Novena · 9 días
Novena al Espíritu Santo
9 días con el Espíritu Santo hacia Pentecostés
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
El Espíritu Santo
Día primero de la Novena al Espíritu Santo.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de consagración al Espíritu Santo —
Espíritu Santo, hoy me consagro a Ti por entero, sin guardarme nada. Desde ahora, en cada momento de mi vida y en todo lo que haga, sé Tú quien me dirige: mi luz, mi guía, mi fuerza, el amor que llena mi corazón.
Me pongo en Tus manos sin reservas, para que obres en mí como quieras, y deseo responder siempre con docilidad a lo que me inspires.
Espíritu Santo, fórmame con María y en María, a imagen de Jesús, el Hijo amado. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu Santo —
Señor Jesús, antes de subir al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para que llevara a término Tu obra en el corazón de Tus apóstoles y discípulos. Concédeme también a mí ese mismo Espíritu, para que complete en mi alma lo que Tu gracia y Tu amor han comenzado.
Dame el Espíritu de Sabiduría, para que no me apegue a lo que pasa y busque solo lo que dura para siempre. Dame el Espíritu de Entendimiento, que ilumine mi mente con Tu verdad. Dame el Espíritu de Consejo, para que en cada decisión escoja lo que más agrada a Dios y me lleva al cielo.
Dame el Espíritu de Fortaleza, para llevar Contigo mi cruz y superar con ánimo todo lo que me impida salvarme. Dame el Espíritu de Ciencia, para conocer a Dios, conocerme a mí y crecer en la ciencia de los santos.
Dame el Espíritu de Piedad, para que servir a Dios me resulte dulce y amable. Y dame el Espíritu de Temor de Dios, para que lo reverencie con amor y tema disgustarlo en lo más pequeño.
Señor amado, haz que se vea en mí la señal de los que de verdad te siguen, y que Tu Espíritu dé vida a todo lo que hago. Amén.
— Oración del primer día —
Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de Tu luz.
— El Espíritu Santo —
(Lucas 11, 13)
«Si ustedes, aun siendo malos, saben darles cosas buenas a sus hijos, ¡mucho más dará el Padre del cielo el Espíritu Santo a todo el que se lo pida!».
Antes de subir al cielo, Jesús pidió a sus apóstoles que esperaran en Jerusalén la promesa del Padre. Ellos volvieron a la sala de arriba y, con un mismo corazón, se mantenían constantes en la oración, junto con María, la madre de Jesús.
Así nació esta novena: los nueve días de oración entre la Ascensión y Pentecostés. En 1897, el papa León XIII pidió que se rezara cada año en toda la Iglesia.
El Espíritu Santo es el amor del Padre y del Hijo, que Dios derrama en nuestros corazones. San Pablo dice que viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos pedir como conviene.
También tú puedes empezar hoy esta novena como los apóstoles: junto a María, pidiendo el Espíritu con perseverancia.
Dile hoy al Señor: Padre, envíame Tu Espíritu Santo, y que él me enseñe a orar.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración —
Dios todopoderoso y eterno, que te dignaste hacernos renacer del agua y del Espíritu Santo, y nos diste el perdón de todos los pecados: envía sobre nosotros desde el cielo Tu Espíritu Santo Paráclito, con sus siete dones.
Amén.
Espíritu de sabiduría y de entendimiento.
Amén.
Espíritu de consejo y de fortaleza.
Amén.
Espíritu de ciencia y de piedad.
Amén.
Llénanos, propicio, del Espíritu de Tu temor para la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor, Tu Hijo, que Contigo vive y reina en la unidad del mismo Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu —
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor.
Oh Dios, que has instruido los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu, y gocemos siempre de su divino consuelo.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Sabiduría: enséñanos a valorar los bienes del cielo por encima de todo y muéstranos el camino para llegar a ellos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Entendimiento: alumbra nuestra mente para que entendamos los misterios de la salvación y los acojamos con todo el corazón.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Consejo: mueve nuestro corazón a obrar siempre con rectitud y justicia, para nuestro bien y el de los demás.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Fortaleza: sostennos con Tu gracia frente a todo lo que amenaza nuestra alma, para que al final alcancemos la corona de la victoria.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Ciencia: enséñanos a usar las cosas de este mundo sin perder las que duran para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Piedad: ayúdanos a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, para ganar el cielo en la vida que no acaba.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Temor de Dios: llena de santo temor todo nuestro ser, para que trabajemos con empeño por la salvación de nuestras almas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración —
Oh Dios, que reuniste a pueblos tan diversos en la confesión de Tu nombre: concede a los que han renacido en la fuente del bautismo una misma fe en el alma y una misma piedad en las obras.
Oh Dios, que diste el Espíritu Santo a Tus apóstoles: concede a Tu pueblo lo que con piedad te pide, y a quienes diste la fe, dales también la paz. Que el Espíritu Santo, Señor, nos inflame con aquel fuego que nuestro Señor Jesucristo trajo a la tierra y que tanto deseó ver encendido.
Abrasa, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con un cuerpo casto y te agrademos con un corazón limpio. Infunde, Señor, con bondad el Espíritu Santo en nuestras almas, pues su sabiduría nos creó y su providencia nos gobierna.
Concédenos, Dios todopoderoso y misericordioso, que el Espíritu Santo venga a nosotros, se digne habitar en nosotros y nos haga templo de su gloria.
Te pedimos, Señor, que el Paráclito, que procede de Ti, ilumine nuestras almas y nos lleve hasta la verdad completa, como lo prometió Tu Hijo. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
El don del Temor
Día segundo de la Novena al Espíritu Santo.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de consagración al Espíritu Santo —
Espíritu Santo, hoy me consagro a Ti por entero, sin guardarme nada. Desde ahora, en cada momento de mi vida y en todo lo que haga, sé Tú quien me dirige: mi luz, mi guía, mi fuerza, el amor que llena mi corazón.
