Novena · 9 días
Novena al Sagrado Corazón de Jesús
9 días con el Sagrado Corazón de Jesús
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
El Corazón que cura la tibieza
Día primero de la Novena al Sagrado Corazón de Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a Ti mismo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, Tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Apocalipsis 3, 20)
«Fíjate: estoy de pie junto a la puerta, llamando. Si uno oye mi voz y me abre, entraré en su casa; cenaremos juntos, yo con él y él conmigo».
El Señor habla así a una comunidad que se había vuelto tibia, ni fría ni caliente. Después de reprocharle su tibieza, se queda a su puerta y llama.
Entre 1673 y 1675, en el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial, Jesús mostró su Corazón a santa Margarita María de Alacoque. Según ella contó, Jesús se quejaba de la frialdad con que muchos respondían a su amor, sobre todo en la Eucaristía.
La tibieza es un amor que se ha ido enfriando sin que lo notemos. El Corazón de Jesús no se cansa de nosotros, y quiere encender otra vez lo que se apagó.
También tú puedes abrirle hoy la puerta: con una oración hecha con calma, una comunión recibida con amor, un rato ante el Santísimo.
Dile hoy al Señor: Jesús, entra en mi casa y enciende de nuevo mi corazón con Tu amor.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular para el primer día —
¡Oh Corazón sacratísimo y melifluo de Jesús, que con ferventísimos deseos y ardentísimo amor deseas corregir y perfeccionar la sequedad y tibieza de nuestros corazones! Inflama y consume las frialdades e imperfecciones del mío, para que se abrase en Tu amor.
Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto Tuyo y bien de mi alma. Amén.
— Tres Padrenuestros y tres Avemarías —
(En reverencia de las tres insignias de la Pasión con que el Señor mostró su Divino Corazón a santa Margarita María de Alacoque.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración al Eterno Padre —
¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Tu Majestad. Por medio de este adorable Corazón te adoro por todos los hombres que no te adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte.
Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres. Te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de Tu divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón.
No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús. Haz que vivan por Jesús, que murió por todas.
Presento también a Tu Majestad, sobre este Santísimo Corazón, a Tus siervos (Nombra en silencio a las personas que quieres encomendar), y te pido que los llenes de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar Contigo eternamente. Amén.
Mira, Señor y Padre santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial, esta sacrosanta Hostia que te ofrece el Sumo Sacerdote, Hijo Tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos.
Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro Hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la cruz. Otorga, Señor, mi ruego.
Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido; no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu santo nombre ya está invocado sobre Tu pueblo; y haz con nosotros según Tu misericordia. Amén.
(Haz ahora tu petición, con fervor, por medio del Sagrado Corazón de Jesús.)
— Versículo y oración —
Jesús, manso y humilde de corazón.
Haz mi corazón semejante al Tuyo.
Oremos. Señor Jesucristo, que con un nuevo beneficio te dignaste abrir a Tu Iglesia las riquezas inefables de Tu Corazón: concédenos corresponder al amor de este sacratísimo Corazón y reparar con obsequios dignos las injurias que los hombres ingratos hacen a este Corazón afligidísimo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Puerta del cielo
Día segundo de la Novena al Sagrado Corazón de Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a Ti mismo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, Tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Juan 10, 9)
«Yo soy la puerta: el que entre por mí se salvará; entrará y saldrá, y encontrará pastos».
La oración de este día llama al Corazón de Jesús «celestial puerta por donde nos llegamos a Dios y Dios viene a nosotros». En Jesús, Dios se ha acercado tanto que podemos entrar en su casa y quedarnos en ella.
En la cruz, el costado abierto de Jesús quedó como una puerta, y por ella brotaron sangre y agua. Muchos santos vieron en esa herida la entrada a su amor, abierta para quien quiera pasar.
Nadie tiene que ganarse el derecho a entrar. Él mismo nos invita a pasar: basta llamar con confianza y dejarse llevar por él hacia el Padre.
También tú puedes entrar hoy por esa puerta, con tus pecados y tus deseos, y quedarte un rato con él.
