Novena · 9 días
Novena a San Cayetano
Novena clásica a San Cayetano, santo del pan y del trabajo
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
Desprecio de las cosas del mundo
Día primero de la Novena a San Cayetano.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Tú quien eres, y porque te amo de todo corazón sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de haberte ofendido. Pésame, Señor, de lo poco que me pesa: yo propongo de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Ofrézcote mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y como te lo suplico, así confío en Tu Divina bondad, y misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme, y para perseverar hasta la muerte en Tu santo servicio. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Dios te salve, Santísimo Patriarca Cayetano, gloria de Vicencia, defensa de Italia, decoro y ornato de toda la Iglesia: yo me ofrezco todo a ti, y encomiendo a tu piedad todas mis cosas: tú, pues, oh Santo mío, con tu acostumbrada caridad recíbeme, ampárame, mírame como Padre a hijo, y aunque malo y desemejante, ten cuidado de mí.
Concédeme por tus relevantes méritos, que si conviene para honra y gloria de Dios, consiga lo que pido en esta Novena; alcánzame gracia para que pueda imitar tus virtudes, y mérito de ser socorrido por tus ruegos.
Atiéndeme, oh Padre amoroso, y haz que de tal manera todos mis pecados sean perdonados, y mis obras tan bien dirigidas, que merezca gozar en tu compañía de la gloria que posees eternamente en el Cielo. Amén.
— Consideración del día: Desprecio de las cosas del mundo —
(Mateo 6, 33)
«Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todo eso se les dará por añadidura».
Jesús habla así a los que viven preocupados por la comida y el vestido. Les pide que pongan a Dios en el primer lugar y que confíen en el Padre, que sabe lo que necesitan.
Cayetano nació en Vicenza, de familia noble, y se doctoró en leyes en Padua. En Roma sirvió en la corte del papa Julio II, con un porvenir asegurado. Fue dejando los cargos para darse a Dios y a los pobres, y con sus compañeros hizo voto de una pobreza estricta.
Por eso lo llaman el santo de la Providencia, porque se fio de que a quien busca a Dios no le falta lo necesario.
También tú puedes poner hoy a Dios en el primer lugar, en lo que decides y en lo que gastas. Lo necesario de cada día puedes confiarlo al Padre.
Señor, por intercesión de San Cayetano, que te busque a Ti antes que nada y confíe en Tu providencia.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular de este día —
Amantísimo Padre, y Protector mío Cayetano, me alegro, y te doy el parabién con el corazón, que desde los primeros años de la juventud fue tan grande el amor de Dios, que abrasaba tu pecho, que imitando su Divina pobreza repartiste entre los pobres todas las riquezas de que el mundo te había hecho poseedor, renunciaste las Dignidades, la Patria, parientes y amigos, y de tal suerte, que viniendo algunos de Vicencia a Nápoles solo por visitarte, no quisiste ni aun tener el gozo de verlos.
Por tanto te ruego, Santo Protector y Abogado mío, me alcances del Señor un verdadero desprecio de las cosas del mundo, y concedas la gracia que te pido en esta Novena, si conviene para mayor servicio de nuestro Redentor Jesucristo, amor y vida de mi alma, a quien con el Padre, y el Espíritu Santo se dé eterna alabanza, honor, virtud y gloria. Amén.
— Nueve Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sea eternamente bendito el gran desprecio de las cosas del mundo, que ejecutó el glorioso san Cayetano.
— Oración que decía San Cayetano para el remedio de las mayores necesidades —
Mira, Señor y Padre Santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial esta Sacrosanta Hostia que te ofrece nuestro Sumo Pontífice, Hijo Tuyo, y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos. Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo: atiende a la voz de la sangre de nuestro hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la Cruz.
Otorga, Señor, mi ruego. Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido, no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu Santo Nombre ya está invocado sobre Tu Pueblo, y haz con nosotros según Tu misericordia.
Amén.
