Novena · 9 días

Novena por las Benditas Ánimas del Purgatorio

Nueve días rezando por nuestros difuntos

Rézala en Bendita con una voz cálida y un recordatorio cada día, para no perder el ritmo.

Día 1

La delicadeza de conciencia

10 minutos

Día primero de la Novena por las Ánimas del Purgatorio.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración propia de la novena —
Padre de misericordia, unido a los santos que ya te alaban en el cielo, te suplico que te compadezcas de las almas del purgatorio.

Acuérdate del amor con que las creaste, y mira en ellas los méritos de Tu Hijo amado. Líbralas pronto de sus penas, para que entren en Tu paz. Te doy gracias, Padre, porque les diste la gracia de perseverar hasta el final.

Señor Jesucristo, Rey de la gloria, escucha con bondad mi oración y abre a las almas del purgatorio la puerta de Tu reino, en especial a (nombra aquí a tus difuntos).

Sácalas de la oscuridad y llévalas a la luz de Tu presencia. Te doy gracias, Señor, porque las rescataste con Tu sangre preciosa y las libraste de la muerte eterna.

Espíritu Santo, haz arder en mí Tu amor y aumenta mi fe y mi confianza. Acoge lo que te pido por las almas que se purifican, y en especial por mis padres, mis hermanos, mis bienhechores, mis parientes y mis amigos difuntos. Haz que un día nos encontremos todos en Tu gloria.

Te doy gracias, Espíritu Santo, por el consuelo que das a estas almas con la esperanza cierta de la vida eterna. Que muy pronto se unan a Ti y oigan la voz del Señor que las llama: «Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo». Amén.

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 24)
«Mejor es purgar ahora los pecados y cortar los vicios que dejar el purgarlos para lo venidero».

La oración de hoy pide para nosotros una conciencia delicada, que procure agradar a Dios también en las cosas pequeñas. Es la santidad a la que el Señor llama a todos sus hijos.

Las almas del purgatorio ya están salvadas, pero todavía no están del todo limpias para ver a Dios. La Iglesia enseña que allí se purifican, y que nuestras oraciones, y sobre todo la misa, les sirven de ayuda.

La Imitación de Cristo aconseja no dejar esa purificación para después. La penitencia de cada día, unida a la Pasión de Cristo, limpia el corazón, y puede ofrecerse también por los difuntos.

También tú puedes cuidar hoy tu conciencia: examinarla por la noche con calma, pedir perdón a quien hayas ofendido y acercarte a la confesión.

Dile hoy al Señor: Señor, dame un corazón limpio y delicado, y lleva pronto a Tu presencia a las almas que se purifican.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Día primero —
Señor Jesucristo, Tú quieres que tengamos una conciencia muy delicada y una santidad completa: te pedimos que nos la des a nosotros; y a quienes, por no haberla tenido, se purifican ahora en el purgatorio, aplícales nuestros sufragios y llévalos pronto de esas penas a la gloria. Te lo pedimos por intercesión de María, Tu Madre purísima, y del glorioso San José.

— Oración por un miembro de la familia —
Buen Jesús, que te compadecías siempre del dolor de los demás: mira con piedad a mis familiares difuntos que se purifican en el purgatorio. Escucha lo que te pido por ellos, y a los que llamaste de nuestro lado concédeles pronto el descanso eterno en la casa de Tu Padre. Amén.

— Oración por los padres difuntos —
Oh Dios, que nos mandaste honrar al padre y a la madre: ten piedad, en Tu clemencia, de mi padre y de mi madre difuntos, perdónales sus pecados y concédeme verlos un día en la alegría de la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración para las almas del purgatorio —
Padre eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de Jesús, Tu Hijo divino, unida a todas las misas que hoy se celebran en el mundo entero: por las benditas almas del purgatorio, por los pecadores de toda la tierra y de toda la Iglesia, y por los de mi casa y de mi familia. Amén.

— Oración final —
Oh Dios, Creador y Redentor nuestro: por Tu poder, Cristo venció a la muerte y subió lleno de gloria a Tu lado.

Concede a todos Tus hijos que nos precedieron en la fe, y en especial a los que hoy te encomendamos, tener parte en su victoria y contemplar para siempre Tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.
Amén.

— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 2
Día 2

La comunión de los santos

10 minutos

Día segundo de la Novena por las Ánimas del Purgatorio.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración propia de la novena —
Padre de misericordia, unido a los santos que ya te alaban en el cielo, te suplico que te compadezcas de las almas del purgatorio.

