Evangelio del día
Evangelio del Lunes 2 de noviembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Sabiduría 3, 1-9
Las almas de los justos están en la mano de Dios, y no llegará a tocarlas ningún tormento.
Ante la mirada de los necios parecía que morían; su salida se tomó por una desgracia, y su marcha de entre nosotros, por una ruina. Pero ellos están en paz.
Aunque a la vista de la gente hayan sufrido castigos, tienen una esperanza llena de inmortalidad.
Corregidos un poco, recibirán grandes bienes, porque Dios los sometió a prueba y vio que eran dignos de él.
Los examinó como se examina el oro en el crisol, y los recibió como la ofrenda de un holocausto.
Cuando llegue la hora de su visita, brillarán y se propagarán como chispas en la paja. Juzgarán a las naciones y tendrán bajo su mando a los pueblos, y el Señor será su rey por los siglos.
Quienes ponen en él su confianza entenderán la verdad, y los fieles se quedarán junto a él en el amor, porque la gracia y la misericordia son para sus elegidos.
Palabra de Dios.
— Salmo 26 —
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién voy a temer?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿quién me hará temblar?
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
Una sola cosa pido al Señor,
una sola cosa busco:
vivir en la casa del Señor
mientras dure mi vida,
para contemplar la belleza del Señor
y meditar en su santuario.
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
Estoy seguro de que veré la bondad del Señor
en la tierra de los vivos.
Espera en el Señor, sé valiente,
que se afiance tu corazón; espera en el Señor.
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
— Evangelio —
Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria, y con él todos los ángeles, tomará asiento en su trono de gloria. Delante de él se juntarán todos los pueblos, y él los irá separando, unos de otros, igual que el pastor separa las ovejas de las cabras. A las ovejas las colocará a su derecha; a las cabras, a su izquierda.
Luego el Rey dirá a los de la derecha: "Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre: hereden el reino que les está preparado desde que se fundó el mundo.
Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me hospedaron; andaba sin ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve preso, y fueron a verme".
Los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer, o con sed y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o sin ropa y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo o preso, y acudimos a ti?".
Y el Rey les responderá: "Les aseguro que todo lo que hicieron a uno de estos hermanos míos, los más pequeños, a mí me lo hicieron".
Después dirá a los de la izquierda: "¡Lejos de mí, malditos! Vayan al fuego eterno, el que está preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; era forastero, y no me hospedaron; andaba sin ropa, y no me vistieron; estuve enfermo y preso, y no me visitaron".
Entonces también ellos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, forastero o sin ropa, enfermo o preso, y no te asistimos?".
Y él les responderá: "Les aseguro que todo lo que no hicieron a uno de estos más pequeños, tampoco a mí me lo hicieron". Y estos se irán al castigo eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Hoy la Iglesia recuerda a todos los fieles difuntos. Es un día para llevar ante Dios a quienes amamos y ya no están con nosotros. La primera lectura empieza con una frase que consuela: «Las almas de los justos están en la mano de Dios». A los ojos del mundo parecía que morían; su salida se tomó por una desgracia. «Pero ellos están en paz». La muerte no tiene la última palabra sobre los que Dios ama, porque ellos «tienen una esperanza llena de inmortalidad».
El dolor por los que se fueron es real, y Dios no nos pide esconderlo. Llorar a los que amamos es también una forma de amarlos. Pero el llanto cristiano tiene esperanza. El salmo pone en nuestra boca una confianza serena: «El Señor es mi luz y mi salvación». Aun en la noche del duelo, esa luz no se apaga. Y añade: «Estoy seguro de que veré la bondad del Señor en la tierra de los vivos». Esperamos verla, y esperamos ver también a los nuestros.
En el Evangelio, Jesús habla del día en que el Hijo del hombre vendrá en su gloria. Y dice qué se tendrá en cuenta: el pan dado al hambriento, el agua al sediento, la visita al enfermo y al preso. «Todo lo que hicieron a uno de estos hermanos míos, los más pequeños, a mí me lo hicieron». Por eso rezar por los difuntos va unido a vivir con misericordia. Las dos lecturas se dan la mano: los justos que están en la mano de Dios son los que tendieron la mano a los demás, y nosotros esperamos para los nuestros esas palabras: «Vengan, ustedes, los bendecidos por mi Padre».
Hoy es un buen día para pronunciar el nombre de tus difuntos delante de Dios. Encomiéndalos con confianza y pide para ellos el descanso eterno; si puedes, visita su tumba o enciende una vela por ellos. ¿Hay algo que no alcanzaste a decirles, algún perdón pendiente? Díselo a Dios; Él sabe hacérselo llegar. La comunión de los santos no se rompe con la muerte: seguimos unidos en el amor de Cristo. Y un día, si Dios quiere, volveremos a encontrarnos en su casa, donde ya no habrá llanto.
— Oración —
Señor de la vida,
en Tu mano están las almas de los justos.
Te presento a mis difuntos, uno por uno:
Tú conoces su nombre y su historia.
Perdona sus faltas y dales el descanso eterno.
Consuela a los que lloramos su ausencia
y no dejes que se apague nuestra esperanza.
Que la luz perpetua brille para ellos.
Enséñanos a vivir con misericordia,
dando pan, abrigo y compañía a los pequeños,
para que un día nos encontremos todos en Tu casa.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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