La renuncia a sí mismo
Día segundo de la Novena a San Cayetano.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Tú quien eres, y porque te amo de todo corazón sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de haberte ofendido. Pésame, Señor, de lo poco que me pesa: yo propongo de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Ofrézcote mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y como te lo suplico, así confío en Tu Divina bondad, y misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme, y para perseverar hasta la muerte en Tu santo servicio. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Dios te salve, Santísimo Patriarca Cayetano, gloria de Vicencia, defensa de Italia, decoro y ornato de toda la Iglesia: yo me ofrezco todo a ti, y encomiendo a tu piedad todas mis cosas: tú, pues, oh Santo mío, con tu acostumbrada caridad recíbeme, ampárame, mírame como Padre a hijo, y aunque malo y desemejante, ten cuidado de mí.
Concédeme por tus relevantes méritos, que si conviene para honra y gloria de Dios, consiga lo que pido en esta Novena; alcánzame gracia para que pueda imitar tus virtudes, y mérito de ser socorrido por tus ruegos.
Atiéndeme, oh Padre amoroso, y haz que de tal manera todos mis pecados sean perdonados, y mis obras tan bien dirigidas, que merezca gozar en tu compañía de la gloria que posees eternamente en el Cielo. Amén.
— Consideración del día: La renuncia a sí mismo —
(Lucas 9, 23)
«Si alguien quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y que me siga».
Renunciar a sí mismo es dejar que Cristo ocupe el centro de la vida, y tomar cada día la cruz que llega, sin buscarla y sin huir de ella.
En Roma, Cayetano se unió al Oratorio del Amor Divino, una hermandad que buscaba una vida más fervorosa y el servicio a los pobres y a los enfermos. Después fundó en Venecia un hospital para los enfermos incurables.
Sirviendo a esos enfermos, aquel hombre de familia noble seguía a Cristo.
También tú llevas cada día cruces pequeñas, como un trabajo que cansa o una persona difícil. Llevarlas con amor y sin quejarte a cada paso es ir detrás de Jesús.
Señor Jesús, por intercesión de San Cayetano, dame fuerza para renunciar a mí mismo y seguirte cada día.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular de este día —
Amantísimo Padre, y Protector mío Cayetano, me alegro, y te doy el parabién con el corazón, que con tanta aspereza trataste tu delicado cuerpo, afligiéndole con continuas disciplinas y rigorosos cilicios, ayunos a pan y agua, e infinitas mortificaciones con tanto fervor. ¡Oh fuerza del Divino amor, y cómo haces arder en caridad!
Por tanto, Santo Protector y Abogado mío, concédeme la gracia que te pido en esta Novena, si conviene para mayor servicio de nuestro Redentor Jesucristo, amor y vida de mi alma, a quien con el Padre, y el Espíritu Santo se dé eterna alabanza, honor, virtud y gloria. Amén.
— Nueve Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración que decía San Cayetano para el remedio de las mayores necesidades —
Mira, Señor y Padre Santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial esta Sacrosanta Hostia que te ofrece nuestro Sumo Pontífice, Hijo Tuyo, y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos. Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo: atiende a la voz de la sangre de nuestro hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la Cruz.
Otorga, Señor, mi ruego. Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido, no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu Santo Nombre ya está invocado sobre Tu Pueblo, y haz con nosotros según Tu misericordia.
Amén.
Reforma de costumbres
Día tercero de la Novena a San Cayetano.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Tú quien eres, y porque te amo de todo corazón sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de haberte ofendido. Pésame, Señor, de lo poco que me pesa: yo propongo de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Ofrézcote mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y como te lo suplico, así confío en Tu Divina bondad, y misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme, y para perseverar hasta la muerte en Tu santo servicio. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Dios te salve, Santísimo Patriarca Cayetano, gloria de Vicencia, defensa de Italia, decoro y ornato de toda la Iglesia: yo me ofrezco todo a ti, y encomiendo a tu piedad todas mis cosas: tú, pues, oh Santo mío, con tu acostumbrada caridad recíbeme, ampárame, mírame como Padre a hijo, y aunque malo y desemejante, ten cuidado de mí.
Concédeme por tus relevantes méritos, que si conviene para honra y gloria de Dios, consiga lo que pido en esta Novena; alcánzame gracia para que pueda imitar tus virtudes, y mérito de ser socorrido por tus ruegos.
Atiéndeme, oh Padre amoroso, y haz que de tal manera todos mis pecados sean perdonados, y mis obras tan bien dirigidas, que merezca gozar en tu compañía de la gloria que posees eternamente en el Cielo. Amén.