Acuérdate del amor con que las creaste, y mira en ellas los méritos de Tu Hijo amado. Líbralas pronto de sus penas, para que entren en Tu paz. Te doy gracias, Padre, porque les diste la gracia de perseverar hasta el final.

Señor Jesucristo, Rey de la gloria, escucha con bondad mi oración y abre a las almas del purgatorio la puerta de Tu reino, en especial a (nombra aquí a tus difuntos).

Sácalas de la oscuridad y llévalas a la luz de Tu presencia. Te doy gracias, Señor, porque las rescataste con Tu sangre preciosa y las libraste de la muerte eterna.

Espíritu Santo, haz arder en mí Tu amor y aumenta mi fe y mi confianza. Acoge lo que te pido por las almas que se purifican, y en especial por mis padres, mis hermanos, mis bienhechores, mis parientes y mis amigos difuntos. Haz que un día nos encontremos todos en Tu gloria.

Te doy gracias, Espíritu Santo, por el consuelo que das a estas almas con la esperanza cierta de la vida eterna. Que muy pronto se unan a Ti y oigan la voz del Señor que las llama: «Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo». Amén.

— Consideración del día —
(1 Corintios 12, 26)
«Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; si un miembro recibe honra, todos los miembros se alegran con él».

San Pablo compara a la Iglesia con un cuerpo: Cristo es la cabeza, y nosotros somos sus miembros. Lo que le pasa a uno les importa a todos.

Ese cuerpo no se rompe con la muerte. La Iglesia lo llama comunión de los santos: los que ya gozan de Dios, los que se purifican y los que todavía caminamos en la tierra estamos unidos en Cristo.

Por eso podemos ayudarnos unos a otros. Los santos interceden por nosotros, y nuestras oraciones y buenas obras llegan como un alivio a los hermanos que se purifican.

También tú formas parte de ese cuerpo. Cuando rezas por un difunto, le tiendes la mano a un hermano que espera ver a Dios.

Reza hoy así: Señor Jesús, cabeza de la Iglesia, úneme más a Ti, y que mi oración ayude a mis hermanos del purgatorio.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Día segundo —
Señor Jesucristo, cabeza de todos los fieles, que en Ti formamos un solo cuerpo, que es la Iglesia: te pedimos que nos unas cada día más a Ti, y que lo que rezamos y hacemos de bueno sirva de ayuda a nuestros hermanos del purgatorio, para que pronto se reúnan con sus hermanos del cielo.

— Oración por un miembro de la familia —
Buen Jesús, que te compadecías siempre del dolor de los demás: mira con piedad a mis familiares difuntos que se purifican en el purgatorio. Escucha lo que te pido por ellos, y a los que llamaste de nuestro lado concédeles pronto el descanso eterno en la casa de Tu Padre. Amén.

— Oración por los padres difuntos —
Oh Dios, que nos mandaste honrar al padre y a la madre: ten piedad, en Tu clemencia, de mi padre y de mi madre difuntos, perdónales sus pecados y concédeme verlos un día en la alegría de la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración para las almas del purgatorio —
Padre eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de Jesús, Tu Hijo divino, unida a todas las misas que hoy se celebran en el mundo entero: por las benditas almas del purgatorio, por los pecadores de toda la tierra y de toda la Iglesia, y por los de mi casa y de mi familia. Amén.

— Oración final —
Oh Dios, Creador y Redentor nuestro: por Tu poder, Cristo venció a la muerte y subió lleno de gloria a Tu lado.

Concede a todos Tus hijos que nos precedieron en la fe, y en especial a los que hoy te encomendamos, tener parte en su victoria y contemplar para siempre Tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.
Amén.

— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 3
Día 3

La justicia y la misericordia de Dios

10 minutos

Día tercero de la Novena por las Ánimas del Purgatorio.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración propia de la novena —
Padre de misericordia, unido a los santos que ya te alaban en el cielo, te suplico que te compadezcas de las almas del purgatorio.

Acuérdate del amor con que las creaste, y mira en ellas los méritos de Tu Hijo amado. Líbralas pronto de sus penas, para que entren en Tu paz. Te doy gracias, Padre, porque les diste la gracia de perseverar hasta el final.

Señor Jesucristo, Rey de la gloria, escucha con bondad mi oración y abre a las almas del purgatorio la puerta de Tu reino, en especial a (nombra aquí a tus difuntos).

Sácalas de la oscuridad y llévalas a la luz de Tu presencia. Te doy gracias, Señor, porque las rescataste con Tu sangre preciosa y las libraste de la muerte eterna.

