Novena · 9 días

Novena a San Pío de Pietrelcina

Nueve días con el Padre Pío hacia su fiesta

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

El amor

9 minutos

Día primero de la Novena a San Pío de Pietrelcina.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración introductoria para cada día —
San Pío, testigo de la fe y del amor: admiramos tu vida de fraile capuchino, de sacerdote y de testigo fiel de Cristo. El dolor llenó tu vida, y por eso te llamamos «crucificado sin cruz».

Por amor te ocupaste de los enfermos, atrajiste a los pecadores y viviste muy hondo el misterio de la Eucaristía y de la confesión.

En tu vida fuiste ante Dios un intercesor poderoso, y ahora, desde el cielo, sigues haciendo el bien y rogando por nosotros.

Contamos con tu ayuda: ruega por nosotros. Amén.

— Palabra de Dios —
Juan 15, 13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie tiene amor más grande que este: que uno entregue su vida por sus amigos».

— Meditación sobre el amor —
(Imitación de Cristo 3, 5)
«El amor no siente la carga, ni hace caso de los trabajos».

El Padre Pío vivió muchos años con dolores en el cuerpo y en el alma. Llevaba en las manos, en los pies y en el costado las llagas de la Pasión, y aun así pasaba largas horas en el confesionario.

Lo sostenía el amor a Cristo crucificado. Por ese amor se unió a la cruz de Jesús y ofreció sus sufrimientos por los pecadores y por las almas que acudían a él. La Iglesia reconoce que su jornada entera se movía por la caridad, por el deseo de amar a Dios y hacerlo amar.

Quien ama no mide el esfuerzo. Lo que pesa se vuelve ofrenda cuando se une a la cruz de Jesús.

También tú llevas cargas que no has elegido. Únelas hoy a la cruz de Cristo y ofrécelas con amor, por ti y por los demás.

Señor Jesús, por intercesión de San Pío, enséñame a amarte también cuando cuesta.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a San Pío —
Queridísimo San Pío de Pietrelcina, que llevaste en tu cuerpo las llagas de nuestro Señor Jesucristo; que cargaste también la cruz por todos nosotros, sufriendo los dolores del cuerpo y del alma que, como un largo martirio, te golpearon sin descanso.

Intercede por nosotros ante Dios todopoderoso, para que cada uno sepa aceptar las cruces, pequeñas y grandes, de la vida, y haga de cada sufrimiento un lazo firme que nos una a la vida eterna.

(Decimos ahora las intenciones por las que ofrecemos esta novena.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para todos los días —
San Pío de Pietrelcina, humilde fraile y sacerdote: alcánzanos de Dios un corazón sencillo, como el de los pequeños a quienes el Padre abre los secretos de su Reino.

Enséñanos a orar con perseverancia, confiados en que nuestro Padre sabe lo que nos hace falta aun antes de pedírselo. Ayúdanos a mirar con fe a los pobres y a los enfermos, y a descubrir en ellos a Jesús.

Cuando llegue la tentación o la prueba, quédate a nuestro lado; y si caemos, llévanos a la confesión, para recibir con alegría el perdón de Dios. Haz que amemos como tú a la Virgen, Madre de Jesús y nuestra.

Y camina con nosotros en esta vida, hasta que lleguemos a la casa del Padre y veamos para siempre la gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 2
Día 2

La santidad

9 minutos

Día segundo de la Novena a San Pío de Pietrelcina.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración introductoria para cada día —
San Pío, testigo de la fe y del amor: admiramos tu vida de fraile capuchino, de sacerdote y de testigo fiel de Cristo. El dolor llenó tu vida, y por eso te llamamos «crucificado sin cruz».

Por amor te ocupaste de los enfermos, atrajiste a los pecadores y viviste muy hondo el misterio de la Eucaristía y de la confesión.

En tu vida fuiste ante Dios un intercesor poderoso, y ahora, desde el cielo, sigues haciendo el bien y rogando por nosotros.

Contamos con tu ayuda: ruega por nosotros. Amén.

— Palabra de Dios —
Lucas 9, 23

En aquel tiempo, Jesús decía a todos:
«Si alguien quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y que me siga».

— Meditación sobre la santidad —
(Imitación de Cristo 1, 25)
«Tanto aprovecharás, cuanto más fuerza te hicieres».

