Novena · 9 días

Novena a San José

Nueve días con San José hacia su fiesta

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

La duda de José

18 minutos

Día primero de la Novena a San José.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para empezar todos los días —
Glorioso San José, esposo de María y padre de Jesús en la tierra, protector y patriarca de la Santa Iglesia, a quien Dios Padre encomendó cuidar, guiar y defender a la Sagrada Familia: cuida también de nosotros, que por la fe somos parte de la Iglesia, la familia santa de tu Hijo; alcánzanos lo que necesitamos para esta vida, y sobre todo las ayudas del alma para llegar a la vida eterna.

Alcánzanos, sobre todo, tres gracias: no caer nunca en pecado mortal, en especial contra la castidad; amar y honrar de corazón a Jesús y a María, y morir bien, recibiendo con fe los últimos sacramentos. Alcánzanos también la gracia que cada uno te pide en esta novena.

(Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.)

— Consideración del día —
(Mateo 1, 20)
«José, hijo de David, no tengas miedo de tomar contigo a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella es obra del Espíritu Santo».

José estaba desposado con María cuando supo que ella esperaba un hijo. El Evangelio dice que era justo, y que no quería exponerla a la deshonra; por eso pensó en separarse de ella en secreto.

Mientras lo pensaba, el ángel del Señor le habló en sueños. Al despertar, José hizo lo que se le había mandado y tomó consigo a María, su esposa.

Aquella noche José no tenía todas las respuestas. Le bastó saber que era obra de Dios, y desde entonces dedicó su vida a cuidar de María y del niño.

También tú pasas por horas en que no sabes qué camino tomar, y la duda pesa. Antes de decidir, pon el asunto delante de Dios y escucha con calma, como José en la noche.

Señor, por intercesión de San José, dame luz en mis dudas y valor para hacer Tu voluntad cuando la conozca.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día correspondiente —
Jesús bondadoso, que consolaste a Tu querido padre San José cuando, lleno de dudas y de angustia, pensaba dejar en secreto a Tu Madre santísima, su esposa: te pedimos con humildad, por su intercesión, que nos des prudencia y buen juicio en todas las dudas y aflicciones de nuestra vida, para que acertemos siempre a cumplir Tu santa voluntad.

— Oración final para todos los días —
San José, custodio y padre de las vírgenes, a cuyo cuidado fiel fueron confiados Cristo Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: por estas dos prendas tan queridas, Jesús y María, te ruego y te suplico que me guardes libre de toda impureza y me alcances servir siempre castísimamente a Jesús y a María con la mente sin mancha, el corazón puro y el cuerpo casto. Amén.

Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
(En memoria de los siete dolores y gozos de San José rezamos siete Padrenuestros, cada uno con su Avemaría.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— A ti, bienaventurado San José —
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María Madre de Dios te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Divina Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio; para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

— Antífona —
Jesús, al comenzar, tenía unos treinta años, y era, según se pensaba, hijo de José.

San José, ruega por nosotros.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

— Oración final —
Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir a san José como esposo de Tu santísima Madre: concédenos, te pedimos, que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 2
Día 2

La pobreza de Belén

18 minutos

Día segundo de la Novena a San José.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para empezar todos los días —
Glorioso San José, esposo de María y padre de Jesús en la tierra, protector y patriarca de la Santa Iglesia, a quien Dios Padre encomendó cuidar, guiar y defender a la Sagrada Familia: cuida también de nosotros, que por la fe somos parte de la Iglesia, la familia santa de tu Hijo; alcánzanos lo que necesitamos para esta vida, y sobre todo las ayudas del alma para llegar a la vida eterna.

Alcánzanos, sobre todo, tres gracias: no caer nunca en pecado mortal, en especial contra la castidad; amar y honrar de corazón a Jesús y a María, y morir bien, recibiendo con fe los últimos sacramentos. Alcánzanos también la gracia que cada uno te pide en esta novena.

(Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.)

