Novena · 9 días
Novena a María Desatanudos
Nueve días para poner en manos de Dios lo que nos ata
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
Le darás el nombre de Jesús
Día primero de la Novena a María Desatanudos.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición para todos los días —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración inicial —
Virgen María, Madre que desatas los nudos: te ofrezco estos nueve días de oración y te confío, para que los presentes a Dios, los favores que te pido:
(Aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar.)
— Primer día —
(Mateo 1, 21)
«Ella tendrá un hijo, y tú le darás el nombre de Jesús, porque él es quien salvará a su pueblo de sus pecados».
— Breve reflexión —
El ángel anuncia a José que María tendrá un hijo, y le dice el nombre que ha de ponerle: Jesús, que quiere decir «Dios salva». Él viene a librarnos del pecado, el nudo que más nos ata.
Para hacerse uno de nosotros, el Hijo de Dios quiso nacer de una madre. María le dio su carne y lo llevó en su seno. San Ireneo, en el siglo II, escribió que el nudo de la desobediencia de Eva quedó desatado por la obediencia de María.
También tú llevas nudos que no sabes deshacer. Al empezar esta novena, ponlos delante de Jesús, que es quien salva, y pide a María que te acompañe.
Señor Jesús, desata en mí lo que el pecado ha enredado.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Un Padre nuestro y diez Avemarías —
(Un Padre nuestro y diez Avemarías.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración a Nuestra Señora la que desata los nudos —
Santa María, Madre del Señor y Madre nuestra: tú creíste a la palabra del ángel y te entregaste por entero a la voluntad del Padre, y el enemigo no tuvo parte en ti. Lo que Eva ató con su desobediencia, tú lo desataste con tu obediencia.
En Caná te diste cuenta de lo que faltaba y se lo dijiste a tu Hijo; así nos enseñas a presentarle, con paciencia y sin angustia, lo que se ha enredado en nuestra vida. Desde la cruz él te dio por Madre a todos, y tú sigues cuidando que nada nos aparte del Señor.
Madre buena, que con tus manos deshaces los nudos que nos atan: recíbenos bajo tu cuidado y líbranos de los engaños y las ataduras del maligno. Con tu ayuda y tu ejemplo, guárdanos de todo mal y desata lo que nos impide unirnos a Dios, para que, libres del error, lo encontremos en todo, pongamos en él el corazón y lo sirvamos en nuestros hermanos. Amén.
— Oración de Consagración a María —
Virgen Santa María, Señora y Madre mía, que desatas los nudos: aquí estoy, a tus pies, para consagrarme a ti. Con amor de hijo te entrego hoy todo lo que soy y todo lo que tengo: mis ojos, para contemplarte; mis oídos, para oír tu voz; mis labios, para alabarte; mi vida, para servirte; mi corazón, para quererte.
Recibe, Madre mía, esta ofrenda y guárdame cerca de tu Corazón Inmaculado. Pues soy todo tuyo, Madre de misericordia, tú que deshaces los nudos que oprimen nuestro pobre corazón, cuídame y defiéndeme como algo que te pertenece. No dejes que el maligno me engañe ni que mi corazón se enrede en sus mentiras.
Enséñame a aceptar los límites que tengo como criatura, sabiendo que con la gracia de Dios puedo crecer, y a dar siempre gracias a Dios por la vida que me dio. Alcánzame luz para no cambiar al Creador por las criaturas ni salirme del camino que él preparó para mí. Amén.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
El Espíritu Santo vendrá sobre ti
Día segundo de la Novena a María Desatanudos.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición para todos los días —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración inicial —
Virgen María, Madre que desatas los nudos: te ofrezco estos nueve días de oración y te confío, para que los presentes a Dios, los favores que te pido:
(Aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar.)
— Segundo día —
(Lucas 1, 35)
«Vendrá sobre ti el Espíritu Santo, y la fuerza del Altísimo te envolverá con su sombra. Por eso, el que va a nacer será santo, y lo llamarán Hijo de Dios».
— Breve reflexión —
María pregunta al ángel cómo será posible lo que le anuncia, y él le responde que el Espíritu Santo vendrá sobre ella. Lo que va a suceder es obra de Dios, y ella se deja envolver por su fuerza.
Lo que Dios empezó en María lo quiere continuar en cada uno de sus hijos. En el bautismo recibiste el Espíritu Santo, y con él la llamada a la santidad. Esa santidad crece despacio, con la gracia de cada día.
