Novena · 9 días
Novena a la Medalla Milagrosa
Nueve días con la Virgen de la Medalla Milagrosa
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
La noche del 18 de julio
Día primero de la Novena a la Medalla Milagrosa.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración para todos los días —
Virgen Inmaculada, Madre nuestra, vuelve tus ojos llenos de misericordia hacia este hijo tuyo, que se acerca a ti con confianza y con amor para pedir tu protección de madre y para darte gracias por el regalo del cielo que es tu Medalla Milagrosa.
Llevo tu Medalla con fe y con esperanza, Madre mía del cielo, la quiero de todo corazón y confío en que no dejarás de escucharme. Amén.
— Lectura bíblica del primer día —
Lucas 1, 26-31
En aquel tiempo, en el sexto mes, Dios envió al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida en matrimonio a un hombre de la casa de David, cuyo nombre era José. La virgen se llamaba María.
El ángel entró donde estaba ella y le dijo:
«Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo».
Estas palabras la dejaron muy desconcertada, y ella se ponía a pensar qué clase de saludo sería ese.
El ángel le dijo:
«No temas, María: has hallado favor delante de Dios. Mira, quedarás encinta y tendrás un hijo, y le darás el nombre de Jesús».
— Meditación —
El ángel no le explica a María todo lo que vendrá. Le pide que no tema y le anuncia un hijo, y nada más.
Ella no sabe cómo será el camino ni cuánto le va a costar, y aun así se pone entera en las manos de Dios. Esa es la fe: fiarse de Dios antes de verlo todo claro.
También a ti Dios te pide a veces que sigas adelante sin conocer el final. Empieza esta novena como María, confiando en Aquel que te llama por tu nombre.
— Breve historia —
La noche del 18 al 19 de julio de 1830, en la casa de las Hijas de la Caridad de la rue du Bac, en París, una novicia de veinticuatro años, Catalina Labouré, se despertó al oír que la llamaban. Según su relato, un niño la llevó hasta la capilla, y allí encontró a la Virgen sentada junto al altar.
Catalina se arrodilló y apoyó las manos en sus rodillas. La Virgen le habló largo rato de los males que iban a venir sobre el mundo, y, según contó Catalina, tenía lágrimas en los ojos.
Así es el corazón de una madre: le duele lo que sufren sus hijos. Que la Virgen de la Medalla consuele hoy a todos los que lloran.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Súplica a Nuestra Señora —
Virgen María Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra: te contemplamos con los brazos abiertos, derramando gracias sobre los que te las piden, y confiamos de veras en tu intercesión, que tantas veces se ha mostrado por medio de la Medalla Milagrosa.
Aunque sabemos que nuestras muchas culpas no nos hacen dignos, nos acercamos a tus pies para confiarte en esta novena lo que más necesitamos (pide aquí la gracia que deseas).
Virgen de la Medalla Milagrosa, escucha la súplica que con confianza te hacemos, para gloria de Dios, honra tuya y bien de nuestras almas.
Y para servir mejor a tu Hijo divino, alcánzanos un verdadero horror al pecado y el valor de vivir siempre como cristianos de verdad. Así sea.
Santísima Virgen, creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. Virgen purísima, por tu pureza virginal, por tu Inmaculada Concepción y por tu gloriosa dignidad de Madre de Dios, pídele a tu Hijo amado para mí la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de alma, la perseverancia en el bien, el don de la oración, una buena vida y una buena muerte. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Al pie del altar
Día segundo de la Novena a la Medalla Milagrosa.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración para todos los días —
Virgen Inmaculada, Madre nuestra, vuelve tus ojos llenos de misericordia hacia este hijo tuyo, que se acerca a ti con confianza y con amor para pedir tu protección de madre y para darte gracias por el regalo del cielo que es tu Medalla Milagrosa.
Llevo tu Medalla con fe y con esperanza, Madre mía del cielo, la quiero de todo corazón y confío en que no dejarás de escucharme. Amén.
