Evangelio del día

Evangelio del Jueves 22 de octubre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Efesios 3, 14-21

Hermanos:

Por eso doblo las rodillas ante el Padre, de quien recibe su nombre toda familia en el cielo y en la tierra.

Le pido que, según la riqueza de su gloria, les conceda ser fortalecidos con poder por su Espíritu en lo más íntimo de su ser. Que Cristo habite por la fe en sus corazones, y que, con raíces y cimientos en el amor, puedan captar, junto con todos los santos, lo ancho y lo largo, lo alto y lo profundo.

Que conozcan el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para que se llenen de toda la plenitud de Dios.

A aquel que, con el poder que actúa en nosotros, puede hacer muchísimo más de lo que pedimos o pensamos, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

— Salmo 32 —

R. Feliz el pueblo que el Señor se escogió como herencia.

Justos, aclamen con alegría al Señor:
a los rectos les sienta bien la alabanza.
Den gracias al Señor con la cítara,
toquen para él el arpa de diez cuerdas.

R. Feliz el pueblo que el Señor se escogió como herencia.

Porque la palabra del Señor es recta,
y todas sus obras son dignas de fe.
Él ama lo justo y lo recto;
el amor fiel del Señor llena la tierra.

R. Feliz el pueblo que el Señor se escogió como herencia.

Los planes del Señor quedan en pie para siempre,
lo que piensa su corazón, de edad en edad.
Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como herencia.

R. Feliz el pueblo que el Señor se escogió como herencia.

El Señor tiene los ojos puestos en los que lo temen,
en los que esperan en su amor fiel,
para librar su vida de la muerte
y mantenerlos con vida en tiempo de hambre.

R. Feliz el pueblo que el Señor se escogió como herencia.

— Evangelio —
Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vine a arrojar fuego sobre la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera encendido! Tengo que recibir un bautismo, y ¡qué apremiado me siento hasta que se cumpla!

¿Creen ustedes que vine a dar paz a la tierra? No, les digo, sino división. Porque de ahora en adelante, en una casa de cinco, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres:

el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

San Pablo dobla las rodillas ante el Padre y pide algo muy hondo para los efesios: «Que Cristo habite por la fe en sus corazones». Y añade cómo: «con raíces y cimientos en el amor». Un árbol con raíces hondas no se cae con el primer viento. Así es la fe que se apoya en el amor de Cristo, y no en tener siempre la razón.

Pablo pide además algo casi imposible: captar lo ancho y lo largo, lo alto y lo profundo de ese amor. Es decir, dejarse sorprender por un amor que no cabe en ninguna medida, porque «supera todo conocimiento». No hace falta entenderlo del todo para vivir de él. Y termina con una confianza enorme: Dios «puede hacer muchísimo más de lo que pedimos o pensamos». El salmo lo canta a su manera: «el amor fiel del Señor llena la tierra».

En el Evangelio, Jesús habla con una pasión que sorprende: «Vine a arrojar fuego sobre la tierra». Ese fuego es su amor, que no deja las cosas como estaban: calienta y purifica, y a veces también incomoda. Por eso habla de división. No porque quiera familias enfrentadas, sino porque seguirlo pide decisiones, y no todos las toman al mismo tiempo. A veces la fe de uno despierta preguntas, silencios o resistencias en los de su propia casa. Aquí se unen las dos lecturas: cuando la fe tiene raíces en el amor, puede atravesar la incomprensión sin volverse amarga ni agresiva.

¿Cómo reaccionas cuando los tuyos no comprenden tu fe? Jesús no te pide pelear; te pide mantener el fuego encendido con paciencia. La fe se contagia más por la bondad que por las discusiones. Hoy puedes poner en manos de Dios esas situaciones de tu casa que te duelen, y tener un gesto de cariño con la persona con la que más te cuesta hablar de Dios. Él sabe encender el fuego sin quemar a nadie, y conoce a cada uno de los tuyos mejor que tú.

— Oración —

Padre de quien recibe su nombre toda familia,
fortalece mi corazón con Tu Espíritu
y haz que Cristo habite en mí por la fe.
Que mis raíces estén en Tu amor
y no en tener siempre la razón.
Cuando los míos no entiendan mi fe,
dame paciencia y no palabras duras.
Que el amor de Tu Hijo arda en mí
sin herir a nadie de mi casa.
Tú puedes hacer mucho más de lo que pido:
pongo en Tus manos a cada uno de los míos.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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