a Agustín, su hijo, y desde que se convirtió, plena y felizmente, le inspiraste vivir siempre dando frutos de penitencia sincera.
Por el llanto bendito de aquella madre y la conversión tan sincera de aquel hijo santo, concede, en Tu misericordia, a nuestras almas un dolor verdadero de los pecados, que nos obtenga el perdón de toda culpa; un llanto de arrepentimiento sincero, que lave toda mancha y quite toda inquietud; y la gracia de dar tales frutos de penitencia que devuelvan la justicia y la paz a nuestro espíritu, arrepentido y humilde, que de veras vuelve a Ti y desea verte para siempre reconciliado con él. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh gloriosa Santa Mónica, ejemplo de esposas, modelo de madres, consuelo de las viudas, mujer admirable! Dios puso en ti el espíritu de oración y te dio el don de las lágrimas, con el que supiste mover el corazón del Dios de las misericordias, para que tuviera compasión de tus gemidos, oyera tus súplicas y cumpliera por fin todos tus deseos.
Hoy venimos a tus pies las que sufrimos y lloramos en los caminos tristes de la vida, para pedirte que nos alcances tu mismo espíritu de oración y el dolor que piden nuestras culpas. Así, abriendo humildemente el corazón ante el Dios de toda bondad y misericordia, alcanzaremos la gracia de vivir en la tierra la vida santa que tú viviste, y de llegar un día a la gloria que ya gozas en el cielo, junto con nuestros padres, esposos e hijos, y con todos los que nos pertenecen por la sangre y el cariño y que, en Jesucristo, nuestro Señor, son amados y queridos de nuestro corazón. Amén.
— Consideración del día —
(Salmo 126 (125), 5)
«Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría».
Mónica esperó muchos años. Su hijo se apartó de la fe en la juventud y buscó la verdad por otros caminos, y ella siguió pidiendo por él.
Cuando Agustín se fue a Milán, ella cruzó el mar para estar a su lado. San Agustín cuenta que, en una tormenta, era ella quien animaba a los marineros, segura de que llegarían. Y le dijo que confiaba en verlo cristiano antes de morir.
En Milán, el obispo Ambrosio la apreciaba por su piedad, y felicitaba a Agustín por tener una madre así. Ella veía pocos signos de cambio, y aun así su esperanza descansaba en la bondad de Dios.
También tú siembras entre lágrimas cuando rezas por alguien que parece lejos. Dios conoce cada una de esas lágrimas y sabe cuándo llega el tiempo de la cosecha.
Señor, por intercesión de Santa Mónica, sostén mi esperanza cuando la espera se hace larga.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Sexto día: Esperanza —
¡Oh Dios todopoderoso, Padre de todo consuelo, que mantuviste viva la esperanza en el corazón de Santa Mónica, Tu sierva, de modo que, en sus días de mayor amargura, cuando su hijo andaba más lejos de Ti, nunca dejó de esperar con gran confianza que se cumplieran sus deseos y llegaran Tus misericordias!
Por su intercesión y sus méritos, concédeme aquella esperanza firme que ella tuvo, para que nunca me canse de orar y merezca recibir lo que te pido, para que mi alma se consuele y Tú seas glorificado. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración final para todos los días —
(Pide la gracia que deseas conseguir en esta novena por intercesión de Santa Mónica.)
¡Oh bienaventurada y gloriosísima Santa Mónica, grande en la paciencia, generosa en la esperanza y feliz en la victoria! Mujer sabia y prudente, supiste construir tu hogar, y en él brillaste como el sol cuando sale en lo alto del cielo, y fuiste en todo un ejemplo luminoso de mujer cristiana.
Ahora que ya estás en la tierra de los vivos, donde ya no hay llanto, ni lamento, ni dolor, acuérdate de nosotras, que todavía lloramos y sufrimos en este valle donde tú lloraste y sufriste. Intercede ante el Señor para que se compadezca de tantas madres y esposas en sus penas y trabajos, acoja nuestros lamentos, oiga nuestras súplicas y, como a ti, nos conceda ver cumplidos nuestros deseos; y para que un día merezcamos reinar y descansar contigo en la gloria, rodeadas de todos los que amamos, y alabar junto a ti para siempre las misericordias eternas del Señor. Amén.
Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Mónica.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
— Oración —
¡Oh Dios, consolador de los afligidos y salud de los que en Ti esperan, que aceptaste misericordiosamente las piadosas lágrimas de la bienaventurada madre Mónica por la conversión de su hijo Agustín! Concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y encontremos la indulgencia de Tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Caridad
Día séptimo de la Novena a Santa Mónica.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, divino Redentor, que salvas las almas: movido por las lágrimas piadosas de Tu sierva Mónica, quisiste volver del todo hacia Ti a Agustín, su hijo, y desde que se convirtió, plena y felizmente, le inspiraste vivir siempre dando frutos de penitencia sincera.
