Novena · 9 días
Novena a San Rafael Arcángel
Nueve días con San Rafael, compañero y medicina de Dios
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
Los ángeles: el compañero del camino
Día primero de la Novena a San Rafael Arcángel.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Tobías 5, 16)
«Iré con él; no tengas miedo. Saldremos sanos y sanos volveremos a ti, porque el camino es seguro».
Tobit, que se había quedado ciego, envía a su hijo Tobías a un largo viaje. Rafael se ofrece a acompañarlo sin decir quién es, y Tobit los despide con una bendición.
El libro cuenta cómo el ángel guardó al joven en el camino, lo aconsejó y lo devolvió sano a su casa. Por eso la oración de hoy lo llama guía, guarda y compañero.
Así cuida Dios a sus hijos por medio de sus ángeles, aunque no los veamos. La devoción de la Iglesia tiene a San Rafael por patrono de los caminantes.
También tú vas de camino, en los viajes y en las etapas de la vida. Encomienda hoy a San Rafael tus salidas y las de los tuyos.
Señor, que Tu ángel me guíe y me guarde en todos mis caminos.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los ángeles, a los cuales encomendaste la guarda de los hombres; yo te ofrezco los merecimientos de estos soberanos espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, que siendo de los superiores bajó a ser guía, guarda y compañero de aquel piadoso joven Tobías, librándolo en los caminos de los peligros de cuerpo y alma; yo te suplico que me concedas la guarda, guía y protección de este soberano Arcángel, y la gracia que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Los arcángeles: el enviado de Dios
Día segundo de la Novena a San Rafael Arcángel.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Tobías 3, 17)
«Fue enviado Rafael a curar a los dos: a Tobit, para quitarle las manchas blancas de los ojos, para que viera con sus ojos la luz de Dios; y a Sara, la hija de Ragüel, para darla por esposa a Tobías, el hijo de Tobit, y librarla del malvado demonio Asmodeo».
El mismo día, Tobit en Nínive y Sara en Ecbatana rezaron a Dios en su aflicción. Dios escuchó a los dos y envió a Rafael para remediar su dolor.
La oración de hoy lo llama ministro de las piedades de Dios. Rafael asistió a Tobías en los encargos del viaje: cobrar el dinero que su padre había dejado en depósito y tomar a Sara por esposa.
Dios se ocupa de las cosas grandes y de las pequeñas. Nada de lo que nos preocupa le es ajeno.
También tú tienes encargos y deberes que a veces pesan. Antes de empezarlos, ponlos en manos de Dios y pídele acierto para hacerlos bien.
Señor, que San Rafael me asista en mis trabajos y me ayude a cumplir mis obligaciones.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los arcángeles, a los cuales encomiendas los negocios gravísimos de Tu gloria y utilidad de los hombres; yo te ofrezco los merecimientos de estos diligentísimos espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, a quien enviaste como ministro de Tus piedades para asistir a los negocios y encargos de la cobranza y casamiento del obediente mancebo hijo de Tobías, el cual logró, por su mérito, con toda felicidad lo que deseaba:
yo te suplico que me concedas el acierto en todos los negocios que se encarguen a mi cuidado, y en cumplimiento de mis obligaciones, también la gracia que te pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Los principados: la luz para el camino
Día tercero de la Novena a San Rafael Arcángel.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Tobías 8, 4)
«Hermana, levántate; oremos y pidamos a nuestro Señor que tenga misericordia de nosotros y nos salve».
En el viaje, Rafael enseñó a Tobías a guardar el corazón, el hígado y la hiel de un pez del río, que servirían de remedio. Y le aconsejó que, antes de unirse a Sara, se levantaran los dos a rezar.
Tobías lo hizo así en su noche de bodas. Sus primeras palabras a Sara fueron una invitación a la oración.
La oración de hoy pide la luz de este santo Arcángel para conocer la medicina de nuestra alma y acertar en el estado de vida en que Dios nos pone.
También tú necesitas consejo para tus decisiones. Ante una elección importante, reza primero y escucha a quien puede aconsejarte bien. Y si compartes la vida con otros, rezar juntos es un buen modo de empezar el día.
Señor, dame luz para conocer lo que me conviene y valor para hacerlo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los príncipes, los cuales por medio de los ángeles y arcángeles, alumbrando, instruyendo y mandando, cuiden de la salud de los hombres según la disposición de Tu divina voluntad:
yo te ofrezco los merecimientos de estos celosísimos espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, el cual instruyó al joven Tobías para que conociese la medicinal virtud de las entrañas de aquel pez, y le alumbró el modo perfecto y santo que había de tener con su esposa Sara, para lograr sin peligros el fruto de bendición:
yo te suplico que me concedas la instrucción y luz de este santo Arcángel, para conocer la especial medicina de mi alma, y el acierto en el estado en que me pusiere Tu santísima mano, y la petición que te hago en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Las potestades: la pureza del corazón
Día cuarto de la Novena a San Rafael Arcángel.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Tobías 8, 7)
«Y ahora, yo no tomo a esta hermana mía por un deseo impuro, sino con sinceridad. Dígnate tener misericordia de ella y de mí, y concédenos envejecer juntos».
