Novena · 9 días

Novena a la Asunción de la Virgen

Nueve días con María hacia su Asunción

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

¿Cómo será eso, pues no conozco varón?

9 minutos

Día primero de la Novena a la Asunción de la Virgen.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Tema del primer día: ¿Cómo será eso, pues no conozco varón? —

— Versículo introductorio —
El Señor la eligió.
Y la predestinó.

— Lectura —
Lucas 1, 26-34

En aquel tiempo, en el sexto mes, Dios envió al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida en matrimonio a un hombre de la casa de David, cuyo nombre era José. La virgen se llamaba María.

El ángel entró donde estaba ella y le dijo:
«Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo».

Estas palabras la dejaron muy desconcertada, y ella se ponía a pensar qué clase de saludo sería ese.

El ángel le dijo:
«No temas, María: has hallado favor delante de Dios. Mira, quedarás encinta y tendrás un hijo, y le darás el nombre de Jesús. Él será grande, y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le entregará el trono de David, su padre, y será rey sobre la casa de Jacob por los siglos; su reino no acabará nunca».

María le dijo al ángel:
«¿Cómo podrá ser eso, si yo no conozco varón?».

— Comentario —
(Lucas 1, 37)
«No hay palabra que Dios no pueda cumplir».

El 1 de noviembre de 1950, el papa Pío XII definió que la Virgen María, terminada su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. Esta novena prepara su fiesta con las seis veces que el Evangelio deja oír la voz de María.

La primera es una pregunta. El ángel le anuncia que será la madre del Hijo del Altísimo, y María, que cree lo que oye, quiere saber cómo sucederá, porque es virgen. El ángel le habla del Espíritu Santo y de la fuerza del Altísimo, y le da la razón de todo: Dios cumple lo que dice.

María pregunta para entender el camino, con el corazón ya dispuesto. Su pregunta nace de la fe y la lleva a entregarse del todo.

También tú puedes llevar a Dios tus preguntas, las que nacen de lo que no entiendes en tu vida. Él las escucha, y mientras tanto te pide que sigas confiando en su palabra.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen María: Señor, cuando no entienda Tus caminos, que siga confiando en Ti.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Peticiones —
Señor, la Virgen María escuchó Tu Palabra, la guardó en oración y se ofreció entera a Ti. Por su intercesión, concédenos escuchar Tu Palabra y hacerla oración, y que lo que te ofrecemos cada día sirva a los que sufren y nos mantenga fieles al Evangelio.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, la Virgen María se mantuvo firme junto a la cruz de su Hijo. Por su intercesión, enséñanos a quedarnos al lado de los enfermos y de los que sufren, y a llevarles el Evangelio, el consuelo y la paz.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú llevaste a la Virgen María a la gloria del cielo y la pusiste por encima de los ángeles y los santos. Por su intercesión, que ella nos mire con amor de madre y guíe nuestros pasos, para que, por el camino del amor, un día nos encontremos con ella en Tu gloria.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
Señor, concédenos, por intercesión de la Virgen María, permanecer fieles junto a los enfermos y a todos los que sufren, para que en nosotros encuentren una señal de su amor de madre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 2
Día 2

He aquí la esclava del Señor, hágase en mí, según tu palabra

8 minutos

Día segundo de la Novena a la Asunción de la Virgen.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Tema del segundo día: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí, según tu palabra —

— Versículo introductorio —
Aquí está la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu voluntad.

— Lectura —
Lucas 1, 35-38

En aquel tiempo, el ángel le respondió a María:
«Vendrá sobre ti el Espíritu Santo, y la fuerza del Altísimo te envolverá con su sombra. Por eso, el que va a nacer será santo, y lo llamarán Hijo de Dios.

Y fíjate: Isabel, tu parienta, también espera un hijo en su ancianidad, y la que llamaban estéril ya está en el sexto mes. Porque no hay palabra que Dios no pueda cumplir».

María dijo:
«Aquí está la esclava del Señor. Que me suceda según tu palabra».

Y el ángel se fue de su lado.

— Comentario —
(Imitación de Cristo 3, 15)
«Señor, si te agradare, hágase esto así».

María responde al ángel llamándose esclava del Señor, y se pone entera en sus manos: que se haga en ella lo que Dios ha dicho. La Iglesia guarda esa respuesta con una palabra latina, «fiat»: hágase.