Todos estamos llamados a ser santos, cada uno en su propia vida. Nadie se hace santo de un día para otro. La santidad es obra de la gracia de Dios, y pide también nuestro esfuerzo de cada día.

Francisco Forgione se entregó a Dios muy joven. En 1903 entró en el noviciado de los capuchinos, donde recibió el nombre de fray Pío, y en 1910 fue ordenado sacerdote. Desde 1916 vivió en el convento de San Giovanni Rotondo, hasta su muerte.

Su santidad se fue formando en la fidelidad de cada día: la oración, la Misa, el confesionario y la obediencia a sus superiores. Juan Pablo II lo canonizó en 2002.

También tú puedes crecer en santidad donde estás. Elige hoy una cosa concreta que te cueste y hazla por amor a Dios. Si fallas, empieza de nuevo mañana.

Señor, dame deseos de santidad y constancia para no rendirme.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a San Pío —
Glorioso San Pío de Pietrelcina, que ya estás junto a nuestro amadísimo Dios Jesucristo, y que fuiste santo y firme en las tentaciones del maligno; tú, a quien los demonios atacaron y golpearon para apartarte de tu camino de santidad:

pide a Dios por nosotros, para que, ayudados por ti y por nuestro Señor, tengamos fuerza de espíritu para dejar el pecado y mantenernos en la fe hasta que muramos.

(Decimos ahora las intenciones por las que ofrecemos esta novena.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para todos los días —
San Pío de Pietrelcina, humilde fraile y sacerdote: alcánzanos de Dios un corazón sencillo, como el de los pequeños a quienes el Padre abre los secretos de su Reino.

Enséñanos a orar con perseverancia, confiados en que nuestro Padre sabe lo que nos hace falta aun antes de pedírselo. Ayúdanos a mirar con fe a los pobres y a los enfermos, y a descubrir en ellos a Jesús.

Cuando llegue la tentación o la prueba, quédate a nuestro lado; y si caemos, llévanos a la confesión, para recibir con alegría el perdón de Dios. Haz que amemos como tú a la Virgen, Madre de Jesús y nuestra.

Y camina con nosotros en esta vida, hasta que lleguemos a la casa del Padre y veamos para siempre la gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 3
Día 3

Las virtudes

9 minutos

Día tercero de la Novena a San Pío de Pietrelcina.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración introductoria para cada día —
San Pío, testigo de la fe y del amor: admiramos tu vida de fraile capuchino, de sacerdote y de testigo fiel de Cristo. El dolor llenó tu vida, y por eso te llamamos «crucificado sin cruz».

Por amor te ocupaste de los enfermos, atrajiste a los pecadores y viviste muy hondo el misterio de la Eucaristía y de la confesión.

En tu vida fuiste ante Dios un intercesor poderoso, y ahora, desde el cielo, sigues haciendo el bien y rogando por nosotros.

Contamos con tu ayuda: ruega por nosotros. Amén.

— Palabra de Dios —
Filipenses 4, 8-9

Hermanos: todo lo que es verdadero, todo lo noble, todo lo justo, todo lo puro, todo lo que inspira cariño, todo lo que tiene buen nombre; lo que sea virtud y lo que merezca elogio, eso es lo que deben tener en el pensamiento.

Lo que aprendieron y recibieron, lo que oyeron y vieron en mí, pónganlo en práctica. Y el Dios de la paz estará con ustedes.

— Meditación sobre las virtudes —
(Imitación de Cristo 1, 25)
«Nunca alcanzarás las virtudes sin cuidado y diligencia».

Una virtud es una costumbre buena que se aprende repitiéndola. Nadie nace paciente o generoso. Con la gracia de Dios, lo que al principio cuesta se vuelve después más fácil.

El Padre Pío amó mucho a la Virgen María, modelo de todas las virtudes. Juan Pablo II, al canonizarlo, recordó su «tierna devoción a María» y pidió que nos la transmitiera.

En María vemos la fe, la humildad y la caridad vividas en lo pequeño: en la casa de Nazaret, en las bodas de Caná, al pie de la cruz. Dijo sí a Dios y lo siguió diciendo toda su vida.

