Novena · 9 días
Novena a San José dormido
Nueve días para aprender a descansar en Dios
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
San José, padre de las vocaciones
Día primero de la Novena a San José dormido.
— Inicio —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración introductoria —
Dios, Padre bueno, danos amor a la vida que nos regalas y confianza en Tu providencia para afrontar cualquier dificultad, como San José, el hombre justo, que recibió con fe los contratiempos y los superó apoyado en Ti.
Que en estos días de novena San José nos acompañe y nos guíe, para que te alabemos con toda nuestra vida y, al final de ella, gocemos de Ti para siempre. Por Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
— San José, padre de las vocaciones —
(Mateo 1, 20)
«José, hijo de David, no tengas miedo de tomar contigo a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella es obra del Espíritu Santo».
Dios llamó a José en medio de una noche de dudas. No se lo explicó todo: le pidió que no tuviera miedo y que recibiera a María y al niño que ella esperaba.
José respondió sin palabras. Al despertar hizo lo que el ángel le había mandado, y desde entonces puso su vida al servicio de Jesús y de su madre.
Por eso lo miran como modelo los que se preparan para el sacerdocio o la vida consagrada, y también los padres de familia: toda vocación pide dar la vida por otros.
También tú has recibido una llamada de Dios, en tu estado de vida, en tu familia, en tu trabajo. Acógela con humildad y con alegría, aunque todavía no veas adónde te lleva.
Señor, por intercesión de San José, dame un corazón generoso para responderte, y envía a Tu Iglesia vocaciones santas.
(Silencio y meditación. Escribe el favor que pides, o lo que quieres recordar.)
— Oración final —
Oh glorioso San José, Patriarca y esposo de la Virgen María, ampáranos con tu protección de padre; te lo pedimos por el Sagrado Corazón de Jesucristo, nuestro Señor.
Tú, que con tu protección alcanzas a todas las necesidades y sabes hacer posible lo que parece imposible, vuelve tus ojos de padre hacia lo que preocupa a tus hijos. Con confianza acudimos a ti en las angustias y penas que nos afligen; toma con caridad bajo tu protección este asunto importante y difícil que tanto nos inquieta:
(Repite con gran fe la petición.)
Alcánzanos que tenga un final feliz, para gloria de Dios y bien de los que le aman y le sirven. Así sea.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
San José, padre de las misiones
Día segundo de la Novena a San José dormido.
— Inicio —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración introductoria —
Dios, Padre bueno, danos amor a la vida que nos regalas y confianza en Tu providencia para afrontar cualquier dificultad, como San José, el hombre justo, que recibió con fe los contratiempos y los superó apoyado en Ti.
Que en estos días de novena San José nos acompañe y nos guíe, para que te alabemos con toda nuestra vida y, al final de ella, gocemos de Ti para siempre. Por Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
— San José, padre de las misiones —
(Imitación de Cristo 3, 15)
«Hijo, a cualquier cosa di así: Señor, si te agradare, hágase esto así».
José tenía sus planes, y Dios le confió una misión que él no esperaba: cuidar del Hijo de Dios y de su madre.
No se le dio a entender todo de una vez. Recibió cada paso cuando hacía falta: Belén, Egipto, Nazaret. Y a cada paso se fió de Dios.
Así se vive toda misión: se va a donde Dios manda, con lo que uno tiene, confiando en que él ve más lejos. Por eso lo miran como padre los misioneros que dejan su tierra para anunciar el Evangelio.
También tú tienes una misión en este mundo, en tu casa y entre los que te rodean. Cuando no la veas clara, repite con la Imitación de Cristo: Señor, si te agrada, hágase así. Y reza hoy por los misioneros.
Señor, por intercesión de San José, que cumpla la misión que me confías, aunque no vea todavía el camino entero.
(Silencio y meditación. Escribe el favor que pides, o lo que quieres recordar.)
— Oración final —
Oh glorioso San José, Patriarca y esposo de la Virgen María, ampáranos con tu protección de padre; te lo pedimos por el Sagrado Corazón de Jesucristo, nuestro Señor.
