Novena · 9 días

Novena a la Preciosa Sangre de Cristo

Nueve días con la Sangre de Cristo hacia el 1 de julio

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

La sangre de la alianza

21 minutos

Día primero de la Novena a la Preciosa Sangre de Cristo.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Oración inicial —
Oh inmensa y eterna Majestad de Dios, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo, criatura Tuya, te adoro, te honro, te confieso y te alabo con el mayor respeto y amor que Tú sabes que pueden ofrecerte todas Tus criaturas.

En Tu divina presencia y en la de María Santísima, Virgen Inmaculada, Reina del Cielo, de mi Ángel de la Guarda, de mis santos patronos y de toda la corte celestial, declaro que esta oración y esta petición que voy a hacer a la piadosa y misericordiosa Virgen María por los méritos de la preciosa Sangre de Jesús quiero hacerlas con recta intención, y principalmente para gloria y honra de María Santísima y de toda la corte celestial, y para la salvación de mi alma y de mi prójimo.

Por eso espero de Ti, Dios mío, Sumo Bien, y de la Virgen piadosísima, alcanzar la gracia que humildemente pido, pidiéndola solo por el mérito infinito de la preciosísima Sangre de Jesús, y no por mérito mío.

Pero ¿qué puedo hacer yo, en el estado en que me encuentro, sino confesarte, Dios mío, todas mis maldades y los pecados que he cometido desde el principio de mi vida hasta hoy, y pedirte por ellos misericordia y perdón por la Sangre de Jesús?

Sí, sí, Dios mío, me arrepiento y me duelo de corazón, no por temor del infierno ni por el paraíso perdido, sino solamente por haberte ofendido a Ti, Sumo Bien; y por eso te pido perdón y misericordia, con el propósito firme de confesarme cuanto antes, con verdadero dolor, ante un ministro Tuyo en el santo tribunal de la penitencia, de cumplir la penitencia debida y de no ofenderte nunca más en adelante, con Tu santa ayuda y con Tu santa gracia. Amén.

— Bajo tu amparo —
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

Amén.

— Dios mío, ven en mi auxilio —
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Consideración del día —
(Marcos 14, 24)
«Jesús les dijo: “Esta es mi sangre de la alianza, que se derrama por muchos”».

En la última Cena, Jesús tomó la copa y habló de su sangre, que iba a ser derramada por muchos. Al día siguiente la derramó en la cruz.

En la antigua alianza, la sangre de los sacrificios sellaba el pacto de Dios con su pueblo. En la nueva, es la sangre del Hijo de Dios la que nos une a él para siempre.

Esta novena recorre, día tras día, los momentos en que Cristo derramó su sangre por nosotros. En cada Misa se hace presente ese mismo sacrificio, y el sacerdote repite sobre el cáliz las palabras de Jesús.

También tú perteneces a esa alianza desde tu bautismo. Cuando vayas a Misa, adora la sangre de Cristo y dale gracias por el precio con que te ha salvado.

Señor Jesús, por Tu sangre preciosa, hazme fiel a Tu alianza.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a la Virgen —
«Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original».

Hermosísima y sin mancha alguna eres, purísima Virgen María, Reina del Cielo, Emperatriz de los Ángeles, Señora del mundo y Madre de Dios; por eso te honro y te saludo, y bendita seas por siempre.

Oh María, oh María, a ti recurro, a ti invoco, Virgen Santísima. Ayúdame, dulcísima Madre de Dios. Ayúdame, Emperatriz del Paraíso. Ayúdame, piadosísima Madre y abogada de los pecadores, y en particular abogada mía; ayúdame, Madre de mi dulcísimo Jesús.

Y puesto que no hay cosa que se te pida en virtud de la Pasión de Jesucristo que no se obtenga de ti, con viva fe te ruego, en virtud de la Pasión de Jesús, que me concedas la gracia que voy a pedirte; y te la pido especialmente por la Sangre viva que él derramó por nosotros en la cruz, en tu presencia. No dejaré de clamar a ti hasta que me escuches.

Oh Madre de misericordia, estoy seguro de alcanzar de ti esta gracia, aunque sea grande, porque te la pido por el valor infinito de la preciosísima Sangre de tu divino y amadísimo Hijo Jesús. Con esta confianza en el corazón me dispongo a pedírtela: te ruego que me la concedas.

(Nombra en silencio la gracia que pides.)

— Los siete derramamientos —
Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó a la tierna edad de solo ocho días, en su circuncisión.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió en abundancia de todo su santísimo cuerpo, y en particular de su divino rostro, en la agonía del huerto; y que, cayéndole por los vestidos, regó la tierra, las piedras y la hierba de aquel huerto tan feliz y afortunado.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Alcánzamela, María Santísima, por aquella pura e inocente Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en abundancia cuando fue despojado de sus vestidos, atado a la columna y cruelmente azotado, hasta formar con ella un lago de sangre.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Consuélame, María Santísima, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de su santísimo cuerpo, corriéndole por los ojos y por el rostro, cuando fue ceñido y coronado de punzantes y venenosas espinas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, Madre Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó por todo el camino cuando lo llevaban al Calvario bajo la gran cruz; y especialmente por aquella Sangre viva mezclada con tus lágrimas, que derramaste cuando, al verlo en aquel estado, oprimida por el gran dolor, desconsolada y afligida, lo acompañaste al Calvario con abundantes lágrimas que corrían de tus ojos purísimos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te lo ruego, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de todo su santísimo cuerpo cuando fue despojado para ser puesto en la cruz, y se le renovaron entonces todas sus llagas y heridas; y te lo suplico por aquella Sangre que vertió y derramó de sus santísimas manos y pies cuando fue clavado en la cruz con durísimos y punzantísimos clavos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Escúchame, purísima Virgen y Madre María, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en toda su vida y Pasión; y escúchame especialmente por aquella dulcísima y santísima Sangre y agua que vertió y derramó de su sacrosanto costado cuando, ya muerto, la cruel y despiadada lanza le hirió y le abrió el pecho.

Por aquella Sangre purísima, oh piadosa Virgen María, alcánzame la gracia que te pido, porque te lo ruego, te lo suplico y te lo imploro por la dulcísima Sangre de Jesús, tu Hijo, y por aquella Sangre preciosísima que yo profundamente venero y adoro: escúchame, piadosa Virgen María. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

— Oración a los ángeles, los santos y las almas —
San Miguel, San Gabriel, San Rafael, Ángel de mi guarda, y ustedes, todos los ángeles y arcángeles, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, querubines y serafines: alcáncenme con sus santas oraciones, ante María Santísima, la gracia que pido por la Sangre de Jesús.

San José, San Juan Bautista, y ustedes, todos los santos patriarcas y profetas, apóstoles, evangelistas y discípulos del Señor; santos mártires, que por amor a Jesús derramaron su sangre; santos doctores, pontífices y confesores; santos monjes, ermitaños y sacerdotes; santas vírgenes y viudas: rueguen por mí a María Santísima y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús.

Oh santos todos, ciudadanos del cielo, moradores de la gloria que contemplan el rostro de Dios: rueguen por mí a su Emperatriz y Reina, María Santísima, y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre de Jesús, en virtud de la cual subieron allá arriba.

También recurro a ustedes, almas del purgatorio: rueguen por mí a María Santísima, intercedan por mí la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús, y no me abandonen en esta grave necesidad mía; porque se lo ruego, se lo suplico y se lo imploro, especialmente por aquella Sangre preciosísima que Jesús, mi Redentor y el de ustedes, derramó de sus principales llagas, que yo profundamente venero y adoro:

que la piadosísima Virgen María, por los méritos y la virtud de la Sangre purísima de su santísimo Hijo Jesús, derramada de todo su sacratísimo cuerpo y de sus sacratísimas llagas, se digne alcanzarme la gracia que le pido, como espero. Amén.

Nos redimiste, Señor, con Tu sangre.
E hiciste de nosotros un reino para nuestro Dios.

— Bendita sea la Sangre —

¡Bendita sea la Sangre de Jesús, ahora y por siempre!

Día 2
Día 2

La circuncisión

21 minutos

Día segundo de la Novena a la Preciosa Sangre de Cristo.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Oración inicial —
Oh inmensa y eterna Majestad de Dios, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo, criatura Tuya, te adoro, te honro, te confieso y te alabo con el mayor respeto y amor que Tú sabes que pueden ofrecerte todas Tus criaturas.

En Tu divina presencia y en la de María Santísima, Virgen Inmaculada, Reina del Cielo, de mi Ángel de la Guarda, de mis santos patronos y de toda la corte celestial, declaro que esta oración y esta petición que voy a hacer a la piadosa y misericordiosa Virgen María por los méritos de la preciosa Sangre de Jesús quiero hacerlas con recta intención, y principalmente para gloria y honra de María Santísima y de toda la corte celestial, y para la salvación de mi alma y de mi prójimo.

