Novena · 9 días

Novena a San Martín de Porres

Nueve días con fray Escoba hacia su fiesta

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

su niñez y su oficio de barbero y sanador

11 minutos

Día primero de la Novena a San Martín de Porres.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para todos los días —
¡Oh Dios misericordioso, que nos diste en San Martín un modelo perfecto de humildad, de penitencia y de caridad, y que, sin fijarte en su condición, sino en la fidelidad con que te servía, lo enalteciste hasta glorificarlo en Tu Reino, con los coros de los ángeles! Míranos con compasión y haz que sintamos el poder de su intercesión.

Y tú, glorioso San Martín, que solo viviste para Dios y para los demás; tú, siempre tan atento a socorrer a los necesitados, escucha con bondad a los que, admirando tus virtudes y confiando en tu intercesión, alabamos al Señor que tanto te engrandeció.

Ruega por nosotros al Señor, que con tanta fidelidad premió tus méritos con la gloria eterna, para que sintamos el fruto de tu gran caridad. Amén.

— Día primero —
(Imitación de Cristo 1, 15)
«Mucho hace el que mucho ama. Mucho hace el que todo lo hace bien».

Su madre había sido esclava, y su padre, un caballero, al principio no lo reconoció como hijo. Siendo niño, su padre se lo llevó con su hermana a Guayaquil, y al poco tiempo Martín volvió a Lima. Desde pequeño aprendió a conocer a Dios.

De muchacho entró como aprendiz en casa de un barbero. En aquel tiempo el barbero también curaba heridas y preparaba remedios, y Martín aprendió bien el oficio.

Se cuenta que le gustaba ese trabajo porque le permitía ayudar a los demás. Lo que aprendió entonces lo puso después al servicio de los enfermos y de los pobres.

También tú tienes un trabajo, en casa o fuera de ella, y quizá nadie lo ve. Hecho con amor y bien terminado, sirve a Dios y a los que viven contigo.

Ponlo hoy en manos del Señor, por intercesión de San Martín: Señor, que haga bien mi trabajo y que con él sirva a los demás.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración propia de la novena —
Glorioso San Martín de Porres, desde niño supiste que eras hijo amado de Dios, y esa alegría no te la quitaron ni tu origen humilde ni el desprecio que sufriste por el color de tu piel. Quisiste ser el último de todos y serviste a cada uno con gusto.

Mira cuánto necesito de tu ejemplo para vivir como cristiano. Alcánzame de Dios la gracia de aprender bien un oficio y de hacer rendir los dones que él me dio, para ser útil a los demás y sobre todo a mi familia.

Te llamaban Martín el bueno, porque no guardaste amargura contra nadie, ni siquiera contra los que te despreciaron, y a tanto mal respondiste siempre con bien. Haz que yo, y tantos que hoy viven heridos en su orgullo, aprendamos de ti a ser pacientes y amables, y a vencer el mal a fuerza de bien.

Ahora que estás en la gloria de Dios, me animas a luchar contra el mal como tú luchaste. Obtenme fuerza contra mis flaquezas, el orgullo, la codicia y los deseos desordenados, para que también yo alcance la victoria. Bendíceme a mí y a los míos, y ayúdanos como ayudabas a tu madre, a tu hermana y a los más pobres.

En ti se complació Dios, y por ti obró maravillas en favor de los que sufrían; tu humildad nos acerca a él. Desde ahora te agradezco tu intercesión, y con confianza te pido que me alcances de Dios la gracia que deseo en esta novena:

(Menciona el favor que deseas.)

— Un Padrenuestro y tres Avemarías —
(Rezamos un Padrenuestro y tres Avemarías.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
¡Oh dichoso Martín, hijo de una esclava, que en tu humilde condición te dejaste llevar por la mano de Dios desde niño: alcánzanos ponernos en todo en las manos de la Providencia! Como tú, aceptamos con gusto la voluntad del Señor y lo que él quiere para nosotros.

Tú nos enseñas que el Señor es generoso con quien es bueno con él; por eso queremos servirle con fidelidad. Ayúdanos, bondadoso Martín, y ruega por nosotros a Jesús, a quien tanto amas, Dios verdadero, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 2
Día 2

su fe y su catequesis

10 minutos

Día segundo de la Novena a San Martín de Porres.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para todos los días —
¡Oh Dios misericordioso, que nos diste en San Martín un modelo perfecto de humildad, de penitencia y de caridad, y que, sin fijarte en su condición, sino en la fidelidad con que te servía, lo enalteciste hasta glorificarlo en Tu Reino, con los coros de los ángeles! Míranos con compasión y haz que sintamos el poder de su intercesión.