— Consideración del día: Reforma de costumbres —
(Imitación de Cristo 1, 11)
«Si cada año desarraigásemos un vicio, presto seríamos perfectos».
Kempis propone un camino humilde, el de quitar cada año un defecto. La conversión se hace poco a poco, con paciencia y con la gracia de Dios. Lo que importa es no dejar de avanzar.
En tiempos de Cayetano, muchos sacerdotes vivían lejos del Evangelio. En 1524 fundó en Roma, con tres compañeros, una comunidad de clérigos que quería vivir como los apóstoles, en pobreza y en oración, al servicio de las almas.
Fue la primera orden de clérigos regulares, la de los teatinos. Con su ejemplo quiso llamar a los sacerdotes a una vida santa y a los fieles a la práctica de la virtud.
También tú puedes elegir hoy un defecto concreto y trabajar en él, sin desanimarte si tarda. En la confesión Dios perdona y da fuerzas para empezar de nuevo.
Señor, por intercesión de San Cayetano, cambia mi corazón y dame constancia para corregirme.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular de este día —
Amantísimo Padre, y Protector mío Cayetano, me alegro, y te doy el parabién con el corazón, que por el celo que tuviste de la salud del prójimo fuiste llamado Cazador de las Almas, y por quitar los abusos del Clero, y reformarlo en aquel siglo corrompido, instituiste la primera Religión de Clérigos, y con tanto fruto que el gran cronista de la Iglesia, el Cardenal Baronio, escribiendo de este orden, dice haber renovado enteramente el primitivo instituto de la vida Apostólica.
Ruega, Santo mío, Protector y Abogado mío, que yo reforme en mí todas mis pasiones y defectos, y concédeme la gracia que te pido en esta Novena, si conviene para mayor servicio de nuestro Redentor Jesucristo, amor y vida de mi alma, a quien con el Padre, y el Espíritu Santo se dé eterna alabanza, honor, virtud y gloria. Amén.
— Nueve Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sea eternamente bendito el Apostólico instituto de san Cayetano.
— Oración que decía San Cayetano para el remedio de las mayores necesidades —
Mira, Señor y Padre Santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial esta Sacrosanta Hostia que te ofrece nuestro Sumo Pontífice, Hijo Tuyo, y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos. Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo: atiende a la voz de la sangre de nuestro hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la Cruz.
Otorga, Señor, mi ruego. Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido, no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu Santo Nombre ya está invocado sobre Tu Pueblo, y haz con nosotros según Tu misericordia.
Amén.
Humildad
Día cuarto de la Novena a San Cayetano.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Tú quien eres, y porque te amo de todo corazón sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de haberte ofendido. Pésame, Señor, de lo poco que me pesa: yo propongo de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Ofrézcote mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y como te lo suplico, así confío en Tu Divina bondad, y misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme, y para perseverar hasta la muerte en Tu santo servicio. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Dios te salve, Santísimo Patriarca Cayetano, gloria de Vicencia, defensa de Italia, decoro y ornato de toda la Iglesia: yo me ofrezco todo a ti, y encomiendo a tu piedad todas mis cosas: tú, pues, oh Santo mío, con tu acostumbrada caridad recíbeme, ampárame, mírame como Padre a hijo, y aunque malo y desemejante, ten cuidado de mí.
Concédeme por tus relevantes méritos, que si conviene para honra y gloria de Dios, consiga lo que pido en esta Novena; alcánzame gracia para que pueda imitar tus virtudes, y mérito de ser socorrido por tus ruegos.
Atiéndeme, oh Padre amoroso, y haz que de tal manera todos mis pecados sean perdonados, y mis obras tan bien dirigidas, que merezca gozar en tu compañía de la gloria que posees eternamente en el Cielo. Amén.
— Consideración del día: Humildad —
(Imitación de Cristo 1, 3)
«El humilde conocimiento de ti mismo es más cierto camino para Dios que escudriñar la profundidad de la ciencia».
El humilde se conoce con verdad. Reconoce que lo bueno viene de Dios y que lo malo es suyo.