Me pongo en Tus manos sin reservas, para que obres en mí como quieras, y deseo responder siempre con docilidad a lo que me inspires.
Espíritu Santo, fórmame con María y en María, a imagen de Jesús, el Hijo amado. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu Santo —
Señor Jesús, antes de subir al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para que llevara a término Tu obra en el corazón de Tus apóstoles y discípulos. Concédeme también a mí ese mismo Espíritu, para que complete en mi alma lo que Tu gracia y Tu amor han comenzado.
Dame el Espíritu de Sabiduría, para que no me apegue a lo que pasa y busque solo lo que dura para siempre. Dame el Espíritu de Entendimiento, que ilumine mi mente con Tu verdad. Dame el Espíritu de Consejo, para que en cada decisión escoja lo que más agrada a Dios y me lleva al cielo.
Dame el Espíritu de Fortaleza, para llevar Contigo mi cruz y superar con ánimo todo lo que me impida salvarme. Dame el Espíritu de Ciencia, para conocer a Dios, conocerme a mí y crecer en la ciencia de los santos.
Dame el Espíritu de Piedad, para que servir a Dios me resulte dulce y amable. Y dame el Espíritu de Temor de Dios, para que lo reverencie con amor y tema disgustarlo en lo más pequeño.
Señor amado, haz que se vea en mí la señal de los que de verdad te siguen, y que Tu Espíritu dé vida a todo lo que hago. Amén.
— Oración del segundo día —
Ven, padre de los pobres;
ven, dador de los dones;
ven, luz de los corazones.
— El don del Temor —
(Lucas 1, 50)
«Su misericordia alcanza, de una generación a otra, a los que le temen».
Así canta María en casa de Isabel. Para ella, temer a Dios es reconocer su grandeza y confiar en su misericordia, como la sierva que se sabe mirada por él.
El don del temor de Dios nos da un respeto profundo ante él y el deseo de no ofenderlo. Nace del amor de los hijos, que no quieren apenar a su Padre, y la Escritura lo llama principio de la sabiduría.
Quien teme a Dios de esta manera vive agradecido y atento a no alejarse de quien lo ama. Ese respeto se nota ante Dios, ante las cosas santas y ante los demás.
También tú puedes pedir hoy este don: que la grandeza de Dios te llene de respeto y de confianza a la vez.
Dile hoy al Señor: Espíritu Santo, dame un amor de hijo que tema ofenderte y confíe siempre en Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración —
Ven, oh bendito Espíritu de santo Temor, penetra en lo más hondo de mi corazón, para que te tenga siempre delante de mí, Señor y Dios mío; ayúdame a huir de todo lo que pueda ofenderte, y hazme digno de presentarme ante los ojos purísimos de Tu divina Majestad en el cielo, donde vives y reinas en la unidad de la siempre bendita Trinidad, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu —
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor.
Oh Dios, que has instruido los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu, y gocemos siempre de su divino consuelo.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Sabiduría: enséñanos a valorar los bienes del cielo por encima de todo y muéstranos el camino para llegar a ellos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Entendimiento: alumbra nuestra mente para que entendamos los misterios de la salvación y los acojamos con todo el corazón.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Consejo: mueve nuestro corazón a obrar siempre con rectitud y justicia, para nuestro bien y el de los demás.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Fortaleza: sostennos con Tu gracia frente a todo lo que amenaza nuestra alma, para que al final alcancemos la corona de la victoria.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Ciencia: enséñanos a usar las cosas de este mundo sin perder las que duran para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Piedad: ayúdanos a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, para ganar el cielo en la vida que no acaba.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Temor de Dios: llena de santo temor todo nuestro ser, para que trabajemos con empeño por la salvación de nuestras almas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración —
Oh Dios, que reuniste a pueblos tan diversos en la confesión de Tu nombre: concede a los que han renacido en la fuente del bautismo una misma fe en el alma y una misma piedad en las obras.
Oh Dios, que diste el Espíritu Santo a Tus apóstoles: concede a Tu pueblo lo que con piedad te pide, y a quienes diste la fe, dales también la paz. Que el Espíritu Santo, Señor, nos inflame con aquel fuego que nuestro Señor Jesucristo trajo a la tierra y que tanto deseó ver encendido.
Abrasa, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con un cuerpo casto y te agrademos con un corazón limpio. Infunde, Señor, con bondad el Espíritu Santo en nuestras almas, pues su sabiduría nos creó y su providencia nos gobierna.
Concédenos, Dios todopoderoso y misericordioso, que el Espíritu Santo venga a nosotros, se digne habitar en nosotros y nos haga templo de su gloria.
Te pedimos, Señor, que el Paráclito, que procede de Ti, ilumine nuestras almas y nos lleve hasta la verdad completa, como lo prometió Tu Hijo. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
El don de Piedad
Día tercero de la Novena al Espíritu Santo.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de consagración al Espíritu Santo —
Espíritu Santo, hoy me consagro a Ti por entero, sin guardarme nada. Desde ahora, en cada momento de mi vida y en todo lo que haga, sé Tú quien me dirige: mi luz, mi guía, mi fuerza, el amor que llena mi corazón.
Me pongo en Tus manos sin reservas, para que obres en mí como quieras, y deseo responder siempre con docilidad a lo que me inspires.
Espíritu Santo, fórmame con María y en María, a imagen de Jesús, el Hijo amado. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu Santo —
Señor Jesús, antes de subir al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para que llevara a término Tu obra en el corazón de Tus apóstoles y discípulos. Concédeme también a mí ese mismo Espíritu, para que complete en mi alma lo que Tu gracia y Tu amor han comenzado.
Dame el Espíritu de Sabiduría, para que no me apegue a lo que pasa y busque solo lo que dura para siempre. Dame el Espíritu de Entendimiento, que ilumine mi mente con Tu verdad. Dame el Espíritu de Consejo, para que en cada decisión escoja lo que más agrada a Dios y me lleva al cielo.