Por eso espero de Ti, Dios mío, Sumo Bien, y de la Virgen piadosísima, alcanzar la gracia que humildemente pido, pidiéndola solo por el mérito infinito de la preciosísima Sangre de Jesús, y no por mérito mío.

Pero ¿qué puedo hacer yo, en el estado en que me encuentro, sino confesarte, Dios mío, todas mis maldades y los pecados que he cometido desde el principio de mi vida hasta hoy, y pedirte por ellos misericordia y perdón por la Sangre de Jesús?

Sí, sí, Dios mío, me arrepiento y me duelo de corazón, no por temor del infierno ni por el paraíso perdido, sino solamente por haberte ofendido a Ti, Sumo Bien; y por eso te pido perdón y misericordia, con el propósito firme de confesarme cuanto antes, con verdadero dolor, ante un ministro Tuyo en el santo tribunal de la penitencia, de cumplir la penitencia debida y de no ofenderte nunca más en adelante, con Tu santa ayuda y con Tu santa gracia. Amén.

— Bajo tu amparo —
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

Amén.

— Dios mío, ven en mi auxilio —
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 2, 21)
«Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, se le puso por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno».

A los ocho días de nacer, Jesús fue circuncidado, como mandaba la ley de Moisés. La tradición de la Iglesia ha visto en ese día la primera vez que derramó su sangre por nosotros.

Ese mismo día recibió el nombre de Jesús, que quiere decir «Dios salva». Desde niño, el Hijo de Dios quiso cumplir la ley y compartir la vida de su pueblo.

María y José hicieron lo que la ley pedía, con fe y obediencia, y María guardaba todo en su corazón.

También tú llevas el nombre de cristiano desde tu bautismo. Pronuncia el nombre de Jesús con amor y confianza, y ofrécele lo pequeño de cada día.

Señor Jesús, por la primera sangre que derramaste, enséñame a obedecer a Dios en lo pequeño.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a la Virgen —
«Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original».

Hermosísima y sin mancha alguna eres, purísima Virgen María, Reina del Cielo, Emperatriz de los Ángeles, Señora del mundo y Madre de Dios; por eso te honro y te saludo, y bendita seas por siempre.

Oh María, oh María, a ti recurro, a ti invoco, Virgen Santísima. Ayúdame, dulcísima Madre de Dios. Ayúdame, Emperatriz del Paraíso. Ayúdame, piadosísima Madre y abogada de los pecadores, y en particular abogada mía; ayúdame, Madre de mi dulcísimo Jesús.

Y puesto que no hay cosa que se te pida en virtud de la Pasión de Jesucristo que no se obtenga de ti, con viva fe te ruego, en virtud de la Pasión de Jesús, que me concedas la gracia que voy a pedirte; y te la pido especialmente por la Sangre viva que él derramó por nosotros en la cruz, en tu presencia. No dejaré de clamar a ti hasta que me escuches.

Oh Madre de misericordia, estoy seguro de alcanzar de ti esta gracia, aunque sea grande, porque te la pido por el valor infinito de la preciosísima Sangre de tu divino y amadísimo Hijo Jesús. Con esta confianza en el corazón me dispongo a pedírtela: te ruego que me la concedas.

(Nombra en silencio la gracia que pides.)

— Los siete derramamientos —
Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó a la tierna edad de solo ocho días, en su circuncisión.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió en abundancia de todo su santísimo cuerpo, y en particular de su divino rostro, en la agonía del huerto; y que, cayéndole por los vestidos, regó la tierra, las piedras y la hierba de aquel huerto tan feliz y afortunado.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Alcánzamela, María Santísima, por aquella pura e inocente Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en abundancia cuando fue despojado de sus vestidos, atado a la columna y cruelmente azotado, hasta formar con ella un lago de sangre.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Consuélame, María Santísima, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de su santísimo cuerpo, corriéndole por los ojos y por el rostro, cuando fue ceñido y coronado de punzantes y venenosas espinas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, Madre Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó por todo el camino cuando lo llevaban al Calvario bajo la gran cruz; y especialmente por aquella Sangre viva mezclada con tus lágrimas, que derramaste cuando, al verlo en aquel estado, oprimida por el gran dolor, desconsolada y afligida, lo acompañaste al Calvario con abundantes lágrimas que corrían de tus ojos purísimos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te lo ruego, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de todo su santísimo cuerpo cuando fue despojado para ser puesto en la cruz, y se le renovaron entonces todas sus llagas y heridas; y te lo suplico por aquella Sangre que vertió y derramó de sus santísimas manos y pies cuando fue clavado en la cruz con durísimos y punzantísimos clavos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Escúchame, purísima Virgen y Madre María, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en toda su vida y Pasión; y escúchame especialmente por aquella dulcísima y santísima Sangre y agua que vertió y derramó de su sacrosanto costado cuando, ya muerto, la cruel y despiadada lanza le hirió y le abrió el pecho.

Por aquella Sangre purísima, oh piadosa Virgen María, alcánzame la gracia que te pido, porque te lo ruego, te lo suplico y te lo imploro por la dulcísima Sangre de Jesús, tu Hijo, y por aquella Sangre preciosísima que yo profundamente venero y adoro: escúchame, piadosa Virgen María. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

— Oración a los ángeles, los santos y las almas —
San Miguel, San Gabriel, San Rafael, Ángel de mi guarda, y ustedes, todos los ángeles y arcángeles, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, querubines y serafines: alcáncenme con sus santas oraciones, ante María Santísima, la gracia que pido por la Sangre de Jesús.

San José, San Juan Bautista, y ustedes, todos los santos patriarcas y profetas, apóstoles, evangelistas y discípulos del Señor; santos mártires, que por amor a Jesús derramaron su sangre; santos doctores, pontífices y confesores; santos monjes, ermitaños y sacerdotes; santas vírgenes y viudas: rueguen por mí a María Santísima y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús.

Oh santos todos, ciudadanos del cielo, moradores de la gloria que contemplan el rostro de Dios: rueguen por mí a su Emperatriz y Reina, María Santísima, y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre de Jesús, en virtud de la cual subieron allá arriba.

También recurro a ustedes, almas del purgatorio: rueguen por mí a María Santísima, intercedan por mí la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús, y no me abandonen en esta grave necesidad mía; porque se lo ruego, se lo suplico y se lo imploro, especialmente por aquella Sangre preciosísima que Jesús, mi Redentor y el de ustedes, derramó de sus principales llagas, que yo profundamente venero y adoro:

que la piadosísima Virgen María, por los méritos y la virtud de la Sangre purísima de su santísimo Hijo Jesús, derramada de todo su sacratísimo cuerpo y de sus sacratísimas llagas, se digne alcanzarme la gracia que le pido, como espero. Amén.

Nos redimiste, Señor, con Tu sangre.
E hiciste de nosotros un reino para nuestro Dios.

— Bendita sea la Sangre —

¡Bendita sea la Sangre de Jesús, ahora y por siempre!

Día 3
Día 3

El sudor de sangre

21 minutos

Día tercero de la Novena a la Preciosa Sangre de Cristo.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Oración inicial —
Oh inmensa y eterna Majestad de Dios, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo, criatura Tuya, te adoro, te honro, te confieso y te alabo con el mayor respeto y amor que Tú sabes que pueden ofrecerte todas Tus criaturas.

En Tu divina presencia y en la de María Santísima, Virgen Inmaculada, Reina del Cielo, de mi Ángel de la Guarda, de mis santos patronos y de toda la corte celestial, declaro que esta oración y esta petición que voy a hacer a la piadosa y misericordiosa Virgen María por los méritos de la preciosa Sangre de Jesús quiero hacerlas con recta intención, y principalmente para gloria y honra de María Santísima y de toda la corte celestial, y para la salvación de mi alma y de mi prójimo.

Por eso espero de Ti, Dios mío, Sumo Bien, y de la Virgen piadosísima, alcanzar la gracia que humildemente pido, pidiéndola solo por el mérito infinito de la preciosísima Sangre de Jesús, y no por mérito mío.

Pero ¿qué puedo hacer yo, en el estado en que me encuentro, sino confesarte, Dios mío, todas mis maldades y los pecados que he cometido desde el principio de mi vida hasta hoy, y pedirte por ellos misericordia y perdón por la Sangre de Jesús?

Sí, sí, Dios mío, me arrepiento y me duelo de corazón, no por temor del infierno ni por el paraíso perdido, sino solamente por haberte ofendido a Ti, Sumo Bien; y por eso te pido perdón y misericordia, con el propósito firme de confesarme cuanto antes, con verdadero dolor, ante un ministro Tuyo en el santo tribunal de la penitencia, de cumplir la penitencia debida y de no ofenderte nunca más en adelante, con Tu santa ayuda y con Tu santa gracia. Amén.

— Bajo tu amparo —
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

Amén.

— Dios mío, ven en mi auxilio —
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 22, 44)
«En plena angustia, Jesús oraba con más intensidad; y su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre que caían hasta el suelo».