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 3, 59)
«Más quiero ser pobre por Ti, que rico sin Ti».

Por el censo, José tuvo que subir con María desde Nazaret hasta Belén, la ciudad de David. Allí se cumplió para ella el tiempo de dar a luz.

No había lugar para ellos en el alojamiento, y el Hijo de Dios fue acostado en un pesebre. Fue la primera casa que José pudo ofrecerle.

La devoción a sus dolores y gozos cuenta entre los dolores de José aquella pobreza, y entre sus gozos, el nacimiento del Niño, el canto de los ángeles y la visita de los pastores. Ellos fueron deprisa y dieron con María y con José, y con el recién nacido acostado en el pesebre.

También tú conoces días de estrechez, en que falta lo que querrías dar a los tuyos. Lleva esa pobreza con paciencia y preséntala a Dios, que sabe lo que necesitas.

Señor, por intercesión de San José, que nunca me falte Tu presencia, y que sepa compartir lo poco que tengo.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día correspondiente —
Jesús bondadoso, que en la pobreza y el desamparo de Belén consolaste a Tu querido padre con Tu nacimiento, con el canto de los ángeles y con la visita de los pastores: te pedimos con humildad, por intercesión de San José, que sepamos llevar con paciencia la pobreza y el desamparo de esta vida, y que llenes de alegría nuestro espíritu con Tu presencia, con Tu gracia y con la esperanza del cielo.

— Oración final para todos los días —
San José, custodio y padre de las vírgenes, a cuyo cuidado fiel fueron confiados Cristo Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: por estas dos prendas tan queridas, Jesús y María, te ruego y te suplico que me guardes libre de toda impureza y me alcances servir siempre castísimamente a Jesús y a María con la mente sin mancha, el corazón puro y el cuerpo casto. Amén.

Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
(En memoria de los siete dolores y gozos de San José rezamos siete Padrenuestros, cada uno con su Avemaría.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— A ti, bienaventurado San José —
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María Madre de Dios te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Divina Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio; para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

— Antífona —
Jesús, al comenzar, tenía unos treinta años, y era, según se pensaba, hijo de José.

San José, ruega por nosotros.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

— Oración final —
Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir a san José como esposo de Tu santísima Madre: concédenos, te pedimos, que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 3
Día 3

El nombre de Jesús

18 minutos

Día tercero de la Novena a San José.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para empezar todos los días —
Glorioso San José, esposo de María y padre de Jesús en la tierra, protector y patriarca de la Santa Iglesia, a quien Dios Padre encomendó cuidar, guiar y defender a la Sagrada Familia: cuida también de nosotros, que por la fe somos parte de la Iglesia, la familia santa de tu Hijo; alcánzanos lo que necesitamos para esta vida, y sobre todo las ayudas del alma para llegar a la vida eterna.

Alcánzanos, sobre todo, tres gracias: no caer nunca en pecado mortal, en especial contra la castidad; amar y honrar de corazón a Jesús y a María, y morir bien, recibiendo con fe los últimos sacramentos. Alcánzanos también la gracia que cada uno te pide en esta novena.

(Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.)

— Consideración del día —
(Mateo 1, 21)
«María tendrá un hijo, y tú le darás el nombre de Jesús, porque él es quien salvará a su pueblo de sus pecados».

A los ocho días de nacer, el niño fue circuncidado, como mandaba la Ley, y le pusieron el nombre que el ángel había anunciado antes de que fuera concebido en el seno de su madre.

Dios confió a José la tarea de dar ese nombre al niño. Jesús quiere decir «Dios salva», y en él se cumplía lo que el nombre anunciaba.

La tradición ha visto en este misterio un dolor de José, por la primera sangre del Niño, y un gozo, por el nombre santo que él le puso.

También tú llevas ese nombre en los labios cada vez que rezas. Cuando lo digas, recuerda lo que significa: que Dios ha venido a salvarte de tus pecados.