— Lectura bíblica del segundo día —
Lucas 1, 30-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel le dijo a María:
«No temas, María: has hallado favor delante de Dios. Mira, quedarás encinta y tendrás un hijo, y le darás el nombre de Jesús.
Él será grande, y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le entregará el trono de David, su padre, y será rey sobre la casa de Jacob por los siglos; su reino no acabará nunca».
María le dijo al ángel:
«¿Cómo podrá ser eso, si yo no conozco varón?».
El ángel le respondió:
«Vendrá sobre ti el Espíritu Santo, y la fuerza del Altísimo te envolverá con su sombra. Por eso, el que va a nacer será santo, y lo llamarán Hijo de Dios.
Y fíjate: Isabel, tu parienta, también espera un hijo en su ancianidad, y la que llamaban estéril ya está en el sexto mes. Porque no hay palabra que Dios no pueda cumplir».
María dijo:
«Aquí está la esclava del Señor. Que me suceda según tu palabra».
Y el ángel se fue de su lado.
— Meditación —
María dijo que sí sin saberlo todo, y ese sí le duró toda la vida. Siguió creyendo cuando su Hijo nació en un pesebre, cuando lo buscó angustiada en Jerusalén y cuando lo vio morir en la cruz.
Se apoyó en la palabra del ángel: no hay palabra que Dios no pueda cumplir. Pídele una fe así, que no dependa de cómo te van las cosas, porque el amor de Dios no cambia con tus días buenos ni con tus días malos.
— Breve historia —
En aquella primera noche, la Virgen le enseñó a Catalina adónde acudir en las penas. Según su relato, le señaló el altar y le pidió que fuera a sus pies, porque allí se darían las gracias a todos los que las pidieran con confianza y fervor, grandes y pequeños.
No la mandó lejos. La llevó adonde está Jesús, en la Eucaristía.
Llevemos también nosotros nuestras penas al altar, donde el Hijo de María nos espera.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Súplica a Nuestra Señora —
Virgen María Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra: te contemplamos con los brazos abiertos, derramando gracias sobre los que te las piden, y confiamos de veras en tu intercesión, que tantas veces se ha mostrado por medio de la Medalla Milagrosa.
Aunque sabemos que nuestras muchas culpas no nos hacen dignos, nos acercamos a tus pies para confiarte en esta novena lo que más necesitamos (pide aquí la gracia que deseas).
Virgen de la Medalla Milagrosa, escucha la súplica que con confianza te hacemos, para gloria de Dios, honra tuya y bien de nuestras almas.
Y para servir mejor a tu Hijo divino, alcánzanos un verdadero horror al pecado y el valor de vivir siempre como cristianos de verdad. Así sea.
Santísima Virgen, creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. Virgen purísima, por tu pureza virginal, por tu Inmaculada Concepción y por tu gloriosa dignidad de Madre de Dios, pídele a tu Hijo amado para mí la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de alma, la perseverancia en el bien, el don de la oración, una buena vida y una buena muerte. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Tengan confianza
Día tercero de la Novena a la Medalla Milagrosa.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración para todos los días —
Virgen Inmaculada, Madre nuestra, vuelve tus ojos llenos de misericordia hacia este hijo tuyo, que se acerca a ti con confianza y con amor para pedir tu protección de madre y para darte gracias por el regalo del cielo que es tu Medalla Milagrosa.
Llevo tu Medalla con fe y con esperanza, Madre mía del cielo, la quiero de todo corazón y confío en que no dejarás de escucharme. Amén.
— Lectura bíblica del tercer día —
Juan 13, 34-35
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros; que, como yo los he amado, también ustedes se amen unos a otros.
En esto conocerán todos que son mis discípulos: si se tienen amor unos a otros».
— Meditación —
Jesús deja a los suyos un mandamiento nuevo: que se amen como él los ha amado. Por ese amor se reconoce a sus discípulos.
María vivió así. Muchas cosas no las entendía y las guardaba en su corazón, pero nunca dejó de amar; donde no alcanzaba a comprender, seguía amando.
Pídele que el amor sea también la razón de lo que haces y de cómo tratas a los demás.