Dile hoy al Señor: Jesús, que por Tu Corazón llegue al Padre, y que nunca me aparte de Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular para el segundo día —
¡Oh Corazón amabilísimo de Jesús, celestial puerta por donde nos llegamos a Dios y Dios viene a nosotros! Dígnate estar patente a nuestros deseos y amorosos suspiros, para que, entrando por Ti a Tu Eterno Padre, recibamos sus celestiales bendiciones y copiosas gracias para amarte.
Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto Tuyo y bien de mi alma. Amén.
— Tres Padrenuestros y tres Avemarías —
(En reverencia de las tres insignias de la Pasión con que el Señor mostró su Divino Corazón a santa Margarita María de Alacoque.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración al Eterno Padre —
¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Tu Majestad. Por medio de este adorable Corazón te adoro por todos los hombres que no te adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte.
Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres. Te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de Tu divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón.
No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús. Haz que vivan por Jesús, que murió por todas.
Presento también a Tu Majestad, sobre este Santísimo Corazón, a Tus siervos (Nombra en silencio a las personas que quieres encomendar), y te pido que los llenes de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar Contigo eternamente. Amén.
Mira, Señor y Padre santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial, esta sacrosanta Hostia que te ofrece el Sumo Sacerdote, Hijo Tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos.
Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro Hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la cruz. Otorga, Señor, mi ruego.
Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido; no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu santo nombre ya está invocado sobre Tu pueblo; y haz con nosotros según Tu misericordia. Amén.
(Haz ahora tu petición, con fervor, por medio del Sagrado Corazón de Jesús.)
— Versículo y oración —
Jesús, manso y humilde de corazón.
Haz mi corazón semejante al Tuyo.
Oremos. Señor Jesucristo, que con un nuevo beneficio te dignaste abrir a Tu Iglesia las riquezas inefables de Tu Corazón: concédenos corresponder al amor de este sacratísimo Corazón y reparar con obsequios dignos las injurias que los hombres ingratos hacen a este Corazón afligidísimo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Fuente de aguas vivas
Día tercero de la Novena al Sagrado Corazón de Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a Ti mismo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, Tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Juan 7, 37-38)
«Quien tenga sed, que venga a mí y que beba. Al que cree en mí, como dijo la Escritura, le brotarán del seno ríos de agua viva».
Jesús lo dijo en voz alta, el día grande de la fiesta. El evangelista explica que hablaba del Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él.
En la cruz, del costado abierto de Jesús brotó sangre y agua. La Iglesia ha visto en esa agua la fuente de los sacramentos, que siguen dando vida a quien se acerca.
La oración de este día pide seguir sus caminos y beber de esa fuente, que apaga la sed de lo que pasa.
También tú tienes sed de algo que las cosas no te dan. Acércate hoy a Jesús y bebe de su amor en la oración y en los sacramentos.
Dile hoy al Señor: Jesús, dame de beber del agua de Tu Corazón y guíame por Tus caminos.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular para el tercer día —
¡Oh Corazón santísimo de Jesús, camino para la mansión eterna y fuente de aguas vivas! Concédeme que siga Tus sendas rectísimas para la perfección y para el cielo, y que beba de Ti el agua dulce y saludable de la verdadera virtud y devoción, que apaga la sed de todas las cosas temporales.
Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto Tuyo y bien de mi alma. Amén.
— Tres Padrenuestros y tres Avemarías —
(En reverencia de las tres insignias de la Pasión con que el Señor mostró su Divino Corazón a santa Margarita María de Alacoque.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración al Eterno Padre —
¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Tu Majestad. Por medio de este adorable Corazón te adoro por todos los hombres que no te adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte.
Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres. Te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de Tu divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón.
No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús. Haz que vivan por Jesús, que murió por todas.
Presento también a Tu Majestad, sobre este Santísimo Corazón, a Tus siervos (Nombra en silencio a las personas que quieres encomendar), y te pido que los llenes de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar Contigo eternamente. Amén.