Y tú, glorioso San Martín, que solo viviste para Dios y para los demás; tú, siempre tan atento a socorrer a los necesitados, escucha con bondad a los que, admirando tus virtudes y confiando en tu intercesión, alabamos al Señor que tanto te engrandeció.

Ruega por nosotros al Señor, que con tanta fidelidad premió tus méritos con la gloria eterna, para que sintamos el fruto de tu gran caridad. Amén.

— Día segundo —
(Mateo 11, 25)
«Padre, Señor del cielo y de la tierra: te alabo, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y se las mostraste a los pequeños».

Martín no fue a la universidad. Conoció a Dios en la oración y en la misa, y guardó la fe que había recibido de niño como su mayor tesoro.

En sus ratos libres enseñaba la doctrina cristiana a los esclavos y a los trabajadores del campo. Les hablaba de Dios con palabras sencillas y los consolaba en sus penas.

Según los que lo conocieron, también hombres instruidos acudían a él a consultarle, y se admiraban de la claridad con que hablaba de las cosas de Dios.

También tú puedes hablar de Dios sin haber estudiado mucho. Te basta la fe que recibiste y el deseo de compartirla con los que tienes cerca.

Hoy pídele al Señor esta gracia: Señor, aumenta mi fe y dame palabras sencillas para hablar de Ti a los que quiero.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración propia de la novena —
Glorioso San Martín de Porres, desde niño supiste que eras hijo amado de Dios, y esa alegría no te la quitaron ni tu origen humilde ni el desprecio que sufriste por el color de tu piel. Quisiste ser el último de todos y serviste a cada uno con gusto.

Mira cuánto necesito de tu ejemplo para vivir como cristiano. Alcánzame de Dios la gracia de aprender bien un oficio y de hacer rendir los dones que él me dio, para ser útil a los demás y sobre todo a mi familia.

Te llamaban Martín el bueno, porque no guardaste amargura contra nadie, ni siquiera contra los que te despreciaron, y a tanto mal respondiste siempre con bien. Haz que yo, y tantos que hoy viven heridos en su orgullo, aprendamos de ti a ser pacientes y amables, y a vencer el mal a fuerza de bien.

Ahora que estás en la gloria de Dios, me animas a luchar contra el mal como tú luchaste. Obtenme fuerza contra mis flaquezas, el orgullo, la codicia y los deseos desordenados, para que también yo alcance la victoria. Bendíceme a mí y a los míos, y ayúdanos como ayudabas a tu madre, a tu hermana y a los más pobres.

En ti se complació Dios, y por ti obró maravillas en favor de los que sufrían; tu humildad nos acerca a él. Desde ahora te agradezco tu intercesión, y con confianza te pido que me alcances de Dios la gracia que deseo en esta novena:

(Menciona el favor que deseas.)

— Un Padrenuestro y tres Avemarías —
(Rezamos un Padrenuestro y tres Avemarías.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
¡Oh dichoso Martín, hijo de una esclava, que en tu humilde condición te dejaste llevar por la mano de Dios desde niño: alcánzanos ponernos en todo en las manos de la Providencia! Como tú, aceptamos con gusto la voluntad del Señor y lo que él quiere para nosotros.

Tú nos enseñas que el Señor es generoso con quien es bueno con él; por eso queremos servirle con fidelidad. Ayúdanos, bondadoso Martín, y ruega por nosotros a Jesús, a quien tanto amas, Dios verdadero, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 3
Día 3

su humildad y su penitencia

11 minutos

Día tercero de la Novena a San Martín de Porres.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para todos los días —
¡Oh Dios misericordioso, que nos diste en San Martín un modelo perfecto de humildad, de penitencia y de caridad, y que, sin fijarte en su condición, sino en la fidelidad con que te servía, lo enalteciste hasta glorificarlo en Tu Reino, con los coros de los ángeles! Míranos con compasión y haz que sintamos el poder de su intercesión.

Y tú, glorioso San Martín, que solo viviste para Dios y para los demás; tú, siempre tan atento a socorrer a los necesitados, escucha con bondad a los que, admirando tus virtudes y confiando en tu intercesión, alabamos al Señor que tanto te engrandeció.

Ruega por nosotros al Señor, que con tanta fidelidad premió tus méritos con la gloria eterna, para que sintamos el fruto de tu gran caridad. Amén.

