Novena · 9 días
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
Nueve días con la Madre del Perpetuo Socorro
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
Jesucristo quiere que en nuestros trabajos acudamos a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
Día primero de la Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Virgen Santísima, Madre del Perpetuo Socorro, amparo de todos los que buscan refugio en tu amor de madre: intercede por mí ante tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que en este día y en toda mi vida le agraden mis pensamientos, mis palabras y mis obras.
Recibe, Madre mía tan buena, la pequeña ofrenda de esta novena que te dedico, y alcánzame de Dios la gracia que en ella te pido, si es para su mayor gloria, para tu honra y para el provecho de mi alma. Amén.
— Jesucristo quiere que en nuestros trabajos acudamos a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. —
(Juan 19, 27)
«Mira: esa es tu madre».
El icono del Perpetuo Socorro muestra al Niño Jesús en brazos de su Madre. A los lados, dos arcángeles le presentan la cruz, los clavos, la lanza y la esponja de la Pasión.
Según la explicación tradicional de la imagen, el Niño, al verlos, se ha refugiado en los brazos de María y se aferra a su mano, tan deprisa que una sandalia se le desprende del pie. Ella lo sostiene y mira a quien la contempla.
El icono enseña así que el Hijo de Dios, hecho hombre, quiso tener una madre a quien acudir. Y desde la cruz nos la dio a nosotros, para que acudiéramos a ella también.
También tú tienes trabajos que te pesan. Acude a María como el Niño del icono, con sencillez, y deja que ella te lleve a Jesús.
Señor Jesús, que en mis trabajos acuda a Tu Madre con la confianza de un hijo.
(Medítese y pídase con nueve Avemarías la gracia que se quiera alcanzar en esta novena.)
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
¡Oh Jesús, Salvador mío! Cuando te miro en los brazos de Tu Madre, estremecido ante la Pasión, veo cómo te abrazas a ella, y entiendo que me enseñas a hacer lo mismo: acudir a la que es mi socorro de siempre. Por eso quiero confiarme a ella por entero.
¡Oh María! Dios quiso honrarte obrando maravillas por medio de tus imágenes. Madre del Perpetuo Socorro, alcánzame una confianza sin límites en tu bondad y en tu poder.
— Práctica —
Rezar esta novena con devoción.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro quiere que acudamos a ella en todas nuestras necesidades
Día segundo de la Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Virgen Santísima, Madre del Perpetuo Socorro, amparo de todos los que buscan refugio en tu amor de madre: intercede por mí ante tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que en este día y en toda mi vida le agraden mis pensamientos, mis palabras y mis obras.
Recibe, Madre mía tan buena, la pequeña ofrenda de esta novena que te dedico, y alcánzame de Dios la gracia que en ella te pido, si es para su mayor gloria, para tu honra y para el provecho de mi alma. Amén.
— Nuestra Señora del Perpetuo Socorro quiere que acudamos a ella en todas nuestras necesidades. —
(Juan 2, 3)
«No tienen vino».
En Caná, María se da cuenta de lo que falta. Se lo dice a su Hijo con pocas palabras, y luego pide a los sirvientes que hagan lo que él les diga.
De ese modo socorre María a sus hijos: mira sus necesidades, grandes y pequeñas, y las presenta a Jesús, que es quien puede remediarlas. Por eso los fieles la invocan como Madre del Perpetuo Socorro: su ayuda no se acaba. En la oración de hoy le decimos que queremos acudir a ella «en todas mis necesidades».
San Alfonso María de Ligorio, fundador de los Redentoristas, que custodian este icono desde 1866, enseñó a acudir a María en todo con la confianza de un hijo.
También tú puedes contarle lo que te falta, sin esperar a que sea algo grave, e invocarla muchas veces durante estos días, como pide la práctica de hoy.
Señor, que en todas mis necesidades acuda a María y confíe en Ti.
(Medítese y pídase con nueve Avemarías la gracia que se quiera alcanzar en esta novena.)