En el huerto de los Olivos, Jesús sintió todo el peso de la pasión que se acercaba. Pidió a sus discípulos que rezaran, pero ellos se durmieron de tristeza. Él se arrodilló y rezó al Padre.

San Lucas cuenta que un ángel vino del cielo a confortarlo, y que su sudor se volvió como gotas de sangre. Antes de que nadie lo hiriera, la angustia de su corazón ya lo hacía sufrir.

En su agonía, Jesús le dijo al Padre: «Que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

También tú conoces horas de angustia. Llévalas a la oración, como Jesús, y pide fuerza para aceptar lo que el Padre quiere.

Señor Jesús, por Tu agonía en el huerto, dame fuerza en la hora de la prueba.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a la Virgen —
«Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original».

Hermosísima y sin mancha alguna eres, purísima Virgen María, Reina del Cielo, Emperatriz de los Ángeles, Señora del mundo y Madre de Dios; por eso te honro y te saludo, y bendita seas por siempre.

Oh María, oh María, a ti recurro, a ti invoco, Virgen Santísima. Ayúdame, dulcísima Madre de Dios. Ayúdame, Emperatriz del Paraíso. Ayúdame, piadosísima Madre y abogada de los pecadores, y en particular abogada mía; ayúdame, Madre de mi dulcísimo Jesús.

Y puesto que no hay cosa que se te pida en virtud de la Pasión de Jesucristo que no se obtenga de ti, con viva fe te ruego, en virtud de la Pasión de Jesús, que me concedas la gracia que voy a pedirte; y te la pido especialmente por la Sangre viva que él derramó por nosotros en la cruz, en tu presencia. No dejaré de clamar a ti hasta que me escuches.

Oh Madre de misericordia, estoy seguro de alcanzar de ti esta gracia, aunque sea grande, porque te la pido por el valor infinito de la preciosísima Sangre de tu divino y amadísimo Hijo Jesús. Con esta confianza en el corazón me dispongo a pedírtela: te ruego que me la concedas.

(Nombra en silencio la gracia que pides.)

— Los siete derramamientos —
Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó a la tierna edad de solo ocho días, en su circuncisión.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió en abundancia de todo su santísimo cuerpo, y en particular de su divino rostro, en la agonía del huerto; y que, cayéndole por los vestidos, regó la tierra, las piedras y la hierba de aquel huerto tan feliz y afortunado.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Alcánzamela, María Santísima, por aquella pura e inocente Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en abundancia cuando fue despojado de sus vestidos, atado a la columna y cruelmente azotado, hasta formar con ella un lago de sangre.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Consuélame, María Santísima, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de su santísimo cuerpo, corriéndole por los ojos y por el rostro, cuando fue ceñido y coronado de punzantes y venenosas espinas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, Madre Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó por todo el camino cuando lo llevaban al Calvario bajo la gran cruz; y especialmente por aquella Sangre viva mezclada con tus lágrimas, que derramaste cuando, al verlo en aquel estado, oprimida por el gran dolor, desconsolada y afligida, lo acompañaste al Calvario con abundantes lágrimas que corrían de tus ojos purísimos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te lo ruego, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de todo su santísimo cuerpo cuando fue despojado para ser puesto en la cruz, y se le renovaron entonces todas sus llagas y heridas; y te lo suplico por aquella Sangre que vertió y derramó de sus santísimas manos y pies cuando fue clavado en la cruz con durísimos y punzantísimos clavos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Escúchame, purísima Virgen y Madre María, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en toda su vida y Pasión; y escúchame especialmente por aquella dulcísima y santísima Sangre y agua que vertió y derramó de su sacrosanto costado cuando, ya muerto, la cruel y despiadada lanza le hirió y le abrió el pecho.

Por aquella Sangre purísima, oh piadosa Virgen María, alcánzame la gracia que te pido, porque te lo ruego, te lo suplico y te lo imploro por la dulcísima Sangre de Jesús, tu Hijo, y por aquella Sangre preciosísima que yo profundamente venero y adoro: escúchame, piadosa Virgen María. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

— Oración a los ángeles, los santos y las almas —
San Miguel, San Gabriel, San Rafael, Ángel de mi guarda, y ustedes, todos los ángeles y arcángeles, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, querubines y serafines: alcáncenme con sus santas oraciones, ante María Santísima, la gracia que pido por la Sangre de Jesús.

San José, San Juan Bautista, y ustedes, todos los santos patriarcas y profetas, apóstoles, evangelistas y discípulos del Señor; santos mártires, que por amor a Jesús derramaron su sangre; santos doctores, pontífices y confesores; santos monjes, ermitaños y sacerdotes; santas vírgenes y viudas: rueguen por mí a María Santísima y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús.

Oh santos todos, ciudadanos del cielo, moradores de la gloria que contemplan el rostro de Dios: rueguen por mí a su Emperatriz y Reina, María Santísima, y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre de Jesús, en virtud de la cual subieron allá arriba.

También recurro a ustedes, almas del purgatorio: rueguen por mí a María Santísima, intercedan por mí la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús, y no me abandonen en esta grave necesidad mía; porque se lo ruego, se lo suplico y se lo imploro, especialmente por aquella Sangre preciosísima que Jesús, mi Redentor y el de ustedes, derramó de sus principales llagas, que yo profundamente venero y adoro:

que la piadosísima Virgen María, por los méritos y la virtud de la Sangre purísima de su santísimo Hijo Jesús, derramada de todo su sacratísimo cuerpo y de sus sacratísimas llagas, se digne alcanzarme la gracia que le pido, como espero. Amén.

Nos redimiste, Señor, con Tu sangre.
E hiciste de nosotros un reino para nuestro Dios.

— Bendita sea la Sangre —

¡Bendita sea la Sangre de Jesús, ahora y por siempre!

Día 4
Día 4

La flagelación

21 minutos

Día cuarto de la Novena a la Preciosa Sangre de Cristo.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Oración inicial —
Oh inmensa y eterna Majestad de Dios, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo, criatura Tuya, te adoro, te honro, te confieso y te alabo con el mayor respeto y amor que Tú sabes que pueden ofrecerte todas Tus criaturas.

En Tu divina presencia y en la de María Santísima, Virgen Inmaculada, Reina del Cielo, de mi Ángel de la Guarda, de mis santos patronos y de toda la corte celestial, declaro que esta oración y esta petición que voy a hacer a la piadosa y misericordiosa Virgen María por los méritos de la preciosa Sangre de Jesús quiero hacerlas con recta intención, y principalmente para gloria y honra de María Santísima y de toda la corte celestial, y para la salvación de mi alma y de mi prójimo.

Por eso espero de Ti, Dios mío, Sumo Bien, y de la Virgen piadosísima, alcanzar la gracia que humildemente pido, pidiéndola solo por el mérito infinito de la preciosísima Sangre de Jesús, y no por mérito mío.

Pero ¿qué puedo hacer yo, en el estado en que me encuentro, sino confesarte, Dios mío, todas mis maldades y los pecados que he cometido desde el principio de mi vida hasta hoy, y pedirte por ellos misericordia y perdón por la Sangre de Jesús?

Sí, sí, Dios mío, me arrepiento y me duelo de corazón, no por temor del infierno ni por el paraíso perdido, sino solamente por haberte ofendido a Ti, Sumo Bien; y por eso te pido perdón y misericordia, con el propósito firme de confesarme cuanto antes, con verdadero dolor, ante un ministro Tuyo en el santo tribunal de la penitencia, de cumplir la penitencia debida y de no ofenderte nunca más en adelante, con Tu santa ayuda y con Tu santa gracia. Amén.

— Bajo tu amparo —
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

Amén.

— Dios mío, ven en mi auxilio —
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Consideración del día —
(Juan 19, 1)
«Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar».

Pilato no encontraba culpa en Jesús, y aun así lo mandó azotar. Los soldados cumplieron la orden: los azotes le desgarraron la piel, y su sangre corrió en abundancia por todo su cuerpo.

Siglos antes, el profeta Isaías había anunciado del siervo de Dios: «Él fue herido por nuestras rebeldías y quebrantado por nuestras culpas». Y añade: «Por sus llagas nos llegó la curación».

Jesús sufrió en silencio, sin devolver mal por mal, sin defenderse y sin pedir venganza. Aceptó aquel castigo injusto por amor a cada uno de nosotros.

También tú puedes confiar a sus llagas tus heridas del cuerpo y del alma: las que te han hecho otros y las que tú mismo te has hecho. Él las conoce, y puede sanarlas. Pon en ellas tu confianza.

Señor Jesús, por Tus llagas, sana mis heridas y perdona mis pecados.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a la Virgen —
«Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original».

Hermosísima y sin mancha alguna eres, purísima Virgen María, Reina del Cielo, Emperatriz de los Ángeles, Señora del mundo y Madre de Dios; por eso te honro y te saludo, y bendita seas por siempre.