— Breve historia —
Aquella noche, la Virgen le habló a Catalina de los peligros que iban a venir. Según su relato, le dijo que llegaría un momento en que todo parecería perdido, y que entonces ella estaría con ellos: que tuvieran confianza.
Pocos días después, a finales de julio de 1830, estalló en París una revolución.
Cuando todo parezca perdido, acudamos a ella con la misma confianza: María, auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Súplica a Nuestra Señora —
Virgen María Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra: te contemplamos con los brazos abiertos, derramando gracias sobre los que te las piden, y confiamos de veras en tu intercesión, que tantas veces se ha mostrado por medio de la Medalla Milagrosa.
Aunque sabemos que nuestras muchas culpas no nos hacen dignos, nos acercamos a tus pies para confiarte en esta novena lo que más necesitamos (pide aquí la gracia que deseas).
Virgen de la Medalla Milagrosa, escucha la súplica que con confianza te hacemos, para gloria de Dios, honra tuya y bien de nuestras almas.
Y para servir mejor a tu Hijo divino, alcánzanos un verdadero horror al pecado y el valor de vivir siempre como cristianos de verdad. Así sea.
Santísima Virgen, creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. Virgen purísima, por tu pureza virginal, por tu Inmaculada Concepción y por tu gloriosa dignidad de Madre de Dios, pídele a tu Hijo amado para mí la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de alma, la perseverancia en el bien, el don de la oración, una buena vida y una buena muerte. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
El mundo en sus manos
Día cuarto de la Novena a la Medalla Milagrosa.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración para todos los días —
Virgen Inmaculada, Madre nuestra, vuelve tus ojos llenos de misericordia hacia este hijo tuyo, que se acerca a ti con confianza y con amor para pedir tu protección de madre y para darte gracias por el regalo del cielo que es tu Medalla Milagrosa.
Llevo tu Medalla con fe y con esperanza, Madre mía del cielo, la quiero de todo corazón y confío en que no dejarás de escucharme. Amén.
— Lectura bíblica del cuarto día —
Romanos 8, 14-17
Hermanos: todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.
Porque ustedes no recibieron un espíritu de esclavos para volver a tener miedo, sino que recibieron un espíritu de hijos adoptivos, por el que clamamos: «¡Abbá, Padre!».
El mismo Espíritu, junto con nuestro espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos: herederos de Dios, coherederos de Cristo, si es que padecemos con él para ser también glorificados con él.
— Meditación —
San Pablo lo dice así: «todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios». Nadie se dejó guiar por el Espíritu como María: por obra suya concibió a Jesús, y con los apóstoles lo esperó en oración antes de Pentecostés.
El Espíritu Santo nos enseña a llamar a Dios «Padre» con la confianza de un hijo. Pídele a María que te ayude a escucharlo y a seguirlo en lo de cada día.
— Breve historia —
El 27 de noviembre de 1830, al caer la tarde, Catalina rezaba en la capilla con las demás hermanas. Según su relato, vio a la Virgen de pie sobre un globo, con otro globo más pequeño entre las manos, coronado por una cruz, que ofrecía a Dios.
Según su relato, una voz le explicó que aquel globo representaba al mundo entero, y también a cada persona.
Nadie queda fuera de sus manos. También a ti te presenta a Dios cada día, como una madre presenta a su hijo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Súplica a Nuestra Señora —
Virgen María Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra: te contemplamos con los brazos abiertos, derramando gracias sobre los que te las piden, y confiamos de veras en tu intercesión, que tantas veces se ha mostrado por medio de la Medalla Milagrosa.
Aunque sabemos que nuestras muchas culpas no nos hacen dignos, nos acercamos a tus pies para confiarte en esta novena lo que más necesitamos (pide aquí la gracia que deseas).
Virgen de la Medalla Milagrosa, escucha la súplica que con confianza te hacemos, para gloria de Dios, honra tuya y bien de nuestras almas.
