Novena · 9 días

Novena a San Miguel Arcángel

Nueve días con San Miguel hacia su fiesta

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

Los ángeles, que guardan a los hombres

16 minutos

Día primero de la Novena a San Miguel Arcángel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración del coro angélico —
Dios y Señor de los ángeles, a quien encomiendas la guarda de los hombres: ofrézcote los merecimientos de estos soberanos espíritus y los del Príncipe de los ángeles, San Miguel, que por sí y por medio de sus ministros guarda la naturaleza humana, para que me guardes de todo pecado con una pureza angélica, y me concedas lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.

— Consideración del día —
(Mateo 18, 10)
«Tengan cuidado de no despreciar a uno de estos pequeños, porque les digo que sus ángeles, en el cielo, contemplan sin cesar el rostro de mi Padre celestial».

Jesús habla de los pequeños y de sus ángeles, que están siempre delante del Padre. En estas palabras la Iglesia ha visto el cuidado que Dios confía a sus ángeles, y nadie queda fuera de su mirada.

Los ángeles se ordenan en nueve coros, y el más cercano a nosotros lleva el nombre de todos. San Miguel es tenido por su príncipe. La oración de hoy pide a Dios, por los méritos de estos espíritus y de San Miguel, que nos guarde de todo pecado con una pureza como la de los ángeles.

Los ángeles viven en la presencia de Dios y a la vez junto a los hombres. Lo que hacen por nosotros lo hacen por encargo suyo, y se alegran cuando vivimos cerca de él.

También tú tienes a tu lado un ángel que te guarda y te guía hacia Dios, como enseña la Iglesia. Acuérdate de él en tus caminos y da gracias a Dios por esa compañía que no ves.

Señor, guárdame por medio de Tus ángeles y dame un corazón limpio para servirte.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— En reverencia de los nueve coros —
(Rezamos nueve Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, en reverencia de los nueve coros de los ángeles y de San Miguel, su caudillo.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración a San Miguel —
Príncipe gloriosísimo, San Miguel, capitán y caudillo de los ejércitos celestiales, recibidor de las almas, vencedor de los malignos espíritus, ciudadano del Señor y gobernador, después de Jesucristo, de la Iglesia de Dios, y de gran excelencia y virtud: libra a todos los que te llamamos de toda adversidad, y haznos aprovechar en el servicio de Dios, por tu precioso oficio y dignísima intercesión.

Ruega por nosotros, beatísimo San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
Para que seamos dignos de las promesas de Dios.

— Oración —
Todopoderoso y sempiterno Dios, que por Tu grande clemencia, para la salud humana, deputaste al glorioso San Miguel Arcángel maravillosamente por Príncipe de la Iglesia: concédenos que por su ayuda saludable merezcamos aquí ser defendidos de todos los enemigos, y en la hora de nuestra muerte, libres y salvos, seamos presentados a Tu divina y soberana Majestad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Miguel el favor particular que deseas alcanzar.)

— Oración de León XIII —
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; protégenos contra la maldad y las trampas del diablo. Que Dios lo reprenda, te lo pedimos suplicantes; y tú, príncipe del ejército del cielo, a Satanás y a los otros espíritus del mal, que recorren el mundo buscando la perdición de las almas, arrójalos al infierno con el poder de Dios.

Amén.

Día 2
Día 2

Los arcángeles y la honra de Dios

16 minutos

Día segundo de la Novena a San Miguel Arcángel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración del coro angélico —
Dios y Señor de los arcángeles, a quien encomiendas los negocios gravísimos de Tu gloria: ofrézcote los merecimientos de estos nobilísimos espíritus y los de San Miguel Arcángel, que defendió Tu honra y gloria contra Lucifer y sus ángeles, para que yo busque en todas las cosas Tu mayor gloria, y me des lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.

— Consideración del día —
(Apocalipsis 12, 7)
«Estalló en el cielo una guerra: Miguel y sus ángeles salieron a luchar contra el dragón».