Cayetano era doctor en leyes y conocía bien la corte de Roma. Cuando nació la orden que él había impulsado, el primer superior fue su compañero Juan Pedro Carafa, obispo de Chieti y más tarde papa con el nombre de Pablo IV. De esa ciudad, en latín Theate, tomaron el nombre de teatinos.
Cayetano siguió sirviendo sin buscar el primer puesto. Tres años después, en Venecia, sus hermanos lo eligieron superior de la orden.
También tú puedes practicar la humildad en cosas pequeñas, como alegrarte del bien de otro o aceptar una corrección sin defenderte.
Señor, por intercesión de San Cayetano, dame un corazón humilde que te reconozca siempre como fuente de todo bien.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular de este día —
Amantísimo Padre, y Protector mío Cayetano, me alegro, y te doy el parabién con el corazón de los finos actos de humildad que en vida y muerte ejecutaste, deseando que todos te tuviesen en menos; nunca blasonaste de la ilustre familia de los Thiene.
En las ocasiones que quisieron los Pontífices premiar tu virtud, y honrar tu sangre, huiste las Dignidades, te negaste a los puestos; todo era servir a los pobres, y asistir a los Hospitales: hasta en las cartas te firmabas: «Cayetano, clérigo miserable».
¡Oh Santo mío!, pues eres mi Patrón y Abogado, alcánzame esta grande humildad tuya para que de tal suerte abata mi soberbia, que engendre en mí un verdadero conocimiento de mi miseria, y concédeme la gracia que te pido en esta Novena, si conviene para mayor servicio de nuestro Redentor Jesucristo, amor y vida de mi alma, a quien con el Padre, y el Espíritu Santo se dé eterna alabanza, honor, virtud y gloria. Amén.
— Nueve Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sea eternamente bendita la profunda humildad de san Cayetano.
— Oración que decía San Cayetano para el remedio de las mayores necesidades —
Mira, Señor y Padre Santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial esta Sacrosanta Hostia que te ofrece nuestro Sumo Pontífice, Hijo Tuyo, y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos. Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo: atiende a la voz de la sangre de nuestro hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la Cruz.
Otorga, Señor, mi ruego. Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido, no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu Santo Nombre ya está invocado sobre Tu Pueblo, y haz con nosotros según Tu misericordia.
Amén.
Paciencia
Día quinto de la Novena a San Cayetano.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Tú quien eres, y porque te amo de todo corazón sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de haberte ofendido. Pésame, Señor, de lo poco que me pesa: yo propongo de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Ofrézcote mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y como te lo suplico, así confío en Tu Divina bondad, y misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme, y para perseverar hasta la muerte en Tu santo servicio. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Dios te salve, Santísimo Patriarca Cayetano, gloria de Vicencia, defensa de Italia, decoro y ornato de toda la Iglesia: yo me ofrezco todo a ti, y encomiendo a tu piedad todas mis cosas: tú, pues, oh Santo mío, con tu acostumbrada caridad recíbeme, ampárame, mírame como Padre a hijo, y aunque malo y desemejante, ten cuidado de mí.
Concédeme por tus relevantes méritos, que si conviene para honra y gloria de Dios, consiga lo que pido en esta Novena; alcánzame gracia para que pueda imitar tus virtudes, y mérito de ser socorrido por tus ruegos.
Atiéndeme, oh Padre amoroso, y haz que de tal manera todos mis pecados sean perdonados, y mis obras tan bien dirigidas, que merezca gozar en tu compañía de la gloria que posees eternamente en el Cielo. Amén.
— Consideración del día: Paciencia —
(Imitación de Cristo 2, 12)
«Si de buena voluntad llevas la cruz, ella te llevará y te guiará al fin deseado».
La cruz llega a todos. Kempis enseña que, aceptada con fe, se vuelve camino hacia Dios, y que quien la lleva a disgusto la hace más pesada.
En 1527 las tropas del emperador saquearon Roma. Cayetano y sus compañeros, que eran entonces doce, fueron apresados y maltratados, y después lograron huir a Venecia.
Allí volvieron a empezar, pobres como antes y confiados en Dios, y la orden, aunque despacio, siguió creciendo.
Al final de su vida, en Nápoles, sufrió mucho por las divisiones de la ciudad; según las crónicas, esa pena apresuró su muerte.
