Evangelio del día

Evangelio del Domingo 15 de noviembre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31

Una mujer valiosa, ¿quién la podrá encontrar? Su precio está muy por encima de las perlas. Su marido confía en ella de corazón, y nada le faltará de ganancia. Le trae bien y no mal todos los días de su vida. Se procura lana y lino, y trabaja con manos contentas.

Pone las manos en la rueca, y sus dedos toman el huso. Tiende la palma de la mano al pobre y alarga los brazos hacia el necesitado.

El encanto engaña, y la belleza se desvanece como un soplo; la mujer que teme al Señor, esa es la que merece alabanza. Denle del fruto de su trabajo, y que en las puertas de la ciudad la alaben sus obras.

Palabra de Dios.

— Salmo 127 —

R. Feliz todo el que teme al Señor.

Feliz todo el que teme al Señor
y anda por sus caminos.
Del trabajo de tus manos comerás:
dichoso tú, que te irá bien.

R. Feliz todo el que teme al Señor.

Tu esposa será como una vid fecunda
en el interior de tu casa;
tus hijos, como brotes de olivo
alrededor de tu mesa.

R. Feliz todo el que teme al Señor.

Así será bendecido
el hombre que teme al Señor.
El Señor te bendiga desde Sión,
para que contemples el bien de Jerusalén
mientras dure tu vida.

R. Feliz todo el que teme al Señor.

— Segunda Lectura —
1 Tesalonicenses 5, 1-6

Hermanos:

En cuanto a los tiempos y los momentos, no hace falta que les escriba. Ustedes mismos saben muy bien que el día del Señor viene así: como el ladrón, de noche. Cuando estén diciendo: "Todo está en paz, estamos seguros", en ese momento les caerá de golpe la destrucción, como los dolores de parto a la que está embarazada, y no habrá escapatoria.

Ustedes, en cambio, hermanos, no están en tinieblas, de modo que aquel día los tome por sorpresa como un ladrón. Todos ustedes son hijos de la luz y del día. No pertenecemos a la noche ni a la oscuridad.

Por lo tanto, no nos quedemos dormidos como los demás: mantengámonos despiertos y con la cabeza clara.

Palabra de Dios.

— Evangelio —
Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Sucede como con un hombre que, al irse al extranjero, reunió a sus propios siervos y les dejó sus bienes. A uno le entregó cinco talentos, a otro dos y a otro uno: a cada cual conforme a sus fuerzas. Y se fue de viaje.

Sin perder tiempo, el que había recibido los cinco talentos se puso a trabajar con ellos, y sacó otros cinco. Lo mismo el de los dos: sacó otros dos. Pero el que había recibido uno se fue, cavó en el suelo y ocultó allí la plata de su amo.

Al cabo de mucho tiempo, llega el amo de aquellos siervos y les pide cuentas. Se presentó el que había recibido cinco talentos, trayendo otros cinco, y dijo: "Amo, cinco talentos me confiaste; aquí están otros cinco que gané". Su amo le dijo: "¡Bien hecho, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido de fiar; te encargaré de mucho. Entra y comparte el gozo de tu amo".

Se presentó también el de los dos talentos y dijo: "Amo, dos talentos me confiaste; aquí están otros dos que gané". Su amo le dijo: "¡Bien hecho, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido de fiar; te encargaré de mucho. Entra y comparte el gozo de tu amo".

Por último se presentó el que había recibido un solo talento y dijo: "Amo, yo sabía que eres un hombre exigente, que siegas donde no sembraste y juntas donde no esparciste. Me dio miedo, y fui a ocultar tu talento en el suelo. Aquí tienes lo que es tuyo".

Su amo le respondió: "Siervo malo y flojo: ¿así que sabías que siego donde no sembré y junto donde no esparcí? Pues tendrías que haber dejado mi plata con los banqueros, y yo, a mi regreso, habría recobrado lo mío con sus réditos.

Quítenle, pues, el talento y dénselo al que tiene diez. Porque a todo el que tiene se le dará, y tendrá de sobra; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo que no sirve para nada, échenlo afuera, a la oscuridad: allí será el llorar y el rechinar de dientes"».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

En este trigésimo tercer domingo del tiempo ordinario, la primera lectura pinta a una mujer que hace fructificar todo lo que toca. Trabaja «con manos contentas» y «Tiende la palma de la mano al pobre». Su valor no está en las apariencias: «El encanto engaña, y la belleza se desvanece como un soplo». Está en que teme al Señor, y por eso sus obras hablan por ella.

San Pablo nos recuerda que el día del Señor llegará sin avisar, «como el ladrón, de noche». Pero no lo dice para asustarnos: «Todos ustedes son hijos de la luz y del día». No vivimos en la oscuridad esperando con miedo; vivimos despiertos, trabajando con alegría. El salmo canta la bendición de una casa así: «Del trabajo de tus manos comerás: dichoso tú, que te irá bien».

En el Evangelio, Jesús cuenta la parábola de los talentos. Un hombre se va de viaje y deja sus bienes a sus siervos, «a cada cual conforme a sus fuerzas». Dos de ellos se ponen a trabajar y duplican lo recibido, y el amo los felicita: «¡Bien hecho, siervo bueno y fiel!». El tercero esconde el talento bajo tierra y explica: «Me dio miedo». Se había hecho una imagen equivocada de su señor: el amo le había confiado su dinero, y él solo vio exigencia. Las lecturas se unen: la mujer valiosa y los siervos fieles no trabajan por miedo, sino por amor a quien confió en ellos.

A veces nos pasa lo mismo con Dios: lo imaginamos como un juez severo, y el miedo nos impide dar lo mejor de nosotros. Pero Dios nos ha dado dones para que den fruto: tu fe, tu tiempo, la experiencia de tus años. Cada domingo, en la misa, le presentamos lo que somos y Él nos devuelve fuerza para seguir. ¿Qué talento tienes escondido? Tal vez una palabra de consuelo que no das, o una ayuda que podrías ofrecer en tu familia. Hoy ponlo a trabajar con confianza, aunque te parezca poco, para entrar un día a compartir el gozo del Señor.

— Oración —

Señor generoso,
Tú pusiste en mis manos dones que no merecía
y confías en mí más de lo que yo confío en Ti.
Quita de mi corazón el miedo
que me lleva a esconder lo que me diste.
Que trabaje con manos contentas
y tienda la mano al que necesita.
Hazme vivir despierto, como hijo de la luz.
Que en la misa de cada domingo, con mi familia,
te ofrezca el fruto de la semana
y un día pueda compartir Tu alegría.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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