Mira, Señor y Padre santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial, esta sacrosanta Hostia que te ofrece el Sumo Sacerdote, Hijo Tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos.
Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro Hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la cruz. Otorga, Señor, mi ruego.
Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido; no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu santo nombre ya está invocado sobre Tu pueblo; y haz con nosotros según Tu misericordia. Amén.
(Haz ahora tu petición, con fervor, por medio del Sagrado Corazón de Jesús.)
— Versículo y oración —
Jesús, manso y humilde de corazón.
Haz mi corazón semejante al Tuyo.
Oremos. Señor Jesucristo, que con un nuevo beneficio te dignaste abrir a Tu Iglesia las riquezas inefables de Tu Corazón: concédenos corresponder al amor de este sacratísimo Corazón y reparar con obsequios dignos las injurias que los hombres ingratos hacen a este Corazón afligidísimo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Espejo de toda perfección
Día cuarto de la Novena al Sagrado Corazón de Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a Ti mismo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, Tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Mateo 11, 29)
«Aprendan de mí, porque soy manso y de corazón humilde, y hallarán descanso para sus almas».
Es la única vez que Jesús habla de su propio corazón en los Evangelios, y lo describe manso y humilde. Él mismo se pone como modelo.
Jesús fue manso con los que lo trataban mal, y tan humilde que lavó los pies a sus discípulos.
Santa Margarita María aprendió de ese Corazón a ser paciente con las incomprensiones que sufrió en su propio monasterio. Mirándolo, fue pareciéndose a él.
Un espejo muestra el rostro de quien se mira en él. Quien mira el Corazón de Jesús descubre cómo es el amor verdadero, y lo que en sí mismo falta por cambiar.
También tú puedes mirar hoy a Jesús antes de hablar o de actuar, y preguntarte cómo lo haría él en tu lugar.
Dile hoy al Señor: Jesús, enséñame a ser manso y humilde como Tú.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular para el cuarto día —
¡Oh Corazón purísimo de Jesús, espejo cristalino en quien resplandece toda la perfección! Concédeme que yo pueda contemplarte perfectamente, para que aspire a formar mi corazón a Tu semejanza en la oración, en la acción y en todos mis pensamientos, palabras y obras.
Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto Tuyo y bien de mi alma. Amén.
— Tres Padrenuestros y tres Avemarías —
(En reverencia de las tres insignias de la Pasión con que el Señor mostró su Divino Corazón a santa Margarita María de Alacoque.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración al Eterno Padre —
¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Tu Majestad. Por medio de este adorable Corazón te adoro por todos los hombres que no te adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte.
Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres. Te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de Tu divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón.
No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús. Haz que vivan por Jesús, que murió por todas.
Presento también a Tu Majestad, sobre este Santísimo Corazón, a Tus siervos (Nombra en silencio a las personas que quieres encomendar), y te pido que los llenes de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar Contigo eternamente. Amén.
Mira, Señor y Padre santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial, esta sacrosanta Hostia que te ofrece el Sumo Sacerdote, Hijo Tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos.
Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro Hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la cruz. Otorga, Señor, mi ruego.
Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido; no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu santo nombre ya está invocado sobre Tu pueblo; y haz con nosotros según Tu misericordia. Amén.
(Haz ahora tu petición, con fervor, por medio del Sagrado Corazón de Jesús.)
— Versículo y oración —
Jesús, manso y humilde de corazón.
Haz mi corazón semejante al Tuyo.
Oremos. Señor Jesucristo, que con un nuevo beneficio te dignaste abrir a Tu Iglesia las riquezas inefables de Tu Corazón: concédenos corresponder al amor de este sacratísimo Corazón y reparar con obsequios dignos las injurias que los hombres ingratos hacen a este Corazón afligidísimo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Órgano de la Trinidad
Día quinto de la Novena al Sagrado Corazón de Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a Ti mismo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, Tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Juan 15, 5)
«Yo soy la vid; ustedes son los sarmientos. Quien permanece en mí, y yo en él, da fruto abundante, porque fuera de mí no pueden hacer nada».
