Novena · 9 días
Novena por un enfermo
Nueve días de oración por una persona enferma
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
Los ángeles: compañía en el camino
Día primero de la Novena por un enfermo.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Marcos 1, 30-31)
«La suegra de Simón guardaba cama, con fiebre, y al momento le hablaron de ella. Jesús fue hacia ella, la tomó de la mano y la hizo levantarse».
En cuanto le hablaron de la enferma, Jesús fue a verla. La tomó de la mano y la levantó. Así empieza la oración por un enfermo: contándole a Jesús lo que le pasa a quien queremos.
El libro de Tobías cuenta que Dios envió al arcángel Rafael a acompañar al joven Tobías en un viaje largo y peligroso. Rafael fue su guía, su guarda y su compañero, y lo trajo de vuelta sano a su casa. Su nombre quiere decir «medicina de Dios».
Quien está enfermo necesita compañía. Quien lo cuida también la necesita: las noches largas, las esperas y las noticias difíciles pesan menos cuando alguien camina al lado.
También tú puedes ser hoy compañía para un enfermo, con una visita, una llamada o una oración. Y puedes pedir para él, y para ti, la compañía de los ángeles de Dios.
Dile hoy al Señor: Señor, envía Tu ángel a acompañar a quien está enfermo, y tómalo de la mano como tomaste a aquella mujer.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los ángeles, a los cuales encomendaste la guarda de los hombres; yo te ofrezco los merecimientos de estos soberanos espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, que siendo de los superiores bajó a ser guía, guarda y compañero de aquel piadoso joven Tobías, librándolo en los caminos de los peligros de cuerpo y alma; yo te suplico que me concedas la guarda, guía y protección de este soberano Arcángel, y la gracia que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Los arcángeles: enviado de la misericordia
Día segundo de la Novena por un enfermo.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Juan 11, 3)
«Señor, mira, aquel a quien amas está enfermo».
Marta y María no le dijeron a Jesús lo que tenía que hacer. Le contaron que su amigo estaba enfermo y confiaron en su amor.
El libro de Tobías cuenta que Dios escuchó a la vez la oración de dos personas afligidas, el anciano Tobías y la joven Sara, y envió a Rafael para ayudar a los dos. El ángel acompañó al joven Tobías a recoger un dinero que su padre había dejado en depósito, y lo condujo hasta Sara, que sería su esposa.
Dios conoce la enfermedad y la angustia de las familias. Escucha la oración que se hace con confianza y envía su ayuda por caminos que muchas veces no esperamos.
También tú puedes decirle hoy a Jesús, con palabras sencillas, que alguien a quien amas está enfermo. Él lo ama más que tú.
Dile hoy al Señor: Señor, mira a quien está enfermo; Tú lo amas, y en Tus manos lo pongo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los arcángeles, a los cuales encomiendas los negocios gravísimos de Tu gloria y utilidad de los hombres; yo te ofrezco los merecimientos de estos diligentísimos espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, a quien enviaste como ministro de Tus piedades para asistir a los negocios y encargos de la cobranza y casamiento del obediente mancebo hijo de Tobías, el cual logró, por su mérito, con toda felicidad lo que deseaba:
yo te suplico que me concedas el acierto en todos los negocios que se encarguen a mi cuidado, y en cumplimiento de mis obligaciones, también la gracia que te pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Los principados: medicina del alma y del cuerpo
Día tercero de la Novena por un enfermo.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Marcos 2, 5)
«Cuando Jesús vio la fe que tenían, dijo al paralítico: “Hijo, se te perdonan tus pecados”».
Cuatro amigos llevaron a un paralítico hasta Jesús. Como no podían entrar por la puerta, abrieron el techo y lo bajaron en su camilla. Jesús vio la fe de ellos y dio al enfermo el perdón; después lo curó.
El libro de Tobías cuenta que Rafael enseñó al joven Tobías a guardar del pez la medicina con que después su padre recobró la vista. Dios se sirve de los remedios de la tierra y de la ciencia de los hombres para curar.
Por eso la oración por un enfermo incluye a los médicos, a las enfermeras y a todos los que lo atienden. Y pide también la salud del alma: la paz con Dios, el perdón, la confianza.
También tú puedes ser uno de esos amigos que llevan al enfermo hasta Jesús. Tu fe y tu oración cuentan.