También tú puedes dejar que el Espíritu Santo trabaje en ti, aun en lo que te parece sin arreglo. Pide a María que te enseñe a recibirlo.
Espíritu Santo, ven a mí y hazme dócil a Tu gracia.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Un Padre nuestro y diez Avemarías —
(Un Padre nuestro y diez Avemarías.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración a Nuestra Señora la que desata los nudos —
Santa María, Madre del Señor y Madre nuestra: tú creíste a la palabra del ángel y te entregaste por entero a la voluntad del Padre, y el enemigo no tuvo parte en ti. Lo que Eva ató con su desobediencia, tú lo desataste con tu obediencia.
En Caná te diste cuenta de lo que faltaba y se lo dijiste a tu Hijo; así nos enseñas a presentarle, con paciencia y sin angustia, lo que se ha enredado en nuestra vida. Desde la cruz él te dio por Madre a todos, y tú sigues cuidando que nada nos aparte del Señor.
Madre buena, que con tus manos deshaces los nudos que nos atan: recíbenos bajo tu cuidado y líbranos de los engaños y las ataduras del maligno. Con tu ayuda y tu ejemplo, guárdanos de todo mal y desata lo que nos impide unirnos a Dios, para que, libres del error, lo encontremos en todo, pongamos en él el corazón y lo sirvamos en nuestros hermanos. Amén.
— Oración de Consagración a María —
Virgen Santa María, Señora y Madre mía, que desatas los nudos: aquí estoy, a tus pies, para consagrarme a ti. Con amor de hijo te entrego hoy todo lo que soy y todo lo que tengo: mis ojos, para contemplarte; mis oídos, para oír tu voz; mis labios, para alabarte; mi vida, para servirte; mi corazón, para quererte.
Recibe, Madre mía, esta ofrenda y guárdame cerca de tu Corazón Inmaculado. Pues soy todo tuyo, Madre de misericordia, tú que deshaces los nudos que oprimen nuestro pobre corazón, cuídame y defiéndeme como algo que te pertenece. No dejes que el maligno me engañe ni que mi corazón se enrede en sus mentiras.
Enséñame a aceptar los límites que tengo como criatura, sabiendo que con la gracia de Dios puedo crecer, y a dar siempre gracias a Dios por la vida que me dio. Alcánzame luz para no cambiar al Creador por las criaturas ni salirme del camino que él preparó para mí. Amén.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Aquí está la esclava del Señor
Día tercero de la Novena a María Desatanudos.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición para todos los días —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración inicial —
Virgen María, Madre que desatas los nudos: te ofrezco estos nueve días de oración y te confío, para que los presentes a Dios, los favores que te pido:
(Aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar.)
— Tercer día —
(Lucas 1, 38)
María dijo:
«Aquí está la esclava del Señor. Que me suceda según tu palabra».
Y el ángel se fue de su lado.
— Breve reflexión —
María responde al ángel con pocas palabras: se llama esclava del Señor y deja que Dios haga en ella según su palabra. Desde ese día, su vida quedó al servicio del plan de Dios.
Poco después fue deprisa a casa de su parienta Isabel y se quedó con ella unos tres meses. Luego, en Nazaret, sirvió en lo sencillo de cada día.
También tú sirves a Dios cuando haces bien lo pequeño: una tarea, una visita, una palabra amable. Así, poco a poco, se van soltando los nudos del egoísmo.
Señor, que como María te diga que sí en lo de cada día.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Un Padre nuestro y diez Avemarías —
(Un Padre nuestro y diez Avemarías.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración a Nuestra Señora la que desata los nudos —
Santa María, Madre del Señor y Madre nuestra: tú creíste a la palabra del ángel y te entregaste por entero a la voluntad del Padre, y el enemigo no tuvo parte en ti. Lo que Eva ató con su desobediencia, tú lo desataste con tu obediencia.
En Caná te diste cuenta de lo que faltaba y se lo dijiste a tu Hijo; así nos enseñas a presentarle, con paciencia y sin angustia, lo que se ha enredado en nuestra vida. Desde la cruz él te dio por Madre a todos, y tú sigues cuidando que nada nos aparte del Señor.
