Novena · 9 días

Novena por la paz en mi familia

Nueve días con la Sagrada Familia por la paz del hogar

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

La paz esté con ustedes

11 minutos

Día primero de la Novena por la paz en mi familia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Consagración de la familia —
Al empezar la novena, consagramos nuestra familia a Jesús, María y José con la oración que propuso el papa León XIII en 1892.

Oh Jesús, Redentor nuestro amabilísimo, que, enviado del cielo para iluminar al mundo con Tu enseñanza y Tu ejemplo, quisiste pasar la mayor parte de Tu vida mortal en la humilde casa de Nazaret, obediente a María y a José, y consagraste aquella Familia que había de ser el ejemplo de todas las familias cristianas: acoge con bondad esta casa nuestra, que ahora se entrega toda a Ti.

Protégela y guárdala; afianza en ella Tu santo temor, junto con la paz y la concordia de la caridad cristiana, para que se asemeje al divino modelo de Tu Familia y todos los que la forman, sin faltar ninguno, alcancen la felicidad eterna.

Oh María, amantísima Madre de Jesucristo y Madre nuestra, haz, por tu piedad y tu clemencia, que Jesús acepte esta consagración nuestra y nos conceda sus beneficios y bendiciones.

Oh José, santísimo custodio de Jesús y de María, socórrenos con tus ruegos en todas las necesidades del alma y del cuerpo, para que, contigo y con la bienaventurada Virgen María, podamos dar eternamente alabanzas y gracias a Jesucristo, nuestro divino Redentor.

— Oración que se reza cada día ante la imagen de la Sagrada Familia —
Oh amantísimo Jesús, que con Tus inefables virtudes y con los ejemplos de Tu vida doméstica consagraste la Familia que elegiste en la tierra: mira con clemencia esta casa nuestra, que, postrada a Tus pies, te ruega que le seas propicio. Acuérdate de que esta casa es Tuya, porque con un culto especial se te ha consagrado y ofrecido.

Protégela con bondad, líbrala de los peligros, socórrela en sus necesidades y dale fuerza para que persevere siempre en la imitación de Tu santa Familia; para que, unida fielmente a Tu servicio y a Tu amor durante el tiempo de su vida mortal, pueda al fin tributarte en el cielo alabanzas eternas.

Oh María, Madre dulcísima, imploramos tu protección, seguros de que tu divino Unigénito escuchará tus ruegos.

Y tú también, gloriosísimo Patriarca San José, socórrenos con tu poderoso patrocinio, y pon nuestras súplicas en manos de María, para que las presente a Jesucristo. Amén.

— Consideración del día —
(Juan 20, 19)
«La paz esté con ustedes».

Era la tarde del domingo de Pascua. Los discípulos estaban reunidos con las puertas cerradas, llenos de miedo. Jesús llegó, se puso en medio de ellos y les dio la paz. Les mostró las manos y el costado, y ellos se llenaron de alegría.

La paz de Cristo entra donde hay miedo y puertas cerradas. La Sagrada Familia también la necesitó: conoció la pobreza, el viaje a Belén sin sitio en la posada y la huida de noche a Egipto. En cada prueba, Dios estuvo en medio de ellos y los sostuvo.

También tú tienes una casa, con sus puertas abiertas y sus puertas cerradas. Puede haber silencios largos, conversaciones pendientes o heridas antiguas. Empieza esta novena pidiendo a Jesús que entre y se ponga en el centro de los tuyos.

Dile hoy: Señor, ponte en medio de mi familia, como te pusiste en medio de Tus discípulos.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día —
Señor Jesús resucitado, Tú entraste donde los discípulos tenían las puertas cerradas por miedo. Entra también en mi familia, aunque haya puertas que nos cuesta abrir.

Danos Tu paz. Que Tu presencia calme los miedos, suavice los enojos y abra caminos de reconciliación.

Te presento a cada uno de los míos, a los que viven conmigo y a los que están lejos. Que ninguno quede fuera de Tu paz, y que yo sepa llevar esa paz a cada rincón de mi casa. Amén.