Todavía no sabe lo que vendrá después: la pobreza de Belén, la huida a Egipto, la cruz. Dice que sí a Dios aquel día, y lo seguirá diciendo cada día hasta el Calvario.

En su respuesta hay libertad y alegría. Quien se fía de Dios puede decirle que sí sin conocer el camino entero, porque sabe en qué manos se pone.

También tú dices cada día, en el Padre nuestro, «hágase tu voluntad». Pídele a Dios que esas palabras pasen de los labios al corazón, en las cosas pequeñas y en las grandes.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen María: Señor, hágase en mí lo que Tú quieras, y dame un corazón disponible como el de María.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Peticiones —
Señor, la Virgen María escuchó Tu Palabra, la guardó en oración y se ofreció entera a Ti. Por su intercesión, concédenos escuchar Tu Palabra y hacerla oración, y que lo que te ofrecemos cada día sirva a los que sufren y nos mantenga fieles al Evangelio.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, la Virgen María se mantuvo firme junto a la cruz de su Hijo. Por su intercesión, enséñanos a quedarnos al lado de los enfermos y de los que sufren, y a llevarles el Evangelio, el consuelo y la paz.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú llevaste a la Virgen María a la gloria del cielo y la pusiste por encima de los ángeles y los santos. Por su intercesión, que ella nos mire con amor de madre y guíe nuestros pasos, para que, por el camino del amor, un día nos encontremos con ella en Tu gloria.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
Padre santo, Tú quisiste que Tu Hijo naciera de la Virgen María: por su intercesión, concédenos servirte con un corazón limpio, como ella, y estar siempre dispuestos a hacer Tu voluntad, para que nos entreguemos con alegría a los que sufren. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 3
Día 3

Proclama mi alma la grandeza del Señor

9 minutos

Día tercero de la Novena a la Asunción de la Virgen.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Tema del tercer día: Proclama mi alma la grandeza del Señor —

— Versículo introductorio —
Dichosa eres, santa María.
Y digna de toda alabanza.

— Lectura —
Lucas 1, 46-55

En aquel tiempo, María dijo:

Mi alma engrandece al Señor,
y mi espíritu se llena de júbilo
en Dios, mi Salvador.

Porque miró la pequeñez de su esclava.
Desde ahora todas las generaciones me llamarán dichosa,
porque el Poderoso hizo en mí cosas grandes:
santo es su nombre.

Y su misericordia alcanza, de una generación a otra,
a los que le temen.
Mostró el poder de su brazo,
dispersó a los que tenían el corazón lleno de soberbia.

Bajó a los poderosos de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los que tenían hambre,
y a los ricos los despidió sin nada.

Vino en ayuda de Israel, su siervo,
recordando su misericordia,
como lo había dicho a nuestros padres,
a Abraham y a su linaje para siempre.

— Comentario —
(Imitación de Cristo 2, 10)
«Sé agradecido en lo poco, y serás digno de recibir cosas mayores».

En casa de Isabel, María canta. Su canto empieza con la alegría de haber sido mirada por Dios: «Porque miró la pequeñez de su esclava». Todo lo que tiene lo recibe como un don, y por eso alaba al Señor.

El Magníficat es la oración de una mujer pobre que conoce a Dios. Canta su misericordia, que pasa de una generación a otra; canta que levanta a los humildes y llena de bienes a los que tienen hambre. En ese canto cabe la historia de su pueblo, y también la nuestra.

La Iglesia lo reza cada tarde, en las Vísperas, para aprender de María a dar gracias.

También tú puedes terminar el día mirando lo que Dios ha hecho por ti: la vida, la fe, las personas que te quieren, los favores pequeños que casi no se notan.

Dile hoy con María: Señor, mi alma te alaba; enséñame a darte gracias cada día.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Peticiones —
Señor, la Virgen María escuchó Tu Palabra, la guardó en oración y se ofreció entera a Ti. Por su intercesión, concédenos escuchar Tu Palabra y hacerla oración, y que lo que te ofrecemos cada día sirva a los que sufren y nos mantenga fieles al Evangelio.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, la Virgen María se mantuvo firme junto a la cruz de su Hijo. Por su intercesión, enséñanos a quedarnos al lado de los enfermos y de los que sufren, y a llevarles el Evangelio, el consuelo y la paz.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú llevaste a la Virgen María a la gloria del cielo y la pusiste por encima de los ángeles y los santos. Por su intercesión, que ella nos mire con amor de madre y guíe nuestros pasos, para que, por el camino del amor, un día nos encontremos con ella en Tu gloria.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
Dios, Salvador nuestro, que por medio de María llevaste la alegría y la salvación a la casa de Isabel: concédenos cantar Tu grandeza con una vida santa y salir con gozo al encuentro de los que sufren, para que en nosotros reconozcan a Cristo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 4
Día 4

Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros?