Dame el Espíritu de Fortaleza, para llevar Contigo mi cruz y superar con ánimo todo lo que me impida salvarme. Dame el Espíritu de Ciencia, para conocer a Dios, conocerme a mí y crecer en la ciencia de los santos.
Dame el Espíritu de Piedad, para que servir a Dios me resulte dulce y amable. Y dame el Espíritu de Temor de Dios, para que lo reverencie con amor y tema disgustarlo en lo más pequeño.
Señor amado, haz que se vea en mí la señal de los que de verdad te siguen, y que Tu Espíritu dé vida a todo lo que hago. Amén.
— Oración del tercer día —
Consolador el mejor,
dulce huésped del alma,
dulce alivio.
— El don de Piedad —
(Marcos 14, 36)
«¡Abbá, Padre! Todo te es posible».
Abbá significa «padre», y es la palabra con que los hijos llamaban a su padre en la lengua de Jesús. Con ella se dirige Jesús a Dios también en la hora de la angustia, en el huerto de los Olivos.
San Pablo enseña que el Espíritu Santo pone en nosotros ese mismo grito: «¡Abbá, Padre!». El don de piedad nos da un corazón de hijos, que encuentra su alegría en tratar a Dios y en servirlo.
Ese amor se extiende a todo lo que es de Dios: a su Iglesia, a los santos, a nuestros padres y a los que él nos ha dado como hermanos. Por eso quien tiene piedad reza con gusto y trata con respeto las cosas de Dios.
También tú puedes rezar hoy el Padre nuestro despacio, sabiéndote hijo, y tratar a los demás como hermanos.
Dile hoy al Señor: Espíritu Santo, dame un corazón de hijo que ame a Dios como Padre.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración —
Ven, oh bendito Espíritu de Piedad, hazte dueño de mi corazón; inclínalo a una fe verdadera en Ti y a un amor santo a Ti, Dios mío, para que te busque con toda mi alma y en Ti encuentre mi mayor bien y mi alegría más verdadera. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu —
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor.
Oh Dios, que has instruido los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu, y gocemos siempre de su divino consuelo.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Sabiduría: enséñanos a valorar los bienes del cielo por encima de todo y muéstranos el camino para llegar a ellos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Entendimiento: alumbra nuestra mente para que entendamos los misterios de la salvación y los acojamos con todo el corazón.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Consejo: mueve nuestro corazón a obrar siempre con rectitud y justicia, para nuestro bien y el de los demás.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Fortaleza: sostennos con Tu gracia frente a todo lo que amenaza nuestra alma, para que al final alcancemos la corona de la victoria.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Ciencia: enséñanos a usar las cosas de este mundo sin perder las que duran para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Piedad: ayúdanos a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, para ganar el cielo en la vida que no acaba.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Temor de Dios: llena de santo temor todo nuestro ser, para que trabajemos con empeño por la salvación de nuestras almas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración —
Oh Dios, que reuniste a pueblos tan diversos en la confesión de Tu nombre: concede a los que han renacido en la fuente del bautismo una misma fe en el alma y una misma piedad en las obras.
Oh Dios, que diste el Espíritu Santo a Tus apóstoles: concede a Tu pueblo lo que con piedad te pide, y a quienes diste la fe, dales también la paz. Que el Espíritu Santo, Señor, nos inflame con aquel fuego que nuestro Señor Jesucristo trajo a la tierra y que tanto deseó ver encendido.
Abrasa, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con un cuerpo casto y te agrademos con un corazón limpio. Infunde, Señor, con bondad el Espíritu Santo en nuestras almas, pues su sabiduría nos creó y su providencia nos gobierna.
Concédenos, Dios todopoderoso y misericordioso, que el Espíritu Santo venga a nosotros, se digne habitar en nosotros y nos haga templo de su gloria.
Te pedimos, Señor, que el Paráclito, que procede de Ti, ilumine nuestras almas y nos lleve hasta la verdad completa, como lo prometió Tu Hijo. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
El don de Fortaleza
Día cuarto de la Novena al Espíritu Santo.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de consagración al Espíritu Santo —
Espíritu Santo, hoy me consagro a Ti por entero, sin guardarme nada. Desde ahora, en cada momento de mi vida y en todo lo que haga, sé Tú quien me dirige: mi luz, mi guía, mi fuerza, el amor que llena mi corazón.
Me pongo en Tus manos sin reservas, para que obres en mí como quieras, y deseo responder siempre con docilidad a lo que me inspires.
Espíritu Santo, fórmame con María y en María, a imagen de Jesús, el Hijo amado. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu Santo —
Señor Jesús, antes de subir al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para que llevara a término Tu obra en el corazón de Tus apóstoles y discípulos. Concédeme también a mí ese mismo Espíritu, para que complete en mi alma lo que Tu gracia y Tu amor han comenzado.
Dame el Espíritu de Sabiduría, para que no me apegue a lo que pasa y busque solo lo que dura para siempre. Dame el Espíritu de Entendimiento, que ilumine mi mente con Tu verdad. Dame el Espíritu de Consejo, para que en cada decisión escoja lo que más agrada a Dios y me lleva al cielo.
Dame el Espíritu de Fortaleza, para llevar Contigo mi cruz y superar con ánimo todo lo que me impida salvarme. Dame el Espíritu de Ciencia, para conocer a Dios, conocerme a mí y crecer en la ciencia de los santos.
Dame el Espíritu de Piedad, para que servir a Dios me resulte dulce y amable. Y dame el Espíritu de Temor de Dios, para que lo reverencie con amor y tema disgustarlo en lo más pequeño.
Señor amado, haz que se vea en mí la señal de los que de verdad te siguen, y que Tu Espíritu dé vida a todo lo que hago. Amén.