Oh María, oh María, a ti recurro, a ti invoco, Virgen Santísima. Ayúdame, dulcísima Madre de Dios. Ayúdame, Emperatriz del Paraíso. Ayúdame, piadosísima Madre y abogada de los pecadores, y en particular abogada mía; ayúdame, Madre de mi dulcísimo Jesús.

Y puesto que no hay cosa que se te pida en virtud de la Pasión de Jesucristo que no se obtenga de ti, con viva fe te ruego, en virtud de la Pasión de Jesús, que me concedas la gracia que voy a pedirte; y te la pido especialmente por la Sangre viva que él derramó por nosotros en la cruz, en tu presencia. No dejaré de clamar a ti hasta que me escuches.

Oh Madre de misericordia, estoy seguro de alcanzar de ti esta gracia, aunque sea grande, porque te la pido por el valor infinito de la preciosísima Sangre de tu divino y amadísimo Hijo Jesús. Con esta confianza en el corazón me dispongo a pedírtela: te ruego que me la concedas.

(Nombra en silencio la gracia que pides.)

— Los siete derramamientos —
Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó a la tierna edad de solo ocho días, en su circuncisión.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió en abundancia de todo su santísimo cuerpo, y en particular de su divino rostro, en la agonía del huerto; y que, cayéndole por los vestidos, regó la tierra, las piedras y la hierba de aquel huerto tan feliz y afortunado.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Alcánzamela, María Santísima, por aquella pura e inocente Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en abundancia cuando fue despojado de sus vestidos, atado a la columna y cruelmente azotado, hasta formar con ella un lago de sangre.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Consuélame, María Santísima, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de su santísimo cuerpo, corriéndole por los ojos y por el rostro, cuando fue ceñido y coronado de punzantes y venenosas espinas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, Madre Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó por todo el camino cuando lo llevaban al Calvario bajo la gran cruz; y especialmente por aquella Sangre viva mezclada con tus lágrimas, que derramaste cuando, al verlo en aquel estado, oprimida por el gran dolor, desconsolada y afligida, lo acompañaste al Calvario con abundantes lágrimas que corrían de tus ojos purísimos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te lo ruego, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de todo su santísimo cuerpo cuando fue despojado para ser puesto en la cruz, y se le renovaron entonces todas sus llagas y heridas; y te lo suplico por aquella Sangre que vertió y derramó de sus santísimas manos y pies cuando fue clavado en la cruz con durísimos y punzantísimos clavos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Escúchame, purísima Virgen y Madre María, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en toda su vida y Pasión; y escúchame especialmente por aquella dulcísima y santísima Sangre y agua que vertió y derramó de su sacrosanto costado cuando, ya muerto, la cruel y despiadada lanza le hirió y le abrió el pecho.

Por aquella Sangre purísima, oh piadosa Virgen María, alcánzame la gracia que te pido, porque te lo ruego, te lo suplico y te lo imploro por la dulcísima Sangre de Jesús, tu Hijo, y por aquella Sangre preciosísima que yo profundamente venero y adoro: escúchame, piadosa Virgen María. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

— Oración a los ángeles, los santos y las almas —
San Miguel, San Gabriel, San Rafael, Ángel de mi guarda, y ustedes, todos los ángeles y arcángeles, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, querubines y serafines: alcáncenme con sus santas oraciones, ante María Santísima, la gracia que pido por la Sangre de Jesús.

San José, San Juan Bautista, y ustedes, todos los santos patriarcas y profetas, apóstoles, evangelistas y discípulos del Señor; santos mártires, que por amor a Jesús derramaron su sangre; santos doctores, pontífices y confesores; santos monjes, ermitaños y sacerdotes; santas vírgenes y viudas: rueguen por mí a María Santísima y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús.

Oh santos todos, ciudadanos del cielo, moradores de la gloria que contemplan el rostro de Dios: rueguen por mí a su Emperatriz y Reina, María Santísima, y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre de Jesús, en virtud de la cual subieron allá arriba.

También recurro a ustedes, almas del purgatorio: rueguen por mí a María Santísima, intercedan por mí la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús, y no me abandonen en esta grave necesidad mía; porque se lo ruego, se lo suplico y se lo imploro, especialmente por aquella Sangre preciosísima que Jesús, mi Redentor y el de ustedes, derramó de sus principales llagas, que yo profundamente venero y adoro:

que la piadosísima Virgen María, por los méritos y la virtud de la Sangre purísima de su santísimo Hijo Jesús, derramada de todo su sacratísimo cuerpo y de sus sacratísimas llagas, se digne alcanzarme la gracia que le pido, como espero. Amén.

Nos redimiste, Señor, con Tu sangre.
E hiciste de nosotros un reino para nuestro Dios.

— Bendita sea la Sangre —

¡Bendita sea la Sangre de Jesús, ahora y por siempre!

Día 5
Día 5

La corona de espinas

21 minutos

Día quinto de la Novena a la Preciosa Sangre de Cristo.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Oración inicial —
Oh inmensa y eterna Majestad de Dios, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo, criatura Tuya, te adoro, te honro, te confieso y te alabo con el mayor respeto y amor que Tú sabes que pueden ofrecerte todas Tus criaturas.

En Tu divina presencia y en la de María Santísima, Virgen Inmaculada, Reina del Cielo, de mi Ángel de la Guarda, de mis santos patronos y de toda la corte celestial, declaro que esta oración y esta petición que voy a hacer a la piadosa y misericordiosa Virgen María por los méritos de la preciosa Sangre de Jesús quiero hacerlas con recta intención, y principalmente para gloria y honra de María Santísima y de toda la corte celestial, y para la salvación de mi alma y de mi prójimo.

Por eso espero de Ti, Dios mío, Sumo Bien, y de la Virgen piadosísima, alcanzar la gracia que humildemente pido, pidiéndola solo por el mérito infinito de la preciosísima Sangre de Jesús, y no por mérito mío.

Pero ¿qué puedo hacer yo, en el estado en que me encuentro, sino confesarte, Dios mío, todas mis maldades y los pecados que he cometido desde el principio de mi vida hasta hoy, y pedirte por ellos misericordia y perdón por la Sangre de Jesús?

Sí, sí, Dios mío, me arrepiento y me duelo de corazón, no por temor del infierno ni por el paraíso perdido, sino solamente por haberte ofendido a Ti, Sumo Bien; y por eso te pido perdón y misericordia, con el propósito firme de confesarme cuanto antes, con verdadero dolor, ante un ministro Tuyo en el santo tribunal de la penitencia, de cumplir la penitencia debida y de no ofenderte nunca más en adelante, con Tu santa ayuda y con Tu santa gracia. Amén.

— Bajo tu amparo —
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

Amén.

— Dios mío, ven en mi auxilio —
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Consideración del día —
(Mateo 27, 29)
«Los soldados trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y en la mano derecha, una caña».

Los soldados se burlaron de Jesús como de un rey de mentira: le echaron encima un manto rojo, le pusieron la corona y la caña, y se arrodillaban ante él riéndose.

Las espinas le hirieron la cabeza, y la sangre le corrió por el rostro y por los ojos. El que es el verdadero Rey aceptó la humillación por amor.

Aquella corona de burla es para los cristianos el signo de un reinado que se ejerce sirviendo y dando la vida.

También tú puedes ofrecerle las humillaciones que recibes. Cuando alguien te hiera con la burla o el desprecio, mira a Jesús coronado de espinas y pídele un corazón humilde y en paz, y que reine en tus pensamientos.

Señor Jesús, coronado de espinas, reina en mi mente y en mi corazón.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a la Virgen —
«Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original».

Hermosísima y sin mancha alguna eres, purísima Virgen María, Reina del Cielo, Emperatriz de los Ángeles, Señora del mundo y Madre de Dios; por eso te honro y te saludo, y bendita seas por siempre.

Oh María, oh María, a ti recurro, a ti invoco, Virgen Santísima. Ayúdame, dulcísima Madre de Dios. Ayúdame, Emperatriz del Paraíso. Ayúdame, piadosísima Madre y abogada de los pecadores, y en particular abogada mía; ayúdame, Madre de mi dulcísimo Jesús.

Y puesto que no hay cosa que se te pida en virtud de la Pasión de Jesucristo que no se obtenga de ti, con viva fe te ruego, en virtud de la Pasión de Jesús, que me concedas la gracia que voy a pedirte; y te la pido especialmente por la Sangre viva que él derramó por nosotros en la cruz, en tu presencia. No dejaré de clamar a ti hasta que me escuches.

Oh Madre de misericordia, estoy seguro de alcanzar de ti esta gracia, aunque sea grande, porque te la pido por el valor infinito de la preciosísima Sangre de tu divino y amadísimo Hijo Jesús. Con esta confianza en el corazón me dispongo a pedírtela: te ruego que me la concedas.

(Nombra en silencio la gracia que pides.)