(En silencio, presenta tu intención.)

— Padre nuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Jaculatorias —
Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

Jesús, María y José, ilumínennos, socórrannos, sálvennos. Amén.

— Antífona —
Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de Tu Familia, y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Haré que todos tus hijos sean enseñados por el Señor.
Y grande será la paz de tus hijos.

— Oración final —
Santa María y san José, rueguen por nosotros y por nuestras familias.

Señor Jesucristo, que, obediente a María y a José, santificaste la vida del hogar con virtudes inefables: haz que, con la ayuda de los dos, aprendamos de los ejemplos de Tu Sagrada Familia y alcancemos su compañía para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 2
Día 2

Tu padre y yo te andábamos buscando

9 minutos

Día segundo de la Novena por la paz en mi familia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Renovación de la consagración —
(Renueva en silencio la consagración de tu familia a Jesús, María y José.)

— Oración que se reza cada día ante la imagen de la Sagrada Familia —
Oh amantísimo Jesús, que con Tus inefables virtudes y con los ejemplos de Tu vida doméstica consagraste la Familia que elegiste en la tierra: mira con clemencia esta casa nuestra, que, postrada a Tus pies, te ruega que le seas propicio. Acuérdate de que esta casa es Tuya, porque con un culto especial se te ha consagrado y ofrecido.

Protégela con bondad, líbrala de los peligros, socórrela en sus necesidades y dale fuerza para que persevere siempre en la imitación de Tu santa Familia; para que, unida fielmente a Tu servicio y a Tu amor durante el tiempo de su vida mortal, pueda al fin tributarte en el cielo alabanzas eternas.

Oh María, Madre dulcísima, imploramos tu protección, seguros de que tu divino Unigénito escuchará tus ruegos.

Y tú también, gloriosísimo Patriarca San José, socórrenos con tu poderoso patrocinio, y pon nuestras súplicas en manos de María, para que las presente a Jesucristo. Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 2, 48)
«Hijo, ¿por qué nos hiciste esto? Mira que tu padre y yo, con el corazón dolido, te andábamos buscando».

María y José perdieron a Jesús en Jerusalén y lo buscaron durante tres días. Cuando lo encontraron en el templo, María le habló con el corazón dolido, y la respuesta de su Hijo no la entendieron.

El Evangelio cuenta sin rodeos que en la casa de Nazaret hubo angustia y preguntas sin respuesta. Aun así, volvieron juntos, y Jesús vivía obedeciéndolos. María guardaba todo en su corazón y lo llevaba a Dios.

En muchas familias hay momentos así: decisiones de un hijo que los padres no comprenden, palabras de los padres que los hijos no aceptan, días en que nadie se entiende. Lo que sostiene entonces a una familia es seguir buscándose.

También tú puedes llevar a la oración lo que no entiendes de los tuyos, como María, sin romper los lazos. Guárdalo ante Dios y espera su hora con paciencia.

Dile hoy a la Sagrada Familia: Jesús, María y José, enséñennos a buscarnos siempre, aunque no nos entendamos.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día —
Jesús, María y José, ustedes conocieron la angustia de buscarse y el dolor de no entenderse. Les confío los desencuentros de mi familia.

Enséñennos a no dejar de buscarnos, aunque haya palabras que duelen o decisiones que no comprendemos. Que ningún conflicto rompa los lazos que Dios ha tejido entre nosotros.

Virgen María, que conservabas todo en tu corazón, ayúdame a llevar a la oración lo que no entiendo de los míos, y a esperar con paciencia. Que, como tú, sepa callar a tiempo y hablar con amor. Amén.

(En silencio, presenta tu intención.)

— Padre nuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Jaculatorias —
Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

Jesús, María y José, ilumínennos, socórrannos, sálvennos. Amén.

— Antífona —
Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de Tu Familia, y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Haré que todos tus hijos sean enseñados por el Señor.
Y grande será la paz de tus hijos.

— Oración final —
Santa María y san José, rueguen por nosotros y por nuestras familias.