El Apocalipsis describe con imágenes la victoria de Dios sobre el mal. El dragón es la serpiente antigua, el diablo, y Miguel lo vence con sus ángeles.

La carta de Judas lo llama «el arcángel Miguel», y su nombre, en hebreo, quiere decir «¿Quién como Dios?». Cuenta la tradición que esa fue su respuesta a la soberbia de Lucifer: defender la honra de Dios, a quien nadie puede igualar.

La oración de hoy pide que busquemos en todas las cosas la mayor gloria de Dios. La soberbia quiere para sí el primer lugar; el que ama a Dios se lo da a él.

También tú tienes ocasiones de elegir entre tu gloria y la de Dios: en tu trabajo, en lo que cuentas de ti, en el modo de tratar a los demás. San Miguel te enseña a poner a Dios en el primer lugar.

Señor, que en todo busque Tu gloria, y que San Miguel me defienda en la lucha contra el mal.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— En reverencia de los nueve coros —
(Rezamos nueve Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, en reverencia de los nueve coros de los ángeles y de San Miguel, su caudillo.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración a San Miguel —
Príncipe gloriosísimo, San Miguel, capitán y caudillo de los ejércitos celestiales, recibidor de las almas, vencedor de los malignos espíritus, ciudadano del Señor y gobernador, después de Jesucristo, de la Iglesia de Dios, y de gran excelencia y virtud: libra a todos los que te llamamos de toda adversidad, y haznos aprovechar en el servicio de Dios, por tu precioso oficio y dignísima intercesión.

Ruega por nosotros, beatísimo San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
Para que seamos dignos de las promesas de Dios.

— Oración —
Todopoderoso y sempiterno Dios, que por Tu grande clemencia, para la salud humana, deputaste al glorioso San Miguel Arcángel maravillosamente por Príncipe de la Iglesia: concédenos que por su ayuda saludable merezcamos aquí ser defendidos de todos los enemigos, y en la hora de nuestra muerte, libres y salvos, seamos presentados a Tu divina y soberana Majestad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Miguel el favor particular que deseas alcanzar.)

— Oración de León XIII —
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; protégenos contra la maldad y las trampas del diablo. Que Dios lo reprenda, te lo pedimos suplicantes; y tú, príncipe del ejército del cielo, a Satanás y a los otros espíritus del mal, que recorren el mundo buscando la perdición de las almas, arrójalos al infierno con el poder de Dios.

Amén.

Día 3
Día 3

Los principados y la guarda de los pueblos

16 minutos

Día tercero de la Novena a San Miguel Arcángel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración del coro angélico —
Dios y Señor de los principados, a quien encomiendas la guarda de los reinos: ofrézcote los merecimientos de estos excelentísimos espíritus y los del Príncipe de la milicia celestial, San Miguel, guarda mayor de todos los reinos cristianos, para que guardes la república de mis sentidos y potencias de todo desorden y desobediencia a Tus leyes divinas, y me concedas lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.

— Consideración del día —
(Daniel 12, 1)
«En aquel tiempo se alzará Miguel, el gran príncipe, el que protege a los hijos de tu pueblo».

En el libro de Daniel, Miguel aparece como el príncipe que protege al pueblo de Dios en el tiempo de la prueba. La Iglesia lo invoca como protector de todo el pueblo cristiano.

Los principados cuidan de los pueblos y de quienes los gobiernan. La oración de hoy lo recuerda, y pide también algo más cercano: que Dios guarde en orden nuestros sentidos y potencias, para que nada en nosotros desobedezca su ley.

Un pueblo vive en paz cuando cada cosa ocupa su lugar. En el alma sucede lo mismo, y la paz llega cuando la voluntad de Dios manda en nuestra vida.

También tú puedes rezar hoy por tu tierra y por quienes la gobiernan, y pedir a la vez orden en tu propia vida: en lo que miras, en lo que escuchas, en el uso de tu tiempo.