Por el llanto bendito de aquella madre y la conversión tan sincera de aquel hijo santo, concede, en Tu misericordia, a nuestras almas un dolor verdadero de los pecados, que nos obtenga el perdón de toda culpa; un llanto de arrepentimiento sincero, que lave toda mancha y quite toda inquietud; y la gracia de dar tales frutos de penitencia que devuelvan la justicia y la paz a nuestro espíritu, arrepentido y humilde, que de veras vuelve a Ti y desea verte para siempre reconciliado con él. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh gloriosa Santa Mónica, ejemplo de esposas, modelo de madres, consuelo de las viudas, mujer admirable! Dios puso en ti el espíritu de oración y te dio el don de las lágrimas, con el que supiste mover el corazón del Dios de las misericordias, para que tuviera compasión de tus gemidos, oyera tus súplicas y cumpliera por fin todos tus deseos.
Hoy venimos a tus pies las que sufrimos y lloramos en los caminos tristes de la vida, para pedirte que nos alcances tu mismo espíritu de oración y el dolor que piden nuestras culpas. Así, abriendo humildemente el corazón ante el Dios de toda bondad y misericordia, alcanzaremos la gracia de vivir en la tierra la vida santa que tú viviste, y de llegar un día a la gloria que ya gozas en el cielo, junto con nuestros padres, esposos e hijos, y con todos los que nos pertenecen por la sangre y el cariño y que, en Jesucristo, nuestro Señor, son amados y queridos de nuestro corazón. Amén.
— Consideración del día —
(Colosenses 3, 1-2)
«Busquen lo que es de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en lo de arriba, no en lo de la tierra».
En el año 386, en Milán, Agustín se convirtió. Fue a contárselo a su madre, y ella se llenó de alegría y bendijo a Dios, que le había dado más de lo que pedía.
Poco después, en Ostia, mientras esperaban el barco para volver a casa, madre e hijo conversaban junto a una ventana sobre la vida eterna de los santos. San Agustín cuenta que, por un momento, sus almas se elevaron hasta Dios.
Entonces Mónica le dijo que ya nada la retenía en esta vida. Solo había deseado verlo cristiano, y Dios se lo había concedido con creces.
También tú puedes amar mucho a los tuyos y, a la vez, amar a Dios sobre todas las cosas, como Mónica en aquella conversación de Ostia.
Señor, por intercesión de Santa Mónica, que te ame sobre todas las cosas y desee sobre todo estar Contigo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Séptimo día: Caridad —
¡Oh Dios, infinitamente bueno y digno de todo amor, que tanto consolaste a Santa Mónica, Tu sierva, cuando se acercaba su muerte, que, al ver junto a ella a Agustín, el hijo de su alma, del todo convertido a Ti y santificado por el agua del Bautismo, decía que ya no le quedaba nada que hacer en este mundo sino ir a Ti, para amarte y tenerte ya para siempre!
Por el amor tan grande con que te amó en la tierra la madre de Agustín, concédeme, Dios mío y bien mío, que te ame como ella, y que viva tan libre de las cosas y los lazos de este mundo que no desee nada fuera de Ti, para gozar de Ti y poseerte eternamente. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración final para todos los días —
(Pide la gracia que deseas conseguir en esta novena por intercesión de Santa Mónica.)
¡Oh bienaventurada y gloriosísima Santa Mónica, grande en la paciencia, generosa en la esperanza y feliz en la victoria! Mujer sabia y prudente, supiste construir tu hogar, y en él brillaste como el sol cuando sale en lo alto del cielo, y fuiste en todo un ejemplo luminoso de mujer cristiana.
Ahora que ya estás en la tierra de los vivos, donde ya no hay llanto, ni lamento, ni dolor, acuérdate de nosotras, que todavía lloramos y sufrimos en este valle donde tú lloraste y sufriste. Intercede ante el Señor para que se compadezca de tantas madres y esposas en sus penas y trabajos, acoja nuestros lamentos, oiga nuestras súplicas y, como a ti, nos conceda ver cumplidos nuestros deseos; y para que un día merezcamos reinar y descansar contigo en la gloria, rodeadas de todos los que amamos, y alabar junto a ti para siempre las misericordias eternas del Señor. Amén.
Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Mónica.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
— Oración —
¡Oh Dios, consolador de los afligidos y salud de los que en Ti esperan, que aceptaste misericordiosamente las piadosas lágrimas de la bienaventurada madre Mónica por la conversión de su hijo Agustín! Concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y encontremos la indulgencia de Tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Perseverancia
Día octavo de la Novena a Santa Mónica.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, divino Redentor, que salvas las almas: movido por las lágrimas piadosas de Tu sierva Mónica, quisiste volver del todo hacia Ti a Agustín, su hijo, y desde que se convirtió, plena y felizmente, le inspiraste vivir siempre dando frutos de penitencia sincera.