También tú tienes pruebas que no elegiste. Llevarlas con paciencia y ofrecerlas a Dios es dejar que él las convierta en camino. En la oración, él da fuerzas para lo que parecía demasiado.
Señor, por intercesión de San Cayetano, dame paciencia en las pruebas y confianza en Tu voluntad.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular de este día —
Amantísimo Padre, y Protector mío Cayetano, me alegro, y te doy el parabién con el corazón, que en el tiempo de la cruel peste de Venecia, y del inhumano saco de Roma, sufriste innumerables trabajos y horribles martirios con tanta grandeza y serenidad de ánimo, que estando en la cárcel con tus santos Hermanos y Compañeros, solo atendías a la dulce armonía de los Salmos y Cánticos del Divino Oficio, haciendo de las lobregueces de la prisión un coro celestial de suavidad.
Por tanto, Protector y Abogado mío, te ruego me concedas fortaleza y tranquilidad en todos mis trabajos, una santa paciencia y resignación en la Divina voluntad, y concédeme la gracia que te pido en esta Novena, si conviene para mayor servicio de nuestro Redentor Jesucristo, amor y vida de mi alma, a quien con el Padre, y el Espíritu Santo se dé eterna alabanza, honor, virtud y gloria. Amén.
— Nueve Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sea eternamente bendita la singular paciencia de san Cayetano.
— Oración que decía San Cayetano para el remedio de las mayores necesidades —
Mira, Señor y Padre Santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial esta Sacrosanta Hostia que te ofrece nuestro Sumo Pontífice, Hijo Tuyo, y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos. Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo: atiende a la voz de la sangre de nuestro hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la Cruz.
Otorga, Señor, mi ruego. Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido, no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu Santo Nombre ya está invocado sobre Tu Pueblo, y haz con nosotros según Tu misericordia.
Amén.
Celo de la salud de las almas
Día sexto de la Novena a San Cayetano.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Tú quien eres, y porque te amo de todo corazón sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de haberte ofendido. Pésame, Señor, de lo poco que me pesa: yo propongo de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Ofrézcote mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y como te lo suplico, así confío en Tu Divina bondad, y misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme, y para perseverar hasta la muerte en Tu santo servicio. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Dios te salve, Santísimo Patriarca Cayetano, gloria de Vicencia, defensa de Italia, decoro y ornato de toda la Iglesia: yo me ofrezco todo a ti, y encomiendo a tu piedad todas mis cosas: tú, pues, oh Santo mío, con tu acostumbrada caridad recíbeme, ampárame, mírame como Padre a hijo, y aunque malo y desemejante, ten cuidado de mí.
Concédeme por tus relevantes méritos, que si conviene para honra y gloria de Dios, consiga lo que pido en esta Novena; alcánzame gracia para que pueda imitar tus virtudes, y mérito de ser socorrido por tus ruegos.
Atiéndeme, oh Padre amoroso, y haz que de tal manera todos mis pecados sean perdonados, y mis obras tan bien dirigidas, que merezca gozar en tu compañía de la gloria que posees eternamente en el Cielo. Amén.
— Consideración del día: Celo de la salud de las almas —
(1 Timoteo 2, 3-4)
«Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad».
Dios desea que nadie se pierda. Quien lo ama desea lo mismo y trabaja para que otros lo conozcan. Por eso los teatinos predicaban el Evangelio y cuidaban de los enfermos.
Cayetano llevó ese deseo a todas partes. En una de sus cartas se dolía de que Cristo espera y nadie se mueve.
En Nápoles, donde vivió sus últimos años, cuidó la formación de los sacerdotes que atendían el hospital de los incurables y acompañó a varias comunidades de religiosas de la ciudad.
También tú puedes cuidar la fe de los que tienes cerca, rezando por ellos y hablándoles de Dios con sencillez. Muchas veces basta el ejemplo. Y pide a Dios por ellos cada día.
Señor, por intercesión de San Cayetano, dame celo por la salvación de todos y enséñame a acercarlos a Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular de este día —
Amantísimo Padre, y Protector mío Cayetano, me alegro, y te doy el parabién con el corazón, que moriste abrasado en el fuego de un santo celo para aplacar a Dios airado contra la Ciudad de Nápoles: y cuando más en su fuerza estaba el Sol, y que no sin manifiesto peligro de la vida te encaminaste de Nápoles a Roma: tú hiciste esta jornada solo por corregir un Prelado que no celebraba todos los días.