Señor Jesucristo, que, obediente a María y a José, santificaste la vida del hogar con virtudes inefables: haz que, con la ayuda de los dos, aprendamos de los ejemplos de Tu Sagrada Familia y alcancemos su compañía para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 3
Día 3

Revístanse de un corazón compasivo

9 minutos

Día tercero de la Novena por la paz en mi familia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Renovación de la consagración —
(Renueva en silencio la consagración de tu familia a Jesús, María y José.)

— Oración que se reza cada día ante la imagen de la Sagrada Familia —
Oh amantísimo Jesús, que con Tus inefables virtudes y con los ejemplos de Tu vida doméstica consagraste la Familia que elegiste en la tierra: mira con clemencia esta casa nuestra, que, postrada a Tus pies, te ruega que le seas propicio. Acuérdate de que esta casa es Tuya, porque con un culto especial se te ha consagrado y ofrecido.

Protégela con bondad, líbrala de los peligros, socórrela en sus necesidades y dale fuerza para que persevere siempre en la imitación de Tu santa Familia; para que, unida fielmente a Tu servicio y a Tu amor durante el tiempo de su vida mortal, pueda al fin tributarte en el cielo alabanzas eternas.

Oh María, Madre dulcísima, imploramos tu protección, seguros de que tu divino Unigénito escuchará tus ruegos.

Y tú también, gloriosísimo Patriarca San José, socórrenos con tu poderoso patrocinio, y pon nuestras súplicas en manos de María, para que las presente a Jesucristo. Amén.

— Consideración del día —
(Colosenses 3, 12)
«Ustedes, a quienes Dios eligió, santos y amados, revístanse de un corazón compasivo, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia».

San Pablo usa una imagen de cada día: así como uno se viste por la mañana, el cristiano se reviste de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia.

Estas virtudes se practican sobre todo en casa, donde nos conocemos bien y donde es más fácil perder la paciencia. Pablo lo sabe, y pide que nos soportemos unos a otros y que nos perdonemos como el Señor nos perdonó.

En Nazaret, Jesús, María y José vivieron en lo pequeño: el trabajo, la mesa compartida, el trato de cada día. Por eso la Iglesia mira a aquella casa como una escuela de virtudes sencillas.

También tú puedes revestirte hoy de una de estas virtudes. Elige la que más falta hace en tu casa y pídela a Dios desde la mañana.

Dile hoy al Señor: Señor, dame paciencia y bondad con los míos, sobre todo cuando me cuesta.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día —
Señor, Tú me has perdonado tantas veces. Dame un corazón compasivo, bondadoso y humilde para vivir con los míos.

Enséñame a soportar con paciencia lo que me molesta de los demás, y a pedir perdón cuando soy yo quien molesta. Que no guarde rencor ni lleve la cuenta de las ofensas.

Que Tu paz reine en mi corazón y en mi casa. Y que sepamos darte gracias por la familia que nos has dado, con sus virtudes y sus defectos. Amén.

(En silencio, presenta tu intención.)

— Padre nuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Jaculatorias —
Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

Jesús, María y José, ilumínennos, socórrannos, sálvennos. Amén.

— Antífona —
Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de Tu Familia, y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Haré que todos tus hijos sean enseñados por el Señor.
Y grande será la paz de tus hijos.

— Oración final —
Santa María y san José, rueguen por nosotros y por nuestras familias.

Señor Jesucristo, que, obediente a María y a José, santificaste la vida del hogar con virtudes inefables: haz que, con la ayuda de los dos, aprendamos de los ejemplos de Tu Sagrada Familia y alcancemos su compañía para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 4
Día 4

Setenta veces siete

9 minutos

Día cuarto de la Novena por la paz en mi familia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Renovación de la consagración —
(Renueva en silencio la consagración de tu familia a Jesús, María y José.)

— Oración que se reza cada día ante la imagen de la Sagrada Familia —
Oh amantísimo Jesús, que con Tus inefables virtudes y con los ejemplos de Tu vida doméstica consagraste la Familia que elegiste en la tierra: mira con clemencia esta casa nuestra, que, postrada a Tus pies, te ruega que le seas propicio. Acuérdate de que esta casa es Tuya, porque con un culto especial se te ha consagrado y ofrecido.

