Evangelio del día
Evangelio del Sábado 26 de septiembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Eclesiastés 11, 9 – 12, 8
Alégrate, joven, mientras eres joven, y disfruta de buen ánimo los días de tu juventud; sigue los caminos de tu corazón y lo que ven tus ojos, pero ten presente que de todo ello Dios te pedirá cuentas. Aparta de tu corazón el disgusto y aleja de tu cuerpo el dolor, porque la juventud y sus mejores años se van pronto.
Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes de que lleguen los tiempos malos y se acerquen los años en que digas: «No les encuentro gusto»; antes de que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes después de la lluvia. Aquel día temblarán los que guardan la casa y se doblarán los hombres fuertes; se detendrán las que muelen, porque quedan pocas, y se nublarán los que miran por las ventanas. Se cerrarán las puertas que dan a la calle y se irá apagando el ruido del molino; el hombre se levantará al canto del pájaro, pero se apagarán todas las canciones. Dará miedo cualquier altura, y hasta el camino tendrá sobresaltos; florecerá el almendro, la langosta se hará pesada y perderá su efecto la alcaparra, porque el hombre camina hacia su morada eterna, y ya rondan por las calles los que harán duelo.
Acuérdate de él antes de que se rompa el hilo de plata y se quiebre la copa de oro, antes de que se haga pedazos el cántaro en la fuente y se destroce la polea del pozo; antes de que el polvo regrese al suelo del que fue tomado, y el aliento vuelva al Dios que lo concedió.
¡Vanidad de vanidades —dice el Predicador—, todo es vanidad!
Palabra de Dios.
— Salmo 89 —
R. Señor, de edad en edad tú eres nuestro refugio.
Tú haces que el hombre vuelva al polvo,
diciendo: «Regresen, hijos de Adán».
Pues mil años ante tus ojos son como el día de ayer, que ya pasó,
como una vigilia de la noche.
R. Señor, de edad en edad tú eres nuestro refugio.
Los arrebatas, y son como un sueño;
como la hierba que por la mañana brota:
por la mañana florece y despunta,
y por la tarde se corta y se seca.
R. Señor, de edad en edad tú eres nuestro refugio.
Enséñanos a contar bien nuestros días,
para que el corazón alcance sabiduría.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.
R. Señor, de edad en edad tú eres nuestro refugio.
Sácianos por la mañana de tu amor,
y todos nuestros días cantaremos de alegría.
Que la bondad del Señor esté sobre nosotros;
que él afiance la obra de nuestras manos.
R. Señor, de edad en edad tú eres nuestro refugio.
— Evangelio —
Lucas 9, 43b-45
En aquel tiempo, mientras todos se maravillaban por lo que Jesús hacía, él dijo a sus discípulos:
«Ustedes graben bien en sus oídos estas palabras: al Hijo del hombre van a entregarlo al poder de los hombres».
Pero ellos no comprendían este lenguaje: les quedaba tan velado que no captaban su sentido; y tenían miedo de preguntarle sobre aquello.
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Termina hoy la lectura del Eclesiastés con una de las páginas más bellas y serenas sobre el paso del tiempo. El Sabio no desprecia la juventud; al contrario, invita a disfrutarla: "Alégrate, joven, mientras eres joven". Pero enseguida añade dos avisos que le dan hondura a esa alegría: que "de todo Dios te pedirá cuentas" y que "te acuerdes de tu Creador en los días de tu juventud". Vivir bien no es exprimir el presente como si no hubiera mañana, sino disfrutarlo con el corazón puesto en Dios, sabiendo de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Después, con imágenes de una belleza melancólica, describe la llegada de la vejez: la luz que se oscurece, los guardianes de la casa que tiemblan, las canciones que se apagan, el almendro que florece. Es la vida que se va gastando, hasta que "el polvo regresa al suelo del que fue tomado y el aliento vuelve a Dios que lo concedió". No lo dice para asustarnos, sino para despertarnos: precisamente porque la vida es breve y frágil, cada jornada es un regalo que vale la pena vivir con sentido y no malgastar. Recordar que somos mortales nos vuelve más sabios, más agradecidos y más libres.
El Evangelio nos pone delante otro "acuérdense": Jesús pide a sus discípulos que graben bien en su memoria una palabra dura, su segundo anuncio de la pasión: al Hijo del hombre van a entregarlo al poder de los hombres. Ellos, sin embargo, "no comprendían" y "tenían miedo de preguntarle". Estaban tan metidos en el entusiasmo de los milagros y en sus sueños de grandeza, que no querían oír hablar de cruz. Es muy humano: nos cuesta mirar de frente el sufrimiento, la enfermedad, la muerte; preferimos cambiar de tema.
Pero la fe cristiana no esquiva esas realidades: las mira de frente y les da esperanza. Qohélet nos recuerda que todo pasa; Jesús añade que él mismo pasará por la muerte… para vencerla. Nuestra vida, breve como un soplo, no termina en el polvo: termina en Dios, que la dio y que la espera. Hoy, no tengas miedo de "preguntarle" a Jesús también por lo que no entiendes, por tus cruces y tus miedos. Acuérdate de tu Creador, agradécele el don de este día, y vívelo poniendo el corazón en lo que no pasa.
— Oración —
Señor, Creador mío,
tú me diste la vida y a ti volveré.
Enséñame a vivir cada día como un regalo,
disfrutándolo con el corazón puesto en ti.
Que el recuerdo de que soy frágil
no me llene de miedo, sino de sabiduría y gratitud.
Y cuando no entienda tus caminos,
ni el sentido de la cruz en mi vida,
dame la confianza de acercarme a preguntarte,
sin huir, como huían tus discípulos.
Tú, que hiciste que el polvo volviera a la vida,
guárdame para la vida que no pasa.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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