También tú puedes mirar a María y aprender de ella. Elige una virtud que te falte y pídele a la Virgen que te ayude a practicarla hoy.

Señor, por intercesión de la Virgen y de San Pío, hazme crecer en las virtudes.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a San Pío —
Virtuosísimo San Pío de Pietrelcina, que tanto amaste a la Virgen, y que cada día recibiste por medio de ella gracias y consuelos que solo ella podía alcanzarte:

te suplicamos que ruegues a la Virgen santa y dejes en sus manos nuestras culpas y nuestras oraciones tan frías, para que, como en las bodas de Caná, el Hijo escuche a su Madre, y nuestro nombre quede escrito en el libro de la vida.

(Decimos ahora las intenciones por las que ofrecemos esta novena.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para todos los días —
San Pío de Pietrelcina, humilde fraile y sacerdote: alcánzanos de Dios un corazón sencillo, como el de los pequeños a quienes el Padre abre los secretos de su Reino.

Enséñanos a orar con perseverancia, confiados en que nuestro Padre sabe lo que nos hace falta aun antes de pedírselo. Ayúdanos a mirar con fe a los pobres y a los enfermos, y a descubrir en ellos a Jesús.

Cuando llegue la tentación o la prueba, quédate a nuestro lado; y si caemos, llévanos a la confesión, para recibir con alegría el perdón de Dios. Haz que amemos como tú a la Virgen, Madre de Jesús y nuestra.

Y camina con nosotros en esta vida, hasta que lleguemos a la casa del Padre y veamos para siempre la gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 4
Día 4

La castidad

9 minutos

Día cuarto de la Novena a San Pío de Pietrelcina.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración introductoria para cada día —
San Pío, testigo de la fe y del amor: admiramos tu vida de fraile capuchino, de sacerdote y de testigo fiel de Cristo. El dolor llenó tu vida, y por eso te llamamos «crucificado sin cruz».

Por amor te ocupaste de los enfermos, atrajiste a los pecadores y viviste muy hondo el misterio de la Eucaristía y de la confesión.

En tu vida fuiste ante Dios un intercesor poderoso, y ahora, desde el cielo, sigues haciendo el bien y rogando por nosotros.

Contamos con tu ayuda: ruega por nosotros. Amén.

— Palabra de Dios —
1 Corintios 6, 19-20

Hermanos: ¿no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes y que han recibido de Dios? Ustedes no se pertenecen: han sido comprados a gran precio. Glorifiquen, pues, a Dios en su cuerpo.

— Meditación sobre la castidad —
(Imitación de Cristo 1, 6)
«En resistir a las pasiones se halla la verdadera paz del corazón, y no en seguirlas».

La castidad ordena el amor y la sexualidad según el plan de Dios, en cada estado de vida. Guarda el corazón para amar con un amor limpio.

Al entrar en la vida religiosa, el Padre Pío hizo los votos de pobreza, castidad y obediencia, y los vivió con fidelidad toda su vida. La Iglesia reconoce que tuvo siempre un gran amor a la castidad.

La castidad se cuida con la oración, con la guarda de los ojos y de la imaginación, y con la ayuda de los sacramentos.

También tú estás llamado a vivir la castidad según tu estado: en el matrimonio, en la soltería o en la consagración. Si has caído, la confesión te devuelve la paz. Dios da su gracia a quien se la pide.

Señor, dame un corazón limpio y fuerza para resistir la tentación.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a San Pío —
Castísimo San Pío de Pietrelcina, que tanto amaste a tu ángel de la guarda y nos enseñaste a amar al nuestro; él fue tu compañero, tu guía, tu defensor y tu mensajero, y por medio de los ángeles te llegaban las súplicas de tus hijos espirituales.

Intercede ante Dios para que también nosotros sepamos hablar con el ángel que nos guarda y hacerle caso en todo momento, porque es una luz de Dios que nos libra de la desgracia de pecar. Nuestro ángel está siempre dispuesto a mostrarnos el camino del bien y a apartarnos del mal.

(Decimos ahora las intenciones por las que ofrecemos esta novena.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para todos los días —
San Pío de Pietrelcina, humilde fraile y sacerdote: alcánzanos de Dios un corazón sencillo, como el de los pequeños a quienes el Padre abre los secretos de su Reino.