— Día tercero —
(Imitación de Cristo 1, 7)
«No te daña si te pusieres debajo de todos; mas es muy dañoso que te antepongas a solo uno».

Martín entró en el convento de los dominicos como donado, el último lugar de la casa, porque por su origen no lo admitían como fraile. El 2 de junio de 1603 hizo su profesión religiosa.

Barría los claustros, lavaba la ropa y atendía la enfermería. Lo llamaron fray Escoba, y él llevaba ese nombre con alegría. Hacía además penitencia en secreto, para unirse a Cristo en su Pasión.

Se cuenta que una vez el convento estaba lleno de deudas, y Martín le propuso al prior que lo vendiera como esclavo para pagarlas. El prior no quiso, y quedó admirado de su humildad.

También tú puedes elegir el último lugar en las cosas pequeñas: dejar la razón a otro o servir sin que se note.

Reza hoy con él: Señor, que miras a los humildes, dame por intercesión de San Martín un corazón sencillo y contento de servir.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración propia de la novena —
Glorioso San Martín de Porres, desde niño supiste que eras hijo amado de Dios, y esa alegría no te la quitaron ni tu origen humilde ni el desprecio que sufriste por el color de tu piel. Quisiste ser el último de todos y serviste a cada uno con gusto.

Mira cuánto necesito de tu ejemplo para vivir como cristiano. Alcánzame de Dios la gracia de aprender bien un oficio y de hacer rendir los dones que él me dio, para ser útil a los demás y sobre todo a mi familia.

Te llamaban Martín el bueno, porque no guardaste amargura contra nadie, ni siquiera contra los que te despreciaron, y a tanto mal respondiste siempre con bien. Haz que yo, y tantos que hoy viven heridos en su orgullo, aprendamos de ti a ser pacientes y amables, y a vencer el mal a fuerza de bien.

Ahora que estás en la gloria de Dios, me animas a luchar contra el mal como tú luchaste. Obtenme fuerza contra mis flaquezas, el orgullo, la codicia y los deseos desordenados, para que también yo alcance la victoria. Bendíceme a mí y a los míos, y ayúdanos como ayudabas a tu madre, a tu hermana y a los más pobres.

En ti se complació Dios, y por ti obró maravillas en favor de los que sufrían; tu humildad nos acerca a él. Desde ahora te agradezco tu intercesión, y con confianza te pido que me alcances de Dios la gracia que deseo en esta novena:

(Menciona el favor que deseas.)

— Un Padrenuestro y tres Avemarías —
(Rezamos un Padrenuestro y tres Avemarías.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
¡Oh dichoso Martín, hijo de una esclava, que en tu humilde condición te dejaste llevar por la mano de Dios desde niño: alcánzanos ponernos en todo en las manos de la Providencia! Como tú, aceptamos con gusto la voluntad del Señor y lo que él quiere para nosotros.

Tú nos enseñas que el Señor es generoso con quien es bueno con él; por eso queremos servirle con fidelidad. Ayúdanos, bondadoso Martín, y ruega por nosotros a Jesús, a quien tanto amas, Dios verdadero, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 4
Día 4

sus prodigios con los enfermos

11 minutos

Día cuarto de la Novena a San Martín de Porres.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para todos los días —
¡Oh Dios misericordioso, que nos diste en San Martín un modelo perfecto de humildad, de penitencia y de caridad, y que, sin fijarte en su condición, sino en la fidelidad con que te servía, lo enalteciste hasta glorificarlo en Tu Reino, con los coros de los ángeles! Míranos con compasión y haz que sintamos el poder de su intercesión.

Y tú, glorioso San Martín, que solo viviste para Dios y para los demás; tú, siempre tan atento a socorrer a los necesitados, escucha con bondad a los que, admirando tus virtudes y confiando en tu intercesión, alabamos al Señor que tanto te engrandeció.

Ruega por nosotros al Señor, que con tanta fidelidad premió tus méritos con la gloria eterna, para que sintamos el fruto de tu gran caridad. Amén.

— Día cuarto —
(Eclesiástico 38, 9)
«Hijo, en tu enfermedad no te descuides: reza al Señor, y él te sanará».

En el convento, Martín cuidaba a los enfermos de día y de noche. Conocía los remedios y las hierbas, y en cada cura ponía su oficio y su oración.

Muchos contaban que sanaban cuando él los atendía. Se le atribuye una frase que lo resume: «Yo te curo, Dios te sana».