La oración de este día llama al Corazón de Jesús órgano de la Trinidad: el instrumento por el que Dios obra y por el que se perfeccionan nuestras obras. Unidas a él, aun las obras pequeñas dan fruto.
Esa oración se inspira en santa Gertrudis, que ofrecía a Dios sus obras por medio del Corazón de Jesús, para que él supliera lo que les faltaba.
Muchos cristianos ofrecen así cada mañana el día al Corazón de Jesús: el trabajo, las alegrías y las penas.
También tú puedes ofrecerle hoy lo que haces, aunque te parezca poca cosa, para que él lo complete y lo haga fecundo.
Dile hoy al Señor: Jesús, recibe mis obras de hoy y haz que den fruto en Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular para el quinto día —
¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús, órgano de la Trinidad venerada, por quien se perfeccionan todas nuestras obras! Yo te ofrezco las mías, aunque tan imperfectas, para que, supliendo Tú mi negligencia, puedan aparecer muy perfectas y agradables ante el divino acatamiento.
Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto Tuyo y bien de mi alma. Amén.
— Tres Padrenuestros y tres Avemarías —
(En reverencia de las tres insignias de la Pasión con que el Señor mostró su Divino Corazón a santa Margarita María de Alacoque.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración al Eterno Padre —
¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Tu Majestad. Por medio de este adorable Corazón te adoro por todos los hombres que no te adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte.
Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres. Te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de Tu divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón.
No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús. Haz que vivan por Jesús, que murió por todas.
Presento también a Tu Majestad, sobre este Santísimo Corazón, a Tus siervos (Nombra en silencio a las personas que quieres encomendar), y te pido que los llenes de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar Contigo eternamente. Amén.
Mira, Señor y Padre santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial, esta sacrosanta Hostia que te ofrece el Sumo Sacerdote, Hijo Tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos.
Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro Hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la cruz. Otorga, Señor, mi ruego.
Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido; no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu santo nombre ya está invocado sobre Tu pueblo; y haz con nosotros según Tu misericordia. Amén.
(Haz ahora tu petición, con fervor, por medio del Sagrado Corazón de Jesús.)
— Versículo y oración —
Jesús, manso y humilde de corazón.
Haz mi corazón semejante al Tuyo.
Oremos. Señor Jesucristo, que con un nuevo beneficio te dignaste abrir a Tu Iglesia las riquezas inefables de Tu Corazón: concédenos corresponder al amor de este sacratísimo Corazón y reparar con obsequios dignos las injurias que los hombres ingratos hacen a este Corazón afligidísimo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Templo de la paz
Día sexto de la Novena al Sagrado Corazón de Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a Ti mismo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, Tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Juan 20, 19)
«La paz esté con ustedes».
Los discípulos estaban encerrados por miedo. Jesús se presentó en medio de ellos, les dio la paz y les mostró las manos y el costado. Tomás no estaba con ellos, y ocho días después Jesús volvió y lo invitó a tocar sus heridas.
La paz que ofrece viene de sus heridas: es la paz de quien ha perdonado y ha vencido a la muerte. Por eso su Corazón herido es templo de la paz, donde el alma puede descansar.
La oración de este día, inspirada en santa Gertrudis, da gracias por la quietud y el gozo hallados en ese templo. Santa Gertrudis vivió en el monasterio de Helfta, en el siglo XIII, y habló mucho del Corazón de Jesús.
También tú llevas quizá miedos o heridas que te quitan la paz. Entra hoy en el Corazón de Jesús y descansa en él.
Dile hoy al Señor: Jesús, dame Tu paz y guarda en ella mi corazón.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular para el sexto día —
¡Oh Corazón amplísimo de Jesús, templo sagrado donde me mandas habite con toda mi alma, potencias y sentidos! Gracias te doy por la inexplicable quietud, sosiego y gozo que yo he hallado en este templo hermoso de la paz, donde descansaré gustoso eternamente.
Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto Tuyo y bien de mi alma. Amén.