Enséñanos a orar con perseverancia, confiados en que nuestro Padre sabe lo que nos hace falta aun antes de pedírselo. Ayúdanos a mirar con fe a los pobres y a los enfermos, y a descubrir en ellos a Jesús.

Cuando llegue la tentación o la prueba, quédate a nuestro lado; y si caemos, llévanos a la confesión, para recibir con alegría el perdón de Dios. Haz que amemos como tú a la Virgen, Madre de Jesús y nuestra.

Y camina con nosotros en esta vida, hasta que lleguemos a la casa del Padre y veamos para siempre la gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 5
Día 5

La prudencia

9 minutos

Día quinto de la Novena a San Pío de Pietrelcina.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración introductoria para cada día —
San Pío, testigo de la fe y del amor: admiramos tu vida de fraile capuchino, de sacerdote y de testigo fiel de Cristo. El dolor llenó tu vida, y por eso te llamamos «crucificado sin cruz».

Por amor te ocupaste de los enfermos, atrajiste a los pecadores y viviste muy hondo el misterio de la Eucaristía y de la confesión.

En tu vida fuiste ante Dios un intercesor poderoso, y ahora, desde el cielo, sigues haciendo el bien y rogando por nosotros.

Contamos con tu ayuda: ruega por nosotros. Amén.

— Palabra de Dios —
Mateo 7, 24

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«Todo el que escucha estas palabras mías y las pone en práctica será como un hombre sensato que construyó su casa sobre la roca».

— Meditación sobre la prudencia —
(Imitación de Cristo 1, 4)
«No se debe dar crédito a cualquier palabra ni a cualquier espíritu; mas con prudencia y espacio se deben, según Dios, examinar las cosas».

La prudencia ayuda a ver lo que conviene hacer en cada momento y a elegir el bien. Es la virtud del que piensa antes de hablar y de obrar.

El Padre Pío aconsejó a muchísimas personas, en la confesión y en la dirección espiritual. La Iglesia reconoce que vivió la prudencia de modo ejemplar, y que en sus consejos buscaba siempre la luz de Dios.

La prudencia cristiana nace de la oración. Quien se pone delante de Dios ve con más claridad lo que tiene que hacer.

También tú tomas decisiones cada día, pequeñas y grandes. Sin prisa, reza, pide consejo a quien sabe y examina las cosas con calma. Deja que Dios te hable en la oración antes de decidir.

Señor, dame luz para discernir lo que te agrada y valor para hacerlo.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a San Pío —
Prudentísimo San Pío de Pietrelcina, que tanto amaste a las almas del purgatorio y nos enseñaste a amarlas, y te ofreciste por ellas para aliviar sus penas: ruega a Dios, nuestro Señor, que ponga en nuestro corazón compasión y amor por estas almas.

Así ayudaremos también nosotros a las almas del purgatorio y acortaremos el tiempo de su destierro y de su gran sufrimiento; con nuestros sacrificios y nuestra oración les alcanzaremos el descanso eterno, y las santas indulgencias que necesitan para salir de aquel lugar de dolor.

(Decimos ahora las intenciones por las que ofrecemos esta novena.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para todos los días —
San Pío de Pietrelcina, humilde fraile y sacerdote: alcánzanos de Dios un corazón sencillo, como el de los pequeños a quienes el Padre abre los secretos de su Reino.

Enséñanos a orar con perseverancia, confiados en que nuestro Padre sabe lo que nos hace falta aun antes de pedírselo. Ayúdanos a mirar con fe a los pobres y a los enfermos, y a descubrir en ellos a Jesús.

Cuando llegue la tentación o la prueba, quédate a nuestro lado; y si caemos, llévanos a la confesión, para recibir con alegría el perdón de Dios. Haz que amemos como tú a la Virgen, Madre de Jesús y nuestra.

Y camina con nosotros en esta vida, hasta que lleguemos a la casa del Padre y veamos para siempre la gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 6
Día 6

La obediencia

9 minutos

Día sexto de la Novena a San Pío de Pietrelcina.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración introductoria para cada día —
San Pío, testigo de la fe y del amor: admiramos tu vida de fraile capuchino, de sacerdote y de testigo fiel de Cristo. El dolor llenó tu vida, y por eso te llamamos «crucificado sin cruz».

