Evangelio del día

Evangelio del Lunes 12 de octubre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Gálatas 4, 22-24. 26-27. 31–5, 1

Hermanos:

Está escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre. El hijo de la esclava vino al mundo según la carne; el de la libre, en virtud de la promesa.

Todo esto tiene un sentido figurado: estas mujeres son dos alianzas. Una, la del monte Sinaí, da hijos para la esclavitud: esa es Agar.

Pero la Jerusalén de lo alto es libre: ella es nuestra madre. Porque está escrito: «Alégrate, estéril, tú que no das a luz; rompe a gritar de júbilo, tú que no conoces los dolores del parto, porque son más los hijos de la abandonada que los de la que tiene marido».

Así pues, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre. Cristo nos hizo libres para que vivamos en libertad. Manténganse, entonces, firmes, y no se dejen sujetar otra vez al yugo de la esclavitud.

Palabra de Dios.

— Salmo 112 —

R. Que el nombre del Señor sea bendito, desde ahora y para siempre.

Alaben, siervos del Señor,
alaben el nombre del Señor.
Que el nombre del Señor sea bendito,
desde ahora y para siempre.

R. Que el nombre del Señor sea bendito, desde ahora y para siempre.

Desde donde sale el sol hasta donde se pone,
sea alabado el nombre del Señor.
El Señor está por encima de todas las naciones,
su gloria es más alta que los cielos.

R. Que el nombre del Señor sea bendito, desde ahora y para siempre.

¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
que tiene su trono en lo alto
y se inclina para mirar
el cielo y la tierra?

R. Que el nombre del Señor sea bendito, desde ahora y para siempre.

Levanta del polvo al desvalido,
saca al pobre del basurero,
para sentarlo con los príncipes,
con los príncipes de su pueblo.

R. Que el nombre del Señor sea bendito, desde ahora y para siempre.

— Evangelio —
Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, como la gente se juntaba alrededor de Jesús, él comenzó a decir:
«Esta generación es una generación malvada. Busca una señal, pero la única señal que se le dará es la de Jonás.

Porque así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, así lo será también el Hijo del hombre para esta generación.

En el juicio, la reina del sur se pondrá de pie junto a los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón; y aquí hay algo más grande que Salomón.

En el juicio, los habitantes de Nínive se levantarán junto a esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás; y aquí hay algo más grande que Jonás».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

San Pablo les cuenta a los gálatas una historia antigua para hablarles de su vida de hoy. Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de la libre. El de la esclava nació según la carne; el de la libre, «en virtud de la promesa». Pablo ve en ellos dos maneras de vivir delante de Dios: una ata y da hijos para la esclavitud; la otra nace de la promesa y es libre. Y concluye con una frase que vale para todos: «no somos hijos de la esclava, sino de la libre».

Pablo sabe que hay una forma de vivir la religión que ata. Se llena de normas y de miedo, y termina pareciéndose más a la esclavitud que a la vida de un hijo. Por eso insiste: «Cristo nos hizo libres para que vivamos en libertad». La fe no es un yugo que se carga a disgusto, sino la vida de los hijos en la casa del Padre. El salmo lo canta a su manera: el Señor, que está por encima de todo, «se inclina para mirar» y levanta del polvo al desvalido. Así es el Dios que nos libera.

En el Evangelio, la gente le pide a Jesús una señal, algo que lo demuestre todo de una vez. Él responde que no habrá otra señal que la de Jonás. Jonás no hizo ningún prodigio en Nínive: llegó, predicó, y la ciudad se convirtió. La señal era él mismo, con su palabra. Y Jesús añade: «aquí hay algo más grande que Jonás». La reina del sur cruzó medio mundo para escuchar a Salomón; nosotros tenemos a Jesús mucho más cerca, y a veces no damos ni un paso. Las dos lecturas se tocan: pedir señales sin fin también es una forma de esclavitud, la del que nunca termina de fiarse.

A veces también nosotros esperamos señales antes de fiarnos de Dios, y mientras tanto dejamos pasar lo que ya tenemos delante. Dios no suele hablar con fuegos artificiales: habla en la Escritura que escuchamos cada día y en las personas que pone a nuestro lado. ¿Qué señal estás esperando para fiarte del todo? Quizá ya la tienes. Hoy puedes escuchar el Evangelio como los de Nínive escucharon a Jonás, con el corazón dispuesto a cambiar. Elige una sola cosa en la que puedas volverte hacia Dios este día, y hazla con la libertad de quien sabe que es hijo, sin el miedo del que se siente esclavo.

— Oración —

Padre de bondad,
Tú nos hiciste libres en Cristo
para que vivamos como hijos y no como esclavos.
Suelta en mí lo que todavía me ata:
los miedos, las culpas viejas, la desconfianza.
Perdona las veces que te pido pruebas
antes de fiarme de Tu amor.
Tu Hijo es la señal que me has dado;
que sepa reconocerlo en Su palabra
y en las personas que pones a mi lado.
Dame un corazón dispuesto a cambiar,
como el de los que escucharon a Jonás.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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