Evangelio del día

Evangelio del Jueves 1 de octubre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Job 19, 21-27

Dijo Job:

«¡Compadézcanse de mí, compadézcanse de mí, al menos ustedes, mis amigos, porque la mano de Dios me ha herido! ¿Por qué me persiguen como si fueran Dios, y no se sacian de mi carne?

¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en bronce, con punzón de hierro, y con plomo quedaran esculpidas para siempre en la roca!

Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se alzará sobre el polvo; y después de que mi piel sea destruida, aun sin mi carne, veré a Dios. Yo mismo lo veré, y mis ojos lo contemplarán, no otro. ¡Esta esperanza consume mis entrañas!».

Palabra de Dios.

— Salmo 26 —

R. Espero gozar de la bondad del Señor en la tierra de los vivos.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad de mí, respóndeme.
Mi corazón repite tu invitación:
«Busquen mi rostro».

R. Espero gozar de la bondad del Señor en la tierra de los vivos.

Tu rostro buscaré, Señor;
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
tú que eres mi auxilio; no me abandones.

R. Espero gozar de la bondad del Señor en la tierra de los vivos.

Espero gozar de la bondad del Señor
en la tierra de los vivos.
Espera en el Señor, sé fuerte;
ten valor, espera en el Señor.

R. Espero gozar de la bondad del Señor en la tierra de los vivos.

— Evangelio —
Lucas 10, 1-12

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir.

Y les decía:
«La cosecha es abundante y los trabajadores, pocos; rueguen, pues, al dueño de la cosecha que mande trabajadores a su cosecha. ¡Pónganse en camino! Miren que los mando como corderos en medio de lobos. No lleven bolsa, ni morral, ni sandalias, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Cuando entren en una casa, digan primero: "Paz a esta casa". Y si allí vive gente de paz, su paz descansará sobre ellos; si no, volverá a ustedes. Quédense en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el trabajador merece su salario. No anden pasando de casa en casa.

Cuando entren en un pueblo y los reciban, coman lo que les sirvan, curen a los enfermos que haya en él y díganles: "El reino de Dios ya está llegando a ustedes". Pero cuando entren en un pueblo y no los reciban, salgan a sus plazas y digan: "Hasta el polvo de su pueblo, que se nos pegó a los pies, se lo sacudimos; de todos modos, sepan que el reino de Dios está cerca". Les digo que aquel día será más soportable para Sodoma que para ese pueblo».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

Desde el fondo de su miseria, cubierto de llagas y abandonado por casi todos, Job pronuncia una de las confesiones de fe más impresionantes de toda la Biblia: "Yo sé que mi Redentor vive". No dice "creo" ni "espero"; dice "sé". En medio de un dolor que no comprende, se aferra a una certeza más honda que su sufrimiento: que Dios no lo ha abandonado, que hay un Redentor vivo, y que un día —"aun sin mi carne"— lo verá con sus propios ojos. Es un destello asombroso de esperanza en la resurrección, siglos antes de Cristo. Job no tiene respuestas, pero tiene a Dios, y eso le basta para no hundirse.

El Evangelio nos muestra otra cara de la fe: la misión. Jesús envía a setenta y dos discípulos —no solo a los Doce— por delante de él, "de dos en dos". Es una imagen preciosa de la Iglesia: todos enviados, nadie a solas, a preparar los caminos por donde el Señor quiere pasar. Y los manda pobres y confiados: sin bolsa ni provisiones, llevando lo esencial, que es la paz. "Paz a esta casa" es lo primero que deben decir. El misionero no lleva sus cosas; lleva a Cristo y su paz, y anuncia que "el reino de Dios ya está llegando".

Hoy comienza octubre, el mes de las misiones, y celebramos a santa Teresita del Niño Jesús, patrona de los misioneros. Y aquí hay una hermosa paradoja: Teresita nunca salió de su convento de clausura, murió con apenas veinticuatro años, y sin embargo fue proclamada patrona de las misiones del mundo entero. ¿Cómo? Porque descubrió que se puede ser misionero desde cualquier rincón, amando y ofreciendo la vida. Su "caminito" consistía en hacer las cosas pequeñas con un amor grande, y en sostener con la oración y el sacrificio a los que predican lejos. Entendió que en el corazón de la Iglesia, su madre, ella "sería el amor".

Las dos lecturas se unen en esta certeza: la fe no es para guardarla, sino para vivirla y transmitirla, incluso —y sobre todo— en la debilidad. Como Job, aférrate a que tu Redentor vive, aunque todo alrededor se derrumbe. Y como los setenta y dos y como Teresita, siéntete enviado allí donde estás: en tu casa, tu trabajo, tu enfermedad, tu rincón escondido. No necesitas grandes medios; necesitas amor y confianza. Lleva la paz de Cristo a quien tengas cerca, y descubrirás que el Reino de Dios ya está llegando a través de ti.

— Oración —

Señor,
como Job en medio del dolor,
quiero poder decir con toda el alma:
"Yo sé que mi Redentor vive".
Sostén mi esperanza cuando no entienda nada.
Y, como enviaste a los setenta y dos,
envíame a mí, pobre y confiado,
a llevar tu paz allí donde esté.
Como santa Teresita,
enséñame a hacer lo pequeño con un amor grande
y a ser misionero desde mi propio rincón,
para que tu Reino siga llegando al mundo.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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