Los testigos cuentan también que, cuando alguien le daba las gracias por una curación, él le pedía que se las diera a Dios. Sabía que la salud la concede el Señor.

También tú conoces a personas enfermas, quizá en tu propia casa. Visítalas, cuídalas como puedas y encomiéndalas a Dios; y recuerda que la Iglesia les ofrece la unción de los enfermos.

Encomiéndalas hoy al Señor: Señor, que eres la salud de los enfermos, sana a los que hoy te presento y dales paciencia en su dolor.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración propia de la novena —
Glorioso San Martín de Porres, desde niño supiste que eras hijo amado de Dios, y esa alegría no te la quitaron ni tu origen humilde ni el desprecio que sufriste por el color de tu piel. Quisiste ser el último de todos y serviste a cada uno con gusto.

Mira cuánto necesito de tu ejemplo para vivir como cristiano. Alcánzame de Dios la gracia de aprender bien un oficio y de hacer rendir los dones que él me dio, para ser útil a los demás y sobre todo a mi familia.

Te llamaban Martín el bueno, porque no guardaste amargura contra nadie, ni siquiera contra los que te despreciaron, y a tanto mal respondiste siempre con bien. Haz que yo, y tantos que hoy viven heridos en su orgullo, aprendamos de ti a ser pacientes y amables, y a vencer el mal a fuerza de bien.

Ahora que estás en la gloria de Dios, me animas a luchar contra el mal como tú luchaste. Obtenme fuerza contra mis flaquezas, el orgullo, la codicia y los deseos desordenados, para que también yo alcance la victoria. Bendíceme a mí y a los míos, y ayúdanos como ayudabas a tu madre, a tu hermana y a los más pobres.

En ti se complació Dios, y por ti obró maravillas en favor de los que sufrían; tu humildad nos acerca a él. Desde ahora te agradezco tu intercesión, y con confianza te pido que me alcances de Dios la gracia que deseo en esta novena:

(Menciona el favor que deseas.)

— Un Padrenuestro y tres Avemarías —
(Rezamos un Padrenuestro y tres Avemarías.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
¡Oh dichoso Martín, hijo de una esclava, que en tu humilde condición te dejaste llevar por la mano de Dios desde niño: alcánzanos ponernos en todo en las manos de la Providencia! Como tú, aceptamos con gusto la voluntad del Señor y lo que él quiere para nosotros.

Tú nos enseñas que el Señor es generoso con quien es bueno con él; por eso queremos servirle con fidelidad. Ayúdanos, bondadoso Martín, y ruega por nosotros a Jesús, a quien tanto amas, Dios verdadero, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 5
Día 5

El padre de los pobres

11 minutos

Día quinto de la Novena a San Martín de Porres.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para todos los días —
¡Oh Dios misericordioso, que nos diste en San Martín un modelo perfecto de humildad, de penitencia y de caridad, y que, sin fijarte en su condición, sino en la fidelidad con que te servía, lo enalteciste hasta glorificarlo en Tu Reino, con los coros de los ángeles! Míranos con compasión y haz que sintamos el poder de su intercesión.

Y tú, glorioso San Martín, que solo viviste para Dios y para los demás; tú, siempre tan atento a socorrer a los necesitados, escucha con bondad a los que, admirando tus virtudes y confiando en tu intercesión, alabamos al Señor que tanto te engrandeció.

Ruega por nosotros al Señor, que con tanta fidelidad premió tus méritos con la gloria eterna, para que sintamos el fruto de tu gran caridad. Amén.

— Día quinto —
(Mateo 25, 40)
«Les aseguro que todo lo que hicieron a uno de estos hermanos míos, los más pequeños, a mí me lo hicieron».

A la puerta del convento llegaban cada día muchos pobres, y Martín los atendía a todos. Pedía limosna a los que tenían más para poder repartirla entre los que no tenían nada.

Por eso lo llamaban padre de los pobres. No hacía diferencias entre unos y otros, porque en cada uno veía a Cristo necesitado.

Se cuenta que una mujer en apuros lo llamó desde lejos, sin poder ir a buscarlo, y que al poco rato Martín llegó con la ayuda que le hacía falta.

También tú tienes cerca a alguien que pasa necesidad, aunque no siempre lo diga. Lo que hagas por él, aunque sea poco, se lo haces a Cristo.

