Evangelio del día

Evangelio del Jueves 12 de noviembre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Filemón 7-20

Querido hermano:

Con tu caridad he tenido gran gozo y ánimo, pues por ti, hermano, se ha dado descanso al corazón de los santos.

Por eso, aunque en Cristo tengo bastante confianza para ordenarte lo que conviene, prefiero apelar a tu cariño y rogártelo. Soy yo, Pablo, ya viejo, y ahora además preso por Cristo Jesús, quien te lo pide.

Te hago este ruego por un hijo mío, al que di la vida estando entre cadenas: Onésimo. Antes no te servía de nada; ahora, en cambio, nos sirve mucho a ti y a mí. Te lo mando de vuelta, y con él te mando un pedazo de mi corazón.

Hubiera querido quedarme con él, para que me atendiera en tu lugar mientras estoy encarcelado por el Evangelio; pero no quise hacer nada sin que tú lo aprobaras, para que el bien que me hagas no sea por obligación, sino de buena gana.

Tal vez por eso se separó de ti por un rato: para que lo tengas contigo para siempre, ya no como esclavo, sino como algo más que un esclavo, como hermano muy querido. Lo es sobre todo para mí; ¡cuánto más para ti, tanto en lo humano como en el Señor!

Por tanto, si me tienes por amigo y socio, acógelo a él como me acogerías a mí. Y si en algo te perjudicó, o tiene alguna deuda contigo, apúntamela a mí. Aquí firmo yo, Pablo, con mi propia mano: yo lo pago. Por no decirte que también tú estás en deuda conmigo, y de ti mismo.

Anda, hermano, que yo reciba de ti esta alegría en el Señor; dale descanso a mi corazón en Cristo.

Palabra de Dios.

— Salmo 145 —

R. El Señor ama a los que son justos.

Él hace justicia a los oprimidos,
da pan a los que tienen hambre;
el Señor pone en libertad a los cautivos.

R. El Señor ama a los que son justos.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que se doblan,
el Señor ama a los que son justos.
El Señor protege al forastero.

R. El Señor ama a los que son justos.

Sostiene al huérfano y a la viuda,
y tuerce el camino de los malvados.
El Señor reinará por siempre;
tu Dios, Sión, de generación en generación.

R. El Señor ama a los que son justos.

— Evangelio —
Lucas 17, 20-25

En aquel tiempo, los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo iba a llegar el reino de Dios. Él les respondió:
«El reino de Dios no viene de modo que se pueda espiar su llegada, ni se dirá: "Aquí lo tienen", o "Allí". Porque el reino de Dios está ya en medio de ustedes».

Y dijo a sus discípulos:
«Llegarán días en que tendrán ganas de ver aunque sea uno de los días del Hijo del hombre, y no lo verán. Les dirán: "Está allí", "Está aquí"; no vayan, no se vayan detrás.

Porque igual que el relámpago, cuando destella, ilumina el cielo de un lado a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero primero le toca sufrir mucho y ser desechado por la gente de este tiempo».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

Hoy leemos la carta más corta de san Pablo. La escribe desde la cárcel a su amigo Filemón, por un asunto delicado. Onésimo, un esclavo de Filemón, se había escapado; encontró a Pablo en la prisión, conoció a Cristo y se hizo cristiano. Ahora Pablo lo devuelve a su amo y le pide que lo reciba de una manera nueva: «ya no como esclavo, sino como algo más que un esclavo, como hermano muy querido».

Pablo no da órdenes, aunque podría. Prefiere pedir con cariño, y hasta se ofrece a pagar las deudas de Onésimo: «apúntamela a mí». Así es el Evangelio cuando entra en una casa: va cambiando poco a poco la manera de mirarnos, hasta que el otro se vuelve hermano. El salmo canta al Dios que actúa así: «el Señor pone en libertad a los cautivos».

En el Evangelio, los fariseos preguntan cuándo llegará el reino de Dios. Jesús les responde que no hay que buscar señales para espiarlo: «el reino de Dios está ya en medio de ustedes». Las dos lecturas se iluminan: el reino se hace presente cuando alguien recibe como hermano al que antes miraba desde arriba, cuando se perdona una deuda o se da una segunda oportunidad. No hace falta ir a buscarlo lejos; empieza en la propia casa.

Hoy recordamos a san Josafat, un obispo del Oriente cristiano que trabajó toda su vida por la unidad de los cristianos y murió mártir por esa causa. Su vida nos recuerda que la unidad cuesta: hay que tender puentes y aceptar al otro aunque piense distinto. ¿Hay alguien a quien te cuesta mirar como hermano? Tal vez un familiar con quien no te hablas, o un vecino que te hizo daño. Pídele a Dios la valentía de Pablo, que puso su propio corazón en juego para reconciliar a dos personas, y da hoy un paso hacia esa persona. Donde hay reconciliación, el reino de Dios ya está llegando.

— Oración —

Padre de todos,
Tu Reino ya está en medio de nosotros
cuando nos recibimos como hermanos.
Quita de mi corazón la costumbre
de mirar a otros desde arriba.
Dame la delicadeza de san Pablo
para pedir sin imponer
y para pagar la deuda de quien no puede.
Por la intercesión de san Josafat,
haz que los cristianos vivamos unidos.
Y pon en mi camino la ocasión
de reconciliarme con quien me cuesta.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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