— Los siete derramamientos —
Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó a la tierna edad de solo ocho días, en su circuncisión.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió en abundancia de todo su santísimo cuerpo, y en particular de su divino rostro, en la agonía del huerto; y que, cayéndole por los vestidos, regó la tierra, las piedras y la hierba de aquel huerto tan feliz y afortunado.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Alcánzamela, María Santísima, por aquella pura e inocente Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en abundancia cuando fue despojado de sus vestidos, atado a la columna y cruelmente azotado, hasta formar con ella un lago de sangre.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Consuélame, María Santísima, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de su santísimo cuerpo, corriéndole por los ojos y por el rostro, cuando fue ceñido y coronado de punzantes y venenosas espinas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, Madre Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó por todo el camino cuando lo llevaban al Calvario bajo la gran cruz; y especialmente por aquella Sangre viva mezclada con tus lágrimas, que derramaste cuando, al verlo en aquel estado, oprimida por el gran dolor, desconsolada y afligida, lo acompañaste al Calvario con abundantes lágrimas que corrían de tus ojos purísimos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te lo ruego, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de todo su santísimo cuerpo cuando fue despojado para ser puesto en la cruz, y se le renovaron entonces todas sus llagas y heridas; y te lo suplico por aquella Sangre que vertió y derramó de sus santísimas manos y pies cuando fue clavado en la cruz con durísimos y punzantísimos clavos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Escúchame, purísima Virgen y Madre María, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en toda su vida y Pasión; y escúchame especialmente por aquella dulcísima y santísima Sangre y agua que vertió y derramó de su sacrosanto costado cuando, ya muerto, la cruel y despiadada lanza le hirió y le abrió el pecho.

Por aquella Sangre purísima, oh piadosa Virgen María, alcánzame la gracia que te pido, porque te lo ruego, te lo suplico y te lo imploro por la dulcísima Sangre de Jesús, tu Hijo, y por aquella Sangre preciosísima que yo profundamente venero y adoro: escúchame, piadosa Virgen María. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

— Oración a los ángeles, los santos y las almas —
San Miguel, San Gabriel, San Rafael, Ángel de mi guarda, y ustedes, todos los ángeles y arcángeles, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, querubines y serafines: alcáncenme con sus santas oraciones, ante María Santísima, la gracia que pido por la Sangre de Jesús.

San José, San Juan Bautista, y ustedes, todos los santos patriarcas y profetas, apóstoles, evangelistas y discípulos del Señor; santos mártires, que por amor a Jesús derramaron su sangre; santos doctores, pontífices y confesores; santos monjes, ermitaños y sacerdotes; santas vírgenes y viudas: rueguen por mí a María Santísima y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús.

Oh santos todos, ciudadanos del cielo, moradores de la gloria que contemplan el rostro de Dios: rueguen por mí a su Emperatriz y Reina, María Santísima, y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre de Jesús, en virtud de la cual subieron allá arriba.

También recurro a ustedes, almas del purgatorio: rueguen por mí a María Santísima, intercedan por mí la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús, y no me abandonen en esta grave necesidad mía; porque se lo ruego, se lo suplico y se lo imploro, especialmente por aquella Sangre preciosísima que Jesús, mi Redentor y el de ustedes, derramó de sus principales llagas, que yo profundamente venero y adoro:

que la piadosísima Virgen María, por los méritos y la virtud de la Sangre purísima de su santísimo Hijo Jesús, derramada de todo su sacratísimo cuerpo y de sus sacratísimas llagas, se digne alcanzarme la gracia que le pido, como espero. Amén.

Nos redimiste, Señor, con Tu sangre.
E hiciste de nosotros un reino para nuestro Dios.

— Bendita sea la Sangre —

¡Bendita sea la Sangre de Jesús, ahora y por siempre!

Día 6
Día 6

La cruz a cuestas

21 minutos

Día sexto de la Novena a la Preciosa Sangre de Cristo.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Oración inicial —
Oh inmensa y eterna Majestad de Dios, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo, criatura Tuya, te adoro, te honro, te confieso y te alabo con el mayor respeto y amor que Tú sabes que pueden ofrecerte todas Tus criaturas.

En Tu divina presencia y en la de María Santísima, Virgen Inmaculada, Reina del Cielo, de mi Ángel de la Guarda, de mis santos patronos y de toda la corte celestial, declaro que esta oración y esta petición que voy a hacer a la piadosa y misericordiosa Virgen María por los méritos de la preciosa Sangre de Jesús quiero hacerlas con recta intención, y principalmente para gloria y honra de María Santísima y de toda la corte celestial, y para la salvación de mi alma y de mi prójimo.

Por eso espero de Ti, Dios mío, Sumo Bien, y de la Virgen piadosísima, alcanzar la gracia que humildemente pido, pidiéndola solo por el mérito infinito de la preciosísima Sangre de Jesús, y no por mérito mío.

Pero ¿qué puedo hacer yo, en el estado en que me encuentro, sino confesarte, Dios mío, todas mis maldades y los pecados que he cometido desde el principio de mi vida hasta hoy, y pedirte por ellos misericordia y perdón por la Sangre de Jesús?

Sí, sí, Dios mío, me arrepiento y me duelo de corazón, no por temor del infierno ni por el paraíso perdido, sino solamente por haberte ofendido a Ti, Sumo Bien; y por eso te pido perdón y misericordia, con el propósito firme de confesarme cuanto antes, con verdadero dolor, ante un ministro Tuyo en el santo tribunal de la penitencia, de cumplir la penitencia debida y de no ofenderte nunca más en adelante, con Tu santa ayuda y con Tu santa gracia. Amén.

— Bajo tu amparo —
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

Amén.

— Dios mío, ven en mi auxilio —
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Consideración del día —
(Juan 19, 17)
«Jesús, cargando él mismo con la cruz, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota».

Herido y agotado, Jesús cargó él mismo con la cruz y salió de la ciudad hacia el Calvario. Por el camino siguió derramando su sangre.

Esta novena recuerda aquí también las lágrimas de María, que lo acompañó con dolor hasta el pie de la cruz y unió su dolor al de su Hijo.

Los Evangelios cuentan que obligaron a Simón de Cirene a cargar la cruz detrás de Jesús, y que muchas mujeres lo seguían llorando. Él siguió adelante hasta el final.

También tú llevas una cruz. Cuando te pese, recuerda que él la llevó primero y que no te deja solo en el camino. Ponte detrás de Jesús, y deja que María te acompañe como madre.

Señor Jesús, por Tu camino al Calvario, ayúdame a llevar mi cruz con paciencia.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a la Virgen —
«Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original».

Hermosísima y sin mancha alguna eres, purísima Virgen María, Reina del Cielo, Emperatriz de los Ángeles, Señora del mundo y Madre de Dios; por eso te honro y te saludo, y bendita seas por siempre.

Oh María, oh María, a ti recurro, a ti invoco, Virgen Santísima. Ayúdame, dulcísima Madre de Dios. Ayúdame, Emperatriz del Paraíso. Ayúdame, piadosísima Madre y abogada de los pecadores, y en particular abogada mía; ayúdame, Madre de mi dulcísimo Jesús.

Y puesto que no hay cosa que se te pida en virtud de la Pasión de Jesucristo que no se obtenga de ti, con viva fe te ruego, en virtud de la Pasión de Jesús, que me concedas la gracia que voy a pedirte; y te la pido especialmente por la Sangre viva que él derramó por nosotros en la cruz, en tu presencia. No dejaré de clamar a ti hasta que me escuches.

Oh Madre de misericordia, estoy seguro de alcanzar de ti esta gracia, aunque sea grande, porque te la pido por el valor infinito de la preciosísima Sangre de tu divino y amadísimo Hijo Jesús. Con esta confianza en el corazón me dispongo a pedírtela: te ruego que me la concedas.

(Nombra en silencio la gracia que pides.)

— Los siete derramamientos —
Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó a la tierna edad de solo ocho días, en su circuncisión.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió en abundancia de todo su santísimo cuerpo, y en particular de su divino rostro, en la agonía del huerto; y que, cayéndole por los vestidos, regó la tierra, las piedras y la hierba de aquel huerto tan feliz y afortunado.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Alcánzamela, María Santísima, por aquella pura e inocente Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en abundancia cuando fue despojado de sus vestidos, atado a la columna y cruelmente azotado, hasta formar con ella un lago de sangre.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Consuélame, María Santísima, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de su santísimo cuerpo, corriéndole por los ojos y por el rostro, cuando fue ceñido y coronado de punzantes y venenosas espinas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, Madre Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó por todo el camino cuando lo llevaban al Calvario bajo la gran cruz; y especialmente por aquella Sangre viva mezclada con tus lágrimas, que derramaste cuando, al verlo en aquel estado, oprimida por el gran dolor, desconsolada y afligida, lo acompañaste al Calvario con abundantes lágrimas que corrían de tus ojos purísimos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te lo ruego, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de todo su santísimo cuerpo cuando fue despojado para ser puesto en la cruz, y se le renovaron entonces todas sus llagas y heridas; y te lo suplico por aquella Sangre que vertió y derramó de sus santísimas manos y pies cuando fue clavado en la cruz con durísimos y punzantísimos clavos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Escúchame, purísima Virgen y Madre María, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en toda su vida y Pasión; y escúchame especialmente por aquella dulcísima y santísima Sangre y agua que vertió y derramó de su sacrosanto costado cuando, ya muerto, la cruel y despiadada lanza le hirió y le abrió el pecho.