Protégela con bondad, líbrala de los peligros, socórrela en sus necesidades y dale fuerza para que persevere siempre en la imitación de Tu santa Familia; para que, unida fielmente a Tu servicio y a Tu amor durante el tiempo de su vida mortal, pueda al fin tributarte en el cielo alabanzas eternas.

Oh María, Madre dulcísima, imploramos tu protección, seguros de que tu divino Unigénito escuchará tus ruegos.

Y tú también, gloriosísimo Patriarca San José, socórrenos con tu poderoso patrocinio, y pon nuestras súplicas en manos de María, para que las presente a Jesucristo. Amén.

— Consideración del día —
(Mateo 18, 22)
«No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».

Pedro preguntó a Jesús cuántas veces tenía que perdonar a su hermano, y propuso siete, que ya le parecía mucho. Jesús le respondió: setenta veces siete, es decir, siempre.

La pregunta de Pedro es muy humana. Hay ofensas que se repiten y heridas que tardan en cerrar. Jesús conoce ese cansancio, y aun así pide perdonar siempre, porque así perdona Dios.

Perdonar es renunciar a la venganza y dejar que Dios sane el corazón, sin negar el daño y sin dejar de protegerse. A veces lleva tiempo, y hay que pedírselo a Dios muchas veces antes de poder hacerlo.

En la familia, el perdón es de cada día: por una palabra mal dicha, un olvido, una falta de atención. Si no se perdonan, las ofensas se acumulan y terminan por separar.

También tú tienes a alguien a quien perdonar, o a quien pedir perdón. Da hoy el primer paso, aunque sea pequeño.

Dile hoy a Jesús: Señor, dame un corazón que perdone sin llevar la cuenta.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día —
Señor Jesús, Tú me enseñas a perdonar setenta veces siete. Conoces las ofensas que me cuesta perdonar en mi familia, y las que yo he causado.

Sana las heridas que todavía me duelen, y líbrame del deseo de devolver el daño.

Te pido también la humildad de pedir perdón a quien he herido. Que en mi casa el perdón sea algo de cada día, y que nadie cargue con rencores antiguos. Amén.

(En silencio, presenta tu intención.)

— Padre nuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Jaculatorias —
Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

Jesús, María y José, ilumínennos, socórrannos, sálvennos. Amén.

— Antífona —
Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de Tu Familia, y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Haré que todos tus hijos sean enseñados por el Señor.
Y grande será la paz de tus hijos.

— Oración final —
Santa María y san José, rueguen por nosotros y por nuestras familias.

Señor Jesucristo, que, obediente a María y a José, santificaste la vida del hogar con virtudes inefables: haz que, con la ayuda de los dos, aprendamos de los ejemplos de Tu Sagrada Familia y alcancemos su compañía para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 5
Día 5

Que el sol no se ponga sobre su enojo

9 minutos

Día quinto de la Novena por la paz en mi familia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Renovación de la consagración —
(Renueva en silencio la consagración de tu familia a Jesús, María y José.)

— Oración que se reza cada día ante la imagen de la Sagrada Familia —
Oh amantísimo Jesús, que con Tus inefables virtudes y con los ejemplos de Tu vida doméstica consagraste la Familia que elegiste en la tierra: mira con clemencia esta casa nuestra, que, postrada a Tus pies, te ruega que le seas propicio. Acuérdate de que esta casa es Tuya, porque con un culto especial se te ha consagrado y ofrecido.

Protégela con bondad, líbrala de los peligros, socórrela en sus necesidades y dale fuerza para que persevere siempre en la imitación de Tu santa Familia; para que, unida fielmente a Tu servicio y a Tu amor durante el tiempo de su vida mortal, pueda al fin tributarte en el cielo alabanzas eternas.

Oh María, Madre dulcísima, imploramos tu protección, seguros de que tu divino Unigénito escuchará tus ruegos.