Y para servir mejor a tu Hijo divino, alcánzanos un verdadero horror al pecado y el valor de vivir siempre como cristianos de verdad. Así sea.
Santísima Virgen, creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. Virgen purísima, por tu pureza virginal, por tu Inmaculada Concepción y por tu gloriosa dignidad de Madre de Dios, pídele a tu Hijo amado para mí la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de alma, la perseverancia en el bien, el don de la oración, una buena vida y una buena muerte. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Los rayos de sus manos
Día quinto de la Novena a la Medalla Milagrosa.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración para todos los días —
Virgen Inmaculada, Madre nuestra, vuelve tus ojos llenos de misericordia hacia este hijo tuyo, que se acerca a ti con confianza y con amor para pedir tu protección de madre y para darte gracias por el regalo del cielo que es tu Medalla Milagrosa.
Llevo tu Medalla con fe y con esperanza, Madre mía del cielo, la quiero de todo corazón y confío en que no dejarás de escucharme. Amén.
— Lectura bíblica del quinto día —
Juan 2, 1-10
Al tercer día hubo una fiesta de bodas en Caná de Galilea, y allí se encontraba la madre de Jesús. Jesús fue invitado también a la boda, con sus discípulos.
Como el vino se terminó, la madre de Jesús se dirigió a él:
«No tienen vino».
Jesús le respondió:
«Mujer, ¿qué nos va en eso a ti y a mí? Mi hora aún no ha llegado».
Entonces su madre dijo a los sirvientes:
«Lo que él les diga, háganlo».
Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos; en cada una cabían dos o tres medidas.
Jesús les dijo:
«Llenen de agua las tinajas».
Y las llenaron hasta arriba.
Luego les dijo:
«Saquen ahora y llévenselo al encargado del banquete».
Y se lo llevaron.
El encargado del banquete probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde era, aunque los sirvientes que habían sacado el agua sí lo sabían. Entonces llamó al novio y le dijo:
«Todo el mundo sirve primero el vino bueno, y cuando ya han bebido bastante, el de menos calidad. Tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
— Meditación —
En Caná, María ve antes que nadie lo que falta. Se lo dice a su Hijo y pide a los sirvientes que hagan lo que él les diga, y el agua se convierte en el mejor vino.
Así cuida María la alegría de sus hijos. Tenla presente en todos los momentos de tu vida, en los de fiesta y en los de apuro: con ella no pierdes el camino que lleva a Jesús.
— Breve historia —
En la aparición del 27 de noviembre, Catalina vio que la Virgen llevaba en los dedos anillos con piedras preciosas, y que de ellas salían rayos de luz hacia la tierra. Según su relato, una voz le explicó que eran el símbolo de las gracias que la Virgen derrama sobre quienes se las piden.
Algunas piedras no daban luz. Eran, le dijo esa voz, las gracias que nadie pide.
Acudamos a ella con confianza: María presenta a Dios lo que sus hijos necesitan, y Dios es quien concede.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Súplica a Nuestra Señora —
Virgen María Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra: te contemplamos con los brazos abiertos, derramando gracias sobre los que te las piden, y confiamos de veras en tu intercesión, que tantas veces se ha mostrado por medio de la Medalla Milagrosa.
Aunque sabemos que nuestras muchas culpas no nos hacen dignos, nos acercamos a tus pies para confiarte en esta novena lo que más necesitamos (pide aquí la gracia que deseas).
Virgen de la Medalla Milagrosa, escucha la súplica que con confianza te hacemos, para gloria de Dios, honra tuya y bien de nuestras almas.
Y para servir mejor a tu Hijo divino, alcánzanos un verdadero horror al pecado y el valor de vivir siempre como cristianos de verdad. Así sea.
Santísima Virgen, creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. Virgen purísima, por tu pureza virginal, por tu Inmaculada Concepción y por tu gloriosa dignidad de Madre de Dios, pídele a tu Hijo amado para mí la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de alma, la perseverancia en el bien, el don de la oración, una buena vida y una buena muerte. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Sin pecado concebida
Día sexto de la Novena a la Medalla Milagrosa.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración para todos los días —
Virgen Inmaculada, Madre nuestra, vuelve tus ojos llenos de misericordia hacia este hijo tuyo, que se acerca a ti con confianza y con amor para pedir tu protección de madre y para darte gracias por el regalo del cielo que es tu Medalla Milagrosa.