Por amor te ocupaste de los enfermos, atrajiste a los pecadores y viviste muy hondo el misterio de la Eucaristía y de la confesión.

En tu vida fuiste ante Dios un intercesor poderoso, y ahora, desde el cielo, sigues haciendo el bien y rogando por nosotros.

Contamos con tu ayuda: ruega por nosotros. Amén.

— Palabra de Dios —
Filipenses 2, 5-8

Hermanos: tengan entre ustedes la misma manera de pensar de Cristo Jesús.

Él, que era de condición divina, no se aferró a su igualdad con Dios como a una presa. Al contrario, se vació de sí mismo, tomó la condición de siervo y llegó a ser semejante a los hombres.

Y, presentándose con el aspecto de un hombre, se rebajó a sí mismo, obedeciendo hasta morir, y morir en una cruz.

— Meditación sobre la obediencia —
(Imitación de Cristo 1, 9)
«Gran cosa es estar en obediencia, vivir debajo de un superior y no tener voluntad propia».

Jesús obedeció al Padre hasta la cruz, como dice hoy San Pablo. Quien obedece por amor a Dios se une a esa obediencia de Cristo, que nos salvó.

El Padre Pío obedeció a sus superiores también cuando le costaba mucho. Durante unos años se le prohibió celebrar la Misa en público y confesar, y lo aceptó con humildad, callando y confiando en Dios.

Con el tiempo se le devolvieron esas licencias, y volvió a celebrar en público y a confesar. La Iglesia reconoce que obedeció en todo a sus superiores, incluso cuando las órdenes eran difíciles.

También tú tienes que obedecer a veces sin entenderlo todo. Hazlo con paz, y pon en manos de Dios lo que te pesa. Él sabe sacar bien de todo.

Señor, enséñame a obedecer con humildad y a confiar en Ti.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a San Pío —
Obedientísimo San Pío de Pietrelcina, que quisiste a los enfermos más que a tu propia vida, porque veías en ellos a Jesús.

Tú, que en nombre de Dios obraste curaciones del cuerpo, del alma y de la mente, devolviendo a tantas personas la esperanza y la renovación del espíritu, y sanando a la persona entera.

Pide a Dios que, por intercesión de María Santísima, todos los enfermos sientan tu ayuda poderosa, y para que, si su cuerpo sana, reciban también bienes para el alma y den gracias a Dios para siempre.

(Decimos ahora las intenciones por las que ofrecemos esta novena.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para todos los días —
San Pío de Pietrelcina, humilde fraile y sacerdote: alcánzanos de Dios un corazón sencillo, como el de los pequeños a quienes el Padre abre los secretos de su Reino.

Enséñanos a orar con perseverancia, confiados en que nuestro Padre sabe lo que nos hace falta aun antes de pedírselo. Ayúdanos a mirar con fe a los pobres y a los enfermos, y a descubrir en ellos a Jesús.

Cuando llegue la tentación o la prueba, quédate a nuestro lado; y si caemos, llévanos a la confesión, para recibir con alegría el perdón de Dios. Haz que amemos como tú a la Virgen, Madre de Jesús y nuestra.

Y camina con nosotros en esta vida, hasta que lleguemos a la casa del Padre y veamos para siempre la gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 7
Día 7

La penitencia

9 minutos

Día séptimo de la Novena a San Pío de Pietrelcina.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración introductoria para cada día —
San Pío, testigo de la fe y del amor: admiramos tu vida de fraile capuchino, de sacerdote y de testigo fiel de Cristo. El dolor llenó tu vida, y por eso te llamamos «crucificado sin cruz».

Por amor te ocupaste de los enfermos, atrajiste a los pecadores y viviste muy hondo el misterio de la Eucaristía y de la confesión.

En tu vida fuiste ante Dios un intercesor poderoso, y ahora, desde el cielo, sigues haciendo el bien y rogando por nosotros.

Contamos con tu ayuda: ruega por nosotros. Amén.

— Palabra de Dios —
Gálatas 6, 14

Hermanos: en cuanto a mí, no quiera Dios que me gloríe más que en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.

— Meditación sobre la penitencia —
(Imitación de Cristo 1, 21)
«Date a la compunción del corazón, y te hallarás devoto».