— Oración del cuarto día —
En el trabajo, descanso;
en el calor, frescura;
en el llanto, consuelo.
— El don de Fortaleza —
(2 Corintios 12, 9)
«Te basta mi gracia, porque el poder llega a su plenitud en la debilidad».
San Pablo había pedido tres veces al Señor que le quitara una espina clavada en su carne. Esta fue la respuesta, y Pablo aprendió a apoyarse en la gracia de Cristo más que en sus fuerzas.
El don de fortaleza sostiene al alma en la prueba y le da valor para hacer el bien cuando cuesta. Los apóstoles, que habían huido la noche de la Pasión, anunciaron a Cristo sin miedo después de Pentecostés.
Casi siempre esa fuerza se ve en cosas sencillas: en la paciencia de cada día, en la fidelidad que no se rinde, en el que sigue adelante aunque esté cansado.
También tú puedes pedir hoy esta fuerza para lo que te cuesta, y apoyarte en la gracia de Dios.
Dile hoy al Señor: Espíritu Santo, sostén mi debilidad y dame valor para hacer siempre el bien.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración —
Ven, oh bendito Espíritu de Fortaleza, sostén mi alma en el tiempo de la prueba y de la adversidad, ayuda mis esfuerzos por la santidad, fortalece mi debilidad, dame valor contra todos los asaltos de mis enemigos, para que nunca me venzan ni me separen de Ti, mi Dios y mi mayor Bien. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu —
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor.
Oh Dios, que has instruido los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu, y gocemos siempre de su divino consuelo.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Sabiduría: enséñanos a valorar los bienes del cielo por encima de todo y muéstranos el camino para llegar a ellos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Entendimiento: alumbra nuestra mente para que entendamos los misterios de la salvación y los acojamos con todo el corazón.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Consejo: mueve nuestro corazón a obrar siempre con rectitud y justicia, para nuestro bien y el de los demás.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Fortaleza: sostennos con Tu gracia frente a todo lo que amenaza nuestra alma, para que al final alcancemos la corona de la victoria.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Ciencia: enséñanos a usar las cosas de este mundo sin perder las que duran para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Piedad: ayúdanos a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, para ganar el cielo en la vida que no acaba.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Temor de Dios: llena de santo temor todo nuestro ser, para que trabajemos con empeño por la salvación de nuestras almas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración —
Oh Dios, que reuniste a pueblos tan diversos en la confesión de Tu nombre: concede a los que han renacido en la fuente del bautismo una misma fe en el alma y una misma piedad en las obras.
Oh Dios, que diste el Espíritu Santo a Tus apóstoles: concede a Tu pueblo lo que con piedad te pide, y a quienes diste la fe, dales también la paz. Que el Espíritu Santo, Señor, nos inflame con aquel fuego que nuestro Señor Jesucristo trajo a la tierra y que tanto deseó ver encendido.
Abrasa, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con un cuerpo casto y te agrademos con un corazón limpio. Infunde, Señor, con bondad el Espíritu Santo en nuestras almas, pues su sabiduría nos creó y su providencia nos gobierna.
Concédenos, Dios todopoderoso y misericordioso, que el Espíritu Santo venga a nosotros, se digne habitar en nosotros y nos haga templo de su gloria.
Te pedimos, Señor, que el Paráclito, que procede de Ti, ilumine nuestras almas y nos lleve hasta la verdad completa, como lo prometió Tu Hijo. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
El don de Ciencia
Día quinto de la Novena al Espíritu Santo.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de consagración al Espíritu Santo —
Espíritu Santo, hoy me consagro a Ti por entero, sin guardarme nada. Desde ahora, en cada momento de mi vida y en todo lo que haga, sé Tú quien me dirige: mi luz, mi guía, mi fuerza, el amor que llena mi corazón.
Me pongo en Tus manos sin reservas, para que obres en mí como quieras, y deseo responder siempre con docilidad a lo que me inspires.
Espíritu Santo, fórmame con María y en María, a imagen de Jesús, el Hijo amado. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu Santo —
Señor Jesús, antes de subir al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para que llevara a término Tu obra en el corazón de Tus apóstoles y discípulos. Concédeme también a mí ese mismo Espíritu, para que complete en mi alma lo que Tu gracia y Tu amor han comenzado.
Dame el Espíritu de Sabiduría, para que no me apegue a lo que pasa y busque solo lo que dura para siempre. Dame el Espíritu de Entendimiento, que ilumine mi mente con Tu verdad. Dame el Espíritu de Consejo, para que en cada decisión escoja lo que más agrada a Dios y me lleva al cielo.
Dame el Espíritu de Fortaleza, para llevar Contigo mi cruz y superar con ánimo todo lo que me impida salvarme. Dame el Espíritu de Ciencia, para conocer a Dios, conocerme a mí y crecer en la ciencia de los santos.
Dame el Espíritu de Piedad, para que servir a Dios me resulte dulce y amable. Y dame el Espíritu de Temor de Dios, para que lo reverencie con amor y tema disgustarlo en lo más pequeño.
Señor amado, haz que se vea en mí la señal de los que de verdad te siguen, y que Tu Espíritu dé vida a todo lo que hago. Amén.
— Oración del quinto día —
Oh luz dichosísima,
llena lo más íntimo del corazón
de Tus fieles.
— El don de Ciencia —
(Imitación de Cristo 1, 3)
«¡Oh! ¡Cuán presto se pasa la gloria del mundo!».
Jesús contó la parábola de un hombre rico que tuvo una gran cosecha y solo pensó en construir graneros más grandes. Aquella misma noche se le pidió la vida, y todo lo que había guardado quedó para otros.
El don de ciencia nos ayuda a mirar las cosas creadas con los ojos de Dios: a valorarlas en lo que valen y a usarlas para el bien. Nos enseña también a ver su mano en lo que nos pasa, incluso en la adversidad.