Madre buena, que con tus manos deshaces los nudos que nos atan: recíbenos bajo tu cuidado y líbranos de los engaños y las ataduras del maligno. Con tu ayuda y tu ejemplo, guárdanos de todo mal y desata lo que nos impide unirnos a Dios, para que, libres del error, lo encontremos en todo, pongamos en él el corazón y lo sirvamos en nuestros hermanos. Amén.
— Oración de Consagración a María —
Virgen Santa María, Señora y Madre mía, que desatas los nudos: aquí estoy, a tus pies, para consagrarme a ti. Con amor de hijo te entrego hoy todo lo que soy y todo lo que tengo: mis ojos, para contemplarte; mis oídos, para oír tu voz; mis labios, para alabarte; mi vida, para servirte; mi corazón, para quererte.
Recibe, Madre mía, esta ofrenda y guárdame cerca de tu Corazón Inmaculado. Pues soy todo tuyo, Madre de misericordia, tú que deshaces los nudos que oprimen nuestro pobre corazón, cuídame y defiéndeme como algo que te pertenece. No dejes que el maligno me engañe ni que mi corazón se enrede en sus mentiras.
Enséñame a aceptar los límites que tengo como criatura, sabiendo que con la gracia de Dios puedo crecer, y a dar siempre gracias a Dios por la vida que me dio. Alcánzame luz para no cambiar al Creador por las criaturas ni salirme del camino que él preparó para mí. Amén.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
María lo guardaba en su corazón
Día cuarto de la Novena a María Desatanudos.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición para todos los días —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración inicial —
Virgen María, Madre que desatas los nudos: te ofrezco estos nueve días de oración y te confío, para que los presentes a Dios, los favores que te pido:
(Aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar.)
— Cuarto día —
(Lucas 2, 15-19)
Cuando los ángeles los dejaron y se fueron al cielo, los pastores comentaban entre sí:
«Vamos, pues, hasta Belén, a ver eso que ha ocurrido y que el Señor nos ha dado a conocer».
Los pastores fueron deprisa y dieron con María y con José, y con el recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, hicieron saber lo que les habían dicho sobre este niño.
Y todos los que los oyeron quedaron asombrados de lo que los pastores les contaban.
María, en cambio, conservaba todas estas palabras, y las iba meditando en su corazón.
— Breve reflexión —
Los pastores van a Belén y cuentan lo que el ángel les había anunciado sobre el niño. Todos se asombran. María, en cambio, guarda esas palabras y las medita en su corazón.
Ella no lo entiende todo de una vez. Recoge lo que Dios le va mostrando y lo piensa despacio, en oración. Así la Palabra echó raíces en ella.
También tú puedes guardar la Palabra: leer cada día un poco del Evangelio, escucharlo en la Misa y volver a él en silencio. Lo que hoy parece enredado se aclara a la luz de Dios, a su tiempo.
Señor, que Tu Palabra se quede en mi corazón y dé fruto.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Un Padre nuestro y diez Avemarías —
(Un Padre nuestro y diez Avemarías.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración a Nuestra Señora la que desata los nudos —
Santa María, Madre del Señor y Madre nuestra: tú creíste a la palabra del ángel y te entregaste por entero a la voluntad del Padre, y el enemigo no tuvo parte en ti. Lo que Eva ató con su desobediencia, tú lo desataste con tu obediencia.
En Caná te diste cuenta de lo que faltaba y se lo dijiste a tu Hijo; así nos enseñas a presentarle, con paciencia y sin angustia, lo que se ha enredado en nuestra vida. Desde la cruz él te dio por Madre a todos, y tú sigues cuidando que nada nos aparte del Señor.
Madre buena, que con tus manos deshaces los nudos que nos atan: recíbenos bajo tu cuidado y líbranos de los engaños y las ataduras del maligno. Con tu ayuda y tu ejemplo, guárdanos de todo mal y desata lo que nos impide unirnos a Dios, para que, libres del error, lo encontremos en todo, pongamos en él el corazón y lo sirvamos en nuestros hermanos. Amén.
— Oración de Consagración a María —
Virgen Santa María, Señora y Madre mía, que desatas los nudos: aquí estoy, a tus pies, para consagrarme a ti. Con amor de hijo te entrego hoy todo lo que soy y todo lo que tengo: mis ojos, para contemplarte; mis oídos, para oír tu voz; mis labios, para alabarte; mi vida, para servirte; mi corazón, para quererte.
