Novena · 9 días

Novena a San Benito

Nueve días con San Benito hacia su fiesta

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

El deseo del cielo

8 minutos

Día primero de la Novena a San Benito.

— Oración preparatoria para todos los días —
Oh glorioso padre San Benito, con cariño de hijos te saludamos: tú que obraste maravillas y fuiste colaborador de Cristo en la salvación de las almas. ¡Oh padre de los monjes! Contempla desde el cielo la viña que plantaste con tu mano, haz que crezca el número de tus hijos y que todos sean santos.

Cuida de modo especial a los que nos ponemos con amor bajo tu protección. Ruega por los enfermos, por los que sufren tentación, por los tristes, por los pobres y por todos los que te somos devotos.

Alcánzanos una muerte serena y santa como la tuya; aleja de nosotros en esa hora las trampas del enemigo y consuélanos con tu presencia. Y ahora alcánzanos la gracia que de modo especial te confiamos en esta novena...

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 1)
«Vanidad de vanidades y todo vanidad, sino amar y servir solamente a Dios».

Todo lo que pasa se queda corto para el corazón del hombre, hecho para Dios. Kempis pide ordenar la vida hacia lo que no pasa.

Benito nació en Nursia, de familia noble, y lo enviaron a estudiar a Roma. Para darse entero a Jesucristo, se retiró a una cueva en Subiaco, donde vivió tres años escondido; solo lo sabía un monje llamado Román, que le llevaba lo necesario.

Años después escribió en su Regla para los monjes: «Desear la vida eterna con todo el anhelo del espíritu».

También tú vives entre cosas que pasan. Mirar al cielo pone en su sitio el trabajo, los bienes y las preocupaciones. Dios es el final del camino, y lo demás se ordena hacia él.

Señor, por intercesión de San Benito, dame un deseo vivo del cielo, para que en todo te busque a Ti.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Primer día de la Novena a San Benito —
¡Oh glorioso San Benito, que desde niño comprendiste lo poco que vale el mundo y no quisiste más que los bienes que no pasan! Alcánzanos un gran deseo del cielo: que pensemos a menudo en Dios, que es nuestro fin, y que todo en nuestra vida se oriente a él, para que en todo sea glorificado.

San Benito, ruega por nosotros.

(Tres Avemarías.)

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración final para todos los días —
¡Oh glorioso San Benito, padre bondadoso que desde el cielo cuidas de los que te somos devotos! Hoy se conoce más que nunca lo mucho que puedes ante Dios, por la medalla que lleva tu nombre y por los muchos favores que Dios concede por medio de ella.

Intercede por todos los que te invocamos, y alcánzanos del Señor las gracias que necesitamos en esta vida, y de modo especial la que pedimos en esta novena.

San Benito, ruega por nosotros.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 2
Día 2

La humildad y el amor de Dios

8 minutos

Día segundo de la Novena a San Benito.

— Oración preparatoria para todos los días —
Oh glorioso padre San Benito, con cariño de hijos te saludamos: tú que obraste maravillas y fuiste colaborador de Cristo en la salvación de las almas. ¡Oh padre de los monjes! Contempla desde el cielo la viña que plantaste con tu mano, haz que crezca el número de tus hijos y que todos sean santos.

Cuida de modo especial a los que nos ponemos con amor bajo tu protección. Ruega por los enfermos, por los que sufren tentación, por los tristes, por los pobres y por todos los que te somos devotos.

Alcánzanos una muerte serena y santa como la tuya; aleja de nosotros en esa hora las trampas del enemigo y consuélanos con tu presencia. Y ahora alcánzanos la gracia que de modo especial te confiamos en esta novena...

— Consideración del día —
(Mateo 11, 29)
«Aprendan de mí, porque soy manso y de corazón humilde, y hallarán descanso para sus almas».

Jesús se presenta humilde de corazón, y a los que aprenden de él les promete descanso. La humildad abre el corazón al amor de Dios, que Benito amó sobre todas las cosas.

Benito dedicó a la humildad un capítulo entero de su Regla, con doce grados. La compara con la escalera que Jacob vio en sueños: por ella se baja cuando uno se ensalza, y se sube cuando uno se humilla.