¡Oh caridad ardiente! Pues por remediar una leve imperfección te pusiste a peligro de la vida: ¿qué hicieras, oh Santo mío, por evitar un pecado venial? ¡Qué por un mortal! Y en fin, ¿qué por ganar una Provincia? No dudo que desearías, a semejanza del Apóstol, ser aprisionado y atado por Cristo.
Alcánzame, oh Santo mío, Protector y Abogado, una ardentísima caridad para con el prójimo, que sienta sus trabajos como propios, y acuda al remedio de sus necesidades, sin más respecto que el de la caridad, y concédeme la gracia que te pido en esta Novena, si conviene para mayor servicio de nuestro Redentor Jesucristo, amor y vida de mi alma, a quien con el Padre, y el Espíritu Santo se dé eterna alabanza, honor, virtud y gloria. Amén.
— Nueve Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sea eternamente bendito el gran celo de las almas que ejecutó san Cayetano.
— Oración que decía San Cayetano para el remedio de las mayores necesidades —
Mira, Señor y Padre Santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial esta Sacrosanta Hostia que te ofrece nuestro Sumo Pontífice, Hijo Tuyo, y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos. Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo: atiende a la voz de la sangre de nuestro hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la Cruz.
Otorga, Señor, mi ruego. Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido, no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu Santo Nombre ya está invocado sobre Tu Pueblo, y haz con nosotros según Tu misericordia.
Amén.
Castidad
Día séptimo de la Novena a San Cayetano.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Tú quien eres, y porque te amo de todo corazón sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de haberte ofendido. Pésame, Señor, de lo poco que me pesa: yo propongo de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Ofrézcote mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y como te lo suplico, así confío en Tu Divina bondad, y misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme, y para perseverar hasta la muerte en Tu santo servicio. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Dios te salve, Santísimo Patriarca Cayetano, gloria de Vicencia, defensa de Italia, decoro y ornato de toda la Iglesia: yo me ofrezco todo a ti, y encomiendo a tu piedad todas mis cosas: tú, pues, oh Santo mío, con tu acostumbrada caridad recíbeme, ampárame, mírame como Padre a hijo, y aunque malo y desemejante, ten cuidado de mí.
Concédeme por tus relevantes méritos, que si conviene para honra y gloria de Dios, consiga lo que pido en esta Novena; alcánzame gracia para que pueda imitar tus virtudes, y mérito de ser socorrido por tus ruegos.
Atiéndeme, oh Padre amoroso, y haz que de tal manera todos mis pecados sean perdonados, y mis obras tan bien dirigidas, que merezca gozar en tu compañía de la gloria que posees eternamente en el Cielo. Amén.
— Consideración del día: Castidad —
(Mateo 5, 8)
«Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios».
La castidad guarda el cuerpo y el corazón para amar como Dios quiere, cada uno en su estado de vida. Es fruto de la gracia y también de la vigilancia.
La tradición recuerda a Cayetano como un sacerdote de vida limpia, que cuidaba su corazón con la oración y la sobriedad. Un corazón así queda libre para Dios y para los demás.
Jesús dice que los limpios de corazón verán a Dios. Esa mirada limpia empieza ya aquí, en cómo miramos a las personas y en lo que dejamos entrar en el corazón.
También tú puedes cuidar tu mirada, tus palabras y lo que ves y escuchas. Si has caído, la confesión te devuelve la paz. Dios da esta gracia a quien se la pide con humildad.
Señor, por intercesión de San Cayetano, dame un corazón limpio para verte en todas las cosas.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular de este día —
Amantísimo Padre, y Protector mío Cayetano, me alegro, y te doy el parabién con el corazón del singular desvelo con que siempre cuidaste de la preciosa joya de la castidad, no perdonando diligencia alguna por conservarla, ya con la continua abstinencia enflaqueciéndote, ya con la soledad apartándote de las ocasiones, y con la oración fortaleciéndote; por eso, siendo tan grande en esta virtud, mereciste el elogio de Imagen de la Pureza Angelical.