10 minutos

Día cuarto de la Novena a la Asunción de la Virgen.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Tema del cuarto día: Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? —

— Versículo introductorio —
María conservaba todas estas cosas.
Meditándolas en su corazón.

— Lectura —
Lucas 2, 41-52

En aquel tiempo, los padres de Jesús iban cada año a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando él cumplió doce años, subieron a la fiesta, como era costumbre.

Al terminar aquellos días, mientras ellos volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino, y lo buscaban entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén buscándolo.

Al cabo de tres días, lo hallaron en el templo: estaba sentado entre los maestros, los escuchaba y les hacía preguntas.

Cuantos lo oían estaban admirados por su inteligencia y sus respuestas.

Al verlo, sus padres se quedaron impresionados, y su madre le preguntó:
«Hijo, ¿por qué nos hiciste esto? Mira que tu padre y yo, con el corazón dolido, te andábamos buscando».

Él les contestó:
«¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que yo debo estar en lo que es de mi Padre?».

Ellos no entendieron lo que les había dicho.

Bajó con ellos, llegó a Nazaret y vivía obedeciéndolos. Y su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

Y Jesús avanzaba en sabiduría y en años, y en gracia a los ojos de Dios y de los hombres.

— Comentario —
(Imitación de Cristo 3, 30)
«¿Dónde está tu fe? Ten firmeza y perseverancia».

Cuando Jesús tenía doce años, se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. María y José lo buscaron, y al cabo de tres días lo encontraron en el templo. Entonces María le dijo lo que sentía: «Hijo, ¿por qué nos hiciste esto?».

Es la pregunta de una madre angustiada, dicha con confianza. Jesús le respondió que debía estar en lo que es de su Padre, y el Evangelio cuenta que ellos no entendieron lo que les decía. Aun así, María conservaba todas aquellas cosas en su corazón.

La Virgen vivió momentos que no comprendía. Los guardó en silencio y siguió creyendo, a la espera de que Dios le diera a entender su sentido.

También tú pasas a veces por días en que Dios parece lejos y las cosas no tienen explicación. Puedes decirle, como María, lo que te duele, y después guardar en el corazón lo que no entiendes, sin dejar de buscarlo.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen María: Señor, cuando no te encuentre, dame una fe que siga buscándote.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Peticiones —
Señor, la Virgen María escuchó Tu Palabra, la guardó en oración y se ofreció entera a Ti. Por su intercesión, concédenos escuchar Tu Palabra y hacerla oración, y que lo que te ofrecemos cada día sirva a los que sufren y nos mantenga fieles al Evangelio.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, la Virgen María se mantuvo firme junto a la cruz de su Hijo. Por su intercesión, enséñanos a quedarnos al lado de los enfermos y de los que sufren, y a llevarles el Evangelio, el consuelo y la paz.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú llevaste a la Virgen María a la gloria del cielo y la pusiste por encima de los ángeles y los santos. Por su intercesión, que ella nos mire con amor de madre y guíe nuestros pasos, para que, por el camino del amor, un día nos encontremos con ella en Tu gloria.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
Padre santo, Jesús se quedó en el templo porque debía estar en lo que es Tuyo: por intercesión de Santa María, danos entender cada día mejor Tu voluntad, y haz que, guardando Tu Palabra en el corazón, seamos discípulos fieles de Tu Hijo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 5
Día 5

No tienen vino

8 minutos

Día quinto de la Novena a la Asunción de la Virgen.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Tema del quinto día: No tienen vino —

— Versículo introductorio —
Dichosa la Virgen María.
Porque se compadece de los necesitados.

— Lectura —
Juan 2, 1-4

Al tercer día hubo una fiesta de bodas en Caná de Galilea, y allí se encontraba la madre de Jesús. Jesús fue invitado también a la boda, con sus discípulos.

Como el vino se terminó, la madre de Jesús se dirigió a él:
«No tienen vino».