Entre los consejos para sus monjes escribió que, si alguien ve algo bueno en sí mismo, se lo atribuya a Dios, y no a sí mismo.

También tú puedes subir esa escalera aceptando tus límites y agradeciendo a Dios lo bueno que hay en ti. Deja a otros, de vez en cuando, el primer lugar.

Señor Jesús, por intercesión de San Benito, hazme humilde de corazón y enséñame a amarte sobre todas las cosas.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Segundo día de la Novena a San Benito —
¡Oh glorioso San Benito, de corazón humilde, que no buscaste los elogios del mundo! Consíguenos ser humildes. Y tú, que amaste a Dios por encima de todo y le diste por entero tu corazón, consíguenos también a nosotros amarlo así.

San Benito, ruega por nosotros.

(Tres Avemarías.)

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración final para todos los días —
¡Oh glorioso San Benito, padre bondadoso que desde el cielo cuidas de los que te somos devotos! Hoy se conoce más que nunca lo mucho que puedes ante Dios, por la medalla que lleva tu nombre y por los muchos favores que Dios concede por medio de ella.

Intercede por todos los que te invocamos, y alcánzanos del Señor las gracias que necesitamos en esta vida, y de modo especial la que pedimos en esta novena.

San Benito, ruega por nosotros.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 3
Día 3

El espíritu de oración

8 minutos

Día tercero de la Novena a San Benito.

— Oración preparatoria para todos los días —
Oh glorioso padre San Benito, con cariño de hijos te saludamos: tú que obraste maravillas y fuiste colaborador de Cristo en la salvación de las almas. ¡Oh padre de los monjes! Contempla desde el cielo la viña que plantaste con tu mano, haz que crezca el número de tus hijos y que todos sean santos.

Cuida de modo especial a los que nos ponemos con amor bajo tu protección. Ruega por los enfermos, por los que sufren tentación, por los tristes, por los pobres y por todos los que te somos devotos.

Alcánzanos una muerte serena y santa como la tuya; aleja de nosotros en esa hora las trampas del enemigo y consuélanos con tu presencia. Y ahora alcánzanos la gracia que de modo especial te confiamos en esta novena...

— Consideración del día —
(Salmo 119 (118), 164)
«Siete veces al día te alabo por tus decisiones justas».

El salmista alaba a Dios a lo largo de todo el día. Su vida entera se vuelve oración.

Benito tomó esas palabras para ordenar la vida de sus monjes. Siete veces al día reunía a la comunidad para cantar las alabanzas de Dios, y de noche se levantaban a rezar, como el salmista, que dice: «A medianoche me levanto a darte gracias».

En su Regla dejó escrito: «Que nada se anteponga a la obra de Dios», que es el nombre que daba a esa oración en común. Un corazón que reza así se guarda también limpio.

También tú puedes tener tus horas de oración, al levantarte y antes de dormir. Unos minutos fieles cada día, y Dios hace el resto. También sirve una oración breve en medio del trabajo.

Señor, por intercesión de San Benito, dame espíritu de oración y un corazón limpio.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Tercer día de la Novena a San Benito —
¡Oh glorioso San Benito, que dedicaste tus labios a la oración y día y noche cantaste las alabanzas de Dios! Alcánzanos el espíritu de oración. Tú que, como un lirio entre espinas, conservaste un corazón puro con la humildad, la vigilancia constante, la oración y el dominio de los sentidos, alcánzanos un corazón limpio.

San Benito, ruega por nosotros.

(Tres Avemarías.)

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración final para todos los días —
¡Oh glorioso San Benito, padre bondadoso que desde el cielo cuidas de los que te somos devotos! Hoy se conoce más que nunca lo mucho que puedes ante Dios, por la medalla que lleva tu nombre y por los muchos favores que Dios concede por medio de ella.

Intercede por todos los que te invocamos, y alcánzanos del Señor las gracias que necesitamos en esta vida, y de modo especial la que pedimos en esta novena.

San Benito, ruega por nosotros.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 4
Día 4

La lucha contra el mal y el trabajo

8 minutos

Día cuarto de la Novena a San Benito.

