Evangelio del día
Evangelio del Domingo 8 de noviembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Sabiduría 6, 12-16
Resplandeciente es la sabiduría, y no se marchita nunca; la descubren sin trabajo los que la aman, y la encuentran los que van tras ella. Ella misma se adelanta y se da a conocer a quienes la desean.
El que se levanta temprano para buscarla no tendrá que fatigarse: la encontrará sentada a la entrada de su casa. Pensar en ella es la madurez completa del buen juicio, y el que pasa la noche en vela por ella pronto vivirá sin preocupaciones.
Porque ella misma anda por todas partes buscando a los que son dignos de ella; en los caminos se les muestra con bondad y sale a su encuentro en todo lo que piensan.
Palabra de Dios.
— Salmo 62 —
R. Señor, mi alma está sedienta de ti.
Oh Dios, tú eres mi Dios; desde el alba te busco.
Mi alma está sedienta de ti,
por ti se consume mi carne,
como tierra seca, agotada, sin agua.
R. Señor, mi alma está sedienta de ti.
Así te he contemplado en el santuario,
para ver tu poder y tu gloria.
Tu amor fiel es mejor que la vida misma;
mis labios te alabarán.
R. Señor, mi alma está sedienta de ti.
Así te bendeciré mientras viva,
alzaré mis manos invocando tu nombre.
Quedaré saciado como de manjares ricos y sabrosos,
y con labios gozosos te alabará mi boca.
R. Señor, mi alma está sedienta de ti.
Cuando me acuerdo de ti en mi lecho,
en las vigilias de la noche medito en ti,
porque tú fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto de alegría.
R. Señor, mi alma está sedienta de ti.
— Segunda Lectura —
1 Tesalonicenses 4, 13-18
Hermanos:
No queremos que estén sin saber lo que pasa con los que se han dormido, para que no se aflijan como los demás, que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, del mismo modo Dios, por medio de Jesús, reunirá con él a los que se durmieron.
Esto se lo decimos apoyados en una palabra del Señor: nosotros, los que vivamos y quedemos hasta la venida del Señor, no nos adelantaremos a los que ya se durmieron. Porque el Señor mismo, a una voz de mando, a la voz del arcángel y al son de la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán primero.
Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados con ellos en las nubes, para salir al encuentro del Señor por los aires. Y de este modo estaremos para siempre con el Señor.
Consuélense, pues, unos a otros con estas palabras.
Palabra de Dios.
— Evangelio —
Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran atolondradas y cinco eran sensatas. Las atolondradas tomaron sus lámparas, pero no se llevaron aceite. Las sensatas, en cambio, junto con las lámparas, llevaron aceite en sus vasijas.
El novio se retrasaba, y todas empezaron a cabecear y se quedaron dormidas. Hacia la medianoche alguien gritó: "¡Aquí está el novio! ¡Salgan a recibirlo!". Entonces se levantaron todas aquellas doncellas y arreglaron sus lámparas.
Las atolondradas dijeron a las sensatas: "Compártannos de su aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las sensatas respondieron: "Quizá no alcance para todas; mejor vayan con los vendedores y compren para ustedes".
Mientras ellas iban a comprar, llegó el novio: las que estaban listas entraron con él a la fiesta de bodas, y la puerta se cerró.
Después llegaron también las demás doncellas, diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!". Pero él les respondió: "Les digo la verdad: no las conozco".
Así que manténganse despiertos, porque no conocen ni el día ni la hora».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
En este trigésimo segundo domingo del tiempo ordinario, la primera lectura nos habla de la sabiduría, que sale a buscar a los que la desean. «Resplandeciente es la sabiduría, y no se marchita nunca». Quien madruga para buscarla no tendrá que fatigarse: la encontrará «sentada a la entrada de su casa». Así es Dios con nosotros: no se esconde de quien lo busca; se adelanta y sale a nuestro encuentro.
El salmo pone en nuestros labios ese deseo: «desde el alba te busco», como tierra seca que espera el agua. Y san Pablo, en la segunda lectura, consuela a los que lloran a sus difuntos. No quiere que vivan afligidos, «como los demás, que no tienen esperanza», porque un día «estaremos para siempre con el Señor». Esa es la fiesta que esperamos, y allí volveremos a ver a los que amamos y ya partieron.
El Evangelio nos lleva a una boda. Diez doncellas esperan al novio con sus lámparas; todas se quedan dormidas cuando tarda, y la diferencia está en el aceite. Las sensatas llevaron una reserva; las atolondradas pensaron que bastaba con lo que traían. El aceite no se consigue a última hora: se va juntando poco a poco, con la oración de cada día y con la caridad callada. Y nadie puede creer ni amar en nuestro lugar. Por eso Jesús concluye: «manténganse despiertos, porque no conocen ni el día ni la hora». Las lecturas se unen: el que busca la sabiduría desde el alba es el que tiene aceite cuando llega el novio.
Cada domingo, en la misa, salimos al encuentro del Señor que viene, y llenamos un poco nuestra lámpara. ¿Cómo está la tuya hoy? Quizá brilla con fuerza, o quizá está un poco baja y necesita que la vuelvas a llenar. No importa si alguna vez te has dormido, porque las diez se durmieron. Hoy puedes preparar el aceite con algo concreto: rezar un rato en familia, visitar a alguien que está solo, pedir un perdón que debes desde hace tiempo. Así, cuando llegue el grito, saldrás con alegría al encuentro del Señor.
— Oración —
Señor, Esposo que vienes,
Tú sales al encuentro de los que te buscan.
Desde el alba te busco, como tierra seca.
Dame la sabiduría de prepararme cada día
con la oración y con la caridad.
Que no deje para mañana
lo que puedo hacer hoy por Ti y por los demás.
Consuela a los que lloran a sus difuntos
con la esperanza de estar siempre Contigo.
Que en la misa de cada domingo, con mi familia,
aprenda a esperarte con alegría.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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