Las cosas de este mundo son buenas, porque Dios las hizo. El error está en poner en ellas el corazón, como si fueran a durar siempre.
También tú puedes revisar hoy qué ocupa tu corazón, dar a cada cosa su lugar y preguntarte si lo que te preocupa te acerca a Dios.
Dile hoy al Señor: Espíritu Santo, dame luz para ver cada cosa como Dios la ve.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración —
Ven, oh bendito Espíritu de Ciencia, y concédeme conocer la voluntad del Padre; muéstrame la nada de las cosas de la tierra, para que vea su vanidad y solo las use para Tu gloria y mi salvación, mirando siempre más allá de ellas, hacia Ti y Tus premios eternos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu —
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor.
Oh Dios, que has instruido los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu, y gocemos siempre de su divino consuelo.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Sabiduría: enséñanos a valorar los bienes del cielo por encima de todo y muéstranos el camino para llegar a ellos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Entendimiento: alumbra nuestra mente para que entendamos los misterios de la salvación y los acojamos con todo el corazón.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Consejo: mueve nuestro corazón a obrar siempre con rectitud y justicia, para nuestro bien y el de los demás.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Fortaleza: sostennos con Tu gracia frente a todo lo que amenaza nuestra alma, para que al final alcancemos la corona de la victoria.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Ciencia: enséñanos a usar las cosas de este mundo sin perder las que duran para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Piedad: ayúdanos a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, para ganar el cielo en la vida que no acaba.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Temor de Dios: llena de santo temor todo nuestro ser, para que trabajemos con empeño por la salvación de nuestras almas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración —
Oh Dios, que reuniste a pueblos tan diversos en la confesión de Tu nombre: concede a los que han renacido en la fuente del bautismo una misma fe en el alma y una misma piedad en las obras.
Oh Dios, que diste el Espíritu Santo a Tus apóstoles: concede a Tu pueblo lo que con piedad te pide, y a quienes diste la fe, dales también la paz. Que el Espíritu Santo, Señor, nos inflame con aquel fuego que nuestro Señor Jesucristo trajo a la tierra y que tanto deseó ver encendido.
Abrasa, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con un cuerpo casto y te agrademos con un corazón limpio. Infunde, Señor, con bondad el Espíritu Santo en nuestras almas, pues su sabiduría nos creó y su providencia nos gobierna.
Concédenos, Dios todopoderoso y misericordioso, que el Espíritu Santo venga a nosotros, se digne habitar en nosotros y nos haga templo de su gloria.
Te pedimos, Señor, que el Paráclito, que procede de Ti, ilumine nuestras almas y nos lleve hasta la verdad completa, como lo prometió Tu Hijo. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
El don del Entendimiento
Día sexto de la Novena al Espíritu Santo.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de consagración al Espíritu Santo —
Espíritu Santo, hoy me consagro a Ti por entero, sin guardarme nada. Desde ahora, en cada momento de mi vida y en todo lo que haga, sé Tú quien me dirige: mi luz, mi guía, mi fuerza, el amor que llena mi corazón.
Me pongo en Tus manos sin reservas, para que obres en mí como quieras, y deseo responder siempre con docilidad a lo que me inspires.
Espíritu Santo, fórmame con María y en María, a imagen de Jesús, el Hijo amado. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu Santo —
Señor Jesús, antes de subir al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para que llevara a término Tu obra en el corazón de Tus apóstoles y discípulos. Concédeme también a mí ese mismo Espíritu, para que complete en mi alma lo que Tu gracia y Tu amor han comenzado.
Dame el Espíritu de Sabiduría, para que no me apegue a lo que pasa y busque solo lo que dura para siempre. Dame el Espíritu de Entendimiento, que ilumine mi mente con Tu verdad. Dame el Espíritu de Consejo, para que en cada decisión escoja lo que más agrada a Dios y me lleva al cielo.
Dame el Espíritu de Fortaleza, para llevar Contigo mi cruz y superar con ánimo todo lo que me impida salvarme. Dame el Espíritu de Ciencia, para conocer a Dios, conocerme a mí y crecer en la ciencia de los santos.
Dame el Espíritu de Piedad, para que servir a Dios me resulte dulce y amable. Y dame el Espíritu de Temor de Dios, para que lo reverencie con amor y tema disgustarlo en lo más pequeño.
Señor amado, haz que se vea en mí la señal de los que de verdad te siguen, y que Tu Espíritu dé vida a todo lo que hago. Amén.
— Oración del sexto día —
Sin Tu divinidad
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.
— El don del Entendimiento —
(Lucas 24, 32)
«¿No es verdad que ardía nuestro corazón en nosotros cuando nos hablaba por el camino y nos abría las Escrituras?».
Los dos discípulos conocían las Escrituras, pero no entendían lo que había pasado en Jerusalén. Jesús resucitado caminó con ellos y se las explicó, y al partir el pan lo reconocieron. En ese mismo momento volvieron a Jerusalén para contarlo a los demás.
El don de entendimiento hace algo parecido en nosotros: nos ayuda a penetrar en las verdades de la fe y a gustarlas por dentro. Lo que sabíamos de memoria empieza a iluminar la vida.
El mismo Espíritu que inspiró las Escrituras nos ayuda a entenderlas. Por eso conviene leer la Palabra de Dios con calma, pidiendo luz al Espíritu Santo antes de empezar.
También tú puedes abrir hoy el Evangelio y leer despacio unas líneas, como quien escucha al Señor en el camino.
Dile hoy al Señor: Espíritu Santo, abre mi mente para entender la Palabra y haz arder mi corazón.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración —
Ven, oh bendito Espíritu de Entendimiento, ilumina mi mente, para que conozca y abrace todos los misterios de las profundidades de Dios, y al fin merezca ver claramente en Tu luz la Luz eterna y llegar a conocerte perfectamente a Ti, al Padre y al Hijo. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu —
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor.