Espíritu Santo, haz arder en mí Tu amor y aumenta mi fe y mi confianza. Acoge lo que te pido por las almas que se purifican, y en especial por mis padres, mis hermanos, mis bienhechores, mis parientes y mis amigos difuntos. Haz que un día nos encontremos todos en Tu gloria.

Te doy gracias, Espíritu Santo, por el consuelo que das a estas almas con la esperanza cierta de la vida eterna. Que muy pronto se unan a Ti y oigan la voz del Señor que las llama: «Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo». Amén.

— Consideración del día —
(Lucas 23, 43)
«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Con Jesús crucificaron a dos malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Uno lo insultaba. El otro reconoció su culpa y le dijo: «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino».

Aquel hombre no tenía obras que presentar. Se volvió a la misericordia en la última hora, y Jesús le abrió el paraíso ese mismo día.

Dios es justo y es misericordioso. La oración de hoy le pide lo que necesitamos: para nosotros, la gracia de no pecar; para los que no llegaron a reparar en esta vida el mal que hicieron, su misericordia.

También tú puedes repetir la oración del buen ladrón. Y puedes decirla por las almas del purgatorio, que ya no pueden hacer nada por sí mismas y esperan en la misericordia de Dios.

Háblale hoy a Jesús con esas mismas palabras: Señor Jesús, acuérdate de mí, y acuérdate de los difuntos que esperan entrar en Tu reino.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Día tercero —
Señor Jesucristo, que castigas con justicia el pecado, aquí o en la vida futura: danos la gracia de no pecar nunca, y ten piedad de los que pecaron y no hicieron penitencia en esta vida, unos porque les faltó tiempo y otros porque no quisieron dejar su comodidad, y ahora pagan sus penas en el purgatorio; y llévalos pronto, a ellos y a todos, al descanso.

— Oración por un miembro de la familia —
Buen Jesús, que te compadecías siempre del dolor de los demás: mira con piedad a mis familiares difuntos que se purifican en el purgatorio. Escucha lo que te pido por ellos, y a los que llamaste de nuestro lado concédeles pronto el descanso eterno en la casa de Tu Padre. Amén.

— Oración por los padres difuntos —
Oh Dios, que nos mandaste honrar al padre y a la madre: ten piedad, en Tu clemencia, de mi padre y de mi madre difuntos, perdónales sus pecados y concédeme verlos un día en la alegría de la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración para las almas del purgatorio —
Padre eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de Jesús, Tu Hijo divino, unida a todas las misas que hoy se celebran en el mundo entero: por las benditas almas del purgatorio, por los pecadores de toda la tierra y de toda la Iglesia, y por los de mi casa y de mi familia. Amén.

— Oración final —
Oh Dios, Creador y Redentor nuestro: por Tu poder, Cristo venció a la muerte y subió lleno de gloria a Tu lado.

Concede a todos Tus hijos que nos precedieron en la fe, y en especial a los que hoy te encomendamos, tener parte en su victoria y contemplar para siempre Tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.
Amén.

— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 4
Día 4

Los pecados veniales

10 minutos

Día cuarto de la Novena por las Ánimas del Purgatorio.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración propia de la novena —
Padre de misericordia, unido a los santos que ya te alaban en el cielo, te suplico que te compadezcas de las almas del purgatorio.

Acuérdate del amor con que las creaste, y mira en ellas los méritos de Tu Hijo amado. Líbralas pronto de sus penas, para que entren en Tu paz. Te doy gracias, Padre, porque les diste la gracia de perseverar hasta el final.

Señor Jesucristo, Rey de la gloria, escucha con bondad mi oración y abre a las almas del purgatorio la puerta de Tu reino, en especial a (nombra aquí a tus difuntos).

Sácalas de la oscuridad y llévalas a la luz de Tu presencia. Te doy gracias, Señor, porque las rescataste con Tu sangre preciosa y las libraste de la muerte eterna.

Espíritu Santo, haz arder en mí Tu amor y aumenta mi fe y mi confianza. Acoge lo que te pido por las almas que se purifican, y en especial por mis padres, mis hermanos, mis bienhechores, mis parientes y mis amigos difuntos. Haz que un día nos encontremos todos en Tu gloria.

Te doy gracias, Espíritu Santo, por el consuelo que das a estas almas con la esperanza cierta de la vida eterna. Que muy pronto se unan a Ti y oigan la voz del Señor que las llama: «Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo». Amén.

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 25)
«El que no evita los defectos pequeños, poco a poco cae en los grandes».

