Evangelio del día

Evangelio del Jueves 15 de octubre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Efesios 1, 1-10

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos que viven en Éfeso, fieles en Cristo Jesús. Gracia a ustedes y paz, de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos ha bendecido desde el cielo con toda clase de bendiciones espirituales.

Nos eligió en él antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha ante él. Por amor, nos destinó de antemano a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el designio amoroso de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la que nos colmó en su Hijo amado.

En él tenemos, por medio de su sangre, el rescate, el perdón de las faltas, conforme a la riqueza de su gracia, que derramó sobre nosotros en abundancia, con toda sabiduría e inteligencia.

Él nos dio a conocer el misterio de su voluntad, el plan amoroso que se había propuesto en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumplieran los tiempos: reunir bajo una sola cabeza, Cristo, todas las cosas, las del cielo y las de la tierra.

Palabra de Dios.

— Salmo 97 —

R. El Señor se acordó de su amor y de su fidelidad.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su mano derecha le ha dado la victoria,
su santo brazo.

R. El Señor se acordó de su amor y de su fidelidad.

El Señor ha dado a conocer su salvación,
ha revelado su justicia a la vista de las naciones.
Se acordó de su amor y de su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

R. El Señor se acordó de su amor y de su fidelidad.

Los confines de la tierra han visto
la salvación de nuestro Dios.
Aclame al Señor la tierra entera;
prorrumpan en cantos de júbilo y toquen para él.

R. El Señor se acordó de su amor y de su fidelidad.

— Evangelio —
Lucas 11, 47-54

En aquel tiempo, dijo el Señor:
«¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, cuando fueron sus padres quienes los mataron! Así dan testimonio de que están de acuerdo con lo que hicieron sus padres: ellos los mataron, y ustedes les construyen los sepulcros.

Por eso dijo también la sabiduría de Dios: "Les enviaré profetas y apóstoles; a unos los matarán y a otros los perseguirán". Así, a esta generación se le pedirán cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que murió entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que se le pedirán cuentas a esta generación.

¡Ay de ustedes, doctores de la ley, que se han guardado la llave del conocimiento! Ustedes no han entrado, y a los que querían entrar se lo han impedido».

Cuando salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente y a hacerle hablar de muchas cosas, tendiéndole trampas para atraparlo en alguna palabra de su boca.

Palabra del Señor.

— Reflexión —

San Pablo empieza su carta a los efesios con una bendición que casi no le cabe en las palabras. Bendice a Dios, que nos «ha bendecido desde el cielo con toda clase de bendiciones espirituales», y dice algo que conmueve: Dios «nos eligió en él antes de la creación del mundo». Antes de que existieras, antes de tus aciertos y tus errores, ya eras querido. No tuviste que ganarte ese lugar.

Pablo dice además para qué: para ser santos, y para ser hijos. Por amor, Dios nos destinó «a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo». Todo es regalo, y todo es «para alabanza de la gloria de su gracia». Cuando uno se sabe elegido así, cambia la manera de mirarse: ya no hace falta demostrar nada para merecer un sitio. El salmo responde con alegría que el Señor «se acordó de su amor y de su fidelidad».

El Evangelio muestra el reverso de esa historia. Jesús se lamenta de los doctores de la ley, que «se han guardado la llave del conocimiento»: ni entran ellos ni dejan entrar a los demás. Es una advertencia para todos los que hablamos de Dios: se puede saber mucho sobre Él y cerrarles a otros la puerta con nuestra dureza. Hoy celebramos a santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, que encontró la llave de ese conocimiento en un lugar muy sencillo: la oración. Para ella, orar era tratar de amistad con quien sabemos que nos ama. Pasó años de sequedad y de lucha, y aun así no dejó la oración; descubrió que el amigo seguía ahí, esperándola. Así se unen las lecturas: el Dios que nos eligió por amor no cierra la puerta, la abre.

Teresa enseñaba que la puerta para entrar en el alma es la oración, y esa puerta está abierta para todos, también para los que se sienten poca cosa. ¿Cuándo fue la última vez que le hablaste a Dios como a un amigo? No hace falta un método difícil: basta con estar un rato a solas con Él. Hoy puedes regalarle unos minutos de silencio, sin pedir nada, solo para estar en Su compañía. Recuerda que te eligió antes de que nacieras, y que está esperando que entres.

— Oración —

Padre bueno,
antes de crear el mundo ya pensabas en mí
y me elegiste para ser hijo Tuyo.
Gracias por un amor que no tuve que ganar.
Líbrame de cerrar a otros la puerta
con mi dureza o mi soberbia.
Como a santa Teresa de Jesús,
enséñame a orar con sencillez,
a buscarte como se busca a un amigo,
también en los días de sequedad.
Que no me canse de volver a Ti
y que mi vida sea alabanza de Tu gracia.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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