Oh Dios, que has instruido los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu, y gocemos siempre de su divino consuelo.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Sabiduría: enséñanos a valorar los bienes del cielo por encima de todo y muéstranos el camino para llegar a ellos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Entendimiento: alumbra nuestra mente para que entendamos los misterios de la salvación y los acojamos con todo el corazón.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Consejo: mueve nuestro corazón a obrar siempre con rectitud y justicia, para nuestro bien y el de los demás.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Fortaleza: sostennos con Tu gracia frente a todo lo que amenaza nuestra alma, para que al final alcancemos la corona de la victoria.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Ciencia: enséñanos a usar las cosas de este mundo sin perder las que duran para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Piedad: ayúdanos a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, para ganar el cielo en la vida que no acaba.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Temor de Dios: llena de santo temor todo nuestro ser, para que trabajemos con empeño por la salvación de nuestras almas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración —
Oh Dios, que reuniste a pueblos tan diversos en la confesión de Tu nombre: concede a los que han renacido en la fuente del bautismo una misma fe en el alma y una misma piedad en las obras.
Oh Dios, que diste el Espíritu Santo a Tus apóstoles: concede a Tu pueblo lo que con piedad te pide, y a quienes diste la fe, dales también la paz. Que el Espíritu Santo, Señor, nos inflame con aquel fuego que nuestro Señor Jesucristo trajo a la tierra y que tanto deseó ver encendido.
Abrasa, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con un cuerpo casto y te agrademos con un corazón limpio. Infunde, Señor, con bondad el Espíritu Santo en nuestras almas, pues su sabiduría nos creó y su providencia nos gobierna.
Concédenos, Dios todopoderoso y misericordioso, que el Espíritu Santo venga a nosotros, se digne habitar en nosotros y nos haga templo de su gloria.
Te pedimos, Señor, que el Paráclito, que procede de Ti, ilumine nuestras almas y nos lleve hasta la verdad completa, como lo prometió Tu Hijo. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
El don de Consejo
Día séptimo de la Novena al Espíritu Santo.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de consagración al Espíritu Santo —
Espíritu Santo, hoy me consagro a Ti por entero, sin guardarme nada. Desde ahora, en cada momento de mi vida y en todo lo que haga, sé Tú quien me dirige: mi luz, mi guía, mi fuerza, el amor que llena mi corazón.
Me pongo en Tus manos sin reservas, para que obres en mí como quieras, y deseo responder siempre con docilidad a lo que me inspires.
Espíritu Santo, fórmame con María y en María, a imagen de Jesús, el Hijo amado. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu Santo —
Señor Jesús, antes de subir al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para que llevara a término Tu obra en el corazón de Tus apóstoles y discípulos. Concédeme también a mí ese mismo Espíritu, para que complete en mi alma lo que Tu gracia y Tu amor han comenzado.
Dame el Espíritu de Sabiduría, para que no me apegue a lo que pasa y busque solo lo que dura para siempre. Dame el Espíritu de Entendimiento, que ilumine mi mente con Tu verdad. Dame el Espíritu de Consejo, para que en cada decisión escoja lo que más agrada a Dios y me lleva al cielo.
Dame el Espíritu de Fortaleza, para llevar Contigo mi cruz y superar con ánimo todo lo que me impida salvarme. Dame el Espíritu de Ciencia, para conocer a Dios, conocerme a mí y crecer en la ciencia de los santos.
Dame el Espíritu de Piedad, para que servir a Dios me resulte dulce y amable. Y dame el Espíritu de Temor de Dios, para que lo reverencie con amor y tema disgustarlo en lo más pequeño.
Señor amado, haz que se vea en mí la señal de los que de verdad te siguen, y que Tu Espíritu dé vida a todo lo que hago. Amén.
— Oración del séptimo día —
Lava lo que está manchado,
riega lo que está seco,
sana lo que está herido.
— El don de Consejo —
(Lucas 12, 12)
«En ese mismo momento el Espíritu Santo les enseñará lo que tienen que decir».
Jesús lo prometió a sus discípulos para cuando tuvieran que dar testimonio de él. Los Hechos de los Apóstoles cuentan que la primera comunidad tomaba sus decisiones pidiendo luz al Espíritu Santo.
El don de consejo nos ayuda a ver con rectitud lo que conviene hacer, sobre todo en los momentos difíciles. Es la prudencia que viene de Dios para las decisiones de cada día, en la familia y en el trabajo.
María guardaba en su corazón lo que vivía y lo meditaba. Así escuchaba a Dios en lo pequeño y en lo grande.
También tú puedes pedir consejo al Espíritu Santo antes de decidir algo, tomarte un momento de silencio para escucharlo y consultar a quien pueda aconsejarte bien.
Dile hoy al Señor: Espíritu Santo, guíame en lo que tengo que decidir, para que haga siempre la voluntad de Dios.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración —
Ven, oh Espíritu de Consejo, ayúdame y guíame en todos mis caminos, para que haga siempre Tu santa voluntad. Inclina mi corazón al bien; apártalo de todo mal, y llévame por el camino recto de Tus mandamientos hasta la meta de la vida eterna que tanto deseo. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu —
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor.
Oh Dios, que has instruido los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu, y gocemos siempre de su divino consuelo.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Sabiduría: enséñanos a valorar los bienes del cielo por encima de todo y muéstranos el camino para llegar a ellos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Entendimiento: alumbra nuestra mente para que entendamos los misterios de la salvación y los acojamos con todo el corazón.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Consejo: mueve nuestro corazón a obrar siempre con rectitud y justicia, para nuestro bien y el de los demás.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Fortaleza: sostennos con Tu gracia frente a todo lo que amenaza nuestra alma, para que al final alcancemos la corona de la victoria.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Ciencia: enséñanos a usar las cosas de este mundo sin perder las que duran para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Piedad: ayúdanos a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, para ganar el cielo en la vida que no acaba.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Temor de Dios: llena de santo temor todo nuestro ser, para que trabajemos con empeño por la salvación de nuestras almas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración —
Oh Dios, que reuniste a pueblos tan diversos en la confesión de Tu nombre: concede a los que han renacido en la fuente del bautismo una misma fe en el alma y una misma piedad en las obras.
