Evangelio del día

Evangelio del Sábado 7 de noviembre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Filipenses 4, 10-19

Hermanos:

Me alegré muchísimo en el Señor de que, por fin, haya vuelto a florecer el cariño que me tienen. Ya me lo tenían, pero les faltaba ocasión de mostrarlo.

No lo digo porque pase necesidad, pues he aprendido a arreglármelas con lo que tengo. Sé pasar estrecheces, y sé también tener de sobra. He sido iniciado en todo y para todo: a estar saciado y a pasar hambre, a tener de sobra y a quedarme sin nada. Para todo tengo fuerzas, en aquel que me hace fuerte.

Aun así, hicieron bien en tomar parte en mi aflicción. Ustedes, filipenses, saben bien que, al comienzo del Evangelio, cuando salí de Macedonia, ninguna comunidad llevó conmigo cuentas de dar y recibir, fuera de ustedes. Incluso a Tesalónica me mandaron más de una vez lo que me hacía falta.

No es que yo ande buscando regalos: lo que busco es el fruto que se va sumando a su favor. Tengo de todo, y hasta me sobra; estoy bien provisto desde que recibí de Epafrodito lo que me mandaron: un perfume de olor agradable, un sacrificio que Dios acepta y que le da gusto.

Mi Dios, a su vez, colmará todas sus necesidades, conforme a su riqueza, con gloria, en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

— Salmo 111 —

R. Dichoso el hombre que teme al Señor.

Dichoso el hombre que teme al Señor
y halla su gusto en sus mandamientos.
Sus hijos serán fuertes en la tierra;
la generación de los rectos recibirá bendición.

R. Dichoso el hombre que teme al Señor.

Le va bien al hombre que se compadece y presta,
que lleva sus asuntos con justicia.
Nada lo hará tambalear jamás;
el justo será recordado para siempre.

R. Dichoso el hombre que teme al Señor.

Su corazón está firme, no tiene miedo.
Reparte, da a los pobres;
su justicia permanece para siempre,
y su frente se alza con honor.

R. Dichoso el hombre que teme al Señor.

— Evangelio —
Lucas 16, 9-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Usen el dinero, que tanto se presta a la injusticia, para ganarse amigos, de modo que, cuando se les acabe, ellos los reciban en las moradas que no se acaban.

Quien es de fiar en lo mínimo es de fiar también en lo grande; y quien es tramposo en lo mínimo, también lo es en lo grande. Si con el dinero injusto no fueron de fiar, ¿quién les va a confiar el bien verdadero? Y si con lo que no era suyo no fueron de fiar, ¿quién les va a dar lo que les pertenece?

Ningún sirviente puede estar al servicio de dos señores: o aborrecerá a uno y amará al otro, o se pegará a uno y hará poco caso del otro. No pueden ser siervos de Dios y del dinero a la vez».

Los fariseos, que eran amigos del dinero, oían todo esto y se burlaban de él. Y les dijo:
«Ustedes son los que se declaran justos ante los hombres, pero Dios conoce lo que hay en sus corazones. Porque lo que entre los hombres se tiene por grande, a los ojos de Dios es cosa repugnante».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

San Pablo agradece a los filipenses la ayuda que le mandaron a la cárcel. Pero aprovecha para contarles su secreto: ha aprendido a vivir con poco y con mucho. «Sé pasar estrecheces, y sé también tener de sobra». Y lo explica así: «Para todo tengo fuerzas, en aquel que me hace fuerte». Su seguridad no está en lo que tiene; está en Cristo.

Esa es la libertad del que ha puesto a Dios en el primer lugar. Puede disfrutar de lo que tiene sin miedo a perderlo, y puede compartir sin angustia. Pablo ve en la generosidad de los filipenses «un perfume de olor agradable, un sacrificio que Dios acepta». Y les asegura: «Mi Dios, a su vez, colmará todas sus necesidades». El salmo llama dichoso al que «Reparte, da a los pobres»: su corazón está firme y no tiene miedo.

En el Evangelio, Jesús habla del dinero con mucha claridad: «No pueden ser siervos de Dios y del dinero a la vez». El dinero no es malo en sí mismo; el problema empieza cuando deja de servir y se pone a mandar. Entonces ocupa el lugar de Dios. Jesús propone usar los bienes para ganarse amigos, y recuerda que la fidelidad se aprende en lo pequeño: «Quien es de fiar en lo mínimo es de fiar también en lo grande». Las dos lecturas se dan la mano: Pablo es el ejemplo de alguien que sirve a un solo Señor, y por eso es libre ante lo que tiene y ante lo que le falta.

En este sábado miramos a la Virgen María. Ella vivió en una casa sencilla de Nazaret, sin riquezas, pero Dios lo llenaba todo en su vida; su tesoro era su Hijo. Puedes preguntarte con sinceridad a quién sirves: en qué piensas cuando te preocupas, qué te quita el sueño, qué te cuesta soltar. Si descubres que el dinero te pesa más de la cuenta, no te asustes. Pídele a Dios un corazón libre, y empieza hoy con un gesto pequeño de generosidad. Con María aprendemos a tener las manos abiertas.

— Oración —

Señor Jesús,
Tú eres mi único Señor.
Enséñame a vivir con poco y con mucho,
sin que nada me quite la paz.
Que encuentre mi fuerza en Ti
y no en lo que tengo.
Hazme fiel en lo pequeño de cada día
y generoso con los que pasan necesidad.
Abre mis manos para compartir,
como la Virgen María, que tuvo por tesoro a su Hijo.
Y que todo lo que tengo
sirva para ganar amigos para Tu Reino.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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