Novena · 9 días
Novena al Divino Niño Jesús
Nueve días con el Niño Jesús hacia el 20 de julio
Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.
El amor de Dios, que nos dio a su Hijo
Día primero de la Novena al Divino Niño Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración para todos los días —
Oh Dios, Padre bueno, que por amor nos diste a Tu Hijo como Salvador y Redentor nuestro: por los méritos de su santa infancia, aumenta nuestra fe y haz que demos fruto abundante en buenas obras. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— La Palabra de Dios —
1 Juan 4, 9
«En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios envió a su Hijo único al mundo para que vivamos por él».
— Reflexión —
San Juan dice en una sola frase lo que Dios ha hecho por nosotros: nos amó primero y nos dio a su Hijo. Jesús vino al mundo como un niño, en Belén, para que nadie tuviera miedo de acercarse a él.
Dios ama a todos y a nadie rechaza. Su amor llega antes que nuestra respuesta y no depende de nuestros méritos. Muchas veces somos nosotros quienes nos alejamos de él por el pecado, y él sigue esperando con paciencia nuestro regreso.
Al amor se responde con amor. Jesús enseñó a sus discípulos que quien lo ama guarda su palabra, y que el Padre y él vienen a vivir en quien la guarda.
También tú puedes empezar esta novena dando gracias por ese amor. Recíbelo con confianza, deja que Jesús entre en tu vida y responde cumpliendo lo que él enseña.
Dile hoy al Niño Jesús: Señor, Tú me amaste primero; que yo te ame guardando Tu palabra.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Propósito —
Haré hoy algún bien concreto a quien tenga cerca, por amor a Dios.
— Oración comunitaria —
Para que todos los cristianos vivamos unidos y nos queramos como hermanos. Escúchanos, Señor.
Para que, si así lo quiere, el Niño Jesús nos conceda lo que esperamos de esta novena. Escúchanos, Señor.
(Puedes añadir tus peticiones.)
— Gozos —
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Llegamos a Ti con fe y oración:
danos, Niño amado, la conversión.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Niños y mayores, en larga procesión,
alegres te traemos nuestra oblación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Los jóvenes vienen con fe y con ardor,
llenos de esperanza, a Ti, Salvador.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que cada familia mire a Nazaret
y aprenda en su casa a amar y a creer.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que nos amemos nos pide el Señor,
y amar a Dios con todo el corazón.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Y al fin de mi vida, por Tu protección,
alcance la dicha de la salvación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
— Oración final —
Oh Jesús, que no viniste a ser servido sino a servir, haz que, siguiendo Tu ejemplo, sirvamos con generosidad a nuestros hermanos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
La buena noticia a los pastores
Día segundo de la Novena al Divino Niño Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración para todos los días —
Oh Dios, Padre bueno, que por amor nos diste a Tu Hijo como Salvador y Redentor nuestro: por los méritos de su santa infancia, aumenta nuestra fe y haz que demos fruto abundante en buenas obras. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— La Palabra de Dios —
Lucas 2, 10-11
El ángel les dijo a los pastores:
«No tengan miedo. Miren: les traigo la buena noticia de una gran alegría, destinada a todo el pueblo. Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Cristo, el Señor».
— Reflexión —
Los primeros en oír la noticia fueron unos pastores que pasaban la noche al raso, cuidando su rebaño. Eran gente sencilla, y a ellos habló el ángel antes que a nadie.
La alegría era para todo el pueblo: el Hijo de Dios se ha hecho hombre para salvarnos. Vino a compartir nuestra vida para que nosotros pudiéramos llegar a ser hijos de Dios. Esa es la gran alegría que anunció el ángel.
Los pastores fueron deprisa a Belén. Allí encontraron al Niño en el pesebre, con María y José. Después contaron lo que se les había dicho de él, y todos los que lo oían se admiraban.
También tú has recibido esa noticia. Quienes viven contigo pueden conocerla por ti: en lo que dices, en tu alegría y en la manera de tratarlos.
Dile hoy al Niño Jesús: Señor, que la alegría de Tu nacimiento llegue por mí a los de mi casa.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Propósito —
Contaré a alguien de mi casa, con sencillez, algo bueno que Dios ha hecho por mí.