Dile hoy al Señor: Señor, sana el alma y el cuerpo de quien está enfermo, y guía las manos de quienes lo cuidan.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los príncipes, los cuales por medio de los ángeles y arcángeles, alumbrando, instruyendo y mandando, cuiden de la salud de los hombres según la disposición de Tu divina voluntad:
yo te ofrezco los merecimientos de estos celosísimos espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, el cual instruyó al joven Tobías para que conociese la medicinal virtud de las entrañas de aquel pez, y le alumbró el modo perfecto y santo que había de tener con su esposa Sara, para lograr sin peligros el fruto de bendición:
yo te suplico que me concedas la instrucción y luz de este santo Arcángel, para conocer la especial medicina de mi alma, y el acierto en el estado en que me pusiere Tu santísima mano, y la petición que te hago en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Las potestades: defendidos del mal
Día cuarto de la Novena por un enfermo.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Marcos 1, 41)
«Jesús, lleno de compasión, extendió la mano, lo tocó y le dijo: “Quiero: queda limpio”».
Un leproso se acercó a Jesús y le suplicó de rodillas. Jesús, lleno de compasión, lo tocó, aunque la ley apartaba a los leprosos de todos. Con su mano le devolvió la salud y el lugar entre los suyos.
El libro de Tobías cuenta que Rafael ató en el desierto de Egipto al demonio que amenazaba a Sara, y así libró a los esposos de su poder. El ángel defendió aquella casa del mal.
La enfermedad puede aislar. Hay enfermos que se sienten solos, apartados o avergonzados de su debilidad, y otros tentados de perder la esperanza. Jesús se acerca justamente a ellos.
También tú puedes acercarte a quien está enfermo sin miedo, con respeto y cariño. Y puedes pedir que la enfermedad no le quite la fe ni la esperanza.
Dile hoy al Señor: Señor, defiende del mal a quien está enfermo, y que en su debilidad no pierda la confianza en Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de las potestades, que tienen especial poder para refrenar a los demonios: yo te ofrezco los merecimientos de estos poderosísimos espíritus y de los de Tu Arcángel San Rafael, a quien diste la singular potestad para que ligase y encadenase en el desierto del superior Egipto al cruel enemigo de la pureza y astuto demonio llamado Asmodeo, defendiendo por este medio a los hombres de sus abominables asechanzas:
yo te suplico que me concedas la gracia y virtud de la pureza, defendiendo mi alma de las tentaciones de este cruel enemigo, y me des lo que pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Las virtudes: volver a ver
Día quinto de la Novena por un enfermo.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Lucas 18, 41)
«Señor, que pueda ver otra vez».
El ciego de Jericó gritó hasta que Jesús se detuvo. Cuando Jesús le preguntó qué quería, lo dijo sin rodeos: volver a ver. Y recobró la vista.
El libro de Tobías cuenta que el anciano Tobías había quedado ciego. Al volver su hijo, le untó los ojos con la hiel del pez, como le había enseñado Rafael, y el padre volvió a ver. Entonces bendijo a Dios.
Pedir la curación está bien: Jesús preguntó al ciego qué quería para que lo pidiera con sus palabras. También es bueno pedir la luz para ver la mano de Dios en lo que pasa, sea cual sea el camino de la enfermedad.
También tú puedes presentarle hoy a Dios, con claridad, lo que deseas para quien está enfermo. Y pídele, además, luz para ver su presencia en estos días.
Dile hoy al Señor: Señor, devuelve la salud a quien está enfermo, si es Tu voluntad, y que todos veamos Tu mano en lo que vivimos.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de las virtudes, por las cuales haces milagros y prodigios propios de Tu soberano poder: yo te ofrezco los merecimientos de estos soberanos espíritus, los de Tu Arcángel San Rafael, por quien obró Tu poderosa mano los milagros de dar vista al anciano Tobías, librar del pez a su hijo, defender a Sara de las contumelias de su criada, y darle logro feliz de su matrimonio con dichosa sucesión:
yo te suplico que, por la mano de este santo Arcángel, ejecutes en mi alma los prodigios de darme luz para conocerte, pase seguro para seguirte, tolerancia para sufrir las injurias y confianza para esperar el remedio; y me des lo que te pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Las dominaciones: servir con humildad
Día sexto de la Novena por un enfermo.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Juan 2, 5)
«Lo que él les diga, háganlo».
En Caná, María se dio cuenta de lo que faltaba antes que nadie y se lo dijo a su Hijo. Después pidió a los sirvientes que hicieran lo que él les dijera.
El libro de Tobías cuenta que Rafael, uno de los ángeles que están ante Dios, se presentó como un simple compañero de viaje y sirvió a Tobías sin darse a conocer. Solo al final dijo quién era.
Cuidar a un enfermo es un servicio humilde, hecho de gestos que se repiten: dar la medicina a su hora, acompañarlo al médico, preparar la comida, ayudarlo a asearse. María enseña a estar atentos a lo que falta, y Rafael a servir sin buscar que se lo agradezcan.