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
¡Oh Madre mía, tan dulce! Si no te tuviera a ti como socorro de siempre, mis pecados me harían pensar que para mí ya no queda misericordia. Pero tú eres Madre de una misericordia sin fin: después de Dios, pongo en ti mi confianza entera, y desde hoy quiero acudir a ti en cada necesidad.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Ven en mi ayuda siempre y en todas partes: en la tentación y en las dificultades, en todas las penas que trae la vida y, más que nunca, cuando me llegue la muerte.
— Práctica —
Llamar muchas veces a la Virgen del Perpetuo Socorro en estos días de novena.
Venerar a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro es medio seguro para conseguir todos los tesoros del cielo
Día tercero de la Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Virgen Santísima, Madre del Perpetuo Socorro, amparo de todos los que buscan refugio en tu amor de madre: intercede por mí ante tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que en este día y en toda mi vida le agraden mis pensamientos, mis palabras y mis obras.
Recibe, Madre mía tan buena, la pequeña ofrenda de esta novena que te dedico, y alcánzame de Dios la gracia que en ella te pido, si es para su mayor gloria, para tu honra y para el provecho de mi alma. Amén.
— Venerar a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro es medio seguro para conseguir todos los tesoros del cielo. —
(Lucas 1, 48)
«Desde ahora todas las generaciones me llamarán dichosa».
María lo dijo en casa de Isabel, y se ha cumplido: cada generación de cristianos la ha llamado dichosa y la ha honrado como Madre de Dios.
Honrarla no quita nada a Dios. Todo lo que ella tiene lo ha recibido de él, y la devoción verdadera a María lleva siempre a su Hijo. Los tesoros del cielo son la gracia, el perdón y la vida eterna: los da Dios, y María los pide para nosotros.
En muchas casas hay un icono del Perpetuo Socorro, y muchas familias rezan juntas ante él. Esa costumbre sencilla mantiene a Dios presente en el hogar.
También tú puedes honrar a María cada día con una oración breve y enseñar a los tuyos a hacerlo. Pídele que te lleve a los bienes que no pasan.
Señor, que al honrar a Tu Madre crezca en mí el deseo de los bienes del cielo.
(Medítese y pídase con nueve Avemarías la gracia que se quiera alcanzar en esta novena.)
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
¡Oh Señora nuestra, Madre del Perpetuo Socorro! ¡Cuántas gracias y bendiciones derramas sobre las personas y los hogares que se entregan a ti!
¡Oh Madre mía! Acógenos a todos como hijos tuyos y llena de tus favores a las familias de cuantos rezamos esta novena.
— Práctica —
Hacer que en cada familia crezca la costumbre de acudir a menudo, con confianza de hijos, a la Virgen del Perpetuo Socorro.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro ayuda a sus devotos a salir del pecado
Día cuarto de la Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Virgen Santísima, Madre del Perpetuo Socorro, amparo de todos los que buscan refugio en tu amor de madre: intercede por mí ante tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que en este día y en toda mi vida le agraden mis pensamientos, mis palabras y mis obras.
Recibe, Madre mía tan buena, la pequeña ofrenda de esta novena que te dedico, y alcánzame de Dios la gracia que en ella te pido, si es para su mayor gloria, para tu honra y para el provecho de mi alma. Amén.
— Nuestra Señora del Perpetuo Socorro ayuda a sus devotos a salir del pecado. —
(Imitación de Cristo 1, 11)
«Si cada año desarraigásemos un vicio, presto seríamos perfectos».
Nadie sale del pecado de una vez ni con sus solas fuerzas. Hace falta la gracia de Dios, que perdona y levanta, y el esfuerzo paciente de cada día.
La Iglesia llama a María Madre de misericordia y refugio de los pecadores. En ella encuentran acogida los que quieren volver, y ella los conduce a su Hijo.
Jesús dejó a su Iglesia el sacramento de la reconciliación para perdonar los pecados. María ayuda a dar ese paso: a reconocer la culpa sin desesperar y a confiar en la misericordia de Dios. Allí, por medio del sacerdote, Dios perdona y da la paz.