— Oración preparatoria para todos los días —
Oh glorioso padre San Benito, con cariño de hijos te saludamos: tú que obraste maravillas y fuiste colaborador de Cristo en la salvación de las almas. ¡Oh padre de los monjes! Contempla desde el cielo la viña que plantaste con tu mano, haz que crezca el número de tus hijos y que todos sean santos.

Cuida de modo especial a los que nos ponemos con amor bajo tu protección. Ruega por los enfermos, por los que sufren tentación, por los tristes, por los pobres y por todos los que te somos devotos.

Alcánzanos una muerte serena y santa como la tuya; aleja de nosotros en esa hora las trampas del enemigo y consuélanos con tu presencia. Y ahora alcánzanos la gracia que de modo especial te confiamos en esta novena...

— Consideración del día —
(Santiago 4, 7)
«Sométanse, pues, a Dios. Opónganse al diablo, y huirá de ustedes».

Para vencer el mal, Santiago pide primero ponerse en las manos de Dios. La fuerza viene de él.

San Gregorio Magno cuenta que, cuando Benito llegó a Montecasino, todavía se daba culto a Apolo en aquel monte. Derribó su altar y levantó allí una capilla a San Martín y otra a San Juan.

Enseñó también a trabajar. En su Regla escribió: «La ociosidad es enemiga del alma», y repartió el día de sus monjes entre la oración, la lectura y el trabajo de las manos.

También tú puedes vencer la tentación acudiendo en seguida a Dios, con una oración breve o con la señal de la cruz. Y el trabajo hecho con amor te ayuda a vivir en paz.

Señor, por intercesión de San Benito, dame fuerza para resistir al mal y amor a mi trabajo de cada día.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Cuarto día de la Novena a San Benito —
¡Oh glorioso San Benito, que derrotaste al demonio y no te dejaste engañar por él! Alcánzanos fuerza para rechazar sus tentaciones y para apartarnos de toda ocasión de pecado. Tú que enseñaste una vida sencilla, de renuncia y de trabajo, y no quisiste la ociosidad, danos amor al trabajo y a la negación de nosotros mismos para seguir a Cristo.

San Benito, ruega por nosotros.

(Tres Avemarías.)

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración final para todos los días —
¡Oh glorioso San Benito, padre bondadoso que desde el cielo cuidas de los que te somos devotos! Hoy se conoce más que nunca lo mucho que puedes ante Dios, por la medalla que lleva tu nombre y por los muchos favores que Dios concede por medio de ella.

Intercede por todos los que te invocamos, y alcánzanos del Señor las gracias que necesitamos en esta vida, y de modo especial la que pedimos en esta novena.

San Benito, ruega por nosotros.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 5
Día 5

El silencio y la palabra buena

8 minutos

Día quinto de la Novena a San Benito.

— Oración preparatoria para todos los días —
Oh glorioso padre San Benito, con cariño de hijos te saludamos: tú que obraste maravillas y fuiste colaborador de Cristo en la salvación de las almas. ¡Oh padre de los monjes! Contempla desde el cielo la viña que plantaste con tu mano, haz que crezca el número de tus hijos y que todos sean santos.

Cuida de modo especial a los que nos ponemos con amor bajo tu protección. Ruega por los enfermos, por los que sufren tentación, por los tristes, por los pobres y por todos los que te somos devotos.

Alcánzanos una muerte serena y santa como la tuya; aleja de nosotros en esa hora las trampas del enemigo y consuélanos con tu presencia. Y ahora alcánzanos la gracia que de modo especial te confiamos en esta novena...

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 10)
«Muchas veces quisiera haber callado y no haber estado entre los hombres».

Kempis sabe que hablar mucho deja el alma dispersa, y que el silencio ayuda a escuchar a Dios y a los demás.

Benito dedicó un capítulo de su Regla al silencio. Entre los consejos para sus monjes pone estos: «Guardar la boca de palabras malas o torcidas; no amar el hablar mucho».

En la misma lista les pide que no sean murmuradores ni hablen mal de los demás. Y en los grados de la humildad pide que el monje, cuando hable, lo haga con suavidad, con pocas palabras y sin levantar la voz.