Por el llanto bendito de aquella madre y la conversión tan sincera de aquel hijo santo, concede, en Tu misericordia, a nuestras almas un dolor verdadero de los pecados, que nos obtenga el perdón de toda culpa; un llanto de arrepentimiento sincero, que lave toda mancha y quite toda inquietud; y la gracia de dar tales frutos de penitencia que devuelvan la justicia y la paz a nuestro espíritu, arrepentido y humilde, que de veras vuelve a Ti y desea verte para siempre reconciliado con él. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh gloriosa Santa Mónica, ejemplo de esposas, modelo de madres, consuelo de las viudas, mujer admirable! Dios puso en ti el espíritu de oración y te dio el don de las lágrimas, con el que supiste mover el corazón del Dios de las misericordias, para que tuviera compasión de tus gemidos, oyera tus súplicas y cumpliera por fin todos tus deseos.
Hoy venimos a tus pies las que sufrimos y lloramos en los caminos tristes de la vida, para pedirte que nos alcances tu mismo espíritu de oración y el dolor que piden nuestras culpas. Así, abriendo humildemente el corazón ante el Dios de toda bondad y misericordia, alcanzaremos la gracia de vivir en la tierra la vida santa que tú viviste, y de llegar un día a la gloria que ya gozas en el cielo, junto con nuestros padres, esposos e hijos, y con todos los que nos pertenecen por la sangre y el cariño y que, en Jesucristo, nuestro Señor, son amados y queridos de nuestro corazón. Amén.
— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 25)
«Haz ahora lo que entonces quisieras hacer, y estarás seguro».
A los pocos días de aquella conversación, Mónica cayó enferma en Ostia. Tenía cincuenta y seis años.
Uno de sus hijos deseaba que no muriera lejos de su tierra. Ella les dijo: «Pongan este cuerpo en cualquier lugar; no se preocupen por él. Solo les pido que se acuerden de mí ante el altar del Señor, dondequiera que estén».
Murió al noveno día de su enfermedad, en el año 387. Había perseverado en la fe, en la oración y en el amor hasta el final, y murió confiada en la misericordia de Dios.
También tú puedes pedir la gracia de perseverar, que es un don de Dios y se pide cada día. El bien que quisieras haber hecho al final de tu vida puedes empezarlo hoy, con su ayuda.
Señor, por intercesión de Santa Mónica, concédeme perseverar en Tu amor hasta el último día.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Octavo día: Perseverancia —
¡Oh Dios de los elegidos, que diste a Santa Mónica, Tu sierva, una muerte tan serena y feliz lejos de su tierra, que, sin preocuparse de dónde quedaría su cuerpo, solo pensó en entregarte el alma, y pidió a su hijo Agustín que dejara su cuerpo en cualquier lugar donde muriera, pero que, mientras viviera, se acordara de ella ante el altar del Señor y rezara por su alma!
Por la muerte preciosa de esa madre santa, concédeme la dicha de morir unida a Ti y entregada a Ti, como hija fiel de la Iglesia, y de llegar así a la bienaventuranza, donde me encuentre con mi esposo, con mis hijos y con todos los que amo, y con ellos cante allí para siempre Tus misericordias. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración final para todos los días —
(Pide la gracia que deseas conseguir en esta novena por intercesión de Santa Mónica.)
¡Oh bienaventurada y gloriosísima Santa Mónica, grande en la paciencia, generosa en la esperanza y feliz en la victoria! Mujer sabia y prudente, supiste construir tu hogar, y en él brillaste como el sol cuando sale en lo alto del cielo, y fuiste en todo un ejemplo luminoso de mujer cristiana.
Ahora que ya estás en la tierra de los vivos, donde ya no hay llanto, ni lamento, ni dolor, acuérdate de nosotras, que todavía lloramos y sufrimos en este valle donde tú lloraste y sufriste. Intercede ante el Señor para que se compadezca de tantas madres y esposas en sus penas y trabajos, acoja nuestros lamentos, oiga nuestras súplicas y, como a ti, nos conceda ver cumplidos nuestros deseos; y para que un día merezcamos reinar y descansar contigo en la gloria, rodeadas de todos los que amamos, y alabar junto a ti para siempre las misericordias eternas del Señor. Amén.
Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Mónica.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
— Oración —
¡Oh Dios, consolador de los afligidos y salud de los que en Ti esperan, que aceptaste misericordiosamente las piadosas lágrimas de la bienaventurada madre Mónica por la conversión de su hijo Agustín! Concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y encontremos la indulgencia de Tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Intercesión de los santos
Día noveno de la Novena a Santa Mónica.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, divino Redentor, que salvas las almas: movido por las lágrimas piadosas de Tu sierva Mónica, quisiste volver del todo hacia Ti a Agustín, su hijo, y desde que se convirtió, plena y felizmente, le inspiraste vivir siempre dando frutos de penitencia sincera.
