Evangelio del día
Evangelio del Sábado 14 de noviembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
3 Juan 5-8
Querido hermano:
Es una obra de fe todo lo que haces por los hermanos, y más cuando son forasteros. Ellos han hablado de tu caridad ante la Iglesia.
Harás bien en proveerles para el camino como Dios merece, pues se pusieron en marcha por el Nombre sin recibir nada de los paganos. Por eso nosotros tenemos el deber de acoger a hombres como estos, para ser colaboradores de la verdad.
Palabra de Dios.
— Salmo 111 —
R. Dichoso el hombre que teme al Señor.
Dichoso el hombre que teme al Señor
y halla su gusto en sus mandamientos.
Sus hijos serán fuertes en la tierra;
la generación de los rectos recibirá bendición.
R. Dichoso el hombre que teme al Señor.
En su casa habrá bienes y riquezas;
su justicia permanece para siempre.
En las tinieblas brilla una luz para los rectos:
es el Señor, clemente, compasivo y justo.
R. Dichoso el hombre que teme al Señor.
Le va bien al hombre que se compadece y presta,
que lleva sus asuntos con justicia.
Nada lo hará tambalear jamás;
el justo será recordado para siempre.
R. Dichoso el hombre que teme al Señor.
— Evangelio —
Lucas 18, 1-8
En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos que tenían que rezar siempre y no cansarse, Jesús les contó esta parábola:
«En una ciudad vivía un juez al que no le importaban ni Dios ni la gente. En esa ciudad había también una viuda que iba a verlo y le decía: "Defiéndeme de mi contrario".
Por un tiempo no quiso hacerle caso, pero luego pensó: "Es cierto que a mí no me importan ni Dios ni la gente; pero esta viuda me tiene harto, así que le haré justicia, no sea que, de tanto venir, me acabe con la paciencia"».
Y el Señor dijo:
«Escuchen lo que dice ese juez injusto. Y Dios, ¿no va a defender a sus elegidos, que le gritan de día y de noche? ¿Los va a hacer esperar? Yo les digo que los defenderá enseguida. Pero el Hijo del hombre, cuando venga, ¿encontrará fe en la tierra?».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Juan alaba hoy a un cristiano que recibía en su casa a los misioneros que pasaban: «Es una obra de fe todo lo que haces por los hermanos, y más cuando son forasteros». Abrir la puerta, dar de comer, preparar algo para el camino: así se colabora con el Evangelio. Juan lo dice con una expresión hermosa: los que acogen son «colaboradores de la verdad».
La fe se nota en la oración y también en la puerta abierta. No todos pueden ir lejos a anunciar a Cristo, pero todos pueden ayudar a los que van, rezar por ellos y recibir con cariño al que llega. El salmo llama dichoso a ese hombre: «Le va bien al hombre que se compadece y presta». Y promete que «En las tinieblas brilla una luz para los rectos».
En el Evangelio, Jesús cuenta la historia de una viuda que no se rinde. Un juez injusto no le hace caso, y ella vuelve una y otra vez hasta que le hace justicia. Jesús no compara a Dios con ese juez: si hasta un hombre sin corazón termina escuchando, cuánto más Dios escuchará «a sus elegidos, que le gritan de día y de noche». La parábola enseña «que tenían que rezar siempre y no cansarse». Y termina con una pregunta que nos toca a todos: «cuando venga, ¿encontrará fe en la tierra?». Las lecturas se unen: la fe que persevera en la oración es la misma que abre la puerta al hermano.
En este sábado miramos a la Virgen María, la mujer que supo esperar. Guardaba en su corazón lo que no entendía y seguía confiando; al pie de la cruz, cuando todo parecía perdido, siguió de pie. Si le estás pidiendo algo a Dios desde hace tiempo, no dejes de pedirlo. Ponlo hoy en manos de María, reza un misterio del rosario por esa intención, y sigue llamando a la puerta con confianza. Dios escucha siempre, y nunca llega tarde a la cita con sus hijos.
— Oración —
Padre bueno,
Tú escuchas a Tus hijos que te llaman de día y de noche.
Te presento lo que te pido desde hace tiempo;
no dejes que me canse de rezar.
Cuando la respuesta tarde,
mantén viva mi fe.
Que la Virgen María me enseñe a esperar
con el corazón firme y en paz.
Abre también mi puerta
para recibir al que llega cansado del camino.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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