También tú puedes cuidar tus palabras, callando el comentario que hiere y diciendo a tiempo una palabra buena, que anima y consuela. Y reservar cada día un rato de silencio para Dios.

Señor, por intercesión de San Benito, guarda mi lengua y enséñame a hablar con caridad.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Quinto día de la Novena a San Benito —
¡Oh glorioso San Benito, amante del silencio, que nunca dejaste salir de tus labios palabras vanas o impuras, quejas, murmuraciones ni juicios contra el prójimo! Alcánzanos la gracia de no hablar nunca contra la pureza ni contra la caridad, de saber perdonar y de guardar del pecado nuestra lengua.

San Benito, ruega por nosotros.

(Tres Avemarías.)

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración final para todos los días —
¡Oh glorioso San Benito, padre bondadoso que desde el cielo cuidas de los que te somos devotos! Hoy se conoce más que nunca lo mucho que puedes ante Dios, por la medalla que lleva tu nombre y por los muchos favores que Dios concede por medio de ella.

Intercede por todos los que te invocamos, y alcánzanos del Señor las gracias que necesitamos en esta vida, y de modo especial la que pedimos en esta novena.

San Benito, ruega por nosotros.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 6
Día 6

La paciencia y el perdón

8 minutos

Día sexto de la Novena a San Benito.

— Oración preparatoria para todos los días —
Oh glorioso padre San Benito, con cariño de hijos te saludamos: tú que obraste maravillas y fuiste colaborador de Cristo en la salvación de las almas. ¡Oh padre de los monjes! Contempla desde el cielo la viña que plantaste con tu mano, haz que crezca el número de tus hijos y que todos sean santos.

Cuida de modo especial a los que nos ponemos con amor bajo tu protección. Ruega por los enfermos, por los que sufren tentación, por los tristes, por los pobres y por todos los que te somos devotos.

Alcánzanos una muerte serena y santa como la tuya; aleja de nosotros en esa hora las trampas del enemigo y consuélanos con tu presencia. Y ahora alcánzanos la gracia que de modo especial te confiamos en esta novena...

— Consideración del día —
(Mateo 5, 44)
«Yo, en cambio, les digo: amen a sus enemigos y recen por los que los persiguen».

Jesús pide un amor que no depende de cómo nos tratan los demás.

San Gregorio Magno cuenta que unos monjes se pusieron bajo la guía de Benito, y que, como no soportaban sus correcciones, quisieron envenenarlo. Cuando le ofrecieron la copa, hizo sobre ella la señal de la cruz, y la copa se rompió. Él dejó aquel monasterio y volvió a su soledad.

En su Regla escribió: «No devolver mal por mal. No hacer injuria, y soportar con paciencia la que nos hagan. Amar a los enemigos». Y pide hacer las paces antes de que se ponga el sol.

También tú tienes a alguien a quien te cuesta perdonar. Empieza por rezar por esa persona. El perdón es una gracia que Dios da a quien se la pide.

Señor, por intercesión de San Benito, dame paciencia y un corazón que sepa perdonar.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Sexto día de la Novena a San Benito —
¡Oh glorioso San Benito, que sufriste persecuciones y conservaste la paz del alma con una paciencia llena de mansedumbre!

Tú que no guardaste rencor a quienes quisieron envenenarte ni a quienes te hicieron dejar tu casa, y con misericordia rogaste a Dios por ellos, llorando su ceguera y su triste final, consíguenos la paciencia y un corazón que sepa perdonar.

San Benito, ruega por nosotros.

(Tres Avemarías.)

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración final para todos los días —
¡Oh glorioso San Benito, padre bondadoso que desde el cielo cuidas de los que te somos devotos! Hoy se conoce más que nunca lo mucho que puedes ante Dios, por la medalla que lleva tu nombre y por los muchos favores que Dios concede por medio de ella.

Intercede por todos los que te invocamos, y alcánzanos del Señor las gracias que necesitamos en esta vida, y de modo especial la que pedimos en esta novena.