Señor, por intercesión de San Miguel, protege a Tu pueblo y pon orden en mi corazón.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— En reverencia de los nueve coros —
(Rezamos nueve Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, en reverencia de los nueve coros de los ángeles y de San Miguel, su caudillo.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración a San Miguel —
Príncipe gloriosísimo, San Miguel, capitán y caudillo de los ejércitos celestiales, recibidor de las almas, vencedor de los malignos espíritus, ciudadano del Señor y gobernador, después de Jesucristo, de la Iglesia de Dios, y de gran excelencia y virtud: libra a todos los que te llamamos de toda adversidad, y haznos aprovechar en el servicio de Dios, por tu precioso oficio y dignísima intercesión.

Ruega por nosotros, beatísimo San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
Para que seamos dignos de las promesas de Dios.

— Oración —
Todopoderoso y sempiterno Dios, que por Tu grande clemencia, para la salud humana, deputaste al glorioso San Miguel Arcángel maravillosamente por Príncipe de la Iglesia: concédenos que por su ayuda saludable merezcamos aquí ser defendidos de todos los enemigos, y en la hora de nuestra muerte, libres y salvos, seamos presentados a Tu divina y soberana Majestad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Miguel el favor particular que deseas alcanzar.)

— Oración de León XIII —
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; protégenos contra la maldad y las trampas del diablo. Que Dios lo reprenda, te lo pedimos suplicantes; y tú, príncipe del ejército del cielo, a Satanás y a los otros espíritus del mal, que recorren el mundo buscando la perdición de las almas, arrójalos al infierno con el poder de Dios.

Amén.

Día 4
Día 4

Las potestades y la tentación

16 minutos

Día cuarto de la Novena a San Miguel Arcángel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración del coro angélico —
Dios y Señor de las potestades, que tienen especial poder para refrenar los demonios:

ofrézcote los merecimientos de estos poderosísimos espíritus y los de Tu siervo San Miguel Arcángel, que alcanzó de los demonios la mayor victoria, y con la misma facilidad defiende continuamente contra ellos en favor de los hombres, para que me defiendas en todas tentaciones del mundo, del demonio y de la carne, y me des lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 10, 19)
«Miren: les he dado poder para pisar serpientes y escorpiones, y sobre toda la fuerza del enemigo, y nada les hará daño».

Los setenta y dos vuelven de su misión llenos de alegría, y Jesús les recuerda de dónde viene su fuerza. El poder sobre el enemigo lo reciben de él y lo usan en su nombre.

Las potestades son los ángeles a quienes Dios da especial poder para refrenar a los demonios. San Miguel va delante en esa lucha, y por eso la Iglesia le pide desde antiguo que nos defienda.

La tentación llega a todos, también a los santos. Quien la reconoce pronto y acude a Dios no lucha solo.

También tú conoces tus tentaciones más frecuentes. Cuando lleguen, invoca el nombre de Jesús, apártate de la ocasión y pide la ayuda de San Miguel.

Señor, defiéndeme en la tentación y dame fuerza para elegir siempre el bien.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— En reverencia de los nueve coros —
(Rezamos nueve Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, en reverencia de los nueve coros de los ángeles y de San Miguel, su caudillo.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración a San Miguel —
Príncipe gloriosísimo, San Miguel, capitán y caudillo de los ejércitos celestiales, recibidor de las almas, vencedor de los malignos espíritus, ciudadano del Señor y gobernador, después de Jesucristo, de la Iglesia de Dios, y de gran excelencia y virtud: libra a todos los que te llamamos de toda adversidad, y haznos aprovechar en el servicio de Dios, por tu precioso oficio y dignísima intercesión.

Ruega por nosotros, beatísimo San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
Para que seamos dignos de las promesas de Dios.