La penitencia empieza en el corazón, con el dolor de haber ofendido a Dios y el deseo de cambiar. Todos la necesitamos, porque todos somos pecadores. Se expresa en la oración, en el ayuno y en la limosna.

El Padre Pío vivió con austeridad, al estilo franciscano, y se mortificaba para crecer en la templanza. Sobre todo, ayudó a muchísimas personas a convertirse en el sacramento de la confesión.

La penitencia cristiana nace de la confianza en un Dios que perdona y devuelve la alegría. Por eso el que se confiesa sale del sacramento con el corazón aliviado.

También tú puedes hacer una pequeña penitencia esta semana: privarte de algo, callar una queja, ayudar a quien lo necesita. Y si hace tiempo que no te confiesas, busca a un sacerdote.

Señor, dame un corazón arrepentido y la alegría de Tu perdón.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a San Pío —
Benditísimo San Pío de Pietrelcina, que cumpliste el plan de salvación de Dios y ofreciste tus sufrimientos para librar a los pecadores de las ataduras de Satanás:

pide a Dios que los que no creen reciban una fe grande y verdadera y se conviertan, arrepentidos de todo corazón; que los que tienen poca fe vivan mejor su vida cristiana; y que los justos sigan adelante en el camino de la salvación.

(Decimos ahora las intenciones por las que ofrecemos esta novena.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para todos los días —
San Pío de Pietrelcina, humilde fraile y sacerdote: alcánzanos de Dios un corazón sencillo, como el de los pequeños a quienes el Padre abre los secretos de su Reino.

Enséñanos a orar con perseverancia, confiados en que nuestro Padre sabe lo que nos hace falta aun antes de pedírselo. Ayúdanos a mirar con fe a los pobres y a los enfermos, y a descubrir en ellos a Jesús.

Cuando llegue la tentación o la prueba, quédate a nuestro lado; y si caemos, llévanos a la confesión, para recibir con alegría el perdón de Dios. Haz que amemos como tú a la Virgen, Madre de Jesús y nuestra.

Y camina con nosotros en esta vida, hasta que lleguemos a la casa del Padre y veamos para siempre la gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 8
Día 8

La pureza

9 minutos

Día octavo de la Novena a San Pío de Pietrelcina.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración introductoria para cada día —
San Pío, testigo de la fe y del amor: admiramos tu vida de fraile capuchino, de sacerdote y de testigo fiel de Cristo. El dolor llenó tu vida, y por eso te llamamos «crucificado sin cruz».

Por amor te ocupaste de los enfermos, atrajiste a los pecadores y viviste muy hondo el misterio de la Eucaristía y de la confesión.

En tu vida fuiste ante Dios un intercesor poderoso, y ahora, desde el cielo, sigues haciendo el bien y rogando por nosotros.

Contamos con tu ayuda: ruega por nosotros. Amén.

— Palabra de Dios —
Mateo 5, 8

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios».

— Meditación sobre la pureza —
(Imitación de Cristo 2, 4)
«Con dos alas se levanta el hombre de las cosas terrenas, que son sencillez y pureza».

La pureza de corazón abarca las intenciones, los deseos y la manera de mirar a los demás. El corazón limpio busca a Dios en todo, y Jesús le promete que lo verá.

El Padre Pío pasó gran parte de su vida en el confesionario, ayudando a otros a recuperar, con el perdón de Dios, un corazón limpio. Muchos venían de lejos a confesarse con él.

El corazón se purifica con la gracia de Dios, que se recibe en los sacramentos, y con la lucha de cada día contra lo que nos aparta de él.

También tú puedes revisar tus intenciones: por qué haces lo que haces y para quién. Pon hoy a Dios al principio de tus obras, y cuando descubras una intención torcida, corrígela sin desanimarte.

Señor, purifica mi corazón para que pueda verte.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a San Pío —
Purísimo San Pío de Pietrelcina, que tanto quisiste a tus hijos espirituales y por muchos de ellos ofreciste tus sufrimientos y tu sangre:

acógenos también como hijos tuyos a los que no te conocimos en persona. Con tu protección de padre, con tu santa guía y con la fuerza que nos alcances de Dios, que podamos encontrarte, en la hora de la muerte, a las puertas del paraíso, esperándonos.