— Oración comunitaria —
Llenos de confianza, presentemos a Dios nuestras peticiones:
Para que seamos testigos y apóstoles de Cristo ante los que nos rodean. Escúchanos, Señor.
Para que el Divino Niño, si es de su agrado, nos dé la gracia que hemos puesto en esta novena. Escúchanos, Señor.
(Puedes añadir tus peticiones.)
— Gozos —
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Llegamos a Ti con fe y oración:
danos, Niño amado, la conversión.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Niños y mayores, en larga procesión,
alegres te traemos nuestra oblación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Los jóvenes vienen con fe y con ardor,
llenos de esperanza, a Ti, Salvador.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que cada familia mire a Nazaret
y aprenda en su casa a amar y a creer.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que nos amemos nos pide el Señor,
y amar a Dios con todo el corazón.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Y al fin de mi vida, por Tu protección,
alcance la dicha de la salvación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
— Oración final —
Jesús mío, ayúdanos a vivir lo que prometimos en el bautismo: tomar Tu Evangelio como guía de nuestra vida y darlo a conocer a los demás. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
La presentación en el templo
Día tercero de la Novena al Divino Niño Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración para todos los días —
Oh Dios, Padre bueno, que por amor nos diste a Tu Hijo como Salvador y Redentor nuestro: por los méritos de su santa infancia, aumenta nuestra fe y haz que demos fruto abundante en buenas obras. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— La Palabra de Dios —
Lucas 2, 22
Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor.
— Reflexión —
María y José cumplieron con fidelidad la ley de su pueblo. Subieron con el Niño a Jerusalén y lo presentaron al Señor en el templo, como mandaba la ley para el primer hijo varón.
Aquel día pusieron en manos de Dios lo que Dios mismo les había dado. Jesús era su hijo, y a la vez pertenecía por entero al Padre.
Las familias cristianas llevan a sus hijos al bautismo y ese día prometen enseñarles la fe. La promesa se cumple poco a poco: con una oración antes de dormir, con la misa del domingo y, sobre todo, con el ejemplo de cada día.
También tú puedes presentar hoy al Señor a los niños que quieres: tus hijos, tus nietos, los pequeños de tu familia. Y puedes renovar lo que se prometió por ti en tu bautismo.
Dile hoy al Niño Jesús: Señor, te presento a los niños de mi familia; guárdalos en Tu amor, y que en mí encuentren un buen ejemplo.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Propósito —
Rezaré hoy con un niño de mi familia, o por él, y cuidaré el ejemplo que le doy.
— Oración comunitaria —
Con confianza, pidamos a Dios lo que necesitamos.
Para que los padres y los padrinos cumplan la promesa que hicieron de educar a los niños en la fe. Escúchanos, Señor.
Para que Jesús, si le agrada, escuche la petición que le hacemos en esta novena. Escúchanos, Señor.
(Puedes añadir tus peticiones.)
— Gozos —
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Llegamos a Ti con fe y oración:
danos, Niño amado, la conversión.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Niños y mayores, en larga procesión,
alegres te traemos nuestra oblación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Los jóvenes vienen con fe y con ardor,
llenos de esperanza, a Ti, Salvador.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que cada familia mire a Nazaret
y aprenda en su casa a amar y a creer.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que nos amemos nos pide el Señor,
y amar a Dios con todo el corazón.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Y al fin de mi vida, por Tu protección,
alcance la dicha de la salvación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
— Oración final —
Oh Jesús, Divino Maestro, da Tu luz a los padres y a todos los que educan en la fe a los niños y a los jóvenes, para que cumplan bien la gran misión que Dios les ha confiado. Amén.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
El anuncio de Simeón
Día cuarto de la Novena al Divino Niño Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración para todos los días —
Oh Dios, Padre bueno, que por amor nos diste a Tu Hijo como Salvador y Redentor nuestro: por los méritos de su santa infancia, aumenta nuestra fe y haz que demos fruto abundante en buenas obras. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— La Palabra de Dios —
Lucas 2, 34-35
Simeón los bendijo y dijo a María, la madre del niño:
«Mira: este niño está puesto para que muchos caigan y se levanten en Israel, y para ser una señal que encontrará oposición —y una espada atravesará tu propia alma—, para que salgan a la luz los pensamientos de muchos corazones».