Tú, que con tu protección alcanzas a todas las necesidades y sabes hacer posible lo que parece imposible, vuelve tus ojos de padre hacia lo que preocupa a tus hijos. Con confianza acudimos a ti en las angustias y penas que nos afligen; toma con caridad bajo tu protección este asunto importante y difícil que tanto nos inquieta:
(Repite con gran fe la petición.)
Alcánzanos que tenga un final feliz, para gloria de Dios y bien de los que le aman y le sirven. Así sea.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
San José, padre de nuestros sueños
Día tercero de la Novena a San José dormido.
— Inicio —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración introductoria —
Dios, Padre bueno, danos amor a la vida que nos regalas y confianza en Tu providencia para afrontar cualquier dificultad, como San José, el hombre justo, que recibió con fe los contratiempos y los superó apoyado en Ti.
Que en estos días de novena San José nos acompañe y nos guíe, para que te alabemos con toda nuestra vida y, al final de ella, gocemos de Ti para siempre. Por Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
— San José, padre de nuestros sueños —
(Mateo 2, 20)
«Levántate, toma contigo al niño y a su madre y ve a la tierra de Israel, porque ya murieron los que buscaban quitarle la vida al niño».
El Evangelio de san Mateo cuenta que Dios habló a José en sueños: para que recibiera a María, para que huyera a Egipto, para que volviera a la tierra de Israel y para que se estableciera en Galilea.
Cada vez, al despertar, José hizo lo que se le había dicho. Descansaba en las manos de Dios, y por eso podía escucharlo.
De ahí viene la devoción a San José dormido. El papa Francisco contó que escribía en un papelito lo que le preocupaba y lo ponía debajo de una imagen de San José dormido, para que José lo soñara. Es una manera sencilla de confiar a Dios, por intercesión de José, lo que uno no puede resolver.
También tú puedes dejar hoy en manos de Dios lo que te quita el sueño, y descansar en él.
Señor, por intercesión de San José, enséñame a escucharte y a confiar en Ti también cuando descanso.
(Silencio y meditación. Escribe el favor que pides, o lo que quieres recordar.)
— Oración final —
Oh glorioso San José, Patriarca y esposo de la Virgen María, ampáranos con tu protección de padre; te lo pedimos por el Sagrado Corazón de Jesucristo, nuestro Señor.
Tú, que con tu protección alcanzas a todas las necesidades y sabes hacer posible lo que parece imposible, vuelve tus ojos de padre hacia lo que preocupa a tus hijos. Con confianza acudimos a ti en las angustias y penas que nos afligen; toma con caridad bajo tu protección este asunto importante y difícil que tanto nos inquieta:
(Repite con gran fe la petición.)
Alcánzanos que tenga un final feliz, para gloria de Dios y bien de los que le aman y le sirven. Así sea.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
San José, padre de los peregrinos
Día cuarto de la Novena a San José dormido.
— Inicio —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración introductoria —
Dios, Padre bueno, danos amor a la vida que nos regalas y confianza en Tu providencia para afrontar cualquier dificultad, como San José, el hombre justo, que recibió con fe los contratiempos y los superó apoyado en Ti.
Que en estos días de novena San José nos acompañe y nos guíe, para que te alabemos con toda nuestra vida y, al final de ella, gocemos de Ti para siempre. Por Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
— San José, padre de los peregrinos —
(Lucas 2, 4)
«José subió de Galilea, desde la ciudad de Nazaret, hasta Judea, a la ciudad de David llamada Belén».
José fue muchas veces peregrino. Subió con María a Belén para el censo, huyó con ella y con el niño a Egipto, volvió después a Nazaret, y cada año iban a Jerusalén para la fiesta de la Pascua.
Eran caminos largos e inciertos, y los hicieron juntos. En Belén no encontraron sitio, y allí nació el Salvador.
Por eso se encomiendan a San José los que viajan, los que emigran y los que buscan casa lejos de su tierra.