Oh Dios, que diste el Espíritu Santo a Tus apóstoles: concede a Tu pueblo lo que con piedad te pide, y a quienes diste la fe, dales también la paz. Que el Espíritu Santo, Señor, nos inflame con aquel fuego que nuestro Señor Jesucristo trajo a la tierra y que tanto deseó ver encendido.
Abrasa, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con un cuerpo casto y te agrademos con un corazón limpio. Infunde, Señor, con bondad el Espíritu Santo en nuestras almas, pues su sabiduría nos creó y su providencia nos gobierna.
Concédenos, Dios todopoderoso y misericordioso, que el Espíritu Santo venga a nosotros, se digne habitar en nosotros y nos haga templo de su gloria.
Te pedimos, Señor, que el Paráclito, que procede de Ti, ilumine nuestras almas y nos lleve hasta la verdad completa, como lo prometió Tu Hijo. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
El don de Sabiduría
Día octavo de la Novena al Espíritu Santo.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de consagración al Espíritu Santo —
Espíritu Santo, hoy me consagro a Ti por entero, sin guardarme nada. Desde ahora, en cada momento de mi vida y en todo lo que haga, sé Tú quien me dirige: mi luz, mi guía, mi fuerza, el amor que llena mi corazón.
Me pongo en Tus manos sin reservas, para que obres en mí como quieras, y deseo responder siempre con docilidad a lo que me inspires.
Espíritu Santo, fórmame con María y en María, a imagen de Jesús, el Hijo amado. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu Santo —
Señor Jesús, antes de subir al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para que llevara a término Tu obra en el corazón de Tus apóstoles y discípulos. Concédeme también a mí ese mismo Espíritu, para que complete en mi alma lo que Tu gracia y Tu amor han comenzado.
Dame el Espíritu de Sabiduría, para que no me apegue a lo que pasa y busque solo lo que dura para siempre. Dame el Espíritu de Entendimiento, que ilumine mi mente con Tu verdad. Dame el Espíritu de Consejo, para que en cada decisión escoja lo que más agrada a Dios y me lleva al cielo.
Dame el Espíritu de Fortaleza, para llevar Contigo mi cruz y superar con ánimo todo lo que me impida salvarme. Dame el Espíritu de Ciencia, para conocer a Dios, conocerme a mí y crecer en la ciencia de los santos.
Dame el Espíritu de Piedad, para que servir a Dios me resulte dulce y amable. Y dame el Espíritu de Temor de Dios, para que lo reverencie con amor y tema disgustarlo en lo más pequeño.
Señor amado, haz que se vea en mí la señal de los que de verdad te siguen, y que Tu Espíritu dé vida a todo lo que hago. Amén.
— Oración del octavo día —
Doblega lo que está rígido,
calienta lo que está frío,
endereza lo que va extraviado.
— El don de Sabiduría —
(Mateo 11, 25)
«Padre, Señor del cielo y de la tierra: te alabo, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y se las mostraste a los pequeños».
Jesús alaba al Padre porque los sencillos entienden lo que los sabios de este mundo no alcanzan a ver. Esa es la sabiduría que da el Espíritu Santo.
Entre los dones, la sabiduría es el más alto. Nos hace gustar las cosas de Dios y ver la vida entera a su luz, también la cruz, que a los ojos del mundo parece una locura.
Por eso muchos santos sencillos fueron verdaderamente sabios: vivían muy cerca de Dios y lo amaban.
También tú puedes pedir hoy un corazón sencillo, que busque a Dios por encima de todo y encuentre en él su alegría y su descanso.
Dile hoy al Señor: Espíritu Santo, dame la sabiduría de los pequeños y el gusto por las cosas de Dios.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración —
Ven, oh bendito Espíritu de Sabiduría, y revela a mi alma los misterios de las cosas del cielo, su inmensa grandeza, su poder y su belleza. Enséñame a amarlas por encima de todas las alegrías y satisfacciones pasajeras de la tierra. Muéstrame el camino por el que pueda alcanzarlas, poseerlas y tenerlas después como mías para siempre. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu —
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor.
Oh Dios, que has instruido los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu, y gocemos siempre de su divino consuelo.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Sabiduría: enséñanos a valorar los bienes del cielo por encima de todo y muéstranos el camino para llegar a ellos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Entendimiento: alumbra nuestra mente para que entendamos los misterios de la salvación y los acojamos con todo el corazón.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Consejo: mueve nuestro corazón a obrar siempre con rectitud y justicia, para nuestro bien y el de los demás.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Fortaleza: sostennos con Tu gracia frente a todo lo que amenaza nuestra alma, para que al final alcancemos la corona de la victoria.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Ciencia: enséñanos a usar las cosas de este mundo sin perder las que duran para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Piedad: ayúdanos a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, para ganar el cielo en la vida que no acaba.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Temor de Dios: llena de santo temor todo nuestro ser, para que trabajemos con empeño por la salvación de nuestras almas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración —
Oh Dios, que reuniste a pueblos tan diversos en la confesión de Tu nombre: concede a los que han renacido en la fuente del bautismo una misma fe en el alma y una misma piedad en las obras.
Oh Dios, que diste el Espíritu Santo a Tus apóstoles: concede a Tu pueblo lo que con piedad te pide, y a quienes diste la fe, dales también la paz. Que el Espíritu Santo, Señor, nos inflame con aquel fuego que nuestro Señor Jesucristo trajo a la tierra y que tanto deseó ver encendido.