También tú puedes ofrecer hoy a Dios esos servicios pequeños. Y si eres tú quien está enfermo, puedes dejarte cuidar con sencillez y con gratitud.
Dile hoy a la Virgen: Madre, tú que viste lo que faltaba en Caná, mira lo que nos falta y preséntaselo a tu Hijo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de las dominaciones, que presiden a todos los espíritus inferiores, ministros de Tu Providencia, los que se sujetan a Tu voluntad, prontos siempre para ejecutarla:
yo te ofrezco los méritos de estos excelentes espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, que, siendo de los supremos y superiores espíritus, se humilló y rindió, mostrándose como siervo para conducir al joven Tobías, restituyéndole a su casa después de haberle instruido en perfecta obediencia a su anciano padre y pacífico gobierno con su esposa y familia:
yo te suplico que me concedas una pronta y eficaz obediencia a todos mis mayores y superiores, y la petición que hago en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Los tronos: descansar en la providencia
Día séptimo de la Novena por un enfermo.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Santiago 5, 14)
«¿Hay entre ustedes algún enfermo? Que haga venir a los presbíteros de la Iglesia, y que ellos recen sobre él, tras ungirlo con aceite en el nombre del Señor».
Desde los primeros tiempos, la Iglesia reza por los enfermos y los unge con aceite. Es el sacramento de la unción de los enfermos, que da fuerza, paz y consuelo, y une al enfermo con Cristo.
El libro de Tobías cuenta que, al final del largo camino, Rafael devolvió al joven Tobías a su casa, y la familia volvió a estar reunida y en paz. La oración de hoy pide ese descanso: vivir siempre bajo el amparo de la providencia de Dios.
En la enfermedad hay mucho que no se puede controlar. Los sacramentos ayudan a ponerlo todo en manos de Dios: la confesión, la comunión, la unción. No hay que esperar al último momento para pedirlos.
También tú puedes ayudar a que a quien está enfermo no le falten los sacramentos. Habla con él, con su familia y con el sacerdote de la parroquia, con delicadeza y a tiempo.
Dile hoy al Señor: Señor, que a quien está enfermo no le falten Tus sacramentos, y que descanse en Tus manos.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los tronos, en que descansas como en trono de Tu gloria y asiento de Tu Majestad: yo te ofrezco los merecimientos de estos altísimos espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, que después de los trabajos de aquel dilatado y peligroso camino en que acompañó a Tobías, le pasó al descanso y quietud de su familia, logrando con gran consuelo todos los bienes que por su dirección había conseguido.
Yo te suplico que me concedas el descanso y quietud de vivir siempre en el amparo de Tu altísima Providencia, y otorga la petición que te hago en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Los querubines: la sabiduría en la prueba
Día octavo de la Novena por un enfermo.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(2 Corintios 12, 9)
«Te basta mi gracia, porque el poder llega a su plenitud en la debilidad».
San Pablo pidió tres veces al Señor que le quitara lo que lo hacía sufrir. La respuesta fue que le bastaba su gracia. Pablo aprendió que en la debilidad actúa la fuerza de Cristo.
El libro de Tobías cuenta que, al final, Rafael se dio a conocer: era uno de los siete ángeles que están delante del Señor. Explicó a la familia lo que Dios había hecho por ellos y les pidió que lo bendijeran y contaran sus maravillas.
La enfermedad hace preguntas que no siempre tienen respuesta. Dios acompaña a quien sufre y le da su gracia para cada día; a veces, con el tiempo, también la luz para comprender.
También tú puedes pedir hoy esa sabiduría para ti y para quien está enfermo: la de confiar en Dios cada día, con lo que se sabe y con lo que todavía no se entiende.
Dile hoy al Señor: Señor, que Tu gracia nos baste en la debilidad, y que aprendamos a bendecirte también en la prueba.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los querubines, que están adornados de perfectísima sabiduría: yo te ofrezco los merecimientos de Tu Arcángel San Rafael, que con su admirable sabiduría se dio a conocer, manifestando su excelentísima naturaleza, a sus dos encomendados, Tobías y su hijo, y les reveló los soberanos secretos y maravillas de Dios, dejándolos muy ilustrados en su conocimiento y santo temor:
yo te suplico que por la ilustración de este santo Arcángel alumbres mi entendimiento para que yo logre la verdadera ciencia de saber servirte, agradarte y temerte; y también me otorgues la gracia que te pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Los serafines: caridad y gratitud
Día noveno de la Novena por un enfermo.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración —
Glorioso Arcángel San Rafael, sagrado príncipe de los siete que asisten en el trono supremo del mismo Dios, si es para gloria de su Majestad divina y para honra de tu alteza que yo consiga lo que deseo y pido en esta novena, alcánzame esta gracia del Señor; y si no, endereza mi petición y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, salud y provecho de mi alma. Amén.