También tú vas de camino: la vida entera es una peregrinación hacia Dios. No te quedes quieto por miedo; sal a lo que Dios te pide, acompañado de los tuyos y de la Iglesia.
Señor, por intercesión de San José, guía mis pasos y protege a los que hoy están lejos de su casa.
(Silencio y meditación. Escribe el favor que pides, o lo que quieres recordar.)
— Oración final —
Oh glorioso San José, Patriarca y esposo de la Virgen María, ampáranos con tu protección de padre; te lo pedimos por el Sagrado Corazón de Jesucristo, nuestro Señor.
Tú, que con tu protección alcanzas a todas las necesidades y sabes hacer posible lo que parece imposible, vuelve tus ojos de padre hacia lo que preocupa a tus hijos. Con confianza acudimos a ti en las angustias y penas que nos afligen; toma con caridad bajo tu protección este asunto importante y difícil que tanto nos inquieta:
(Repite con gran fe la petición.)
Alcánzanos que tenga un final feliz, para gloria de Dios y bien de los que le aman y le sirven. Así sea.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
San José, padre de los esposos
Día quinto de la Novena a San José dormido.
— Inicio —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración introductoria —
Dios, Padre bueno, danos amor a la vida que nos regalas y confianza en Tu providencia para afrontar cualquier dificultad, como San José, el hombre justo, que recibió con fe los contratiempos y los superó apoyado en Ti.
Que en estos días de novena San José nos acompañe y nos guíe, para que te alabemos con toda nuestra vida y, al final de ella, gocemos de Ti para siempre. Por Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
— San José, padre de los esposos —
(Efesios 5, 25)
«Ustedes, maridos, amen a sus esposas del mismo modo que Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella».
José amó a María como esposo, con un amor limpio y fiel. La recibió en su casa cuando todavía no lo entendía todo, y desde entonces la cuidó en cada paso.
Con ella buscó sitio en Belén, con ella huyó a Egipto y con ella buscó a Jesús durante tres días en Jerusalén. Su amor se ve en lo que hizo.
Por eso los esposos acuden a él, y le encomiendan su amor, sus cansancios y sus crisis.
También tú, si estás casado, puedes aprender de José a cuidar sin hacer ruido, a escuchar y a perdonar. Y reza hoy por los matrimonios que conoces, sobre todo por los que pasan un tiempo difícil.
Señor, por intercesión de San José, bendice a los esposos, sana lo que está herido en sus casas y haz de cada hogar un lugar de paz.
(Silencio y meditación. Escribe el favor que pides, o lo que quieres recordar.)
— Oración final —
Oh glorioso San José, Patriarca y esposo de la Virgen María, ampáranos con tu protección de padre; te lo pedimos por el Sagrado Corazón de Jesucristo, nuestro Señor.
Tú, que con tu protección alcanzas a todas las necesidades y sabes hacer posible lo que parece imposible, vuelve tus ojos de padre hacia lo que preocupa a tus hijos. Con confianza acudimos a ti en las angustias y penas que nos afligen; toma con caridad bajo tu protección este asunto importante y difícil que tanto nos inquieta:
(Repite con gran fe la petición.)
Alcánzanos que tenga un final feliz, para gloria de Dios y bien de los que le aman y le sirven. Así sea.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
San José, padre de los trabajadores
Día sexto de la Novena a San José dormido.
— Inicio —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración introductoria —
Dios, Padre bueno, danos amor a la vida que nos regalas y confianza en Tu providencia para afrontar cualquier dificultad, como San José, el hombre justo, que recibió con fe los contratiempos y los superó apoyado en Ti.
Que en estos días de novena San José nos acompañe y nos guíe, para que te alabemos con toda nuestra vida y, al final de ella, gocemos de Ti para siempre. Por Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
— San José, padre de los trabajadores —
(Mateo 13, 55)
«¿No es este el hijo del carpintero?»
En Nazaret conocían a Jesús por el oficio de José. José se ganaba la vida con sus manos, y así daba de comer a su familia. Según la costumbre de su pueblo, le enseñaría a Jesús su oficio.