Llevo tu Medalla con fe y con esperanza, Madre mía del cielo, la quiero de todo corazón y confío en que no dejarás de escucharme. Amén.
— Lectura bíblica del sexto día —
Hechos 1, 12-14
En aquellos días, los apóstoles volvieron a Jerusalén. Venían del monte que llaman de los Olivos, que queda junto a Jerusalén, a la distancia que se podía andar en día de sábado.
Cuando entraron, subieron a la sala de arriba, en la que se quedaban: Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo, Simón el Zelote y Judas de Santiago.
Todos ellos, con un mismo corazón, se mantenían constantes en la oración, junto con unas mujeres, con María, la madre de Jesús, y también con sus hermanos.
— Meditación —
Después de la Ascensión, los apóstoles vuelven a Jerusalén y rezan juntos, con un mismo corazón. Entre ellos está María, la madre de Jesús, y con ella esperan al Espíritu Santo.
La Iglesia nació rezando con María, y ella sigue en medio de nosotros como una madre en su casa. Si el servicio a los demás te cansa, ponlo bajo su cuidado y vuelve con ella a la oración.
— Breve historia —
Mientras Catalina miraba a la Virgen, se formó a su alrededor un marco ovalado, y en él, escrita con letras de oro, esta oración: «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti».
Es la oración que lleva la medalla. Confiesa que María fue concebida sin pecado, veinticuatro años antes de que el papa Pío IX lo proclamara como dogma, en 1854.
Es tan breve que cabe en cualquier momento del día. Repitámosla a menudo, con la confianza de los hijos.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Súplica a Nuestra Señora —
Virgen María Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra: te contemplamos con los brazos abiertos, derramando gracias sobre los que te las piden, y confiamos de veras en tu intercesión, que tantas veces se ha mostrado por medio de la Medalla Milagrosa.
Aunque sabemos que nuestras muchas culpas no nos hacen dignos, nos acercamos a tus pies para confiarte en esta novena lo que más necesitamos (pide aquí la gracia que deseas).
Virgen de la Medalla Milagrosa, escucha la súplica que con confianza te hacemos, para gloria de Dios, honra tuya y bien de nuestras almas.
Y para servir mejor a tu Hijo divino, alcánzanos un verdadero horror al pecado y el valor de vivir siempre como cristianos de verdad. Así sea.
Santísima Virgen, creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. Virgen purísima, por tu pureza virginal, por tu Inmaculada Concepción y por tu gloriosa dignidad de Madre de Dios, pídele a tu Hijo amado para mí la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de alma, la perseverancia en el bien, el don de la oración, una buena vida y una buena muerte. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
El reverso de la medalla
Día séptimo de la Novena a la Medalla Milagrosa.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración para todos los días —
Virgen Inmaculada, Madre nuestra, vuelve tus ojos llenos de misericordia hacia este hijo tuyo, que se acerca a ti con confianza y con amor para pedir tu protección de madre y para darte gracias por el regalo del cielo que es tu Medalla Milagrosa.
Llevo tu Medalla con fe y con esperanza, Madre mía del cielo, la quiero de todo corazón y confío en que no dejarás de escucharme. Amén.
— Lectura bíblica del séptimo día —
Lucas 1, 39-45
Por esos días, María se levantó y se dirigió deprisa a la región de las montañas, a una ciudad de Judá. Entró a casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Al oír Isabel el saludo de María, el niño brincó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo.
Y alzó la voz con un gran grito:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo es que la madre de mi Señor viene a visitarme?
Mira: apenas sonó en mis oídos la voz de tu saludo, el niño brincó de alegría en mi seno. Dichosa la que creyó que se cumpliría lo que el Señor le había dicho».