Y tú también, gloriosísimo Patriarca San José, socórrenos con tu poderoso patrocinio, y pon nuestras súplicas en manos de María, para que las presente a Jesucristo. Amén.

— Consideración del día —
(Efesios 4, 26)
«Si se enojan, no pequen; que la puesta del sol no los encuentre enojados».

San Pablo sabe que en toda casa hay enojos. Pide que el enojo no lleve a pecar ni dure más de un día, y que nadie se vaya a dormir sin haber buscado la reconciliación.

Después habla de las palabras. Pide que no salga de nuestra boca ninguna palabra dañina, sino la que ayuda y hace bien a quien la oye. En una familia, una frase puede herir durante años, y otra puede sanar.

Pablo invita a alejar la amargura, los gritos y los insultos, y a ser bondadosos y compasivos, perdonándonos como Dios nos perdonó en Cristo.

También tú puedes mirar hoy tus palabras en casa. Quizá alguno de los tuyos espera de ti una palabra de reconciliación, y hoy es buen día para decirla.

Dile hoy al Señor: Señor, pon en mis labios palabras que construyan, y que ningún día termine sin paz en mi casa.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día —
Señor, Tú conoces mis enojos y las palabras con que a veces he herido a los míos. Te pido perdón por ellas.

Enséñame a no dejar que el sol se ponga sobre mi enojo. Dame la humildad de dar el primer paso hacia la reconciliación.

Aleja de mi casa los gritos, los insultos y la amargura, y llénala de bondad. Que al final de cada día busquemos la paz antes de dormir. Amén.

(En silencio, presenta tu intención.)

— Padre nuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Jaculatorias —
Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

Jesús, María y José, ilumínennos, socórrannos, sálvennos. Amén.

— Antífona —
Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de Tu Familia, y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Haré que todos tus hijos sean enseñados por el Señor.
Y grande será la paz de tus hijos.

— Oración final —
Santa María y san José, rueguen por nosotros y por nuestras familias.

Señor Jesucristo, que, obediente a María y a José, santificaste la vida del hogar con virtudes inefables: haz que, con la ayuda de los dos, aprendamos de los ejemplos de Tu Sagrada Familia y alcancemos su compañía para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 6
Día 6

Yo soy José, su hermano

9 minutos

Día sexto de la Novena por la paz en mi familia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Renovación de la consagración —
(Renueva en silencio la consagración de tu familia a Jesús, María y José.)

— Oración que se reza cada día ante la imagen de la Sagrada Familia —
Oh amantísimo Jesús, que con Tus inefables virtudes y con los ejemplos de Tu vida doméstica consagraste la Familia que elegiste en la tierra: mira con clemencia esta casa nuestra, que, postrada a Tus pies, te ruega que le seas propicio. Acuérdate de que esta casa es Tuya, porque con un culto especial se te ha consagrado y ofrecido.

Protégela con bondad, líbrala de los peligros, socórrela en sus necesidades y dale fuerza para que persevere siempre en la imitación de Tu santa Familia; para que, unida fielmente a Tu servicio y a Tu amor durante el tiempo de su vida mortal, pueda al fin tributarte en el cielo alabanzas eternas.

Oh María, Madre dulcísima, imploramos tu protección, seguros de que tu divino Unigénito escuchará tus ruegos.

Y tú también, gloriosísimo Patriarca San José, socórrenos con tu poderoso patrocinio, y pon nuestras súplicas en manos de María, para que las presente a Jesucristo. Amén.

— Consideración del día —
(Génesis 45, 4)
«Yo soy José, su hermano, al que vendieron ustedes con destino a Egipto».

Años atrás, los hermanos de José, llenos de envidia, lo habían vendido como esclavo. Cuando llegaron a Egipto a pedir alimento, José gobernaba el país y ellos no lo reconocieron. Al darse a conocer, sus hermanos se quedaron sin palabras.

José podía vengarse. En cambio, les pidió que se acercaran. Nombró el mal que le habían hecho y enseguida los consoló: Dios lo había enviado delante de ellos para salvar vidas. Había aprendido a ver la mano de Dios aun en su herida, y eso le permitió perdonar.