Jesús le respondió:
«Mujer, ¿qué nos va en eso a ti y a mí? Mi hora aún no ha llegado».

— Comentario —
(Imitación de Cristo 3, 15)
«Señor, Tú sabes lo que es mejor: haz esto o aquello, según te agradare».

En las bodas de Caná, María se da cuenta de que el vino se ha terminado. La fiesta de unos novios podía quedar deslucida. Ella se acerca a su Hijo y le dice solo esto: «No tienen vino».

María le presenta la necesidad y la deja en sus manos, sin decirle lo que tiene que hacer. Así reza quien confía: pone delante de Dios lo que falta y deja en sus manos el cómo y el cuándo.

Esa palabra breve es también la oración de la Madre por nosotros. Ella ve lo que nos falta y lo lleva a su Hijo.

También tú puedes rezar así por los tuyos: nombrar ante Dios lo que les falta y esperar con paz su respuesta.

Dile hoy, con la Virgen María: Señor, te presento lo que nos falta; haz Tú lo que sea mejor.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Peticiones —
Señor, la Virgen María escuchó Tu Palabra, la guardó en oración y se ofreció entera a Ti. Por su intercesión, concédenos escuchar Tu Palabra y hacerla oración, y que lo que te ofrecemos cada día sirva a los que sufren y nos mantenga fieles al Evangelio.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, la Virgen María se mantuvo firme junto a la cruz de su Hijo. Por su intercesión, enséñanos a quedarnos al lado de los enfermos y de los que sufren, y a llevarles el Evangelio, el consuelo y la paz.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú llevaste a la Virgen María a la gloria del cielo y la pusiste por encima de los ángeles y los santos. Por su intercesión, que ella nos mire con amor de madre y guíe nuestros pasos, para que, por el camino del amor, un día nos encontremos con ella en Tu gloria.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
Padre santo, en las bodas de Caná la Virgen María vio lo que faltaba y se lo presentó a su Hijo: concédenos que siga intercediendo por nosotros, para que los afligidos encuentren ayuda, los tristes consuelo, los que dudan firmeza y los enfermos esperanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 6
Día 6

Hagan lo que él les diga

9 minutos

Día sexto de la Novena a la Asunción de la Virgen.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Tema del sexto día: Hagan lo que él les diga —

— Versículo introductorio —
Dichosa eres, Virgen María.
Porque intercediste ante tu Hijo Jesús.

— Lectura —
Juan 2, 5-11

En aquel tiempo, en las bodas de Caná, la madre de Jesús dijo a los sirvientes:
«Lo que él les diga, háganlo».

Había allí seis tinajas de piedra, puestas para el rito de purificación de los judíos; en cada una cabían dos o tres medidas.

Jesús les dijo:
«Llenen de agua las tinajas».
Y las llenaron hasta arriba.

Entonces les dijo:
«Saquen ahora y llévenselo al encargado del banquete».
Y se lo llevaron.

El encargado del banquete probó el agua que se había vuelto vino. Él no sabía de dónde venía, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces llamó al novio y le dijo:
«Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya han bebido mucho, el de menos calidad. Tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

Este fue el primero de los signos que hizo Jesús, en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

— Comentario —
(Juan 14, 23)
«Si uno me ama, guardará mi palabra».

Después de hablar con su Hijo, María se vuelve hacia los que sirven la mesa y les dice: «Lo que él les diga, háganlo». Son sus últimas palabras en el Evangelio.

Jesús les manda llenar de agua las tinajas y llevarle una parte al encargado del banquete. Los sirvientes obedecen sin entender, y el agua se convierte en vino. Fue el primero de sus signos, y sus discípulos creyeron en él.

Todo lo que María dice termina en su Hijo, y hacia él lleva a los que la escuchan.