Por el llanto bendito de aquella madre y la conversión tan sincera de aquel hijo santo, concede, en Tu misericordia, a nuestras almas un dolor verdadero de los pecados, que nos obtenga el perdón de toda culpa; un llanto de arrepentimiento sincero, que lave toda mancha y quite toda inquietud; y la gracia de dar tales frutos de penitencia que devuelvan la justicia y la paz a nuestro espíritu, arrepentido y humilde, que de veras vuelve a Ti y desea verte para siempre reconciliado con él. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
¡Oh gloriosa Santa Mónica, ejemplo de esposas, modelo de madres, consuelo de las viudas, mujer admirable! Dios puso en ti el espíritu de oración y te dio el don de las lágrimas, con el que supiste mover el corazón del Dios de las misericordias, para que tuviera compasión de tus gemidos, oyera tus súplicas y cumpliera por fin todos tus deseos.
Hoy venimos a tus pies las que sufrimos y lloramos en los caminos tristes de la vida, para pedirte que nos alcances tu mismo espíritu de oración y el dolor que piden nuestras culpas. Así, abriendo humildemente el corazón ante el Dios de toda bondad y misericordia, alcanzaremos la gracia de vivir en la tierra la vida santa que tú viviste, y de llegar un día a la gloria que ya gozas en el cielo, junto con nuestros padres, esposos e hijos, y con todos los que nos pertenecen por la sangre y el cariño y que, en Jesucristo, nuestro Señor, son amados y queridos de nuestro corazón. Amén.
— Consideración del día —
(Apocalipsis 5, 8)
«Los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero. Cada uno tenía una cítara y copas de oro repletas de perfumes: las oraciones de los santos».
En el cielo, las oraciones de los santos suben ante Dios como perfume. La Iglesia cree que los que ya gozan de Dios interceden por nosotros.
Mónica pidió que se acordaran de ella ante el altar, y San Agustín, al final del relato de su muerte, pide a sus lectores que la recuerden en la Misa. Hoy es ella quien acompaña con su oración a los que acuden a Dios.
Muchos siglos después, sus restos fueron llevados de Ostia a Roma. Desde entonces, muchas madres y muchos padres le han confiado a sus hijos.
También tú puedes confiar a su intercesión a los que amas. Ella presenta tu oración ante Dios, que es quien escucha y concede.
Señor, por intercesión de Santa Mónica y de todos los santos, escucha lo que te pido en esta novena, si es para mi bien.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Noveno día: Intercesión de los santos —
¡Oh Dios, que siempre te alegras cuando Tus santos son glorificados y en ellos te muestras admirable, para que los pueblos los veneren! Cuando las santas reliquias de Tu sierva Mónica fueron llevadas desde el puerto de Ostia hasta Roma, quisiste honrarla con la alegría de las gentes que la saludaban a su paso y con la piedad de tantas madres que acudían a presentarle sus hijos y sus lágrimas; y en aquel viaje glorioso la acompañaste con señales de Tu poder, obrando por su intercesión grandes milagros.
Por el buen olor que suben hasta Ti los restos venerados de aquella santa mujer, tan admirable, dígnate sacarme de mi tibieza, levantarme a Tu gloria y darme lo que te pido para mi salvación y la de todos los que pusiste bajo mi amor y mi cuidado. Así glorifica Tu nombre.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración final para todos los días —
(Pide la gracia que deseas conseguir en esta novena por intercesión de Santa Mónica.)
¡Oh bienaventurada y gloriosísima Santa Mónica, grande en la paciencia, generosa en la esperanza y feliz en la victoria! Mujer sabia y prudente, supiste construir tu hogar, y en él brillaste como el sol cuando sale en lo alto del cielo, y fuiste en todo un ejemplo luminoso de mujer cristiana.
Ahora que ya estás en la tierra de los vivos, donde ya no hay llanto, ni lamento, ni dolor, acuérdate de nosotras, que todavía lloramos y sufrimos en este valle donde tú lloraste y sufriste. Intercede ante el Señor para que se compadezca de tantas madres y esposas en sus penas y trabajos, acoja nuestros lamentos, oiga nuestras súplicas y, como a ti, nos conceda ver cumplidos nuestros deseos; y para que un día merezcamos reinar y descansar contigo en la gloria, rodeadas de todos los que amamos, y alabar junto a ti para siempre las misericordias eternas del Señor. Amén.
Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Mónica.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
— Oración —
¡Oh Dios, consolador de los afligidos y salud de los que en Ti esperan, que aceptaste misericordiosamente las piadosas lágrimas de la bienaventurada madre Mónica por la conversión de su hijo Agustín! Concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y encontremos la indulgencia de Tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

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