Evangelio del día
Evangelio del Jueves 29 de octubre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Efesios 6, 10-20
Hermanos:
Por lo demás, busquen su fuerza en el Señor y en el vigor de su poder. Revístanse de la armadura completa de Dios, para que puedan hacer frente a las trampas del diablo.
Porque no peleamos contra carne y sangre: peleamos contra los principados, contra las potestades, contra los que dominan este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que están en las alturas.
Por eso, tomen la armadura completa de Dios, para que puedan resistir en el día malo y, después de haberlo superado todo, mantenerse en pie.
Estén, pues, firmes: ceñida la cintura con la verdad, puesta la coraza de la justicia, y calzados los pies con la disposición a anunciar el Evangelio de la paz.
Y en toda circunstancia tomen el escudo de la fe, con el cual podrán apagar todos los dardos de fuego del Maligno. Tomen también por casco la salvación, y empuñen la espada del Espíritu, es decir, la palabra de Dios.
Oren en todo momento en el Espíritu, con toda clase de oraciones y súplicas. Para eso, velen con perseverancia y rueguen por todos los santos.
Y rueguen también por mí, para que, cuando abra la boca, se me den las palabras y anuncie con toda libertad el misterio del Evangelio, por el cual soy embajador encadenado. Que tenga el valor de hablar de él como debo.
Palabra de Dios.
— Salmo 143 —
R. Bendito el Señor, mi roca.
Bendito el Señor, mi roca,
que entrena mis manos para la lucha
y mis dedos para la guerra.
R. Bendito el Señor, mi roca.
Él es mi amor fiel y mi fortaleza,
mi refugio y mi libertador,
mi escudo, en quien me amparo,
el que somete a mi pueblo bajo mi mando.
R. Bendito el Señor, mi roca.
Dios mío, te cantaré un canto nuevo,
con el arpa de diez cuerdas tocaré para ti,
a ti, que das la victoria a los reyes,
que libras a David, su siervo, de la espada maligna.
R. Bendito el Señor, mi roca.
— Evangelio —
Lucas 13, 31-35
En aquel momento se acercaron unos fariseos a decirle a Jesús:
«Sal de aquí y vete, porque Herodes quiere matarte».
Jesús les respondió:
«Vayan y díganle a ese zorro: "Hoy y mañana echo demonios y hago curaciones, y al tercer día termino mi obra". Pero hoy, mañana y pasado tengo que seguir mi camino, porque no es posible que un profeta perezca fuera de Jerusalén.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces he querido juntar a tus hijos, como un ave junta su nidada bajo las alas, y ustedes no quisieron!
Miren, su casa les queda a ustedes. Les digo que ya no me verán hasta que llegue el día en que digan: "¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Pablo habla hoy de un combate. No es contra enemigos de carne y hueso, sino contra el mal que intenta apartarnos de Dios: «no peleamos contra carne y sangre». Para esa lucha pide revestirse de «la armadura completa de Dios»: la verdad como cinturón, la justicia como coraza, la fe como escudo, la palabra de Dios como espada. Son armas extrañas, porque no hieren a nadie: protegen el corazón y permiten «resistir en el día malo».
Y la más importante de todas es la oración: «Oren en todo momento en el Espíritu». Pablo, encadenado, pide que recen también por él, para tener el valor de anunciar el Evangelio. Nadie es tan fuerte que no necesite la oración de los demás. El salmo lo canta con confianza: el Señor es «mi refugio y mi libertador». A veces nos sentimos en una lucha que nos supera; el miedo, el desánimo o la tentación pesan más de lo que quisiéramos. No luchamos solos.
En el Evangelio, unos fariseos le advierten a Jesús que Herodes quiere matarlo, y él responde con una serenidad que desconcierta: seguirá haciendo su obra hoy y mañana, hasta el final. Luego se vuelve hacia Jerusalén con una ternura enorme: «¡Cuántas veces he querido juntar a tus hijos, como un ave junta su nidada bajo las alas». Es una imagen de madre. Y, sin embargo, Dios respeta la libertad: «ustedes no quisieron». Así se unen las lecturas: la mejor armadura es quedarse bajo las alas de Cristo, que nos protege del mal sin obligarnos a nada.
¿Dónde buscas refugio cuando las cosas se ponen difíciles? Jesús te ofrece sus alas, como un ave ofrece las suyas a su nidada. No hace falta ser fuerte para acercarse; basta con querer quedarse bajo su protección. Hoy puedes empezar el día pidiéndole que te revista con su fuerza, y rezar por alguien que está pasando un momento de lucha, como Pablo pedía que rezaran por él. Y confiar en que Él lucha a tu lado.
— Oración —
Señor Jesús,
Tú no te apartaste del camino
aunque te amenazaran.
Dame Tu serenidad en los días difíciles.
Revísteme con la verdad y la justicia,
y pon en mis manos el escudo de la fe.
Que no me canse de orar en todo momento.
Cuando el miedo o el desánimo me pesen,
déjame quedarme a Tu sombra,
como los polluelos bajo las alas de su madre.
Protege también a los que hoy luchan solos.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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