— Oración —
Todopoderoso y sempiterno Dios, que por Tu grande clemencia, para la salud humana, deputaste al glorioso San Miguel Arcángel maravillosamente por Príncipe de la Iglesia: concédenos que por su ayuda saludable merezcamos aquí ser defendidos de todos los enemigos, y en la hora de nuestra muerte, libres y salvos, seamos presentados a Tu divina y soberana Majestad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Miguel el favor particular que deseas alcanzar.)

— Oración de León XIII —
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; protégenos contra la maldad y las trampas del diablo. Que Dios lo reprenda, te lo pedimos suplicantes; y tú, príncipe del ejército del cielo, a Satanás y a los otros espíritus del mal, que recorren el mundo buscando la perdición de las almas, arrójalos al infierno con el poder de Dios.

Amén.

Día 5
Día 5

Las virtudes y la gracia que nos sostiene

16 minutos

Día quinto de la Novena a San Miguel Arcángel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración del coro angélico —
Dios y Señor de las virtudes, por las cuales haces milagros propios de Tu soberano poder, gobernando la naturaleza para que sirva a Tu gloria:

ofrézcote los merecimientos de estos prodigiosos espíritus y los de San Miguel, principal instrumento de todas las maravillas que se hacen en el mundo, para que me concedas que, vencidas las malas inclinaciones de mi corrompida naturaleza, conserve y aumente Tu gracia, y consiga lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.

— Consideración del día —
(Efesios 6, 10)
«Busquen su fuerza en el Señor y en el vigor de su poder».

San Pablo escribe a los cristianos de Éfeso que la fuerza para vivir como hijos de Dios viene del Señor. Con ella se puede resistir en el día malo y mantenerse en pie.

El coro de las virtudes es el de los ángeles por medio de los cuales Dios obra sus maravillas. La oración de hoy llama a San Miguel instrumento de esas maravillas, y pide a Dios la que más necesitamos: vencer las malas inclinaciones y crecer en su gracia.

Las malas inclinaciones no desaparecen de un día para otro. Se vencen poco a poco, con la oración, los sacramentos y la constancia en el bien.

También tú tienes una inclinación que te hace caer una y otra vez. Ponla hoy delante de Dios, busca en él la fuerza y decide algo concreto para corregirla.

Señor, que Tu gracia crezca en mí y me haga firme en el bien.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— En reverencia de los nueve coros —
(Rezamos nueve Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, en reverencia de los nueve coros de los ángeles y de San Miguel, su caudillo.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración a San Miguel —
Príncipe gloriosísimo, San Miguel, capitán y caudillo de los ejércitos celestiales, recibidor de las almas, vencedor de los malignos espíritus, ciudadano del Señor y gobernador, después de Jesucristo, de la Iglesia de Dios, y de gran excelencia y virtud: libra a todos los que te llamamos de toda adversidad, y haznos aprovechar en el servicio de Dios, por tu precioso oficio y dignísima intercesión.

Ruega por nosotros, beatísimo San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
Para que seamos dignos de las promesas de Dios.

— Oración —
Todopoderoso y sempiterno Dios, que por Tu grande clemencia, para la salud humana, deputaste al glorioso San Miguel Arcángel maravillosamente por Príncipe de la Iglesia: concédenos que por su ayuda saludable merezcamos aquí ser defendidos de todos los enemigos, y en la hora de nuestra muerte, libres y salvos, seamos presentados a Tu divina y soberana Majestad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Miguel el favor particular que deseas alcanzar.)

— Oración de León XIII —
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; protégenos contra la maldad y las trampas del diablo. Que Dios lo reprenda, te lo pedimos suplicantes; y tú, príncipe del ejército del cielo, a Satanás y a los otros espíritus del mal, que recorren el mundo buscando la perdición de las almas, arrójalos al infierno con el poder de Dios.

Amén.