— Meditación —
Apenas lleva a Jesús en su seno, María se pone en camino para ayudar a Isabel. Al oír su saludo, el niño salta de alegría, e Isabel se llena del Espíritu Santo.
María no guarda a Jesús para ella: lo lleva a los demás. Esa es también la misión de todo bautizado, dar a conocer a Cristo con la vida, en el servicio de cada día.
— Breve historia —
Entonces, según su relato, Catalina oyó una voz que le pedía hacer acuñar una medalla con aquel modelo. Después la imagen se dio la vuelta y vio el reverso: la letra M, coronada por una cruz, y debajo dos corazones, el de Jesús, rodeado de espinas, y el de María, atravesado por una espada. Alrededor, en la medalla, van doce estrellas.
La medalla no tiene poder por sí misma: las gracias vienen de Dios. Es un recuerdo que nos lleva a la cruz de Jesús y al corazón de su Madre.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Súplica a Nuestra Señora —
Virgen María Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra: te contemplamos con los brazos abiertos, derramando gracias sobre los que te las piden, y confiamos de veras en tu intercesión, que tantas veces se ha mostrado por medio de la Medalla Milagrosa.
Aunque sabemos que nuestras muchas culpas no nos hacen dignos, nos acercamos a tus pies para confiarte en esta novena lo que más necesitamos (pide aquí la gracia que deseas).
Virgen de la Medalla Milagrosa, escucha la súplica que con confianza te hacemos, para gloria de Dios, honra tuya y bien de nuestras almas.
Y para servir mejor a tu Hijo divino, alcánzanos un verdadero horror al pecado y el valor de vivir siempre como cristianos de verdad. Así sea.
Santísima Virgen, creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. Virgen purísima, por tu pureza virginal, por tu Inmaculada Concepción y por tu gloriosa dignidad de Madre de Dios, pídele a tu Hijo amado para mí la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de alma, la perseverancia en el bien, el don de la oración, una buena vida y una buena muerte. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
La medalla milagrosa
Día octavo de la Novena a la Medalla Milagrosa.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración para todos los días —
Virgen Inmaculada, Madre nuestra, vuelve tus ojos llenos de misericordia hacia este hijo tuyo, que se acerca a ti con confianza y con amor para pedir tu protección de madre y para darte gracias por el regalo del cielo que es tu Medalla Milagrosa.
Llevo tu Medalla con fe y con esperanza, Madre mía del cielo, la quiero de todo corazón y confío en que no dejarás de escucharme. Amén.
— Lectura bíblica del octavo día —
Lucas 1, 46-55
En aquel tiempo, María dijo:
Mi alma engrandece al Señor,
y mi espíritu se llena de júbilo
en Dios, mi Salvador.
Porque miró la pequeñez de su esclava.
Desde ahora todas las generaciones me llamarán dichosa,
porque el Poderoso hizo en mí cosas grandes:
santo es su nombre.
Y su misericordia alcanza, de una generación a otra,
a los que le temen.
Mostró el poder de su brazo,
dispersó a los que tenían el corazón lleno de soberbia.
Bajó a los poderosos de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los que tenían hambre,
y a los ricos los despidió sin nada.
Vino en ayuda de Israel, su siervo,
recordando su misericordia,
como lo había dicho a nuestros padres,
a Abraham y a su linaje para siempre.
— Meditación —
El canto de María está tejido con palabras de la Escritura, de los salmos y de los profetas. Ella conocía la Palabra de Dios y la meditaba, y por eso, al llegar la hora de alabar, le salieron esas palabras.
También a nosotros la Palabra de Dios nos habla y nos consuela. Léela despacio, guárdala como María y procura vivirla cada día.
— Breve historia —
Catalina contó todo a su confesor, el padre Aladel, que durante mucho tiempo no le hizo caso. En 1832, con la aprobación del arzobispo de París, se acuñaron las primeras dos mil medallas.
Muy pronto se habló de conversiones y de curaciones, del alma y del cuerpo, entre quienes la llevaban, y la gente empezó a llamarla «la medalla milagrosa».