El Hijo de Dios quiso crecer en la casa de un trabajador. En el Evangelio de san Marcos, a Jesús mismo lo llaman carpintero.
La Iglesia celebra a San José obrero el 1 de mayo, y le confía a los que trabajan y a los que buscan trabajo.
También tú puedes santificarte en tu trabajo, sea el que sea: hacerlo bien, con honradez, sin descuidar a los tuyos. Y si hoy no tienes trabajo, preséntale a José esa preocupación con confianza. Ofrece a Dios el cansancio de cada jornada.
Señor, por intercesión de San José, bendice el trabajo de mis manos y da un trabajo digno a quien lo busca.
(Silencio y meditación. Escribe el favor que pides, o lo que quieres recordar.)
— Oración final —
Oh glorioso San José, Patriarca y esposo de la Virgen María, ampáranos con tu protección de padre; te lo pedimos por el Sagrado Corazón de Jesucristo, nuestro Señor.
Tú, que con tu protección alcanzas a todas las necesidades y sabes hacer posible lo que parece imposible, vuelve tus ojos de padre hacia lo que preocupa a tus hijos. Con confianza acudimos a ti en las angustias y penas que nos afligen; toma con caridad bajo tu protección este asunto importante y difícil que tanto nos inquieta:
(Repite con gran fe la petición.)
Alcánzanos que tenga un final feliz, para gloria de Dios y bien de los que le aman y le sirven. Así sea.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
San José, padre de la Iglesia
Día séptimo de la Novena a San José dormido.
— Inicio —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración introductoria —
Dios, Padre bueno, danos amor a la vida que nos regalas y confianza en Tu providencia para afrontar cualquier dificultad, como San José, el hombre justo, que recibió con fe los contratiempos y los superó apoyado en Ti.
Que en estos días de novena San José nos acompañe y nos guíe, para que te alabemos con toda nuestra vida y, al final de ella, gocemos de Ti para siempre. Por Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
— San José, padre de la Iglesia —
(Salmo 127 (126), 1)
«Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los que la levantan».
José fue el guardián de la casa de Nazaret, y sabía que aquella casa era obra de Dios. Él la cuidaba, y Dios la sostenía.
La Iglesia es la casa de Dios, la familia de sus hijos. Por eso la Iglesia proclamó a José su patrono universal: el que cuidó de Jesús y de María sigue cuidando, con su intercesión, a los que creen en Jesús.
Todos formamos parte de ella por el bautismo. Ser Iglesia se vive en la misa del domingo, y también en casa, en el trabajo y en el trato con los demás.
También tú puedes cuidar de la Iglesia: rezar por el Papa y por los sacerdotes, servir en tu parroquia y vivir de modo que otros vean en ti a un hijo de Dios.
Señor, por intercesión de San José, guarda a Tu Iglesia y haz que la ame como a mi propia casa.
(Silencio y meditación. Escribe el favor que pides, o lo que quieres recordar.)
— Oración final —
Oh glorioso San José, Patriarca y esposo de la Virgen María, ampáranos con tu protección de padre; te lo pedimos por el Sagrado Corazón de Jesucristo, nuestro Señor.
Tú, que con tu protección alcanzas a todas las necesidades y sabes hacer posible lo que parece imposible, vuelve tus ojos de padre hacia lo que preocupa a tus hijos. Con confianza acudimos a ti en las angustias y penas que nos afligen; toma con caridad bajo tu protección este asunto importante y difícil que tanto nos inquieta:
(Repite con gran fe la petición.)
Alcánzanos que tenga un final feliz, para gloria de Dios y bien de los que le aman y le sirven. Así sea.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
San José, padre de la vida
Día octavo de la Novena a San José dormido.
— Inicio —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración introductoria —
Dios, Padre bueno, danos amor a la vida que nos regalas y confianza en Tu providencia para afrontar cualquier dificultad, como San José, el hombre justo, que recibió con fe los contratiempos y los superó apoyado en Ti.
