Evangelio del día

Evangelio del Miércoles 30 de septiembre

6 minLeer es gratisAudio con Bendita Pro

En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Job 9, 1-12. 14-16

Job respondió a sus amigos:

«Bien sé que es así: que ningún mortal tiene razón frente a Dios. Si alguien quisiera discutir con él, de mil preguntas no podría responderle ni una. Él es sabio de corazón y poderoso en fuerza: ¿quién le hizo frente y salió indemne? Él mueve los montes sin que se den cuenta, y en su ira los trastorna; sacude la tierra de su sitio, y sus columnas se estremecen; da una orden al sol, y no sale, y pone un sello sobre las estrellas. Él solo despliega los cielos y camina sobre las olas del mar. Hizo la Osa y el Orión, las Pléyades y las constelaciones del sur. Hace cosas grandes e inescrutables, maravillas que no se pueden contar. Si pasa junto a mí, no lo veo; si se aleja, no me doy cuenta. Si arrebata algo, ¿quién se lo impedirá?, ¿quién le dirá: "¿Qué haces?"».

«¿Cuánto menos podré yo responderle, o encontrar palabras para discutir con él? Aunque tuviera razón, no le replicaría; más bien suplicaría a mi juez. Y si lo llamara y me respondiera, no acabaría de creer que ha escuchado mi voz».

Palabra de Dios.

— Salmo 87 —

R. Llegue hasta ti mi oración, Señor.

Todo el día te invoco, Señor,
con las manos tendidas hacia ti.
¿Harás maravillas por los muertos?
¿Se levantarán las sombras a darte gracias?

R. Llegue hasta ti mi oración, Señor.

¿Se anuncia en la tumba tu amor,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en las tinieblas,
o tu justicia en la tierra del olvido?

R. Llegue hasta ti mi oración, Señor.

Pero yo, Señor, te pido auxilio;
por la mañana sale a tu encuentro mi oración.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?

R. Llegue hasta ti mi oración, Señor.

— Evangelio —
Lucas 9, 57-62

En aquel tiempo, mientras iban de camino, uno le dijo a Jesús:
«Te seguiré adondequiera que vayas».

Jesús le respondió:
«Las zorras tienen cuevas y los pájaros del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».

A otro le dijo:
«Sígueme».
Él respondió:
«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó:
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».

Otro le dijo:
«Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia».
Jesús le respondió:
«Quien empuña el arado y vuelve la vista atrás no vale para el reino de Dios».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

Job, en la primera lectura, contempla la grandeza de Dios y se queda sin palabras. Enumera maravillas —los montes que Dios mueve, el sol al que da órdenes, las estrellas que sella, las constelaciones que creó— y llega a una conclusión humilde: "¿quién soy yo para discutir con él?". Job está sufriendo, no entiende lo que le pasa, y sin embargo no cae en la soberbia de exigirle cuentas a Dios como a un igual. Reconoce que Dios lo sobrepasa infinitamente: "si pasa junto a mí, no lo veo". Es la sabiduría del que sabe que no puede meter a Dios en sus esquemas, pero sigue dirigiéndose a él, incluso desde la queja. Orar no es entenderlo todo, sino seguir hablando con Dios cuando ya no entendemos.

El Evangelio nos lleva del misterio de Dios a las exigencias del seguimiento. Tres personas se acercan a Jesús, y a las tres les pide un desprendimiento radical. Al primero, que se ofrece entusiasmado, le advierte que seguirlo es no tener "dónde reclinar la cabeza": compartir su pobreza y su intemperie. A los otros dos, que ponen condiciones —"déjame primero…"—, les pide que no antepongan nada, ni siquiera lo más sagrado, al anuncio del Reino. La frase final es tajante y campesina: quien empuña el arado y vuelve la vista atrás no vale para el Reino. Quien ara mirando atrás tuerce el surco. Seguir a Cristo pide la mirada puesta adelante, en él.

Hoy celebramos a san Jerónimo, y su vida ilumina las dos lecturas. Él dejó todo —familia, comodidad, prestigio— y se retiró a Belén para dedicarse por entero a una sola cosa: las Sagradas Escrituras. Aprendió hebreo y griego, y tradujo la Biblia al latín en la versión que llamamos "la Vulgata", la que durante siglos alimentó la fe de la Iglesia. Suya es una frase que resume su pasión: "ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo". Jerónimo puso la mano en ese arado y no miró atrás.

Las lecturas de hoy se dan la mano en una invitación muy concreta. Como Job, aprende a estar ante Dios con humildad, confiando aunque no comprendas. Como los llamados del Evangelio, no le pongas condiciones al Señor ni vivas mirando hacia atrás, hacia lo que dejaste. Y como san Jerónimo, dale a la Palabra de Dios un lugar central en tu vida: ábrela, léela, déjate encontrar en ella por Cristo. Porque conocer las Escrituras es empezar a conocerlo a él, que es el único que merece que lo sigamos adondequiera que vaya.

— Oración —

Señor,
tú eres tan grande que me sobrepasas,
como comprendió Job en medio de su dolor.
Enséñame a estar ante ti con humildad,
confiando aunque no entienda tus caminos.
Líbrame de poner condiciones a tu llamada
y de vivir mirando hacia atrás.
Como san Jerónimo, dame hambre de tu Palabra,
para que, conociendo las Escrituras,
te conozca a ti, Cristo, escondido en ellas.
Que ponga hoy la mano en tu arado
y no vuelva la mirada atrás.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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