Evangelio del día
Evangelio del Viernes 25 de septiembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Eclesiastés 3, 1-11
Todo tiene su hora, y cada asunto bajo el cielo tiene su momento:
un tiempo para nacer y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;
un tiempo para herir y un tiempo para curar;
un tiempo para derribar y un tiempo para edificar;
un tiempo para llorar y un tiempo para reír;
un tiempo para el luto y un tiempo para la danza;
un tiempo para esparcir piedras y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazar y un tiempo para separarse;
un tiempo para buscar y un tiempo para perder;
un tiempo para guardar y un tiempo para desechar;
un tiempo para rasgar y un tiempo para coser;
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar y un tiempo para aborrecer;
un tiempo de guerra y un tiempo de paz.
¿Qué gana el que trabaja con tanto esfuerzo? Consideré la tarea que Dios ha impuesto a los hombres para tenerlos ocupados: todo lo hizo hermoso en su momento; hasta puso en su corazón el sentido del tiempo, aunque el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin.
Palabra de Dios.
— Salmo 143 —
R. Bendito sea el Señor, mi roca firme.
Bendito sea el Señor, mi Roca;
él es mi bienhechor y mi alcázar,
mi baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo en el que me refugio.
R. Bendito sea el Señor, mi roca firme.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él,
el ser humano para que pienses en él?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.
R. Bendito sea el Señor, mi roca firme.
— Evangelio —
Lucas 9, 18-22
En aquel tiempo, mientras Jesús oraba a solas, estaban con él sus discípulos, y les preguntó:
«¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos respondieron:
«Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que ha vuelto a la vida alguno de los antiguos profetas».
Él les dijo:
«Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?».
Pedro tomó la palabra y contestó:
«El Mesías de Dios».
Él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. Y añadió:
«El Hijo del hombre tiene que sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
El poema de Qohélet que hoy leemos es de los más citados de toda la Biblia: "hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo de guerra y un tiempo de paz". El Sabio contempla la vida entera y descubre que nada dura para siempre: todo tiene su hora y su estación. Podríamos leerlo con resignación, pero hay una llave que lo cambia todo al final: "todo lo hizo hermoso en su momento". No estamos a merced de un tiempo ciego; detrás de las estaciones de la vida hay un Dios que las teje con sentido, aunque nosotros no siempre logremos comprender "la obra que Dios realiza de principio a fin".
Ahí está nuestra parte más difícil: aceptar que no lo entendemos todo. Dios "puso en el corazón del hombre el sentido del tiempo", el anhelo de eternidad, pero no la capacidad de abarcar sus planes. Vivir con sabiduría es aprender a confiar en medio de lo que no comprendemos, a habitar cada tiempo —también el del llanto, también el del duelo— sabiendo que ninguno es el final y que todos están en las manos de Dios.
Y justo cuando pisamos ese terreno, llega la pregunta del Evangelio, la más importante que Jesús nos hace: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". No le basta lo que "dice la gente"; quiere saber qué decimos nosotros. Pedro acierta —"el Mesías de Dios"—, pero enseguida Jesús corrige la imagen: el Mesías no será un triunfador según el mundo, sino uno que "tiene que sufrir mucho, ser rechazado, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". También para Jesús hay un tiempo de pasión y un tiempo de resurrección, y no se puede separar el uno del otro.
Conocer de verdad a Jesús es aceptarlo entero: no solo al que hace milagros, también al que carga la cruz. Y seguirlo es aceptar que en nuestra vida también habrá tiempos difíciles que, unidos a él, no serán la última palabra. Hoy, deja que él te haga esa pregunta a ti, cara a cara: "¿quién soy yo para ti?". Y responde no solo con palabras, sino con la vida, confiando en que Aquel que "todo lo hace hermoso en su momento" también sabrá sacar vida de tus cruces.
— Oración —
Señor,
tú tejes con sentido cada tiempo de mi vida:
el de reír y el de llorar, el de plantar y el de perder.
Dame la fe para confiar cuando no comprendo,
sabiendo que todo lo haces hermoso en su momento.
Y cuando me preguntes «¿quién soy yo para ti?»,
dame la respuesta de Pedro,
pero también su camino:
aceptarte entero, con tu cruz y tu resurrección.
Que sepa habitar mis tiempos difíciles
unido a ti,
seguro de que ninguno es el final.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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