La oración de hoy pide un santo temor de los pecados veniales. Son las faltas de cada día: no nos apartan de Dios, pero enfrían nuestro amor.

La Imitación de Cristo advierte que lo pequeño, si se descuida, prepara lo grande. Una impaciencia repetida, una palabra dura o una pereza consentida van endureciendo el corazón.

La Iglesia enseña que el purgatorio purifica también de esas faltas. Por eso rezamos por los que se fueron con el corazón todavía apegado a sus defectos, y confiamos en que Dios terminará de limpiarlos.

También tú puedes pedir perdón cada noche por las faltas del día, aunque parezcan pequeñas. La confesión frecuente ayuda mucho a vencerlas, con paciencia.

Ora hoy con humildad: Señor, dame un corazón atento a lo pequeño, y ten misericordia de las almas que se purifican de sus faltas.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Día cuarto —
Señor Jesucristo, que aun por las faltas veniales pides reparación, aquí o después de la muerte: danos un santo temor de esas faltas, y compadécete de quienes, por haberlas cometido, se purifican ahora en el purgatorio; y a ellos, como a todos los pecadores, sácalos de sus penas y llévalos a la gloria eterna.

— Oración por un miembro de la familia —
Buen Jesús, que te compadecías siempre del dolor de los demás: mira con piedad a mis familiares difuntos que se purifican en el purgatorio. Escucha lo que te pido por ellos, y a los que llamaste de nuestro lado concédeles pronto el descanso eterno en la casa de Tu Padre. Amén.

— Oración por los padres difuntos —
Oh Dios, que nos mandaste honrar al padre y a la madre: ten piedad, en Tu clemencia, de mi padre y de mi madre difuntos, perdónales sus pecados y concédeme verlos un día en la alegría de la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración para las almas del purgatorio —
Padre eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de Jesús, Tu Hijo divino, unida a todas las misas que hoy se celebran en el mundo entero: por las benditas almas del purgatorio, por los pecadores de toda la tierra y de toda la Iglesia, y por los de mi casa y de mi familia. Amén.

— Oración final —
Oh Dios, Creador y Redentor nuestro: por Tu poder, Cristo venció a la muerte y subió lleno de gloria a Tu lado.

Concede a todos Tus hijos que nos precedieron en la fe, y en especial a los que hoy te encomendamos, tener parte en su victoria y contemplar para siempre Tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.
Amén.

— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 5
Día 5

La mortificación y la caridad con los pobres

10 minutos

Día quinto de la Novena por las Ánimas del Purgatorio.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración propia de la novena —
Padre de misericordia, unido a los santos que ya te alaban en el cielo, te suplico que te compadezcas de las almas del purgatorio.

Acuérdate del amor con que las creaste, y mira en ellas los méritos de Tu Hijo amado. Líbralas pronto de sus penas, para que entren en Tu paz. Te doy gracias, Padre, porque les diste la gracia de perseverar hasta el final.

Señor Jesucristo, Rey de la gloria, escucha con bondad mi oración y abre a las almas del purgatorio la puerta de Tu reino, en especial a (nombra aquí a tus difuntos).

Sácalas de la oscuridad y llévalas a la luz de Tu presencia. Te doy gracias, Señor, porque las rescataste con Tu sangre preciosa y las libraste de la muerte eterna.

Espíritu Santo, haz arder en mí Tu amor y aumenta mi fe y mi confianza. Acoge lo que te pido por las almas que se purifican, y en especial por mis padres, mis hermanos, mis bienhechores, mis parientes y mis amigos difuntos. Haz que un día nos encontremos todos en Tu gloria.

Te doy gracias, Espíritu Santo, por el consuelo que das a estas almas con la esperanza cierta de la vida eterna. Que muy pronto se unan a Ti y oigan la voz del Señor que las llama: «Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo». Amén.

— Consideración del día —
(Tobías 12, 9)
«La limosna libra de la muerte y limpia de todo pecado».

El arcángel Rafael enseñó a Tobías y a su padre que la limosna agrada a Dios. La Iglesia la ha recomendado siempre, junto con la oración y el ayuno, como camino de conversión.

La oración de hoy pide dos virtudes que van juntas: la mortificación, que nos enseña a renunciar a algo, y la caridad, que lo pone en manos del que lo necesita.

Desde los primeros siglos, los cristianos ofrecieron limosnas por sus difuntos. La Iglesia enseña que la limosna y las obras de penitencia sirven de sufragio por las almas del purgatorio.

También tú puedes privarte hoy de algo y dar lo que ahorras a quien pasa necesidad. Ofrecida con amor, esa obra es un sufragio por las almas.