— Tres Padrenuestros y tres Avemarías —
(En reverencia de las tres insignias de la Pasión con que el Señor mostró su Divino Corazón a santa Margarita María de Alacoque.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración al Eterno Padre —
¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Tu Majestad. Por medio de este adorable Corazón te adoro por todos los hombres que no te adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte.
Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres. Te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de Tu divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón.
No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús. Haz que vivan por Jesús, que murió por todas.
Presento también a Tu Majestad, sobre este Santísimo Corazón, a Tus siervos (Nombra en silencio a las personas que quieres encomendar), y te pido que los llenes de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar Contigo eternamente. Amén.
Mira, Señor y Padre santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial, esta sacrosanta Hostia que te ofrece el Sumo Sacerdote, Hijo Tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos.
Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro Hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la cruz. Otorga, Señor, mi ruego.
Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido; no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu santo nombre ya está invocado sobre Tu pueblo; y haz con nosotros según Tu misericordia. Amén.
(Haz ahora tu petición, con fervor, por medio del Sagrado Corazón de Jesús.)
— Versículo y oración —
Jesús, manso y humilde de corazón.
Haz mi corazón semejante al Tuyo.
Oremos. Señor Jesucristo, que con un nuevo beneficio te dignaste abrir a Tu Iglesia las riquezas inefables de Tu Corazón: concédenos corresponder al amor de este sacratísimo Corazón y reparar con obsequios dignos las injurias que los hombres ingratos hacen a este Corazón afligidísimo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Propiciatorio
Día séptimo de la Novena al Sagrado Corazón de Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a Ti mismo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, Tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Hebreos 4, 16)
«Acerquémonos con plena confianza al trono de la gracia, para obtener misericordia y hallar la gracia que nos socorra en el momento oportuno».
En la tienda del encuentro, el propiciatorio era la cubierta de oro del arca de la alianza, el lugar donde Dios salía al encuentro de su pueblo. San Pablo llama a Cristo propiciatorio: en él Dios nos ofrece el perdón.
Jesús intercede por nosotros ante el Padre, y conoce nuestras debilidades porque las compartió, menos el pecado. La oración de este día pone en labios del Padre una invitación: pedirle por el Corazón de su Hijo.
Por ese Corazón presentamos al Padre todas nuestras peticiones, con la confianza de hijos que saben que el Padre los escucha.
También tú puedes presentar hoy por medio del Corazón de Jesús lo que llevas dentro.
Dile hoy al Señor: Jesús, presenta Tú al Padre lo que hoy le pido, y alcánzame su misericordia.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular para el séptimo día —
¡Oh Corazón clementísimo de Jesús, divino propiciatorio, por el cual ofreció el Eterno Padre que oiría siempre nuestras oraciones, diciendo: «Pídeme por el Corazón de mi amantísimo Hijo Jesús; por este Corazón te oiré, y alcanzarás cuanto me pides»! Presento sobre Ti a Tu Eterno Padre todas mis peticiones, para conseguir el fruto que deseo.
Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto Tuyo y bien de mi alma. Amén.
— Tres Padrenuestros y tres Avemarías —
(En reverencia de las tres insignias de la Pasión con que el Señor mostró su Divino Corazón a santa Margarita María de Alacoque.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración al Eterno Padre —
¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Tu Majestad. Por medio de este adorable Corazón te adoro por todos los hombres que no te adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte.
Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres. Te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de Tu divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón.
No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús. Haz que vivan por Jesús, que murió por todas.
Presento también a Tu Majestad, sobre este Santísimo Corazón, a Tus siervos (Nombra en silencio a las personas que quieres encomendar), y te pido que los llenes de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar Contigo eternamente. Amén.
Mira, Señor y Padre santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial, esta sacrosanta Hostia que te ofrece el Sumo Sacerdote, Hijo Tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos.
Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro Hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la cruz. Otorga, Señor, mi ruego.
Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido; no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu santo nombre ya está invocado sobre Tu pueblo; y haz con nosotros según Tu misericordia. Amén.
(Haz ahora tu petición, con fervor, por medio del Sagrado Corazón de Jesús.)