Sea, pues, Protector y Abogado mío, tu protección la que me libre de los impuros pensamientos, y concédeme la gracia que te pido en esta Novena, si conviene para mayor servicio de nuestro Redentor Jesucristo, amor y vida de mi alma, a quien con el Padre, y el Espíritu Santo se dé eterna alabanza, honor, virtud y gloria. Amén.
— Nueve Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sea eternamente bendita la pureza angelical de san Cayetano.
— Oración que decía San Cayetano para el remedio de las mayores necesidades —
Mira, Señor y Padre Santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial esta Sacrosanta Hostia que te ofrece nuestro Sumo Pontífice, Hijo Tuyo, y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos. Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo: atiende a la voz de la sangre de nuestro hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la Cruz.
Otorga, Señor, mi ruego. Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido, no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu Santo Nombre ya está invocado sobre Tu Pueblo, y haz con nosotros según Tu misericordia.
Amén.
Amor de Dios
Día octavo de la Novena a San Cayetano.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Tú quien eres, y porque te amo de todo corazón sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de haberte ofendido. Pésame, Señor, de lo poco que me pesa: yo propongo de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Ofrézcote mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y como te lo suplico, así confío en Tu Divina bondad, y misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme, y para perseverar hasta la muerte en Tu santo servicio. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Dios te salve, Santísimo Patriarca Cayetano, gloria de Vicencia, defensa de Italia, decoro y ornato de toda la Iglesia: yo me ofrezco todo a ti, y encomiendo a tu piedad todas mis cosas: tú, pues, oh Santo mío, con tu acostumbrada caridad recíbeme, ampárame, mírame como Padre a hijo, y aunque malo y desemejante, ten cuidado de mí.
Concédeme por tus relevantes méritos, que si conviene para honra y gloria de Dios, consiga lo que pido en esta Novena; alcánzame gracia para que pueda imitar tus virtudes, y mérito de ser socorrido por tus ruegos.
Atiéndeme, oh Padre amoroso, y haz que de tal manera todos mis pecados sean perdonados, y mis obras tan bien dirigidas, que merezca gozar en tu compañía de la gloria que posees eternamente en el Cielo. Amén.
— Consideración del día: Amor de Dios —
(Imitación de Cristo 3, 5)
«Gran cosa es el amor, y bien sobremanera grande: él solo hace ligero todo lo pesado».
Quien ama a Dios encuentra fuerzas para lo que, sin amor, se haría muy pesado. Kempis dice que el amor lleva la carga sin sentir su peso.
Cayetano contó en una carta lo que vivió en la Navidad de 1517, en Roma. Rezaba ante el altar del pesebre, en la basílica de Santa María la Mayor, y contempló en oración el nacimiento del Señor.
Por eso los pintores lo representan con el Niño en brazos, que recibe de manos de la Virgen. De ese amor nacían su trabajo por la Iglesia, sus hospitales y su confianza en la Providencia.
También tú puedes pedir ese amor. Crece en la oración y en la Eucaristía, y se nota en lo pequeño de cada día.
Señor, por intercesión de San Cayetano, enciende en mí Tu amor, para que todo lo haga por Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular de este día —
Amantísimo Padre, y Protector mío Cayetano, me alegro, y te doy el parabién con el corazón del amor grande que tuviste al consuelo de mi alma Jesús, ya sustentando el peso de su Santa Cruz, hecho nuevo Cirineo de amor, ya gustando de todas las dulzuras del Paraíso, bebiendo a la fuente de aquel Sacratísimo Costado; y en fin, gozando de las celestiales delicias del tierno Infante, cuando mereciste que la Sacratísima Virgen María te le dejara en tus brazos.
Por tanto, Santo Protector y Abogado mío, alcánzame esta íntima y santa conversación de Jesús, este amor del Divino Dueño de mi alma, y concédeme la gracia que te pido en esta Novena, si conviene para mayor servicio de nuestro Redentor Jesucristo, amor y vida de mi alma, a quien con el Padre, y el Espíritu Santo se dé eterna alabanza, honor, virtud y gloria. Amén.
— Nueve Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sea eternamente bendito el amor grande de Dios, que abrasó el corazón de san Cayetano.
