Evangelio del día
Evangelio del Viernes 6 de noviembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Filipenses 3, 17–4, 1
Hermanos:
Sigan todos juntos mi ejemplo, y fíjense en los que se portan según el modelo que tienen en nosotros.
Porque hay muchos —ya se lo he dicho a menudo, y ahora se lo repito llorando— que viven como enemigos de la cruz de Cristo. Su final es la perdición; su dios es el vientre; ponen su gloria en lo que debería darles vergüenza, y solo tienen la mente puesta en las cosas de la tierra.
Nosotros tenemos nuestra ciudadanía en el cielo, y es de allí de donde aguardamos al Salvador, el Señor Jesucristo. Él transformará este humilde cuerpo nuestro y lo hará semejante a su cuerpo glorioso, con la fuerza con que puede también someterlo todo a sí.
Así pues, hermanos míos, tan queridos y tan añorados, mi alegría y mi corona: manténganse así, firmes en el Señor, queridos míos.
Palabra de Dios.
— Salmo 121 —
R. Con alegría iremos a la casa del Señor.
Me alegré cuando me dijeron:
«Iremos a la casa del Señor».
Ya están nuestros pies
dentro de tus puertas, Jerusalén.
R. Con alegría iremos a la casa del Señor.
Jerusalén, edificada como ciudad
bien unida en sí misma.
Hacia ella suben las tribus,
las tribus del Señor,
R. Con alegría iremos a la casa del Señor.
según el mandato dado a Israel,
para alabar el nombre del Señor.
Porque allí están los tronos del juicio,
los tronos de la casa de David.
R. Con alegría iremos a la casa del Señor.
— Evangelio —
Lucas 16, 1-8
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«Había un hombre rico que tenía un administrador, y a este lo acusaron ante él de estar derrochando sus bienes. Lo mandó llamar y le dijo: "¿Qué es esto que me cuentan de ti? Entrégame las cuentas de tu gestión, porque ya no vas a seguir al frente de ella".
El administrador pensó para sí: "¿Y ahora qué hago, que mi amo me quita el cargo? Para trabajar la tierra no tengo fuerzas, y pedir limosna me da vergüenza. Ya sé lo que haré, para que, cuando me echen de la administración, haya quien me reciba en su casa".
Mandó llamar, pues, a cada uno de los deudores de su amo, y le preguntó al primero: "¿Cuánto le debes a mi amo?". Él respondió: "Cien tinajas de aceite". Le dijo: "Aquí tienes tu documento; siéntate, rápido, y pon cincuenta".
Luego preguntó a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?". Este respondió: "Cien costales de trigo". Le dijo: "Aquí tienes tu documento, y pon ochenta".
Y el amo alabó a aquel administrador tramposo, porque había actuado con astucia. Es que los hijos de este mundo saben moverse entre los suyos con más sagacidad que los hijos de la luz».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Pablo escribe a los filipenses con el corazón en la mano. Les pide que sigan su ejemplo, y les cuenta, llorando, que hay muchos que viven «como enemigos de la cruz de Cristo», con la mente puesta solo en las cosas de la tierra. Y enseguida les recuerda quiénes son ellos: «Nosotros tenemos nuestra ciudadanía en el cielo». Allí está la casa que nos espera, y de allí aguardamos al Salvador, que «transformará este humilde cuerpo nuestro» y lo hará semejante al suyo.
Saber hacia dónde vamos cambia la manera de vivir aquí. Quien tiene su ciudadanía en el cielo no desprecia la tierra, pero tampoco se ata a ella. Puede usar las cosas sin que lo dominen, y trabajar sin perder de vista la meta. Por eso Pablo termina con cariño: «manténganse así, firmes en el Señor». El salmo canta la alegría de ese camino hacia la casa del Padre: «Iremos a la casa del Señor».
En el Evangelio, Jesús cuenta una historia que sorprende. Un administrador derrocha los bienes de su amo y, cuando está a punto de perder el puesto, se las ingenia para asegurarse el futuro: rebaja las deudas para ganarse amigos. El amo no aplaude la trampa; aplaude lo despierto que fue para pensar en el mañana. Y Jesús concluye: «los hijos de este mundo saben moverse entre los suyos con más sagacidad que los hijos de la luz». Las dos lecturas se tocan: si nuestra ciudadanía está en el cielo, vale la pena poner en las cosas de Dios al menos el mismo ingenio que ponemos en las de la tierra.
Nosotros también somos administradores. La vida, la salud, los años y los bienes no son del todo nuestros: se nos han confiado por un tiempo. ¿Ponemos en las cosas de Dios la misma creatividad que en un negocio o en una fiesta? A veces rezamos con prisa y hacemos el bien cuando nos sobra un rato. Hoy puedes preguntarte qué hacer, con lo que tienes, para que alguien viva un poco mejor: una llamada pendiente, una deuda que puedes perdonar, una ayuda discreta. Son inversiones que nadie te podrá quitar.
— Oración —
Padre del cielo,
allí está mi verdadera casa
y de allí espero a Tu Hijo.
Que no viva con la mente puesta
solo en las cosas de la tierra.
Dame la sagacidad de los hijos de la luz
para usar bien lo que pones en mis manos.
Que mi ingenio y mis fuerzas
sirvan para hacer el bien.
Mantenme firme en Ti
hasta el día en que transformes mi pobre cuerpo
y me lleves a Tu casa.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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