— Reflexión —
Simeón tomó al Niño en brazos y bendijo a Dios. Después anunció a María algo difícil: su Hijo sería una señal que muchos rechazarían, y a ella una espada le atravesaría el alma.
Jesús vino para todos, y a nadie obliga. Dios nos creó libres y respeta esa libertad: su amor se ofrece y espera nuestra respuesta. Ante el Niño de Belén cada uno decide si lo recibe o lo deja pasar de largo.
María guardó aquel anuncio en su corazón. Con fe, y también con dolor, acompañó a su Hijo hasta la cruz, y allí permaneció de pie junto a él.
También tú eliges cada día. Puedes abrirle la puerta a Jesús en las decisiones pequeñas: en lo que haces, en lo que dices y en lo que dejas de hacer.
Dile hoy al Niño Jesús: Señor, quiero recibirte; pon orden en mi vida para que nada me aparte de Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Propósito —
Pondré orden hoy en algo de mi vida que me aleja de Dios.
— Oración comunitaria —
Como hijos que hablan con un padre que los ama, contemos a Dios lo que necesitamos:
Para que no hagamos mal uso de la libertad que Dios nos dio. Escúchanos, Señor.
Para que el Señor, si conviene para nuestra salvación, nos conceda lo que le pedimos. Escúchanos, Señor.
(Puedes añadir tus peticiones.)
— Gozos —
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Llegamos a Ti con fe y oración:
danos, Niño amado, la conversión.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Niños y mayores, en larga procesión,
alegres te traemos nuestra oblación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Los jóvenes vienen con fe y con ardor,
llenos de esperanza, a Ti, Salvador.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que cada familia mire a Nazaret
y aprenda en su casa a amar y a creer.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que nos amemos nos pide el Señor,
y amar a Dios con todo el corazón.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Y al fin de mi vida, por Tu protección,
alcance la dicha de la salvación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
— Oración final —
Jesús mío, que eres el camino, la verdad y la vida: ayúdame a vencer mi orgullo, para que cumpla lo que prometí en el bautismo, creer en Ti y seguirte todos los días de mi vida. Amén.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Jesús en Nazaret
Día quinto de la Novena al Divino Niño Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración para todos los días —
Oh Dios, Padre bueno, que por amor nos diste a Tu Hijo como Salvador y Redentor nuestro: por los méritos de su santa infancia, aumenta nuestra fe y haz que demos fruto abundante en buenas obras. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— La Palabra de Dios —
Lucas 2, 46-52
Al cabo de tres días, los padres de Jesús lo hallaron en el templo: estaba sentado entre los maestros, los escuchaba y les hacía preguntas.
Cuantos lo oían estaban admirados por su inteligencia y sus respuestas.
Al verlo, sus padres se quedaron impresionados, y su madre le preguntó:
«Hijo, ¿por qué nos hiciste esto? Mira que tu padre y yo, con el corazón dolido, te andábamos buscando».
Él les contestó:
«¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que yo debo estar en lo que es de mi Padre?».
Ellos no entendieron lo que les había dicho.
Bajó con ellos, llegó a Nazaret y vivía obedeciéndolos. Y su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.
Y Jesús avanzaba en sabiduría y en años, y en gracia a los ojos de Dios y de los hombres.
— Reflexión —
Después de tres días de angustia, María y José encontraron a Jesús en el templo. Él les habló de su Padre, y ellos no lo entendieron. Aun así, volvió con ellos a Nazaret y vivía obedeciéndolos.
En aquella casa sencilla el Hijo de Dios creció en sabiduría, en años y en gracia. Fue un niño de su pueblo, al cuidado de sus padres, en el trabajo sencillo de cada día.
María conservaba en su corazón lo que no alcanzaba a comprender. Así se vive la fe en familia: con paciencia, escuchándose y confiando en Dios cuando algo cuesta entender.
También tú tienes una familia, sea como sea la tuya. Los padres enseñan la fe más con la vida que con las palabras, y los hijos, a cualquier edad, honran a sus padres con su cariño.
Dile hoy al Niño Jesús: Señor, que en mi casa haya el amor y la paciencia que hubo en Nazaret.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Propósito —
Tendré hoy un gesto de paciencia y de cariño con alguien de mi casa.