Recibe, Madre mía, esta ofrenda y guárdame cerca de tu Corazón Inmaculado. Pues soy todo tuyo, Madre de misericordia, tú que deshaces los nudos que oprimen nuestro pobre corazón, cuídame y defiéndeme como algo que te pertenece. No dejes que el maligno me engañe ni que mi corazón se enrede en sus mentiras.
Enséñame a aceptar los límites que tengo como criatura, sabiendo que con la gracia de Dios puedo crecer, y a dar siempre gracias a Dios por la vida que me dio. Alcánzame luz para no cambiar al Creador por las criaturas ni salirme del camino que él preparó para mí. Amén.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Una espada atravesará tu alma
Día quinto de la Novena a María Desatanudos.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición para todos los días —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración inicial —
Virgen María, Madre que desatas los nudos: te ofrezco estos nueve días de oración y te confío, para que los presentes a Dios, los favores que te pido:
(Aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar.)
— Quinto día —
(Lucas 2, 33-35)
El padre y la madre de Jesús estaban admirados de lo que se decía de él.
Simeón los bendijo y dijo a María, la madre del niño:
«Mira: este niño está puesto para que muchos caigan y se levanten en Israel, y para ser una señal que encontrará oposición —y una espada atravesará tu propia alma—, para que salgan a la luz los pensamientos de muchos corazones».
— Breve reflexión —
En el templo, Simeón bendice a los padres de Jesús y anuncia a María que una espada le atravesará el alma. Su Hijo encontrará oposición, y ella sufrirá con él.
Esa espada la acompañó durante años, hasta el pie de la cruz. María no pudo ahorrarle a su Hijo el dolor, pero se mantuvo a su lado y confió en Dios.
También tú tienes cosas que puedes cambiar y otras que no dependen de ti. Pide a Dios fuerza para hacer lo que está en tu mano, y paz para dejar lo demás en las suyas.
Señor, dame valor y paz para vivir lo que hoy me toca.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Un Padre nuestro y diez Avemarías —
(Un Padre nuestro y diez Avemarías.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración a Nuestra Señora la que desata los nudos —
Santa María, Madre del Señor y Madre nuestra: tú creíste a la palabra del ángel y te entregaste por entero a la voluntad del Padre, y el enemigo no tuvo parte en ti. Lo que Eva ató con su desobediencia, tú lo desataste con tu obediencia.
En Caná te diste cuenta de lo que faltaba y se lo dijiste a tu Hijo; así nos enseñas a presentarle, con paciencia y sin angustia, lo que se ha enredado en nuestra vida. Desde la cruz él te dio por Madre a todos, y tú sigues cuidando que nada nos aparte del Señor.
Madre buena, que con tus manos deshaces los nudos que nos atan: recíbenos bajo tu cuidado y líbranos de los engaños y las ataduras del maligno. Con tu ayuda y tu ejemplo, guárdanos de todo mal y desata lo que nos impide unirnos a Dios, para que, libres del error, lo encontremos en todo, pongamos en él el corazón y lo sirvamos en nuestros hermanos. Amén.
— Oración de Consagración a María —
Virgen Santa María, Señora y Madre mía, que desatas los nudos: aquí estoy, a tus pies, para consagrarme a ti. Con amor de hijo te entrego hoy todo lo que soy y todo lo que tengo: mis ojos, para contemplarte; mis oídos, para oír tu voz; mis labios, para alabarte; mi vida, para servirte; mi corazón, para quererte.
Recibe, Madre mía, esta ofrenda y guárdame cerca de tu Corazón Inmaculado. Pues soy todo tuyo, Madre de misericordia, tú que deshaces los nudos que oprimen nuestro pobre corazón, cuídame y defiéndeme como algo que te pertenece. No dejes que el maligno me engañe ni que mi corazón se enrede en sus mentiras.
Enséñame a aceptar los límites que tengo como criatura, sabiendo que con la gracia de Dios puedo crecer, y a dar siempre gracias a Dios por la vida que me dio. Alcánzame luz para no cambiar al Creador por las criaturas ni salirme del camino que él preparó para mí. Amén.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Lo que él les diga, háganlo
Día sexto de la Novena a María Desatanudos.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición para todos los días —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración inicial —
Virgen María, Madre que desatas los nudos: te ofrezco estos nueve días de oración y te confío, para que los presentes a Dios, los favores que te pido:
(Aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar.)
— Sexto día —
(Juan 2, 3-5)
Como el vino se terminó, la madre de Jesús se dirigió a él:
«No tienen vino».
