Evangelio del día
Evangelio del Martes 3 de noviembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Filipenses 2, 5-11
Hermanos:
Tengan entre ustedes la misma manera de pensar de Cristo Jesús.
Él, que era de condición divina, no se aferró a su igualdad con Dios como a una presa. Al contrario, se vació de sí mismo, tomó la condición de siervo y llegó a ser semejante a los hombres.
Y, presentándose con el aspecto de un hombre, se rebajó a sí mismo, obedeciendo hasta morir, y morir en una cruz.
Por eso Dios lo elevó por encima de todo y le concedió el nombre que está por encima de cualquier otro nombre, para que, al nombre de Jesús, doblen la rodilla los que están en el cielo, en la tierra y bajo la tierra, y toda lengua reconozca que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
— Salmo 21 —
R. De ti viene mi alabanza en la gran asamblea.
Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los pobres comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
¡que su corazón viva para siempre!
R. De ti viene mi alabanza en la gran asamblea.
Lo recordarán y volverán al Señor
los confines de la tierra;
se postrarán ante él
todas las familias de los pueblos.
Porque del Señor es el reino,
él gobierna a las naciones.
R. De ti viene mi alabanza en la gran asamblea.
Ante él se postrarán los poderosos de la tierra,
ante él se doblarán los que bajan al polvo.
Mi descendencia lo servirá,
hablará del Señor a la generación que viene;
anunciarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
«Esto lo hizo el Señor».
R. De ti viene mi alabanza en la gran asamblea.
— Evangelio —
Lucas 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los que estaban a la mesa con Jesús, al oír lo que decía, le dijo:
«¡Dichoso el que se siente a comer en el reino de Dios!».
Jesús le respondió:
«Un hombre preparaba una gran cena e invitó a mucha gente. A la hora de la cena, mandó a su siervo a decir a los invitados: "Vengan, que ya está todo listo".
Pero todos, sin excepción, empezaron a excusarse. El primero le dijo: "Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me dispenses".
Otro dijo: "Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me dispenses". Y otro dijo: "Me acabo de casar, y por eso no puedo ir".
El siervo volvió y se lo contó a su señor. Entonces el dueño de la casa, enojado, le dijo a su siervo: "Ve pronto por las plazas y los callejones de la ciudad, y tráeme acá a los pobres y a los lisiados, a los ciegos y a los cojos".
El siervo le dijo: "Señor, ya se hizo lo que mandaste, y todavía queda sitio". Entonces el señor le dijo al siervo: "Sal a los caminos y a los cercados, y oblígalos a entrar, para que mi casa quede llena. Pues yo les aseguro que ninguno de aquellos convidados llegará a probar mi cena"».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Pablo nos presenta hoy uno de los textos más hermosos del Nuevo Testamento. Cristo, que era de condición divina, no se aferró a su grandeza: «se vació de sí mismo, tomó la condición de siervo». Bajó hasta nosotros, hasta la muerte, y una muerte en cruz. «Por eso Dios lo elevó por encima de todo». El camino de Jesús va hacia abajo antes de ir hacia arriba. Y Pablo nos invita a tener «la misma manera de pensar de Cristo Jesús».
Tener esa manera de pensar es aprender a bajar: ponerse al lado del que nadie invita, servir sin buscar el primer lugar. No es fácil, porque todo a nuestro alrededor empuja hacia arriba. El salmo anuncia lo que nace de ese camino: «Los pobres comerán hasta saciarse». Donde Cristo se abaja, los pequeños encuentran sitio.
El Evangelio muestra lo mismo con una parábola. Un hombre prepara una gran cena, los invitados se excusan —un terreno, unos bueyes, una boda—, y él manda llamar «a los pobres y a los lisiados, a los ciegos y a los cojos». Ninguna excusa era mala, pero todas los alejaron de la fiesta. Y los que no tenían sitio en ningún banquete terminan sentados a la mesa. Así se unen las lecturas: el Hijo que se hizo siervo abre la puerta a los últimos. Hoy celebramos a san Martín de Porres, hermano en un convento dominico, que se dedicó a los enfermos y a los más pobres. Con la escoba en la mano o en la enfermería del convento, nunca se sintió por encima de nadie: se hizo pequeño como su Señor.
En san Martín se ve que la humildad no empequeñece; al contrario, hace espacio para que Dios obre maravillas. ¿Qué excusas pones cuando Dios te invita a servir? A veces son razonables, pero te alejan de la fiesta. Hoy puedes hacer algún servicio humilde, de esos que nadie agradece, y hacerlo con alegría, pensando en Jesús. Y pídele a san Martín que te enseñe a ver a Cristo en los pobres y en los enfermos que Dios pone en tu camino.
— Oración —
Señor Jesús,
Tú te vaciaste de Ti mismo
y tomaste la condición de siervo.
Enséñame a bajar como Tú,
sin buscar el primer lugar.
Perdona las excusas que pongo
cuando me invitas a servir.
Como a san Martín de Porres,
dame manos humildes y un corazón alegre
para cuidar a los enfermos y a los pobres.
Que en cada uno de ellos te reconozca a Ti.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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