— Versículo y oración —
Jesús, manso y humilde de corazón.
Haz mi corazón semejante al Tuyo.
Oremos. Señor Jesucristo, que con un nuevo beneficio te dignaste abrir a Tu Iglesia las riquezas inefables de Tu Corazón: concédenos corresponder al amor de este sacratísimo Corazón y reparar con obsequios dignos las injurias que los hombres ingratos hacen a este Corazón afligidísimo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Trono de fuego
Día octavo de la Novena al Sagrado Corazón de Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a Ti mismo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, Tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Lucas 12, 49)
«Vine a arrojar fuego sobre la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera encendido!».
El fuego que Jesús vino a traer es el amor de Dios. Santa Margarita María contó que vio su Corazón como en un trono de llamas, más resplandeciente que el sol.
Jesús desea que ese fuego prenda en cada corazón y, desde ahí, en todo el mundo. Lo que se enciende en uno pasa a los demás. Así pasó en Pentecostés, cuando unos pescadores asustados se volvieron testigos valientes.
La oración de este día, que la edición antigua toma de santa Margarita María, pide vivir de ese amor y encenderlo en otros.
También tú puedes llevar hoy ese fuego a los que tienes cerca, con un gesto de cariño, una palabra que anime o una oración por quien lo necesita.
Dile hoy al Señor: Jesús, enciende en mí el fuego de Tu amor y hazme llevarlo a los demás.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular para el octavo día —
¡Oh Corazón amantísimo de Jesús, trono ígneo y lucidísimo, inflamado en el amor de los hombres, a quienes deseas abrasados mutuamente en Tu amor! Yo deseo vivir siempre respirando llamas de amor divino, en que me abrase y con que encienda a todo el mundo, para que te corresponda amante y obsequioso.
Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, ¡oh amante Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto Tuyo y bien de mi alma. Amén.
— Tres Padrenuestros y tres Avemarías —
(En reverencia de las tres insignias de la Pasión con que el Señor mostró su Divino Corazón a santa Margarita María de Alacoque.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración al Eterno Padre —
¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Tu Majestad. Por medio de este adorable Corazón te adoro por todos los hombres que no te adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte.
Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres. Te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de Tu divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón.
No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús. Haz que vivan por Jesús, que murió por todas.
Presento también a Tu Majestad, sobre este Santísimo Corazón, a Tus siervos (Nombra en silencio a las personas que quieres encomendar), y te pido que los llenes de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar Contigo eternamente. Amén.
Mira, Señor y Padre santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial, esta sacrosanta Hostia que te ofrece el Sumo Sacerdote, Hijo Tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos.
Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro Hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la cruz. Otorga, Señor, mi ruego.
Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido; no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu santo nombre ya está invocado sobre Tu pueblo; y haz con nosotros según Tu misericordia. Amén.
(Haz ahora tu petición, con fervor, por medio del Sagrado Corazón de Jesús.)
— Versículo y oración —
Jesús, manso y humilde de corazón.
Haz mi corazón semejante al Tuyo.
Oremos. Señor Jesucristo, que con un nuevo beneficio te dignaste abrir a Tu Iglesia las riquezas inefables de Tu Corazón: concédenos corresponder al amor de este sacratísimo Corazón y reparar con obsequios dignos las injurias que los hombres ingratos hacen a este Corazón afligidísimo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
El Corazón traspasado
Día noveno de la Novena al Sagrado Corazón de Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración preparatoria —
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a Ti mismo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, Tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Juan 19, 34)
«Uno de los soldados le clavó la lanza en el costado, y enseguida brotó sangre y agua».
En la cruz, Jesús entregó su vida por amor. Por eso su Corazón se representa con una cruz, rodeado de espinas y abierto por la lanza: las señales de lo que padeció por nosotros.
Así lo mostró a santa Margarita María, y le pidió una fiesta en honor de su Corazón el viernes siguiente a la octava del Corpus. La Iglesia la celebra en todo el mundo desde 1856, y mañana es su fiesta.