También tú escuchas hoy esas palabras de la Madre. Lo que Jesús te pide está en el Evangelio: perdonar, servir, rezar, confiar en el Padre. A veces se obedece sin ver todavía el fruto, como aquellos sirvientes con sus tinajas.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen María: Señor, quiero hacer lo que Tú me digas; dame fuerza para cumplirlo.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Peticiones —
Señor, la Virgen María escuchó Tu Palabra, la guardó en oración y se ofreció entera a Ti. Por su intercesión, concédenos escuchar Tu Palabra y hacerla oración, y que lo que te ofrecemos cada día sirva a los que sufren y nos mantenga fieles al Evangelio.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, la Virgen María se mantuvo firme junto a la cruz de su Hijo. Por su intercesión, enséñanos a quedarnos al lado de los enfermos y de los que sufren, y a llevarles el Evangelio, el consuelo y la paz.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú llevaste a la Virgen María a la gloria del cielo y la pusiste por encima de los ángeles y los santos. Por su intercesión, que ella nos mire con amor de madre y guíe nuestros pasos, para que, por el camino del amor, un día nos encontremos con ella en Tu gloria.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
Señor, Tú quisiste que la Virgen María estuviera junto a Tu Hijo en el primero de sus signos: concédenos hacer lo que él nos manda en el Evangelio y anunciar a todos que ha llegado el tiempo de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 7
Día 7

Epílogo de la vida de María

8 minutos

Día séptimo de la Novena a la Asunción de la Virgen.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Tema del séptimo día: Epílogo de la vida de María —

— Versículo introductorio —
Alégrate, María, llena de gracia.
Porque has escuchado la Palabra divina.

— Lectura —
Lucas 8, 19-21

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la multitud.

Le avisaron:
«Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte».

Él les respondió:
«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica».

— Comentario —
(Imitación de Cristo 2, 12)
«Si de buena voluntad llevas la cruz, ella te llevará y te guiará al fin deseado».

Hemos escuchado las palabras de María en el Evangelio. Todas muestran lo mismo: que se fió de Dios y vivió para su Hijo. Jesús lo dijo a su manera: su madre y sus hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.

María la escuchó y la cumplió desde Nazaret hasta el Calvario. En la Anunciación dijo que sí con palabras, y al pie de la cruz lo dijo en silencio, de pie junto a su Hijo.

La Asunción es el final de ese camino. La que compartió la cruz de su Hijo comparte ahora su victoria, y desde el cielo sigue intercediendo por nosotros.

También tú haces tu camino con la cruz de cada día. Llevada con amor y unida a la de Cristo, esa cruz también conduce al cielo.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen María: Señor, que escuche Tu palabra y la cumpla, como María, hasta el final.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Peticiones —
Señor, la Virgen María escuchó Tu Palabra, la guardó en oración y se ofreció entera a Ti. Por su intercesión, concédenos escuchar Tu Palabra y hacerla oración, y que lo que te ofrecemos cada día sirva a los que sufren y nos mantenga fieles al Evangelio.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, la Virgen María se mantuvo firme junto a la cruz de su Hijo. Por su intercesión, enséñanos a quedarnos al lado de los enfermos y de los que sufren, y a llevarles el Evangelio, el consuelo y la paz.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú llevaste a la Virgen María a la gloria del cielo y la pusiste por encima de los ángeles y los santos. Por su intercesión, que ella nos mire con amor de madre y guíe nuestros pasos, para que, por el camino del amor, un día nos encontremos con ella en Tu gloria.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
Señor, por la Virgen María nos diste a Tu Hijo, y quisiste unirla a la obra de nuestra salvación: haz que, como ella, guardemos Tu Palabra en el corazón, seamos constantes en la oración y te ofrezcamos la vida entera para alabanza de Tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 8
Día 8

María fue asunta en cuerpo y alma al cielo

8 minutos

Día octavo de la Novena a la Asunción de la Virgen.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Tema del octavo día: María fue asunta en cuerpo y alma al cielo —

— Versículo introductorio —
Dichosa tú, María, que llevaste a Cristo en tu seno.
Y Él te llevó al cielo en cuerpo y alma.

— Lectura —
Pío XII, Munificentissimus Deus (1950), 44

Por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, y por la nuestra, proclamamos, declaramos y definimos que es dogma revelado por Dios que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo.

— Comentario —
(Filipenses 3, 20)
«Nosotros tenemos nuestra ciudadanía en el cielo, y es de allí de donde aguardamos al Salvador, el Señor Jesucristo».

La Iglesia cree que la Virgen María, al terminar su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. Lo definió el papa Pío XII en 1950, y los cristianos lo celebraban ya desde hacía muchos siglos.

María está ya junto a su Hijo resucitado. En ella se ha cumplido del todo lo que Dios promete a los que le son fieles: vivir con él para siempre, también con el cuerpo resucitado.

Desde el cielo, la Virgen sigue siendo madre, y acompaña con su oración a la Iglesia que todavía camina en la tierra.

