Evangelio del día

Evangelio del Sábado 24 de octubre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Efesios 4, 7. 11-16

Hermanos:

A cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia según la medida del don de Cristo.

Él concedió a unos ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros. Así prepara a los santos para la tarea del servicio y para edificar el cuerpo de Cristo,

hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a ser hombres maduros, a la estatura que corresponde a la plenitud de Cristo.

Entonces dejaremos de ser como niños, sacudidos por el oleaje y arrastrados por cualquier viento de doctrina, a merced de la astucia de los hombres y de sus mañas para engañar.

Al contrario, viviendo la verdad en el amor, crezcamos en todo hacia él, que es la cabeza, Cristo. Gracias a él, el cuerpo entero, bien ajustado y unido por todas las articulaciones que lo sostienen, según la actividad propia de cada miembro, va creciendo y se edifica a sí mismo en el amor.

Palabra de Dios.

— Salmo 121 —

R. Iremos a la casa del Señor.

Me alegré cuando me dijeron:
«Iremos a la casa del Señor».
Ya están nuestros pies
dentro de tus puertas, Jerusalén.

R. Iremos a la casa del Señor.

Jerusalén, edificada como ciudad
bien unida en sí misma.
Hacia ella suben las tribus,
las tribus del Señor,

R. Iremos a la casa del Señor.

según el mandato dado a Israel,
para alabar el nombre del Señor.
Porque allí están los tronos del juicio,
los tronos de la casa de David.

R. Iremos a la casa del Señor.

— Evangelio —
Lucas 13, 1-9

En aquel tiempo, se presentaron algunos a contarle a Jesús lo que había pasado con unos galileos: Pilato había mezclado su sangre con la de los sacrificios que ofrecían.

Él les respondió:
«¿Creen que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque padecieron eso? Les digo que no; y si ustedes no se convierten, todos morirán de la misma manera.

¿Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé? ¿Creen que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no; y si ustedes no se convierten, todos morirán igualmente».

Y les contó esta parábola:
«Un hombre tenía una higuera sembrada en su viña. Fue a ver si tenía fruto, y no encontró ninguno.

Y le dijo al que cuidaba la viña: "Ya van tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no encuentro nada. Córtala. ¿Por qué ha de dejar, además, la tierra sin provecho?".

Pero el viñador le respondió: "Señor, déjala todavía este año, hasta que cave alrededor y le ponga estiércol. Tal vez dé fruto en adelante; si no, la cortarás"».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

San Pablo habla hoy de crecer. Cada uno ha recibido un don distinto, unos para enseñar, otros para cuidar, otros para anunciar, y todos para «edificar el cuerpo de Cristo». La meta es llegar «a la estatura que corresponde a la plenitud de Cristo», sin dejarnos llevar por cualquier viento que sople. Y dice cómo: «viviendo la verdad en el amor». La verdad sin amor hiere, y el amor sin verdad se queda vacío.

Crecer así lleva tiempo. Nadie madura de un día para otro, ni en la fe ni en la vida. Pablo usa la imagen del cuerpo: cada miembro aporta lo suyo, y así el cuerpo entero «va creciendo y se edifica a sí mismo en el amor». Nadie crece solo. Necesitamos de los demás, y los demás necesitan lo que Dios puso en nosotros. El salmo canta la alegría de caminar juntos: «Iremos a la casa del Señor».

En el Evangelio le cuentan a Jesús dos desgracias recientes, y la gente quiere saber si los que murieron eran más culpables que los demás. Jesús corta esa manera de pensar: el sufrimiento no es un castigo que Dios reparte según los pecados de cada uno. Pero mira hacia adelante: «si ustedes no se convierten», todos correrán la misma suerte. Luego cuenta la parábola de la higuera que no da fruto. El dueño quiere cortarla, pero el viñador intercede: «déjala todavía este año». Ese viñador se parece mucho a Jesús. Como Pablo, nos recuerda que crecer lleva tiempo, y que alguien nos cuida con paciencia mientras llega el fruto.

¿Qué fruto está esperando Dios de tu vida en este tiempo? No te desanimes si hasta ahora ha sido poco; todavía estás a tiempo. En este sábado miramos a la Virgen María. Ella dejó que la Palabra echara raíces en su corazón, y dio el fruto más grande: a Jesús. Pídele hoy que te ayude a recibir con gratitud este año más que Dios te regala, y elige un fruto concreto para empezar: una paciencia, un perdón, un rato de oración. Que este tiempo no pase en vano.

— Oración —

Padre bueno,
Tú me das tiempo para crecer
y no me cortas aunque haya dado poco fruto.
Gracias por la paciencia de Tu Hijo,
que intercede por mí.
Hazme crecer en la verdad y en el amor,
hasta la medida de Cristo.
Que ponga al servicio de los demás
los dones que Tú me diste.
No dejes que me arrastre cualquier viento.
Que, como la Virgen María,
reciba Tu palabra y dé fruto a su tiempo.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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