Jesús le respondió:
«Mujer, ¿qué nos va en eso a ti y a mí? Mi hora aún no ha llegado».
Entonces su madre dijo a los sirvientes:
«Lo que él les diga, háganlo».
— Breve reflexión —
En Caná, María se da cuenta de que falta el vino, se lo dice a Jesús y deja la solución en sus manos. Luego pide a los sirvientes que hagan lo que él les diga.
Son las últimas palabras de María que recoge el Evangelio, y siguen valiendo: escuchar a su Hijo y hacer lo que pide. Los sirvientes obedecieron, y el agua se convirtió en vino.
También tú puedes contarle a Jesús lo que falta en tu casa y en tu vida. Después, haz lo que él te pida, aunque no lo entiendas del todo.
Señor, dame un corazón dócil para hacer lo que me digas.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Un Padre nuestro y diez Avemarías —
(Un Padre nuestro y diez Avemarías.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración a Nuestra Señora la que desata los nudos —
Santa María, Madre del Señor y Madre nuestra: tú creíste a la palabra del ángel y te entregaste por entero a la voluntad del Padre, y el enemigo no tuvo parte en ti. Lo que Eva ató con su desobediencia, tú lo desataste con tu obediencia.
En Caná te diste cuenta de lo que faltaba y se lo dijiste a tu Hijo; así nos enseñas a presentarle, con paciencia y sin angustia, lo que se ha enredado en nuestra vida. Desde la cruz él te dio por Madre a todos, y tú sigues cuidando que nada nos aparte del Señor.
Madre buena, que con tus manos deshaces los nudos que nos atan: recíbenos bajo tu cuidado y líbranos de los engaños y las ataduras del maligno. Con tu ayuda y tu ejemplo, guárdanos de todo mal y desata lo que nos impide unirnos a Dios, para que, libres del error, lo encontremos en todo, pongamos en él el corazón y lo sirvamos en nuestros hermanos. Amén.
— Oración de Consagración a María —
Virgen Santa María, Señora y Madre mía, que desatas los nudos: aquí estoy, a tus pies, para consagrarme a ti. Con amor de hijo te entrego hoy todo lo que soy y todo lo que tengo: mis ojos, para contemplarte; mis oídos, para oír tu voz; mis labios, para alabarte; mi vida, para servirte; mi corazón, para quererte.
Recibe, Madre mía, esta ofrenda y guárdame cerca de tu Corazón Inmaculado. Pues soy todo tuyo, Madre de misericordia, tú que deshaces los nudos que oprimen nuestro pobre corazón, cuídame y defiéndeme como algo que te pertenece. No dejes que el maligno me engañe ni que mi corazón se enrede en sus mentiras.
Enséñame a aceptar los límites que tengo como criatura, sabiendo que con la gracia de Dios puedo crecer, y a dar siempre gracias a Dios por la vida que me dio. Alcánzame luz para no cambiar al Creador por las criaturas ni salirme del camino que él preparó para mí. Amén.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Pidan, y se les dará
Día séptimo de la Novena a María Desatanudos.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición para todos los días —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración inicial —
Virgen María, Madre que desatas los nudos: te ofrezco estos nueve días de oración y te confío, para que los presentes a Dios, los favores que te pido:
(Aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar.)
— Séptimo día —
(Mateo 7, 7-8)
«Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; toquen, y se les abrirá. Porque todo el que pide recibe, quien busca halla, y al que toca se le abrirá».
— Breve reflexión —
Jesús invita a pedir, a buscar y a llamar a la puerta. Y un poco más adelante añade que el Padre del cielo dará cosas buenas a los que se las pidan.
María vivió así: en Caná pidió por otros, y después oraba con los apóstoles mientras esperaban al Espíritu Santo. Confiaba en que Dios escucha, aunque no siempre responda como esperamos. Por eso rezamos la decena con ella: para aprender a pedir como ella pedía.
También tú puedes pedir con fe, sin cansarte. Dios conoce lo que necesitas y sabe mejor que tú lo que te conviene.
Padre, enséñame a pedir con la confianza de un hijo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Un Padre nuestro y diez Avemarías —
(Un Padre nuestro y diez Avemarías.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración a Nuestra Señora la que desata los nudos —
Santa María, Madre del Señor y Madre nuestra: tú creíste a la palabra del ángel y te entregaste por entero a la voluntad del Padre, y el enemigo no tuvo parte en ti. Lo que Eva ató con su desobediencia, tú lo desataste con tu obediencia.
