Evangelio del día

Evangelio del Viernes 23 de octubre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Efesios 4, 1-6

Hermanos:

Así pues, yo, prisionero en el Señor, les pido que su conducta esté a la altura de la llamada que han recibido: con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros con amor, y esforzándose por conservar la unidad del Espíritu con el lazo de la paz.

Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como una sola es la esperanza a la que han sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, a través de todos y en todos.

Palabra de Dios.

— Salmo 23 —

R. Esa es la gente que busca tu rostro, Señor.

Al Señor pertenecen la tierra y cuanto hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes.
Él la asentó sobre los mares,
la estableció sobre los ríos.

R. Esa es la gente que busca tu rostro, Señor.

¿Quién subirá al monte del Señor?
¿Quién podrá estar en pie en su lugar santo?
El de manos inocentes y corazón puro,
el que no pone su alma en cosas vanas.

R. Esa es la gente que busca tu rostro, Señor.

Ese recibirá la bendición del Señor,
la justicia de Dios, su salvador.
Esa es la gente que lo busca,
que busca tu rostro, Dios de Jacob.

R. Esa es la gente que busca tu rostro, Señor.

— Evangelio —
Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente:
«Cuando ven que una nube se levanta por el poniente, enseguida dicen: "Viene aguacero", y así ocurre. Y cuando el viento viene del sur, dicen: "Hará un calor fuerte", y así es.

¡Hipócritas! Saben leer el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo es que este tiempo no lo saben leer? ¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es justo?

Cuando vayas con tu adversario ante el magistrado, procura arreglarte con él por el camino, no sea que te lleve a rastras ante el juez, el juez te ponga en manos del alguacil y el alguacil te encierre en prisión. Te digo que no saldrás de allí mientras no hayas pagado hasta la última moneda».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

San Pablo escribe desde la cárcel, y lo que pide a los efesios no es poco: que su conducta esté «a la altura de la llamada que han recibido». Y enseguida dice cómo se ve eso: «con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros con amor». Soportarse no suena muy poético, pero es muy real. Es aguantar los defectos del otro sin echárselos en cara, como el otro aguanta los nuestros. Tiene poco de resignación: es una forma humilde de amar.

Pablo da la razón de fondo: hay «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo». Lo que nos une es mucho más grande que lo que nos separa. Por eso pide «conservar la unidad del Espíritu con el lazo de la paz». La unidad no se fabrica a la fuerza; se cuida, como se cuida una amistad. El salmo dice quién sube al monte del Señor: «El de manos inocentes y corazón puro». Un corazón así sabe vivir en paz con los demás.

En el Evangelio, Jesús reprocha a la gente que sabe leer el cielo y no sabe leer su propio tiempo. Adivinan la lluvia por una nube, y no ven que Dios está pasando delante de ellos. Nos pasa también: estamos atentos a mil señales, las del trabajo o las del dinero, y se nos escapan las de Dios. Luego da un consejo muy práctico: «procura arreglarte con él por el camino». Los pleitos crecen cuando se dejan para después. Las dos lecturas se dan la mano: leer bien el tiempo es descubrir que hoy, mientras vamos de camino, todavía se puede hacer la paz.

¿Con quién tienes una cuenta pendiente? Quizá no haga falta un gran gesto; a veces basta con una palabra amable, una llamada, un saludo que se había dejado de dar. No esperes a que la otra persona dé el primer paso. Hoy puedes leer así los signos de tu día: cada encuentro es una ocasión de paz que Dios te pone delante. Y si la reconciliación todavía no es posible, empieza por rezar por esa persona.

— Oración —

Señor Jesús,
Tú pasas por mi vida cada día
y a veces no sé reconocerte.
Abre mis ojos para leer este tiempo
como Tú lo lees.
Dame humildad, mansedumbre y paciencia
para soportar con amor a los que viven conmigo.
Que no deje para mañana
la paz que puedo hacer hoy.
Pon en mis labios la palabra que reconcilia
y quita de mi corazón el orgullo.
Haz de nosotros un solo cuerpo en Tu Espíritu.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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