Novena · 9 días

Novena a San Charbel

Nueve días con San Charbel hacia su fiesta

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

Dejarlo todo por Cristo

6 minutos

Día primero de la Novena a San Charbel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Consideración del día —
(Mateo 19, 29)
«Cualquiera que por mi nombre haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá muchas veces más y tendrá en herencia la vida eterna».

Jesús responde así a Pedro, que le ha preguntado qué recibirán los que lo han dejado todo para seguirlo.

Youssef Makhlouf nació en 1828 en Bekaa Kafra, un pueblo de montaña. Su padre murió cuando él tenía tres años, y creció con su madre en una casa de fe. Cuentan que, de muchacho, llevaba el ganado a una gruta donde había puesto una imagen de la Virgen, y allí rezaba.

En 1851, con veintitrés años, dejó a su familia para hacerse monje. Tomó el nombre de Charbel, el de un mártir de los primeros siglos.

También tú puedes dejar algo por Cristo, como una costumbre que te aparta de él o un apego que ocupa demasiado sitio en tu corazón.

Señor Jesús, por intercesión de San Charbel, dame un corazón libre para seguirte.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Primer día —
Bienaventurado San Charbel, cuyo cuerpo santo no conoció la corrupción y en quien brilló el buen olor del cielo: ven a socorrerme y alcánzame de Dios la gracia que le pido en esta necesidad (hacer la petición). Amén.

San Charbel, amigo de Dios, ruega por mí al Señor.

Oh Dios, que diste a San Charbel el regalo de la fe: por su intercesión te pido la gracia de vivir según Tus mandamientos y según lo que enseña Tu Palabra. A Ti la gloria, ahora y por siempre. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 2
Día 2

La brisa suave

6 minutos

Día segundo de la Novena a San Charbel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Consideración del día —
(1 Reyes 19, 12)
«Tras el terremoto, un fuego; pero el Señor no se hallaba en el fuego. Y tras el fuego, el rumor de un silencio suave».

Elías había huido al monte, cansado y con miedo. Esperaba a Dios en el viento, en el terremoto y en el fuego, y el Señor se hizo presente en un susurro.

Charbel buscó a Dios en el silencio. En 1875 pidió y obtuvo permiso para vivir como ermitaño en la ermita dedicada a San Pedro y San Pablo, que dependía del monasterio de Annaya. Allí pasó los últimos veintitrés años de su vida.

La tradición lo recuerda como un hombre de pocas palabras y de mucha oración.

También tú necesitas un rato de silencio cada día. Apaga el ruido unos minutos y quédate ante Dios, que habla bajito y al que se oye en la calma. Deja allí tus preocupaciones.

Señor, por intercesión de San Charbel, enséñame a callar para escucharte.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Segundo día —
Oh glorioso San Charbel, que en el monasterio fuiste mártir y conociste el dolor, y a quien nuestro Señor Jesús hizo luz para muchos: hoy vengo a ti y te ruego que me alcances de Dios la gracia que necesito (hacer la petición). En tu intercesión pongo mi confianza. Amén.

San Charbel, vaso de buen perfume, ruega por mí al Señor.

Dios misericordioso, que glorificaste a San Charbel concediéndole hacer innumerables milagros: ten compasión de mí y, por su intercesión, concédeme el favor que hoy te pido. A Ti la gloria, ahora y por siempre. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 3
Día 3

La parte buena

6 minutos

Día tercero de la Novena a San Charbel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 10, 42)
«María escogió la parte buena, y esa nadie se la va a quitar».

Jesús estaba de camino, y Marta lo recibió en su casa. Mientras ella andaba inquieta con el servicio, su hermana María se sentó a los pies del Señor a escucharlo. Jesús aprecia el servicio de Marta, y le recuerda que lo que más hace falta es escucharlo a él.

Charbel escogió esa parte. Su vida de monje, y después de ermitaño, giraba alrededor de la oración. Según los que escribieron su vida, la Misa era el centro de su día.

También tú, entre tantas tareas, puedes reservar un momento para Dios, para leer despacio el Evangelio o visitar al Señor en el sagrario. Lo que escuches, guárdalo durante el día. Dios habla en esos ratos, aunque no lo notes.

Señor, por intercesión de San Charbel, que te escuche cada día, como María, y no pierda nunca la parte buena.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Tercer día —
Oh San Charbel, amigo de Dios, que brillaste como una estrella en el cielo de la Iglesia: alumbra mi camino en esta vida y afianza mi esperanza, ahora que acudo a tu intercesión para alcanzar la gracia que necesito (hacer la petición). Te lo ruego en nombre de Cristo crucificado, a quien serviste toda tu vida. Amén.

San Charbel, ejemplo de silencio y de paciencia, ruega por mí al Señor.