Abrasa, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con un cuerpo casto y te agrademos con un corazón limpio. Infunde, Señor, con bondad el Espíritu Santo en nuestras almas, pues su sabiduría nos creó y su providencia nos gobierna.
Concédenos, Dios todopoderoso y misericordioso, que el Espíritu Santo venga a nosotros, se digne habitar en nosotros y nos haga templo de su gloria.
Te pedimos, Señor, que el Paráclito, que procede de Ti, ilumine nuestras almas y nos lleve hasta la verdad completa, como lo prometió Tu Hijo. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
Los frutos del Espíritu Santo
Día noveno de la Novena al Espíritu Santo.
— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de consagración al Espíritu Santo —
Espíritu Santo, hoy me consagro a Ti por entero, sin guardarme nada. Desde ahora, en cada momento de mi vida y en todo lo que haga, sé Tú quien me dirige: mi luz, mi guía, mi fuerza, el amor que llena mi corazón.
Me pongo en Tus manos sin reservas, para que obres en mí como quieras, y deseo responder siempre con docilidad a lo que me inspires.
Espíritu Santo, fórmame con María y en María, a imagen de Jesús, el Hijo amado. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu Santo —
Señor Jesús, antes de subir al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para que llevara a término Tu obra en el corazón de Tus apóstoles y discípulos. Concédeme también a mí ese mismo Espíritu, para que complete en mi alma lo que Tu gracia y Tu amor han comenzado.
Dame el Espíritu de Sabiduría, para que no me apegue a lo que pasa y busque solo lo que dura para siempre. Dame el Espíritu de Entendimiento, que ilumine mi mente con Tu verdad. Dame el Espíritu de Consejo, para que en cada decisión escoja lo que más agrada a Dios y me lleva al cielo.
Dame el Espíritu de Fortaleza, para llevar Contigo mi cruz y superar con ánimo todo lo que me impida salvarme. Dame el Espíritu de Ciencia, para conocer a Dios, conocerme a mí y crecer en la ciencia de los santos.
Dame el Espíritu de Piedad, para que servir a Dios me resulte dulce y amable. Y dame el Espíritu de Temor de Dios, para que lo reverencie con amor y tema disgustarlo en lo más pequeño.
Señor amado, haz que se vea en mí la señal de los que de verdad te siguen, y que Tu Espíritu dé vida a todo lo que hago. Amén.
— Oración del noveno día —
Da a Tus fieles,
que en Ti confían,
Tus siete sagrados dones.
Dales el premio de la virtud,
dales la salvación al final,
dales la alegría eterna. Amén.
— Los frutos del Espíritu Santo —
(Gálatas 5, 22-23)
«El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí».
San Pablo llama fruto a lo que el Espíritu hace crecer en nosotros. Cuando el Espíritu Santo vive en nosotros, la vida se va llenando de amor, de alegría y de paz.
Así fue en la primera comunidad de Jerusalén después de Pentecostés: los creyentes perseveraban en la enseñanza de los apóstoles y en la oración, y compartían el pan con alegría y sencillez de corazón.
Los dones que hemos pedido estos días dan su fruto poco a poco, en la vida corriente, cuando dejamos obrar al Espíritu. Se notan en el trato de cada día, en la paciencia y en la bondad con los demás.
Mañana es Pentecostés. También tú puedes prepararte para recibir de nuevo el Espíritu Santo, como los apóstoles reunidos con María.
Dile hoy al Señor: Espíritu Santo, ven a mi corazón y haz que dé fruto abundante.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Oración —
Ven, Espíritu divino, y haz que den fruto en mi corazón los dones del cielo: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Así no me cansaré nunca de servir a Dios, y, dócil siempre a lo que Tú me inspires, viviré un día para siempre Contigo, con el Padre y con el Hijo, en un mismo amor. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración por los siete dones del Espíritu —
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor.
Oh Dios, que has instruido los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu, y gocemos siempre de su divino consuelo.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Sabiduría: enséñanos a valorar los bienes del cielo por encima de todo y muéstranos el camino para llegar a ellos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Entendimiento: alumbra nuestra mente para que entendamos los misterios de la salvación y los acojamos con todo el corazón.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Consejo: mueve nuestro corazón a obrar siempre con rectitud y justicia, para nuestro bien y el de los demás.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Fortaleza: sostennos con Tu gracia frente a todo lo que amenaza nuestra alma, para que al final alcancemos la corona de la victoria.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Ciencia: enséñanos a usar las cosas de este mundo sin perder las que duran para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Piedad: ayúdanos a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, para ganar el cielo en la vida que no acaba.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Espíritu Santo, ven con Tu don de Temor de Dios: llena de santo temor todo nuestro ser, para que trabajemos con empeño por la salvación de nuestras almas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
— Oración —
Oh Dios, que reuniste a pueblos tan diversos en la confesión de Tu nombre: concede a los que han renacido en la fuente del bautismo una misma fe en el alma y una misma piedad en las obras.
Oh Dios, que diste el Espíritu Santo a Tus apóstoles: concede a Tu pueblo lo que con piedad te pide, y a quienes diste la fe, dales también la paz. Que el Espíritu Santo, Señor, nos inflame con aquel fuego que nuestro Señor Jesucristo trajo a la tierra y que tanto deseó ver encendido.
Abrasa, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con un cuerpo casto y te agrademos con un corazón limpio. Infunde, Señor, con bondad el Espíritu Santo en nuestras almas, pues su sabiduría nos creó y su providencia nos gobierna.
Concédenos, Dios todopoderoso y misericordioso, que el Espíritu Santo venga a nosotros, se digne habitar en nosotros y nos haga templo de su gloria.
Te pedimos, Señor, que el Paráclito, que procede de Ti, ilumine nuestras almas y nos lleve hasta la verdad completa, como lo prometió Tu Hijo. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

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