— Oración que decía San Cayetano para el remedio de las mayores necesidades —
Mira, Señor y Padre Santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial esta Sacrosanta Hostia que te ofrece nuestro Sumo Pontífice, Hijo Tuyo, y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos. Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo: atiende a la voz de la sangre de nuestro hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la Cruz.
Otorga, Señor, mi ruego. Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido, no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu Santo Nombre ya está invocado sobre Tu Pueblo, y haz con nosotros según Tu misericordia.
Amén.
Perseverancia
Día noveno de la Novena a San Cayetano.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Tú quien eres, y porque te amo de todo corazón sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de haberte ofendido. Pésame, Señor, de lo poco que me pesa: yo propongo de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Ofrézcote mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y como te lo suplico, así confío en Tu Divina bondad, y misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme, y para perseverar hasta la muerte en Tu santo servicio. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Dios te salve, Santísimo Patriarca Cayetano, gloria de Vicencia, defensa de Italia, decoro y ornato de toda la Iglesia: yo me ofrezco todo a ti, y encomiendo a tu piedad todas mis cosas: tú, pues, oh Santo mío, con tu acostumbrada caridad recíbeme, ampárame, mírame como Padre a hijo, y aunque malo y desemejante, ten cuidado de mí.
Concédeme por tus relevantes méritos, que si conviene para honra y gloria de Dios, consiga lo que pido en esta Novena; alcánzame gracia para que pueda imitar tus virtudes, y mérito de ser socorrido por tus ruegos.
Atiéndeme, oh Padre amoroso, y haz que de tal manera todos mis pecados sean perdonados, y mis obras tan bien dirigidas, que merezca gozar en tu compañía de la gloria que posees eternamente en el Cielo. Amén.
— Consideración del día: Perseverancia —
(Imitación de Cristo 1, 25)
«Haz ahora lo que entonces quisieras hacer, y estarás seguro».
Es la respuesta que oyó en su interior un hombre inquieto por saber si perseveraría en el bien. Lo que está en nuestras manos es el paso de hoy.
Cayetano perseveró hasta el final. Murió en Nápoles el 7 de agosto de 1547. No quiso que lo acostaran en un colchón: pidió morir sobre unas tablas, como su Señor en la cruz.
La Iglesia lo proclamó santo en 1671. Hoy muchos acuden a él para pedir el pan y el trabajo de cada día, y dan gracias a Dios por lo que reciben por su intercesión.
También tú has perseverado estos nueve días. Lo que has pedido, déjalo en las manos de Dios, que concede lo que conviene, y sigue fiel a él cada día.
Señor, por intercesión de San Cayetano, dame perseverar en Tu amistad hasta el final de mi vida.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular de este día —
Amantísimo Padre, y Protector mío Cayetano, me alegro, y te doy el parabién con el corazón, que de tal suerte perseveraste hasta el fin en todas las heroicas virtudes de que adornaste tu alma, que mereciste coronarla con la diadema de la gloria, y con la especialísima gracia de los milagros en que tanto floreciste, todo efecto de tu perseverancia, hasta el fin de tu dichosa muerte, en que rehusaste el corto alivio de un colchón, la asistencia de otro Médico que el ordinario de la Casa, más regalo que el cotidiano de la Comunidad.
Por tanto, Santo Protector y Abogado mío, ruega por mí a la Majestad Divina me dé constancia en la imitación de tus heroicas virtudes, y una perseverancia hasta el fin de mi vida con su Divina gracia, y concédeme la gracia que te pido en esta Novena, si conviene para mayor servicio de nuestro Redentor Jesucristo, amor y vida de mi alma, a quien con el Padre, y el Espíritu Santo se dé eterna alabanza, honor, virtud y gloria. Amén.
— Nueve Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sea eternamente alabada la perseverancia final de san Cayetano.
— Oración que decía San Cayetano para el remedio de las mayores necesidades —
Mira, Señor y Padre Santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial esta Sacrosanta Hostia que te ofrece nuestro Sumo Pontífice, Hijo Tuyo, y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos. Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo: atiende a la voz de la sangre de nuestro hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la Cruz.
Otorga, Señor, mi ruego. Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido, no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu Santo Nombre ya está invocado sobre Tu Pueblo, y haz con nosotros según Tu misericordia.
Amén.

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