Díselo hoy al Señor: Señor, enséñame a dar con alegría, y acepta mi caridad por las almas que esperan Tu descanso.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Día quinto —
Señor Jesucristo, a los que vivieron con comodidades en esta vida y, por su culpa, no hicieron penitencia ni fueron generosos con el pobre, les pides en la otra la penitencia que dejaron de hacer aquí: danos espíritu de sacrificio y un corazón generoso, y recibe con misericordia nuestras limosnas y oraciones, y que por ellas lleguen pronto al descanso eterno.

— Oración por un miembro de la familia —
Buen Jesús, que te compadecías siempre del dolor de los demás: mira con piedad a mis familiares difuntos que se purifican en el purgatorio. Escucha lo que te pido por ellos, y a los que llamaste de nuestro lado concédeles pronto el descanso eterno en la casa de Tu Padre. Amén.

— Oración por los padres difuntos —
Oh Dios, que nos mandaste honrar al padre y a la madre: ten piedad, en Tu clemencia, de mi padre y de mi madre difuntos, perdónales sus pecados y concédeme verlos un día en la alegría de la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración para las almas del purgatorio —
Padre eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de Jesús, Tu Hijo divino, unida a todas las misas que hoy se celebran en el mundo entero: por las benditas almas del purgatorio, por los pecadores de toda la tierra y de toda la Iglesia, y por los de mi casa y de mi familia. Amén.

— Oración final —
Oh Dios, Creador y Redentor nuestro: por Tu poder, Cristo venció a la muerte y subió lleno de gloria a Tu lado.

Concede a todos Tus hijos que nos precedieron en la fe, y en especial a los que hoy te encomendamos, tener parte en su victoria y contemplar para siempre Tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.
Amén.

— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 6
Día 6

Por nuestros padres, parientes y amigos

10 minutos

Día sexto de la Novena por las Ánimas del Purgatorio.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración propia de la novena —
Padre de misericordia, unido a los santos que ya te alaban en el cielo, te suplico que te compadezcas de las almas del purgatorio.

Acuérdate del amor con que las creaste, y mira en ellas los méritos de Tu Hijo amado. Líbralas pronto de sus penas, para que entren en Tu paz. Te doy gracias, Padre, porque les diste la gracia de perseverar hasta el final.

Señor Jesucristo, Rey de la gloria, escucha con bondad mi oración y abre a las almas del purgatorio la puerta de Tu reino, en especial a (nombra aquí a tus difuntos).

Sácalas de la oscuridad y llévalas a la luz de Tu presencia. Te doy gracias, Señor, porque las rescataste con Tu sangre preciosa y las libraste de la muerte eterna.

Espíritu Santo, haz arder en mí Tu amor y aumenta mi fe y mi confianza. Acoge lo que te pido por las almas que se purifican, y en especial por mis padres, mis hermanos, mis bienhechores, mis parientes y mis amigos difuntos. Haz que un día nos encontremos todos en Tu gloria.

Te doy gracias, Espíritu Santo, por el consuelo que das a estas almas con la esperanza cierta de la vida eterna. Que muy pronto se unan a Ti y oigan la voz del Señor que las llama: «Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo». Amén.

— Consideración del día —
(Apocalipsis 21, 4)
«Dios enjugará toda lágrima de sus ojos. La muerte ya no existirá, ni habrá más luto, ni gritos, ni dolor».

Dios nos mandó honrar a nuestros padres, y ese deber no termina con su muerte. La oración de hoy pide por todas las almas, y en especial por los padres, parientes y amigos de los que rezamos esta novena.

Jesús lloró ante la tumba de su amigo Lázaro. El Señor conoce el dolor de perder a los que amamos, y lo comparte.

Rezar por ellos es una manera de seguir amándolos. Lo que ya no podemos decirles ni hacer por ellos, podemos ponerlo ahora en manos de Dios.

También tú has llorado a los que se fueron. Esas lágrimas, puestas en manos de Dios, se vuelven oración por ellos, y el Señor les promete un día sin llanto.

Encomiéndalos hoy al Señor: Señor, recibe en Tu paz a mis padres, a mis parientes y a mis amigos difuntos, y reúnenos un día en Tu casa.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Día sexto —
Señor Jesucristo, que nos mandaste honrar a nuestros padres y parientes y querer de modo especial a nuestros amigos: te pedimos por todas las almas del purgatorio, y en especial por los padres, familiares y amigos de todos los que hacemos esta novena, para que alcancen el descanso eterno.