En Caná te diste cuenta de lo que faltaba y se lo dijiste a tu Hijo; así nos enseñas a presentarle, con paciencia y sin angustia, lo que se ha enredado en nuestra vida. Desde la cruz él te dio por Madre a todos, y tú sigues cuidando que nada nos aparte del Señor.
Madre buena, que con tus manos deshaces los nudos que nos atan: recíbenos bajo tu cuidado y líbranos de los engaños y las ataduras del maligno. Con tu ayuda y tu ejemplo, guárdanos de todo mal y desata lo que nos impide unirnos a Dios, para que, libres del error, lo encontremos en todo, pongamos en él el corazón y lo sirvamos en nuestros hermanos. Amén.
— Oración de Consagración a María —
Virgen Santa María, Señora y Madre mía, que desatas los nudos: aquí estoy, a tus pies, para consagrarme a ti. Con amor de hijo te entrego hoy todo lo que soy y todo lo que tengo: mis ojos, para contemplarte; mis oídos, para oír tu voz; mis labios, para alabarte; mi vida, para servirte; mi corazón, para quererte.
Recibe, Madre mía, esta ofrenda y guárdame cerca de tu Corazón Inmaculado. Pues soy todo tuyo, Madre de misericordia, tú que deshaces los nudos que oprimen nuestro pobre corazón, cuídame y defiéndeme como algo que te pertenece. No dejes que el maligno me engañe ni que mi corazón se enrede en sus mentiras.
Enséñame a aceptar los límites que tengo como criatura, sabiendo que con la gracia de Dios puedo crecer, y a dar siempre gracias a Dios por la vida que me dio. Alcánzame luz para no cambiar al Creador por las criaturas ni salirme del camino que él preparó para mí. Amén.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Mira: esa es tu madre
Día octavo de la Novena a María Desatanudos.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición para todos los días —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración inicial —
Virgen María, Madre que desatas los nudos: te ofrezco estos nueve días de oración y te confío, para que los presentes a Dios, los favores que te pido:
(Aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar.)
— Octavo día —
(Juan 19, 26-27)
Al ver Jesús a su madre, y de pie a su lado al discípulo que amaba, le dijo:
«Mujer, mira: ese es tu hijo».
Luego le dijo al discípulo:
«Mira: esa es tu madre».
Y desde ese momento el discípulo se la llevó a su casa.
— Breve reflexión —
Al pie de la cruz, Jesús mira a su madre y al discípulo que amaba, y se la da por madre. Desde ese momento, el discípulo se la llevó a su casa.
La Iglesia ve en ese discípulo a todos los que siguen a Jesús. María es madre de cada uno, y cuida de sus hijos con el mismo amor con que acompañó a su Hijo hasta el final.
También tú puedes recibirla en tu casa, como el discípulo amado: rezarle, contarle lo que te preocupa y dejar que te lleve a Jesús.
Señor, gracias por darnos a Tu Madre; que la reciba como Tú quieres.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Un Padre nuestro y diez Avemarías —
(Un Padre nuestro y diez Avemarías.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración a Nuestra Señora la que desata los nudos —
Santa María, Madre del Señor y Madre nuestra: tú creíste a la palabra del ángel y te entregaste por entero a la voluntad del Padre, y el enemigo no tuvo parte en ti. Lo que Eva ató con su desobediencia, tú lo desataste con tu obediencia.
En Caná te diste cuenta de lo que faltaba y se lo dijiste a tu Hijo; así nos enseñas a presentarle, con paciencia y sin angustia, lo que se ha enredado en nuestra vida. Desde la cruz él te dio por Madre a todos, y tú sigues cuidando que nada nos aparte del Señor.
Madre buena, que con tus manos deshaces los nudos que nos atan: recíbenos bajo tu cuidado y líbranos de los engaños y las ataduras del maligno. Con tu ayuda y tu ejemplo, guárdanos de todo mal y desata lo que nos impide unirnos a Dios, para que, libres del error, lo encontremos en todo, pongamos en él el corazón y lo sirvamos en nuestros hermanos. Amén.
— Oración de Consagración a María —
Virgen Santa María, Señora y Madre mía, que desatas los nudos: aquí estoy, a tus pies, para consagrarme a ti. Con amor de hijo te entrego hoy todo lo que soy y todo lo que tengo: mis ojos, para contemplarte; mis oídos, para oír tu voz; mis labios, para alabarte; mi vida, para servirte; mi corazón, para quererte.