Pídele hoy al Señor un corazón generoso: Señor, abre mis manos a los pobres y enséñame a reconocerte en ellos.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración propia de la novena —
Glorioso San Martín de Porres, desde niño supiste que eras hijo amado de Dios, y esa alegría no te la quitaron ni tu origen humilde ni el desprecio que sufriste por el color de tu piel. Quisiste ser el último de todos y serviste a cada uno con gusto.

Mira cuánto necesito de tu ejemplo para vivir como cristiano. Alcánzame de Dios la gracia de aprender bien un oficio y de hacer rendir los dones que él me dio, para ser útil a los demás y sobre todo a mi familia.

Te llamaban Martín el bueno, porque no guardaste amargura contra nadie, ni siquiera contra los que te despreciaron, y a tanto mal respondiste siempre con bien. Haz que yo, y tantos que hoy viven heridos en su orgullo, aprendamos de ti a ser pacientes y amables, y a vencer el mal a fuerza de bien.

Ahora que estás en la gloria de Dios, me animas a luchar contra el mal como tú luchaste. Obtenme fuerza contra mis flaquezas, el orgullo, la codicia y los deseos desordenados, para que también yo alcance la victoria. Bendíceme a mí y a los míos, y ayúdanos como ayudabas a tu madre, a tu hermana y a los más pobres.

En ti se complació Dios, y por ti obró maravillas en favor de los que sufrían; tu humildad nos acerca a él. Desde ahora te agradezco tu intercesión, y con confianza te pido que me alcances de Dios la gracia que deseo en esta novena:

(Menciona el favor que deseas.)

— Un Padrenuestro y tres Avemarías —
(Rezamos un Padrenuestro y tres Avemarías.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
¡Oh dichoso Martín, hijo de una esclava, que en tu humilde condición te dejaste llevar por la mano de Dios desde niño: alcánzanos ponernos en todo en las manos de la Providencia! Como tú, aceptamos con gusto la voluntad del Señor y lo que él quiere para nosotros.

Tú nos enseñas que el Señor es generoso con quien es bueno con él; por eso queremos servirle con fidelidad. Ayúdanos, bondadoso Martín, y ruega por nosotros a Jesús, a quien tanto amas, Dios verdadero, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 6
Día 6

su amor a Dios y su oración

11 minutos

Día sexto de la Novena a San Martín de Porres.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para todos los días —
¡Oh Dios misericordioso, que nos diste en San Martín un modelo perfecto de humildad, de penitencia y de caridad, y que, sin fijarte en su condición, sino en la fidelidad con que te servía, lo enalteciste hasta glorificarlo en Tu Reino, con los coros de los ángeles! Míranos con compasión y haz que sintamos el poder de su intercesión.

Y tú, glorioso San Martín, que solo viviste para Dios y para los demás; tú, siempre tan atento a socorrer a los necesitados, escucha con bondad a los que, admirando tus virtudes y confiando en tu intercesión, alabamos al Señor que tanto te engrandeció.

Ruega por nosotros al Señor, que con tanta fidelidad premió tus méritos con la gloria eterna, para que sintamos el fruto de tu gran caridad. Amén.

— Día sexto —
(Imitación de Cristo 2, 8)
«Cuando Jesús está presente, todo es bueno y no parece cosa difícil».

Todo lo que Martín hacía nacía de su amor a Dios. Pasaba muchas horas de la noche en oración ante el crucifijo, y se preparaba con cuidado para recibir la comunión.

Los que vivieron con él contaban que a veces, mientras rezaba, se quedaba como fuera de sí. Sobre todo, vivía una amistad sencilla con Jesús, que le daba fuerzas para servir.

De la oración salía a la portería, a la enfermería y a la calle. En su vida, el amor a Dios y el amor al prójimo iban siempre juntos.

También tú puedes buscar cada día un rato para estar con Jesús, aunque sea breve. Con él cerca, las tareas pesan menos y se hacen con más paz.

Díselo hoy a Jesús: Señor, enséñame a orar, y que de mi oración nazca el servicio a los demás.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración propia de la novena —
Glorioso San Martín de Porres, desde niño supiste que eras hijo amado de Dios, y esa alegría no te la quitaron ni tu origen humilde ni el desprecio que sufriste por el color de tu piel. Quisiste ser el último de todos y serviste a cada uno con gusto.

Mira cuánto necesito de tu ejemplo para vivir como cristiano. Alcánzame de Dios la gracia de aprender bien un oficio y de hacer rendir los dones que él me dio, para ser útil a los demás y sobre todo a mi familia.