— Oración comunitaria —
Por medio de Jesús, presentemos nuestras súplicas a Dios, nuestro Señor:
Para que las virtudes del Niño Jesús crezcan en cada uno de nuestros hogares. Escúchanos, Señor.
Para que Dios, si lo ve conveniente, nos dé la gracia que esperamos en esta novena. Escúchanos, Señor.
(Puedes añadir tus peticiones.)
— Gozos —
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Llegamos a Ti con fe y oración:
danos, Niño amado, la conversión.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Niños y mayores, en larga procesión,
alegres te traemos nuestra oblación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Los jóvenes vienen con fe y con ardor,
llenos de esperanza, a Ti, Salvador.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que cada familia mire a Nazaret
y aprenda en su casa a amar y a creer.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que nos amemos nos pide el Señor,
y amar a Dios con todo el corazón.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Y al fin de mi vida, por Tu protección,
alcance la dicha de la salvación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
— Oración final —
Oh Jesús, bendice a nuestras familias: que los padres vivan con más entrega su delicada tarea, y que entre padres e hijos haya cada día más cariño y más comprensión. Amén.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Jesús recibe a los niños
Día sexto de la Novena al Divino Niño Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración para todos los días —
Oh Dios, Padre bueno, que por amor nos diste a Tu Hijo como Salvador y Redentor nuestro: por los méritos de su santa infancia, aumenta nuestra fe y haz que demos fruto abundante en buenas obras. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— La Palabra de Dios —
Marcos 10, 13-16
Le acercaban a Jesús unos niños para que él los tocara, y los discípulos reñían a los que los llevaban.
Jesús, al verlo, se indignó y les dijo:
«Dejen venir a mí a los niños, no se lo impidan, porque a los que son como ellos les pertenece el reino de Dios.
En verdad les digo: el que no recibe como un niño el reino de Dios, no entrará en él».
Y los tomaba en brazos y los bendecía, poniendo sus manos sobre ellos.
— Reflexión —
Unos llevaban sus niños a Jesús, y los discípulos los reñían. Jesús se indignó con ellos y les dijo que dejaran a los pequeños acercarse a él. Los tomó en brazos, les impuso las manos y los bendijo.
Un niño recibe lo que se le da sin hacer cuentas. Así quiere Jesús que recibamos el reino de Dios: como un regalo, con la confianza de quien se sabe querido por su Padre.
La imagen del Divino Niño lo muestra de pie, con los brazos abiertos. Invita a acercarse a él sin miedo, a cualquier edad y en cualquier situación de la vida.
También tú puedes recibir así la palabra de Jesús. Léela despacio en el Evangelio, deja que te hable y guárdala en el corazón, con la sencillez de un niño que escucha a su padre.
Dile hoy al Niño Jesús: Señor, dame un corazón sencillo para recibir Tu palabra y vivirla.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Propósito —
Leeré hoy despacio un pasaje del Evangelio y guardaré una de sus frases.
— Oración comunitaria —
Con la luz de la Palabra de Dios, hagamos nuestra oración:
Para que Jesús nos dé un corazón dócil a lo que nos enseña. Escúchanos, Señor.
Para que el Señor, si así le agrada, nos conceda la gracia que hoy le confiamos. Escúchanos, Señor.
(Puedes añadir tus peticiones.)
— Gozos —
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Llegamos a Ti con fe y oración:
danos, Niño amado, la conversión.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Niños y mayores, en larga procesión,
alegres te traemos nuestra oblación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Los jóvenes vienen con fe y con ardor,
llenos de esperanza, a Ti, Salvador.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que cada familia mire a Nazaret
y aprenda en su casa a amar y a creer.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que nos amemos nos pide el Señor,
y amar a Dios con todo el corazón.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Y al fin de mi vida, por Tu protección,
alcance la dicha de la salvación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
— Oración final —
Señor, haz que comprendamos que para conocer a Cristo hace falta leer con amor el santo Evangelio y hacer de él la regla de nuestra vida. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Hacerse como niños
Día séptimo de la Novena al Divino Niño Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración para todos los días —
Oh Dios, Padre bueno, que por amor nos diste a Tu Hijo como Salvador y Redentor nuestro: por los méritos de su santa infancia, aumenta nuestra fe y haz que demos fruto abundante en buenas obras. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— La Palabra de Dios —
Mateo 18, 1-4
En aquel momento, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?».
Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo:
«En verdad les digo que, si no cambian de corazón y se hacen como niños pequeños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más importante en el reino de los cielos».
— Reflexión —
Los discípulos querían saber quién era el más importante. Jesús llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Para entrar en el reino, les dijo, hay que cambiar de corazón y hacerse pequeño.
Hacerse como niño es saber que uno necesita de Dios. Un niño sabe que depende de sus padres, pide ayuda cuando la necesita, reconoce cuando se equivoca y vuelve a empezar sin rencor.
Jesús conoce nuestra debilidad y nos tiene paciencia. Quiere un corazón humilde que se deje corregir, y ofrece siempre su perdón a quien vuelve a él.
También tú puedes mirar tu día con sencillez delante de Dios: dar gracias por lo bueno, reconocer lo que no hiciste bien y pedir ayuda para mañana. Así, poco a poco, el corazón se hace sencillo.
Dile hoy al Niño Jesús: Señor, hazme humilde de corazón, y enséñame a volver a Ti cada vez que me aparto.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Propósito —
Esta noche, antes de dormir, repasaré mi día delante de Dios.
— Oración comunitaria —
Puesta nuestra confianza en la bondad de Dios, digámosle lo que necesitamos:
Para que nos decidamos a renovar nuestra vida de oración y nuestro trato con los demás. Escúchanos, Señor.
Para que Jesús, si es su voluntad, nos conceda lo que le pedimos en estos días de novena. Escúchanos, Señor.
(Puedes añadir tus peticiones.)
— Gozos —
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Llegamos a Ti con fe y oración:
danos, Niño amado, la conversión.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Niños y mayores, en larga procesión,
alegres te traemos nuestra oblación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Los jóvenes vienen con fe y con ardor,
llenos de esperanza, a Ti, Salvador.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que cada familia mire a Nazaret
y aprenda en su casa a amar y a creer.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que nos amemos nos pide el Señor,
y amar a Dios con todo el corazón.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Y al fin de mi vida, por Tu protección,
alcance la dicha de la salvación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
— Oración final —
Señor, Tú conoces lo débiles e inconstantes que somos: ayúdanos con Tu gracia a crecer cada día, como Tu Hijo Jesús, en el amor a Ti y al prójimo, sin dejar de cultivar también lo humano y el saber. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
El cuidado de los pequeños
Día octavo de la Novena al Divino Niño Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración para todos los días —
Oh Dios, Padre bueno, que por amor nos diste a Tu Hijo como Salvador y Redentor nuestro: por los méritos de su santa infancia, aumenta nuestra fe y haz que demos fruto abundante en buenas obras. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— La Palabra de Dios —
Mateo 18, 5-7
Jesús dijo a sus discípulos:
«El que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí. Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno y lo hundieran en lo profundo del mar.
¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que vengan escándalos, pero ¡ay del hombre por quien viene el escándalo!».
— Reflexión —
Jesús se identifica con los pequeños: quien recibe a un niño en su nombre, lo recibe a él. Por eso son tan duras sus palabras contra quien hace caer a uno de ellos.
Los niños aprenden mirando. Imitan lo que ven en casa: cómo se habla, cómo se perdona, cómo se reza. El ejemplo de los mayores los acerca a Dios o los aleja de él, más que muchas palabras.
Jesús pidió a sus discípulos que su luz brillara ante los demás, para que, al ver sus buenas obras, dieran gloria al Padre del cielo. Esa luz empieza en la propia casa, en lo pequeño de cada día.
También tú eres ejemplo para alguien, aunque no lo sepas. Cuida tus palabras y tus gestos delante de los pequeños, y pide perdón cuando te equivoques.
Dile hoy al Niño Jesús: Señor, que los niños que están cerca de mí encuentren en mi vida un camino hacia Ti.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Propósito —
Cuidaré hoy mis palabras y mis gestos delante de los niños y de los jóvenes.
— Oración comunitaria —
Hablemos con Dios y pongamos ante él nuestras peticiones:
Para que en todas partes demos a conocer a Jesús con nuestra manera de vivir. Escúchanos, Señor.