Señor Jesús, por intercesión de San José, líbrame de mis pecados y guárdame siempre cerca de Ti.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día correspondiente —
Jesús bondadoso, que en el doloroso misterio de Tu circuncisión consolaste a Tu querido padre cuando él te puso el dulce nombre de Jesús: te pedimos con humildad, por intercesión de San José, que digamos siempre Tu santísimo nombre con amor y respeto, que lo llevemos en el corazón y lo honremos con nuestra vida, y que confesemos con obras y palabras que Tú eres nuestro Salvador, nuestro Jesús.

— Oración final para todos los días —
San José, custodio y padre de las vírgenes, a cuyo cuidado fiel fueron confiados Cristo Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: por estas dos prendas tan queridas, Jesús y María, te ruego y te suplico que me guardes libre de toda impureza y me alcances servir siempre castísimamente a Jesús y a María con la mente sin mancha, el corazón puro y el cuerpo casto. Amén.

Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
(En memoria de los siete dolores y gozos de San José rezamos siete Padrenuestros, cada uno con su Avemaría.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— A ti, bienaventurado San José —
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María Madre de Dios te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Divina Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio; para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

— Antífona —
Jesús, al comenzar, tenía unos treinta años, y era, según se pensaba, hijo de José.

San José, ruega por nosotros.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

— Oración final —
Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir a san José como esposo de Tu santísima Madre: concédenos, te pedimos, que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 4
Día 4

La profecía de Simeón

18 minutos

Día cuarto de la Novena a San José.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para empezar todos los días —
Glorioso San José, esposo de María y padre de Jesús en la tierra, protector y patriarca de la Santa Iglesia, a quien Dios Padre encomendó cuidar, guiar y defender a la Sagrada Familia: cuida también de nosotros, que por la fe somos parte de la Iglesia, la familia santa de tu Hijo; alcánzanos lo que necesitamos para esta vida, y sobre todo las ayudas del alma para llegar a la vida eterna.

Alcánzanos, sobre todo, tres gracias: no caer nunca en pecado mortal, en especial contra la castidad; amar y honrar de corazón a Jesús y a María, y morir bien, recibiendo con fe los últimos sacramentos. Alcánzanos también la gracia que cada uno te pide en esta novena.

(Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.)

— Consideración del día —
(Lucas 2, 34)
«Mira: este niño está puesto para que muchos caigan y se levanten en Israel, y para ser una señal que encontrará oposición».

José y María llevaron al niño al templo para presentarlo al Señor. Simeón, un hombre justo y piadoso, lo tomó en brazos y bendijo a Dios, y ellos estaban admirados de lo que se decía de él.

Pero Simeón anunció también el dolor: el niño encontraría oposición, y a su madre una espada le atravesaría el alma.

José guardó esas palabras junto a María. La tradición cuenta este anuncio entre sus dolores, y entre sus gozos, saber que aquel niño traería la salvación a todos los pueblos.

También tú recibes a veces noticias que duelen y no sabes adónde te llevarán. Guárdalas junto a Jesús, como José, y confía en que Dios no abandona a los suyos.

Señor, por intercesión de San José, dame un corazón que te acoja siempre, también cuando llega la cruz.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día correspondiente —
Jesús bondadoso, que consolaste a Tu querido padre en la pena que le dio la profecía de Simeón, mostrándole la multitud incontable de los santos: te pedimos con humildad, por intercesión de San José, que seamos de aquellos para quienes Tú eres resurrección y no ruina, y que respondamos con fidelidad a Tu gracia para llegar a Tu gloria.

— Oración final para todos los días —
San José, custodio y padre de las vírgenes, a cuyo cuidado fiel fueron confiados Cristo Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: por estas dos prendas tan queridas, Jesús y María, te ruego y te suplico que me guardes libre de toda impureza y me alcances servir siempre castísimamente a Jesús y a María con la mente sin mancha, el corazón puro y el cuerpo casto. Amén.

Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
(En memoria de los siete dolores y gozos de San José rezamos siete Padrenuestros, cada uno con su Avemaría.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— A ti, bienaventurado San José —
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María Madre de Dios te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Divina Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio; para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

— Antífona —
Jesús, al comenzar, tenía unos treinta años, y era, según se pensaba, hijo de José.

San José, ruega por nosotros.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

— Oración final —
Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir a san José como esposo de Tu santísima Madre: concédenos, te pedimos, que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 5
Día 5

La huida a Egipto

18 minutos

Día quinto de la Novena a San José.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para empezar todos los días —
Glorioso San José, esposo de María y padre de Jesús en la tierra, protector y patriarca de la Santa Iglesia, a quien Dios Padre encomendó cuidar, guiar y defender a la Sagrada Familia: cuida también de nosotros, que por la fe somos parte de la Iglesia, la familia santa de tu Hijo; alcánzanos lo que necesitamos para esta vida, y sobre todo las ayudas del alma para llegar a la vida eterna.

Alcánzanos, sobre todo, tres gracias: no caer nunca en pecado mortal, en especial contra la castidad; amar y honrar de corazón a Jesús y a María, y morir bien, recibiendo con fe los últimos sacramentos. Alcánzanos también la gracia que cada uno te pide en esta novena.

(Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.)

— Consideración del día —
(Mateo 2, 13)
«Levántate, toma contigo al niño y a su madre; huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te lo diga, porque Herodes buscará al niño para acabar con él».

El aviso llegó en sueños. José se levantó, tomó consigo al niño y a su madre en la noche, y se retiró a Egipto.

Era un camino largo hacia una tierra extranjera, con la vida del niño en peligro. José no sabía cuánto tendrían que quedarse, y esperó allí hasta que Dios le habló otra vez.

La tradición cuenta esta huida entre sus dolores, y entre sus gozos, haber salvado a Jesús y tenerlo consigo en el destierro.

También tú conoces caminos que no elegiste: dejar tu tierra, empezar de nuevo, defender a los tuyos. En esas horas Dios no te deja solo, y San José sabe lo que es.

Señor, por intercesión de San José, protege a mi familia de todo peligro y acompaña a los que hoy tienen que dejar su casa.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día correspondiente —
Jesús bondadoso, a quien Tu querido padre llevó de Belén a Egipto para librarte del rey Herodes: te pedimos con humildad, por intercesión de San José, que nos defiendas de quienes quieren hacer daño a nuestra alma o a nuestro cuerpo, que nos des fuerza y salvación en las persecuciones, y que nos protejas en el destierro de esta vida hasta que lleguemos a la patria.

— Oración final para todos los días —
San José, custodio y padre de las vírgenes, a cuyo cuidado fiel fueron confiados Cristo Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: por estas dos prendas tan queridas, Jesús y María, te ruego y te suplico que me guardes libre de toda impureza y me alcances servir siempre castísimamente a Jesús y a María con la mente sin mancha, el corazón puro y el cuerpo casto. Amén.

Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
(En memoria de los siete dolores y gozos de San José rezamos siete Padrenuestros, cada uno con su Avemaría.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— A ti, bienaventurado San José —
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María Madre de Dios te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Divina Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio; para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

— Antífona —
Jesús, al comenzar, tenía unos treinta años, y era, según se pensaba, hijo de José.

San José, ruega por nosotros.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

— Oración final —
Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir a san José como esposo de Tu santísima Madre: concédenos, te pedimos, que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 6
Día 6

La vida en Nazaret

18 minutos

Día sexto de la Novena a San José.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para empezar todos los días —
Glorioso San José, esposo de María y padre de Jesús en la tierra, protector y patriarca de la Santa Iglesia, a quien Dios Padre encomendó cuidar, guiar y defender a la Sagrada Familia: cuida también de nosotros, que por la fe somos parte de la Iglesia, la familia santa de tu Hijo; alcánzanos lo que necesitamos para esta vida, y sobre todo las ayudas del alma para llegar a la vida eterna.