Por aquella Sangre purísima, oh piadosa Virgen María, alcánzame la gracia que te pido, porque te lo ruego, te lo suplico y te lo imploro por la dulcísima Sangre de Jesús, tu Hijo, y por aquella Sangre preciosísima que yo profundamente venero y adoro: escúchame, piadosa Virgen María. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

— Oración a los ángeles, los santos y las almas —
San Miguel, San Gabriel, San Rafael, Ángel de mi guarda, y ustedes, todos los ángeles y arcángeles, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, querubines y serafines: alcáncenme con sus santas oraciones, ante María Santísima, la gracia que pido por la Sangre de Jesús.

San José, San Juan Bautista, y ustedes, todos los santos patriarcas y profetas, apóstoles, evangelistas y discípulos del Señor; santos mártires, que por amor a Jesús derramaron su sangre; santos doctores, pontífices y confesores; santos monjes, ermitaños y sacerdotes; santas vírgenes y viudas: rueguen por mí a María Santísima y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús.

Oh santos todos, ciudadanos del cielo, moradores de la gloria que contemplan el rostro de Dios: rueguen por mí a su Emperatriz y Reina, María Santísima, y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre de Jesús, en virtud de la cual subieron allá arriba.

También recurro a ustedes, almas del purgatorio: rueguen por mí a María Santísima, intercedan por mí la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús, y no me abandonen en esta grave necesidad mía; porque se lo ruego, se lo suplico y se lo imploro, especialmente por aquella Sangre preciosísima que Jesús, mi Redentor y el de ustedes, derramó de sus principales llagas, que yo profundamente venero y adoro:

que la piadosísima Virgen María, por los méritos y la virtud de la Sangre purísima de su santísimo Hijo Jesús, derramada de todo su sacratísimo cuerpo y de sus sacratísimas llagas, se digne alcanzarme la gracia que le pido, como espero. Amén.

Nos redimiste, Señor, con Tu sangre.
E hiciste de nosotros un reino para nuestro Dios.

— Bendita sea la Sangre —

¡Bendita sea la Sangre de Jesús, ahora y por siempre!

Día 7
Día 7

La crucifixión

21 minutos

Día séptimo de la Novena a la Preciosa Sangre de Cristo.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Oración inicial —
Oh inmensa y eterna Majestad de Dios, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo, criatura Tuya, te adoro, te honro, te confieso y te alabo con el mayor respeto y amor que Tú sabes que pueden ofrecerte todas Tus criaturas.

En Tu divina presencia y en la de María Santísima, Virgen Inmaculada, Reina del Cielo, de mi Ángel de la Guarda, de mis santos patronos y de toda la corte celestial, declaro que esta oración y esta petición que voy a hacer a la piadosa y misericordiosa Virgen María por los méritos de la preciosa Sangre de Jesús quiero hacerlas con recta intención, y principalmente para gloria y honra de María Santísima y de toda la corte celestial, y para la salvación de mi alma y de mi prójimo.

Por eso espero de Ti, Dios mío, Sumo Bien, y de la Virgen piadosísima, alcanzar la gracia que humildemente pido, pidiéndola solo por el mérito infinito de la preciosísima Sangre de Jesús, y no por mérito mío.

Pero ¿qué puedo hacer yo, en el estado en que me encuentro, sino confesarte, Dios mío, todas mis maldades y los pecados que he cometido desde el principio de mi vida hasta hoy, y pedirte por ellos misericordia y perdón por la Sangre de Jesús?

Sí, sí, Dios mío, me arrepiento y me duelo de corazón, no por temor del infierno ni por el paraíso perdido, sino solamente por haberte ofendido a Ti, Sumo Bien; y por eso te pido perdón y misericordia, con el propósito firme de confesarme cuanto antes, con verdadero dolor, ante un ministro Tuyo en el santo tribunal de la penitencia, de cumplir la penitencia debida y de no ofenderte nunca más en adelante, con Tu santa ayuda y con Tu santa gracia. Amén.

— Bajo tu amparo —
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

Amén.

— Dios mío, ven en mi auxilio —
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 23, 33)
«Cuando llegaron al lugar que llaman la Calavera, allí crucificaron a Jesús junto con los malhechores».

En el Calvario despojaron a Jesús de sus vestidos, y esta novena recuerda que al hacerlo se le abrieron de nuevo las heridas. Luego le clavaron en la cruz las manos y los pies, y lo levantaron en alto.

Desde la cruz, Jesús rezó por los que lo crucificaban: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Su sangre, derramada por todos, alcanzó también a los que lo herían. Uno de los malhechores crucificados con él le pidió que se acordara de él, y Jesús le prometió el paraíso.

También tú estás al pie de la cruz. Mira a Jesús crucificado, pide perdón por tus pecados y perdona a los que te han ofendido. Nunca es tarde para volver a él.

Señor Jesús, crucificado por mí, lávame con Tu sangre y enséñame a perdonar.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a la Virgen —
«Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original».

Hermosísima y sin mancha alguna eres, purísima Virgen María, Reina del Cielo, Emperatriz de los Ángeles, Señora del mundo y Madre de Dios; por eso te honro y te saludo, y bendita seas por siempre.

Oh María, oh María, a ti recurro, a ti invoco, Virgen Santísima. Ayúdame, dulcísima Madre de Dios. Ayúdame, Emperatriz del Paraíso. Ayúdame, piadosísima Madre y abogada de los pecadores, y en particular abogada mía; ayúdame, Madre de mi dulcísimo Jesús.

Y puesto que no hay cosa que se te pida en virtud de la Pasión de Jesucristo que no se obtenga de ti, con viva fe te ruego, en virtud de la Pasión de Jesús, que me concedas la gracia que voy a pedirte; y te la pido especialmente por la Sangre viva que él derramó por nosotros en la cruz, en tu presencia. No dejaré de clamar a ti hasta que me escuches.

Oh Madre de misericordia, estoy seguro de alcanzar de ti esta gracia, aunque sea grande, porque te la pido por el valor infinito de la preciosísima Sangre de tu divino y amadísimo Hijo Jesús. Con esta confianza en el corazón me dispongo a pedírtela: te ruego que me la concedas.

(Nombra en silencio la gracia que pides.)

— Los siete derramamientos —
Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó a la tierna edad de solo ocho días, en su circuncisión.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió en abundancia de todo su santísimo cuerpo, y en particular de su divino rostro, en la agonía del huerto; y que, cayéndole por los vestidos, regó la tierra, las piedras y la hierba de aquel huerto tan feliz y afortunado.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Alcánzamela, María Santísima, por aquella pura e inocente Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en abundancia cuando fue despojado de sus vestidos, atado a la columna y cruelmente azotado, hasta formar con ella un lago de sangre.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Consuélame, María Santísima, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de su santísimo cuerpo, corriéndole por los ojos y por el rostro, cuando fue ceñido y coronado de punzantes y venenosas espinas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, Madre Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó por todo el camino cuando lo llevaban al Calvario bajo la gran cruz; y especialmente por aquella Sangre viva mezclada con tus lágrimas, que derramaste cuando, al verlo en aquel estado, oprimida por el gran dolor, desconsolada y afligida, lo acompañaste al Calvario con abundantes lágrimas que corrían de tus ojos purísimos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te lo ruego, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de todo su santísimo cuerpo cuando fue despojado para ser puesto en la cruz, y se le renovaron entonces todas sus llagas y heridas; y te lo suplico por aquella Sangre que vertió y derramó de sus santísimas manos y pies cuando fue clavado en la cruz con durísimos y punzantísimos clavos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Escúchame, purísima Virgen y Madre María, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en toda su vida y Pasión; y escúchame especialmente por aquella dulcísima y santísima Sangre y agua que vertió y derramó de su sacrosanto costado cuando, ya muerto, la cruel y despiadada lanza le hirió y le abrió el pecho.

Por aquella Sangre purísima, oh piadosa Virgen María, alcánzame la gracia que te pido, porque te lo ruego, te lo suplico y te lo imploro por la dulcísima Sangre de Jesús, tu Hijo, y por aquella Sangre preciosísima que yo profundamente venero y adoro: escúchame, piadosa Virgen María. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

— Oración a los ángeles, los santos y las almas —
San Miguel, San Gabriel, San Rafael, Ángel de mi guarda, y ustedes, todos los ángeles y arcángeles, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, querubines y serafines: alcáncenme con sus santas oraciones, ante María Santísima, la gracia que pido por la Sangre de Jesús.