— Consideración del día —
(Isaías 53, 5)
«Él fue herido por nuestras rebeldías y quebrantado por nuestras culpas; sobre él cayó el castigo que nos da la paz, y por sus llagas nos llegó la curación».
La Iglesia ha visto siempre en estas palabras a Jesús crucificado. Él cargó con nuestros dolores, y en sus llagas está la curación más honda, la del corazón.
El libro de Tobías termina con una familia agradecida. Rafael les pidió que bendijeran a Dios y contaran sus obras, y ellos lo alabaron. La oración de hoy dice que Rafael, con el fuego de su caridad, encendió a aquella familia en el amor de Dios.
El dolor de quien sufre, ofrecido a Dios, se une al de Cristo en la cruz y tiene valor ante él. Y quien cuida a un enfermo con amor sirve a Cristo mismo, que dijo que lo que se hace a uno de sus hermanos más pequeños se le hace a él.
También tú terminas hoy esta novena. Da gracias a Dios por lo que has recibido estos días, y sigue confiando a quien está enfermo a su amor, sea cual sea el camino.
Dile hoy al Señor: Señor Jesús, por Tus llagas, sana y consuela a quien está enfermo, y enciende en nosotros la gratitud.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración del coro —
Dios y Señor de los serafines, que te aman con amor ardientísimo: yo te ofrezco los merecimientos de estos abrasados espíritus y los de Tu Arcángel San Rafael, que con el fuego de su ardientísima caridad dejó encendidos los corazones de toda aquella familia del santo anciano Tobías en amor y deseo de servir a Tu soberana Majestad, con verdadero y perseverante agradecimiento de los favores que recibieron de Tu mano:
yo te suplico que abrases con Tu divino amor el velo de mi tibia voluntad, enciendas mi apagado corazón en un perpetuo agradecimiento a Tus beneficios, continua perseverancia en el camino de la virtud, y me des lo que te pido en esta novena, a mayor honra y gloria Tuya. Amén.
— Tres Padrenuestros y Avemarías —
(Rezamos tres veces el Padrenuestro y el Avemaría.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
Santísimo príncipe de la gloria y poderoso Arcángel San Rafael; grande en los bienes de la naturaleza, grande en los dones de la gracia, grande en el ardor de la caridad, grande en el resplandor de la sabiduría, grande en la piedad con los hombres, grande en poder contra los demonios, grande en la dignidad, grandísimo en la humildad, medicina de Dios, médico de la salud, príncipe de los médicos, perfectísimo en las curaciones, salud de los enfermos, luz de los ciegos, gozo de los afligidos, custodia de los caminantes, guía de los peregrinos, maestro de los que desean la perfección, protector de la virtud, celador de la gloria de Dios, ensalzador de la limosna, del ayuno y de la oración:
ruégote, piadosísimo príncipe, por aquella caridad con que acompañaste a Tobías el mozo, guardándole de muchos peligros y librándole a él y a Sara su esposa de aquel cruel demonio Asmodeo, sanando al anciano Tobías de la enfermedad que padecía en los ojos, y llenándole su casa y familia de muchos bienes, me asistas en las enfermedades, me acompañes en los caminos, y me defiendas del demonio y de la torpeza, para que, viviendo castamente en esta vida, merezca ver la luz de Dios en la eterna; y también te suplico me alcances lo que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.
(Con las palabras que te dicte el corazón, pide a San Rafael el favor que en especial deseas conseguir.)
— Oración a la Reina de los ángeles —
¡Oh Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima! Digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, alegría de las obras del Altísimo:
confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso; y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico y creo, pues el poder divino convida a todos los pobres, desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y todos los hijos de Adán, de cualquier estado, condición y sexo, prelados, príncipes e inferiores, para que vengan por su remedio a su infinita liberal Providencia, por la intercesión de la que dio carne humana al Verbo.
Por tanto, sagrada Reina de todas las jerarquías, te pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcances de tu querido Hijo la exaltación de su santo nombre en todas las cuatro partes del mundo, salud espiritual de las almas, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, para que todos eternamente alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
— Conmemoración del santo Arcángel —
Gloriosísimo príncipe San Rafael Arcángel, tennos siempre presentes, y aquí y en todas partes ruega al Hijo de Dios continuamente por nosotros.
El ángel se paró junto al ara del templo.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
Dios Omnipotente, que diste al Arcángel San Rafael por compañero en su viaje a Tu siervo Tobías; concédenos que del mismo seamos protegidos siempre, y defendidos con su protección benéfica, por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

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