Alcánzanos, sobre todo, tres gracias: no caer nunca en pecado mortal, en especial contra la castidad; amar y honrar de corazón a Jesús y a María, y morir bien, recibiendo con fe los últimos sacramentos. Alcánzanos también la gracia que cada uno te pide en esta novena.

(Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.)

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 2, 8)
«Cuando Jesús está presente, todo es bueno y no parece cosa difícil».

De vuelta de Egipto, José se estableció con María y el niño en Nazaret, un pueblo de Galilea. Allí trabajó con sus manos, y la gente llamaba a Jesús «el hijo del carpintero».

El Evangelio dice que Jesús vivía obedeciéndolos y crecía en sabiduría y en gracia. Durante muchos años José lo tuvo cada día a su lado, en la casa y en el trabajo.

La tradición ve en esos años escondidos uno de los gozos de José: ganar con su oficio el pan de Jesús y vivir en su compañía.

También tú vives casi siempre en lo sencillo: la casa, el trabajo, los tuyos. Invita a Jesús a esa vida de todos los días, y búscalo en la oración y en la comunión.

Señor Jesús, por intercesión de San José, quédate en mi casa y en mi trabajo, y que viva cerca de Ti cada día.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día correspondiente —
Jesús bondadoso, Tu querido padre te dio el sustento en Nazaret, y Tú le premiaste con tantos años de Tu santa compañía, de Tu enseñanza y de Tu dulce conversación: te pedimos con humildad, por intercesión de San José, que nos alimentes con Tu gracia y con Tu santa comunión, y que vivamos con sencillez y santidad, como Tú en Nazaret.

— Oración final para todos los días —
San José, custodio y padre de las vírgenes, a cuyo cuidado fiel fueron confiados Cristo Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: por estas dos prendas tan queridas, Jesús y María, te ruego y te suplico que me guardes libre de toda impureza y me alcances servir siempre castísimamente a Jesús y a María con la mente sin mancha, el corazón puro y el cuerpo casto. Amén.

Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
(En memoria de los siete dolores y gozos de San José rezamos siete Padrenuestros, cada uno con su Avemaría.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— A ti, bienaventurado San José —
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María Madre de Dios te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Divina Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio; para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

— Antífona —
Jesús, al comenzar, tenía unos treinta años, y era, según se pensaba, hijo de José.

San José, ruega por nosotros.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

— Oración final —
Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir a san José como esposo de Tu santísima Madre: concédenos, te pedimos, que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 7
Día 7

El Niño perdido y hallado

18 minutos

Día séptimo de la Novena a San José.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para empezar todos los días —
Glorioso San José, esposo de María y padre de Jesús en la tierra, protector y patriarca de la Santa Iglesia, a quien Dios Padre encomendó cuidar, guiar y defender a la Sagrada Familia: cuida también de nosotros, que por la fe somos parte de la Iglesia, la familia santa de tu Hijo; alcánzanos lo que necesitamos para esta vida, y sobre todo las ayudas del alma para llegar a la vida eterna.

Alcánzanos, sobre todo, tres gracias: no caer nunca en pecado mortal, en especial contra la castidad; amar y honrar de corazón a Jesús y a María, y morir bien, recibiendo con fe los últimos sacramentos. Alcánzanos también la gracia que cada uno te pide en esta novena.

(Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.)

— Consideración del día —
(Lucas 2, 48)
«Hijo, ¿por qué nos hiciste esto? Mira que tu padre y yo, con el corazón dolido, te andábamos buscando».

Cuando Jesús tenía doce años, subió con José y María a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Al volver, el niño se quedó en la ciudad sin que ellos lo supieran.

Lo buscaron con angustia, y al cabo de tres días lo hallaron en el templo, entre los maestros. Jesús les dijo que él debía estar en lo que es de su Padre.

Ellos no entendieron sus palabras, pero él bajó con ellos a Nazaret. La tradición cuenta la pérdida entre los dolores de José, y el hallazgo entre sus gozos.

