Evangelio del día

Evangelio del Domingo 18 de octubre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Isaías 45, 1. 4-6

Esto dice el Señor a su ungido, a Ciro, a quien he tomado de la mano derecha para someter ante él a las naciones y desarmar a los reyes, para abrir ante él las puertas, de modo que ninguna entrada quede cerrada:

«Por amor de mi siervo Jacob, de Israel, mi elegido, te llamé por tu nombre y te di un título de honor, aunque tú no me conocías.

Yo soy el Señor, y no hay otro; fuera de mí no hay Dios. Te ceñí las armas, aunque tú no me conocías, para que sepan, desde donde sale el sol hasta el poniente, que no hay nadie fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro».

Palabra de Dios.

— Salmo 95 —

R. Den al Señor la gloria y el poder.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra.
Cuenten a las naciones su gloria,
a todos los pueblos sus maravillas.

R. Den al Señor la gloria y el poder.

Porque el Señor es grande, digno de toda alabanza,
más temible que todos los dioses.
Los dioses de los pueblos no son nada,
pero el Señor hizo los cielos.

R. Den al Señor la gloria y el poder.

Familias de los pueblos, den al Señor,
den al Señor la gloria y el poder;
den al Señor la gloria que merece su nombre,
traigan ofrendas y entren en sus atrios.

R. Den al Señor la gloria y el poder.

Póstrense ante el Señor con vestiduras santas;
tiemble ante él la tierra entera.
Digan a las naciones: «¡El Señor es rey!»;
el mundo está firme y no se moverá;
él juzga a los pueblos con rectitud.

R. Den al Señor la gloria y el poder.

— Segunda Lectura —
1 Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo, a la Iglesia de los tesalonicenses, que está en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: a ustedes, gracia y paz.

Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes y los recordamos sin cesar en nuestras oraciones. Tenemos presente, delante de Dios, nuestro Padre, lo que su fe ha puesto por obra, el esfuerzo de su amor y la constancia de su esperanza en nuestro Señor Jesucristo.

Sabemos bien, hermanos amados por Dios, que él los ha elegido. Porque el Evangelio que les anunciamos no les llegó solo con palabras, sino también con poder, con el Espíritu Santo y con plena convicción.

Palabra de Dios.

— Evangelio —
Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, los fariseos se retiraron y se pusieron de acuerdo para ver cómo atrapar a Jesús en alguna palabra.

Le mandaron a sus propios discípulos, junto con los herodianos, a decirle:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con verdad el camino de Dios, y no te dejas llevar por nadie, porque no miras la apariencia de las personas. Dinos, pues, qué opinas: ¿está permitido pagar el impuesto al César, o no?».

Jesús, que conocía su mala intención, les contestó:
«Hipócritas, ¿por qué me ponen a prueba? Muéstrenme la moneda del impuesto».

Ellos le presentaron un denario. Él les preguntó:
«¿De quién es esta imagen y esta inscripción?».

Le respondieron:
«Del César».

Entonces les dijo:
«Pues devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

En este vigésimo noveno domingo del tiempo ordinario, Isaías nos muestra algo sorprendente. Dios llama por su nombre a Ciro, un rey extranjero que ni siquiera lo conocía, y se sirve de él para liberar a su pueblo del destierro. Dos veces se lo dice: «aunque tú no me conocías». Y todo, para que se sepa de un extremo a otro de la tierra que no hay otro Dios: «Yo soy el Señor, y no hay otro». Ningún poder de este mundo tiene la última palabra, ni siquiera el que parece más fuerte.

Eso da paz. Dios sigue guiando la historia, aunque a veces lo haga por caminos que no entendemos. El salmo invita a toda la tierra a reconocerlo: «Den al Señor la gloria y el poder». Y san Pablo, en la segunda lectura, da gracias por los tesalonicenses, porque en ellos se ve lo que es vivir para Dios: «lo que su fe ha puesto por obra, el esfuerzo de su amor y la constancia de su esperanza». Una fe que se nota en las obras, un amor que se esfuerza, una esperanza que no se rinde.

En el Evangelio, a Jesús le tienden una trampa. Si dice que hay que pagar el impuesto, queda mal con el pueblo; si dice que no, queda mal con el poder de turno. Jesús pide una moneda y pregunta: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». «Del César», le responden. Entonces da una respuesta que deshace la trampa y va mucho más lejos: «devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». La moneda lleva la imagen del emperador, pero cada persona lleva grabada otra imagen, la de Dios que la creó. Por eso lo que es de Dios no es una parte de nuestra vida: somos nosotros enteros. Así se unen las lecturas: el Señor de la historia, el que guía incluso a Ciro, es también el dueño de nuestro corazón.

Cada domingo, en la misa, devolvemos a Dios lo que es suyo: ponemos en el altar nuestro tiempo, nuestro trabajo y nuestra familia, y Él nos lo devuelve lleno de sentido. Hoy, además, la Iglesia reza por las misiones, por los que anuncian el Evangelio a todos los pueblos, como pide el salmo: «Cuenten a las naciones su gloria». ¿Qué parte de tu vida te estás guardando para ti? Ve a misa con tu familia y, en el momento de las ofrendas, entrégale a Dios en silencio eso que te cuesta soltar. Él no te lo pide para empobrecerte; lo recibe para llenarlo de vida.

— Oración —

Señor, Dios nuestro,
Tú guías la historia y no hay otro fuera de Ti.
Llevo grabada Tu imagen
desde el día en que me creaste.
Te devuelvo lo que es Tuyo:
mi tiempo, mi trabajo, mis afectos.
No dejes que me guarde nada para mí solo.
Que mi fe se note en las obras
y que mi amor no se rinda ante el cansancio.
Bendice a mi familia reunida en la misa
y a todos los que anuncian Tu Evangelio
en los rincones más lejanos.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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