Día 6
Día 6

Las dominaciones, ministros de la providencia

16 minutos

Día sexto de la Novena a San Miguel Arcángel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración del coro angélico —
Dios y Señor de las dominaciones, que presiden a los coros inferiores y son ministros de Tu providencia: ofrézcote los merecimientos de estos eminentísimos espíritus y los de Tu primer ministro, San Miguel, prepósito del paraíso, para que me concedas perfecto señorío sobre mis pasiones y perfecta obediencia a todos mis superiores, y la gracia que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.

— Consideración del día —
(Salmo 103 (102), 20-21)
«Bendigan al Señor, ángeles suyos, guerreros poderosos, que cumplen su palabra, atentos a la voz de su palabra. Bendigan al Señor, todos sus ejércitos, servidores suyos que hacen lo que le agrada».

El salmo invita a los ángeles a bendecir al Señor, y los describe atentos a su voz, dispuestos a cumplir lo que él quiere. Todo su poder está al servicio de la voluntad de Dios.

Las dominaciones presiden los coros más bajos y ordenan su servicio. La oración de hoy llama a San Miguel primer ministro de Dios, y pide dos gracias: señorío sobre las propias pasiones y obediencia a quienes nos guían.

Gobernarse a uno mismo cuesta más que gobernar a otros. Quien obedece a Dios aprende a dominar su enojo, su pereza y sus deseos.

También tú tienes a quien obedecer: en la familia, en el trabajo, en la Iglesia. Hazlo con sencillez, como los ángeles, que sirven con alegría.

Señor, enséñame a obedecerte en todo y a gobernar mis pasiones con Tu ayuda.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— En reverencia de los nueve coros —
(Rezamos nueve Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, en reverencia de los nueve coros de los ángeles y de San Miguel, su caudillo.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración a San Miguel —
Príncipe gloriosísimo, San Miguel, capitán y caudillo de los ejércitos celestiales, recibidor de las almas, vencedor de los malignos espíritus, ciudadano del Señor y gobernador, después de Jesucristo, de la Iglesia de Dios, y de gran excelencia y virtud: libra a todos los que te llamamos de toda adversidad, y haznos aprovechar en el servicio de Dios, por tu precioso oficio y dignísima intercesión.

Ruega por nosotros, beatísimo San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
Para que seamos dignos de las promesas de Dios.

— Oración —
Todopoderoso y sempiterno Dios, que por Tu grande clemencia, para la salud humana, deputaste al glorioso San Miguel Arcángel maravillosamente por Príncipe de la Iglesia: concédenos que por su ayuda saludable merezcamos aquí ser defendidos de todos los enemigos, y en la hora de nuestra muerte, libres y salvos, seamos presentados a Tu divina y soberana Majestad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Miguel el favor particular que deseas alcanzar.)

— Oración de León XIII —
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; protégenos contra la maldad y las trampas del diablo. Que Dios lo reprenda, te lo pedimos suplicantes; y tú, príncipe del ejército del cielo, a Satanás y a los otros espíritus del mal, que recorren el mundo buscando la perdición de las almas, arrójalos al infierno con el poder de Dios.

Amén.

Día 7
Día 7

Los tronos y el juicio de Dios

16 minutos

Día séptimo de la Novena a San Miguel Arcángel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración del coro angélico —
Dios y Señor de los tronos, en quien descansas como en trono de Tu gloria y te sientas como en tribunal de justicia: ofrézcote los merecimientos de estos altísimos espíritus y los de San Miguel Arcángel, trono de Tu grandeza y ministro supremo de Tu justicia, para que me concedas que yo me juzgue a mí mismo con rigor, para ser después juzgado con piedad, y consiga lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 14)
«Pon los ojos en ti mismo y guárdate de juzgar las obras ajenas».

Los tronos son los ángeles en quienes Dios descansa como en asiento de su gloria, y desde los cuales juzga con justicia. La oración de hoy llama a San Miguel ministro supremo de esa justicia.