Que en estos días de novena San José nos acompañe y nos guíe, para que te alabemos con toda nuestra vida y, al final de ella, gocemos de Ti para siempre. Por Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
— San José, padre de la vida —
(Mateo 2, 13)
«Levántate, toma contigo al niño y a su madre; huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te lo diga, porque Herodes buscará al niño para acabar con él».
Herodes buscaba al niño para matarlo, y José lo puso a salvo. Se levantó esa misma noche y lo llevó a Egipto con su madre.
Antes lo había acogido cuando aún estaba en el seno de María y nadie lo conocía. Desde el principio José cuidó aquella vida pequeña y amenazada.
Por eso se acude a él para defender la vida: la del niño que va a nacer, la del enfermo, la del anciano, la de todo el que es débil.
También tú puedes cuidar la vida que Dios pone cerca de ti: acompañar a una madre que espera un hijo, visitar a un enfermo, tener paciencia con quien depende de ti.
Señor, por intercesión de San José, protege toda vida humana, desde su comienzo hasta su fin natural, y dame un corazón que la cuide.
(Silencio y meditación. Escribe el favor que pides, o lo que quieres recordar.)
— Oración final —
Oh glorioso San José, Patriarca y esposo de la Virgen María, ampáranos con tu protección de padre; te lo pedimos por el Sagrado Corazón de Jesucristo, nuestro Señor.
Tú, que con tu protección alcanzas a todas las necesidades y sabes hacer posible lo que parece imposible, vuelve tus ojos de padre hacia lo que preocupa a tus hijos. Con confianza acudimos a ti en las angustias y penas que nos afligen; toma con caridad bajo tu protección este asunto importante y difícil que tanto nos inquieta:
(Repite con gran fe la petición.)
Alcánzanos que tenga un final feliz, para gloria de Dios y bien de los que le aman y le sirven. Así sea.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
San José, Santo de los santos
Día noveno de la Novena a San José dormido.
— Inicio —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración introductoria —
Dios, Padre bueno, danos amor a la vida que nos regalas y confianza en Tu providencia para afrontar cualquier dificultad, como San José, el hombre justo, que recibió con fe los contratiempos y los superó apoyado en Ti.
Que en estos días de novena San José nos acompañe y nos guíe, para que te alabemos con toda nuestra vida y, al final de ella, gocemos de Ti para siempre. Por Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
— San José, Santo de los santos —
(Mateo 25, 21)
«¡Bien hecho, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido de fiar; te encargaré de mucho».
La santidad de José se hizo en lo de cada día: cuidar, trabajar y obedecer a Dios, sin buscar que lo vieran. El Evangelio lo llama justo, el nombre que la Biblia da a quien vive según Dios.
Muchos santos lo amaron. Santa Teresa de Jesús le tuvo gran devoción y puso bajo su nombre el primer monasterio que fundó, en Ávila.
La tradición lo tiene también por patrono de la buena muerte, porque murió, según se cree, en compañía de Jesús y de María.
También tú estás llamado a ser santo, allí donde vives. Haz bien lo de hoy y ponlo en manos de Dios, que hace crecer lo pequeño.
Señor, por intercesión de San José, hazme fiel en lo pequeño y llévame un día a gozar de Ti con todos los santos.
(Silencio y meditación. Escribe el favor que pides, o lo que quieres recordar.)
— Oración final —
Oh glorioso San José, Patriarca y esposo de la Virgen María, ampáranos con tu protección de padre; te lo pedimos por el Sagrado Corazón de Jesucristo, nuestro Señor.
Tú, que con tu protección alcanzas a todas las necesidades y sabes hacer posible lo que parece imposible, vuelve tus ojos de padre hacia lo que preocupa a tus hijos. Con confianza acudimos a ti en las angustias y penas que nos afligen; toma con caridad bajo tu protección este asunto importante y difícil que tanto nos inquieta:
(Repite con gran fe la petición.)
Alcánzanos que tenga un final feliz, para gloria de Dios y bien de los que le aman y le sirven. Así sea.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.

Oración del díaNueva cada mañana
Evangelio del díaCon su reflexión
Santo RosarioLos misterios de hoy