— Oración por un miembro de la familia —
Buen Jesús, que te compadecías siempre del dolor de los demás: mira con piedad a mis familiares difuntos que se purifican en el purgatorio. Escucha lo que te pido por ellos, y a los que llamaste de nuestro lado concédeles pronto el descanso eterno en la casa de Tu Padre. Amén.

— Oración por los padres difuntos —
Oh Dios, que nos mandaste honrar al padre y a la madre: ten piedad, en Tu clemencia, de mi padre y de mi madre difuntos, perdónales sus pecados y concédeme verlos un día en la alegría de la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración para las almas del purgatorio —
Padre eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de Jesús, Tu Hijo divino, unida a todas las misas que hoy se celebran en el mundo entero: por las benditas almas del purgatorio, por los pecadores de toda la tierra y de toda la Iglesia, y por los de mi casa y de mi familia. Amén.

— Oración final —
Oh Dios, Creador y Redentor nuestro: por Tu poder, Cristo venció a la muerte y subió lleno de gloria a Tu lado.

Concede a todos Tus hijos que nos precedieron en la fe, y en especial a los que hoy te encomendamos, tener parte en su victoria y contemplar para siempre Tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.
Amén.

— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 7
Día 7

La preparación para la muerte

10 minutos

Día séptimo de la Novena por las Ánimas del Purgatorio.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración propia de la novena —
Padre de misericordia, unido a los santos que ya te alaban en el cielo, te suplico que te compadezcas de las almas del purgatorio.

Acuérdate del amor con que las creaste, y mira en ellas los méritos de Tu Hijo amado. Líbralas pronto de sus penas, para que entren en Tu paz. Te doy gracias, Padre, porque les diste la gracia de perseverar hasta el final.

Señor Jesucristo, Rey de la gloria, escucha con bondad mi oración y abre a las almas del purgatorio la puerta de Tu reino, en especial a (nombra aquí a tus difuntos).

Sácalas de la oscuridad y llévalas a la luz de Tu presencia. Te doy gracias, Señor, porque las rescataste con Tu sangre preciosa y las libraste de la muerte eterna.

Espíritu Santo, haz arder en mí Tu amor y aumenta mi fe y mi confianza. Acoge lo que te pido por las almas que se purifican, y en especial por mis padres, mis hermanos, mis bienhechores, mis parientes y mis amigos difuntos. Haz que un día nos encontremos todos en Tu gloria.

Te doy gracias, Espíritu Santo, por el consuelo que das a estas almas con la esperanza cierta de la vida eterna. Que muy pronto se unan a Ti y oigan la voz del Señor que las llama: «Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo». Amén.

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 23)
«Bienaventurado el que tiene siempre la hora de la muerte delante de los ojos y se dispone cada día a morir».

La oración de hoy pide por los que murieron sin prepararse, y para nosotros la gracia de recibir bien los últimos sacramentos.

La Iglesia acompaña al cristiano en esa hora con la confesión, la unción de los enfermos y la comunión que se da como viático, el alimento para el último camino.

Pensar en la muerte no es cosa triste para el que confía en Dios. Ayuda a vivir mejor el día de hoy y a no dejar para mañana la reconciliación.

También tú puedes prepararte desde ahora, viviendo en gracia de Dios y pidiendo a tiempo los sacramentos para ti y para los tuyos. Y puedes rezar hoy por los que están muriendo.

Ora hoy con confianza: Señor, que mi última hora me encuentre preparado, y da Tu gloria a los que murieron sin prepararse.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Día séptimo —
Señor Jesucristo, a quienes no se disponen con tiempo para la muerte, recibiendo con fe los últimos sacramentos y limpiándose de los restos de su vida de pecado, les haces pasar en el purgatorio por penas muy duras: te rogamos, Señor, por quienes partieron sin estar preparados y por todos los difuntos, que les des a todos la gloria, y a nosotros la gracia de recibir bien los últimos sacramentos.

— Oración por un miembro de la familia —
Buen Jesús, que te compadecías siempre del dolor de los demás: mira con piedad a mis familiares difuntos que se purifican en el purgatorio. Escucha lo que te pido por ellos, y a los que llamaste de nuestro lado concédeles pronto el descanso eterno en la casa de Tu Padre. Amén.

— Oración por los padres difuntos —
Oh Dios, que nos mandaste honrar al padre y a la madre: ten piedad, en Tu clemencia, de mi padre y de mi madre difuntos, perdónales sus pecados y concédeme verlos un día en la alegría de la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración para las almas del purgatorio —
Padre eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de Jesús, Tu Hijo divino, unida a todas las misas que hoy se celebran en el mundo entero: por las benditas almas del purgatorio, por los pecadores de toda la tierra y de toda la Iglesia, y por los de mi casa y de mi familia. Amén.

