Evangelio del día

Evangelio del Viernes 16 de octubre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Efesios 1, 11-14

Hermanos:

En Cristo también nosotros hemos recibido nuestra parte de la herencia, destinados de antemano según el plan de aquel que lo hace todo conforme a la decisión de su voluntad. Así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, somos alabanza de su gloria.

También ustedes, en él, oyeron la palabra de la verdad, el Evangelio que los salva; creyeron en él, y fueron marcados con el sello del Espíritu Santo prometido.

Ese Espíritu es la prenda de nuestra herencia, hasta la plena liberación del pueblo que Dios adquirió, para alabanza de su gloria.

Palabra de Dios.

— Salmo 32 —

R. Justos, aclamen con alegría al Señor.

Justos, aclamen con alegría al Señor:
a los rectos les sienta bien la alabanza.
Den gracias al Señor con la cítara,
toquen para él el arpa de diez cuerdas.

R. Justos, aclamen con alegría al Señor.

Porque la palabra del Señor es recta,
y todas sus obras son dignas de fe.
Él ama lo justo y lo recto;
el amor fiel del Señor llena la tierra.

R. Justos, aclamen con alegría al Señor.

Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como herencia.
Desde el cielo se asoma el Señor
y ve a todos los hijos de los hombres.

R. Justos, aclamen con alegría al Señor.

— Evangelio —
Lucas 12, 1-7

En aquel tiempo, se habían juntado miles de personas, tantas que se atropellaban unos a otros. Jesús comenzó a decir, primero a sus discípulos:
«Tengan cuidado con la levadura —es decir, con la hipocresía— de los fariseos.

No hay nada encubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad se oirá a plena luz, y lo que hayan dicho al oído en los cuartos se anunciará desde las azoteas.

A ustedes, mis amigos, les digo: no tengan miedo de los que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Yo les voy a mostrar a quién deben temer: teman a aquel que, después de quitar la vida, tiene poder para arrojar a la gehena. Sí, les digo que a ese es a quien deben temer.

¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas pequeñas? Y, sin embargo, Dios no se olvida de ninguno de ellos. Hasta el último cabello de su cabeza está contado. No tengan miedo: ustedes valen más que muchos pajarillos».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

San Pablo sigue hablando a los efesios de lo que Dios ha hecho con ellos. Escucharon «la palabra de la verdad, el Evangelio que los salva»; creyeron, y «fueron marcados con el sello del Espíritu Santo prometido». Un sello indica a quién pertenece algo. Y Pablo añade que ese Espíritu es «la prenda de nuestra herencia»: un anticipo de lo que Dios nos dará al final y que ya ha empezado a darnos ahora.

Llevas en ti esa marca de Dios. No la borran los errores ni las preocupaciones de un mal día. El salmo canta que «el amor fiel del Señor llena la tierra», y que desde el cielo el Señor ve «a todos los hijos de los hombres». Nadie se escapa de Su mirada, y nadie le es indiferente. Saberse marcado por el Espíritu es saberse de Dios, pase lo que pase.

En el Evangelio, Jesús les dice a sus amigos: «No tengan miedo», y les da una razón que cabe en la palma de la mano. Cinco pajarillos se venden por dos monedas pequeñas, y «Dios no se olvida de ninguno de ellos». Hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados, y nadie cuenta los cabellos de otro si no lo quiere mucho. Jesús no promete que no habrá dificultades; habla de gente que puede hacer daño. Pero pone el miedo en su sitio. También advierte contra la levadura de la hipocresía: el miedo muchas veces nos lleva a aparentar, a vivir pendientes de lo que dirán. Las dos lecturas dicen lo mismo: quien lleva el sello de Dios y se sabe contado por Él no necesita fingir.

¿Qué miedo te acompaña estos días? Quizá sea hora de nombrarlo delante de Dios y dejarlo en Sus manos; nombrarlo ya le quita parte de su fuerza. Hoy puedes hacerlo de forma concreta: busca un momento tranquilo, dile a Dios en voz baja qué es lo que te asusta, y repite despacio las palabras de Jesús: «ustedes valen más que muchos pajarillos». Quien se sabe amado puede caminar con esa libertad sencilla: Dios te conoce y no se olvida de ti.

— Oración —

Padre que no olvidas a ninguno,
Tú cuentas hasta mis cabellos
y sabes de mí más que yo mismo.
Gracias por el sello de Tu Espíritu,
que me recuerda que soy Tuyo.
Te entrego los miedos que me acompañan,
los que digo en voz alta y los que callo.
Ponlos en su sitio, bajo Tu mirada.
Líbrame de vivir aparentando
y pendiente de lo que dirán.
Que camine con la confianza de un hijo
que sabe que vale mucho a Tus ojos.

Amén.

Mañana, otra

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