El arte cristiano lo ha pintado muchas veces con una balanza, pesando las almas en la hora de la muerte. Es una imagen del juicio de Dios, que mira la vida entera con verdad y con misericordia.

La oración pide que nos juzguemos a nosotros mismos con rigor, para ser juzgados después con piedad. Ese es el camino del examen de conciencia y de la confesión.

También tú tiendes a ver antes las faltas de los demás que las tuyas. Esta noche, antes de dormir, repasa tu día delante de Dios y pídele perdón por lo que hayas hecho mal.

Señor, que me examine con verdad y confíe siempre en Tu misericordia.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— En reverencia de los nueve coros —
(Rezamos nueve Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, en reverencia de los nueve coros de los ángeles y de San Miguel, su caudillo.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración a San Miguel —
Príncipe gloriosísimo, San Miguel, capitán y caudillo de los ejércitos celestiales, recibidor de las almas, vencedor de los malignos espíritus, ciudadano del Señor y gobernador, después de Jesucristo, de la Iglesia de Dios, y de gran excelencia y virtud: libra a todos los que te llamamos de toda adversidad, y haznos aprovechar en el servicio de Dios, por tu precioso oficio y dignísima intercesión.

Ruega por nosotros, beatísimo San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
Para que seamos dignos de las promesas de Dios.

— Oración —
Todopoderoso y sempiterno Dios, que por Tu grande clemencia, para la salud humana, deputaste al glorioso San Miguel Arcángel maravillosamente por Príncipe de la Iglesia: concédenos que por su ayuda saludable merezcamos aquí ser defendidos de todos los enemigos, y en la hora de nuestra muerte, libres y salvos, seamos presentados a Tu divina y soberana Majestad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Miguel el favor particular que deseas alcanzar.)

— Oración de León XIII —
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; protégenos contra la maldad y las trampas del diablo. Que Dios lo reprenda, te lo pedimos suplicantes; y tú, príncipe del ejército del cielo, a Satanás y a los otros espíritus del mal, que recorren el mundo buscando la perdición de las almas, arrójalos al infierno con el poder de Dios.

Amén.

Día 8
Día 8

Los querubines y la verdadera sabiduría

16 minutos

Día octavo de la Novena a San Miguel Arcángel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración del coro angélico —
Dios y Señor de los querubines, que están adornados de perfectísima sabiduría: ofrézcote los merecimientos de estos sapientísimos espíritus y los de San Miguel, Príncipe de los sabios del cielo, por quien enseñas a Tu Iglesia las verdades que necesita saber, para que me enseñes a temerte y amarte, que es la mayor sabiduría, y me concedas lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 1)
«Vanidad de vanidades y todo vanidad, sino amar y servir solamente a Dios».

La Escritura pone querubines a la entrada del paraíso y sobre el arca de la alianza, junto a la presencia de Dios. La tradición los ha tenido por los ángeles de la sabiduría.

La oración de hoy llama a San Miguel príncipe de los sabios del cielo, y pide a Dios la mayor sabiduría, que es temerlo y amarlo. Ese temor es el respeto del hijo que no quiere ofender a su Padre, y crece junto con el amor.

Se puede saber mucho y vivir lejos de Dios. También se puede saber poco y conocerlo bien, porque se le ama y se le sirve.

También tú dedicas tiempo a aprender muchas cosas. Dedica cada día un rato a conocer a Dios, en su Palabra y en la oración.

Señor, dame la sabiduría de amarte y servirte cada día de mi vida.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— En reverencia de los nueve coros —
(Rezamos nueve Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, en reverencia de los nueve coros de los ángeles y de San Miguel, su caudillo.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración a San Miguel —
Príncipe gloriosísimo, San Miguel, capitán y caudillo de los ejércitos celestiales, recibidor de las almas, vencedor de los malignos espíritus, ciudadano del Señor y gobernador, después de Jesucristo, de la Iglesia de Dios, y de gran excelencia y virtud: libra a todos los que te llamamos de toda adversidad, y haznos aprovechar en el servicio de Dios, por tu precioso oficio y dignísima intercesión.