San Benito, ruega por nosotros.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 7
Día 7

El amor al prójimo

8 minutos

Día séptimo de la Novena a San Benito.

— Oración preparatoria para todos los días —
Oh glorioso padre San Benito, con cariño de hijos te saludamos: tú que obraste maravillas y fuiste colaborador de Cristo en la salvación de las almas. ¡Oh padre de los monjes! Contempla desde el cielo la viña que plantaste con tu mano, haz que crezca el número de tus hijos y que todos sean santos.

Cuida de modo especial a los que nos ponemos con amor bajo tu protección. Ruega por los enfermos, por los que sufren tentación, por los tristes, por los pobres y por todos los que te somos devotos.

Alcánzanos una muerte serena y santa como la tuya; aleja de nosotros en esa hora las trampas del enemigo y consuélanos con tu presencia. Y ahora alcánzanos la gracia que de modo especial te confiamos en esta novena...

— Consideración del día —
(Mateo 25, 40)
«Les aseguro que todo lo que hicieron a uno de estos hermanos míos, los más pequeños, a mí me lo hicieron».

El Señor se reconoce en los que sufren. Lo que se hace por ellos se hace por él.

Benito lo puso en su Regla: «Todos los huéspedes que lleguen sean recibidos como Cristo», porque él dirá un día: fui forastero, y me recibieron.

Mandaba recibir con especial cuidado a los pobres y a los peregrinos, porque en ellos se recibe más a Cristo. Y a los enfermos, servirlos como al mismo Cristo. Entre las obras buenas que pide a sus monjes están aliviar a los pobres, visitar al enfermo y consolar al que sufre.

También tú puedes recibir a Cristo en el que llama a tu puerta y en quien necesita que lo escuchen o que lo acompañen.

Señor Jesús, por intercesión de San Benito, enséñame a servirte en mi prójimo.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Séptimo día de la Novena a San Benito —
¡Oh glorioso San Benito, que, movido por un gran celo de ayudar al prójimo en lo que necesitaba, enseñaste a los que no sabían, socorriste a los pobres, sanaste a los enfermos, devolviste la vida a los muertos, liberaste a los que estaban atados por el demonio y por sus pasiones, consolaste a los tristes y llevaste a Dios a los pecadores! Alcánzanos que amemos al prójimo y hagamos con él las obras de misericordia.

San Benito, ruega por nosotros.

(Tres Avemarías.)

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración final para todos los días —
¡Oh glorioso San Benito, padre bondadoso que desde el cielo cuidas de los que te somos devotos! Hoy se conoce más que nunca lo mucho que puedes ante Dios, por la medalla que lleva tu nombre y por los muchos favores que Dios concede por medio de ella.

Intercede por todos los que te invocamos, y alcánzanos del Señor las gracias que necesitamos en esta vida, y de modo especial la que pedimos en esta novena.

San Benito, ruega por nosotros.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 8
Día 8

Santa Escolástica

8 minutos

Día octavo de la Novena a San Benito.

— Oración preparatoria para todos los días —
Oh glorioso padre San Benito, con cariño de hijos te saludamos: tú que obraste maravillas y fuiste colaborador de Cristo en la salvación de las almas. ¡Oh padre de los monjes! Contempla desde el cielo la viña que plantaste con tu mano, haz que crezca el número de tus hijos y que todos sean santos.

Cuida de modo especial a los que nos ponemos con amor bajo tu protección. Ruega por los enfermos, por los que sufren tentación, por los tristes, por los pobres y por todos los que te somos devotos.

Alcánzanos una muerte serena y santa como la tuya; aleja de nosotros en esa hora las trampas del enemigo y consuélanos con tu presencia. Y ahora alcánzanos la gracia que de modo especial te confiamos en esta novena...

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 3, 5)
«No hay cosa más dulce que el amor, nada más fuerte, nada más alto».

San Gregorio Magno cuenta que Escolástica, hermana de Benito y consagrada a Dios desde niña, iba a verlo una vez al año. Pasaban el día alabando a Dios y hablando de las cosas santas.