San José, San Juan Bautista, y ustedes, todos los santos patriarcas y profetas, apóstoles, evangelistas y discípulos del Señor; santos mártires, que por amor a Jesús derramaron su sangre; santos doctores, pontífices y confesores; santos monjes, ermitaños y sacerdotes; santas vírgenes y viudas: rueguen por mí a María Santísima y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús.

Oh santos todos, ciudadanos del cielo, moradores de la gloria que contemplan el rostro de Dios: rueguen por mí a su Emperatriz y Reina, María Santísima, y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre de Jesús, en virtud de la cual subieron allá arriba.

También recurro a ustedes, almas del purgatorio: rueguen por mí a María Santísima, intercedan por mí la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús, y no me abandonen en esta grave necesidad mía; porque se lo ruego, se lo suplico y se lo imploro, especialmente por aquella Sangre preciosísima que Jesús, mi Redentor y el de ustedes, derramó de sus principales llagas, que yo profundamente venero y adoro:

que la piadosísima Virgen María, por los méritos y la virtud de la Sangre purísima de su santísimo Hijo Jesús, derramada de todo su sacratísimo cuerpo y de sus sacratísimas llagas, se digne alcanzarme la gracia que le pido, como espero. Amén.

Nos redimiste, Señor, con Tu sangre.
E hiciste de nosotros un reino para nuestro Dios.

— Bendita sea la Sangre —

¡Bendita sea la Sangre de Jesús, ahora y por siempre!

Día 8
Día 8

La lanza

21 minutos

Día octavo de la Novena a la Preciosa Sangre de Cristo.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Oración inicial —
Oh inmensa y eterna Majestad de Dios, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo, criatura Tuya, te adoro, te honro, te confieso y te alabo con el mayor respeto y amor que Tú sabes que pueden ofrecerte todas Tus criaturas.

En Tu divina presencia y en la de María Santísima, Virgen Inmaculada, Reina del Cielo, de mi Ángel de la Guarda, de mis santos patronos y de toda la corte celestial, declaro que esta oración y esta petición que voy a hacer a la piadosa y misericordiosa Virgen María por los méritos de la preciosa Sangre de Jesús quiero hacerlas con recta intención, y principalmente para gloria y honra de María Santísima y de toda la corte celestial, y para la salvación de mi alma y de mi prójimo.

Por eso espero de Ti, Dios mío, Sumo Bien, y de la Virgen piadosísima, alcanzar la gracia que humildemente pido, pidiéndola solo por el mérito infinito de la preciosísima Sangre de Jesús, y no por mérito mío.

Pero ¿qué puedo hacer yo, en el estado en que me encuentro, sino confesarte, Dios mío, todas mis maldades y los pecados que he cometido desde el principio de mi vida hasta hoy, y pedirte por ellos misericordia y perdón por la Sangre de Jesús?

Sí, sí, Dios mío, me arrepiento y me duelo de corazón, no por temor del infierno ni por el paraíso perdido, sino solamente por haberte ofendido a Ti, Sumo Bien; y por eso te pido perdón y misericordia, con el propósito firme de confesarme cuanto antes, con verdadero dolor, ante un ministro Tuyo en el santo tribunal de la penitencia, de cumplir la penitencia debida y de no ofenderte nunca más en adelante, con Tu santa ayuda y con Tu santa gracia. Amén.

— Bajo tu amparo —
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

Amén.

— Dios mío, ven en mi auxilio —
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Consideración del día —
(Juan 19, 34)
«Uno de los soldados le clavó la lanza en el costado, y enseguida brotó sangre y agua».

Los soldados no le quebraron las piernas, porque ya había muerto. Entonces uno de ellos le abrió el costado. El evangelista, que lo vio, dice que salió sangre y agua, y da testimonio de que es verdad para que también nosotros creamos.

Los Padres de la Iglesia vieron en esa sangre y esa agua los sacramentos, el bautismo y la Eucaristía, que nacen del costado de Cristo como nace de él la Iglesia.

Del corazón abierto de Jesús brota la misericordia para todos, también para quien se siente más lejos.

También tú puedes acudir a ese costado abierto. En los sacramentos te espera la misma sangre que brotó en la cruz: acércate con confianza a la confesión y a la Comunión. Él te espera siempre.

Señor Jesús, de Tu costado abierto, dame vida nueva y un corazón agradecido.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a la Virgen —
«Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original».

Hermosísima y sin mancha alguna eres, purísima Virgen María, Reina del Cielo, Emperatriz de los Ángeles, Señora del mundo y Madre de Dios; por eso te honro y te saludo, y bendita seas por siempre.

Oh María, oh María, a ti recurro, a ti invoco, Virgen Santísima. Ayúdame, dulcísima Madre de Dios. Ayúdame, Emperatriz del Paraíso. Ayúdame, piadosísima Madre y abogada de los pecadores, y en particular abogada mía; ayúdame, Madre de mi dulcísimo Jesús.

Y puesto que no hay cosa que se te pida en virtud de la Pasión de Jesucristo que no se obtenga de ti, con viva fe te ruego, en virtud de la Pasión de Jesús, que me concedas la gracia que voy a pedirte; y te la pido especialmente por la Sangre viva que él derramó por nosotros en la cruz, en tu presencia. No dejaré de clamar a ti hasta que me escuches.

Oh Madre de misericordia, estoy seguro de alcanzar de ti esta gracia, aunque sea grande, porque te la pido por el valor infinito de la preciosísima Sangre de tu divino y amadísimo Hijo Jesús. Con esta confianza en el corazón me dispongo a pedírtela: te ruego que me la concedas.

(Nombra en silencio la gracia que pides.)

— Los siete derramamientos —
Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó a la tierna edad de solo ocho días, en su circuncisión.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió en abundancia de todo su santísimo cuerpo, y en particular de su divino rostro, en la agonía del huerto; y que, cayéndole por los vestidos, regó la tierra, las piedras y la hierba de aquel huerto tan feliz y afortunado.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Alcánzamela, María Santísima, por aquella pura e inocente Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en abundancia cuando fue despojado de sus vestidos, atado a la columna y cruelmente azotado, hasta formar con ella un lago de sangre.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Consuélame, María Santísima, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de su santísimo cuerpo, corriéndole por los ojos y por el rostro, cuando fue ceñido y coronado de punzantes y venenosas espinas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, Madre Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó por todo el camino cuando lo llevaban al Calvario bajo la gran cruz; y especialmente por aquella Sangre viva mezclada con tus lágrimas, que derramaste cuando, al verlo en aquel estado, oprimida por el gran dolor, desconsolada y afligida, lo acompañaste al Calvario con abundantes lágrimas que corrían de tus ojos purísimos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te lo ruego, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de todo su santísimo cuerpo cuando fue despojado para ser puesto en la cruz, y se le renovaron entonces todas sus llagas y heridas; y te lo suplico por aquella Sangre que vertió y derramó de sus santísimas manos y pies cuando fue clavado en la cruz con durísimos y punzantísimos clavos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Escúchame, purísima Virgen y Madre María, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en toda su vida y Pasión; y escúchame especialmente por aquella dulcísima y santísima Sangre y agua que vertió y derramó de su sacrosanto costado cuando, ya muerto, la cruel y despiadada lanza le hirió y le abrió el pecho.

Por aquella Sangre purísima, oh piadosa Virgen María, alcánzame la gracia que te pido, porque te lo ruego, te lo suplico y te lo imploro por la dulcísima Sangre de Jesús, tu Hijo, y por aquella Sangre preciosísima que yo profundamente venero y adoro: escúchame, piadosa Virgen María. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

— Oración a los ángeles, los santos y las almas —
San Miguel, San Gabriel, San Rafael, Ángel de mi guarda, y ustedes, todos los ángeles y arcángeles, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, querubines y serafines: alcáncenme con sus santas oraciones, ante María Santísima, la gracia que pido por la Sangre de Jesús.

San José, San Juan Bautista, y ustedes, todos los santos patriarcas y profetas, apóstoles, evangelistas y discípulos del Señor; santos mártires, que por amor a Jesús derramaron su sangre; santos doctores, pontífices y confesores; santos monjes, ermitaños y sacerdotes; santas vírgenes y viudas: rueguen por mí a María Santísima y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús.

Oh santos todos, ciudadanos del cielo, moradores de la gloria que contemplan el rostro de Dios: rueguen por mí a su Emperatriz y Reina, María Santísima, y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre de Jesús, en virtud de la cual subieron allá arriba.