La oración de este día da gracias por tanto amor y pide corresponderle con gratitud, reparando con amor lo que otros le niegan.
También tú puedes consagrarte hoy a su Corazón con la oración del papa León XIII, y ofrecerle tu vida entera.
Dile hoy al Señor: Jesús, gracias por Tu amor hasta la cruz; que mi vida sea una respuesta a ese amor.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración particular para el noveno día —
¡Oh Corazón dolorosísimo de Jesús, que, para ablandar nuestra dureza y hacer más patente el amor con que padeciste tantos dolores y penas por salvarnos, los quisiste representar en la cruz, corona de espinas y herida de la lanza, con que te manifestaste paciente y amante al mismo tiempo!
Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra Ti, correspondiendo agradecido a Tu amor, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto Tuyo y bien de mi alma. Amén.
— Tres Padrenuestros y tres Avemarías —
(En reverencia de las tres insignias de la Pasión con que el Señor mostró su Divino Corazón a santa Margarita María de Alacoque.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración al Eterno Padre —
¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Tu Majestad. Por medio de este adorable Corazón te adoro por todos los hombres que no te adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte.
Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres. Te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de Tu divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón.
No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús. Haz que vivan por Jesús, que murió por todas.
Presento también a Tu Majestad, sobre este Santísimo Corazón, a Tus siervos (Nombra en silencio a las personas que quieres encomendar), y te pido que los llenes de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar Contigo eternamente. Amén.
Mira, Señor y Padre santísimo, desde Tu santuario y sublime morada celestial, esta sacrosanta Hostia que te ofrece el Sumo Sacerdote, Hijo Tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos.
Aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro Hermano Jesucristo, que clama a Ti desde la cruz. Otorga, Señor, mi ruego.
Aplácate, Señor, y concédeme lo que te pido; no des largas, por ser Tú quien eres, Dios mío, pues Tu santo nombre ya está invocado sobre Tu pueblo; y haz con nosotros según Tu misericordia. Amén.
(Haz ahora tu petición, con fervor, por medio del Sagrado Corazón de Jesús.)
— Versículo y oración —
Jesús, manso y humilde de corazón.
Haz mi corazón semejante al Tuyo.
Oremos. Señor Jesucristo, que con un nuevo beneficio te dignaste abrir a Tu Iglesia las riquezas inefables de Tu Corazón: concédenos corresponder al amor de este sacratísimo Corazón y reparar con obsequios dignos las injurias que los hombres ingratos hacen a este Corazón afligidísimo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
— Consagración al Sagrado Corazón —
(Hoy, último día de la novena, nos consagramos al Sagrado Corazón con la oración del papa León XIII.)
Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, míranos postrados humildemente ante Tu altar. Tuyos somos y Tuyos queremos ser; y para poder estar más firmemente unidos a Ti, he aquí que hoy, por su propia voluntad, cada uno de nosotros se consagra a Tu Sacratísimo Corazón.
Muchos, es verdad, nunca te conocieron; muchos, despreciando Tus mandamientos, te rechazaron. Ten misericordia de unos y de otros, benignísimo Jesús, y arrebátalos a todos hacia Tu santo Corazón.
Sé Rey, Señor, no ya solo de los fieles que nunca se apartaron de Ti, sino también de los hijos pródigos que te abandonaron: haz que regresen pronto a la casa de su Padre, para que no perezcan de miseria y hambre.
Sé Rey de aquellos a quienes engaña el error de sus opiniones o tiene separados la discordia, y llámalos de nuevo hacia el puerto de la verdad y hacia la unidad de la fe, para que en breve se forme un solo rebaño y un solo pastor.
Sé Rey, por último, de todos los que aún no te conocen, y no te niegues a sacarlos de las tinieblas a la luz y al reino de Dios.
Concede, Señor, a Tu Iglesia libertad segura y sin daño; da a todas las naciones la tranquilidad del orden; haz que de un extremo al otro de la tierra resuene una sola voz: Alabado sea el divino Corazón, por el que nos vino la salvación; a él la gloria y el honor por los siglos.
Amén.

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