La última vez, al caer la noche, ella le pidió que se quedara para seguir hablando de las alegrías del cielo. Él se negó. Escolástica inclinó la cabeza sobre sus manos y rezó, y empezó una tormenta tan fuerte que nadie pudo salir. «Te lo pedí y no quisiste escucharme; se lo pedí a mi Dios, y me escuchó», le dijo.

Tres días después, Benito vio el alma de su hermana subir al cielo en forma de paloma.

También tú tienes afectos que Dios te ha dado. Rezar juntos y hablar de Dios los hace más hondos.

Señor, por intercesión de San Benito y de Santa Escolástica, santifica mis afectos y une en Ti a los que amo.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Octavo día de la Novena a San Benito —
¡Oh glorioso San Benito, que consolaste a tu hermana Santa Escolástica hablándole del amor de Dios y de la felicidad del cielo! Alcánzanos la gracia de vivir en Dios nuestros afectos más queridos.

San Benito, ruega por nosotros.

(Tres Avemarías.)

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración final para todos los días —
¡Oh glorioso San Benito, padre bondadoso que desde el cielo cuidas de los que te somos devotos! Hoy se conoce más que nunca lo mucho que puedes ante Dios, por la medalla que lleva tu nombre y por los muchos favores que Dios concede por medio de ella.

Intercede por todos los que te invocamos, y alcánzanos del Señor las gracias que necesitamos en esta vida, y de modo especial la que pedimos en esta novena.

San Benito, ruega por nosotros.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 9
Día 9

Una buena muerte

8 minutos

Día noveno de la Novena a San Benito.

— Oración preparatoria para todos los días —
Oh glorioso padre San Benito, con cariño de hijos te saludamos: tú que obraste maravillas y fuiste colaborador de Cristo en la salvación de las almas. ¡Oh padre de los monjes! Contempla desde el cielo la viña que plantaste con tu mano, haz que crezca el número de tus hijos y que todos sean santos.

Cuida de modo especial a los que nos ponemos con amor bajo tu protección. Ruega por los enfermos, por los que sufren tentación, por los tristes, por los pobres y por todos los que te somos devotos.

Alcánzanos una muerte serena y santa como la tuya; aleja de nosotros en esa hora las trampas del enemigo y consuélanos con tu presencia. Y ahora alcánzanos la gracia que de modo especial te confiamos en esta novena...

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 23)
«Bienaventurado el que tiene siempre la hora de la muerte delante de los ojos y se dispone cada día a morir».

Pensar en la muerte con fe ayuda a vivir cada día para Dios. Benito lo pedía también en su Regla: tener la muerte presente cada día.

Benito anunció a sus discípulos el día de su muerte y mandó abrir su sepulcro seis días antes. Se hizo llevar al oratorio, recibió la Eucaristía y, sostenido por sus discípulos, con los ojos levantados al cielo, murió rezando.

Dos monjes vieron un camino cubierto de tapices y lleno de lámparas, que subía hacia el cielo, y oyeron: «Este es el camino por el que Benito, el amado del Señor, subió al cielo».

También tú puedes prepararte cada día viviendo en gracia de Dios y pidiéndole la perseverancia. Así la muerte será el paso a su casa.

Señor, por intercesión de San Benito, concédeme perseverar hasta el final y una buena muerte.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Noveno día de la Novena a San Benito —
¡Oh glorioso San Benito, que en tu santa muerte subiste al cielo entre ángeles y santos, y consolaste a tus discípulos mostrándoles tu gloria! Alcánzanos del Señor la gracia de perseverar hasta el final, de morir santamente y de tenerte a nuestro lado, intercediendo por nosotros, en nuestro último día.

San Benito, ruega por nosotros.

(Tres Avemarías.)

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

— Oración final para todos los días —
¡Oh glorioso San Benito, padre bondadoso que desde el cielo cuidas de los que te somos devotos! Hoy se conoce más que nunca lo mucho que puedes ante Dios, por la medalla que lleva tu nombre y por los muchos favores que Dios concede por medio de ella.

Intercede por todos los que te invocamos, y alcánzanos del Señor las gracias que necesitamos en esta vida, y de modo especial la que pedimos en esta novena.

San Benito, ruega por nosotros.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

También hoy