— Oración final —
Oh Dios, Creador y Redentor nuestro: por Tu poder, Cristo venció a la muerte y subió lleno de gloria a Tu lado.

Concede a todos Tus hijos que nos precedieron en la fe, y en especial a los que hoy te encomendamos, tener parte en su victoria y contemplar para siempre Tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.
Amén.

— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 8
Día 8

El deseo del cielo

10 minutos

Día octavo de la Novena por las Ánimas del Purgatorio.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración propia de la novena —
Padre de misericordia, unido a los santos que ya te alaban en el cielo, te suplico que te compadezcas de las almas del purgatorio.

Acuérdate del amor con que las creaste, y mira en ellas los méritos de Tu Hijo amado. Líbralas pronto de sus penas, para que entren en Tu paz. Te doy gracias, Padre, porque les diste la gracia de perseverar hasta el final.

Señor Jesucristo, Rey de la gloria, escucha con bondad mi oración y abre a las almas del purgatorio la puerta de Tu reino, en especial a (nombra aquí a tus difuntos).

Sácalas de la oscuridad y llévalas a la luz de Tu presencia. Te doy gracias, Señor, porque las rescataste con Tu sangre preciosa y las libraste de la muerte eterna.

Espíritu Santo, haz arder en mí Tu amor y aumenta mi fe y mi confianza. Acoge lo que te pido por las almas que se purifican, y en especial por mis padres, mis hermanos, mis bienhechores, mis parientes y mis amigos difuntos. Haz que un día nos encontremos todos en Tu gloria.

Te doy gracias, Espíritu Santo, por el consuelo que das a estas almas con la esperanza cierta de la vida eterna. Que muy pronto se unan a Ti y oigan la voz del Señor que las llama: «Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo». Amén.

— Consideración del día —
(Imitación de Cristo 1, 1)
«Procura desviar tu corazón de lo visible y traspasarlo a lo invisible».

La oración de hoy recuerda a los que vivieron demasiado apegados a las cosas de la tierra y se olvidaron del cielo. Ahora se purifican de ese descuido, y desean a Dios con un ansia que todavía no se ha saciado.

Las cosas de este mundo son buenas, pero pasan. La Imitación de Cristo invita a poner el corazón en lo que no pasa: Dios y la vida eterna que nos tiene preparada.

Jesús dijo que donde está nuestro tesoro, allí está también nuestro corazón. Lo que amamos marca el rumbo de la vida.

También tú puedes preguntarte hoy a qué está atado tu corazón. Usa los bienes de la tierra con gratitud, sin que te hagan olvidar el cielo.

Reza hoy así: Señor, enséñame a desear los bienes del cielo, y calma el ansia de las almas que esperan verte.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Día octavo —
Señor Jesucristo, a los que en este mundo se apegaron demasiado a los bienes de la tierra y se olvidaron del cielo, los mantienes un tiempo lejos del premio, hasta que se limpien de la poca ansia que tuvieron de él: calma, Señor misericordioso, su ansia y cumple su deseo, para que pronto gocen de Tu presencia; y a nosotros danos amar de tal modo los bienes del cielo que no deseemos sin orden los de la tierra.

— Oración por un miembro de la familia —
Buen Jesús, que te compadecías siempre del dolor de los demás: mira con piedad a mis familiares difuntos que se purifican en el purgatorio. Escucha lo que te pido por ellos, y a los que llamaste de nuestro lado concédeles pronto el descanso eterno en la casa de Tu Padre. Amén.

— Oración por los padres difuntos —
Oh Dios, que nos mandaste honrar al padre y a la madre: ten piedad, en Tu clemencia, de mi padre y de mi madre difuntos, perdónales sus pecados y concédeme verlos un día en la alegría de la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración para las almas del purgatorio —
Padre eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de Jesús, Tu Hijo divino, unida a todas las misas que hoy se celebran en el mundo entero: por las benditas almas del purgatorio, por los pecadores de toda la tierra y de toda la Iglesia, y por los de mi casa y de mi familia. Amén.

— Oración final —
Oh Dios, Creador y Redentor nuestro: por Tu poder, Cristo venció a la muerte y subió lleno de gloria a Tu lado.

Concede a todos Tus hijos que nos precedieron en la fe, y en especial a los que hoy te encomendamos, tener parte en su victoria y contemplar para siempre Tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.
Amén.

— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Día 9
Día 9

Los méritos de Cristo

10 minutos

Día noveno de la Novena por las Ánimas del Purgatorio.

— Señal de la Cruz —
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

— Acto de contrición —
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

— Oración propia de la novena —
Padre de misericordia, unido a los santos que ya te alaban en el cielo, te suplico que te compadezcas de las almas del purgatorio.

Acuérdate del amor con que las creaste, y mira en ellas los méritos de Tu Hijo amado. Líbralas pronto de sus penas, para que entren en Tu paz. Te doy gracias, Padre, porque les diste la gracia de perseverar hasta el final.

Señor Jesucristo, Rey de la gloria, escucha con bondad mi oración y abre a las almas del purgatorio la puerta de Tu reino, en especial a (nombra aquí a tus difuntos).

Sácalas de la oscuridad y llévalas a la luz de Tu presencia. Te doy gracias, Señor, porque las rescataste con Tu sangre preciosa y las libraste de la muerte eterna.

Espíritu Santo, haz arder en mí Tu amor y aumenta mi fe y mi confianza. Acoge lo que te pido por las almas que se purifican, y en especial por mis padres, mis hermanos, mis bienhechores, mis parientes y mis amigos difuntos. Haz que un día nos encontremos todos en Tu gloria.

Te doy gracias, Espíritu Santo, por el consuelo que das a estas almas con la esperanza cierta de la vida eterna. Que muy pronto se unan a Ti y oigan la voz del Señor que las llama: «Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo». Amén.

— Consideración del día —
(Juan 19, 34)
«Uno de los soldados le clavó la lanza en el costado, y enseguida brotó sangre y agua».

La oración de hoy se apoya en los méritos de Cristo, que son infinitos. Nada de lo que ofrecemos por los difuntos vale tanto como lo que él ofreció en la cruz.

Cuando la lanza lo alcanzó, Jesús ya había muerto. San Agustín vio en esa herida una puerta de la vida, porque de ella nacen los sacramentos de la Iglesia.

En la misa se hace presente el sacrificio de la cruz, y por eso es el mayor bien que se puede ofrecer por los difuntos. Así lo hace la Iglesia desde los primeros siglos.

También tú puedes unir tus obras y tus oraciones a las de Cristo, a las de su Madre y a las de los santos. Lleva contigo a la misa el nombre de tus difuntos.

Con toda la Iglesia, dile hoy a Jesús: Señor Jesús, que dejaste abrir Tu costado por nosotros, recibe en Tu gloria a las almas del purgatorio y guarda mi corazón junto al Tuyo.

(Quedémonos un momento en silencio.)

— Día noveno —
Señor Jesucristo, de méritos infinitos y bondad sin medida: mira con amor a Tus hijos que sufren en el purgatorio esperando la hora de ver Tu rostro, de recibir Tu abrazo y de descansar a Tu lado; míralos, ten compasión de sus penas y perdónales lo que aún les falta por pagar de sus culpas.

Te presentamos nuestras buenas obras y oraciones, unidas a las de Tus santos, a las de Tu Madre y a Tus méritos: haz que salgan pronto de su prisión y reciban de Tus manos la libertad y la gloria eterna.

— Oración por un miembro de la familia —
Buen Jesús, que te compadecías siempre del dolor de los demás: mira con piedad a mis familiares difuntos que se purifican en el purgatorio. Escucha lo que te pido por ellos, y a los que llamaste de nuestro lado concédeles pronto el descanso eterno en la casa de Tu Padre. Amén.

— Oración por los padres difuntos —
Oh Dios, que nos mandaste honrar al padre y a la madre: ten piedad, en Tu clemencia, de mi padre y de mi madre difuntos, perdónales sus pecados y concédeme verlos un día en la alegría de la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

— Oración para las almas del purgatorio —
Padre eterno, te ofrezco la preciosísima sangre de Jesús, Tu Hijo divino, unida a todas las misas que hoy se celebran en el mundo entero: por las benditas almas del purgatorio, por los pecadores de toda la tierra y de toda la Iglesia, y por los de mi casa y de mi familia. Amén.

— Oración final —
Oh Dios, Creador y Redentor nuestro: por Tu poder, Cristo venció a la muerte y subió lleno de gloria a Tu lado.

Concede a todos Tus hijos que nos precedieron en la fe, y en especial a los que hoy te encomendamos, tener parte en su victoria y contemplar para siempre Tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina Contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.
Amén.

— Señal de la Cruz —
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

También hoy