Evangelio del día

Evangelio del Jueves 8 de octubre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Gálatas 3, 1-5

¡Gálatas sin juicio! ¿Quién les ha echado mal de ojo, si ante sus propios ojos se les presentó a Jesucristo crucificado?

Solo esto quisiera saber de ustedes: el Espíritu, ¿lo recibieron por practicar la ley, o porque oyeron y creyeron? ¿Tan faltos de juicio están? Comenzaron con el Espíritu, ¿y ahora quieren llegar a la meta con la carne?

¿Tanto sufrieron para nada? ¡Si es que de verdad fue para nada!

El que les da el Espíritu con abundancia y obra prodigios en medio de ustedes, ¿lo hace porque ustedes practican la ley, o porque oyeron y creyeron?

Palabra de Dios.

— Salmo (Lucas 1) —

R. Bendito el Señor, Dios de Israel, que visitó a su pueblo.

Levantó en la casa de David, su siervo,
un poder que nos salva,
tal como lo dijo desde hace siglos
por boca de sus santos profetas.

R. Bendito el Señor, Dios de Israel, que visitó a su pueblo.

Nos trae salvación frente a nuestros enemigos,
y nos saca del poder de cuantos nos odian.
Así muestra su misericordia a nuestros padres
y se acuerda de su alianza santa.

R. Bendito el Señor, Dios de Israel, que visitó a su pueblo.

Así cumple lo que juró a Abraham, nuestro padre:
que, rescatados de manos enemigas,
podríamos servirle sin miedo,
con santidad y con justicia,
delante de él, cada día de nuestra vida.

R. Bendito el Señor, Dios de Israel, que visitó a su pueblo.

— Evangelio —
Lucas 11, 5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno de ustedes tiene un amigo, y va a buscarlo a medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado de camino a mi casa, y no tengo qué servirle".

Y el otro le responde desde dentro: "No me des problemas. La puerta ya está trancada, y mis niños están conmigo en la cama; no puedo levantarme a dártelos".

Yo les aseguro: si la amistad no basta para que se levante a dárselos, lo atrevido de su insistencia lo hará levantarse, y le dará los que le hagan falta.

Y yo les digo: pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; toquen, y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abre.

¿Hay entre ustedes algún padre que, si su hijo le pide un pescado, en vez de pescado le dé una culebra? ¿O que, si le pide un huevo, le dé un alacrán?

Si ustedes, aun siendo malos, saben darles cosas buenas a sus hijos, ¡mucho más dará el Padre del cielo el Espíritu Santo a todo el que se lo pida!».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

Pablo sacude a los gálatas sin rodeos: "¡Gálatas sin juicio! ¿Quién les ha echado mal de ojo?". Habían empezado su vida cristiana con el Espíritu, como un regalo, y ahora pensaban llegar a la meta a fuerza de cumplir normas. Es una tentación que conocemos bien: creer que el amor de Dios se gana, que hay que merecerlo. Pablo les recuerda cómo recibieron el Espíritu: no por practicar la ley, sino "porque oyeron y creyeron".

Jesús, en el Evangelio, nos enseña a pedir. Cuenta la historia de un hombre que llama a medianoche a la casa de su amigo. La puerta ya está trancada, los niños duermen, y el amigo no tiene ganas de levantarse. Pero al final se levanta: "lo atrevido de su insistencia lo hará levantarse". Jesús no compara a Dios con ese vecino de mal humor; hace un contraste. Si hasta él termina por abrir, ¡cuánto más el Padre, que nunca se cansa de escucharnos!

Por eso Jesús insiste: "pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; toquen, y se les abrirá". Y al final nos sorprende. Uno esperaría que dijera que el Padre da todo lo que le piden. Pero dice algo más grande: el Padre da "el Espíritu Santo a todo el que se lo pida". No siempre recibimos lo que pedimos, pero siempre podemos recibir lo mejor: a Dios mismo. Las dos lecturas se dan la mano: el Espíritu es un regalo, no un salario.

La oración perseverante no convence a Dios: nos ensancha el corazón y lo hace capaz de recibir. ¿Qué le estás pidiendo a Dios con insistencia? No te canses de tocar su puerta. Y hoy, entre todas tus peticiones, pide por su nombre al Espíritu Santo, para ti y para los que amas. El Padre del cielo está deseando dártelo.

— Oración —

Padre del cielo,
tú no me cierras la puerta, aunque llame a medianoche.
Gracias porque tu amor no se compra con méritos:
me lo das porque eres bueno.
Enséñame a pedir con insistencia y sin desconfiar,
a buscarte sin cansarme,
a tocar tu puerta una y otra vez.
Y aunque no siempre me des lo que te pido,
dame lo mejor que tienes: tu Espíritu Santo.
Que él me enseñe a orar,
me dé fuerzas cuando me canse
y me haga vivir como hijo tuyo.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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