También tú puedes sentir que has perdido a Jesús, cuando la oración se enfría o el pecado te aleja. Búscalo sin cansarte: en la confesión y en la Eucaristía se le vuelve a encontrar.

Señor Jesús, por intercesión de San José, dame la gracia de buscarte siempre y de volver a Ti cada vez que me aleje.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día correspondiente —
Jesús bondadoso, que, por cumplir la voluntad de Tu Padre del cielo, dejaste que Tu querido padre en la tierra sufriera el dolor tan grande de perderte durante tres días: te pedimos con humildad, por intercesión de San José, que estemos dispuestos a perderlo todo y a disgustar a cualquier amigo antes que apartarnos de Tu voluntad; que nunca te perdamos por el pecado mortal, y que, si por desgracia te perdemos, te volvamos a encontrar por una buena confesión.

— Oración final para todos los días —
San José, custodio y padre de las vírgenes, a cuyo cuidado fiel fueron confiados Cristo Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: por estas dos prendas tan queridas, Jesús y María, te ruego y te suplico que me guardes libre de toda impureza y me alcances servir siempre castísimamente a Jesús y a María con la mente sin mancha, el corazón puro y el cuerpo casto. Amén.

Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
(En memoria de los siete dolores y gozos de San José rezamos siete Padrenuestros, cada uno con su Avemaría.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— A ti, bienaventurado San José —
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María Madre de Dios te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Divina Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio; para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

— Antífona —
Jesús, al comenzar, tenía unos treinta años, y era, según se pensaba, hijo de José.

San José, ruega por nosotros.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

— Oración final —
Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir a san José como esposo de Tu santísima Madre: concédenos, te pedimos, que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 8
Día 8

La muerte de José

18 minutos

Día octavo de la Novena a San José.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para empezar todos los días —
Glorioso San José, esposo de María y padre de Jesús en la tierra, protector y patriarca de la Santa Iglesia, a quien Dios Padre encomendó cuidar, guiar y defender a la Sagrada Familia: cuida también de nosotros, que por la fe somos parte de la Iglesia, la familia santa de tu Hijo; alcánzanos lo que necesitamos para esta vida, y sobre todo las ayudas del alma para llegar a la vida eterna.

Alcánzanos, sobre todo, tres gracias: no caer nunca en pecado mortal, en especial contra la castidad; amar y honrar de corazón a Jesús y a María, y morir bien, recibiendo con fe los últimos sacramentos. Alcánzanos también la gracia que cada uno te pide en esta novena.

(Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.)

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 23)
«Bienaventurado el que tiene siempre la hora de la muerte delante de los ojos y se dispone cada día a morir».

Los Evangelios no cuentan la muerte de José. Después de hallar al niño en el templo ya no hablan de él, y al pie de la cruz Jesús confía su madre al discípulo amado.

Por eso la tradición piensa que José murió antes de que Jesús empezara a predicar, y que murió en compañía de Jesús y de María. La piedad cristiana lo invoca como patrono de la buena muerte.

Toda su vida, fiel en lo pequeño y atento a la voz de Dios, fue su preparación para aquella hora.

También tú puedes prepararte desde hoy: vive en gracia de Dios, pide perdón pronto y encomienda a San José a los enfermos y a los que van a morir.

Señor, por intercesión de San José, acompaña a los que hoy están muriendo y prepárame a mí para ese día.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día correspondiente —
Jesús bondadoso, que consolaste a San José, Tu glorioso padre, al llegar su muerte, acompañándolo junto con Tu Madre, su esposa, en su última agonía: te pedimos con humildad, por intercesión de San José, que tengamos una muerte como la suya, acompañados por Tu bondad, por Tu Madre santísima y por el mismo glorioso patriarca, protector de los que mueren, y que al morir digamos sus nombres santísimos: Jesús, María y José.