También tú estás hecho para el cielo. Lo que vives aquí tiene valor, y a la vez es camino hacia la casa que Dios prepara. Mirar a María en la gloria da esperanza cuando la vida pesa.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen María: Señor, que tenga los ojos puestos en el cielo y viva cada día hacia Ti.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Peticiones —
Señor, la Virgen María escuchó Tu Palabra, la guardó en oración y se ofreció entera a Ti. Por su intercesión, concédenos escuchar Tu Palabra y hacerla oración, y que lo que te ofrecemos cada día sirva a los que sufren y nos mantenga fieles al Evangelio.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, la Virgen María se mantuvo firme junto a la cruz de su Hijo. Por su intercesión, enséñanos a quedarnos al lado de los enfermos y de los que sufren, y a llevarles el Evangelio, el consuelo y la paz.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú llevaste a la Virgen María a la gloria del cielo y la pusiste por encima de los ángeles y los santos. Por su intercesión, que ella nos mire con amor de madre y guíe nuestros pasos, para que, por el camino del amor, un día nos encontremos con ella en Tu gloria.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
Señor, Tú miraste la pequeñez de Tu esclava María, la hiciste Madre de Tu Hijo y la llevaste a la gloria del cielo: por su intercesión, concédenos seguir su ejemplo en el amor, para que un día nos alegremos con ella en Tu presencia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Día 9
Día 9

María creyó en la Palabra del Señor y en su cumplimiento

9 minutos

Día noveno de la Novena a la Asunción de la Virgen.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Tema del noveno día: María creyó en la Palabra del Señor y en su cumplimiento —

— Versículo introductorio —
Dichosa tú, María, porque has creído.
Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

— Lectura —
Lucas 1, 39-45

Por esos días, María se levantó y se dirigió deprisa a la región de las montañas, a una ciudad de Judá. Entró a casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Al oír Isabel el saludo de María, el niño brincó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo.

Y alzó la voz con un gran grito:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo es que la madre de mi Señor viene a visitarme?

Mira: apenas sonó en mis oídos la voz de tu saludo, el niño brincó de alegría en mi seno. Dichosa la que creyó que se cumpliría lo que el Señor le había dicho».

— Comentario —
(Juan 20, 29)
«Dichosos los que no vieron y creyeron».

«Dichosa la que creyó». Así saludó Isabel a María cuando la vio llegar a su casa. Es la primera bienaventuranza del Evangelio de san Lucas, y es para la Virgen.

María creyó que se cumpliría lo que Dios le había dicho, y se cumplió: el Hijo prometido nació de ella, murió y resucitó, y ella misma fue llevada al cielo. Su vida entera es la historia de una fe que Dios premió.

Después de la resurrección, Jesús llamó dichosos a los que creen sin haber visto. Esa dicha es también para ti, y la fe de María abre el camino a la de todos los que creen en la palabra de Dios.

También tú puedes creer que Dios cumplirá lo que ha prometido: su perdón, su compañía, la vida eterna.

Dile hoy, por intercesión de la Virgen María: Señor, aumenta mi fe, y hazme dichoso creyendo en Tu palabra.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Peticiones —
Señor, la Virgen María escuchó Tu Palabra, la guardó en oración y se ofreció entera a Ti. Por su intercesión, concédenos escuchar Tu Palabra y hacerla oración, y que lo que te ofrecemos cada día sirva a los que sufren y nos mantenga fieles al Evangelio.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, la Virgen María se mantuvo firme junto a la cruz de su Hijo. Por su intercesión, enséñanos a quedarnos al lado de los enfermos y de los que sufren, y a llevarles el Evangelio, el consuelo y la paz.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú llevaste a la Virgen María a la gloria del cielo y la pusiste por encima de los ángeles y los santos. Por su intercesión, que ella nos mire con amor de madre y guíe nuestros pasos, para que, por el camino del amor, un día nos encontremos con ella en Tu gloria.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

— Oración final —
Que la oración de la Madre de Dios, Señor, socorra a Tu pueblo: aunque sabemos que ella, por la condición de la carne, partió de este mundo, haz que sintamos que en la gloria del cielo intercede por nosotros ante Ti.

Perdona, Señor, las culpas de Tus siervos, para que, ya que no podemos agradarte por nuestras obras, nos salve la intercesión de la Madre de Tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina Contigo por los siglos de los siglos.

Amén.

También hoy