Te llamaban Martín el bueno, porque no guardaste amargura contra nadie, ni siquiera contra los que te despreciaron, y a tanto mal respondiste siempre con bien. Haz que yo, y tantos que hoy viven heridos en su orgullo, aprendamos de ti a ser pacientes y amables, y a vencer el mal a fuerza de bien.

Ahora que estás en la gloria de Dios, me animas a luchar contra el mal como tú luchaste. Obtenme fuerza contra mis flaquezas, el orgullo, la codicia y los deseos desordenados, para que también yo alcance la victoria. Bendíceme a mí y a los míos, y ayúdanos como ayudabas a tu madre, a tu hermana y a los más pobres.

En ti se complació Dios, y por ti obró maravillas en favor de los que sufrían; tu humildad nos acerca a él. Desde ahora te agradezco tu intercesión, y con confianza te pido que me alcances de Dios la gracia que deseo en esta novena:

(Menciona el favor que deseas.)

— Un Padrenuestro y tres Avemarías —
(Rezamos un Padrenuestro y tres Avemarías.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
¡Oh dichoso Martín, hijo de una esclava, que en tu humilde condición te dejaste llevar por la mano de Dios desde niño: alcánzanos ponernos en todo en las manos de la Providencia! Como tú, aceptamos con gusto la voluntad del Señor y lo que él quiere para nosotros.

Tú nos enseñas que el Señor es generoso con quien es bueno con él; por eso queremos servirle con fidelidad. Ayúdanos, bondadoso Martín, y ruega por nosotros a Jesús, a quien tanto amas, Dios verdadero, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 7
Día 7

su muerte

10 minutos

Día séptimo de la Novena a San Martín de Porres.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para todos los días —
¡Oh Dios misericordioso, que nos diste en San Martín un modelo perfecto de humildad, de penitencia y de caridad, y que, sin fijarte en su condición, sino en la fidelidad con que te servía, lo enalteciste hasta glorificarlo en Tu Reino, con los coros de los ángeles! Míranos con compasión y haz que sintamos el poder de su intercesión.

Y tú, glorioso San Martín, que solo viviste para Dios y para los demás; tú, siempre tan atento a socorrer a los necesitados, escucha con bondad a los que, admirando tus virtudes y confiando en tu intercesión, alabamos al Señor que tanto te engrandeció.

Ruega por nosotros al Señor, que con tanta fidelidad premió tus méritos con la gloria eterna, para que sintamos el fruto de tu gran caridad. Amén.

— Día séptimo —
(Imitación de Cristo 1, 23)
«Trata ahora de vivir de modo que en la hora de la muerte puedas más bien alegrarte que temer».

Martín murió en su convento el 3 de noviembre de 1639, cuando le faltaba poco para cumplir sesenta años. Se cuenta que sabía que se acercaba su hora y que la esperó con paz.

Recibió los sacramentos, y muchos fueron a despedirse de él, desde los pobres hasta las autoridades de la ciudad. Mientras los frailes rezaban el Credo, al llegar a las palabras que confiesan que el Hijo de Dios se hizo hombre, estrechó el crucifijo y expiró.

Había servido toda la vida a Cristo en los pobres, y fue a su encuentro con serenidad.

También tú puedes prepararte para ese día sin miedo, viviendo cada jornada cerca de Dios y en paz con los demás.

Ora hoy con confianza: Señor, que viva de tal modo que la hora de mi muerte sea la hora del encuentro Contigo.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración propia de la novena —
Glorioso San Martín de Porres, desde niño supiste que eras hijo amado de Dios, y esa alegría no te la quitaron ni tu origen humilde ni el desprecio que sufriste por el color de tu piel. Quisiste ser el último de todos y serviste a cada uno con gusto.

Mira cuánto necesito de tu ejemplo para vivir como cristiano. Alcánzame de Dios la gracia de aprender bien un oficio y de hacer rendir los dones que él me dio, para ser útil a los demás y sobre todo a mi familia.

Te llamaban Martín el bueno, porque no guardaste amargura contra nadie, ni siquiera contra los que te despreciaron, y a tanto mal respondiste siempre con bien. Haz que yo, y tantos que hoy viven heridos en su orgullo, aprendamos de ti a ser pacientes y amables, y a vencer el mal a fuerza de bien.

Ahora que estás en la gloria de Dios, me animas a luchar contra el mal como tú luchaste. Obtenme fuerza contra mis flaquezas, el orgullo, la codicia y los deseos desordenados, para que también yo alcance la victoria. Bendíceme a mí y a los míos, y ayúdanos como ayudabas a tu madre, a tu hermana y a los más pobres.