También recurro a ustedes, almas del purgatorio: rueguen por mí a María Santísima, intercedan por mí la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús, y no me abandonen en esta grave necesidad mía; porque se lo ruego, se lo suplico y se lo imploro, especialmente por aquella Sangre preciosísima que Jesús, mi Redentor y el de ustedes, derramó de sus principales llagas, que yo profundamente venero y adoro:

que la piadosísima Virgen María, por los méritos y la virtud de la Sangre purísima de su santísimo Hijo Jesús, derramada de todo su sacratísimo cuerpo y de sus sacratísimas llagas, se digne alcanzarme la gracia que le pido, como espero. Amén.

Nos redimiste, Señor, con Tu sangre.
E hiciste de nosotros un reino para nuestro Dios.

— Bendita sea la Sangre —

¡Bendita sea la Sangre de Jesús, ahora y por siempre!

Día 9
Día 9

Lavados en la sangre del Cordero

21 minutos

Día noveno de la Novena a la Preciosa Sangre de Cristo.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Oración inicial —
Oh inmensa y eterna Majestad de Dios, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo, criatura Tuya, te adoro, te honro, te confieso y te alabo con el mayor respeto y amor que Tú sabes que pueden ofrecerte todas Tus criaturas.

En Tu divina presencia y en la de María Santísima, Virgen Inmaculada, Reina del Cielo, de mi Ángel de la Guarda, de mis santos patronos y de toda la corte celestial, declaro que esta oración y esta petición que voy a hacer a la piadosa y misericordiosa Virgen María por los méritos de la preciosa Sangre de Jesús quiero hacerlas con recta intención, y principalmente para gloria y honra de María Santísima y de toda la corte celestial, y para la salvación de mi alma y de mi prójimo.

Por eso espero de Ti, Dios mío, Sumo Bien, y de la Virgen piadosísima, alcanzar la gracia que humildemente pido, pidiéndola solo por el mérito infinito de la preciosísima Sangre de Jesús, y no por mérito mío.

Pero ¿qué puedo hacer yo, en el estado en que me encuentro, sino confesarte, Dios mío, todas mis maldades y los pecados que he cometido desde el principio de mi vida hasta hoy, y pedirte por ellos misericordia y perdón por la Sangre de Jesús?

Sí, sí, Dios mío, me arrepiento y me duelo de corazón, no por temor del infierno ni por el paraíso perdido, sino solamente por haberte ofendido a Ti, Sumo Bien; y por eso te pido perdón y misericordia, con el propósito firme de confesarme cuanto antes, con verdadero dolor, ante un ministro Tuyo en el santo tribunal de la penitencia, de cumplir la penitencia debida y de no ofenderte nunca más en adelante, con Tu santa ayuda y con Tu santa gracia. Amén.

— Bajo tu amparo —
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

Amén.

— Dios mío, ven en mi auxilio —
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Consideración del día —
(Apocalipsis 7, 14)
«El anciano me dijo: “Son los que vienen de la gran tribulación: han lavado sus túnicas y las han blanqueado en la sangre del Cordero”».

San Juan vio en el cielo una muchedumbre inmensa, de toda nación, vestida de blanco ante el trono de Dios y ante el Cordero, que proclamaba que la salvación viene de Dios y del Cordero.

La blancura de sus túnicas venía de la sangre del Cordero, que las había lavado.

Esa es la meta de esta novena y de toda la vida cristiana: ser purificados por Cristo y alabar a Dios para siempre.

También tú estás llamado a formar parte de esa muchedumbre. Confía en la sangre de Cristo, que perdona y renueva, y camina hacia él con esperanza. Reza también por tus difuntos, para que Dios los reciba entre ellos.

Señor Jesús, Cordero de Dios, lávame en Tu sangre y llévame Contigo a la gloria.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración a la Virgen —
«Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original».

Hermosísima y sin mancha alguna eres, purísima Virgen María, Reina del Cielo, Emperatriz de los Ángeles, Señora del mundo y Madre de Dios; por eso te honro y te saludo, y bendita seas por siempre.

Oh María, oh María, a ti recurro, a ti invoco, Virgen Santísima. Ayúdame, dulcísima Madre de Dios. Ayúdame, Emperatriz del Paraíso. Ayúdame, piadosísima Madre y abogada de los pecadores, y en particular abogada mía; ayúdame, Madre de mi dulcísimo Jesús.

Y puesto que no hay cosa que se te pida en virtud de la Pasión de Jesucristo que no se obtenga de ti, con viva fe te ruego, en virtud de la Pasión de Jesús, que me concedas la gracia que voy a pedirte; y te la pido especialmente por la Sangre viva que él derramó por nosotros en la cruz, en tu presencia. No dejaré de clamar a ti hasta que me escuches.

Oh Madre de misericordia, estoy seguro de alcanzar de ti esta gracia, aunque sea grande, porque te la pido por el valor infinito de la preciosísima Sangre de tu divino y amadísimo Hijo Jesús. Con esta confianza en el corazón me dispongo a pedírtela: te ruego que me la concedas.

(Nombra en silencio la gracia que pides.)

— Los siete derramamientos —
Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó a la tierna edad de solo ocho días, en su circuncisión.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió en abundancia de todo su santísimo cuerpo, y en particular de su divino rostro, en la agonía del huerto; y que, cayéndole por los vestidos, regó la tierra, las piedras y la hierba de aquel huerto tan feliz y afortunado.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Alcánzamela, María Santísima, por aquella pura e inocente Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en abundancia cuando fue despojado de sus vestidos, atado a la columna y cruelmente azotado, hasta formar con ella un lago de sangre.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Consuélame, María Santísima, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de su santísimo cuerpo, corriéndole por los ojos y por el rostro, cuando fue ceñido y coronado de punzantes y venenosas espinas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te la pido, Madre Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó por todo el camino cuando lo llevaban al Calvario bajo la gran cruz; y especialmente por aquella Sangre viva mezclada con tus lágrimas, que derramaste cuando, al verlo en aquel estado, oprimida por el gran dolor, desconsolada y afligida, lo acompañaste al Calvario con abundantes lágrimas que corrían de tus ojos purísimos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Te lo ruego, María Santísima, por aquella pura, inocente y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó de todo su santísimo cuerpo cuando fue despojado para ser puesto en la cruz, y se le renovaron entonces todas sus llagas y heridas; y te lo suplico por aquella Sangre que vertió y derramó de sus santísimas manos y pies cuando fue clavado en la cruz con durísimos y punzantísimos clavos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

Escúchame, purísima Virgen y Madre María, por aquella pura y bendita Sangre de Jesús, tu Hijo, que él vertió y derramó en toda su vida y Pasión; y escúchame especialmente por aquella dulcísima y santísima Sangre y agua que vertió y derramó de su sacrosanto costado cuando, ya muerto, la cruel y despiadada lanza le hirió y le abrió el pecho.

Por aquella Sangre purísima, oh piadosa Virgen María, alcánzame la gracia que te pido, porque te lo ruego, te lo suplico y te lo imploro por la dulcísima Sangre de Jesús, tu Hijo, y por aquella Sangre preciosísima que yo profundamente venero y adoro: escúchame, piadosa Virgen María. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Virgen María, te ruego por las llagas y por las gotas infinitas de aquella preciosa Sangre que manaron de Jesús.

— Oración a los ángeles, los santos y las almas —
San Miguel, San Gabriel, San Rafael, Ángel de mi guarda, y ustedes, todos los ángeles y arcángeles, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, querubines y serafines: alcáncenme con sus santas oraciones, ante María Santísima, la gracia que pido por la Sangre de Jesús.

San José, San Juan Bautista, y ustedes, todos los santos patriarcas y profetas, apóstoles, evangelistas y discípulos del Señor; santos mártires, que por amor a Jesús derramaron su sangre; santos doctores, pontífices y confesores; santos monjes, ermitaños y sacerdotes; santas vírgenes y viudas: rueguen por mí a María Santísima y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús.

Oh santos todos, ciudadanos del cielo, moradores de la gloria que contemplan el rostro de Dios: rueguen por mí a su Emperatriz y Reina, María Santísima, y alcáncenme la gracia que pido por la Sangre de Jesús, en virtud de la cual subieron allá arriba.

También recurro a ustedes, almas del purgatorio: rueguen por mí a María Santísima, intercedan por mí la gracia que pido por la Sangre y la Pasión de Jesús, y no me abandonen en esta grave necesidad mía; porque se lo ruego, se lo suplico y se lo imploro, especialmente por aquella Sangre preciosísima que Jesús, mi Redentor y el de ustedes, derramó de sus principales llagas, que yo profundamente venero y adoro:

que la piadosísima Virgen María, por los méritos y la virtud de la Sangre purísima de su santísimo Hijo Jesús, derramada de todo su sacratísimo cuerpo y de sus sacratísimas llagas, se digne alcanzarme la gracia que le pido, como espero. Amén.

Nos redimiste, Señor, con Tu sangre.
E hiciste de nosotros un reino para nuestro Dios.

— Bendita sea la Sangre —

¡Bendita sea la Sangre de Jesús, ahora y por siempre!

También hoy