Muchas familias viven separadas por viejas heridas: entre hermanos, por una herencia, por celos o por palabras de hace años. La historia de José muestra que el reencuentro es posible, aunque lleve tiempo.

También tú puedes dar un primer paso, como José. La reconciliación no depende solo de ti, pero una palabra tuya puede abrir el camino, y Dios hace el resto.

Dile hoy al Señor: Señor, sana lo que está roto entre los míos y danos la gracia del reencuentro.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día —
Dios, Padre nuestro, Tú hiciste de José un camino de reconciliación con sus hermanos. Te presento las heridas que separan a mi familia.

Sana lo que la envidia, el orgullo o el dinero han roto entre nosotros. Dame la valentía de dar el primer paso y decir: acérquense.

Te pido por los hermanos que no se hablan y por las familias divididas. Que encuentren el camino del reencuentro, y que Tú los ayudes a ver Tu mano incluso en lo que les dolió. Amén.

(En silencio, presenta tu intención.)

— Padre nuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Jaculatorias —
Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

Jesús, María y José, ilumínennos, socórrannos, sálvennos. Amén.

— Antífona —
Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de Tu Familia, y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Haré que todos tus hijos sean enseñados por el Señor.
Y grande será la paz de tus hijos.

— Oración final —
Santa María y san José, rueguen por nosotros y por nuestras familias.

Señor Jesucristo, que, obediente a María y a José, santificaste la vida del hogar con virtudes inefables: haz que, con la ayuda de los dos, aprendamos de los ejemplos de Tu Sagrada Familia y alcancemos su compañía para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 7
Día 7

Qué bueno es vivir unidos

9 minutos

Día séptimo de la Novena por la paz en mi familia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Renovación de la consagración —
(Renueva en silencio la consagración de tu familia a Jesús, María y José.)

— Oración que se reza cada día ante la imagen de la Sagrada Familia —
Oh amantísimo Jesús, que con Tus inefables virtudes y con los ejemplos de Tu vida doméstica consagraste la Familia que elegiste en la tierra: mira con clemencia esta casa nuestra, que, postrada a Tus pies, te ruega que le seas propicio. Acuérdate de que esta casa es Tuya, porque con un culto especial se te ha consagrado y ofrecido.

Protégela con bondad, líbrala de los peligros, socórrela en sus necesidades y dale fuerza para que persevere siempre en la imitación de Tu santa Familia; para que, unida fielmente a Tu servicio y a Tu amor durante el tiempo de su vida mortal, pueda al fin tributarte en el cielo alabanzas eternas.

Oh María, Madre dulcísima, imploramos tu protección, seguros de que tu divino Unigénito escuchará tus ruegos.

Y tú también, gloriosísimo Patriarca San José, socórrenos con tu poderoso patrocinio, y pon nuestras súplicas en manos de María, para que las presente a Jesucristo. Amén.

— Consideración del día —
(Salmo 133 (132), 1)
«Miren qué bueno y qué agradable es que los hermanos vivan juntos y en unión».

Es uno de los cantos de las subidas, que los peregrinos entonaban camino de Jerusalén. Compara la unión de los hermanos con el aceite perfumado que bajaba por la barba de Aarón y con el rocío del monte Hermón.

Las dos imágenes hablan de algo que baja de lo alto y lo empapa todo. La unidad de una familia es un don de Dios, y allí donde los hermanos viven unidos, dice el salmo, el Señor da su bendición.

María y José subían cada año a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y con ellos Jesús cuando cumplió doce años. Aquella familia compartía el camino, la fiesta y la oración.

También tú puedes cuidar los momentos de unión de tu casa: una comida juntos, una conversación sin prisa, una oración compartida. Da gracias por ellos, aunque sean pocos, y pide que se multipliquen.

Dile hoy al Señor: Señor, derrama Tu bendición sobre mi familia y haz crecer entre nosotros la unión.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día —
Señor, qué bueno es cuando los míos vivimos unidos. Te doy gracias por los momentos de paz y alegría que hemos compartido.