También tú tienes algún pecado que vuelve una y otra vez. Ponlo delante de la Virgen, pide perdón a Dios y empieza de nuevo, sin desanimarte.
Señor, dame por intercesión de María una conversión sincera y la gracia de no volver atrás.
(Medítese y pídase con nueve Avemarías la gracia que se quiera alcanzar en esta novena.)
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
¡Oh Abogada llena de misericordia, refugio de los pecadores! Muchas veces he ofendido a Dios, y pongo en tus manos la salvación de mi alma.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! No permitas que vuelva a responder con ingratitud a los favores que me haces sin cesar. Alcánzame de tu Hijo una conversión sincera, para que desde hoy lo ame con todo el corazón.
— Práctica —
Pedir a la Virgen del Perpetuo Socorro que nos guarde de todo pecado y no nos deje volver a caer en nuestras faltas.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro defiende a sus devotos en las tentaciones
Día quinto de la Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Virgen Santísima, Madre del Perpetuo Socorro, amparo de todos los que buscan refugio en tu amor de madre: intercede por mí ante tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que en este día y en toda mi vida le agraden mis pensamientos, mis palabras y mis obras.
Recibe, Madre mía tan buena, la pequeña ofrenda de esta novena que te dedico, y alcánzame de Dios la gracia que en ella te pido, si es para su mayor gloria, para tu honra y para el provecho de mi alma. Amén.
— Nuestra Señora del Perpetuo Socorro defiende a sus devotos en las tentaciones. —
(Imitación de Cristo 1, 13)
«El principio de toda tentación es la inconstancia del ánimo y la poca confianza en Dios».
Mientras vivimos en este mundo no faltan las tentaciones. Jesús mismo quiso ser tentado en el desierto, y nos enseñó a pedir en el Padre nuestro que no nos deje caer en la tentación. Llegan con más fuerza cuando el ánimo vacila y la confianza en Dios se debilita.
Por eso el socorro de María en la tentación empieza por la oración. Quien se acostumbra a invocarla aprende a volverse a Dios en cuanto aparece el peligro, antes de que la tentación eche raíces.
La oración de hoy lo dice con una súplica breve: «¡Madre mía, socórreme!». María ayuda a no quedarse solo en la lucha y a buscar en Jesús la fuerza para vencer.
También tú conoces tus puntos débiles. Cuando llegue la tentación, invoca a la Virgen enseguida y apártate de lo que te hace caer.
Señor, por intercesión de María, dame fuerza para vencer en la tentación.
(Medítese y pídase con nueve Avemarías la gracia que se quiera alcanzar en esta novena.)
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
¡Oh María! Cuando he caído en el pecado, la culpa ha sido solo mía. Si te hubiera llamado, tú habrías venido a socorrerme y yo me habría mantenido en pie.
Madre mía, haz que en el momento de la tentación me acuerde de ti y te llame diciendo: ¡Madre mía, ayúdame! Y así, contigo, saldré vencedor.
— Práctica —
Acudir a la Virgen del Perpetuo Socorro apenas llegue la tentación.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro asiste a sus devotos en todas las necesidades y trabajos de la vida
Día sexto de la Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Virgen Santísima, Madre del Perpetuo Socorro, amparo de todos los que buscan refugio en tu amor de madre: intercede por mí ante tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que en este día y en toda mi vida le agraden mis pensamientos, mis palabras y mis obras.
Recibe, Madre mía tan buena, la pequeña ofrenda de esta novena que te dedico, y alcánzame de Dios la gracia que en ella te pido, si es para su mayor gloria, para tu honra y para el provecho de mi alma. Amén.
— Nuestra Señora del Perpetuo Socorro asiste a sus devotos en todas las necesidades y trabajos de la vida. —
(Imitación de Cristo 2, 8)
«Cuando Jesús está presente, todo es bueno y no parece cosa difícil».