Ayudemos también nosotros a que otros conozcan a María y acudan a ella con confianza.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Súplica a Nuestra Señora —
Virgen María Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra: te contemplamos con los brazos abiertos, derramando gracias sobre los que te las piden, y confiamos de veras en tu intercesión, que tantas veces se ha mostrado por medio de la Medalla Milagrosa.
Aunque sabemos que nuestras muchas culpas no nos hacen dignos, nos acercamos a tus pies para confiarte en esta novena lo que más necesitamos (pide aquí la gracia que deseas).
Virgen de la Medalla Milagrosa, escucha la súplica que con confianza te hacemos, para gloria de Dios, honra tuya y bien de nuestras almas.
Y para servir mejor a tu Hijo divino, alcánzanos un verdadero horror al pecado y el valor de vivir siempre como cristianos de verdad. Así sea.
Santísima Virgen, creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. Virgen purísima, por tu pureza virginal, por tu Inmaculada Concepción y por tu gloriosa dignidad de Madre de Dios, pídele a tu Hijo amado para mí la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de alma, la perseverancia en el bien, el don de la oración, una buena vida y una buena muerte. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
El secreto de santa Catalina
Día noveno de la Novena a la Medalla Milagrosa.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Oración para todos los días —
Virgen Inmaculada, Madre nuestra, vuelve tus ojos llenos de misericordia hacia este hijo tuyo, que se acerca a ti con confianza y con amor para pedir tu protección de madre y para darte gracias por el regalo del cielo que es tu Medalla Milagrosa.
Llevo tu Medalla con fe y con esperanza, Madre mía del cielo, la quiero de todo corazón y confío en que no dejarás de escucharme. Amén.
— Lectura bíblica del noveno día —
1 Juan 4, 7-14
Queridos hermanos: amémonos los unos a los otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor de Dios entre nosotros: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él. En esto está el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que fue él quien nos amó y envió a su Hijo como expiación por nuestros pecados.
Queridos hermanos, si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor ha alcanzado en nosotros su plenitud.
Sabemos que permanecemos en él y él en nosotros por esto: porque nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros lo hemos visto, y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo.
— Meditación —
«Dios es amor», dice san Juan, y el que ama ha nacido de Dios. De ese amor nace la paz: la del corazón unido a Dios, la de la casa donde se perdona, la de los pueblos que se reconcilian.
A María la invocamos como Reina de la paz, porque nos lleva a su Hijo. Pídele que la paz de Dios entre hoy en tu corazón y en tu casa.
— Breve historia —
Catalina vivió cuarenta y seis años más sirviendo a los ancianos en un asilo de París, y casi nadie supo que era ella quien había visto a la Virgen. Solo en 1876, pocos meses antes de morir, se lo contó a su superiora.
Murió el 31 de diciembre de 1876, y el papa Pío XII la canonizó en 1947.
Pidamos, como santa Catalina, un amor sencillo y fiel a María y a su Hijo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Súplica a Nuestra Señora —
Virgen María Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra: te contemplamos con los brazos abiertos, derramando gracias sobre los que te las piden, y confiamos de veras en tu intercesión, que tantas veces se ha mostrado por medio de la Medalla Milagrosa.
Aunque sabemos que nuestras muchas culpas no nos hacen dignos, nos acercamos a tus pies para confiarte en esta novena lo que más necesitamos (pide aquí la gracia que deseas).
Virgen de la Medalla Milagrosa, escucha la súplica que con confianza te hacemos, para gloria de Dios, honra tuya y bien de nuestras almas.
Y para servir mejor a tu Hijo divino, alcánzanos un verdadero horror al pecado y el valor de vivir siempre como cristianos de verdad. Así sea.
Santísima Virgen, creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. Virgen purísima, por tu pureza virginal, por tu Inmaculada Concepción y por tu gloriosa dignidad de Madre de Dios, pídele a tu Hijo amado para mí la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de alma, la perseverancia en el bien, el don de la oración, una buena vida y una buena muerte. Amén.
— Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.

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