(Decimos ahora las intenciones por las que ofrecemos esta novena.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para todos los días —
San Pío de Pietrelcina, humilde fraile y sacerdote: alcánzanos de Dios un corazón sencillo, como el de los pequeños a quienes el Padre abre los secretos de su Reino.

Enséñanos a orar con perseverancia, confiados en que nuestro Padre sabe lo que nos hace falta aun antes de pedírselo. Ayúdanos a mirar con fe a los pobres y a los enfermos, y a descubrir en ellos a Jesús.

Cuando llegue la tentación o la prueba, quédate a nuestro lado; y si caemos, llévanos a la confesión, para recibir con alegría el perdón de Dios. Haz que amemos como tú a la Virgen, Madre de Jesús y nuestra.

Y camina con nosotros en esta vida, hasta que lleguemos a la casa del Padre y veamos para siempre la gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 9
Día 9

La humildad

9 minutos

Día noveno de la Novena a San Pío de Pietrelcina.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración introductoria para cada día —
San Pío, testigo de la fe y del amor: admiramos tu vida de fraile capuchino, de sacerdote y de testigo fiel de Cristo. El dolor llenó tu vida, y por eso te llamamos «crucificado sin cruz».

Por amor te ocupaste de los enfermos, atrajiste a los pecadores y viviste muy hondo el misterio de la Eucaristía y de la confesión.

En tu vida fuiste ante Dios un intercesor poderoso, y ahora, desde el cielo, sigues haciendo el bien y rogando por nosotros.

Contamos con tu ayuda: ruega por nosotros. Amén.

— Palabra de Dios —
1 Pedro 5, 6

Queridos hermanos: pónganse con humildad bajo la mano poderosa de Dios, para que él los levante a su tiempo.

— Meditación sobre la humildad —
(Imitación de Cristo 2, 2)
«Dios defiende y libra al humilde, al humilde ama y consuela, al hombre humilde se inclina, al humilde concede gracia».

La humildad es conocerse a uno mismo delante de Dios, y reconocer los dones recibidos y también las propias miserias. El humilde sabe que todo lo bueno viene de Dios.

El Padre Pío fue buscado por multitudes y visitado por gente de todo el mundo. Él se tenía por indigno de los dones de Dios y lleno de miserias.

Murió el 23 de septiembre de 1968. Al canonizarlo, Juan Pablo II pidió a San Pío que nos enseñara la humildad de corazón. A quien la vive, Dios lo levanta a su tiempo, como dice hoy su Palabra.

También tú recibes elogios y críticas. Recíbelos con sencillez, y devuelve a Dios lo bueno que haya en ti. Y cuando te equivoques, reconócelo sin excusas.

Señor, dame un corazón humilde, y que por intercesión de San Pío llegue un día a contemplar Tu gloria.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a San Pío —
Humildísimo San Pío de Pietrelcina, que amaste de verdad a nuestra santa Madre la Iglesia: pide al Señor, dueño de la mies, que envíe obreros a su mies y dé a cada uno sus dones, para que el mundo se llene de sacerdotes santos y reciban de Dios la fuerza y la luz.

Te rogamos también que intercedas ante la Santísima Virgen María, siempre Virgen, para que todos los hombres caminen hacia la unidad de los cristianos y se reúnan en la gran casa de Dios, y para que la Iglesia sea un faro de luz y de salvación en el mar tempestuoso de la vida.

(Decimos ahora las intenciones por las que ofrecemos esta novena.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final para todos los días —
San Pío de Pietrelcina, humilde fraile y sacerdote: alcánzanos de Dios un corazón sencillo, como el de los pequeños a quienes el Padre abre los secretos de su Reino.

Enséñanos a orar con perseverancia, confiados en que nuestro Padre sabe lo que nos hace falta aun antes de pedírselo. Ayúdanos a mirar con fe a los pobres y a los enfermos, y a descubrir en ellos a Jesús.

Cuando llegue la tentación o la prueba, quédate a nuestro lado; y si caemos, llévanos a la confesión, para recibir con alegría el perdón de Dios. Haz que amemos como tú a la Virgen, Madre de Jesús y nuestra.

Y camina con nosotros en esta vida, hasta que lleguemos a la casa del Padre y veamos para siempre la gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

También hoy