Derrama sobre mi familia Tu bendición, como el aceite y el rocío del salmo. Que crezcan entre nosotros la confianza y el cariño.

Enséñanos a cuidar los momentos juntos: la mesa, la conversación, la oración. Que donde hoy hay distancia vuelva a haber encuentro. Bendice también a los que viven lejos o solos, para que se sientan parte de una familia. Amén.

(En silencio, presenta tu intención.)

— Padre nuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Jaculatorias —
Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

Jesús, María y José, ilumínennos, socórrannos, sálvennos. Amén.

— Antífona —
Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de Tu Familia, y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Haré que todos tus hijos sean enseñados por el Señor.
Y grande será la paz de tus hijos.

— Oración final —
Santa María y san José, rueguen por nosotros y por nuestras familias.

Señor Jesucristo, que, obediente a María y a José, santificaste la vida del hogar con virtudes inefables: haz que, con la ayuda de los dos, aprendamos de los ejemplos de Tu Sagrada Familia y alcancemos su compañía para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 8
Día 8

Ayuda a tu padre en su vejez

9 minutos

Día octavo de la Novena por la paz en mi familia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Renovación de la consagración —
(Renueva en silencio la consagración de tu familia a Jesús, María y José.)

— Oración que se reza cada día ante la imagen de la Sagrada Familia —
Oh amantísimo Jesús, que con Tus inefables virtudes y con los ejemplos de Tu vida doméstica consagraste la Familia que elegiste en la tierra: mira con clemencia esta casa nuestra, que, postrada a Tus pies, te ruega que le seas propicio. Acuérdate de que esta casa es Tuya, porque con un culto especial se te ha consagrado y ofrecido.

Protégela con bondad, líbrala de los peligros, socórrela en sus necesidades y dale fuerza para que persevere siempre en la imitación de Tu santa Familia; para que, unida fielmente a Tu servicio y a Tu amor durante el tiempo de su vida mortal, pueda al fin tributarte en el cielo alabanzas eternas.

Oh María, Madre dulcísima, imploramos tu protección, seguros de que tu divino Unigénito escuchará tus ruegos.

Y tú también, gloriosísimo Patriarca San José, socórrenos con tu poderoso patrocinio, y pon nuestras súplicas en manos de María, para que las presente a Jesucristo. Amén.

— Consideración del día —
(Eclesiástico 3, 12)
«Hijo, ayuda a tu padre en su vejez, y no le des disgustos mientras viva».

El libro del Eclesiástico da un consejo lleno de ternura: cuidar a los padres cuando llegan a viejos y tener paciencia con ellos, aunque les vaya faltando el entendimiento. Y asegura que esa bondad no quedará en el olvido ante Dios.

Los años traen achaques, olvidos y cambios de carácter. Cuidar a un padre o a una madre mayores puede cansar, y a veces despierta tensiones entre hermanos. La Escritura lo sabe, y pide paciencia y comprensión.

Jesús vivió en Nazaret obedeciendo a María y a José. Y en la cruz confió a su madre al discípulo amado, que desde aquella hora la recibió en su casa.

También tú puedes honrar hoy a tus mayores: con una visita, una llamada, una escucha paciente. Y si ya eres mayor, puedes recibir la ayuda de los tuyos con sencillez y seguir dándoles tu cariño.

Dile hoy al Señor: Señor, que en mi familia los mayores encuentren siempre cariño y paciencia.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día —
Señor, Tú mandaste honrar al padre y a la madre. Te presento a los mayores de mi familia, con sus achaques y su sabiduría.

Dame paciencia y ternura para cuidarlos, y que entre hermanos sepamos repartir las tareas con justicia y sin reproches.

Si ya he llegado a la vejez, enséñame a aceptar la ayuda con humildad y a seguir dando amor. Que en mi familia nadie se sienta una carga, y que todos encontremos en los ancianos una bendición. Amén.

(En silencio, presenta tu intención.)