En ti se complació Dios, y por ti obró maravillas en favor de los que sufrían; tu humildad nos acerca a él. Desde ahora te agradezco tu intercesión, y con confianza te pido que me alcances de Dios la gracia que deseo en esta novena:

(Menciona el favor que deseas.)

— Un Padrenuestro y tres Avemarías —
(Rezamos un Padrenuestro y tres Avemarías.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
¡Oh dichoso Martín, hijo de una esclava, que en tu humilde condición te dejaste llevar por la mano de Dios desde niño: alcánzanos ponernos en todo en las manos de la Providencia! Como tú, aceptamos con gusto la voluntad del Señor y lo que él quiere para nosotros.

Tú nos enseñas que el Señor es generoso con quien es bueno con él; por eso queremos servirle con fidelidad. Ayúdanos, bondadoso Martín, y ruega por nosotros a Jesús, a quien tanto amas, Dios verdadero, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 8
Día 8

Los milagros después de su muerte

11 minutos

Día octavo de la Novena a San Martín de Porres.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para todos los días —
¡Oh Dios misericordioso, que nos diste en San Martín un modelo perfecto de humildad, de penitencia y de caridad, y que, sin fijarte en su condición, sino en la fidelidad con que te servía, lo enalteciste hasta glorificarlo en Tu Reino, con los coros de los ángeles! Míranos con compasión y haz que sintamos el poder de su intercesión.

Y tú, glorioso San Martín, que solo viviste para Dios y para los demás; tú, siempre tan atento a socorrer a los necesitados, escucha con bondad a los que, admirando tus virtudes y confiando en tu intercesión, alabamos al Señor que tanto te engrandeció.

Ruega por nosotros al Señor, que con tanta fidelidad premió tus méritos con la gloria eterna, para que sintamos el fruto de tu gran caridad. Amén.

— Día octavo —
(Sabiduría 3, 1)
«Las almas de los justos están en la mano de Dios, y no llegará a tocarlas ningún tormento».

Después de su muerte, mucha gente siguió acudiendo a fray Martín. Los enfermos y los pobres que él había atendido le pedían ahora, con la misma confianza, que rezara por ellos ante Dios.

En el proceso de su beatificación, los testigos contaron muchas gracias atribuidas a su intercesión: curaciones, partos difíciles que terminaron bien, necesidades remediadas.

La Iglesia enseña que los santos, que ya viven con Dios, no se olvidan de nosotros. Interceden por los que seguimos en camino, y es Dios quien concede.

También tú puedes confiarle a San Martín lo que te preocupa, para que lo presente a Dios, y recibir con confianza lo que el Señor disponga.

Dile hoy al Señor: Señor, que glorificas a Tus santos, escucha la oración de San Martín por nosotros y danos lo que nos conviene.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración propia de la novena —
Glorioso San Martín de Porres, desde niño supiste que eras hijo amado de Dios, y esa alegría no te la quitaron ni tu origen humilde ni el desprecio que sufriste por el color de tu piel. Quisiste ser el último de todos y serviste a cada uno con gusto.

Mira cuánto necesito de tu ejemplo para vivir como cristiano. Alcánzame de Dios la gracia de aprender bien un oficio y de hacer rendir los dones que él me dio, para ser útil a los demás y sobre todo a mi familia.

Te llamaban Martín el bueno, porque no guardaste amargura contra nadie, ni siquiera contra los que te despreciaron, y a tanto mal respondiste siempre con bien. Haz que yo, y tantos que hoy viven heridos en su orgullo, aprendamos de ti a ser pacientes y amables, y a vencer el mal a fuerza de bien.

Ahora que estás en la gloria de Dios, me animas a luchar contra el mal como tú luchaste. Obtenme fuerza contra mis flaquezas, el orgullo, la codicia y los deseos desordenados, para que también yo alcance la victoria. Bendíceme a mí y a los míos, y ayúdanos como ayudabas a tu madre, a tu hermana y a los más pobres.

En ti se complació Dios, y por ti obró maravillas en favor de los que sufrían; tu humildad nos acerca a él. Desde ahora te agradezco tu intercesión, y con confianza te pido que me alcances de Dios la gracia que deseo en esta novena:

(Menciona el favor que deseas.)