— Oración final para todos los días —
San José, custodio y padre de las vírgenes, a cuyo cuidado fiel fueron confiados Cristo Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: por estas dos prendas tan queridas, Jesús y María, te ruego y te suplico que me guardes libre de toda impureza y me alcances servir siempre castísimamente a Jesús y a María con la mente sin mancha, el corazón puro y el cuerpo casto. Amén.

Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
(En memoria de los siete dolores y gozos de San José rezamos siete Padrenuestros, cada uno con su Avemaría.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— A ti, bienaventurado San José —
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María Madre de Dios te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Divina Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio; para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

— Antífona —
Jesús, al comenzar, tenía unos treinta años, y era, según se pensaba, hijo de José.

San José, ruega por nosotros.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

— Oración final —
Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir a san José como esposo de Tu santísima Madre: concédenos, te pedimos, que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 9
Día 9

Protector de la Iglesia

18 minutos

Día noveno de la Novena a San José.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración para empezar todos los días —
Glorioso San José, esposo de María y padre de Jesús en la tierra, protector y patriarca de la Santa Iglesia, a quien Dios Padre encomendó cuidar, guiar y defender a la Sagrada Familia: cuida también de nosotros, que por la fe somos parte de la Iglesia, la familia santa de tu Hijo; alcánzanos lo que necesitamos para esta vida, y sobre todo las ayudas del alma para llegar a la vida eterna.

Alcánzanos, sobre todo, tres gracias: no caer nunca en pecado mortal, en especial contra la castidad; amar y honrar de corazón a Jesús y a María, y morir bien, recibiendo con fe los últimos sacramentos. Alcánzanos también la gracia que cada uno te pide en esta novena.

(Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.)

— Consideración del día —
(Génesis 41, 55)
«Vayan a José, y lo que él les diga, eso hagan».

Cuando el hambre llegó a Egipto, el faraón mandaba a todos a José, el hijo de Jacob, que había guardado el trigo en los años de abundancia.

La tradición ha visto en aquel José una figura del esposo de María: Dios le confió a Jesús, el Pan de vida, y a su Madre, y él los guardó con fidelidad.

La Iglesia lo proclamó patrono de la Iglesia universal. Lo que cuidó en Nazaret lo sigue cuidando con su intercesión: la familia de los que creen en Jesús.

También tú eres parte de esa familia. Reza hoy por el Papa, por los sacerdotes y por los que sufren a causa de su fe, y acude a José con confianza en tus necesidades.

Señor, por intercesión de San José, guarda a Tu Iglesia en la unidad y haz que seamos fieles a la fe que recibimos.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día correspondiente —
Jesús bondadoso, que, por boca del Papa, Tu Vicario, elegiste a Tu querido padre como protector de Tu Santa Iglesia católica: te pedimos con humildad, por intercesión de San José, que seamos católicos verdaderos y sinceros, que confesemos la fe católica sin error alguno, que vivamos con valentía de acuerdo con la fe que confesamos, y que nunca puedan los enemigos asustarnos con persecuciones ni engañarnos para hacernos dejar la fe católica, la única verdadera.

— Oración final para todos los días —
San José, custodio y padre de las vírgenes, a cuyo cuidado fiel fueron confiados Cristo Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: por estas dos prendas tan queridas, Jesús y María, te ruego y te suplico que me guardes libre de toda impureza y me alcances servir siempre castísimamente a Jesús y a María con la mente sin mancha, el corazón puro y el cuerpo casto. Amén.

Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
(En memoria de los siete dolores y gozos de San José rezamos siete Padrenuestros, cada uno con su Avemaría.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— A ti, bienaventurado San José —
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María Madre de Dios te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Divina Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio; para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

— Antífona —
Jesús, al comenzar, tenía unos treinta años, y era, según se pensaba, hijo de José.

San José, ruega por nosotros.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

— Oración final —
Oh Dios, que con providencia inefable te dignaste elegir a san José como esposo de Tu santísima Madre: concédenos, te pedimos, que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

También hoy