Evangelio del día

Evangelio del Miércoles 7 de octubre

10 minLeer es gratisAudio con Bendita Pro

En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Zacarías 2, 14-17

Grita de júbilo y alégrate, hija de Sión: mira que yo llego, y pondré mi morada en medio de ti —dice el Señor—.

En aquel día muchas naciones se juntarán al Señor y serán pueblo mío. Viviré en medio de ti, y reconocerás que el Señor de los ejércitos me envió a ti.

El Señor heredará a Judá como su parte en la tierra santa, y escogerá de nuevo a Jerusalén.

¡Silencio ante el Señor, todo mortal, porque él ya despertó y sale de su morada santa!

Palabra de Dios.

— Salmo (Lucas 1) —

R. Grandes cosas hizo en mí el Poderoso: santo es su nombre.

Mi alma engrandece al Señor,
y mi espíritu se llena de júbilo
en Dios, mi Salvador.

R. Grandes cosas hizo en mí el Poderoso: santo es su nombre.

Porque miró la pequeñez de su esclava.
Desde ahora todas las generaciones me llamarán dichosa,
porque el Poderoso hizo en mí cosas grandes:
santo es su nombre.

R. Grandes cosas hizo en mí el Poderoso: santo es su nombre.

Y su misericordia alcanza, de una generación a otra,
a los que le temen.
Mostró el poder de su brazo,
dispersó a los que tenían el corazón lleno de soberbia.

R. Grandes cosas hizo en mí el Poderoso: santo es su nombre.

Bajó a los poderosos de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los que tenían hambre,
y a los ricos los despidió sin nada.

R. Grandes cosas hizo en mí el Poderoso: santo es su nombre.

Vino en ayuda de Israel, su siervo,
recordando su misericordia,
como lo había dicho a nuestros padres,
a Abraham y a su linaje para siempre.

R. Grandes cosas hizo en mí el Poderoso: santo es su nombre.

— Evangelio —
Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, en el sexto mes, Dios envió al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida en matrimonio a un hombre de la casa de David, cuyo nombre era José. La virgen se llamaba María.

El ángel entró donde estaba ella y le dijo:
«Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo».

Estas palabras la dejaron muy desconcertada, y ella se ponía a pensar qué clase de saludo sería ese.

El ángel le dijo:
«No temas, María: has hallado favor delante de Dios. Mira, quedarás encinta y tendrás un hijo, y le darás el nombre de Jesús. Él será grande, y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le entregará el trono de David, su padre, y será rey sobre la casa de Jacob por los siglos; su reino no acabará nunca».

María le dijo al ángel:
«¿Cómo podrá ser eso, si yo no conozco varón?».

El ángel le respondió:
«Vendrá sobre ti el Espíritu Santo, y la fuerza del Altísimo te envolverá con su sombra. Por eso, el que va a nacer será santo, y lo llamarán Hijo de Dios.

Y fíjate: Isabel, tu parienta, también espera un hijo en su ancianidad, y la que llamaban estéril ya está en el sexto mes. Porque no hay palabra que Dios no pueda cumplir».

María dijo:
«Aquí está la esclava del Señor. Que me suceda según tu palabra».

Y el ángel se fue de su lado.

Palabra del Señor.

— Reflexión —

El profeta Zacarías anuncia una alegría: "Grita de júbilo y alégrate, hija de Sión: mira que yo llego, y pondré mi morada en medio de ti". Siglos después, esa promesa se cumple de la manera más humilde: en una casa de Nazaret, en el seno de una joven. La primera palabra del ángel a María es la misma invitación: "Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo". Dios viene a vivir en medio de su pueblo, y empieza por vivir en ella.

María no entiende todo de golpe. El Evangelio dice que "estas palabras la dejaron muy desconcertada", y ella pregunta con sencillez: "¿Cómo podrá ser eso?". La fe no prohíbe las preguntas; las pone en manos de Dios. La respuesta del ángel es para ella y para nosotros: "no hay palabra que Dios no pueda cumplir". Entonces María da su sí sin reservas: "Aquí está la esclava del Señor. Que me suceda según tu palabra".

La Iglesia celebra a Nuestra Señora del Rosario. Esta fiesta recuerda la victoria de Lepanto, en 1571, que san Pío V, un papa dominico, atribuyó a la oración del Rosario, y la familia dominicana ha difundido esta oración por el mundo entero. El Rosario es el Evangelio rezado con María: en cada avemaría repetimos el saludo del ángel, y en cada misterio miramos la vida de Jesús con los ojos de su Madre. Es la oración de los sencillos, de los enfermos, de los abuelos que la rezan en su silla y de los niños que aprenden sus primeras cuentas.

Hoy, reza al menos un misterio del Rosario despacio, sin prisa. Contempla la Anunciación y pídele a María un corazón como el suyo, capaz de decir sí aunque no lo entienda todo. Y canta con ella su alegría, porque también en tu vida Dios ha obrado maravillas: "Grandes cosas hizo en mí el Poderoso: santo es su nombre".

— Oración —

Dios Padre,
tú elegiste a María para ser la morada de tu Hijo,
y ella te respondió con un sí completo.
Gracias porque nos la diste por Madre,
y por el Rosario, que nos enseña a mirar a Jesús con sus ojos.
Cuando tu voluntad me desconcierte,
dame la confianza de preguntarte y luego fiarme de ti.
Que en cada avemaría aprenda a decirte:
que se cumpla en mí lo que tú dices.
Pon en mis labios su canto de alabanza,
porque también en mí has hecho cosas grandes.
Y que, rezando con ella, mi casa sea tu morada.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

También hoy