Señor Jesús, que hiciste santo a San Charbel y lo sostuviste para llevar su cruz: por su intercesión, dame valor para soportar con paciencia los contratiempos y las pruebas de mi vida, dócil siempre a Tu santa voluntad. A Ti te damos gracias, ahora y por siempre. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 4
Día 4

Obedientes como Cristo

6 minutos

Día cuarto de la Novena a San Charbel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Consideración del día —
(Filipenses 2, 8)
«Cristo se rebajó a sí mismo, obedeciendo hasta morir, y morir en una cruz».

Cristo obedeció al Padre por amor, hasta la cruz, y el Padre lo exaltó. Quien lo sigue aprende de él a decir sí a la voluntad de Dios.

Charbel vivió la obediencia de monje con sencillez. Hizo sus votos en 1853 y fue ordenado sacerdote en 1859.

Se cuenta que una noche le llenaron de agua la lámpara, para probarlo. Él, que tenía permiso para rezar de noche, la encendió igual, y la lámpara dio luz toda la noche. Sea cual sea la parte de leyenda, la historia habla de un hombre que se fiaba de Dios.

También tú obedeces a Dios cuando cumples tu deber aunque cueste, cuando aceptas lo que no elegiste y buscas en todo lo que él quiere. Así se aprende a confiar.

Señor Jesús, por intercesión de San Charbel, dame un corazón dócil a Tu voluntad.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Cuarto día —
Oh San Charbel, padre bondadoso, a ti vengo con el corazón lleno de confianza. Por tu poderosa intercesión ante Dios, espero alcanzar la gracia que hoy le presento (hacer la petición). Muéstrame una vez más tu cariño de padre. Amén.

San Charbel, jardín de virtudes, ruega por mí al Señor.

Oh Dios, que diste a San Charbel gracias especiales para parecerse a Ti: concédeme también a mí crecer en las virtudes cristianas y recibir Tu misericordia, para alabarte y glorificarte ahora y por siempre. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 5
Día 5

Lo reconocieron al partir el pan

6 minutos

Día quinto de la Novena a San Charbel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 24, 30-31)
«Cuando Jesús estaba a la mesa con los dos discípulos, tomó el pan, dijo la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron entonces los ojos, y lo reconocieron».

Los discípulos de Emaús reconocieron a Jesús al partir el pan, y en ese mismo momento volvieron a Jerusalén a contarlo. Así sigue presente entre nosotros en la Eucaristía.

Allí se ofrece él mismo, y allí se nos da como alimento. Para Charbel, la Misa era el centro del día. La preparaba con largos ratos de oración y la celebraba con gran recogimiento.

En cada Misa, como enseña la Iglesia, Cristo se entrega por todos, y el sacerdote lo ofrece al Padre.

También tú puedes vivir mejor la Misa. Llega un poco antes, escucha con atención y comulga con fe; si no puedes comulgar, haz una comunión espiritual.

Señor Jesús, por intercesión de San Charbel, que te reconozca al partir el pan.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Quinto día —
Oh San Charbel, tan amado de Dios: dame luz, ayúdame y enséñame a agradar a Dios siempre y en todo. Ven pronto en mi auxilio, padre bueno. A ti acudo para que presentes a Dios esta necesidad mía (hacer la petición). Amén.

San Charbel, amigo de Jesús crucificado, ruega por mí al Señor.

Oh Dios, por la intercesión de San Charbel, oye mi súplica. Cuida mi pobre corazón y llénalo de Tu paz; calma las luchas de mi alma. A Ti la gloria, ahora y por siempre. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 6
Día 6

Cargar la cruz cada día

5 minutos

Día sexto de la Novena a San Charbel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 2, 12)
«Toma, pues, tu cruz, sigue a Jesús, e irás a la vida eterna».

Seguir a Jesús es llevar con él la cruz de cada día. Por ese camino se llega a la vida, y Kempis dice que en la cruz está la salud y la vida.

Charbel llevó una vida austera, de oración, de ayuno y de sufrimientos. Su maestro, San Nimatullah Al-Hardini, le enseñó, según sus biógrafos, que ser sacerdote es ser otro Cristo, y que a eso se llega por el camino del Calvario.

Así unía sus trabajos a los de Cristo crucificado, con paciencia y en silencio. Por eso la novena lo llama modelo de paciencia y de silencio.

También tú puedes unir a la cruz de Cristo lo que te toca sufrir, sea una enfermedad o una preocupación. Ofrecido con amor, nada se pierde.

Señor Jesús, por intercesión de San Charbel, dame paciencia para llevar mi cruz detrás de Ti.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Sexto día —
Oh San Charbel, intercesor poderoso, te ruego que me alcances la gracia que hoy necesito (hacer la petición). Basta una palabra tuya a nuestro buen Jesús para que me perdone, tenga compasión de mí y me conceda lo que le pido. Amén.

San Charbel, gozo del cielo y de la tierra, ruega por mí al Señor.