Para que el Señor, si lo cree conveniente, nos dé la gracia que le confiamos en esta novena. Escúchanos, Señor.
(Puedes añadir tus peticiones.)
— Gozos —
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Llegamos a Ti con fe y oración:
danos, Niño amado, la conversión.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Niños y mayores, en larga procesión,
alegres te traemos nuestra oblación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Los jóvenes vienen con fe y con ardor,
llenos de esperanza, a Ti, Salvador.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que cada familia mire a Nazaret
y aprenda en su casa a amar y a creer.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que nos amemos nos pide el Señor,
y amar a Dios con todo el corazón.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Y al fin de mi vida, por Tu protección,
alcance la dicha de la salvación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
— Oración final —
Oh Jesús, que pasaste por el mundo haciendo el bien, ayúdanos con Tu gracia a imitarte, para que nuestras buenas obras sean para todos un ejemplo que lleve a Ti. Amén.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
La huida a Egipto
Día noveno de la Novena al Divino Niño Jesús.
— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
— Oración para todos los días —
Oh Dios, Padre bueno, que por amor nos diste a Tu Hijo como Salvador y Redentor nuestro: por los méritos de su santa infancia, aumenta nuestra fe y haz que demos fruto abundante en buenas obras. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
— La Palabra de Dios —
Mateo 2, 13-15
Cuando los magos se marcharon, un ángel del Señor se le aparece a José en sueños y le dice:
«Levántate, toma contigo al niño y a su madre; huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te lo diga, porque Herodes buscará al niño para acabar con él».
Él se levantó, tomó consigo al niño y a su madre en la noche, y se retiró a Egipto.
Estuvo allí hasta que murió Herodes, para que se cumpliera lo dicho por el Señor mediante el profeta:
«De Egipto llamé a mi hijo».
— Reflexión —
Herodes buscaba al Niño para matarlo. Un ángel del Señor avisó a José en sueños, y José se levantó de noche, tomó al Niño y a su madre y partió hacia Egipto. Obedeció enseguida.
Desde el principio el Hijo de Dios conoció el peligro y la vida lejos de su tierra. Aun así, el plan de Dios siguió adelante, y en todo aquello se cumplía lo anunciado por el profeta. Dios cumple lo que promete.
Dios quiere salvarnos y cuenta con nosotros. José colaboró con él cuidando al Niño y a su madre en el camino, con obras sencillas y a tiempo.
También tú puedes colaborar hoy con Dios en tu salvación y en la de los tuyos: escuchando su voz, haciendo el bien que tienes a mano y confiando en él cuando el camino se hace largo.
Dile hoy al Niño Jesús: Señor, Tú cumples Tus promesas; hazme fiel a Ti, como José, hasta el final.
(Quedémonos un momento en silencio.)
— Propósito —
Colaboraré hoy con Dios haciendo bien, y a tiempo, lo que me toca.
— Oración comunitaria —
Como hijos que confían, presentemos a Dios, nuestro Padre, lo que le pedimos:
Para que Jesús nos enseñe a usar bien nuestra libertad. Escúchanos, Señor.
Para que nuestro buen Jesús, si así le agrada, nos conceda la gracia que hemos pedido en esta novena. Escúchanos, Señor.
(Puedes añadir tus peticiones.)
— Gozos —
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Llegamos a Ti con fe y oración:
danos, Niño amado, la conversión.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Niños y mayores, en larga procesión,
alegres te traemos nuestra oblación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Los jóvenes vienen con fe y con ardor,
llenos de esperanza, a Ti, Salvador.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que cada familia mire a Nazaret
y aprenda en su casa a amar y a creer.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Que nos amemos nos pide el Señor,
y amar a Dios con todo el corazón.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
Y al fin de mi vida, por Tu protección,
alcance la dicha de la salvación.
Oh Niño Divino, mi Dios y Señor,
reina para siempre en mi corazón.
— Oración final —
Jesús mío, que no quieres que el pecador se pierda, sino que se convierta y viva: ayúdanos con Tu gracia a entender que guardar Tus mandamientos es el camino de la verdadera felicidad, en esta vida y en la eterna. Amén.
— Padrenuestro, Avemaría y Gloria —
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.

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