— Un Padrenuestro y tres Avemarías —
(Rezamos un Padrenuestro y tres Avemarías.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
¡Oh dichoso Martín, hijo de una esclava, que en tu humilde condición te dejaste llevar por la mano de Dios desde niño: alcánzanos ponernos en todo en las manos de la Providencia! Como tú, aceptamos con gusto la voluntad del Señor y lo que él quiere para nosotros.

Tú nos enseñas que el Señor es generoso con quien es bueno con él; por eso queremos servirle con fidelidad. Ayúdanos, bondadoso Martín, y ruega por nosotros a Jesús, a quien tanto amas, Dios verdadero, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 9
Día 9

El proceso en Roma y su glorificación

11 minutos

Día noveno de la Novena a San Martín de Porres.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para todos los días —
¡Oh Dios misericordioso, que nos diste en San Martín un modelo perfecto de humildad, de penitencia y de caridad, y que, sin fijarte en su condición, sino en la fidelidad con que te servía, lo enalteciste hasta glorificarlo en Tu Reino, con los coros de los ángeles! Míranos con compasión y haz que sintamos el poder de su intercesión.

Y tú, glorioso San Martín, que solo viviste para Dios y para los demás; tú, siempre tan atento a socorrer a los necesitados, escucha con bondad a los que, admirando tus virtudes y confiando en tu intercesión, alabamos al Señor que tanto te engrandeció.

Ruega por nosotros al Señor, que con tanta fidelidad premió tus méritos con la gloria eterna, para que sintamos el fruto de tu gran caridad. Amén.

— Día noveno —
(Lucas 1, 52)
«Bajó a los poderosos de sus tronos y puso en alto a los humildes».

La fama de santidad de fray Martín creció con los años. La Iglesia estudió su vida con cuidado y escuchó a muchos testigos.

Fue beatificado en 1837, y el 6 de mayo de 1962 el papa Juan XXIII lo declaró santo. El hijo de una mujer que había sido esclava, despreciado por muchos por el color de su piel, es venerado hoy por la Iglesia entera.

Es lo que cantó la Virgen: Dios pone en alto a los humildes. La gloria de Martín es obra de Dios, que miró su humildad.

También tú puedes aprender de él a no despreciar a nadie. Toda persona tiene la dignidad de hijo de Dios, sea cual sea su origen.

En este último día de la novena, reza así: Señor, que enalteces a los humildes, haz que tratemos a todos como hermanos, por intercesión de San Martín de Porres.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración propia de la novena —
Glorioso San Martín de Porres, desde niño supiste que eras hijo amado de Dios, y esa alegría no te la quitaron ni tu origen humilde ni el desprecio que sufriste por el color de tu piel. Quisiste ser el último de todos y serviste a cada uno con gusto.

Mira cuánto necesito de tu ejemplo para vivir como cristiano. Alcánzame de Dios la gracia de aprender bien un oficio y de hacer rendir los dones que él me dio, para ser útil a los demás y sobre todo a mi familia.

Te llamaban Martín el bueno, porque no guardaste amargura contra nadie, ni siquiera contra los que te despreciaron, y a tanto mal respondiste siempre con bien. Haz que yo, y tantos que hoy viven heridos en su orgullo, aprendamos de ti a ser pacientes y amables, y a vencer el mal a fuerza de bien.

Ahora que estás en la gloria de Dios, me animas a luchar contra el mal como tú luchaste. Obtenme fuerza contra mis flaquezas, el orgullo, la codicia y los deseos desordenados, para que también yo alcance la victoria. Bendíceme a mí y a los míos, y ayúdanos como ayudabas a tu madre, a tu hermana y a los más pobres.

En ti se complació Dios, y por ti obró maravillas en favor de los que sufrían; tu humildad nos acerca a él. Desde ahora te agradezco tu intercesión, y con confianza te pido que me alcances de Dios la gracia que deseo en esta novena:

(Menciona el favor que deseas.)

— Un Padrenuestro y tres Avemarías —
(Rezamos un Padrenuestro y tres Avemarías.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
¡Oh dichoso Martín, hijo de una esclava, que en tu humilde condición te dejaste llevar por la mano de Dios desde niño: alcánzanos ponernos en todo en las manos de la Providencia! Como tú, aceptamos con gusto la voluntad del Señor y lo que él quiere para nosotros.

Tú nos enseñas que el Señor es generoso con quien es bueno con él; por eso queremos servirle con fidelidad. Ayúdanos, bondadoso Martín, y ruega por nosotros a Jesús, a quien tanto amas, Dios verdadero, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

También hoy