Sara había perdido a siete maridos, a los que el demonio Asmodeo mató antes de que estuvieran con ella. Tobías tuvo miedo, pero confió en Dios y siguió el consejo del ángel.
Aquella noche, el olor del pez ahuyentó al demonio, que huyó a las regiones del alto Egipto, y Rafael fue tras él y lo ató. La oración de hoy recuerda ese poder que Dios le dio, y pide la gracia de la pureza.
Tobías tomó a Sara por esposa con un corazón limpio, y a la mañana los dos seguían con vida. La pureza guarda el amor y lo hace fiel.
También tú conoces tentaciones contra la pureza, en lo que miras, en lo que piensas o en lo que haces. Para vencerlas cuentas con Dios, con los sacramentos y con la intercesión de San Rafael.
Señor, dame un corazón limpio y defiéndeme de toda tentación.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de las potestades, que tienen especial poder para refrenar a los demonios: yo te ofrezco los merecimientos de estos poderosísimos espíritus y de los de Tu Arcángel San Rafael, a quien diste la singular potestad para que ligase y encadenase en el desierto del superior Egipto al cruel enemigo de la pureza y astuto demonio llamado Asmodeo, defendiendo por este medio a los hombres de sus abominables asechanzas:
yo te suplico que me concedas la gracia y virtud de la pureza, defendiendo mi alma de las tentaciones de este cruel enemigo, y me des lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Las virtudes: la vista de Tobit
Día quinto de la Novena a San Rafael Arcángel.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Tobías 11, 14)
«¡Te veo, hijo, luz de mis ojos!».
Al volver a casa, Tobías aplicó a su padre la hiel del pez, como le había dicho el ángel, y las manchas blancas se desprendieron de sus ojos. Tobit vio de nuevo y bendijo a Dios.
El nombre de Rafael quiere decir «Dios sana». Todo lo que hizo en esta historia lo hizo como enviado, y él mismo lo dijo al despedirse: estaba con ellos porque Dios lo quiso.
La oración de hoy pide que Dios obre en nuestra alma otros prodigios: luz para conocerlo, paso seguro para seguirlo, paciencia en las injurias y confianza para esperar el remedio.
También tú esperas quizá una curación, para ti o para alguien que quieres. Pídela con fe, y deja en manos de Dios el modo y el tiempo. Dios escucha siempre, aunque responda de otra manera.
Señor, cura lo que está enfermo en mí y dame ojos para reconocer Tus obras.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de las virtudes, por las cuales haces milagros y prodigios propios de Tu soberano poder: yo te ofrezco los merecimientos de estos soberanos espíritus, los de Tu Arcángel San Rafael, por quien obró Tu poderosa mano los milagros de dar vista al anciano Tobías, librar del pez a su hijo, defender a Sara de las contumelias de su criada, y darle logro feliz de su matrimonio con dichosa sucesión:
yo te suplico que, por la mano de este santo Arcángel, ejecutes en mi alma los prodigios de darme luz para conocerte, pase seguro para seguirte, tolerancia para sufrir las injurias y confianza para esperar el remedio; y me des lo que te pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Las dominaciones: el ángel que se hizo siervo
Día sexto de la Novena a San Rafael Arcángel.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Tobías 5, 5)
«Soy de los hijos de Israel, tus hermanos, y he venido aquí a trabajar».
Rafael, que está delante de la gloria del Señor, se presentó a Tobías como un joven de su pueblo que buscaba trabajo. Aceptó un jornal, caminó a su lado y lo sirvió en todo lo que necesitó.
La oración de hoy dice que, siendo de los más altos espíritus, se humilló y se mostró como siervo. Y recuerda que devolvió a Tobías a su casa enseñado en la obediencia a su padre y en la paz con su familia.
Las dominaciones presiden a los demás ángeles. Para ellas, presidir es servir mejor la voluntad de Dios.
También tú tienes a quien obedecer y a quien servir. Hazlo sin quejas y sin buscar que te lo reconozcan, como el ángel que no dijo quién era.
Señor, dame un corazón humilde y dispuesto a obedecer a quienes me guían.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de las dominaciones, que presiden a todos los espíritus inferiores, ministros de Tu Providencia, los que se sujetan a Tu voluntad, prontos siempre para ejecutarla:
yo te ofrezco los méritos de estos excelentes espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, que, siendo de los supremos y superiores espíritus, se humilló y rindió, mostrándose como siervo para conducir al joven Tobías, restituyéndole a su casa después de haberle instruido en perfecta obediencia a su anciano padre y pacífico gobierno con su esposa y familia:
yo te suplico que me concedas una pronta y eficaz obediencia a todos mis mayores y superiores, y la petición que hago en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Los tronos: el descanso en la providencia
Día séptimo de la Novena a San Rafael Arcángel.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Tobías 12, 17)
«No tengan miedo; la paz esté con ustedes. Bendigan a Dios por siempre».