La vida trae trabajos de muchas clases. María conoció muchos de ellos: la pobreza de Belén, el camino de Egipto, el trabajo de Nazaret y la espada al pie de la cruz. En Caná vio lo que faltaba a unos novios, y en el Calvario se quedó junto a su Hijo hasta el final.
Por eso sabe acompañar. A veces Dios quita la carga, y otras veces da fuerza para llevarla con Jesús. María ayuda en los dos casos, y su socorro no depende del momento ni de la clase de pena.
La oración de hoy pide la gracia de no quejarse en los trabajos. María enseña a aceptarlos con paz y a seguir confiando en Dios.
También tú puedes acudir a ella en todas tus penas, como pide la práctica de hoy, y ofrecer a Dios lo que no puedes cambiar.
Señor, dame paciencia en mis trabajos y confianza en Tu cuidado.
(Medítese y pídase con nueve Avemarías la gracia que se quiera alcanzar en esta novena.)
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
¡Oh María, nuestra Madre del Perpetuo Socorro! ¿Cómo voy a quejarme de lo que sufro, si pienso en tus dolores tan amargos? Siendo la Madre de Dios, tu vida estuvo llena de dolor y de sufrimiento; quiero, pues, aceptar con paciencia, por lo menos, las penas que Dios permita en mi vida.
Madre mía, alcánzame que lleve mis cruces sin lamentarme nunca.
— Práctica —
Acudir a la Virgen del Perpetuo Socorro en cada una de mis penas.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro ampara a sus devotos en la hora de la muerte
Día séptimo de la Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Virgen Santísima, Madre del Perpetuo Socorro, amparo de todos los que buscan refugio en tu amor de madre: intercede por mí ante tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que en este día y en toda mi vida le agraden mis pensamientos, mis palabras y mis obras.
Recibe, Madre mía tan buena, la pequeña ofrenda de esta novena que te dedico, y alcánzame de Dios la gracia que en ella te pido, si es para su mayor gloria, para tu honra y para el provecho de mi alma. Amén.
— Nuestra Señora del Perpetuo Socorro ampara a sus devotos en la hora de la muerte. —
(Imitación de Cristo 1, 23)
«Trata ahora de vivir de modo que en la hora de la muerte puedas más bien alegrarte que temer».
Cada vez que rezamos el Avemaría pedimos a la Virgen que ruegue por nosotros «ahora y en la hora de nuestra muerte». La Iglesia pone esa súplica en nuestros labios muchas veces al día.
María estuvo junto a la cruz cuando su Hijo moría. Muchos cristianos la invocan como abogada de la buena muerte, y muchos han muerto con su nombre y el de Jesús en los labios.
Para prepararse a la muerte basta vivir en gracia de Dios, acudir a los sacramentos y confiar en su misericordia. Quien se ha acostumbrado a invocar a María la tendrá cerca también en esa hora.
También tú puedes encomendar desde hoy tu muerte a la Virgen, y rezar por los que están muriendo en este momento.
Señor, que en mi última hora me acompañen María y la gracia de Tus sacramentos.
(Medítese y pídase con nueve Avemarías la gracia que se quiera alcanzar en esta novena.)
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
¡Oh María! Cuando pienso en la angustia de mi última hora, me lleno de temor y no sé qué hacer. No me dejes, Madre mía, en ese momento tan difícil: alcánzame la gracia de llamarte entonces con más amor que nunca, para morir con tu dulce nombre y el de tu Hijo Jesús en los labios.
— Práctica —
Confiar cada uno a la Virgen del Perpetuo Socorro la hora de su muerte.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro auxilia a sus devotos en el Purgatorio
Día octavo de la Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Virgen Santísima, Madre del Perpetuo Socorro, amparo de todos los que buscan refugio en tu amor de madre: intercede por mí ante tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que en este día y en toda mi vida le agraden mis pensamientos, mis palabras y mis obras.
Recibe, Madre mía tan buena, la pequeña ofrenda de esta novena que te dedico, y alcánzame de Dios la gracia que en ella te pido, si es para su mayor gloria, para tu honra y para el provecho de mi alma. Amén.