— Padre nuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Jaculatorias —
Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

Jesús, María y José, ilumínennos, socórrannos, sálvennos. Amén.

— Antífona —
Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de Tu Familia, y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Haré que todos tus hijos sean enseñados por el Señor.
Y grande será la paz de tus hijos.

— Oración final —
Santa María y san José, rueguen por nosotros y por nuestras familias.

Señor Jesucristo, que, obediente a María y a José, santificaste la vida del hogar con virtudes inefables: haz que, con la ayuda de los dos, aprendamos de los ejemplos de Tu Sagrada Familia y alcancemos su compañía para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Día 9
Día 9

La casa sobre la roca

9 minutos

Día noveno de la Novena por la paz en mi familia.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Renovación de la consagración —
(Renueva en silencio la consagración de tu familia a Jesús, María y José.)

— Oración que se reza cada día ante la imagen de la Sagrada Familia —
Oh amantísimo Jesús, que con Tus inefables virtudes y con los ejemplos de Tu vida doméstica consagraste la Familia que elegiste en la tierra: mira con clemencia esta casa nuestra, que, postrada a Tus pies, te ruega que le seas propicio. Acuérdate de que esta casa es Tuya, porque con un culto especial se te ha consagrado y ofrecido.

Protégela con bondad, líbrala de los peligros, socórrela en sus necesidades y dale fuerza para que persevere siempre en la imitación de Tu santa Familia; para que, unida fielmente a Tu servicio y a Tu amor durante el tiempo de su vida mortal, pueda al fin tributarte en el cielo alabanzas eternas.

Oh María, Madre dulcísima, imploramos tu protección, seguros de que tu divino Unigénito escuchará tus ruegos.

Y tú también, gloriosísimo Patriarca San José, socórrenos con tu poderoso patrocinio, y pon nuestras súplicas en manos de María, para que las presente a Jesucristo. Amén.

— Consideración del día —
(Mateo 7, 24)
«Todo el que escucha estas palabras mías y las pone en práctica será como un hombre sensato que construyó su casa sobre la roca».

Jesús compara a quien escucha su palabra y la pone en práctica con un hombre sensato que construyó su casa sobre la roca. Llegaron la lluvia, las crecidas y los vientos, y la casa no cayó.

Toda familia pasa por tormentas: enfermedades, problemas de dinero, conflictos, despedidas. Lo que la sostiene entonces es el cimiento sobre el que se ha construido.

La Sagrada Familia se sostuvo en la fe de María y de José y en la presencia de Jesús en medio de ellos. Así atravesó la pobreza, el destierro y los días en que no entendían los caminos de Dios.

También tú puedes poner hoy a tu familia sobre esa roca. La palabra de Jesús vivida cada día da solidez a un hogar: perdonar, servir, rezar juntos, cuidar a los más débiles.

Dile hoy a Jesús: Señor, que mi familia escuche Tu palabra y la ponga en práctica.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Oración del día —
Señor Jesús, al terminar esta novena pongo mi familia sobre la roca de Tu palabra. Te doy gracias por habernos acompañado estos nueve días.

Cuando lleguen las tormentas, que no se derrumbe lo que Tú has construido entre nosotros.

Jesús, María y José, les confío a todos los míos. Acompáñennos en el camino y enséñennos a vivir en paz, como vivieron ustedes en Nazaret. Y que la paz de Dios permanezca en nuestra casa todos los días. Amén.

(En silencio, presenta tu intención.)

— Padre nuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Jaculatorias —
Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con ustedes descanse en paz el alma mía. Amén.

Jesús, María y José, ilumínennos, socórrannos, sálvennos. Amén.

— Antífona —
Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de Tu Familia, y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

Haré que todos tus hijos sean enseñados por el Señor.
Y grande será la paz de tus hijos.

— Oración final —
Santa María y san José, rueguen por nosotros y por nuestras familias.

Señor Jesucristo, que, obediente a María y a José, santificaste la vida del hogar con virtudes inefables: haz que, con la ayuda de los dos, aprendamos de los ejemplos de Tu Sagrada Familia y alcancemos su compañía para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

También hoy