Terminado el viaje, Tobías volvió a casa con el dinero que había ido a buscar y con Sara, su esposa. La familia quedó reunida y en paz.
Cuando Rafael les dijo quién era, padre e hijo se llenaron de temor. Él los tranquilizó con estas palabras y les pidió que bendijeran a Dios. Todo lo que habían vivido era obra de Dios, y a él se debía la gratitud.
La oración de hoy pide ese descanso, el de vivir siempre al amparo de la providencia de Dios. Dios descansa en el coro de los tronos como en su asiento.
Quizá también tú llegas con cansancio al final de muchas jornadas. Deja en manos de Dios lo que no puedes resolver y descansa en él, que sabe lo que necesitas.
Señor, dame paz y confianza en Tu providencia, hoy y todos los días.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los tronos, en que descansas como en trono de Tu gloria y asiento de Tu Majestad: yo te ofrezco los merecimientos de estos altísimos espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, que después de los trabajos de aquel dilatado y peligroso camino en que acompañó a Tobías, le pasó al descanso y quietud de su familia, logrando con gran consuelo todos los bienes que por su dirección había conseguido.
Yo te suplico que me concedas el descanso y quietud de vivir siempre en el amparo de Tu altísima Providencia, y otorga la petición que te hago en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Los querubines: el santo temor de Dios
Día octavo de la Novena a San Rafael Arcángel.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Tobías 12, 15)
«Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están delante de la gloria del Señor y entran en su presencia».
Antes de despedirse, Rafael llamó aparte a Tobit y a su hijo y les reveló quién era. Les dijo que presentaba ante Dios el recuerdo de sus oraciones y que había sido enviado a curarlos.
Los dos cayeron rostro en tierra, llenos de temor, y el ángel les enseñó a bendecir a Dios por todo lo que había hecho. La oración de hoy dice que los dejó iluminados en el conocimiento de Dios y en su santo temor.
Los querubines son los ángeles de la sabiduría. La que pide la oración es saber servir a Dios, agradarle y temerle.
También tú puedes aprender a ver la mano de Dios en tu propia historia. Mira hacia atrás y reconoce los favores que has recibido de él.
Señor, ilumina mi entendimiento para conocerte y servirte con amor.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los querubines, que están adornados de perfectísima sabiduría: yo te ofrezco los merecimientos de Tu Arcángel San Rafael, que con su admirable sabiduría se dio a conocer, manifestando su excelentísima naturaleza, a sus dos encomendados, Tobías y su hijo, y les reveló los soberanos secretos y maravillas de Dios, dejándolos muy ilustrados en su conocimiento y santo temor:
yo te suplico que por la ilustración de este santo Arcángel alumbres mi entendimiento para que yo logre la verdadera ciencia de saber servirte, agradarte y temerte; y también me otorgues la gracia que te pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Los serafines: la caridad agradecida
Día noveno de la Novena a San Rafael Arcángel.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Tobías 12, 6)
«Bendigan a Dios y alábenlo delante de todos los vivientes por el bien que les ha hecho».
Al despedirse, Rafael no pidió nada para sí. Pidió que Tobit y su hijo dieran gracias a Dios y dieran a conocer a todos lo que él había hecho. Y les mandó escribir todo lo que les había sucedido.
La oración de hoy dice que, con el fuego de su caridad, dejó encendida a toda la familia en amor a Dios y en agradecimiento. La historia termina con un canto de Tobit en alabanza de Dios.
Los serafines son los ángeles que más aman a Dios. Ese amor se nota en la gratitud.
También tú has recibido mucho en esta novena y en tu vida. Da gracias a Dios hoy y cuenta a alguien un bien que él te ha hecho.
Señor, enciende en mí Tu amor y hazme agradecido todos los días de mi vida.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los serafines, que te aman con amor ardientísimo: yo te ofrezco los merecimientos de estos abrasados espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, que con el fuego de su ardientísima caridad dejó encendidos los corazones de toda aquella familia del santo anciano Tobías en amor y deseo de servir a Tu soberana Majestad, con verdadero y perseverante agradecimiento de los favores que recibieron de Tu mano:
yo te suplico que abrases con Tu divino amor el velo de mi tibia voluntad, enciendas mi apagado corazón en un perpetuo agradecimiento a Tus beneficios, continua perseverancia en el camino de la virtud, y me des lo que te pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

Oración del díaNueva cada mañana
Evangelio del díaCon su reflexión
Santo RosarioLos misterios de hoy