— Nuestra Señora del Perpetuo Socorro auxilia a sus devotos en el Purgatorio. —
(Imitación de Cristo 1, 24)
«Mejor es purgar ahora los pecados y cortar los vicios que dejar el purgarlos para lo venidero».
La Iglesia enseña que quienes mueren en gracia de Dios, pero sin estar del todo purificados, pasan por una purificación antes de entrar en el cielo: el purgatorio. Y enseña también que podemos ayudarlos con la oración, sobre todo con la Misa.
María, Madre de misericordia, intercede también por esos hijos suyos, y el pueblo cristiano la invoca por ellos.
La práctica de hoy invita a rezar por las almas del purgatorio. Es una obra de caridad que a menudo olvidamos: pensar en nuestros difuntos, y en los que nadie recuerda. Es también una manera de agradecerles lo que nos dieron.
También tú puedes ofrecer hoy por ellos una oración, una Misa o una obra buena, y pedir para ti un corazón que se purifique ya en esta vida.
Señor, por intercesión de María, da a los difuntos el descanso eterno.
(Medítese y pídase con nueve Avemarías la gracia que se quiera alcanzar en esta novena.)
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Oración —
¡Oh María! ¡Cuántos pecados he cometido a lo largo de mi vida, y qué poca penitencia he hecho por ellos! ¡Si no me ayudaras, qué largo y qué duro sería mi purgatorio! Por eso pongo en ti toda mi esperanza.
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! De rodillas ante ti, te ruego que me alcances la gracia de no caer ni siquiera en las faltas más pequeñas y de reparar en esta vida por todos mis pecados. Confío en que no me negarás este favor.
— Práctica —
Rezar por las almas del purgatorio, confiándolas a la Virgen del Perpetuo Socorro.
Consagrarse a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y servirla con fidelidad es hacer cierta la perseverancia
Día noveno de la Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración preparatoria para todos los días —
Virgen Santísima, Madre del Perpetuo Socorro, amparo de todos los que buscan refugio en tu amor de madre: intercede por mí ante tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que en este día y en toda mi vida le agraden mis pensamientos, mis palabras y mis obras.
Recibe, Madre mía tan buena, la pequeña ofrenda de esta novena que te dedico, y alcánzame de Dios la gracia que en ella te pido, si es para su mayor gloria, para tu honra y para el provecho de mi alma. Amén.
— Consagrarse a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y servirla con fidelidad es hacer cierta la perseverancia. —
(Mateo 24, 13)
«El que se mantenga firme hasta el final, ese se salvará».
Perseverar hasta el final es un regalo de Dios, el mayor de todos. Nadie puede dárselo a sí mismo: hay que pedirlo cada día con humildad.
Consagrarse a María es ponerse del todo en sus manos, para que ella nos lleve a Jesús. Quien la toma por Madre y la invoca cada día encuentra en ella una ayuda constante para seguir en el camino, porque ella pide para sus hijos lo que solo Dios da.
Hoy termina la novena, y la oración de hoy es una consagración: una entrega que se renueva con la vida de cada día.
También tú puedes consagrarte hoy a la Virgen y no dejar pasar un día sin invocarla. Pídele que te ayude a ser fiel hasta el final.
Señor, por intercesión de María, dame la perseverancia en Tu amor hasta el último día.
(Medítese y pídase con nueve Avemarías la gracia que se quiera alcanzar en esta novena.)
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
— Consagración a María —
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Hoy me consagro a ti: te entrego mi cuerpo y todos mis sentidos, mi alma y todas sus potencias. Desde ahora quiero servirte con amor, llamarte siempre y ayudar a que muchos corazones te conozcan y te quieran.
¡Oh Madre mía! Que no pase un solo día de mi vida sin que acuda a ti con amor de hijo.
— Práctica —
Pedir a la Virgen del Perpetuo Socorro la gracia de perseverar hasta el final.

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