Recibe, Madre mía, esta ofrenda y guárdame cerca de tu Corazón Inmaculado. Pues soy todo tuyo, Madre de misericordia, tú que deshaces los nudos que oprimen nuestro pobre corazón, cuídame y defiéndeme como algo que te pertenece. No dejes que el maligno me engañe ni que mi corazón se enrede en sus mentiras.
Enséñame a aceptar los límites que tengo como criatura, sabiendo que con la gracia de Dios puedo crecer, y a dar siempre gracias a Dios por la vida que me dio. Alcánzame luz para no cambiar al Creador por las criaturas ni salirme del camino que él preparó para mí. Amén.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Con María, en oración
Día noveno de la Novena a María Desatanudos.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición para todos los días —
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Tú; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por Tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
— Oración inicial —
Virgen María, Madre que desatas los nudos: te ofrezco estos nueve días de oración y te confío, para que los presentes a Dios, los favores que te pido:
(Aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar.)
— Noveno día —
(Hechos 1, 14; 2, 1. 4)
Todos los apóstoles, con un mismo corazón, se mantenían constantes en la oración, junto con unas mujeres, con María, la madre de Jesús, y también con sus hermanos.
Cuando se cumplía el día de Pentecostés, todos ellos estaban juntos en un mismo lugar.
Y todos se llenaron del Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía hablar.
— Breve reflexión —
Después de la Ascensión, los apóstoles esperan el Espíritu Santo en oración, y María está con ellos. El día de Pentecostés, el Espíritu desciende y los llena a todos.
María acompañó así los primeros pasos de la Iglesia. El Espíritu que la había cubierto con su sombra en Nazaret llenaba ahora a los discípulos de Jesús. Desde entonces la Iglesia reza con María y pide, como aquel día, el don del Espíritu.
También tú recibiste el Espíritu Santo en el bautismo y en la confirmación. Él te da fuerza para vivir como cristiano y dar testimonio. Termina esta novena rezando con María, que sigue orando por la Iglesia.
Ven, Espíritu Santo, y dame Tu fuerza.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Un Padre nuestro y diez Avemarías —
(Un Padre nuestro y diez Avemarías.)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración a Nuestra Señora la que desata los nudos —
Santa María, Madre del Señor y Madre nuestra: tú creíste a la palabra del ángel y te entregaste por entero a la voluntad del Padre, y el enemigo no tuvo parte en ti. Lo que Eva ató con su desobediencia, tú lo desataste con tu obediencia.
En Caná te diste cuenta de lo que faltaba y se lo dijiste a tu Hijo; así nos enseñas a presentarle, con paciencia y sin angustia, lo que se ha enredado en nuestra vida. Desde la cruz él te dio por Madre a todos, y tú sigues cuidando que nada nos aparte del Señor.
Madre buena, que con tus manos deshaces los nudos que nos atan: recíbenos bajo tu cuidado y líbranos de los engaños y las ataduras del maligno. Con tu ayuda y tu ejemplo, guárdanos de todo mal y desata lo que nos impide unirnos a Dios, para que, libres del error, lo encontremos en todo, pongamos en él el corazón y lo sirvamos en nuestros hermanos. Amén.
— Oración de Consagración a María —
Virgen Santa María, Señora y Madre mía, que desatas los nudos: aquí estoy, a tus pies, para consagrarme a ti. Con amor de hijo te entrego hoy todo lo que soy y todo lo que tengo: mis ojos, para contemplarte; mis oídos, para oír tu voz; mis labios, para alabarte; mi vida, para servirte; mi corazón, para quererte.
Recibe, Madre mía, esta ofrenda y guárdame cerca de tu Corazón Inmaculado. Pues soy todo tuyo, Madre de misericordia, tú que deshaces los nudos que oprimen nuestro pobre corazón, cuídame y defiéndeme como algo que te pertenece. No dejes que el maligno me engañe ni que mi corazón se enrede en sus mentiras.
Enséñame a aceptar los límites que tengo como criatura, sabiendo que con la gracia de Dios puedo crecer, y a dar siempre gracias a Dios por la vida que me dio. Alcánzame luz para no cambiar al Creador por las criaturas ni salirme del camino que él preparó para mí. Amén.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.

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