Oh Dios, que por el poder de Tu gracia nos diste a San Charbel como protector: por su intercesión, concédeme lo que hoy te pido. A Ti la gloria, ahora y por siempre. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 7
Día 7

El grano de trigo

6 minutos

Día séptimo de la Novena a San Charbel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Consideración del día —
(Juan 12, 24)
«En verdad, en verdad les digo: si el grano de trigo, una vez caído en la tierra, no muere, permanece solo; pero si muere, da mucho fruto».

Jesús habla de su muerte, que dará vida a muchos. Lo mismo pasa con la vida humilde de sus santos.

Charbel vivió retirado, lejos de los caminos del mundo. Después de su muerte, según los testimonios de entonces, se vio una luz sobre su tumba, y al abrirla, meses más tarde, encontraron su cuerpo sin corrupción.

Desde entonces, muchos acuden a él. El papa Pablo VI lo beatificó en 1965 y lo canonizó en 1977.

También tú puedes dar fruto sin que nadie lo vea, en el trabajo bien hecho y en el bien que haces sin buscar que te lo agradezcan. Dios lo ve y lo hace crecer.

Señor, por intercesión de San Charbel, haz fecunda mi vida y úsala para Tu gloria.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Séptimo día —
Oh San Charbel, a quien tantos quieren y buscan: socórreme en lo que necesito. Espero con firmeza en lo que puedes alcanzarme de Dios. Consígueme la gracia que hoy le pido (hacer la petición). Amén.

San Charbel, buen consejero de los que andan perdidos, ruega por mí al Señor.

Oh Dios, Tus gracias cubren mis muchos pecados. Por la intercesión de San Charbel, escúchame: devuelve la alegría a mi corazón triste y concédeme la gracia que te pido. A Ti te damos gloria y gracias, ahora y siempre. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 8
Día 8

Como un cedro

6 minutos

Día octavo de la Novena a San Charbel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Consideración del día —
(Salmo 92 (91), 13)
«El justo florecerá como la palmera, crecerá como un cedro del Líbano».

El salmo compara al justo con los árboles que crecen firmes, y añade que todavía dan fruto en la vejez.

Charbel nació en las montañas donde crece el cedro. Un obispo maronita lo comparó con un cedro que está en oración en lo alto de un monte.

Su firmeza venía de Dios. Vivió cuarenta y siete años de monje, fiel a la oración, a la Misa y a su vocación hasta la ancianidad. El cedro crece despacio y dura mucho; así crece también la santidad, con los años y con la gracia.

También tú puedes echar raíces en Dios con la oración diaria y con los sacramentos. A cualquier edad se puede dar fruto, y nunca es tarde para empezar a crecer en él.

Señor, por intercesión de San Charbel, planta mi vida en Ti y hazla firme y fecunda.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Octavo día —
Oh San Charbel, cada vez que te contemplo de rodillas sobre tu dura estera de caña, en ayuno y penitencia, todo entregado a escuchar a Dios, crecen mi esperanza y mi confianza en ti. Con esa confianza te pido que intercedas para que Dios me conceda la gracia que hoy le presento (hacer la petición). Amén.

San Charbel, todo absorto en Dios, ruega por mí al Señor.

Oh Jesús, luz serena, que llevaste a Tu amado Charbel a la perfección del Evangelio: de todo corazón te pido la gracia de vivir según Tu santa voluntad todos los días que me queden. Te amo, Dios y Salvador mío. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 9
Día 9

En las manos de Dios

6 minutos

Día noveno de la Novena a San Charbel.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Consideración del día —
(Sabiduría 3, 1)
«Las almas de los justos están en la mano de Dios, y no llegará a tocarlas ningún tormento».

La vida de los justos está segura en la mano de Dios, también después de la muerte.

Charbel murió en su ermita la víspera de Navidad de 1898, a los setenta años, y lo enterraron el día de Navidad en el monasterio de Annaya.

Había puesto su vida en las manos de Dios, y allí la dejó al morir. Por eso la Iglesia confía en su intercesión, porque los santos siguen unidos a nosotros y ruegan por nosotros ante Dios.

También tú puedes dejar en las manos de Dios lo que has pedido en esta novena. Él escucha, y concede lo que conviene. Si la respuesta tarda o es otra, sigue confiando. Y pide también por los que ya han muerto.

Señor, por intercesión de San Charbel, guárdame en Tu mano en la vida y en la muerte.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Noveno día —
Oh padre San Charbel, aquí estoy, al terminar esta novena. Cada vez que hablo contigo, mi corazón encuentra alimento. Confío mucho en que, por tu intercesión, Jesús escuchará la súplica que he venido haciendo. Me duelo de mis pecados y, con la gracia de Dios, propongo no volver a pecar. Te ruego que lleves a Dios mi petición (hacer la petición). Amén.

San Charbel, coronado de gloria, ruega por mí al Señor.

Señor, Tú escuchaste la oración de San Charbel y le diste la gracia de vivir unido del todo a Ti: ten compasión de mí en esta hora de angustia y líbrame de todo mal, porque mis fuerzas no alcanzan. A Ti te damos gloria y gracias, ahora y siempre. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

También hoy