Ruega por nosotros, beatísimo San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
Para que seamos dignos de las promesas de Dios.

— Oración —
Todopoderoso y sempiterno Dios, que por Tu grande clemencia, para la salud humana, deputaste al glorioso San Miguel Arcángel maravillosamente por Príncipe de la Iglesia: concédenos que por su ayuda saludable merezcamos aquí ser defendidos de todos los enemigos, y en la hora de nuestra muerte, libres y salvos, seamos presentados a Tu divina y soberana Majestad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Miguel el favor particular que deseas alcanzar.)

— Oración de León XIII —
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; protégenos contra la maldad y las trampas del diablo. Que Dios lo reprenda, te lo pedimos suplicantes; y tú, príncipe del ejército del cielo, a Satanás y a los otros espíritus del mal, que recorren el mundo buscando la perdición de las almas, arrójalos al infierno con el poder de Dios.

Amén.

Día 9
Día 9

Los serafines y el amor a Dios

16 minutos

Día noveno de la Novena a San Miguel Arcángel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración del coro angélico —
Dios y Señor de los serafines, que se abrasan en Tu amor: ofrézcote los merecimientos de estos ardientísimos espíritus y los de Tu amado y amante San Miguel, para que yo te ame a Ti, único Dios y Señor mío, sobre todas las cosas, con toda el alma, con todo el corazón y con todas las fuerzas, y para que me concedas lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.

— Consideración del día —
(Mateo 22, 37)
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente».

El profeta Isaías vio a los serafines junto al trono de Dios, proclamando que él es santo. Su nombre recuerda el fuego, y la tradición los tiene por los ángeles que más arden en el amor de Dios.

La oración de hoy pide, por ellos y por San Miguel, lo que Jesús llama el mayor mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas, con toda el alma, con todo el corazón y con todas las fuerzas.

A ese amor se ordenan todos los coros de los ángeles, y también toda la vida cristiana. La fidelidad de San Miguel nació de ese amor.

También tú terminas hoy esta novena. Dile a Dios que quieres amarlo más, y deja que ese amor se note en tu manera de vivir.

Señor, que te ame sobre todas las cosas, y que San Miguel y todos los ángeles me acompañen hasta Tu presencia.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— En reverencia de los nueve coros —
(Rezamos nueve Padrenuestros, cada uno con su Avemaría, en reverencia de los nueve coros de los ángeles y de San Miguel, su caudillo.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración a San Miguel —
Príncipe gloriosísimo, San Miguel, capitán y caudillo de los ejércitos celestiales, recibidor de las almas, vencedor de los malignos espíritus, ciudadano del Señor y gobernador, después de Jesucristo, de la Iglesia de Dios, y de gran excelencia y virtud: libra a todos los que te llamamos de toda adversidad, y haznos aprovechar en el servicio de Dios, por tu precioso oficio y dignísima intercesión.

Ruega por nosotros, beatísimo San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
Para que seamos dignos de las promesas de Dios.

— Oración —
Todopoderoso y sempiterno Dios, que por Tu grande clemencia, para la salud humana, deputaste al glorioso San Miguel Arcángel maravillosamente por Príncipe de la Iglesia: concédenos que por su ayuda saludable merezcamos aquí ser defendidos de todos los enemigos, y en la hora de nuestra muerte, libres y salvos, seamos presentados a Tu divina y soberana Majestad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Miguel el favor particular que deseas alcanzar.)

— Oración de León XIII —
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; protégenos contra la maldad y las trampas del diablo. Que Dios lo reprenda, te lo pedimos suplicantes; y tú, príncipe del ejército del cielo, a Satanás y a los otros espíritus del mal, que recorren el mundo buscando la perdición de las almas, arrójalos al infierno con el poder de Dios.

Amén.

También hoy